*Hi Everyone!
Les mando un saludo esperando se encuentren muy bien de salud, en estos tiempos tan precarios.
Después de años de ser lectora fanática de fanfics de Ranma 1/2, decidí que era momento de aventurarme en este hermoso mundo.
Antes de iniciar, le quiero dar un fuerte agradecimiento a Flor Crispina F., una gran persona y autora de fanfics que me llegaron al corazón, por ayudarme con la edición del fanfic. Gracias por tus consejos y amistad.
Esta es mi primera entrega, espero que lo disfruten mucho. Agradezco sus críticas de todo corazón.
Nota: Confirmo que los personajes no me pertenecen, sino a la gran sensei Rumiko Takahashi.
¡Gracias!
Sentimientos al límite
Cap. 1 Huída
Eran aproximadamente las 12 am., si no es que un poco más tarde. Se escuchaban pasos corriendo a una rápida velocidad en la casa de los Tendo. Pasos fuertes recorriendo primero el pasillo de salida del dojo, ingresando a la casa y subiendo las escaleras con premura.
Al pasar hacia las escaleras pudo distinguir por el rabillo del ojo a Nabiki, quien hojeaba una revista exhibiendo en su rostro un dejo de desinterés. La joven dio un vistazo hacia arriba, advirtiendo su presencia, y entonces se incorporó de la mesa familiar donde se encontraba sentada.
- ¿Ranma? ... ¡¿Qué pasa?! – preguntó totalmente desconcertada al sentir la tensión del artista marcial.
Era bastante noche para dar explicaciones, pensó rápidamente, por lo que no se detuvo ante la cuestión y siguió su camino como si nadie le hubiera hablado.
- Seguramente tuvo que ver con Akane… – dijo Nabiki a una escalera vacía, al mismo tiempo que se asomaba por el pasillo y levantaba una ceja sutilmente en señal de intriga, al notar que la luz en el dojo permanecía encendida.
En ese momento estaba celebrándose una feria en el distrito de Nerima, eso había motivado lo suficiente a Soun y Genma para abandonar por un momento su lugar frente al tablero de shogi y asistir alegremente al evento. Kasumi estaba dormida y Nabiki seguía en el comedor desvelándose leyendo una revista, pero el sueño estaba alcanzándola. Sabía que pronto tenía que subir a dormir, sin embargo, la intriga de lo que había pasado con Ranma (y que seguramente había sido con Akane por la dirección de dónde él venía corriendo) era más fuerte, por lo cual decidió quedarse un poco más para ver si podía conseguir información que valiera la pena. Hacía tiempo que no ganaba dinero fácilmente.
Cada vez era más difícil sacar provecho de las situaciones importantes, debido a que ya no eran unos niños, como cuando recién Saotome y su padre habían llegado a sus vidas. Ya habían pasado 3 años desde ese momento y un Ranma cada día menos ingenuo había aprendido a sacar vuelta a sus artimañas, probablemente no con la misma rapidez que asimilaba estilos de combate, pero sí con su habitual inteligencia.
Ranma continuó corriendo directamente hasta la habitación que compartía con su padre, al ver la puerta la abrió rápidamente y se metió, cerrándola con mucha fuerza. Extrañamente el sonido no provocó el retumbar acostumbrado y fue tragado por el silencio de la noche.
Automáticamente recargó todo su peso en la puerta. Mientras respiraba agitada y pesadamente, su mano derecha subió lentamente a su boca tapándola, intentando calmar el asombro que estaba sintiendo en ese momento.
El artista marcial tenía los ojos totalmente desorbitados. Esta era una situación de lo más desconcertante para él y se sentía muy raro haber sido el que había emprendido la huida, en lugar de que ella lo hiciera como ocurría habitualmente.
Él estaba acostumbrado a seguir con la discusión, en un furioso vaivén de opiniones, hasta concluir con un claro ganador. Esta vez las cosas habían sido totalmente diferentes.
La adrenalina le recorría el cuerpo y gotas de sudor rodeaban su frente. De haber estado en un concurso de no parpadeo seguro habría ganado con la redondez que demostraban sus ojos en ese momento. A pasos lentos caminó hacia un mueble en donde él y su padre guardaban la ropa y recargó una mano sobre el mismo en tanto fijaba su mirada en el piso, pensando en lo que había pasado con Akane en el dojo. Cerró los ojos mientras el sudor descendía desde su frente a sus mejillas y, al sentirlo, retiró la mano de su boca para secarse dichas gotas.
Y ahora… ¿Ahora qué? – musitó en voz baja…rápidamente volteó su cabeza hacia arriba y se reflejó en un espejo que estaba colocado encima del mueble de donde estaba apoyado. Ranma estaba sonrojado y sus gotas de sudor reflejaban lo caliente que sentía la cabeza. Esa calentura no solo llegaba a su cabeza sino a todo su cuerpo, sentía como una extraña mezcla de electricidad y adrenalina.
¿Qué demonios va a pasar? … - decía el pelinegro como si estuviera cuestionándole a su reflejo intentando buscar una respuesta. Su autoconfianza le estaba jugando una mala pasada en esos momentos. Intentaba pensar lo más rápido que podía, pero no llegaba a ninguna conclusión. Su mente giraba en torno al sentir de Akane, a su voz, a su expresión facial…a su olor…a su cara…a su cuerpo…- pensaba mientras endurecía la mirada. Sacudió la cabeza rápidamente cerrando los ojos intentando borrar lo que lo estaba distrayendo en esos momentos. Suspiró profundamente para encontrar calma y pensar claramente.
Una pequeña sonrisa se asomó en su rostro.
¡Un momento!
Abrió los ojos como plato de nueva cuenta. No se había puesto a pensar en cómo se estaría sintiendo ella. Se cuestionaba si Akane se sentía consternada…desorientada…decepcionada…¿enojada tal vez? Estaba realmente confundido respecto a este último pensamiento. Casualmente todos eran pensamientos negativos: No encontraba como podría ser positivo alguno.
Lo ocurrido era demasiado bueno para ser cierto.
Con un suspiro largo se despegó del mueble y decidió que ya era tiempo de irse a descansar. Pensó que sería mejor afrontar la situación al día siguiente. Ya no eran unos niños y lo que había pasado esa noche era una clara demostración de eso. Aparte él era Ranma Saotome y tenía que demostrarle a Akane que las cosas de una forma u otra ya estaban cambiando entre ellos. Él ya lo había digerido hace tiempo.
Además…ya era inevitable…- dijo en voz baja y cerrando los ojos como agudizando la mirada.
Acomodó las sábanas del futón, se puso el pijama y se aventó queriendo perder la conciencia lo más rápido que pudiera. Si le daba más vueltas al asunto, seguro no dormiría nada.
Akane se encontraba aun en el dojo pensando en lo que acababa de pasar. Ranma para ella era un enigma: Un misterio sin resolver. Cuando creía que lo leía o que lo conocía, pasaban más cosas que la hacían dudar del pensar de su prometido.
Últimamente ya estaba harta de que todo el mundo conspirara para que ellos no estuvieran juntos. Ella misma ya no quería pelear contra todo eso y por eso se mostraba más dócil con Ranma. Al final de cuentas, él la había salvado un sinfín de veces y, en la gran batalla contra Saffrón, realmente había parecido como si algo se hubiese quebrado definitivamente entre ellos, pero, al mismo tiempo, hubiese renacido transmutando en algo mejor.
Tal vez lo único real eran las ganas de definir la relación, de definir los sentimientos de cada uno, de dar un paso más adelante…
El problema era que desconocía cuál era ese paso que tenían que dar, y dudaba que seriamente que dicho paso fuera el matrimonio, aunque sus padres así lo imploraran.
Era algo como si la misma relación reclamara con urgencia, ¿Qué? No lo sabía. Y ahora estaba demasiado confundida. Sin embargo, lo que había pasado en el dojo la había hecho sentir más viva que todas las veces que Ranma la había salvado. Se llevó una mano al corazón y sintió que sus ojos se pusieron vidriosos. Ella misma ya había admitido sus sentimientos por Ranma hace tiempo, cuando admitió estar de acuerdo en casarse con él y estaba segura de que no tenían nada que ver con lo que había sentido por Tofú en el pasado.
Al tocarse el corazón se dio cuenta de que su gi de entrenamiento estaba abierto desde sus hombros hasta su estómago y la cinta, retirada del atuendo, dibujaba descuidadamente un garabato sobre el piso. Sonrojada, se agachó a recogerla y se quedó inmóvil, contemplándola. Luego, se limpió las lágrimas con la misma mano que aferraba la cinta y no pudo evitar sonreír al recordar lo que había pasado.
Nunca en su vida había llegado tan lejos con un hombre.
Se amarró la cinta y se cerró el gi. Salió del dojo y, de camino a su cuarto y encontró a Nabiki mirándola con mucha curiosidad. Conocía esa mirada llena de conveniencia.
Hermanita, hermanita…es obvio que sabes que te voy a preguntar por qué Ranma salió corriendo a su cuarto y si no me lo quieres decir…- se acercó a su rostro – Sabes que lo voy a averiguar… - dijo con una mirada totalmente inquisidora y con un tono un poco amenazador.
Entonces gasta tu energía en intentar adivinarlo… - le contestó con toda la firmeza que podría reunir en esos momentos. Dicho esto, se fue rápidamente por las escaleras con dirección a su cuarto.
Nabiki se le quedó mirando y sonrió. Sería mejor ir a dormir, mañana tendría que preparar el plan para saber qué había pasado. Tal vez extorsionar a Ranma serviría. Él tenía varias deudas de dinero con ella y estas oportunidades eran las mejores para ejercer el cobro.
Akane caminó lentamente por el pasillo del segundo piso y no pudo evitar voltear ligeramente para verificar si Ranma estaría dentro de su cuarto. Rápidamente levantó una de sus manos para abrir la puerta y hablar de lo que había pasado. De repente recordó todo de golpe y se sonrojó violentamente. De inmediato retrocedió en aquel intento por traspasar la puerta, prosiguió el andar hacia su cuarto, como era su intención original y, después de desaparecer en el interior, cerró la puerta lentamente.
Una vez dentro se quitó el gi de entrenamiento quedando solo en su brassiere negro con encaje y su bikini a juego. Curiosamente nunca solía usar esa prenda cuando entrenaba, siempre se solía poner su top de entrenamiento especial y confeccionado para eso; no obstante, hoy había sido diferente. Desde un principio todo había sido diferente: empezando por la ropa interior que había elegido ese día.
Se dirigió al baño y notó en el espejo completo que su cuerpo ya no era el mismo de cuando Ranma había llegado a su casa. Empezando por sus brazos, que ahora estaban más tonificados por el ejercicio. De un tiempo para acá, se rehusaba a ser la doncella en constante peligro, por lo que había optado en regresar a su estricta disciplina de entrenamiento de los días cuando Ranma aún no estaba para protegerla. Siguió analizándose y se percató que afortunadamente sus pechos habían crecido sugerentes y no podía evitar estar feliz por tener derecho a desmentir a su prometido cada vez que le decía que tenía pechos planos. Bajando observó que su cintura seguía marcándose y sus caderas se habían ensanchado para dar lugar a un cuerpo lleno de curvas: nada que envidiarle a la chinita fastidiosa. Levantó una pierna ligeramente y también se dio cuenta que sus piernas seguían torneadas y más voluminosas que antes.
Extasiada por su autovaloración y todavía perturbada por lo acontecido, cerró los ojos y a continuación se llevó ambas manos a la boca rozando su nariz con sus dos dedos índices y cerró los ojos. Quería revivir lo que había pasado hace tan solo unos momentos en el dojo.
Aun no lo podía creer.
Para nadie era novedad que los sentimientos de Akane para con Ranma eran nada más ni nada menos que puro amor. Sin embargo, para ella misma había sido un suplicio aceptarlo y cuando lo hizo, al fin pudo disfrutar ciertas facetas de su prometido.
Ella estaba cambiando y aunque no tenía la certeza en palabras, parecía ser que Ranma también.
¿Por qué acababa de pasar aquello, si no?
Akane estaba preocupada por lo que parecía ser había disfrutado su prometido hace unos momentos.
Eso es lo que ella había sentido, al menos. Pensó mientras abría los ojos.
Fue entonces cuando empezó a recordar el comienzo de todo...
