INESPERADO
.
.
― ¡Hey, éste traje es nuevo! ― Exclamó Hanako con frustración, luego de esquivar a duras penas aquel ataque.
― ¿Estás bien? ― Cuestionó Kou, llegando a su lado para cubrirlo.
Hanako dejó salir una tosecita. ― Bien, pero ese imbécil rompió mi atuendo ― Murmuró en un puchero, revisando el enorme agujero en el costado de su pecho. ― Mierda… ― Con apuro empezó a inspeccionar todo su cuerpo por encima de la tela.
Extrañado, Kou alzó una ceja y cuestionó. ― ¿Ahora qué pasó? ―
Hanako en verdad se veía desesperado. ― Lo perdí, lo perdí… ¡No está! ― Exclamó, sus ojos casi saliendo de sus cuencas por el miedo.
― ¡Maldita sea, no bajes la guardia! ―Gritó el rubio, usando su arma sagrada para evitar un ataque, que de lleno hubiera herido a su compañero, pero el otro estaba tan absorto en lo suyo, que hasta la espalda le dio. ― ¡OYE! ―
El Minamoto de en medio se rindió con sus llamados y se concentró en contener por su cuenta a aquel espectro.
El líder de los siete misterios empezó gatear por aquel lugar en búsqueda de aquello que había extraviado. Confiaba en que el niño se haría cargo mientras tanto.
― Debe estar por aquí… ¡vamos, vamos! ― Musitaba para sí, mientras seguía en su ardua búsqueda.
Un rayo proveniente del arma de Kou lo alertó, pues le dio la iluminación necesaria y así logró localizar el objeto qué tanto solicitaba.
El rubio apenas alcanzó a apartarse, ante el llamado de su amigo.
― ¡ATRÁS NIÑO! ― Hábilmente se barrió por el piso, tomando su preciado objeto, sacó su cuchillo y efectuó un corte rápido y certero en aquel malvado espectro.
Aquel ser, emitió un quejido de dolor conforme se desvanecía.
Kou se limpió una gota de sudor de su frente y se acercó al otro. ― ¿Qué pasa contigo, Hanako? ―
El otro hizo un gesto de desdén con la mano. ― Exageras, se notaba que lo tenías bajo control, vas mejorando niño ― Le felicitó aún sin mirarlo.
― ¡Hablo enserio, tonto! ― Reclamó el rubio, dejando salir sus peculiares dientes puntiagudos, mostrando su irritación. ― ¿Qué tanto buscabas? ― Exigió saber, mirándolo de arriba abajo.
― ¡Ta-ra! ― Canturreó mostrando aquello sobre la palma de su mano.
El Minamoto tuvo qué inclinarse un poco para observar mejor y también para asegurarse que no fuera otra broma, pero el rostro sonriente y la mirada brillante del otro, le decía absolutamente lo contrario.
― ¿Un ternurin? ― Los conocía, su hermana menor tenía un par de esos colgados en su mochila.
― ¡Mi hija! ― Exclamó devuelta Hanako pegándose la figurilla de una gatita blanca con vestido rosado a su mejilla.
― ¿Por qué…? ―
― Según los horarios que armó Yashiro para la convivencia, hoy es mi turno ― Explicó como si fuese lo más normal del mundo.
El exorcista se llevó una mano a la frente, ya ni siquiera tenía ganas de molestarse, simplemente suspiró sonoramente.
― Me voy a casa ―
― Oh bien, Nube Blanca, dile adiós a tu tío ― Musitó, agitando la figura.
Kou rodó la mirada y siguió su camino. Ya no le sorprendía, desde que esos dos por fin se habían vuelto pareja, ya compartían muchas situaciones similares.
Hanako parpadeó un par de veces, intentando comprender la falta de atención del joven exorcista, cuando ya no lo veía más, se encogió de hombros. ― Descuida, sólo tiene sueño ― Acarició la cabecita de la gatita. ― Tú también debes dormir o tu madre nos regañará mañana que te vea ―
FIN.
GEMITHA0208
01.01.2025
