¡Hola chicos! Solo quiero avisar que esta historia tendrá temas adultos y bastante fuertes, solo les pido precaución al leer.

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Capítulo 1

Nerima, Japón - 1998

Unas sonoras pisadas quedaban marcadas sobre el espeso barro que comenzaba a formarse en las desoladas calles de Nerima. Los chapoteos irrumpían el ruidoso silencio que perduraba con la lluvia mientras la brisa húmeda movía su fina trenza en una danza pacífica, como si la lluvia a su alrededor fuera refrescante y no el comienzo del fin como era en realidad.

Sus azulados y cansados ojos se movieron por sobre la sombrilla de bambú que lo cubría, una suave y rítmica melodía sonaba a medida que las gotas caían con fuerza sobre la fina tela, fuerza que cualquiera pensaría atravesaría el delgado material que cubría su cabeza haciendo trizas la sombrilla, pero estaba completamente intacta. Los productos chinos realmente eran algo mágico.

Con nostalgia y una suave sonrisa triste observó las casas de su antiguo barrio, anhelando escuchar las suaves cigarras que alguna vez odió por sobre esa feroz lluvia. Distinguió entre las pesadas gotas algunas casas iluminadas a pesar de la hora tan tardía que era. ¿Qué hora exactamente era? ¿Cerca de la medianoche? ¿Había gente despierta? ¿Habría familias disfrutando alrededor del calor de un Kotatsu? ¿Familias compartiendo mientras veían una película? El anhelo de un sueño frustrado pasó por su cabeza al imaginar a alguien recibiéndolo en casa, la sombra conocida de cabellera azulada recibiéndolo con los brazos abiertos y una sonrisa cálida con sabor a hogar. Con solo saber que no era más que una triste ilusión, el estómago se le apretó.

Que envidia.

A medida que las casas pasaban y el paisaje que tenía al frente se hacía más y más familiar, el sudor provocado por el miedo y los nervios casi le hicieron botar la sombrilla. Con la mano libre apretó la hombrera izquierda de su pesada mochila de viaje y el estómago ya apretado se contrajo aún más en pensar a donde su corazón lo dirigía. Se preguntó cuál sería la reacción de todos... después de todo había pasado mucho tiempo de la última vez que los vio.

Sus amigos, sus padres, su tío Soun, Kasumi, Nabiki...

Akane.

Los mielosos ojos angustiados y heridos de la chica aún atormentaban su conciencia.

¿Estará muy cambiada? ¿Aún lo odiaba? ¿O correría a sus brazos llorando de felicidad como aquellos profundos sueños que su desesperado corazón deseaba?

Claro que no, probablemente lo abofeteará al primer segundo en que lo vea. Inconscientemente una pequeña sonrisa se instaló en su rostro, nunca había querido recibir un golpe tan desesperadamente, ¿Podría ser realmente masoquista? El miedo dejó su corazón y con una llama llena de seguridad sus ojos se oscurecieron de valor retomando el rumbo con paso firme mientras ajustaba la correa de su mochila.

Debía hacer las cosas bien. Akane se lo merecía.

Fue un idiota, pero volvió por ella.

Nunca pudo olvidarla, nunca pudo sacarla de su corazón.

Lo hizo por ella.

Hice todo esto por nosotros.

El gran portón de los Tendo al fin se presentó frente a sus ojos tan real como deseó desde hace tiempo y no producto de su imaginación tras las agotadoras rutinas de ejercicio que sufrió en China. Estiró el brazo tocando la placa del Dojo entre sus callosos dedos y sintió como si nunca se hubiera ido. Los recuerdos de aquellos días de escuela, las infantiles y tontas peleas junto con el aroma del juvenil amor que lo persiguió por tanto tiempo se sentían más frescos que nunca en su cabeza.

—¿Ranma?

Volviendo a la realidad giró el rostro tan rápido que sintió un pequeño tirón en el cuello. Kasumi estaba de pie en medio de un suave foco que no le permitió verla claramente, abriendo el portón para entrar a su hogar mientras se protegía con un gran paraguas.

—¿Eres tú Ranma? —La vio entrecerrar los ojos producto del reflejo del foco. Una vez que el reconocimiento llegó a su cabeza, apretó el mango del paraguas y se llevó una mano a la boca jadeando ahogadamente. Sus castaños ojos se cristalizaron y Ranma pudo jurar que nunca había visto tantas emociones en su rostro; felicidad, nostalgia, incredulidad... tristeza.

Dejó caer el paraguas y corrió a abrazarlo como rara vez lo hizo en el pasado.

Ranma salió del pequeño shock y la envolvió en sus fornidos brazos con fuerza. Respiró su familiar aroma y sonrió como nunca lo logró en todo ese largo tiempo en China. El aroma a suavizante y colonia dulce que su ropa desprendía casi le dieron ganas de llorar, olía a hogar.

—He vuelto, Kasumi. —Susurró bajo la lluvia mientras escuchaba el suave sollozo y unas indescifrables palabras apaciguadas de la chica pegada a su pecho.

Las gotas comenzaron a mojarlos y al sentir el agua contra su piel, Ranma se dio cuenta de que había dejado caer la sombrilla de la impresión. Kasumi salió del estupor por el frio de las gotas y separándose del chico palpó el plano pecho que tenía delante, recién notándolo. Dándose cuenta de la gran diferencia de altura que ahora tenían, levantó la vista y miró los azulados ojos que había extrañado con tanto cariño materno.

—Ranma... eres un hombre de nuevo. —El pelinegro asintió suavemente y le sonrió. —¡Estás curado!

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—Iré por unas toallas, ponte cómodo... pondré un poco de té.

Los suaves pasos de la Tendo mayor se perdieron en la vieja casa. Ranma sintió a la chica subir al segundo piso luego de poner la tetera y perderse en la oscuridad. La casa estaba igual a como la recordaba, vieja y con un aroma a encierro por lo antigua de la construcción, pero cálida como solo un hogar podía sentirse.

Tras dejar sus embarrados zapatos chinos en el Genkan pasó silenciosamente al Washitsu. Se sentía extraño, como si nunca se hubiera ido, pero al mismo tiempo como si fuera un extraño invitado interrumpiendo una casa desconocida. Caminó al centro de la habitación y observó entre las puertas corredizas del Shoji que la lluvia estaba amainando, aún corría una suave brisa húmeda. Pasó los dedos con suavidad sobre la superficie del Kotatsu instalado en medio de la habitación, recordando cuantas horas pasó junto a Akane disfrutando en secreta alegría de su cálida compañía. Su pie chocó con algo y calló amainando el golpe con las manos por instinto antes de chocar de cara contra el suelo.

— ¿Que rayos...? — Se sobó el pie silencioso y con la otra mano alzó el objeto que lo había derribado encontrando un pequeño sonajero que agitó con suave curiosidad.

¿Un juguete de bebé?

Observó el celeste objeto levemente mordisqueado y siguiendo el rastro encontró a lo lejos una pequeña caja llena de juguetes. Pequeños trenes de madera, dinosaurios de plástico y una enorme cantidad de ositos de peluche se encontraban esparcidos sobre una esponjosa manta color amarillo bebé. Por los distintos tipos de juguetes pudo deducir que eran de un bebé o un niño muy pequeño.

¿De quién serán?

Mientras se sentaba bajo el Kotatsu, los pasos de la susodicha volvieron a resonar sacándolo de sus pensamientos y la vio entrar con su distintiva delicadeza con una bandeja en sus manos y un par de toallas bajo el brazo. Alzó el rostro de la tetera y al ver a Ranma con el juguete en sus manos su rostro palideció. La bandeja dio un breve temblor y el chico la miró con extrañeza.

—Kasumi... ¿De quién son todos esos juguetes?

Abrió y cerró la boca como un pez fuera del agua. Dejó la bandeja a la mesa y se acomodó alisando su larga falda antes de doblar las piernas y finalmente sentarse al frente de él. Ahora que la luz estaba presente Ranma pudo analizar sus rasgos a detalle y por unos segundos la pregunta anterior simplemente salió de su cabeza por el fuerte shock.

Su largo cabello caía hacia un lado tal como recordaba, pero un par de canas casi inexistentes se veían escondidas entre su castaña cabellera. Su rostro se había tornado más maduro, y su mirada ya no brillaba con la juventud que recordaba, estaban opacados y sin brillo, cubiertos con una adulta sabiduría y rodeadas de unas pronunciadas ojeras. Podía notar bajo su Cárdigan color lavanda su figura más robusta y curvilínea y no como la casi adolescente que recordaba. Se veía...

—Te ves mayor. —Y demacrada, agregó su mente.

Al darse cuenta de que las feas palabras que pensó salieron sin pensar, se tapó con ambas manos los labios como solía hacer en antaño luego de no controlar su lengua. Kasumi se quedó en silencio sorprendida, recobrando el rosado color de sus mejillas y antes de que Ranma se diera cuenta, soltó una fuerte risotada que juraba nunca había escuchado de ella.

—Claro que me veo mayor... han pasado casi 10 años desde la última vez que nos vimos.

Sus palabras cortaron el ambiente como un filoso cuchillo. Ranma sabía que su intención no fue esa, simplemente fue un comentario para romper el hielo, pero se sintió como si estuviera recriminándole todos esos años alejado y sin contacto.

—Lo siento... —Enderezando su postura, se acomodó bajo el Kotatsu y levantó las manos para alcanzar la taza de té que Kasumi le ofreció. —Ha pasado un largo tiempo...

—Tú también te vez mayor, ya no pareces el tímido chico que llegó a nuestra casa aquel día de lluvia. —Sorbió un poco de su té y miró entre las puertas entreabiertas del viejo Shoji las pocas gotas que aún caían afuera, pareciera que su vista se nublaba de melancolía. —Es curioso... cuando venía caminando recordé aquel mismo día antes de encontrarte afuera, supongo que es por la lluvia.

Ranma sonrió débilmente y siguió con su té sin saber que más decir. La curiosidad de saber sobre todo lo que se había perdido lo estaba matando, pero, sobre todo, saber sobre aquella bruta y hermosa mujer que le había robado hace tantos años el corazón, aquel corazón que aún dolía por su ausencia y anhelaba su perdón.

Kasumi pareció comprender sus dudas, porque tomando un fuerte suspiro, bajó las manos con la taza aún entre ellas intentando calentar sus fríos dedos, producto de la baja temperatura o del nerviosismo que comenzó a carcomerla.

—Supongo que debes tener miles de dudas. — El pelinegro asintió con nervios, y Kasumi sabía que había una persona de la que no había necesidad de llamar, brillando tras sus curiosos azulados ojos por la cual moría preguntar. —Ranma... debes saber que muchas cosas cambiaron en estos últimos años. Tus padres-

—Lo sé. — La cortó sin afán de ser grosero. — Hablé con mamá hace unos meses a través de cartas, así que sé que ya no viven aquí y que se mudaron a la casa de mamá-

—¿Por qué tardaste tanto?

Kasumi lanzó la pregunta que tan obvia había estado en el aire desde que llegó, cortando su diálogo, y Ranma no supo identificar su tono. ¿Era tristeza? ¿Enojo? ¿Resentimiento?

—No lo sé... — Y era cierto. Había pasado tantos años alejado, buscando su cura en distintos lugares de Asia que, al mirar hacia atrás y en un pestañeo, ya habían pasado 8 años. —Supongo que tenía miedo...

—¿De qué?

—De no ser suficiente para ella.

Kasumi se quedó en silencio, intentando procesar su respuesta como un trago amargo de la peor medicina. Ranma bajó la mirada avergonzado, evitando sus ojos y su vista se posó nuevamente en los juguetes a su lado. Mientras el incomodo silencio se prolongó, recordó que quería preguntar por ellos y antes de abrir la boca, Kasumi se le había adelantado. Estaba con los puños apretados sobre la mesa y los ojos cristalinos, lo que sea que le iba a decir, sabía que no sería bueno.

—Lo siento, Ranma. — El tono que había usado era tan afligido que no tuvo el valor de mirarla, la sangre se le heló. —Si vienes por Akane, ya es demasiado tarde.

—¿A qué te refieres? —El ojiazul levantó la cabeza como un resorte, pero Kasumi miraba directamente su regazo. —¿Kasumi-

Las pisadas de alguien más irrumpieron la fría conversación antes de que la Tendo mayor respondiera su duda y Ranma escuchó a la segunda presencia que no había visto en esos últimos años, aquella mujer que le había traído tantas desgracias y sus primeras deudas.

—¿Kasumi!? Volviste rápido, ¿Con quién hablas? Por la hora pensé que pasarías la noche allá con Ono... — Sin mirar al frente, acomodaba un enorme bulto que traía en brazos mientras bajaba la escalera. — Al fin pude dormir a Tatsu. Ya le di su medicina, no tienes idea de cuanto luchó, es terco como-

Sus ojos chocolate chocaron con Ranma y se calló abruptamente.

El silencio que inundó la habitación se hizo denso y el chico podía jurar que en cualquier momento lo aplastaría hasta dejarlo tan plano como una hoja de papel en medio de la habitación. Los juzgadores ojos de Nabiki lo estudiaron de arriba abajo y Ranma vio como su expresión de asombrado estupor se convertía en una muy justificada ira.

Estaba casi igual a como la recordaba. El cabello le había crecido un poco más y llevaba el flequillo amarrado hacia atrás con unos clips, así que ya no le cubría el fruncido ceño que le estaba dedicando. Llevaba unos ajustados jeans y una sudadera rosa bastante más grande a la talla que suponía usaba haciéndola parecer un poco más pequeña. Ranma miró su cara, y al igual que Kasumi, lucía cansada y estresada.

Nabiki Tendo siempre había sido una mujer delgada, pero sus mejillas hundidas y las ojeras que opacaban su rostro simplemente la hacían lucir como una muerta viviente.

—No pensé que volvería a verte por aquí nuevamente... ex-cuñado. —La llama que faltaba en su apariencia seguía presente en su contestona lengua.

Ranma sabía que el titulo lo tenía más que ganado. Cuando el padre de Akane rompió el compromiso definitivamente con los Saotomes, se había enterado por una llamada telefónica cuando había bajado a una ciudad por provisiones mientras estudiaba en un templo de Luoyang en China.

Unos años antes, el chico de la trenza había abandonado Japón en su forma de chica sin mirar atrás.


Luoyang, China - 1993

—¿De qué rayos estás hablando papá?

—Ya me oíste. Tendo rompió el compromiso, Ranma.

Sus dedos apretaron el teléfono y por un momento temió haberlo roto cuando el silencio de su padre prevaleció en medio de la llamada. La respiración se le cortó y podía escuchar a su madre en el fondo pidiendo hablar con él.

—¿Por qué? —Logró exigir entre entrecortadas respiraciones. Las sudorosas manos le hacían resbalar el auricular, pero posó la mano libre sobre el viejo mesón del hostal que le facilitó el móvil para sostener su de pronto pesado cuerpo. —¡¿Por qué rayos lo hizo?!

—Dijo que no quería esperar más tiempo... —Genma suspiró fuertemente antes de seguir su explicación. —Hijo, si vuelves tal vez haya algo que podamos hacer-

—No. —Ranma cambió el auricular de lado y observó a su alrededor. La poca gente que estaba presente lo miraba extrañado a pesar de no comprender una palabra de lo que decían, aunque tampoco le importaba. Podía escucharlos susurrar y Ranma, que ya llevaba un par de años recorriendo China, pudo comprender un par de palabras al azar. — Aún no puedo volver.

—Ranma. —Nodoka le había quitado el teléfono a su marido y suplicó de la forma más amorosamente razonable que podía. —Tienes que volver.

—Mamá... aún no puedo. —Pasó sus callosos y sucios dedos entre el grasoso cabello, necesitaba una ducha y pronto. El corazón le dolió al escuchar a su madre tan desesperada, sabía por qué estaba tan angustiada, no era el compromiso lo que ella le estaba suplicando recuperar. —Sabes que necesito-

—¿Qué hay de Akane? — Lo interrumpió apurada y con la voz más pronunciada, como si su nombre lo haría entrar en razón. — ¿Solo la dejarás ir?

El silencio incómodo y doloso volvió, tanta explicación le había hecho olvidar porqué había llamado en primer lugar. Había demorado meses en encontrar un lugar civilizado y con teléfono entre los recónditos lugares que estaba explorando ya que los servicios de mensajería no funcionaban en donde estaba, y cuando la anciana dueña del hostal vio sus ojos iluminados con emoción al ver el teléfono sobre la mesa le hizo señas dándose a entender que podía usarlo libremente. Su primer instinto fue llamar a casa de los Tendo. Quería hablar con Akane. Quería escuchar su voz después de tantos meses anhelando sentir su risa. Llamó y llamó, pero no contestó nadie... aunque lo sabía.

Sabía que la había jodido en grande con los Tendo. Desde hace mucho.

Antes de irse, se había peleado con Akane y se fue casi sin dar explicaciones. Soun Tendo se había enojado y desde entonces no había cruzado palabra con él ni por cartas ni en las pocas ocasiones que tenía para utilizar un teléfono.

Se había demorado meses en recuperar la confianza de Akane y que ella se dignara a dirigirle la palabra, solo luego de que él le suplicara incontables veces a Kasumi que convenciera a su hermana de hablarle.

Años atrás, luego de que Shampoo descubriera un nuevo artilugio Chino diseñado para los usuarios de Jusenkyo y lo chantajeara con él, el asunto se salió de control totalmente en cosa de minutos. Una pequeña tetera de porcelana que al hervir agua en ella y mojar al maldito hacía que la apariencia del usuario se sellara era la solución a todos sus problemas, o eso creían.

Los malditos de Jusenkyo se pelearon por ella y como siempre, mala tras mala suerte, a Ranma le cayó agua fría segundos antes de que la tetera se le rompiera en mil pedazos sobre la cabeza, derramando toda el agua. Habían intentado solucionarlo, Buda sabe cuántas veces intentó arreglar la pequeña tetera de distintas formas. Aún recordaba el rostro angustiado de Akane que había observado la pelea en el Neko Hanten desde lejos, como con las manos temblorosas lo ayudó a recoger las piezas de porcelana e intentaba pegarlas una a una sin lograr avance alguno. Recordaba dolorosamente las horribles palabras que él le gritó entre la desesperación, recalcándole las falencias en manualidades que en aquel entonces poseía, sus achocolatados ojos derramando dolorosas lágrimas y la fuerte cachetada que le propinó.

Después de eso no se hablaron por varios días. De verdad había sido un completo imbécil.

En las sombras, Akane seguía buscando la forma de ayudarlo sin dirigirle la palabra. Sabía las horas que su querida peliazul había enterrado la nariz en varios libros sobre mitología China, sabía cuántas veces había ido a hablar con el Dr. Tofu y todas las veces que fue a interrogar a Shampoo y Colonge con el coraje atragantado en su pecho. Luego de semanas se habían dado por vencido, hasta que Akane encontró una pista sobre otra tetera, con el efecto opuesto. Una leyenda decía que la tetera estaba en la provincia de Yunnan, China. Era un viaje simple, solo ir, encontrar la tetera y volver, así que iría solo.

Se despidió de todos sus amigos, menos de su familia. Quería dejarlos para el final, sobre todo a ella.

En ese entonces, habían pasado 3 años desde la boda fallida. A sus 19 años Akane había comenzado la universidad en una carrera de enfermería deportiva con el argumento de poder ayudar al Dojo luego de titularse, atendiendo a los alumnos heridos y perfeccionarse en primeros auxilios si la ocasión lo ameritaba. Ranma se río de ella cuando le comentó su decisión, pero en el fondo el pecho se le hinchaba de orgullo y una emoción martillante que reconocía como amor. Akane se había proyectado a su lado manteniendo la promesa de dirigir el Dojo junto a él. Era la mujer más valiente y compasiva que conocía, y sabía perfectamente que un título así le caía como anillo al dedo, porque Akane Tendo vivía por ayudar y apoyar a los demás sin esperar nada a cambio.

Su última conversación cara a cara no había salido muy bien.

Akane se había impuesto ir al viaje si o si con él, y él estaba furioso.


Nerima, Japón - 1990

"—¡Ya te dije que no irás, te lo prohíbo!

¡¿Quién demonios te crees para prohibirme cosas?! —Akane gritaba agitada. Con los puños apretados, se posó al frente de Ranma con los ojos enfurecidos.

Tu prometido. —Pasó las manos por su rojiza cara intentando alejar la ira y tiró de su trenza por sobre el hombro mirándola con severidad nuevamente. —Te agradezco la preocupación, pero no vas a ir conmigo Akane.

¡¿Por qué rayos no me dejas hacer esto por ti?!

¡Porque la última vez que estuviste conmigo en China casi mueres! —La agarró por los hombros y la sacudió desesperadamente. —¡Casi te pierdo Akane!

Los ojos avellana se agrandaron de la impresión y Ranma la soltó, alejando las manos como si su tacto quemara. Se refregó el sonrojado rostro con las manos y la miró tímidamente pero aún lleno de rabia.

Recordaba la cara de conmoción de Akane y como él refunfuñó en frustración antes de dejarla sola, de pie en medio del Dojo con la boca abierta de la sorpresa.

A la mañana siguiente, él ya se había ido.

Nunca supo que la misma mañana, cuando la familia había encontrado su carta informando de su viaje, Akane lloró como nunca al saber que Ranma se había ido sin ella y sin siquiera despedirse.

Tampoco sabría que aquella despedida sería la que lo atormentaría por 8 largos años cuando en noches de soledad el recuerdo de Akane Tendo pasaba de un recuerdo a un anhelo."


Volviendo a su situación actual, luego de llamar a los Tendo recordó una carta que había recibido hace unos meses de su madre donde le dijo que ella y su padre habían vuelto a vivir en su antigua casa, así que marcó el nuevo número que veía en la roñosa hoja que mantenía entre sus pertenencias cuando su padre respondió, empezando la conversación que lo tenía inquieto en aquel momento.

La pregunta de su madre resonó nuevamente en su cabeza.

Akane.

No podía volver ahora.

Estaba haciendo todo por ella, por su futuro.

Por ellos.

—No puedo volver mamá, lo siento.

—Hijo, esta es tu última oportunidad... —Ranma la sintió tensarse y acercar el auricular a sí misma escuchando un tembloroso suspiro antes de hablar suplicante. —Si no vuelves ahora, creo que la perderás para siempre... todavía tiene fe de que vuelvas con ella, pero en algún momento se rendirá. Tu padre y yo intentamos convencer a Soun, pero ya no hay nada que podamos hacer por ti.

—Lo sé, y lo agradezco, pero sin la cura no pienso volver... Akane no merece-

—Ha Akane no le interesa tu apariencia, Ranma. Lograste convertirte en hombre de nuevo, ya no importa nada más-

—Lo siento, mamá. —El chico cerró los ojos con un tembloroso suspiro y con ganas de no haberle llevado la contra a su angustiada madre, pero la resolución de un mejor futuro lo tenía cegado. Enredó el cable del teléfono en su mano libre y declaró solemnemente. —Hasta que no vuelva con la cura, no volveré.


Nerima, Japón - 1998

—¿Encontraste tu amada cura? —La afilada lengua de Nabiki arremetió irónicamente. Seguía de pie a la bajada de la escalera, sin mover un musculo más mientras apretaba en bulto a su pecho.

Ranma salió de su ensoñación y apretó los puños bajo el Kotatsu escondiendo su nerviosismo. La mirada que Nabiki le estaba lanzando, más fría que un tímpano de hielo, lo tenía casi paralizado de culpa.

—Si, hace 3 años. — Susurró.

—3 años... — Nabiki resopló, como si lo que hubiera escuchado fuera una broma.

—3 jodidos años ya con la cura y no te dignaste a mostrar la maldita cara. Habló entre dientes con la furia latente. De todos los años que Ranma la conocía, no recordaba haber escuchado tanta cólera hacia su persona.

La castaña caminó dentro de la habitación deteniéndose a un lado de Ranma, mirándolo desde su altura como si fuera una clase de asqueroso y desagradable insecto. — ¿A qué viniste Ranma? ¿Ahora que estás curado vienes por Akane? Eres el mismo cobarde de mierda que conocí en-

—Nabiki. —Kasumi la calló de forma áspera.

Ranma estaba mudo, no podía levantar la cara. Tal vez era vergüenza, pero solo podía mirar sus manos temblar, luchando con el impulso de solamente suplicar por perdón, ver a Akane y empezar de cero. ¿Era fácil no? Solo tenía que hablar con ella, ¿Por qué no lo dejaban ir por ella?

Akane.

Se preguntó por qué luego de todo el bullicio que había en la casa ella aún no había aparecido, sobre todo con como Nabiki estaba levantando la voz insultándolo y justificándose con Kasumi al fondo. Sentía las voces de ambas a su lado, pero no les estaba prestando atención. Realmente empezaba a tener un mal presentimiento por Akane. Abrió la boca para preguntar por ella, pero el ruido nunca salió porque una voz lo hizo congelarse y cerrar los labios de golpe.

—Mami... —El bulto en los brazos de Nabiki se movió. La castaña suspiró molesta luego de que su arduo trabajo en hacerlo dormir se fuera por el caño sabiendo que en parte era su culpa, no debería haber levantado la voz frente a él.

Ranma observó como Nabiki destapaba cariñosamente a un pequeño niño que llevaba en sus brazos, notando recién el bulto que había sostenido todo el tiempo. El niño se sacudió con suavidad, pero el ojiazul no podía ver su cara desde el ángulo que estaba, solo pudo distinguir su castaño cabello. Supuso que todos los juguetes que estaban esparcidos eran de él. ¿Sería el hijo de Nabiki? ¿O de Kasumi?

—Tatsu, cariño, tienes que dormir... te llevaré arriba para que descanses mejor. —Kasumi se puso de pie y lo tomó de los brazos de Nabiki mientras le respondía. Lo meció con suavidad acariciando su espaldita y le regaló una cálida sonrisa de marca registrada.

—Mami... —El ojiazul vio como el pequeño abrazaba a la chica mayor del cuello y se apretaba a ella como un oso perezoso. Nabiki seguía de pie, mirando a Ranma acusatoriamente y tomando respiraciones profundas para intentar calmar su mal ánimo.

La habitación tenía muy poca iluminación, pero gracias a la luz natural de la luna y a Kasumi que se giró para llevarlo escaleras arriba, Ranma pudo tener mejor vista del pequeño.

El corazón se le iba a salir. Los dedos se le enfriaron y la sangre se le heló. Sintió como la habitación empezaba a dar vueltas y tuvo que apoyarse en la mesa para no caer de su posición. Subió su mano a la garganta, intentando respirar sin haberse dado cuenta cuando se le cerró en primer lugar, provocando que comenzara a dar pequeñas respiraciones entrecortadas.

Nabiki se sentó en frente de él, pero no pudo percibirla. La vio apoyar el codo en el Kotatsu y poner su mejilla en la mano, mirándolo fijamente, estudiando su reacción en silencio.

El niño... el niño era igual a Akane, pero con unos profundos ojos verde esmeralda.

—Tu mami no puede venir Tatsu, pero estoy aquí, contigo, igual que tía Nabiki... —Sentía la voz de Kasumi perdiéndose a lo lejos subiendo la escalera, pero la imagen del rostro de aquel niño aún prevalecía, consumiéndolo.

¿Qué está pasando?

—Tatsu... es igual a Akane, ¿No?— Ranma no tenía idea de cómo lucía su cara, pero debía ser terrible como para que Nabiki haya decidido hablarle con tanta compasión de pronto, sin esperar su respuesta. —Lo siento, Ranma.

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¡Hola! Primer fanfic que escribo de Ranma, y primer capitulo de esta minihistoria, estoy escribiéndola aún, así que no sé cuantos capítulos tendrá exactamente.

He sido fan del manga de toda la vida, pero actualmente con el tema del Remake estoy totalmente inspirada, y como buena fan de la angustia, tenía que agregar una historia a mi catálogo.

Espero que preparen los pañuelos, porque se vienen escenas un tanto fuertes.

Espero leer sus opiniones, adoro cuando dejan teorías o suposiciones.