Ranma le pertenece a Rumiko Takahashi, con todos sus derechos reservados.
Los nombres de los personajes fueron adaptados para coincidir con los nombres utilizados en el nuevo remake de Ranma.
~Palabras en cursiva expresan pensamientos ~
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[100% Amor en sangre]
– ¿Y por qué tendría que ir yo también? –dijo de brazos cruzados, con una ceja levemente levantada mientras caminaba junto a sus viejos compañeros de la preparatoria. Su trenza, ligeramente más larga que hace unos años y que siempre fue un claro reflejo del estado actual de sus emociones, se encontraba descansando en su hombro izquierdo y con algunos pelos crispados, reflejando lo obvio: estaba molesto.
No le gustaban ese tipo de lugares, y no es como si hubiera asistido a uno alguna vez en su vida, pero no entendía lo divertido de estar encerrado con gente desconocida, en un espacio reducido y con música lo suficientemente alta como para no poder escuchar otra cosa. Imposible siquiera tener una conversación fluida, imposible pasarla bien.
Vamos Ranma, será divertido, para variar un poco de tanto entrenamiento –Kichi, amigo de Ranma básicamente desde que éste entrara a la preparatoria Furinkan hacía ya 3 años, respondía mientras cruzaba su brazo alrededor de su cuello, incentivándolo a acompañarlos esa noche.
– ¡Por favor, Ranma! Mientras más seamos menos incómodo es… – juntando sus manos en posición de súplica, Shingo les frenó el paso a los otros dos – ¡Tengo que hablar seriamente con Noriko, pero no puedo si no me dan apoyo emocional!
– ¿Y cómo quieres hablar con ella en un lugar donde solo se escucha ruido? – preguntó cruzando los brazos, subiendo todavía más la ceja que ya tenía levantada.
– ¡No es ruido, es música! ¡Y vamos a ir a un karaoke primero! –intervino su otro amigo
– ¡Entonces no es necesario que los acompañe hasta ese otro lugar luego!
– ¡Tú no entiendes Ranma! ¡Es la oportunidad perfecta para reconciliarnos! Primero, hablamos en el karaoke, ¡Y luego salimos de fiesta para festejar!
Pareciera ser que luego de terminado el colegio, la mayoría de los chicos del primer grupo de compañeros de clase siguieron en contacto; y para sorpresa del resto, se habría formado una relación entre dos de ellos.
Noriko y Shingo hacía varios meses que estaban juntos, y aunque su relación parecía por fuera más sólida que la de nuestro protagonista con su prometida, en el fondo era una realidad a voces que la muchacha le tenía bastante paciencia a su novio. Ni Ranma ni Kichi sabían qué había ocurrido esta vez para que su amigo tuviera que disculpársele, pero estaban seguros de que se merecía el enojo de la chica.
– Además, estamos de vacaciones –intentó ayudar Kichi, quizá lograban convencer a Ranma que los acompañe por primera vez al club nocturno que solían frecuentar – hay que aprovechar ahora para divertirnos antes de empezar la universidad.
– Hablen por ustedes, yo no le veo nada divertido a ese tipo de lugares –respondió decidido, cruzando sus brazos por detrás de su nuca mientras seguía caminando.
– Qué lástima, Noriko me dijo que Akane también iría –escupe Shingo quedando a unos pasos por detrás de Ranma mirándolo de reojo. Era su última oportunidad, su as bajo la manga, si eso no funcionaba ¡nada lo iba a hacer!
Glup.
Ranma se frenó en seco y tragó saliva sonoramente al escuchar el nombre de su prometida, y fue en ese preciso momento que Shingo miró a Kichi dándole la señal de que su golpe había surtido efecto, solo tenían que presionar un poco más.
– Es raro también que Akane acepte salir, ¿quieres que la cuidemos por ti? –continuó Kichi sin perder tiempo, conocían perfectamente la debilidad de Ranma y no iban a dudar en usarla de ser necesario.
Glup.
Luego de unos segundos, enderezándose un poco, Ranma por fin se dió vuelta para responder lo que sus amigos predijeron de antemano que diría.
– Akane no iría a un lugar como ese, no le llaman la atención –intentó fingir tranquilidad, mirándolos con el ceño fruncido. Es obvio que están mintiendo, no me van a convencer con algo así pensó.
– Akane siempre las rechazaba porque tenía mucho que estudiar –contraatacó Kichi. –pero los exámenes ya terminaron.
– Tomoyo y Noriko siempre le insisten en vano, pero esta vez parece que aceptó. ¡No te preocupes! Intentaremos que nadie se le acerque, aunque no prometemos nada… es fácil perder a alguien de vista en lugares como esos. –golpe crítico de Shingo.
Glup.
– Además –agregó Kichi–¿No salieron juntas hoy justamente a comprar ropa? Seguramente sea para la salida de esta noche.
– ¡Las bebidas estarán a mitad de precio solo por hoy! ¡No podemos desaprovechar esta oportunidad! –gritó Shingo, extasiado por la nueva ley nacional que reducía la edad mínima para ingerir alcohol de 21 a 18 años.
– ¡Anímate Ranma! Son tres y nosotros seríamos tres, ¡Quizá hasta Tomoyo por fin caiga ante mis encantos! –culminó Kichi con una rodilla en el suelo y haciendo gestos de galán que sus amigos ignoraron completamente.
No se la imaginaba a ella en un lugar así, seguro hasta se sentiría igual de incómoda que él en esa situación, rodeados de gente molesta en dudoso estado de ebriedad y con ese ruido al que sus amigos llamaban "música para bailar" con el volumen a tal punto que no podrían ni siquiera escuchar sus pensamientos. Tampoco se la podía imaginar tomando alcohol, como mucho le habrá visto brindar en las fiestas y nunca fue más que media copa pequeña de sake, para quejarse siempre del sabor amargo y pasarle lo que resta a su padre. Estaba seguro de que Akane no aceptaría ir…
A menos que...
La conocía bien, bastante bien, no por nada hacía 3 años que estaban comprometidos. Aprendió más cosas de ella que las que conocía sobre sí mismo, y es por ese motivo que la idea de ella aceptando acompañar a sus amigas ahora no se le hacía tan descabellada… ya habían empezado las vacaciones, salían juntas más seguido y era verdad que varias veces las rechazó con la excusa del estudio… pero si Akane se encontraba al tanto de la delicada situación de Noriko con su amigo, seguramente quisiera ayudarlos en lo que pudiera, porque así es ella, una tonta demasiado buena con los demás.
No podía dejarla sola en un lugar así, rodeada de gente desagradable, ¡y mucho menos podía confiar en los inútiles de sus amigos para vigilarla y que esté a salvo! Tendría que ser él quien la cuide, como correspondía.
– Argh, está bien, está bien… yo también iré, ¡p-pero no crean que es por Akane! –su trenza cual ser vivo se vió elevarse por voluntad propia, transparentando junto con el color rojizo de sus mejillas la poca sinceridad de sus palabras– S-simplemente no tengo nada mejor que hacer… y bueno…
Y ante la creciente sonrisa de sus amigos, que expresaban entre burla y felicidad, explotó.
– ¡Que no es por Akane! ¡Maldición! –maldijo al rojo fuego antes de darse media vuelta y caminar rápidamente para evitar la mirada cómplice de los otros dos, ¡es que no podía evitarlo! Detestaba que se rieran así de él, ¡pero no podía simplemente dejarla ir sola! Estarían un rato, vigilaría que el lugar no fuera de mala muerte, y se irían de allí apenas encuentren la oportunidad.
– ¡A las ocho en el Karaoke Nerimaten! ¡Aprovechen y vengan juntos! –atinó a gritar Shingo antes de perder a Ranma de vista.
– Oye Shingo… ¿estás seguro? Akane nunca aceptó salir al club… Noriko dijo que solo viene al karaoke.
– No te preocupes, hablaré con ella para que me ayude convencerla, ¡seguro logra que diga que sí!
– Si tú lo dices…
—
Era un día tranquilo ya que los mayores del hogar se encontraban en lo de Nodoka, su madre. Ranma yacía en la sala de estar, frente al gran ventanal corredizo que daba paso al hermoso jardín y estanque de la residencia de los Tendo. Sus piernas se encontraban cruzadas y una de ellas se movía rítmicamente, siendo aquella la única manera que su cuerpo encontraba para liberar la ansiedad que contenía. La otra pierna servía de apoyo para el codo con el que sostenía la mano donde tenía apoyada la cabeza, con un claro gesto de impaciencia.
– Llega tarde.
Fue lo único que salió de su boca al notar que Kasumi ingresaba desde la cocina con algunas galletas y un té para ofrecerle.
– No te preocupes Ranma, ya volverá, oí que salió a comprar con sus amigas –dijo la mayor con una sonrisa maternal mientras depositaba la bandeja que traía y el té encima de la mesa.
Kasumi sabía muy bien lo protector que se volvía Ranma cuando su hermanita tardaba en volver, y sentía que era su responsabilidad tranquilizarlo en esas situaciones. La realidad era que le enternecía un poco que, a pesar de Ranma ser tan poco sincero hasta para consigo mismo, tuviera la confianza suficiente con ella como para expresarle, a su modo, sus preocupaciones. Le gustaba sentirse como una hermana mayor para él también.
– Lo sé, lo sé, pero nunca llega después de las seis –refunfuñó luego de ver el reloj de pared que marcaba ya las 18:30 –Así se nos va a hacer tarde.
– Oh, ¿tienen una cita? –preguntó con una mano en la mejilla y con una sonrisa que lejos de querer expresar burla, demostraba ilusión.
– ¿Eh? Ah, eh, ¡n-no! –intentó excusarse mientras los colores en su rostro ascendían hasta su frente. –S-solo...
Pero antes de que pudiera responder, oyó la puerta abriéndose estrepitosamente y unos pasos acelerados dirigiéndose hacia la escalera a gran velocidad, junto con la voz que secretamente tanto anhelaba escuchar.
– ¡Ya regresé! ¡Entro a bañarme que se me hace tarde!
Fue lo único que alcanzó a oír antes de que esos atolondrados pasos se perdieran en el 2do piso, se escuchara la puerta de la habitación de la joven abrirse y cerrarse dos veces en el lapso de 15 segundos, y por último el ruido de la puerta del baño cerrándose fuertemente. Sí, se le hacía tarde y él lo sabía. Sonrió de lado al saberse buen conocedor de los hábitos de su prometida, habiendo podido predecir el apuro con el cual llegaría.
Seguramente tarde entre 12 y 15 minutos en bañarse, otros 15 en arreglarse y al ver que en tan solo una hora tiene que estar en el punto de encuentro, se ponga a hacer berrinche mientras no encuentra qué calzado ponerse...
Kasumi miraba la sonrisa de Ranma agrandarse cada vez más mientras miraba en la dirección por donde desapareció la figura que acababa de llegar a la casa, y sonreía también alegrándose de las miradas que Akane recibía de él. ¿Habrá alguien que la mirara a ella, de la misma forma en la que Ranma miraba a su hermana menor? ¿O que pensara en ella de alguna forma especial? La acción de Ranma levantándose para ir hasta su habitación la liberó del hechizo de su ensoñación.
Al mismo tiempo, en una pequeña clínica quiropráctica de la zona, un estornudo se hizo eco entre el consultorio y la sala de espera.
Buscando en uno de los cajones de su habitación, sacó algo de dinero y lo guardó en uno de sus bolsillos. Tenía suerte de que su padre hoy en día se pasara más tiempo en la casa de su madre que en la vivienda de los Tendo, ya no tenía que esconder bien a fondo sus ahorros y podía dormir tranquilamente sin la amenaza de que un panda lo aplastara en sus sueños. Tendría que llevar lo suficiente como para las entradas del karaoke y lo que sea que cuesten las entradas de aquel club. No le agradaba la idea de gastar parte de ese dinero que tenía guardado, pero Nabiki no se encontraba en la casa como para pedirle un préstamo, se fue de vacaciones con algunas de sus compañeras "todo pago gracias a la amabilidad del novio de una de ellas" según dijo antes de irse... pobre iluso pensó.
No tuvo mucho problema en elegir su atuendo, unos pantalones casuales y una camisa china como las que siempre usaba bastaría. Sintió que la de color negro le vendría bien, Akane siempre se le quedaba mirando unos segundos extra cuando la tenía puesta, y pensó en qué comentario podría hacerle para ponerla nerviosa cuando la descubra mirándolo nuevamente.
No, definitivamente no estaba ansioso, para nada. El comentario de Kasumi con respecto a la cita no lo puso nervioso en lo más mínimo. ¡Tampoco le importaba el hecho de que iban a salir juntos unas cuantas horas de la noche! Pero, por las dudas, se revisó varias veces el outfit, se echó un pequeño spray de colonia que guardaba para ocasiones especiales y contó unas cuantas veces más el dinero que traía encima. – ¡Es responsabilidad de un hombre pagarle la salida a su prometida, simplemente por eso! –se mentía a sí mismo, practicando mentalmente la excusa perfecta para justificarse frente a ella.
Vió el pequeño reloj despertador, cuyo uso era despreciable ya que a él siempre lo despertaba Akane, y sonrió mientras salía de su habitación y se dirigía al segundo piso, justo a tiempo para verla a ella salir, ya arreglada, de la suya.
– ¿R-ranma?
Akane había puesto un pie fuera de su habitación cuando se cruzó de frente con su prometido, que parecía estar esperándola en frente de la puerta. Ella llevaba un top azul oscuro, casi negro, con un cuello en U que rozaba delicadamente su clavícula y un cierre que le recorría toda la espalda, desde el cuello hasta el final del top. La prenda terminaba justo por debajo de su ombligo y se complementaba con una pollera del mismo color, dando la impresión de ser un conjunto continuo. La misma no era ajustada como el top, sino que se abría ligeramente en elegantes pliegues que demostraban la frescura de la prenda, llegando hasta apenas unos centímetros por encima de la rodilla, ni muy corta, ni muy larga. El conjunto brillaba ligeramente con reflejos azulados, combinando perfectamente con su corto cabello que se encontraba parcialmente recogido a un costado en una mini-trenza armada por una selección de pequeños mechones, recorriendo desde su sien hasta por encima de la nuca, y ajustada por un pequeño broche dorado en forma de mariposa. Para terminar, llevaba una ligera campera blanquecina que le daba a ella un toque todavía más elegante, y una cartera negra que cruzaba su atuendo por delante. Un pequeño brillo en los labios que no era natural en ellos se le hizo evidente al artista marcial que, boquiabierto, no dejaba de mirarla de pies a cabeza. Era como si sus ojos, ajenos al control de su dueño, se encontraran en la necesidad de analizar minuciosamente cada detalle de la figura que yacía delante suyo para que esa imagen mental nunca abandonara su cabeza.
0.5 segundos tardó el rubor en hacerse presente en el rostro de la joven al notar su mirada, y otros 0.5 segundos tardó él en apartar la vista en un exagerado movimiento que hubiera desnucado a cualquier otro ser humano que no estuviera tan bien entrenado como Ranma lo estaba.
– S-shingo y Kichi me dijeron sobre la salida de hoy… y… bueno yo… –tartamudeaba mientras rascaba disimuladamente su nunca, intentando no mirar nuevamente hacia la dirección de su prometida… una trampa mortal temió, recordando el brillo de sus labios asemejándose a aquella leyenda antigua sobre los marineros que, cegados por la belleza y el canto de las sirenas, sucumbían ante ellas provocando su perdición.
– ¡Ah! Eh… yo… no sabía que también vendrías… –respondió Akane, también desviando la mirada. La presencia de Ranma le había tomado por sorpresa… siempre era inoportunamente oportuno, contradictoriamente esperable y escalofriantemente infartante.
Cada vez le estaba siendo más difícil disimular estando cerca de él, por lo que planeó por un tiempo intentar tomar distancia… sin buenos resultados.
Ranma era increíblemente insistente cuando ella intentaba ignorarlo aunque sea solo por un rato; era como si le leyera la mente y dijera "no podrás escapar de Ranma Saotome"
¡Maldito Saotome!
Entonces se le ocurrió la brillante idea de distraerse entrenando. ¡El cuerpo y la mente van de la mano! Se concentraría en las artes marciales y en mejorar su propio estilo, ¡así dejaría de pensar en ese idiota de Ranma! … como si eso fuera tan fácil. Desde que ella se puso como meta entrenar exhaustivamente todos los días, él se pasaba el tiempo con ella en el dojo. ¡Con la excusa de que era más productivo entrenar con alguien más! ¡Solo quiere molestarme! Se castigó.
Con los exámenes de ingreso a la universidad tenía la excusa perfecta: "Estoy estudiando".
¿Examen de ingreso a qué universidad? No lo sabía.
¿Qué especialidad pensaba estudiar? No había pensado en aquello tampoco.
Solo quería descansar un poco de esos impulsivos pensamientos que habían comenzado a aflorar dentro suyo cada vez que veía a su prometido cerca, sentía su aroma o rozaba su piel en los entrenamientos que tenían. Estaba aterrada, no comprendía esas nuevas emociones que con el tiempo no hacían más que intensificarse, se desconocía y lo que era peor, ¡el causante de aquella explosión de sensaciones no estaba ni enterado de lo que generaba en ella! Era muy frustrante, necesitaba tiempo a solas, al menos un buen par de horas al día, para acomodar sus pensamientos y razonar lo irrazonable.
Pero su suerte terminó rápido cuando las vacaciones llegaron y su excusa maestra ya perdía la credibilidad que la destacaba. Peor todavía, su amiga de hacía años, Noriko, ¡se había puesto de novia! ¡Y no dejaba de compartirles detalles a ella y Tomoyo! ¡DEMASIADOS detalles! Su cabeza iba a explotar de información que hubiera preferido nunca haber oído. Las preguntas incómodas sobre su relación con Ranma siempre estaban presentes, resultándole ya imposible seguir esquivando el tema. Salir con ellas estaba dejando de ser un distractor y pasaba a convertirse en un potenciador de sus más profundos y vergonzosos pensamientos.
Pero nunca los admitiría, ajam, no, ni muerta, se intentó convencer a sí misma.
Fue en esos días en que sus amigas la invitaron para ir esa noche a tomar al karaoke; luego ellas se desviarían hacia un club cercano al que solían frecuentar a menudo luego del cambio en la ley nacional de alcohol en el país… cambio muy conveniente a su parecer. No le pareció tan mala idea; por un momento evaluó el no ingerir alcohol ya que nunca fue muy amante del sabor de ese tipo de bebidas… pero quizá era justamente lo que necesitaba. Quizá eso la ayude a despejar un poco la mente sobre todo ese desorden emocional el cual estaba atravesando. ¡Era su única oportunidad para distraerse!
¡Esta vez sí lo lograría!
Pero, como siempre, parecía como si los dioses en el olimpo disfrutaran riéndose de su inútil determinación.
– ¿Akane?
El oír su nombre salir de sus labios la trajo a tierra nuevamente. ¿Cuántos segundos habrán sido esta vez? ¡Tenía que controlarse!
– Ah, si, perdón, es que… ¡L-los zapatos! ¡Tengo que elegir los zapatos y ya es tarde! –responde hábilmente sin poder ocultar el rubor natural que dominaba su rostro, mientras volvía a ingresar apresuradamente a su habitación y cerraba la puerta tras de ella.
–... Me lo suponía –sonríe Ranma al reconfirmar, por un lado, que podía predecir perfectamente a su linda prometida; y por otro, que hizo bien el elegir la camisa china negra.
—
Ambos se encontraban caminando hacia la estación mucho más callados de lo habitual, sin noción alguna de los pensamientos caóticos del otro.
Si bien él ya había terminado la preparatoria, nunca se le habían dado bien las matemáticas; por ende, no tenía forma de saberlo de antemano. ¿Cómo podría haberlo anticipado? Imposible, nunca se hubiera imaginado que las leyes de la física siguieran también una absurda lógica basada en los números. Pero ahora que se encontraba frente a una prueba de tal magnitud, no tenía otra opción más que creer en la deidad ya bien descrita por Pitágoras.
El tiempo de exposición era directamente proporcional a la intensidad de la respuesta.
¡Claro, su teoría tenía toda la lógica del mundo! ¿Cómo no lo vió antes? Akane estuvo entrenando poco y nada en estos últimos meses, ¡se la pasó estudiando y sin siquiera comentarles para qué exámen se iba a postular! Al no ir más a la escuela, y no pasar el tiempo juntos en el dojo, aunque vivían bajo el mismo techo
¡El tiempo de exposición era mínimo!
Recién se había llevado una sorpresa al verla salir de su habitación, estaba radiante, brillaba por ella sola, tanto como para convertirlo en piedra si la miraba fijamente de frente… por eso desvió su rostro ¡Y pudo evitar un golpe directo!
¡Se redujo así el tiempo de exposición!
Pero todo era diferente ahora; no solo no tenía forma de evitar caminar junto a ella hasta la estación, o compartir el tren y vagón a su lado las dos estaciones que los separan de su destino, sin contar lo que falte de la noche en el karaoke y el club… ¡Sino que también se le suma la energía potencial de todo el tiempo en el que tuvieron poco contacto!
¡En ese caso, la respuesta podría elevarse exponencialmente!
Ranma no comprendía del todo los cálculos que su cerebro, en un intento desesperado por encontrarle una explicación lógica a lo que le ocurría, realizaba a velocidades que superaban con creces la de la luz. Si tan solo hubiera entendido algo, un mínimo de lo que su parte más consciente había querido decirle, no hubiera cometido el error de girarse para mirarla y que sus ojos nuevamente caigan en sus labios, con ese brillo endemoniadamente atrayente.
Por suerte Akane parecía estar perdida en sus propios pensamientos. ¿Estará pensando en qué cantará en el karaoke? Pensó para sí mientras desviaba la vista antes de caer nuevamente ante ella cual insecto embelesado por la luz de un farol de la calle. Sin darse cuenta, sus ojos se desviaron del rostro al cuerpo de su acompañante, donde la parte del top que se dejaba ver por debajo de la pequeña campera se encontraba lo suficientemente ajustada como para poder apreciar las hermosas curvas que los años y el entrenamiento pudieron pulir de forma casi celestial.
Desvió la vista con un fuerte sonrojo antes de perder contra el impulso de seguir desnudándola con la mirada, agradeciendo enormemente que ella no lo haya descubierto mirándola de esa forma lujuriosa. Tendría que encontrar cómo distraerse, o no sobreviviría la noche.
Quizá sí necesito un trago.
—
– ¡Akane! ¡Por aquí!
– ¡Tomoyo! –al verla, ya llegando a la entrada del edificio donde se encontraba un karaoke en el piso 7, Akane salió corriendo a saludarla – ¡Perdón! Tuve problemas eligiendo los zapatos…
– No te preocupes, el resto no ha llegado todavía –respondió Kichi que se encontraba al lado de Tomoyo, mientras levanta el brazo para saludar a Ranma que recién estaba terminando de cruzar caminando por donde Akane había corrido segundos antes. – ¡Al final viniste, Ranma! Tenía miedo de que nos dejaras plantados.
– Hm, no tenía mucha opción que digamos, ¿no crees? –comenta medio en susurro, señalando con la cabeza a las chicas que ya se habían apartado un poco para hablar en secreto sobre quién sabe qué tema.
– Wow, Saotome… por un lado te envidio y por el otro no me gustaría estar en tu lugar, Akane se vino endemoniadamente linda hoy –fue lo último que atinó a decir antes de que un codazo, obviamente con medida fuerza, se incrustara en su abdomen dejándolo sin aire solo unos segundos.
No sabe qué le molestó más, si el atrevimiento de halagar así a su prometida delante de sus narices, o el hecho de que haya usado el mismo adjetivo que él mismo pensó minutos antes para describirla. Eso lo hizo estremecerse por un momento, porque ya no era solo una ilusión individual sino un hecho colectivo, lo que lo volvía verídico: Akane era un demonio el día de hoy, un súcubo capaz de exprimir hasta la última gota de cordura que quedaba en él.
Tengo que tener cuidado, se dijo para sí mismo, mientras apretaba fuertemente el puño en un intento desesperado para desviar su propio torrente sanguíneo.
–¡Noriko, Shingo!
El grito de bienvenida de Akane lo volvió a despertar. Tendría que concentrarse más en evitar esa extraña nueva costumbre de fantasear despierto, era peligroso.
Shingo y Noriko llegaron del brazo, sonriendo como si nunca en la vida hubieran tenido una sola discusión, y se acercaron al grupo.
–¡Hacía mucho tiempo no nos reuníamos todos! ¿Qué estamos esperando? ¡Entremos, entremos! –gritó apenas llegaron a la entrada del edificio.
La cara de desconcierto de Ranma no se hizo esperar, apartando al recién llegado del cuello mientras la novia se reunía a secretear con sus amigas.
– Oye Shingo… ¿Qué significa esto? ¿No estaban peleados y necesitabas de nuestro "apoyo emocional" para hablar con ella?
– T-tranquilo Ranma, fui a buscarla para venir hasta aquí y como que… nos reconciliamos –respondió con una sonrisa boba que mientras seguía hablando empezaba a mutar a una lasciva, casi al mismo tiempo en que se escuchaba el agudo grito doble de Akane y Tomoyo pidiéndoles a la amiga que pare de contarles lo que sea que les estaba contando.
Ranma lo soltó ofuscado y amagó en girarse en dirección a la calle principal. ¡Estaba arriesgando su vida, enfrentándose a un demonio, por el bien de su amigo! ¡Y resulta que no era necesario! Ya no tenía excusa creíble para aceptar esa salida sin quedar mal… pero tampoco quería irse, ¡no podía irse y dejarla a Akane, tan hermosa como estaba ese día, con ese grupo de irresponsables! ¡Lo habían atrapado!
Y fue en ese entonces, que las amigas de Akane le dan un pequeño empujoncito y ésta queda frente a él, como alentándola a que diga algo. ¿Qué les ocurrirá? ¿Serán secuaces del súcubo?
– R-ranma… ¿Entramos? – jalándole tímidamente de la manga de la camisa, cabizbaja y con la cara de mil tonalidades distintas de rojo, preguntó para luego mirarlo a los ojos, donde el espíritu de Ranma casi se pierde eternamente. Más que una pregunta parecía una súplica, y era completamente imposible oponerse a ella.
– S-si, voy… –atinó a responder mientras era arrastrado de la mano de su prometida, pero solo en cuerpo, porque su alma seguía divagando entre esos ojos castaños y esos labios brillantes.
El infierno no puede ser tan malo.
Detrás de la la pareja que ingresaba tímidamente se encontraban los otros cuatro amigos, chocando las palmas en clara señal de que su plan había funcionado.
Dentro de la sala de Karaoke, los primeros tragos arribaron antes de que las chicas terminaran de decidir qué tema cantar entre las tres. Esa noche había mitad de precio en toda bebida alcohólica si tenías entre 18 y 21 años, en celebración por la nueva ley vigente hacía ya un año. Al parecer Shingo se encontraba de muy buen humor así que decidió invitar los primeros tragos de todos.
Ranma no solía tomar, no mucho, iba en contra de su doctrina de artista marcial… pero en esos momentos sentía que si no refrescaba su mente con lo que sea, iba a ser devorado por los pecados de sus más perversos pensamientos. Se pidió algo suave, por las dudas, tampoco quería perder el control y dejar de vigilar que su pequeño demonio se encontrara a salvo.
Luego de elegir una alegre canción para romper el hielo, las tres chicas se sentaron juntas en frente de los muchachos. La disposición de la sala era simple: un monitor en la pared por donde pasaban las letras de las canciones, tres micrófonos con sus trípodes que podían ser retirados de ser necesario, una mesa baja donde se encontraban los snacks y las bebidas, y un sillón en forma de medialuna rodeando casi toda la extensión de la mesa. Los chicos se encontraban sentados en el extremo más próximo a la puerta, mientras las chicas estaban en el lado opuesto. Ranma le prestó atención al trago que tenía su prometida, no lo conocía pero era el mismo que sus amigas habían pedido, así que debió suponer que era algo tranquilo como lo que estaba tomando él.
Y así las horas de la noche empezaron a correr.
Conocía muchas facetas de ella, le gustaría decir que todas pero nunca podría asegurarse de aquello. La conocía enojada, y muchas veces buscaba hacerla enojar más para ver si aparecía alguna reacción nueva, un gesto, una risa, algo, lo que sea que pudiera almacenar en su base de datos.
La conocía feliz, alegre y hasta el hecho de saber que a veces las cosas más simples podían sacarle una sonrisa que iluminaba el universo entero. Saber esto lo impulsaba a esforzarse por hacerla sonreír, aunque era infinitamente más difícil conseguir aquello que hacerla enojar. Y ese hecho lo notó a los pocos días de conocerla, hace ya varios años… cuando se dió cuenta que tenía la sonrisa más hermosa que había visto nunca.
También la conocía frustrada, cansada, caprichosa, triste, asustada, estresada, emocionada… Era ya más que una afición para él; quería memorizarlo todo, todos sus gestos, sus reacciones, sus tiempos.
Podía mentirse a sí mismo todo lo que quisiera diciendo que simplemente era un pasatiempos y no una obsesión, eso no iba a cambiar el hecho de que se encontraba básicamente 24/7 pensando en Akane.
Analizó sus nuevas posibilidades. ¿Cómo sería una Akane desinhibida por el alcohol?
Seguro es de las que se quedan dormida después de tres vasos, pensó, o quizá de la gente que se pone nostálgica y empieza a llorar…
Ese último pensamiento hizo que frunciera inconscientemente el ceño en medio de la charla a la cual no estaba prestando ni un mínimo de atención, todo mientras Kichi elegía qué otro tema cantar, ayudado por Tomoyo, en tanto la otra parejita de Shingo y Noriko hablaban muy cerca el uno del otro, a un costado del sillón.
– Ranma, ¿Ocurre algo?
¡Otra vez! ¡Otra vez se había quedado atrapado en el limbo entre la ensoñación y la realidad! Y pareciera ser que su único cable a tierra era la voz de su pequeña y hermosa pesadilla.
– S-sí, ¡no te preocupes! Solo algo distraído, eso es todo…
Últimamente Akane no le dirigía mucho la palabra. No le gustaba sentirse ignorado así que, disimuladamente y definitivamente sin que ella se diera cuenta, buscaba llamar su atención y pasar más tiempo a su lado.
¡Solamente porque nadie ignora a Ranma Saotome! ¡Mucho menos su prometida!
Quería convencerse a sí mismo de que era por los estudios, pero luego de que iniciaran las vacaciones, ella salía más tiempo y cada vez estaba menos en casa. ¡Estuvo todo el mes de muy mal humor por ese motivo! Por eso la pregunta con un timbre sincero de preocupación relajó de sobremanera al joven, haciéndolo olvidar por un momento de todos los demonios que lo atormentaban; aunque el demonio era uno solo, y lo que menos hacía era atormentarlo.
– ¿En serio? ¡Menos mal! Tenía miedo de que la estés pasando mal – responde con una amplia sonrisa mientras le da otro trago al sorbete de su vaso. Tal acción casi lo distrae de un detalle importante: ¿No se había terminado Akane ya su bebida? ¿De dónde salió esa otra?
– Akane, ¿quieres cantar tú? –dice Tomoyo ofreciéndole un micrófono, después de haber terminado de cantar una canción con Kichi. – …¿Dónde está mi trago?
Ignorando la pregunta de su amiga y la mirada inquisidora de su prometido, Akane se levantó alegremente sin darse cuenta que su equilibrio ya no se encontraba al 100%, pero evitando caerse. Se aproximó al micrófono y en medio segundo seleccionó un tema de la lista que parecía tenía elegido de antemano. En el monitor a su espalda se apreció el nombre de la canción, un nuevo hit de la cantante Riria titulado "Anta nante".
Todo el grupo hizo silencio para apreciar lo que no se veía todos los días: una Akane levemente entonada por el alcohol, cantando alegremente en una sala de karaoke; y si bien todos le prestaban atención, sus ojos estaban fijos en los de su prometido, sin vergüenza alguna y sin desviar la mirada.
El pulso de Ranma se le aceleró estrepitosamente mientras ella mantenía su mirada firme en él. No podía escapar, estaba encantado, era el hechizo de una bruja. ¿No se trataba de un demonio? Qué más daba, estaba hechizado de todas formas. Casi no podía prestarle atención a la letra.
¡Y menos mal! Porque de haberlo hecho quizá se hubiera desmayado en ese preciso momento.
Akane cantaba, cantaba y sonreía. Cantaba, sonreía y lo miraba, a él, solo a él. Bueno, después de todo él era su prometido ¿No? ¿No era algo natural que lo mirara a él, y solo a él? ¿Que no haya nadie más en el mundo que mereciera ser visto por Akane con esos ojos? Se sentía tan… tan correcto, como si esa fuera la respuesta a todas las incógnitas de la vida misma.
Maldición, otra vez estoy divagando… despierta Ranma, ¡despierta!
Al mismo tiempo, el aplauso de sus amigos retumbó en la pequeña sala de karaoke, y una colorada Akane no sabía hacia dónde mirar. No estaba acostumbrada a cantar en voz alta y mucho menos delante de gente, ¡Que la aplaudan lo hacía todavía más vergonzoso! Durante la canción tuvo que concentrarse en los ojos azul zafiro de su prometido para no distraerse y perderse con la letra.
Inconsciente totalmente era ella del hecho de haber estado cantando más de tres minutos de un tema romántico mirándolo fijamente a los ojos en frente de todos sus amigos… nop, en ese momento, ni cuenta se dió.
¡Y menos mal! Porque de haberlo hecho, quizá ella también se hubiera desmayado en ese preciso momento.
Por inercia, posiblemente recordando vagamente los desayunos en familia, y quizá también por los efectos del alcohol que empezaban ya a hacerse presentes, en vez de sentarse en frente de Ranma donde ella se encontraba, se sentó a su lado… y con toda la inocencia del mundo, le sonrió.
– ¿Te gustó mi canción, Ranmaa? –todavía sonriendo, apoyándose ligeramente sobre su hombro y colocando su brazo sobre el de él, seguramente sin darse cuenta y mirándolo fijamente.
El alcohol definitivamente ya estaba haciendo efecto, aunque ninguno se había dado cuenta todavía. Ranma tomó poco y tenía bastante tolerancia, genéticamente pareciera ser que su cuerpo lo metabolizaba rápido… pero Akane se había tomado no solo su trago sino que también el de sus amigas, sumándole que ella nunca tomaba, y agregándole el detalle de que pareciera tener mala tolerancia.
El roce de sus pieles de forma sorpresiva fue demasiado para él. Se tensó, se tensó completamente, y se embriagó en un aroma que había sentido horas atrás pero no podía vislumbrar… jazmines. Su cabello olía a jazmines. No, todo su cuerpo olía así seguramente.
¿Será un nuevo producto para el cabello, un perfume, un jabón? ¿Qué otros aromas de su prometida le faltaban todavía por descubrir?
¿Será el tacto de su piel igual de suave que el roce de su brazo contra el de él? ¿O algo más brusco como los choques que tienen al entrenar?
¿Tendrá su voz siempre el mismo timbre agudo? ¿O existirán momentos donde se escuche de forma diferente, suplicantes, exigentes? ¿Podrá escuchar todas las voces de Akane algún día?
¿Serán siempre sus ojos de ese color chocolate tan penetrante? ¿O serán capaces de intensificarse por el deseo y el placer, así como la miraban en esos momentos sus ojos a ella?
Esto está mal, muy mal. ¡Tengo que salir de aquí, AHORA!
En un salto, Ranma rápidamente se incorporó.
– ¡V-voy al baño! –se disculpó, antes de salir corriendo.
– Si que eres mala Akane… –resaltó Noriko
– Pobre Ranma, casi me lo matas de un infarto –recalcó a su lado el novio.
– ¿Hmm?
Akane no estaba muy segura de lo que había ocurrido, pero al ver el vaso de Ranma con algo de contenido, no dudó en probarlo.
– ¡Este también está rico! – sonrió inocentemente.
Luego de unos 5 minutos, una pequeña pelirroja aparecía por la puerta de la sala del karaoke. Daba la impresión de que había perdido una apuesta… no, una guerra en su interior contra sí mismo.
–¿Por qué cambiaste, Ranma? –pregunta su amigo con razonable curiosidad.
– ¡L-las canciones de mujer son más fáciles de cantar! Hehe… –mintió descaradamente mientras buscaba algún tema conocido en la lista, sin dejar de prestarle atención a Akane.
Por suerte el traje que tenía puesto no le quedaba tan enorme siendo mujer. Esa era la única opción que encontró viable para que no se haga notoria su… reacción ante la aproximación de su prometida. No podía creer que todavía tenía que sobrevivir el resto de la noche, quizá tendría que haberse transformado mucho antes, prefería tener que tratar contra una manada de pervertidos borrachos antes que contra su propia erección.
Akane nunca se daría cuenta de lo que generaba en él si mantenía su cuerpo de mujer ¡Era un plan perfecto, infalible!
Eligió un tema de Megumi Hayashibara y se concentró tanto en no confundirse con la letra, que no prestó atención cuando personal del lugar entró a la sala con más bebidas para el grupo. Para cuando terminó de cantar, Akane había tomado ya la mitad del que era el trago de él.
–¡Ey, Akane! ¡Ese era mío! –al terminar el tema, le apuntó con el micrófono acusadoramente para luego aproximarse a su lugar. Con ese cuerpo seguramente podría mantener la calma, nada malo podría pasar.
–¡Pero es más rico que el miiiooo! Además, no lo tomé todo, te dejé un poco…
Ranma al sentarse notó como Akane, de forma inocente y con un puchero en los labios, le aproximaba su vaso que contenía lo que quedaba del trago de él. Sin pensarlo mucho y dejándose llevar por la situación, estiró los labios hacia el sorbete y comenzó a tomar, ignorante por unos instantes de la sonrisa burlona de su prometida y sus amigos.
–¿Ah? ¿Qué ocurre? –la pelirroja tardó en captar.
– ¡Be-so in-di-rec-to! –silabeaba Akane mientras reía, como si fuera una niña pequeña habiendo realizado una travesura graciosísima sin vergüenza alguna, mientras el resto también se reían del cambio en la faceta de colores del rostro de la pelirroja, pasando del color pálido de su piel, un rubor rosado, un rosa intenso y terminando en un rojo tomate a punto de explotar; y del cómo su trenza empezaba a elevarse en claro reflejo de su nerviosismo.
Después de tantos años, sus compañeros y ahora amigos no podían creer cómo todavía podía ponerse así por una tontería como lo eran los besos indirectos. ¿Es que ni siquiera se habían besado en todo este tiempo? ¿Cómo podían estar aguantándose la tensión sexual de esa forma? ¿Tan idiotas eran? ¿O era simplemente timidez? Porque la obviedad de los sentimientos del uno por el otro era imposible de negar, los únicos que no lo notaban todavía eran los protagonistas.
Así llegaron a la conclusión de que efectivamente, eran idiotas.
Y a los idiotas a veces habría que darles un empujoncito…
Ranma estuvo en una esquina unos cuantos minutos más, entre queriendo tranquilizarse y terminando de ofenderse por el "chiste" de recién. ¡Encima fue Akane la orquestadora! ¿Cómo pudo decir algo así tan ligeramente?
¡Un beso indirecto sigue siendo un b-b-beso!
Por si no se había notado, había una gran disconcordancia entre los pensamientos lujuriosos de Ranma y las acciones que era capaz de tolerar en la realidad. Ni él era consciente de esta contradicción, pero lo estaba volviendo loco.
–Creo que es buen momento para irnos, ¿qué les parece? –comenta Tomoyo luego de terminar su trago.
–¿Cuánto debemos pagar cada uno por el karaoke?–consulta Kichi mientras busca dinero en su billetera.
– ¡Las bebidas hoy van por mi cuenta! ¡Hic! –saltó alegremente Shingo mientras presionaba el botón de servicio a la habitación para pedir la cuenta total. Se veía que Akane no era la única a quien el alcohol le hacía un mayor efecto.
En el momento en que Akane abría su cartera, Ranma la frenó con el brazo.
–N-no te preocupes, t-tu parte la pago yo…
Luego de unos segundos, Ranma en su pequeño cuerpo femenino, empezó a sonrojarse nuevamente ante el silencio incómodo, interrumpiéndose paralelamente por el sonido de la puerta abriéndose, al mismo tiempo en que Akane saltó para darle un beso en la mejilla.
La imagen para el chico de servicio que entró con la cuenta de la habitación no era para nada extraña. Era normal ver a dos jovencitas siendo muy amigas y llevándose de esa forma en esa época. Hasta había ya visto a varias parejas del mismo sexo compartir un momento ameno en el karaoke, nada fuera de lo común… si no hubiera sido por el pequeño detalle de que la joven con camisa negra china tenía el mismo color de rostro que de cabello. ¿Estaba respirando todavía? ¿Necesitaban que llamen a una ambulancia? Las risas y aplausos del resto de los jóvenes en la habitación parecía haberle respondido todas las dudas: Se trataba simplemente de otra pareja de jóvenes enamoradas, quizá más tímidas de lo que acostumbra ver.
A la salida del karaoke, Akane notó como todo el grupo se dirigía hacia la misma dirección. ¿Será que el mareo estaba afectando su sentido de la orientación? Porque Ranma y ella tendrían que irse para el otro lado. Al querer dar otro paso, trastabilló y casi cae si no fuera porque Ranma la atajó.
– ¿Te encuentras bien Akane? ¿Prefieres que vayamos a casa?
Toda la vergüenza y timidez que acarreó a Ranma desaparecieron en el momento en que ayudó a Akane a no caerse.
Akane sonrió. No importaba lo más mínimo que sea, él siempre iba a estar allí para ella… acompañándola, cuidándola… o cuidándose mutuamente mejor dicho. No importa la forma que tenga, mujer, hombre…
Siempre vamos a estar juntos… hic…
– Si, estoy bien… solo me tropecé… –respondió tímidamente.
– ¿Vamos entonces? Estamos a unas cuadras –sosteniendo su mano, sin dejes de vergüenza que pudieran vislumbrarse en su rostro.
La forma en la que siempre se preocupa por ella, como siempre está dispuesto a atravesar cualquier obstáculo, ya sea físico o no, para poder ayudarla…
– ¿A… a dónde?
– ¿Cómo que a dónde? ¿No íbamos a ir todos juntos a esa especie de… club?
Quería experimentarlo. Quería experimentar todo tipo de emociones y sensaciones nuevas con él. Desde lo más simple como tener una cita, tomarse de la mano, salir a bailar juntos… pero también sentía que necesitaba algo más intenso, como sentir su fuerte cuerpo envolviéndola, estrechándola entre sus brazos… haciéndola suya; y ella quería serlo, quería pertenecerle y que él le pertenezca.
¿Era ese el deseo contra el cual estuvo teniendo una guerra fría los últimos meses? ¿O serán años? ¿Tan fácil, tan simple era la respuesta? ¿Cuál era el significado de pertenecerle a alguien "en cuerpo y alma"?
Ranma…
Las señas de sus amigos a espaldas de su prometido la terminaron de despertar. Eran señales agonizantes de súplica, estaban pidiéndole que les siguiera el juego. No entendía bien a lo que se referían, pero de una cosa estaba segura: no quería irse a casa todavía. Este era un nuevo viaje de redescubrimiento…
Quizá el alcohol esté logrando que pueda pensar con mayor claridad.
Nunca pudo estar más equivocada.
– S-si, ¡claro! Vamos, ¡seguro será divertido!
—
El lugar no era tan desagradable como se lo imaginaba. La música estaba baja, había gente comiendo, bebiendo y charlando como cualquier otro bar.
Shot Bar Mao era el nombre, y si bien funcionaba como bar la mayoría del tiempo, luego de las 00hs corrían la mayoría de las mesas y mutaba a una especie de antro bailable, con música más alta y quedando solamente la barra y unos cuantos sillones a los costados para poder descansar de ser necesario.
Todavía eran recién pasadas las 23 horas, así que el grupo de dos chicos y cuatro chicas se sentó en una de las mesas del lugar. Shingo rápidamente fue a la barra y volvió con varios tragos, alardeando de pagar las bebidas de todos nuevamente.
– ¿Estás seguro, amigo? No tienes por qué… –pero Kichi fue interrumpido.
– ¡Hooy me saqué la loteríaa! –gritó sonriendo mientras le guiñaba un ojo a Noriko, que sonrió complacida. –¡Hooy invito yooo!
– ¡Hooraay! –festeja Akane que parecía más emocionada y contenta de lo habitual.
Era nuevo para él el verla así, un espectáculo sin precedentes. Por momentos parecía una Akane aniñada, tímida, traviesa e infantil. Sonreía más que de costumbre, y todo le causaba risa… pero por otros momentos, más específicamente cuando cruzaban miradas… se volvía adulta de golpe. ¿Era culpa de ella, por mirarlo con esos ojos que desprendían pura sensualidad y deseo? ¿O era su simple y mortal percepción alterada de la realidad, que lo hacían ver cosas donde no las había?
Decidió conscientemente sentarse a su lado, era más fácil a la hora de interceptar a cualquier idiota que quisiera acercársele. ¡No es que estuviera celoso!
En absoluto.
Para nada.
Un rotundo no.
Simplemente no quería que nadie se aprovechara de su vulnerabilidad. No, lo que sentía era diferente. No quería que nadie siquiera se le acerque y conociera esa faceta suya nueva, inexplorable por cualquiera. Tenía que ser el único ser humano expectante de ese acontecimiento. Había llegado hasta a detestar el hecho de que estén sus amigos presentes, aunque ninguno habría podido darse cuenta de los sutiles cambios en las actitudes de Akane.
Nadie la conoce como yo, se convenció con una sonrisa fanfarrona, mientras llevaba nuevamente la copa de su mano izquierda a sus labios, e inconscientemente su brazo derecho al hombro de su prometida.
¿Había sido la mera acción que lo hizo entrar en razón?
¿O el tacto de su mano en el hombro de la chica?
No, seguramente sí fue el tacto, pero de su propio pecho chocando con el hombro izquierdo de Akane que yacía en el asiento de al lado.
Su descuidada aproximación le hizo recordar, de pronto, que estaba en su forma femenina. ¡Y obviamente! No había forma en la que pudiera disimular con su cuerpo de hombre. ¡Era jugar en dificultad extrema!
Además, podría llamar la atención de la gente para que no se fijaran en ella, ¡prefería eso mil veces!
Obviamente, no iba a funcionar, no al menos con la ropa que llevaba puesta. Maldición, si tan solo me hubiera traído un cambio de vestuario como siempre, se castigó.
– Parece que así se llevan mejor, ¿No, Akane?
Por primera vez no fue la voz de su prometida la que lo hizo reaccionar, sino su nombre dicho por los labios de su amiga.
Se separó rápidamente de ella mientras disimulaba mirar hacia otro lado.
Akane parecía normal, simplemente siguió tomando su… ¿Ah?
– Akane… ¿No te habían traído un daikiri?
– ¡Eso fue hace rato, Ranma! –sonrió divertida, no entendía por qué su prometido parecía estar tan perdido en tiempo y espacio esa noche. ¡Seguro no aguantaba tanto el alcohol como ella! se mintió.
– ¿N-no crees que deberías dejar de tomar?
¡Pero él quería ver más! ¡Quería conocerla en todas sus formas y figuras!
Ahh… maldición.
El alcohol estaba afectándolo un poco también. Él tampoco tenía noción de qué número de trago era el que tenía en la mano, ¡Shingo simplemente siguió pidiendo aprovechando el descuento!
No quiero que le sonrías así a nadie más… tu sonrisa es solo para mi… tus reacciones… tu cuerpo…
– ¡Pero si estoy bien, mira! –Akane hace el ademán de levantarse de la silla, casi pierde el equilibrio pero rápidamente se recompone.
– ¡No seas aguafiestas Ranmaa! ¡Vamoos! Ya son las doce, ¡es hora de bailaar! –Shingo parecía estar en su propio mundo, levantándose de golpe mientras el resto veía a los trabajadores del lugar acercándose para, seguramente, avisar que iban a retirar las mesas.
Fue en ese momento en el que Akane lo tomó de la mano, le sonrió y le dijo.
– Ranmaa, ¿bailamos?
Glup.
Tragó saliva.
Si seguía mirándola, iba a caer bajo el encanto de la sirena y sería su perdición. ¿O era una bruja? ¿No habíamos quedado en que era un demonio?
Su mente se nubló y relajó los músculos un segundo, casi dejándose llevar por la recién descubierta Akane y las emociones que ésta le generaban.
Y corrió.
Corrió lejos dejándola sola con sus amigos.
¡No iba a llegar!
El relajar los músculos casi lo hace accidentarse en medio del lugar, ¡necesitaba un baño! ¡YA!
Había tomado bastante a decir verdad, sus reflejos no estaban tampoco al 100% como le gustaría… pero lo peor era que solo había ido al baño una sola vez, ¡y solo para transformarse!
Pero para su mala suerte, la fila del baño de mujeres era más extensa que la fila de la barra de bebidas. ¿En qué momento se había llenado tanto ese lugar? ¿Cuánto tiempo había pasado?
No lo pensó dos veces, corrió hacia la barra pidiendo un poco de agua caliente, y a los pocos minutos ya se encontraba saliendo del baño, mirando con pena a las mujeres que yacían, todavía, haciendo la fila. No había avanzado ni siquiera medio metro desde que él fue a buscar el agua, pero sí había aumentado su longitud. En serio, ¿cuánta gente hay aquí?
…
Tengo que volver con Akane.
Olvidándose completamente de su plan de alejar a los hombres de ella usando su cuerpo femenino, corrió en busca de su prometida y sus amigos. Seguro ellos la pudieron cuidar en esos minutos que estuvo ausente.
Todavía se sentía un poco mareado, pero la convicción de encontrarla rápidamente se sobrepuso frente a todo.
Grata fue su sorpresa al ver, en los sillones de las paredes, a Tomoyo y Kichi hablando muy cerca el uno del otro. Ni Shingo, ni Noriko ni Akane estaban con ellos, interrumpirlos hubiera sido contraproducente.
Un escalofrío le recorrió la espalda. En el estado en el que se encontraba Shingo, iba a ser imposible vigilar a Akane… y Noriko seguramente se encontraba cuidándolo a él. Tenía que buscarla por su cuenta.
Apuró el paso.
No fue difícil encontrarla, no sólo porque su belleza llamaba demasiado la atención, sino también porque estaba rodeada de animales.
En la barra, se encontraba en el centro sonriéndole despreocupadamente a ese grupo de repulsivos seres que, desesperados, buscaban hablarle, seguramente con intenciones nada santas.
Y ella les sonreía, con esos labios que solo deberían sonreírle a él. Solo para él.
La sangre le empezó a hervir. ¿Cuál será el punto de ebullición del alcohol que en estos momentos tenía en la sangre? No le importaba, solo le preocupaba llegar a su lado cuanto antes.
¿Cómo era posible que se le acercaran tan descaradamente? ¿No se daban cuenta acaso que ese pequeño demonio era capaz de absorberles el alma? ¿No tenían miedo? Si no tenían miedo de ella, deberían tenerlo de él.
Al que se le acerque de más, lo mato.
Mientras se aproximaba a paso firme, no ignoró el detalle de que cada vez que alguno de esos estúpidos intentaba ponerle una mano encima, aunque sea del hombro, ella elegantemente los esquivaba mientras seguía hablando.
Bien, esa es mi Akane.
A él no le había rechazado cuando posó su mano sobre ella minutos antes. Con él sí se dejaba estar. Y él se iba a dejar estar con ella.
Akane sonreía, mitad por respeto, mitad porque no entendía bien lo que ocurría. Cuando se alejó de sus amigas para buscar a Ranma y no lo encontró, se sentó a esperarlo donde seguramente podría encontrarla, en medio de la barra cerca de donde se encontraba la mesa donde habían estado bebiendo… pero a los pocos segundos, varios hombres empezaron a rodearla y ofrecerles tragos.
Ella no era tonta, nunca aceptaría un trago de un desconocido… pero cuando el mismo chico de la barra le ofreció un trago gratis, ¡eso era otra cosa!
No se imaginaba que esos tragos gratis eran pagados por los mismos hombres que ella había estado rechazando hacía rato, ni tampoco se daba cuenta que la graduación de esas bebidas era ligeramente superior a las que estuvo tomando anteriormente. En esos momentos, sin saberlo, estaba más indefensa que nunca.
Y Ranma no estaba junto a ella…
Fue en el mismo instante en que ese pensamiento cruzó su mente que, como si ella misma lo hubiera invocado, el susodicho apareció a su lado y la levantó desde la cintura para pegarla a su cuerpo.
La sorpresa del resto no se hizo esperar
– Ella está conmigo. Desaparezcan– escupió mirando al resto de idiotas con una mirada que asesinaría de ser eso posible.
Oh.
Los pensamientos desde ya confusos de Akane se nublaron en el momento en que sintió las manos grandes y fuertes de su prometido levantarla de donde estaba sentada y presionarla contra su cuerpo.
Ooh…
Su voz. Su aroma. Su presencia. El tacto de su piel contra la de ella. Se estaba volviendo loca, y esa locura tenía nombre y apellido
Ranma Saotome.
Ella lo amaba, lo sabía desde hacía tiempo; más así nunca se iba a sentir capaz de admitírselo, ni en sus mejores sueños.
Pero esa sensación era diferente ¿Era el alcohol incentivándola a ser más atrevida? ¿O eran sus propios pensamientos los que eran incentivados por el mismo? De cualquier forma, por fin Akane pudo ponerle nombre también a lo que venía sintiendo hacía ya… ¿Meses? ¿Años?
Era pura lujuria por su prometido.
Es decir, era la única explicación, ¿Cierto? Temblaba cada vez que él estaba cerca, se sonrojaba cuando sentía su mirada sobre ella, sucumbía cada vez que se rozaban…
Quería saber si a él le pasaban las mismas cosas con ella.
Cada vez podía entender más al grupo de locas que siempre lo perseguían para obligarlo a casarse con ellas. Las comprendía muchísimo mejor ahora.
Pero Ranma me pertenece. Él se casará conmigo.
Akane levantó los brazos, pegándose todavía más a Ranma y los posó alrededor de su cuello. No pudo ignorar la tensión que sintió en el chico al abrazarlo de esa manera, y sonrió como nunca antes lo había hecho. Le encantaba saber que él reaccionaba así con ella. Solo para ella.
Giró el rostro hacia los hombres que ya se veían derrotados, y fue señal suficiente para que los dejaran solos. Acto seguido, lo miró nuevamente a su prometido que estaba ya perdidísimo viéndole los labios.
Estaban demasiado cerca el uno del otro.
Sus cuerpos demasiado pegados.
Sus mentes demasiado excitadas.
– No me respondiste. ¿Bailas conmigo? – dijo con sus labios a centímetros de los de él, con una mirada que podría encender el lugar si se hubiera generado chispa.
Ranma no pudo responder. Luego de "liberarla" de esos desgraciados que estaban encima de ella como un grupo de monos incivilizados, pensó que tenía el control de la situación…
Pero se equivocó, por MUCHO.
Y cayó. Cayó en el ataque del súcubo. Fue todo una maldita estrategia para obligarlo a caer y ceder ante el pecado capital que lo acosó durante todo el día: la lujuria.
Tenía a su futura mujer entre sus brazos, y ella no parecía querer soltarlo. Sus ojos reflejaban un brillo que nunca antes había visto en ellos, análogos al brillo hipnotizante de sus labios que tantos problemas de autocontrol le trajeron esa noche.
Apretó el agarre de su cintura y ella tomó eso como una respuesta afirmativa, así que lo arrastró hacia una esquina del lugar, alejados de la pista.
Esta no es la pista de baile.
Fueron sus últimos pensamientos antes de darse cuenta que estaban en una zona un tanto alejada del tumulto de gente del lugar. Había poca luz, pero la suficiente como para poder seguir apreciando esos ojos que no dejaban de mirarlo con… ¿Deseo? ¿Era deseo lo que reflejaban? ¿P-por él?
Tenía la espalda contra la pared, los brazos de ella todavía alrededor de su cuello, y ambos cuerpos pegados, mientras se veían con tal intensidad que hubieran podido calentar todos los planetas del sistema solar.
– Akane…
Podía sentirla, podía olerla, podía tocarla. La atrajo todavía más hacia él, dejando sus rostros a escasos centímetros de distancia.
Demasiado perdido, demasiado excitado. Tenía miedo que Akane lo note y se alejara… pero la razón lo había abandonado hacía tiempo.
Sin embargo, en respuesta, ella avanzó acercando sus labios a su oído.
– …¿Si, Ranma? –susurró en un lastimoso suspiro, para luego morderle suavemente el lóbulo de la oreja.
Boom.
Una explosión se escuchó muy en el fondo de su pecho y de su mente, lo había logrado.
Había roto completamente al mejor artista marcial de Japón.
Ranma no pudo hacer otra cosa más que suspirar. Las palabras no iban a salir de su boca, ella lo sabía, y él sabía que ella estaba al tanto.
Por eso sintió un deje de deliciosa frustración cuando la oyó reírse y volver a morderlo, para volver a generar la misma reacción en él.
Maldita demonio…
En respuesta, Ranma soltó el agarre de su cintura, pero solo para apoyarlas en sus caderas y descender hasta sus glúteos. La traviesa risita de Akane se transformó rápidamente en un gritito de sorpresa, mezclado con un suspiro deleitante.
– No me provoques… –esta vez, fue él quien le susurró en una voz tres tonos más grave que de costumbre, sonido que la hizo estremecerse.
Y es que él quería más. Muchas más reacciones nuevas saliendo de ella. Muchos más grititos de ese estilo. Por dios, deseaba como nunca escucharla gemir en sus brazos.
Y quería… no, DEBÍA ser él el único que se los generara.
Atacó su cuello. Lo besó como si su propia vida dependiera de ello mientras llevaba una de sus manos a su nuca, atrapando los mechones de pelo que salían de ella. Se embriagó en su aroma a jazmín mientras ella reaccionaba apretando el agarre a su cuello e inclinaba levemente su cabeza hacia atrás en un suspiro.
Y él la oyó. La oyó suspirar de nuevo, así que volvió a besárselo, mordiendo levemente cerca del inicio de su clavícula.
Esta vez no fue un suspiro, fue un leve gemido. Sonrió extasiado.
Así que Akane puede hacer ese tipo de ruidos, eh…
Necesitaba descubrirla más, devorarla de ser necesario con tal de escuchar todos los tonos a los que podía alcanzar con su voz. No pudo evitar pensarla gritando su nombre mientras…
…
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos con el contraataque de ella, quien empezó a mover sus caderas de forma rítmica, parecía que al compás de la canción. Para Ranma ya era imposible ocultar su erección, pero a ella no parecía molestarle tampoco…
Por dios Akane, me estás matando.
Y comenzó a moverse al mismo ritmo que ella. Sus cuerpos frotándose liberaban nuevas sensaciones que no creía posibles, al menos no en el mundo de los mortales.
Pero ella no era humana, era un demonio, un súcubo que venía a llenarlo de experiencias placenteramente nuevas…
– Ra… Ranma… ¡Ah…!
Reaccionó.
El gemido de Akane lo hizo reaccionar de repente. No podían seguir, no en ese lugar. Si bien estaban en una esquina bastante bien escondida del lugar, había poca luz y la música estaba lo suficientemente alta como para que nadie los escuche… ¡No iba a poder hacerle todo lo que quería allí!
Tendría que llevársela… y… y luego…
… ¿Y… luego…?
Ranma frenó en seco su agarre y movimientos, logrando que ella también frenara. Evitó mirarla a la cara, porque sabía que aquel era el trigger del descontrol, y dijo con la voz más calmada que podía en ese momento.
– A-akane… e-escucha..
Tenía que detenerse, y no era solo por el lugar… era por algo más.
– ¿Hmm…? –el tono del timbre de la voz de Akane reflejaba bastante bien su estado actual. Estaba caliente, y muy.
Pero también estaba borracha, y muy.
Mientras Ranma hablaba, ella buscaba su mirada mientras pasaba la punta de sus dedos por su cuello, descendiendo hasta la abertura de su camisa china, justo en la entrada de su pecho.
Cada roce era un segundo más en el paraíso.
O el infierno.
Ranma la separó rápidamente antes de cometer el error de sucumbir nuevamente, y la miró a los ojos.
– ¡Akane, c-creo que bebimos demasiado! D-deberíamos volver… e-esto es peligroso…
– ¿Peligrosoo? ¿Por quée? –preguntó con un tono de voz y unas miradas diabólicamentes sensuales.
Ya no tenía dudas de que esa criatura no era humana. Es decir, ningún ser humano podría mirarlo con esos lascivos ojos llenos de deseo…
¿Era tan tonta de no darse cuenta lo que generaba en él? ¿No tenía miedo de lo que pudiera pasar? Si ella siguiera insistiendo… no, no sabría cuánto más iba a poder controlarse. ¡Recién casi se la come viva! ¡En público! Ninguno de los dos iba a sobrevivir la noche a ese paso.
– Y-yo… eh… ah…
Las palabras quedaban ahí, no podían salir de su boca. El color de sus mejillas hacía rato que no era por el alcohol sino por una mezcla entre la excitación que sentía y la timidez que siempre lo caracterizaba. Se sentía débil, vulnerable ante esa Akane… y a su vez sentía una curiosidad imperiosa por descubrirla al 100%
Akane río por lo bajo mientras se daba la vuelta y giraba su cabeza ligeramente para mirarlo, todavía con un sonrojo notorio producto de todo el alcohol que había ingerido. Ya hasta le costaba caminar.
– Si el pr-problema es el lugaar… podríamoss ir a cassa.
…
—
Salieron del lugar sin saludar, tampoco es como si pudieran haber encontrado a sus amigos de igual forma. Él la sujetaba de la cintura para ayudarla a caminar derecho.
Bajo las luces de la calle, pudo notar mejor el estado extremo en el cual se encontraba su prometida.
Se balanceaba, le costaba caminar y tenía hipo, claros síntomas de Emborrachamientis Severus.
También podía notar el enrojecimiento excesivo de sus mejillas y su cabello completamente despeinado… pero podía atribuirse con orgullo esos síntomas a él mismo y la situación que acababan de pasar.
Al recordarlo nuevamente, su cara se coloreó y no pudo evitar mirar a otro lado.
– ¿Te encuentras bienn, Ranmaa? –estirando las palabras, otro síntoma indiscutible.
– Y-yo soy el que debería preguntar eso. ¿Cómo te sientes? ¿Puedes caminar? Estamos lejos de casa y los trenes a esta hora ya no pasan… ¿Quieres que pida un taxi?
El viento de la noche logró que volviera en sí y razonara la situación muchísimo mejor. El alcohol en su cuerpo ya había descendido lo suficiente como para hacerlo pensar con claridad. Casi comete un error del cual nunca se hubiera perdonado a sí mismo…
– ¡Estoy pperfecttaaa! –pero al realizar el ademán de responder, casi se tropieza y Ranma tuvo que ajustar su agarre.
– Tch, eso te pasa por beber tanto…
Y yo casi me aprovecho de ello… me doy asco.
– ¡No ess ciertoo!
– ¡Sí que lo es! Maldición…
– … Ranma –lo llamó con una voz suave, casi en un susurro– ¿Soy una molestia?
Akane detuvo su paso, haciéndolo frenar unos centímetros delante de ella y mirarla confundido. ¿Qué estaba preguntando? ¿Qué era ese cambio de tonalidad? Conocía muchas de sus voces. ¿Estaba triste? ¿Había dicho algo que la hiriera?
– ¡Y-yo no dije eso!
– …
Akane seguía cabizbaja, como esperando que Ranma siga explayándose.
– … sigh –suspiró él mientras se aproximaba para quedar frente a ella– no eres una molestia Akane… yo solo… no quiero hacer algo de lo que después te arrepientas… yo…
– No podría arrepentirme contigo.
Esas palabras, por un segundo, llenaron el corazón de Ranma de ilusión y felicidad. Pero le duró poco.
Akane seguía bastante entonada por todo lo que tomó, así que no podía tomárselo en serio… quizá ella en plenas facultades de sus acciones, nunca hubiera hecho algo como eso…
Y yo tendría que haberla cuidado… no aprovecharme así.
– Akane… m-mejor lo hablamos mañana, ¿qué te parece?
– Cárgame… –susurra tristemente mientras pasa nuevamente sus brazos por detrás de su nuca, pero esta vez en clara intención de que la levante en sus brazos– M-me cuesta un poco caminar…
– ¡C-claro!
Todavía con culpa, aprovechó para deleitarse del hermoso aroma de su prometida… y empezó a saltar por los tejados para llegar más rápido.
—
No había pasado ni una hora desde que salieron, y ya habían llegado. Él podía ser muy rápido si se lo proponía.
Akane yacía dormida en sus brazos, estuvo así casi desde que empezó el viaje.
Tonta. Si tenías sueño podrías habérmelo dicho…
Ingresaron por el enorme portón que da a la vivienda. Nabiki se encontraba de vacaciones y sus padres estaban en lo de Nodoka durante ese fin de semana. Solo Kasumi se encontraba, seguramente, durmiendo en su habitación. No había motivos por los cuales no ingresar por la entrada principal, pero entrar por la ventana y dejarla durmiendo parecía ser el camino más rápido.
Quería llegar ya mismo a su propia habitación y pensar en todo ese torbellino de emociones que le recorrieron ese día.
Por suerte, la ventana estaba ligeramente abierta.
Descuidada…
Apenas ingresó a la habitación de Akane con ella en brazos, la despojó de la campera mientras dejaba su cartera en el mueble que se encontraba al lado de su cama. La escuchó quejarse en sus brazos.
Testaruda…
Con toda la poca fuerza de voluntad que todavía mantenía, se inclinó para depositarla en su cama suavemente… pero los brazos de la joven se negaron a soltar el agarre de su cuello.
Akane estaba despierta, bien despierta, y no lo soltaba. Su cara estaba levemente sonrojada, pero él ya ignoraba el motivo. Volvió a quedar prendido en su rostro.
¡Había caído otra vez! ¿No aprendió todavía a no mirarle los ojos? ¿O sus labios? ¿O su cuerpo en general? ¡Maldición, tenía que evitarla a toda costa!
Esos ojos marrones reflejaban algo más que solo una creciente intensidad… reflejaban deseo… y enorme era su dicha por ser el primero, ¡y único! En ser testigo de semejante mirada.
No me mires así, por favor…
Los brazos de Akane ejercían fuerza hacia abajo, obligándolo a encerrarla entre él y la cama a su espalda, mientras él temblaba… dominado por el miedo de ceder ante la tentación.
Akane… no…
Los ojos de ella, todavía fijos en los azules que la miraban con la misma lujuria que los que ella reflejaba, seguían estáticos, intensos, suplicantes.
Lo sabía, estaba seguro. Ella lo deseaba tanto o quizá más que él a ella.
Imposible se dijo.
Pero no iba a ponerse a competir en esos momentos, tenía cosas más importantes de las cuales hacerse cargo…
Las manos de su prometida empezaron a descender por su pecho, abriéndole la camisa a su paso, buscando desprenderlo de la misma.
Akane…
Al seguir ella inclinándose hacia atrás, acomodó también sus piernas. Ya no solo usaba sus extremidades superiores para aprisionarlo, sino que también utilizó las inferiores.
En un rápido movimiento, él quedó completamente encima de su cuerpo, a centímetros de su cara. La erección de Ranma ya no le era ajena a Akane, él ya no podía ocultarla y ella ya no podía fingir no darse cuenta, no en la posición en la que se encontraban.
–A-akane, por favor… s-si continúas… y-yo…
No sé de lo que sería capaz… no sé si podría contenerme Akane…
Mitad de sus pensamientos nunca salieron de su boca, ya que fueron interrumpidos y reemplazados por un gemido gutural, respuesta del pecaminoso beso que Akane depositó en el inicio de su cuello, en represalia de lo de hace un rato.
Casi como si hubiera sido un acto reflejo, los brazos de Ranma presionaron los muslos de Akane, levantando parte de la pollera a su paso, mientras su torso se abalanzaba encima de ella, para hacerse dueño de su cuello mientras frotaba la marcada erección contra su pelvis. Un suspiro de placer no se hizo esperar en boca de ella, quien en un rápido movimiento despojó a su prometido de la tan preciada camisa por la cuál él se sentía orgulloso.
Toda acción genera una reacción. Era lo poco que había entendido de las clases de física en la preparatoria, pero también era la única lección que le sería realmente útil en esos momentos.
Rápidamente hizo lo mismo con el top de Akane. La levantó brevemente para bajar el cierre que se encontraba en su espalda, y en un veloz movimiento el mismo desapareció. Para su sorpresa, ese conjunto no llevaba sostén… y los senos de su prometida quedaron expuestos para él. Solamente para él. Siempre para él.
Hermosos… perfectos… eres perfecta, Akane.
Una mano la tenía sosteniendo bien fuerte su muslo derecho que se encontraba levemente levantado gracias al movimiento de prensa que ella ejercía para que sus caderas sigan en contacto… mientras la otra mano ya estaba posicionada sobre su cintura, con claras intenciones de subir hasta su pecho y hacer suyo lo que hace tanto tiempo tendría que haber reclamado…
Fue en ese momento que le vió la cara nuevamente. Su rostro colorado, agitado… su cabello despeinado… esos ojos penetrantes, tan llenos de deseo… esos labios que le rogaban pertenecerle aún sin palabras… era toda de él, toda suya.
Estaba completamente entregada a él como él lo estaba hacia ella.
– Ranma… ah…
No sabe en qué momento o de qué forma ella logró liberar el miembro de sus pantalones, no le importaba tampoco, pues su mano izquierda ya había hecho de lo suyo para quitarle la ropa interior que se enredaba tímidamente en su muslo derecho, con la pollera ya completamente levantada.
Ambos respiraban con mucha dificultad mientras él torpemente intentaba acomodarse mejor en su entrada… sin dejar de verle el rostro.
Por dios Akane, no me mires así…
– Ran… maahh…
Sus cuerpos, ya bastante transpirados, subían y bajaban al compás de sus respiraciones… y cada exhalación era un milímetro más que se acercaban para volverse uno, mientras el vaivén de sus caderas solo los energizaba más.
Akane gemía, él también, el mundo parecía detenerse mientras dos almas inexpertas experimentaban por primera vez lo que era la sexualidad en todo sentido. Todavía no había ingresado pero ya ambos sentían una excitación digna de los gemidos que salían de sus labios
Sus… labios…
Cierto. Todavía no había probado sus labios… el hechizo de la bruja, ¿o era un demonio? que lo perseguía desde esa tarde cuando la vió salir de su habitación.
¿Cómo se sentirá besarla al mismo tiempo que la hago mía? ¿Existirá en la tierra mayor placer?
– Ranma… Ranma-ah!
Su cuerpo ya no era suyo, ya no podía controlarlo, dentro de poco se iba a convertir en una bestia para poseer desesperadamente a la mujer que amaba.
…
A la mujer que… yo… ¿Qué?
De pronto, todo colapsó bajo su propia gravedad, como si de una estrella al final de su vida se tratase.
El desborde de sus emociones lo llevaron a alejarse unos centímetros, para mirarla, sorprendido, a los ojos.
Como si hubiera descubierto el secreto de la existencia humana.
– Ran…ma?
– A-akane… yo… n-no creo que debamos… es decir… t-tomaste mucho… y yo… ah!
Akane no lo dejó terminar, no dudó un segundo en realizar una llave con las piernas y tumbarlo en la cama boca arriba, ella por encima. No se iba a escapar cobardemente de ella de nuevo.
– Yo estoy bien Ranma… yo quiero esto… – y sin perder tiempo, empieza a besarle el cuello, el pecho, los pezones, el abdomen…
Ranma casi pierde la consciencia nuevamente ante el nuevo ataque de placer que su prometida le estaba propinando… y si seguía por ese camino, estaba seguro que iba a tocar el cielo con las manos en cualquier segundo.
Pero tenía que detenerse, DEBÍA detenerse, quería hacer las cosas bien…
– Akane… en serio… por favor… ¡ah..! –su voz volvía a sonar ronca apenas sintió los suaves dedos de su prometida muy próximos a su erección. El deseo estaba intentando dominarlo nuevamente con cada caricia, con cada lamida que ella le propinaba.
Akane subió hasta volver a mirarlo a los ojos, frotando todo su pecho desnudo contra el de él… una sensación que seguramente no olvide en lo que le quede de vida.
– Es que yo… no te gusto, Ranma? –y junto a esa pregunta aparentemente inocente, una acción completamente contraria amenazaba con realizarse un poco más abajo.
Akane se había erguido ligeramente, posicionándose perfectamente para que, de una sola estocada, él pudiera ingresar en su interior… pero no hizo otro movimiento, se quedó en ese lugar, esperando una respuesta por parte de Ranma.
La respuesta que ella esperaba no era una con palabras, sino con actos. Y claro, ella lo conocía bien, lo conocía mejor que nadie, sabía bien lo malo que era Ranma con las palabras y su facilidad para la acción.
Le estaba pidiendo una confirmación, un pacto con el diablo, donde la firma era su propio cuerpo. Por supuesto que ella ya había firmado…
Tonta… tonta Akane…
Akane era, indudablemente, una tonta. No más que él, pero una tonta al fin.
Si hubiera estado un poco más consciente, o si hubiera razonado un poco más, se hubiera podido dar cuenta.
Pero se ve que no tiene mucha tolerancia con el alcohol. No tanta como él. O quizá fue porque él tomó menos que ella. O todo junto.
Eso ya no importaba, lo importante era que él sí se dió cuenta, y que ella todavía no. Simplemente por eso, se sintió victorioso.
Le había ganado al demonio, a SU propio demonio.
En vez de ingresar en su cuerpo y tomar todo de ella, la atrajo hacia él, abrazándola tiernamente mientras la sentía temblar entre sus brazos de la sorpresa.
¿Qué estaba ocurriendo? Ella todavía no podía comprenderlo.
Todavía seguía con mucho % de alcohol en sangre.
– Tonta, tonta Akane… no solo me gustas… Te amo.
Boom.
Otra implosión.
Otro colapso de una estrella bajo su propia gravedad.
Y luego del colapso, se crea un nuevo universo.
¿Qué importaba si la física no funcionaba así?
Para ellos, ese momento fue un bigbang, y con él, la creación de un nuevo universo.
Ninguno volvió a decir una sola palabra, simplemente se quedaron allí, en la cama de Akane, ambos sin ropa, pues todo había desaparecido en la implosión.
Él seguía abrazándola con fuerza, habiéndola recostado sobre su brazo izquierdo, mientras con el otro le acariciaba suavemente el cabello.
No faltó mucho para que se notara el cambio en su respiración, se había quedado profundamente dormida… con una nueva expresión en su rostro. Tenía que analizarla bien, no todos los días descubría tantas facetas y caras nuevas de Akane, y de seguro habían muchas más por descubrir.
Como pudo, recogió la sábana que había quedado en el suelo, sin despertar a su compañera, y los tapó a ambos. Iba a ser un problema si los descubrían así, pero todavía faltaban varias horas para el amanecer, y quería aprovechar todo el tiempo que pudiera en redescubrir sus nuevas emociones…
Además, si bien Akane pudo dormirse enseguida… el cuerpo de él no pudo calmarse por un buen rato.
Él tenía un 100% de amor en sangre.
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¡Feliz año nuevo! Soy Ayame Furudo, y esta sería mi primera vez publicando algo... ¡No tienen idea la vergüenza que me da!
Espero que disfruten este -no tan corto- oneshot, al que igualmente le subiré un epílogo en estos días para terminar de cerrar la historia (y no dejarlos a nuestros protagonistas con las ganas)
Como aclaré en un principio, el nombre de los amigos de Ranma y Akane son los nuevos nombres que se dieron a conocer luego del estreno del remake, así que preferí adoptarlos en la historia.
¡Los lugares mencionados en la misma son reales y quedan en Nerima! Quería que sonara todo lo más real posible.
No se me ocurría tampoco una imagen, pero seguramente termine comisionando a una amiga para que cree algo lindo.
¡Ojalá sea de su agrado!
