La noche cubrió el cielo mientras ellos aún estaban desnudos en las afueras de la casa y Hinata se golpeó mentalmente por esto.
Ella no entendía por qué él era tan sumiso con ella, y por qué ella era tan dominante con él, eran sus personalidades en ese tiempo tan opuestas a la realidad, después de lo que sucedió afuera de su casa, cuando ella empezaba a sentir las feromonas de él, lo tomaba de la mano y lo dirigía a la habitación, ya no podía confiar en su autocontrol y por lo visto tampoco en el control inexistente de Sasuke.
Hinata se decía reiteramente sus actuaciones solo se debían por el celo, y que volverían a ser los mismos después que pasara, a ese pensamiento se aferraba con fuerza, aunque sentía como su alfa se reía de eso.
Los días restantes, las feromonas de Sasuke se hicieron menos abrumadoras, el Uchiha igual se quedó toda la semana, y Hinata no encontró el valor de pedirle que se fuera, ella sentía que la culpabilidad se bañada con vergüenza, cada vez que veía el cuerpo del uchiha, él tenia mordiscos muy marcados, pero el de su cuello era el más aterrador.
Sin embargo, esto no impedía que cuando Hinata estaba en la cúspide de su excitación, sus buenos deseos y juicio por ser más suave y gentil con Sasuke la abandonaran, sintiendo únicamente como nacía una sed insaciable que rodeaba ligeramente con la fantasía de quitar esa parte de carne y reclamarla como únicamente suya, podía sentir el jadeo y gruñido con los espasmos en cada centímetro del omega, Hinata se sentía poderosa y deseaba que esa marca fuera indeleble e infinita.
Pero cuando volvía a su yo normal sentía pena, Sasuke nunca dijo nada de esto, ambos comprendieron que era un claro pacto silencioso de no hablar de lo que ocurría, Hinata pensaba que si no lo hablaban dejaría de existir en la realidad, ambos se olvidarían de esta situación y seguirían con sus vidas normales.
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Al quinto día Hinata ya no sintió el olor de Sasuke, por fin había terminado su calor, entonces lo vio vestido con su ropa de viaje, se sentó en la mesa y comió el desayuno, luego tomo su capa, y Hinata sabía que esa sería la despedida, ellos nunca hablarían de lo que había pasado, y así ambos lo olvidarían, ella solo había ayudado al mejor amigo de su ex marido, en un momento de dificultad extrema, no había por que sentirse avergonzada, muchas alfas ayudaban a los omegas en esas situaciones, era algo común, pero no una semana completa resoplo su alfa en la mente.
Ella lo acompaño hacia la puerta, y antes de irse, Sasuke volteo a mirarla fijamente durante un largo momento, le dio un beso en la frente que dejo a Hinata sorprendida y se fue, ella lo siguió con la vista hasta que se adentró en el bosque y pensó, que aún se veía sombrío y oscuro, pero algo en Sasuke brillaba,
Algo podía brillar en la oscuridad, se perdió un momento en ese pensamiento.
Cuando recordó su realidad, sabia que debía hacer aseo para deshacerse del aroma de Sasuke, se agradecía a si misma por ser tan razonable en tanta neblina de deseo y solo haberlo tomado una vez en el mueble y el resto en su habitación, la que fue afuera de la casa no contaba, las feromonas eran difíciles de quitar, no quería tener a Hanabi preguntando por quien le había hecho compañía, y también debía ir al mercado, entre Sasuke y ella se habían comido absolutamente todo, necesitando llenar su inexistente alacena, pero primero aseo y luego mercado.
Cuando llego al mercado choco con una mano, Hinata subió la mirada para pedir disculpas junto con una reverencia, era Shion, con una barriga ya muy grande, las dos mujeres sonrieron en intento de evitar el incómodo momento, Hinata tomo su bolsa y siguió su camino, no tenía problemas con Shion, ella había llegado después de su divorcio, logrando atraparlo, sin embargo, por eso sentía envidia contra la mujer con la que se había encontrado, pero más allá de eso, deseaba que fueran felices con Naruto, aunque también dolía, ella siempre quiso tener un hijo con él, de bellos ojos azules, pero el miedo de decírselo fue mayor, era de conocimiento general que para poder quedar en embarazo ambas partes debían quererlo, y así el cuerpo permitía la fecundación, había anhelado una decisión esporádicamente conjunta que nunca llego.
