Dos meses después
El mensaje era breve. "Viktor está en problemas. Stephano". Cuando entró en la mazmorra, la imagen hizo que sintiera un hundimiento: Viktor estaba atado a un poste, con una mordaza y siendo golpeado con un látigo. La furia que rara vez dejaba salir golpeó como una ola a los que estaban dentro, congelándolos en el sitio.
— Si alguno de vosotros vuelve a golpear a este sumiso, me aseguraré de que ningún club en Europa le vuelva a admitir —les amenazó a todos—. Y ahora largo de aquí.
Lo liberó con magia, con el ceño fruncido y los labios apretados, la estática de su magia enfadada aún chispeando a su alrededor.
— Un cuarto con bañera, Stephano —pidió al encargado, que estaba congelado en la puerta, en un tono que no admitía réplica.
Y lo siguió por el largo pasillo con Viktor entre sus brazos, medio desmayado.
Lo dejó con cuidado sobre la cama y terminó de soltar las cuerdas y de quitarle la mordaza, que tiró con desprecio a un rincón.
— Señor… —murmuró Viktor, ronco, con la cara aún mojada de lágrimas.
— Silencio.
— Charles…
— He dicho que silencio, Viktor.
Se concentró en curar las numerosas heridas, respirando hondo para controlar su ira, la sentía hirviendo dentro y haciendo vibrar el espejo de la habitación.
— Ponte bocabajo.
A pesar de la dureza de su tono, lo ayudó a ponerse cómodo, darse la vuelta era una tortura para su espalda y trasero en carne viva. La familiaridad de la magia de Charlie hizo que Viktor se relajara un poco, incluso se le escapó un suspiro de tranquilidad, quizá por eso no protestó cuando Charlie volvió a levantarle de la cama y lo metió en la bañera.
Viktor se estremeció por el contacto con el agua caliente y soltó un siseo entre dientes. Enseguida buscó a su Dom con la mirada y extiendió la mano hacia él.
— Charles, por favor.
— No, Viktor.
El moreno se revolvió con violencia en la bañera, sacando parte del agua fuera.
— Quieto —le ordenó Charlie, sin acercarse.
— Necesito que me escuches.
— Estoy muy cabreado, Viktor, y no quiero hablar contigo en este estado. Estate quieto y déjame que acabe de curarte —le indicó, apuntándole con la varita.
No le hizo caso y se puso de rodillas con gesto de dolor para intentar sujetarle de la muñeca, buscando sus ojos.
— Lo siento. Sé que hice mal.
Charlie se apartó, dando un paso atrás, con los ojos llenos de rabia y de dolor.
— Creo que no lo entiendes. No es solo que hayas traspasado todos nuestros límites. Es que has roto mi confianza. Y quiero con todas mis fuerzas meterme en la bañera contigo y cuidarte, pero me siento tan mal en este momento que acabaría haciéndonos daño a los dos.
Y con los puños apretados, salió de la habitación, sin mirar atrás a pesar de los gritos de Viktor llamándole.
Había cosas que a Harry le daban la vida. Una era su trabajo, los bebés eran sin duda algo increíble. Otra eran sus amigos, aunque Hermione y Ron pasaran la vida discutiendo. Los abrazos de Teddy, la cocina cálida de los Weasley a donde conducía algunos días solo para tomar un café con un trozo de tarta con Molly. Ver a Ginny jugar o a Bill con sus hijas. Que Arthur le llamara hijo. Y a la cabeza de todo, estaban los abrazos de Charlie.
Charlie era el hermano misterioso. Harry adoraba a su familia, eran un tesoro para él, pero su vínculo con Charlie era distinto y surgía de muchas horas de compañía. Cuando el septiembre después de la guerra los Weasley retornaron a sus vidas, Charlie pidió tres meses de excedencia más y se quedó con él.
Fue durmiendo con él, sus brazos eran lo único que lo alejaba de las pesadillas, como Harry descubrió que le gustaban los chicos. Y descubrió también la enorme necesidad de cuidar del que acabaría por ser su amigo indefinible, ese al que no podía llamar hermano pero para el que la palabra amigo se quedaba corta.
Esa Navidad, al volver Charlie a casa como hacía cada año, se encontraron en casa de Harry, su primer abrazo siempre era en privado. Y se besaron, era una necesidad que no iba más allá de confortarse el uno al otro. Porque Harry sabía, ellos se escribían continuamente y Charlie le había hablado mucho de Viktor y del enorme vacío que sentía desde que el buscador y él rompieron.
— Charles, has perdido peso —le dijo preocupado, pasándole las manos por la cara.
— Mucho trabajo.
Su amigo sabía que mentía. Ellos dos tenían una relación especial, habían sido capaces en esos años desde la guerra de tener mucho y buen sexo sin que distorsionara para nada lo que tenían. En otra visita, Harry ya estaría empotrado contra la pared y Charlie estaría besando su cuello y quitándole la ropa, pero en ese momento lo que Harry hacía era llevarlo hasta el sofá y sentarlo para sentarse sobre él.
Descubrieron en sus meses de convivencia que Harry no tenía un solo hueso sumiso en el cuerpo, podía ser tímido y callado, pero por lo demás le gustaba liderar. Y cuidar también. El bdsm no era para él, bastante tenía con lidiar con sus traumas, por eso no estaban juntos, aunque los dos habían pensado en sus horas bajas lo fácil que sería mandarlo todo al cuerno y amarse como se merecían, pero no se podían ignorar las necesidades básicas.
— No te estás cuidando. ¿Tú madre y tus hermanos no te han dicho nada?
Charlie se encogió de hombros y lo abrazó para apretarlo contra él. Había echado de menos infinito eso, el cuerpo cálido de alguien contra el suyo, había pasado tres meses en los que su vida se había limitado a trabajar y cuidar sus plantas, no había aparecido en el club.
— Les he dicho que hay mucho trabajo.
— Mentir está mal,lumina mea(mi luz).
— Le echo tanto de menos,mic (pequeño). Solo fueron dos meses, pero…
— Pero un mes puede cambiarlo todo, tú me lo enseñaste.
— No me había sentido nunca así, y dejarte a ti cuando tuve que volver a trabajar fue realmente duro.
Los dos callaron, porque el recuerdo de esa época era difícil, Harry le prendió fuego a Grimmauld apenas una semana después de la marcha forzosa de Charlie y sabía que el protector pelirrojo aún se sentía culpable por no haber estado allí.
— Ahora estás aquí. Habla con él.
— Le envié una lista de dominantes de confianza. Es posible que no…
Con un suspiro exasperado, Harry se levantó y cogió los periódicos que había sobre la mesa. Se sentó junto a él en el sofá y los dejó en su regazo.
— Imagino que no has seguido el quidditch estos meses. La liga ha expedientado a Viktor por conducta violenta, está cumpliendo una penalización de cinco partidos sin jugar. Su equipo no está feliz.
— ¿Qué ha hecho? —preguntó con voz ahogada, tomando uno de los ejemplares deBludger en el que en la portada se preguntaban si el mejor jugador de la liga estaba tirando su carrera a la basura con su actitud de matón.
— Pelearse. Y no solo durante los partidos. Se dice que incluso en su propio vestuario.
La fotografía mostraba a un Viktor con el ceño muy fruncido, los pómulos marcados y la nariz chorreando sangre, sujetado por dos de sus compañeros. El corazón de Charlie dio un vuelco porque sus ojos parecían tristes, como los que veía cada día en el espejo.
— Tienes que hablar con él, Charles. Lo he visto jugar este año y, aparte de esto, —Golpeó con el índice la portada de la revista— no es el de siempre, está en muy baja forma.
— No puedo acercarme sin más.
— Claro que puedes. ¿Qué puede pasar? ¿Que te maldiga por haberle hecho creer que no querías seguir con él? Te lo merecerías.
— Eso no…
— Eso sí,lumina. ¿Le dijiste en algún momento porqué no te funciona ninguna relación?
— Sabía desde el principio que era una cosa de verano —se defendió Charlie, frunciendo el ceño y cruzando los fuertes brazos sobre el pecho.
— Le engañaste a él y a ti mismo.
— Harry…
— No me vengas con Harry. —Le golpeó en el pecho con el índice— ¿Le quieres? Ve a por él y díselo. Y explícale lo que quieres realmente. Sois adultos, estoy seguro de que podríais buscar soluciones, juntos.
Charlie descruza los brazos y sujeta a su íntimo amigo por la cintura.
— ¿En qué momento te has hecho tan listo, Potter? —le interrogó con una sonrisa.
— Déjate de bromas, Weasley. Toma —le increpó Harry, sacándose un papel del bolsillo.
— ¿Qué es esto? —preguntó Charlie, con el papel entre los dedos.
— La dirección de Krum y sus horarios.
— ¿A quién has sobornado?
— A Justin, los periodistas saben cosas. Y les encanta demostrarlo.
El pelirrojo rio un poco, Harry tenía un fondo Slytherin manipulador que le encantaba. Se inclinó hacia delante y unió sus frentes.
— Te quiero,mic.
— Y yo a ti, Charles. Y quiero verte feliz.
Cogió aire y tocó el timbre. Al principio no pasó nada, estaba ya a punto de irse cuando sintió el roce de una magia conocida y la puerta se abrió ante él. Una cara morena, en la que destacaba la gran nariz y unas ojeras enormes, lo miró desde el hueco, no supo bien si enfadada o directamente indiferente. Sintió un poco de pánico por dentro al darse cuenta de que ya no sabía leer a Viktor.
— Charlie —le saludó con sequedad, sin franquearle el paso.
— Hola, Viktor.
— ¿Qué quieres?
— Hablar contigo. Si es buen momento.
— La verdad es que no.
Una voz masculina dentro de la casa le aclaró a Charlie el ceño fruncido de Viktor. Dio un paso atrás y se metió las manos en los bolsillos, porque picaban por abrazarlo, por reclamarlo.
— No hay problema. Estaré en casa de mis padres hasta año nuevo si quieres hablar.
Viktor simplemente cerró la puerta a su espalda y volvió al salón, arrastrando los pies pero con el corazón latiendo muy fuerte.
— Si era algo importante podríamos haber hablado en otro momento —le dijo el hombre de mediana edad sentado en uno de los cómodos sillones frente a la chimenea.
— Era Charlie —respondió con voz un poco estrangulada, dejándose caer como un saco en el otro sillón.
— Oh. ¿Le esperabas?
— No —respondió huraño.
No le había visto desde que lo dejó en esa bañera, curado pero destrozado.
— ¿Quieres hablar de eso?
— Me dejó.
— Y ahora está aquí. Hemos hablado largo y tendido de lo que te llevó a ese club, pero no de tu recaída.
El joven moreno se recostó un poco en el sillón para volver a mirar al hombre que esperaba paciente con un cuaderno y una pluma apoyados en la rodilla.
— Lo haces sonar como una adicción.
— Y en cierto modo lo es. Castigarte con golpes por no sentirte a la altura del hijo que quiere tu padre, porque al menos en la escuela te veían cuando te castigaban a golpes. Tu padre no te ve, Viktor, pero Charlie sí. Y fuiste al lugar en el que sabías que él lo sabría. ¿Saboteaste tu relación?
— No era una relación. Solo D/s —negó entre dientes.
— El D/s es un tipo de relación también, y la vuestra incluía vinculación emocional.
— Solo era…
Pero el terapeuta cortó sus protestas con un gesto de la mano y se inclinó ligeramente hacia delante para enfatizar sus palabras.
— Alguien en quien confiabas. Alguien que quería cuidar de ti. ¿Qué problema tenía? Siempre hablas de Charles en positivo.
— Porque no tengo nada malo que decir de él.
— ¿Por qué lo hiciste entonces?
Con un bufido, Viktor cruzó los brazos sobre el pecho y frunció aún más el ceño, pero eso no intimidó a su terapeuta, que esperaba paciente la respuesta sosteniéndole la mirada.
— ¡Porque iba a dejarme de todos modos! —contestó finalmente, alzando algo la voz.
— ¿Habíais hablado de eso?
— Vivimos en países diferentes.
— ¿Has oído hablar de las relaciones a distancia?
— Yo no… no habría funcionado.
— Eso no lo sabes, Viktor. En lugar de ser honesto y decirle que te has enamorado de él y quieres plantearte un futuro, rompiste las normas que los dos habíais acordado a sabiendas de que él terminaría vuestra relación. Eso es autosabotaje. Y a pesar de eso está aquí.
Viktor se frotó los ojos con los talones de las manos con fuerza. Hablar de Charlie, ponerlo en palabras, dolía físicamente.
— Cuando comenzamos… me dijo que si no funcionábamos me ayudaría a encontrar un buen Dom aquí. Y lo hizo, me mandó referencias de clubes y contactos.
— Se ocupó de ti hasta el final.
Negó con la cabeza, con los labios apretados.
— Me abandonó. En esa bañera, sin mirar atrás.
— Te hizo daño, de acuerdo, pero tú se lo habías hecho primero, Viktor. ¿Entiendes que ahora estás saboteando también la única cosa estable en tu vida?
— No sé si quiero que el quidditch sea eso.
— Puedes retirarte, nadie te obliga a seguir jugando. ¿O crees que si lo dejas decepcionarás a tu padre?
— Que le jodan a mi padre. No sé qué quiero, doctor.
— Yo empezaría por decidir si quieres seguir jugando. Y después, por hablar con Charles.
Charlie cogió aire otra vez antes de volver a llamar a la puerta de Viktor. Era una casa pequeña, en un tranquilo barrio muggle. Para estar considerado uno de los mejores jugadores de quidditch del mundo, el búlgaro aparentaba ser una persona muy despegada de las cosas materiales.
Se abrió y de nuevo apareció el delgado y desmejorado rostro, haciendo que su corazón diera un saltito.
— Hola —murmuró.
— Hola —respondió Viktor, esta vez haciéndose a un lado para dejarle pasar.
En el vestíbulo, ya con la puerta cerrada, los dos hablaron a la vez.
— Yo…
— ¿Puedo abrazarte?
A Charlie le pilló por sorpresa la petición, de los dos el del contacto físico siempre había sido más bien él. Pero no protestó, abrió los brazos y dejó que Viktor le abrazara.
— Lo siento, lo siento mucho —lo escuchó susurrar contra su cuello.
— Yo también lo siento —respondió Charlie, resistiéndose para no enterrar los dedos entre el cabello oscuro.
— Ayer, cuando viniste…
— No tienes que darme explicaciones, Viktor. Solo quería verte, al llegar me han puesto al día.
— ¿De mis cagadas? —cuestionó Viktor, separándose para guiarle hacia el salón.
— De que no estabas bien. Me alegra saber que tienes a alguien que te apoya.
Viktor se detuvo y lo miró con el ceño bajo habitual.
— ¿Qué…? Oh, eso. Es mi psicólogo, Charlie. El equipo me ha obligado a hacer terapia.
Inconscientemente, Charlie soltó aire, sintiendo que se acaba de quitar un enorme peso de encima.
— ¿Quieres beber algo? He hecho café y he comprado esas uvas que te gustan.
Asintió y se sentó en el sofá mientras Viktor desaparecía por otra puerta que, imaginó, conectaba con la cocina. Ojeó la habitación, caldeada por un buen fuego. Era austera, lo único que destacaba era una vieja escoba en una caja de vidrio colgada sobre la chimenea.
Silencioso, Viktor regresó y dejó la bandeja sobre la mesa baja delante del sofá antes de girarse hacia Charlie, que de nuevo se preocupó porque no podía leer su expresión.
— ¿Quiero probar una cosa, puedo? —le preguntó con brusquedad y los puños apretados.
— Supongo que sí —respondió Charlie, precavido.
Viktor se sentó en el suelo, entre sus piernas y apoyó el lateral de la cara en la parte interna de una de sus rodillas.
— No tienes que… —trató de protestar Charlie.
— Me equivoqué cuando te dije que no quería que me bañaras y necesitaba saber si también me había equivocado con esto.
Charlie le acarició el corto cabello despacio y Viktor frotó la mejilla contra el vaquero rasposo.
— Así también puedo hablar sin mirarte.
— Viktor, no tienes que hacer esto, ¿lo sabes verdad? Yo ya no soy…
Pero él alzó los ojos y le miró con intensidad.
— Es que ese es todo el problema, Charles. Sí lo eres.
— ¿Revisaste la lista que te mande?
— La quemé. Estaba cabreado, muy cabreado. Me dejaste en esa bañera y luego me escribiste para que buscara a otro Dom. Pero es que yo no quiero a otro, te quiero a ti.
— Viktor… —trató de razonar Charlie.
— ¿Tienes otro sub?
— No. Yo… no he vuelto al club.
Con un gesto ágil, Viktor se apartó y se puso en cuclillas entre sus piernas para mirarle directo a la cara.
— Mi terapeuta dice que me estoy saboteando. Te provoqué para que me dejaras para no afrontar que se nos acababa el tiempo.
Charlie se deslizó del sofá al suelo hasta quedar frente a él.
— Los dos lo gestionamos mal —le dijo con ojos brillantes, acariciando con suavidad su mandíbula.
— Todo este tiempo… acepté por fin ir a terapia porque me di cuenta de que estaba perdiendo la cabeza.
— ¿No fue por la pelea?
— No. —Viktor inclinó la cara hacia la caricia— Aquella noche, después de la bronca del presidente del club, después de saber que mi carrera estaba pendiente de un hilo, al volver a casa me emborraché, muchísimo. E hice una estupidez aún mayor.
— ¿Qué hiciste? —preguntó, acunando con ternura su cara.
— Me presenté en casa de Potter con intención de darle una paliza.
— ¿Qué? —exclamó Charlie, dejando caer la mano, sorprendido.
— ¿No te lo ha contado?
— No.
— Yo… —El buscador se revolvió el pelo con los dedos— todo esto es muy ridículo… estaba muy celoso de él. Y conseguí su dirección. En estos meses he pensado muchas veces en presentarme en su casa, algunas veces para gritar mi rabia, otras para poder hablar con alguien de ti. Lo peor ha sido no poder hablar con nadie.
— ¿Y qué pasó?
— Que como el miserable borracho que soy, en cuanto abrió la puerta en lugar de golpearle, vomité y luego me eché a llorar. Él me cuidó toda la noche mientras yo hablaba y hablaba de ti y de como yo quería tener una foto como la que tienes con él.
Mientras Charlie parpadeaba, tratando de organizar la información, Viktor aprovechó el momento para apoyar la cabeza en su hombro. Era un alivio poder soltar todo.
— Cada vez que entraba en tu dormitorio en la reserva y veía la foto que tienes con él en la mesilla, quería preguntar. Pero luego me asustaba pensar en una respuesta del tipo "él es el amor de mi vida, busco a alguien como él". Y después de conocerle un poco más, no me sorprendería. Es un gran tipo.
— Lo es.
— ¿Qué sois? ¿O qué eráis en esa foto?
— Amigos. ¿Él no te contó nada?
— ¿Aparte de tener solo palabras buenas sobre ti? no.
Los dos callaron un momento. Charlie habló con voz suave que a Viktor le resuenó como una caricia.
— ¿Qué te molestaba? De la fotografía
— Sonríes de otra manera. No te he visto esa expresión fuera de esa foto.
— Está hecha el día que se casó mi hermano George. Fue un día muy emocional. Pero es cierto que, en otras circunstancias, llevaríamos años juntos —admitió.
— ¿Y por qué no lo estáis?
— Podría decirte que es porque me importa demasiado como para arriesgarme a perderlo, pero eso no sería justo. Hay muchos factores, pero sigue siendo una de las personas más importantes en mi vida y mi única relación en estos años ajena al D/s.
— ¿Relación? ¿Sentimental? —cuestionó Viktor roncamente.
— Cuando vengo a Inglaterra solemos pasar alguna noche juntos —admitió Charlie.
— ¿Ahora también?
— No. ¿Por qué te preocupa tanto Harry?
— Hubo alguien, cuando aún iba a la escuela. Yo… aprendí por las malas que ser el amante nunca sale bien. Especialmente si no sabes que no eres el único y crees en todas las palabras dulces que te dicen.
— Creo que te había dejado claro que soy exclusivo.
— Pero a mi no me sonreías así. Ese día, cuando me dejaste en la bañera, no pude evitar preguntarme si a él lo habrías abandonado así.
— Lo hice, una vez. Y las consecuencias fueron terribles. Pero Viktor, las relaciones no pueden compararse. Él siempre será una parte importante de mi vida, mas de ninguna manera eso hace que no haya espacio para amar a otra persona.
Viktor se movió para volver a quedar de frente a Charlie y ahora fue él quien le puso la mano en un lateral del cuello.
— Has perdido peso, señor —le susurró.
— Y tú, Lino.
— Necesito otra oportunidad, por favor.
Charlie negó con la cabeza, apenado.
— No quiero una relación a distancia. Viktor, realmente lo que busco es un compañero sumiso, quiero una vida, por eso no tengo relaciones esporádicas en el club. No quiero citas, no quiero esperar a que tengas dos dias libres para vernos. Debí ser honesto contigo desde el principio porque yo ya sabía que no funcionaría. Pero…
— ¿Pero qué…? —preguntó con voz ronca, agarrándose a la esperanza.
— Pero me enamoré de ti y ahora no sé cómo salir adelante.
— Charles —Se inclinó Viktor hacia delante hasta hablar sobre sus labios— busquemos una solución, juntos, porque yo quiero ser tuyo 24/7.
— Viktor…
— Lino, tu Lino. Por favor, me retiraré si es necesario.
— ¿Qué? No, ni hablar.
— Pues busquemos una manera.
El día de año nuevo, en una esquina del salón en el que iban a comer los Weasley, estaban Charlie y Harry con un vaso en la mano, hablando en voz baja.
— ¿No ha ido bien la conversación con Krum?
— Sí y no.
— Vas a tener que ser más claro, Charlie.
Charlie suspiró.
— Los dos queremos lo mismo, pero seguimos viviendo en países diferentes.
— Múdate aquí.
— Mi vida está en la Reserva, Harry. No es tan sencillo.
— ¿Estás seguro? ¿O te da miedo hacer cambios en tu vida y que luego no salga bien?
Volvió a suspirar y bebió de su cerveza.
— Ha dicho que se retirará si es necesario. Está enamorado de mi, Harry. Así que sí, estoy muerto de miedo.
— Cualquiera diría que lo que toca ahora es ser feliz, no tener miedo.
— ¿Por qué no me habías contado que se presentó en tu casa?
— Oh, eso. —Desestimó sus palabras con la mano— No quería que te molestaras con él. Pobre, ya tiene bastante.
— Eres demasiado bueno.
— No trates de cambiar de tema. ¿Qué vas a hacer?
— No lo sé, Harry. De verdad te lo digo, no lo sé. —Charlie dejó su vaso vacío sobre la mesa más cercana— ¿Cómo voy a permitir que se retire con veintiséis años el que dicen que es el mejor buscador de la historia? ¿Y si me cargo su carrera y no funciona lo nuestro?
— Eso ya lo está haciendo él solo. ¿Has hablado con Andrei de esto?
— No. Él lo ha intentado, pero la verdad es que… simplemente no podía. Y sé que se siente culpable por haberme empujado un poco hacia Viktor.
— Habla con él. Pide una excedencia. Te lo puedes permitir, vives como un monje.
Con un tercer suspiro, Charlie le revolvió el cabello y se encaminó a la cocina, dispuesto a ser interrogado por última vez por su madre antes de volver a Rumanía.
