¡Feliz Año 2025!

Si no has leído el epílogo anterior, ve de una vez. Acabamos de publicarlo por el fin de año.

El Ascenso de un Científico Loco

¡Descubriré cómo funcona el mundo!

Epílogo 5

La Sabiduría de Adanna

La vida mortal era difícil en ese pueblo, en especial para ella. Su castigo duraría doscientos años, pero ningún humano vivía tanto tiempo.

Tras su cumpleaños número diez, se dio cuenta de que su cuerpo envejecía más lento que los demás, pero nadie parecía notarlo.

Adanna estaba convencida de que era gracias a la intervención de sus parientes divinos, ¿de qué otra forma su hermana de repente se convirtió en su abuela? La sobrina a quien vio nacer un día comenzó a llamarla hija.

Los años siguieron pasando, y pronto llegó a la mitad de su tiempo en el mundo mortal.

Un día, una tormenta devastó los cultivos del pueblo dejando a muchas familias al borde del hambre. Mientras los adultos discutían qué hacer, Adanna, recordando los principios de planificación y estrategia que había dominado como diosa bajo la guía de su tío, intervino.

A pesar de lucir como una niña de once o doce años, habló con claridad, sugiriendo que las familias compartieran recursos y trabajaran juntas para reconstruir las tierras.

"¡Si trabajamos como uno solo, podremos sobrevivir!" dijo, su voz resonando con una autoridad que sorprendió a todos.

La comunidad la escuchó. A pesar de su fragilidad, Adanna lideró los esfuerzos para organizar las tareas. Los aldeanos, inspirados por su determinación, lograron no solo recuperarse, sino también fortalecer sus lazos como comunidad.

Tras 160 años de vivir en el reino mortal, el dios supremo apareció ante ella en un sueño.

"Mestionora, tu tiempo como mortal está llegando a su fin. ¿Qué has aprendido?"

Adanna, ahora transformada en mente y espíritu, respondió:

"He aprendido que la sabiduría no tiene valor si no se usa para servir a los demás. No es suficiente saber; hay que comprender. Y no es suficiente comprender; hay que actuar."

El dios supremo, complacido, le ofreció regresar al mundo celestial. Pero Adanna negó con la cabeza.

"Déjame quedarme. Ahora sé que mi propósito no es iluminar el mundo desde arriba, sino ser una luz en medio de la oscuridad."

El dios supremo le permitió permanecer como humana, bendiciéndola con la fuerza suficiente para seguir guiando a su pueblo, retirando la maldición que le impedía crecer, dejándola vivir como una humana normal.

No lo dijo en ese momento, pero Adanna sentía que volvería a sus viejos hábitos si no completaba el tiempo de su castigo. No quería eso.

"Debo disculparme con Myne y Ferd…" Murmuró para sí misma, pensando en todas las penurias que le hizo pasar al pequeño Zent. En ese entonces realmente pensaba que tenía razón, que lo mejor para Myne era quedarse con ella y hacerla olvidar a ese hombre.

"Solo cuarenta años más."

Adanna vivió el resto de sus días como una líder y guía para su comunidad. Enseñó a los niños no solo a leer y escribir, sino también a pensar de manera crítica y a ayudarse mutuamente. Inspiró a los adultos a buscar soluciones juntos, dejando atrás viejas rencillas.

Cuando por fin murió, su espíritu ascendió al cielo, no como la diosa arrogante que había sido, sino como una figura venerada por los dioses y los humanos por igual.

Tras dos siglos de redimirse como Adanna en el mundo mortal, Mestionora regresó al reino celestial transformada en mente y espíritu.

El dios supremo, al verla, le ofreció restaurar su poder y posición, pero ella lo rechazó.

"He aprendido que la sabiduría sin acción no es verdadera, y que el conocimiento sin compasión carece de propósito. Déjame demostrar mi valía en el jardín desde el lugar más bajo, no desde un trono."

Como hija de Gedulh y Ewigeliebe, y nieta del dios supremo, Mestionora no había pasado antes por los desafíos que sus pares encontraban, situación que la volvió arrogante. Ahora lo sabía.

"Mestionora, tu deber como diosa de la sabiduría es entregarla a los humanos, como diosa subordinada es tu deber y obligación…"

"Pero no es necesario, ¿cierto?" Interrumpió a su abuela con una expresión conflictiva. "Estos siglos los humanos han recibido mi libro y bendiciones sin mi intervención. Solo pido que se perpetúe un poco más. Esta vez quiero ganar mi lugar como diosa de la sabiduría."

Aunque se le permitió quedarse en la biblioteca celestial, Mestionora eligió dedicar su tiempo a reparar los lazos rotos. Buscó a Ferd y Myne con el anhelo de disculparse, de devolverles lo que les había arrebatado. Sin embargo, al rastrear sus almas, descubrió que no solo habían reencarnado, sino que ambos habían sellado sus historias lejos de ella, negándose a regresar al Jardín Celestial o a cualquier lugar que la conectara.

El peso de esta realidad la golpeó profundamente. Se encerró en su biblioteca durante décadas, intentando comprender cómo compensarles. Decidió guardar los libros de Ferd y Myne, preservándolos con cuidado y esperando el día en que sus almas, por fin, regresaran al Jardín.

Un día, mientras organizaba sus registros, nuevos libros aparecieron mágicamente en sus estantes: las historias de las reencarnaciones actuales de Ferd y Myne. Sus vidas seguían cruzándose, y aunque enfrentaban desafíos, también encontraban felicidad juntos. A pesar de todo, parecía que el dolor que les causó no definía por completo sus existencias.

Con una mezcla de alivio y tristeza, Mestionora tomó una decisión. Comenzó a enviar pequeños destellos de sabiduría a Ferd y Myne en sus nuevas vidas, no para acercarlos a ella, sino para ayudarlos a alcanzar sus propios sueños. Nunca se reveló como la fuente de esos impulsos de inspiración, sabiendo que cualquier recuerdo de su antigua arrogancia podía perturbar su paz.

Los años pasaron, y un día las almas de Ferd y Myne regresaron al Jardín Celestial. Mestionora los esperó en silencio, temerosa de ser rechazada de nuevo. Cuando al fin los encontró, se arrodilló ante ellos, no como una diosa, sino como alguien arrepentida de verdad.

"No espero que me perdonen" dijo, sosteniendo los libros que guardó durante milenios "pero quiero que sepan que su felicidad siempre fue mi mayor deseo. Aún cuando no lo merezco, les ruego que me perdonen."

Ferd y Myne se miraron, sus expresiones llenas de emociones encontradas. No fue un perdón inmediato, ni una reconciliación total, pero aceptaron los libros, y con ellos la promesa de que sus vidas seguirían siendo libres de la influencia de Mestionora. Antes de marcharse, Myne le dijo:

"No olvides que la verdadera sabiduría también requiere paciencia. Quizá algún día podamos encontrar un nuevo comienzo."

Mestionora se quedó sola en la biblioteca, pero por primera vez en siglos, sintió esperanza. Supo que, aunque el perdón no siempre llega en el momento que deseamos, el arrepentimiento sincero y la acción pueden plantar las semillas para una segunda oportunidad, incluso si no está garantizada.

A partir de ese día, Mestionora dedicó su eternidad no solo al conocimiento, sino también a cultivar la compasión y a guiar a las almas perdidas, esperando el día en que Ferd y Myne decidieran volver a su lado. Sus historias seguían siendo escritas, y ella estaba dispuesta a esperar tanto como fuera necesario, porque había aprendido que la sabiduría más grande era aquella que abrazaba el tiempo, el cambio y la paciencia.

F I N

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Notas dels Autoras:

Fue un largo viaje, Ferdinand y Rozemyne vivieron altibajos, aprendieron , vivieron, encontraron el sentido de vivir amando a alguien especial y, en esta ocasión, Mestionara también recibió una lección.

Gracias por acompañarnos hasta aquí, por darle una oportuniad a este tejido diferente y que el nuevo año sea maravilloso para todos.