Disclaimer: Naruto no me pertenece.

Aclaraciones: Modern Times.

Advertencias: Infidelidad. Chantaje convencional. Palabras malsonantes. Mención de sexo. Y futuro contenido maduro.

Notas: Los papeles de cada personaje en la historia fueron tomados en cuenta para el beneficio de la trama.


I.


No estaba ahí por voluntad propia, sino por un mero chantaje. O algo así. Para Menma resultaba complicado señalar aquella situación como normal al considerar la precipitación de las cosas y el cómo se vio implicado. Hasta desconocía el cómo la persona responsable de hacerle fumar afuera del auto, con los copos de nieve caer a los alrededores, tenía su número personal.

Sobre todo cuando ninguno de ellos había compartido más de una palabra.

Aspiró nuevamente del cigarrillo, la punta del otro extremo vibrando en un escarlata dorado cuyo brillo se apagaba momentáneamente cuando la nicotina entraba a sus pulmones y tocaba exhalar. Tenía la vista fija en la entrada del complejo departamental, con las decoraciones olvidadas de Navidad aun ondeando por las ráfagas de aire frío.

Verificó la hora. Ya llevaba media hora esperando. Sintió tanta irritación de tener que ser paciente, más cuando escuchó un escándalo ser protagonizado desde la entrada, la espera valió la pena.

—Hinata, hey, hablemos de esto, ¿sí? —la desesperación era palpable en la voz del rubio quien deseaba alcanzar el brazo de la morena, más ésta daba pasos firmes, incluso en tacones y sobre la superficie casi congelada de la acera.

—No quiero hablar —hizo saber con seguridad, sin darle siquiera una mirada, enfocada totalmente en no caer tanto al piso así como en las explicaciones baratas que el chico detrás de ella quería darle—. Ni siquiera quiero verte, Naruto-kun.

—Entiendo que estés enojada, tienes derecho a estarlo, pero... ¡Wa! —abruptamente el susodicho se cayó en el trasero, quejándose por el dolor así como de la humedad en su ahora arruinado pantalón—. ¡Hinata, en serio tienes que escucharme...!

La petición de Naruto quedó a medias cuando se percató de una presencia extra que resultaba conocida. Al levantar la mirada e intentar incorporarse en sus dos pies, la mirada se conectó con la burlona de su gemelo menor quien aguardaba recargado en el auto.

Justo la persona que menos deseaba ver en esa situación.

—¡¿Menma?! —exclamó sin entender el por qué estaba ahí.

Ni por qué Hinata caminaba directamente hacia él.

—Lamento la espera, Menma-san —Hinata hizo una reverencia corta al azabache, ignorando detrás de sí la reacción de Naruto—, no pensé que esto me tomara mucho...

—Oi, ¿qué estás haciendo aquí? —Naruto llegó en cuestión de segundos, manteniendo la distancia con quien ahora era su ex novia, viendo a Menma con claro desconcierto.

—No te importa —dijo como respuesta al rubio, manteniendo la atención en la Hyuga quien hizo una mueca por el aroma a cigarro. Lo apagó de un pisotón—. Sube —ordenó.

Ella asintió sin poner ninguna excusa como barrera u ofenderse de que Menma le hablara así. Haría lo que el azabache le pedía con el fin de no ver el rostro de Naruto por las próximas semanas.

—¿Hinata? —era claro que Naruto no entendía qué carajos estaba sucediendo. ¿Por qué ella se iba con su gemelo?—. ¡Oi, Hinata, ¿qué haces?! —quiso detenerla, pero ella se zafó antes de siquiera rozar su brazo—. Esta no es la forma en que debemos solucionar las cosas, necesitamos hablar, por favor. Vamos, regresemos adentro y platiquemos...

Por toda respuesta Hinata le cerró la puerta del copiloto, dejando a Naruto afuera. Él intentó abrirle, pero la joven ya le había puesto el seguro. Éste miró a Menma, quien veía la escena con gran diversión, especialmente por lo patético que Naruto se veía en plena vía pública.

—Abre la puerta —pidió a Menma al saber que por ser el dueño él tenía tal posibilidad.

—No —respondió el Namikaze con simpleza.

Naruto frunció el ceño, dando golpecitos al vidrio, esperando que así ella le mirase, pero Hinata mantenía la mirada fija en el frente, sin molestarse en verlo.

—Escucha —por cómo el ceño se le fruncía, era notorio que a Naruto todo eso le molestaba—, esto es entre Hinata y yo, ¿sí? Tú no tienes nada qué ver en esto. Es más, ¡ni siquiera deberías estar aquí!

Menma resopló, mostrando una sonrisa zorruna que a Naruto le dieron ganas de golpear.

—Sí, tienes razón: yo no debería estar aquí —respondió—. Pero ella me llamó —señaló a la chica que iba sentada en el copiloto, saboreando con gusto la mueca de desconcierto de parte del rubio.

—¿Estás de coña, no? —Naruto rió, incrédulo. Rara vez Hinata y Menma habían compartido palabra alguna, era bizarro que su gemelo hubiera respondido al llamado de Hinata—. Ustedes ni son cercanos...

—Lo sé —contestó con normalidad, encogiéndose de hombros al no negar aquel factor.

Sin embargo, molestar a Naruto valía la pena.

—Pero quizá esta noche dejemos de serlo —añadió.

El rostro de Naruto se tornó rojo por la baja temperatura y la pobre elección de ropas para el clima, pero también como respuesta al comentario provocativo de Menma quien sin tapujo alguno rió por la mueca.

—Oi, oi —Naruto comenzó a alarmarse cuando vio a Menma subirse al auto, corriendo hasta el otro lado para intentar detenerlo—, ¿a dónde crees que vas, eh? —comenzó a cuestionar con enfado, especialmente al no ver de parte de Hinata reacción alguna—. ¿A dónde carajos llevas a mi novia...?

—Ex novia —corrigió Menma para total deleite.

Naruto dijo otra cosa pero para ese momento Menma ya había cerrado la puerta y arrancado, dejado atrás a un patético rubio que le gritaba a la nada.

Al dar vuelta a una esquina para incorporarse a la avenida principal, Menma aun sonreía como un niño pequeño que sale victorioso de una travesura. Después de un rato de estar detrás del volante, tomando una ruta sin dirección alguna, él disminuyó la velocidad para estacionarse en una zona permitida. Bajó la música y apagó el motor, observando a su silenciosa acompañante.

—¿Te importaría explicarme qué mierda acaba de suceder...? No, espera, eso lo entendí. Lo que no entiendo es la razón por la cual me llamaste de la nada, diciéndome que sabías lo que sucedió entre Sakura y yo para obligarme a venir a esta dirección y esperarte por casi una hora —enlistó, poniendo nerviosa a la chica que por un momento tembló cuando la voz del Namikaze sonaba irritada.

—Me disculpo por haberlo inmiscuido en esto, pero... —la Hyuga miró a Menma, con sus ojos perlados escondidos detrás de sus rizadas pestañas—, si llamaba a mi primo, era muy probable que la situación se hubiera salido de las manos. Hasta... Hasta puedo decir que Naruto-kun habría terminado muerto.

—¿Y no quieres que sea así?

—Claro que no —negaba Hinata, regresando a verse las manos que jugaban nerviosas entre sí—. Lo que hizo... Fue imperdonable, pero no al punto de que mi querido primo se vea implicado de manera legal...

—Entonces... —Menma arqueó una ceja—, ¿yo fui tu mejor opción para esto?

—De entre todos usted me pareció quien tenía menos razones para cometer un homicidio.

—Buen punto —concordó Menma, aunque no olvidó por completo la manera en cómo la Hyuga lo hizo ir por ella—. Pero eso no te hará...

—A-Aquí tiene.

Hinata dejó en el regazo del azabache unas cuantas fotografías. Éste al tomarlas y verlas con atención fruncía el ceño, estudiando las dos siluetas ahí plasmadas. Sin duda era él, quizá dos o tres años atrás, completamente dormido en la cama y pintado de manera ridícula con labial en todo el rostro, junto a una muy sonriente Sakura Haruno que hacía el símbolo de paz con los dedos y la lengua de fuera.

—¿Qué es esto? —preguntó en un siseo peligroso, uno bastante escalofriante para hacer temblar a Hinata por cómo le miraba.

—Uhm... —ella intentó hablar con las palabras correctas para no enfadar aun más a Menma—, lamento... Haberlo citado de esta manera, p-pero... No tenía muchas opciones. Yo... ¡L-Le aseguro que todo se resolvió! E-Esas fotos que usted tiene son las únicas que existen. Logré... Logré borrarlas del celular de Sakura y su computadora, n-nadie sabe acerca de lo que sucedió entre ustedes... A-A excepción de ella y usted... Y yo... ¡Pero no le diré a nadie, se lo prometo!

Él no supo que le molestaba más, que Hinata comenzara a tartamudear y fuera menos creíble con esa tonta excusa, o que supiera también de uno de los peores errores de su vida.

—¿No se supone que la Gorila y tú son amigas? —preguntó al romper las fotos en cachitos, tan difíciles de volver a unir y echarlos a la calle, confiando en la palabra de la Hyuga.

La mueca de Hinata cambió drásticamente. Sus mejillas antes coloreadas por la explicación se tornaron pálidas.

—Ya no lo somos —sentenció.

—Oh —Menma entendió—, así que los encontraste follando —confirmó por la manera en que sus palabras afectaron la figurilla de la Hyuga—. Te tardaste mucho, Hyuga.

—¿Usted sabía...?

—No —evitó ganarse la enemistad de la chica al negar aquello—, pero lo intuía.

Hinata frunció el ceño sin entender.

—¿Lo intuía...?

—Vamos, Hyuga —resopló Menma al verla directamente a los ojos—. Ese tarado lleva babeando por esa Pelo de Chicle por años. Su obsesión por Sakura Haruno arruinó su gusto en las mujeres. Está zafado. ¿De verdad creíste que la olvidó estando contigo? —él rió—. Claro que no.

Intentó de que lo que Menma decía no le afectara, pero acababa de terminar una relación de casi un año y una amistad de diez. Por supuesto que le afectaba, y el hecho de que Menma se lo estuviera escupiendo en la cara no mejoraba el asunto.

—Supongo... —respondía ella—. Después de todo, Sakura parece ser inolvidable... Y encantadora —le sonrió a él—. Incluso usted cayó en aquel encanto...

—No confundas mi situación, Hyuga —detuvo las palabras de la chica antes de que ésta las terminara, observándole duramente—. Estuve ebrio, extremadamente ebrio, y eso sucedió. Punto. Naruto lo hace voluntariamente, lo cual es más jodido. Lo mío fue un accidente, algo que no volverá a suceder —bufó—. Ni siquiera insinúes que algo en Sakura Haruno pueda parecerme atractivo, me ofendes.

Hinata rió por la reacción de Menma, quien le miró con el objetivo de intimidarla y hacerla regresar a su caparazón, pero la Hyuga estaba riendo tanto que tuvo que ocultar el gesto detrás de su mano, coloreando todo su rostro en un rosa pastel.

—Lo siento —se disculpaba ella después de controlarse, notando la furia resplandecer en el par de zafiros que la enfocaban—, ya... Ya no lo hostigaré con el tema. Usted cumplió, ahora me toca a mí. Fingiré que... —volvió a reírse— usted y Sakura no tuvieron una noche alocada.

—Por tu bien espero que así lo hagas, Hyuga —dijo entre dientes—, suelo ser un bastardo cuando me lo propongo, así que no me provoques.

—Descuide, después de esta noche no lo molestaré más.

Menma volvió a bufar. Prendió el motor y la miró.

—¿A dónde te llevo? —preguntó.

—Yo no... —Hinata se sintió nerviosa y culpable; usó un método cuestionable para obligar a Menma Namikaze a esperarla afuera del complejo departamental, lo más apropiado sería bajar del auto y llegar a casa por sus propios méritos—. No tiene por qué hacerlo —se quitó el cinturón, dispuesta a bajarse ahí mismo—, como le dije, ya cumplió. Tampoco pretendo seguir molestándolo, puedo encargarme a partir de aquí, así que...

Antes de siquiera abrir la puerta, el seguro sonó e hizo eco en la cabeza de Hinata quien giró para ver la mirada azulada de Menma. Se sintió atrapada.

—¿Menma-san?

Inesperadamente él cogió el broche del cinturón, sorprendiéndola. Y poniéndola más ansiosa. Le llegó un atisbo de su colonia, cítrica pero con una chispa de picante. La nariz le cosquilleó, pero no fue a causa de que le generara desagrado, sino lo contrario. Hinata se dijo que no moviera ni un músculo, observando en silencio el cómo volvía a meter el broche a su compartimiento, sintiendo la presión del cinturón oprimir ligeramente su pecho.

—Eres molesta, Hyuga, pero admito que me hiciste pasar un buen rato al dejar a Naruto así. Hace años que no le veía poner esa cara —soltó otra risa al mirarla de nuevo—. Te mereces que te lleve a dónde quieras, tómalo como un privilegio de mi parte. Uno exclusivo por esta noche.

Hinata lo pensó. Lo más lógico sería regresar a casa, pero no quería lidiar con las preguntas de Neji quien quedó a cargo de la seguridad de ella y la de su hermana en la ausencia de su padre. Sería complicado explicarle lo sucedido, sobre todo sin meter a la conversación a Naruto y el desliz con Sakura. Quería que todo pasara desapercibido y que muriera en silencio. Necesitaba curar su corazón de la traición, no hacer mayor el problema. Neji se preocuparía si no le compartía su ubicación, pero no quería lidiar con él en esos momentos.

—No quiero ir a casa —respondió después de un rato.

Menma no le respondió, solo prendió el motor y arrancó.


.


En todo el camino ella estuvo callada, atenta al paisaje urbano que dejaba atrás cuando aceleraba. Pensó que en algún momento ella lloraría, algo que resultaría muy molesto porque Menma no soportaba el llanto, ni siquiera el de los bebés lo toleraba. Empero la Hyuga parecía no recurrir a la vulnerabilidad.

Menma estacionó el auto frente a un local de hamburguesas. Era bueno y le gustaba comer ahí cuando no tenía ganas de cocinarse a sí mismo. Viró a Hinata que también veía el lugar con suma curiosidad.

—Comamos algo —puso el seguro de mano y abrió la puerta.

Pese al desconcierto que a Hinata le resultaba el hallarse ahí, ella imitó el gesto de Menma y salió del auto, procurando cerrar con suavidad, yendo detrás de la figura del Namikaze que entró con familiaridad al local.

—Bienvenidos —anunció la mesera que limpiaba una mesa con una sonrisa y usando una playera negra con el logotipo del negocio.

Menma asintió y caminó hasta otra mesa disponible, cercana a la ventana y con los asientos de piel. Hinata ocupó asiento en el extremo contrario a Menma, quedando cara a cara con el azabache quien se quitaba la chaqueta de cuero para dejarla a un lado.

Ella se dedicó a observar la decoración, hallando increíble que tuvieran las paredes llenas con fotografías de quienes suponía fueron los clientes más destacados, con alguna que otra celebridad postrada en la pared de la fama, así como decoraciones propias de un restaurante con toques retro.

—Pide lo que quieras, yo invito —anunció Menma cuando la mesera llegó a ellos a dejarles los menú.

—Uhm... —Hinata tomó la cartilla, sonriendo a la mesera quien aguardó al lado para esperar la orden, sintiéndose repentinamente nerviosa de recibir ese tipo de cortesía de Menma Namikaze—. No tiene que hacer esto, puedo pagar...

—No te traje aquí para que pagaras, sino para comer algo —señaló Menma al verla. Seguramente era regular y por eso no veía el menú—. A menos que estés a dieta —insinuó.

Hinata negó.

—No, no lo estoy —murmuró.

—Entonces no seas tímida y pide lo que quieras.

Ella se encogió de hombros y regresó a ver la disponibilidad de hamburguesas. Pensó en pedir una sencilla, la más económica, y un refresco, nada grandioso. Y aunque le generaba cierta desconfianza esta invitación de parte de Menma, el hecho de no conocerle para nada, no sería grosera ni rechazaría la amabilidad del azabache.

—Una hamburguesa con queso y papas —terminó por elegir.

La mesera asintió, anotándolo en la libreta.

—¿Gusta algo de beber también?

—Eh, sí —observó las bebidas—, un melon soda, por favor.

—Correcto —la mesera vio al azabache—. ¿Usted...?

—Lo mismo que ella —respondió y la trabajadora asintió, llevándose consigo las cartillas.

—En un momento traigo sus órdenes.

—Gracias —mencionó Hinata al verla retirarse, dando la orden al cocinero detrás de la barra.

Tuvo fe que el silencio reinara entre ambos hasta que la comida fuera traída, nadie le gustaba ver a otros masticar, sin embargo, la mirada azulada de Menma no se despegaba de la figura de Hinata quien buscaba distraerse con cualquier artefacto decorativo en las paredes.

—¿Y bien? —inquirió Menma.

Ella le miró, fingiendo demencia.

—¿Hai?

—¿Cómo te enteraste del engaño de ese idiota? —preguntó Menma, más por curiosidad que por cualquier otra cosa. Empero recordó quién era Naruto y la poca habilidad de esconder secretos—. No es que le dé méritos ni lo justifique, pero apesta para ocultar cosas —la miró con interés, incluso con una pizca de lástima que hizo cosquillear algo dentro de Hinata—. Realmente te tomaste tu tiempo para sospechar.

—Confiaba en Naruto-kun... En Naruto —respondió, tratando de hacer entender a su corazón que no existía razón alguna para pronunciar su nombre amorosamente. Ya no lo merecía—. Y en Sakura... Jamás se me pasó por la mente que algo así pudiera suceder a mis espaldas... —intentó sonreír, pero solo fue una mueca triste—. Ella me aconsejó de cómo acercarme a Naruto... Incluso me felicitó cuando comenzamos a salir juntos... Yo... De verdad quedé decepcionada de ambos...

Menma calló cualquier comentario mordaz sobre lo ingenua que fue en creer que una amistad entre Naruto y su ex crush podría florecer sin verse involucrados de por medio. Quizá la Hyuga puso en alto las virtudes inexistentes de Sakura y era fácil ser engañada por esa sonrisa falsa y ojos felices.

Muchos le cuestionaban el por qué su poca tolerancia hacia la rosada, señalándolo a él como el culpable de generar esa tensión entre ambos cuando él solo actuaba de la manera correcta. Gente como Sakura le irritaba profundamente. Fingir una amabilidad extrema, al punto de orillar con la exageración siempre lo consideró como una habilidad de pésimo gusto.

Bastaba ver la mueca triste de esa chica para darse cuenta del daño que le dejaron las dos personas en las que ella confió. No, no merecía escuchar sus palabras crueles, probablemente la haría llorar. Hinata siempre ha tenido aquella apariencia frágil.

—Sakura Haruno siempre ha sido una perra —dijo, provocando que la joven le mirase sorprendida de su vocabulario.

A él le dio igual. Decía verdades.

—Solo ocultó esa parte de ti por todo este tiempo —mencionó—. Es caprichosa, egoísta y sabe jugar sucio. No es una santa. Así que no te sientas mal por odiarla. Ni tampoco llores por perder su amistad, créeme, estás mejor sin ella. Y sin Naruto, claro.

Era la primera vez que escuchaba a Menma decir algo amable. A pesar de no entablar una relación cercana con él, estaba al tanto que el joven Namikaze era de palabras toscas y un comportamiento arisco del cual pocos toleraban. Resultaba normal sentirse intimidada por esos vivaces par de zafiros que se tornaban más oscuros cuando el ceño se le fruncía. Pero ahora estaban serenos, como el agua de un estanque en medio de un oasis; era más fácil apreciar su color, un zafiro puro, tan distintos a los celestes de Naruto que brillaban con intensidad.

Incluso estando llenos de oscuridad, los ojos de Menma eran preciosos.

—Hyuga —él chasqueó los dedos en frente de su rostro, sacándola de inmediato de su trance—, ¿sigues aquí?

—Lo... Lo siento —ya tenía el rostro rojo por haberse perdido en sus pensamiento—. ¿D-Decía?

Menma rió y ella no pudo ocultar la pena por haber sido descubierta.

—No dije nada —respondió él—, solo quise hacer menos obvio el hecho de que te quedaste como boba viéndome.

—Yo no... —le habría gustado discernir en eso, pero él estaba en lo correcto, más no lo daría a conocer. Él ya había visto suficiente por esa noche, no se vería más patética frente a los ojos del chico—, no estaba mirando su rostro... —corrigió con pena.

—Claro —respondió con sarcasmo, sonriendo con travesura, divertido de verla lidiar con la pena de no saber cómo negarlo—, lo que tú digas, Hyuga.

Afortunadamente la mesera llegó a tiempo e Hinata suspiró. El destino comenzaba a actuar a su favor. Menma no le molestó durante su comida, aunque era bastante notorio que seguía divirtiéndose a costa suya por las miradas furtivas que le daba. Ella solo se llenaba la boca con las papas fritas, esperando que aquello mantuviera a su mente en paz.

La situación que en un principio Hinata esperó manejar cambiaba repentinamente. El control que ella imaginó obtener se escabulló de sus manos y era Menma quien manejaba la situación. No estaba del todo de acuerdo, pero tampoco podía culparle al recordar cómo terminó colocando a Menma en medio de todo ese asunto que, desde un principio, no debía participar.

Desde hace un mes supo lo que sucedía con Sakura y Naruto. Lo peor de todo fue que no lo descubrió por sí misma, sino que Ino se lo había insinuado. Trató de no darle vueltas al asunto, conversar con Naruto y descifrar en el comportamiento del rubio si las sospechas eran reales o solo parte de su imaginación. Después de todo ésa era su primera relación, no le gustaban los malentendidos ni tampoco cuestionar la fidelidad de su novio.

Obviamente Naruto lo negó todo, girando los papeles y resaltando el hecho de que ella confiaba en él. Por supuesto que Hinata buscó convencerlo de que no era así. La discusión escaló a mayores y ella terminó llorando, con Naruto a su lado disculpándose pero señalándola a ella como quien inició todo. Le pidió perdón por casi cinco minutos, besando sus labios dulcemente y limpiando sus lágrimas, señalando lo bonita que lucía sin tanta tristeza. Hinata le creyó cada palabra.

Pero existían cabos sueltos. Y sus amigos dejaban al descubiertos las mentiras que Naruto le dijo sobre ir a pasar la noche jugando a videojuegos. Incluso Chouji se sintió culpable y pidió perdón por no habérselo dicho, pensando que Naruto le habría comentado.

En un principio quiso terminar con todo en ese mismo momento. No le gustaba sentirse usada, ni mucho menos como una tonta. Pero quería encontrarlo con las manos en la masa, escuchar las excusas que él tenía que decir, así como la cara de Sakura. Por ello preparó todo a su conveniencia, por eso llamó a Menma Namikaze y usó el truco de compartir el hecho de haberse acostado con Sakura de manera pública. No estaba orgullosa de eso último, pero era una carta a su favor.

Ahora todo estaba hecho.

Y deseaba sentir paz, alivio, pero todavía existía un malestar adentro, algo que se removía violentamente. Hinata sabía que tenía el derecho de enojarse, de insultar, de despotricar, incluso de llamar a Sakura Haruno como la perra más ingrata que jamás había conocido, pero no sentía que fuera suficiente.

Hinata soltó un suspiro, dejando de lado sus papas fritas que hasta el momento mantuvieron feliz a su paladar, pero que con el recuerdo de los hechos ocurridos se tornaba amargo. Menma no pudo ignorar el gesto de parte de la chica, quien pese a lucir triste, también lucía enfadada. El brillo en sus ojos perlados no era el amable de siempre.

—Menma-san.

—¿Hm?

—¿Usted cree que, de haberlo permitido, me habría sentido mejor si hubiera llamado a Neji-nissan y terminara golpeando a Naruto?

Menma enarcó una ceja por la pregunta peculiar, aunque la escena de ver a Naruto siendo torturado por los movimientos de karate del primo de Hinata era tentadora.

—Probablemente —respondió con honestidad, dejando las moralidades a un lado—. A mí siempre me pone de buen humor patearle el trasero. Especialmente cuando se mete con mis cosas.

Hinata sonrió un poco.

—Creo que actúe como una tonta —confesó—, debí... No sé... Debí estar más enojada, furiosa incluso... Era mi amiga, no una chica cualquiera, quien se acostaba con mi nov... Mi ex novio... Pero solo me quedé callada, escuchándolos, caminando hacia la recámara, incluso rogando para que todo fuera un malentendido aun sabiendo la verdad, mucho antes de abrir la puerta y hallarlos en la cama... Supe por su madre que ella usaba un estudio que su padre le rentaba para relajarse, pintar y estudiar cuando no podía soportar la presión en casa... No fue tan complicado adivinar que ahí llevaban a cabo sus encuentros... —ella temblaba al relatar lo sucedido, como si la furia apenas contenida se escapara por cada poro abierto—. Yo... No entiendo... Hice lo mejor que pude... Sé... Sé que no soy perfecta, que tengo muchos defectos, pero... Siempre le hice saber a Naruto lo mucho que lo quería... Por Kami... —se llevó ambas manos a sus ojos en un intento por no llorar frente a alguien más—. Llegaba a sentirme mal cuando un chico hacía algo lindo por mí... Aun cuando les rechazara, sentía que traicionaba a Naruto por no decirle nada... Y a Sakura... Sasuke Uchiha me invitó a salir en una ocasión y dije que no porque él representaba algo importante en la vida de Sakura... Todo... Todo lo hice por ellos. En serio que esto... —a pesar de que los orbes aperlados de la chica se veían humedecidos, seguramente por el llanto retenido, ella comenzó a reír, de esa manera maníaca que había visto en las películas cuando las emociones explotan— es tan injusto. Son unos...

—Anda, dilo —animó Menma con cierta empatía.

Los labios de Hinata temblaron.

—Son unos hijos de puta.

Menma cerró los ojos encantado de escucharle decir algo al fin.

Ella continúo insultando, sacando todo de sí. Si pudiera escucharse seguramente se avergonzaría por el vocabulario que su padre y Neji le prohibieron utilizar, pero no podía ignorar lo que sentía, tampoco la furia.

Deseó que todo les fuera mal porque un par de traidores no merecían buenas cosas, y aun cuando no estaba en sus planes dar a conocer la aventura de Sakura y Naruto públicamente, especialmente en su círculo de amigos, esperaba que aun así el mundo supiera, no para que la miraran como la víctima, sino para que ellos juzgaran y la justicia hiciera su trabajo.

A partir de ese momento Sakura como Naruto estaban fuera de su vida. No aceptaría llamadas ni mensajes de su parte, los bloquearía de inmediato.

Sollozó un poco, delegando el camino de las lágrimas por sus pómulos. Odiaba llorar abiertamente, era algo que no podía permitirse, aun cuando todos dijeran que era algo normal, para ella era sumamente vergonzoso. El mundo le había enseñado lo cruel que podía ser si quedaba vulnerable.

Empezó a comer por puro impulso, llenando su estómago del vacío sentimental. Además eso la mantendría ocupada. A su campo de visión otra canasta con más papas fritas se deslizó a su dirección, levantando un poco los ojos para toparse con el rostro de Menma.

—No me destruya —pidió misericordia.

Menma bufó.

—No planeaba hacerlo —murmuró, dejándose caer en el respaldo—. ¿Te lo dije, no? Hoy tienes ciertos privilegios, y entre ellos está el no decirte nada si decides llorar. La noche aún no termina y mañana fingiré amnesia, olvidaré que todo esto sucedió.

—¿En serio? —preguntó Hinata al verle con sorpresa de que él estuviera diciendo todo eso sin esperar nada a cambio.

Él se encogía de hombros.

—Mejor para mí si ninguno de nosotros habla de lo que ocurrió.

Hinata devoró otra papa y asintió, agradecida con él.

—Ahora come —animó Menma, con su comida ya consumida, esperando a que ella terminara.


.


La mesera los despidió después de cobrar la comida. Al final Menma pagó por ambos e Hinata le prometió darle lo correspondiente.

—No va a pasar nada si no pagas, Hyuga —decía Menma al desactivar el seguro del auto y ver a la azabache dudar de entrar o no al vehículo—. Ahora entra.

—Pero... Usted ya hizo mucho por mí, no quiero abusar...

—Solo te invité a comer algo, no hice la gran cosa —él restó importancia y miró con seriedad a la chica—. Entra —repitió.

Hinata suspiró sin poder negarse, recordándose a sí misma que ella dio luz verde para que todo siguiera aquel rumbo. Debió de haberle pedido a Menma dejarla en casa en lugar de seguir vagando por las calles a esas horas. Al sentarse en el copiloto sintió el peso del celular, no quería hacerse una idea de la cantidad de llamadas perdidas de parte de Neji al haberle avisado que no llegaría a casa y que estaba bien, pasando la noche con unas amigas inexistentes. Por seguridad lo apagó para no seguir atormentándose.

—¿Algún lugar al que quieras ir ahora? —preguntó Menma al verla ponerse el cinturón, sintiendo el vibrar bajo los pies del motor.

—Uh... No realmente —respondió sin pensar mucho en ello—. Es decir, estaré castigada hasta próximo año nuevo por no estar en casa, así que no tengo preferencias de qué lugar ir... —le miró atenta, como si esperara que él guiara toda la situación en la que ambos cayeron—. ¿Usted quiere ir a algún lado...?

—A casa, pero por el momento no creo que sea buena idea.

—¿Y por qué no? Tampoco tiene una obligación conmigo, puedo ir con alguien conocido. Kiba-kun me aceptará si le llamo, aunque prefería no utilizar el celular por el momento...

—No me refería a eso, Hyuga —aclaró Menma—. Lo decía porque ese imbécil y yo vivimos juntos —rodó los ojos al recordar ese hecho—. Seguramente si vamos a mi apartamento esté ahí. Y es una seguridad que me interrogue hasta el cansancio.

Hinata frunció el ceño. Si alguien merecía ser cuestionado, era Naruto, no Menma.

—No tiene derecho a hacerlo —defendió, sorprendiendo un poco a Menma de que la chica actuara así—. Usted solo me ha ayudado... P-Por supuesto, orillado por mí, pero lo hizo y estoy muy agradecida. Además no entendía por qué Naruto estaría enojado con usted...

—Porque me robe a su chica y lo dejamos abandonado —recordó con diversión, pintando de rubor las mejillas de Hinata por la implicación de sus palabras.

—Y-Ya no soy su chica.

—Con más razón —dijo él—. Eres libre y seguramente eso le taladra la cabeza.

—Dudo que sea así, seguramente regresó con Sakura adentro y estén... —Hinata puso una mueca dura— divirtiéndose.

—Después de cómo lo dejaste... Nah —Menma encendió comenzó a manejar—, apuesto que aun sigue llamándote, seguro de poder arreglar todo. Su optimismo constantemente lo ciega. Te aseguro que todo esto arruinó su noche. Así que siéntete orgullosa.

—Creo que lo que siento es todo menos orgullo —Hinata sonrió con frustración—, me engañaron.

—No consideres el gusto de Naruto como algo serio —vio a Hinata, notando su cara larga en cuanto el tema volvía a ser discutido. Seguramente su confianza sobre sí misma estaba por los suelos—. Como te dije: estar encaprichado con Sakura Haruno le hice perder el gusto.

—Tampoco tiene que obligarse a hacerme sentir bien, estoy consciente de la diferencia entre Sakura y yo... Ella siemore ha sido más linda, segura de sí misma... Brillante.

Menma soltó una risa estruendosa por lo que ella decía, mirándola con incredulidad por lo mencionado.

—¿Bromeas, no?

Ella negó.

—Claro que hay una diferencia entre Sakura y tú, pero le ganas por mucho.

—C-Claro que no —negó ella, apenada, sintiéndose cohibida de que alguien más remarcara atributos que ella sabía a la perfección escaseaban en su persona.

—Principalmente, Sasuke Uchiha se fijó en ti, algo que en sí no encuentro como algo honorable de mencionar, pero si se lo dices a Sakura, será divertido ver cómo le afecta. Segundo... Eres más atractiva. Tienes virtudes que ella no y... —Menma carraspeó antes de que su boca floja dijera cosas de más— una mejor personalidad.

Hinata se sonrojaba con cada palabra que él decía, aun dudosa de que fuera cierto. ¿Ella? ¿Atractiva? ¿Más que Sakura? Por supuesto que no.

—Basta, no tiene que decir todo eso... Y aunque es amable de su parte, estoy consciente de cómo luzco...

Menma le dio una mirada demasiado profunda que tuvo el efecto de hacerla girar hacia el vidrio.

—No creo que lo seas, Hyuga.

—¿P-Podemos cambiar de tema? —pidió apresurada, ya no queriendo profundizar aquello no por la pena que le causaba escuchar todo eso provenir de Menma, sino de cómo reaccionaba el cuerpo.

Nuevamente él soltó otra risa e Hinata encontró el sonido maravilloso. No era escandaloso como Naruto, era más ronco, un sonido que lograba metérsele debajo de la piel y reproducirse como un loop en su cabeza. Todo en Menma era una fuerte contrariedad de lo que Naruto representaba. Desde el color de cabello hasta la manera en vestirse.

Menma Namikaze tenía toda la pinta ser la clase de chico que Neji constantemente le aconsejaba alejarse. Irónicamente iba sentada a su lado, con él manejando a un destino del cual ella desconocía y hablando como si hubieran tenido el tiempo necesario para conocerse.

Intentó no fijarse mucho en él, no ahora que veía que él no iba a atacarle ni lanzarle los colmillos como en un principio imaginó. Pero le era inevitable observarlo.

Por mucho tiempo Hinata consideró a Naruto Namikaze como el único tipo de hombre por el cual se sentía atraída; si bien podía suspirar por un par de actores, sus ojos siempre viajaban por la espalda ancha de Naruto cada que caminaba por los pasillos y ella venía atrás, fingiendo poner atención a la charla de sus amigas.

Pero la manera en la que Menma lucía de perfil, ocupado en seguir las reglas de tránsito, moviendo las manos sobre el volante, metiendo las velocidades, era atrayente. Como una gema preciosa. Se veía maduro pero rebelde al mismo tiempo. Y la chaqueta de cuero cubriendo sus anchos hombros, aquellos que pudo apreciar cuando se la quitó en el restaurante, remarcaban el hecho de que él se ejercitaba.

Hinata espantó sus pensamientos por cómo estos comenzaban a afectarle. No y no. Menma solo la estaba ayudando, punto. Y era excelente darse la oportunidad de conocerlo, aun en esas peculiares circunstancias. Ahora podía declarar que no había nada de terrorífico en sus personas y solo se dejó llevar por su primera impresión, algo de lo cual estaba totalmente avergonzada. Quizá no pudiera surgir una gran amistad, pero al menos ya no le miraría de la misma manera a Menma Namikaze ahora que pudo compartir un momento esencial con él.

Por ello sería una gran ofensa que él descubriera la manera en que lo veía. Que acabara de terminar con Naruto no le daba el derecho a tener ese tipo de reacciones con alguien más. O quizá sí, pero ella era demasiado correcta.

—Uh —dejaron de rondar por el centro de la manzana, tomando otra circulación, llegando a una parte de la ciudad menos transitada—, ¿ya tiene en mente un lugar? —preguntó.

—Sí —respondió con simpleza—, iremos a un motel.

—Claro, eso sería... ¡¿E-Eh?! —le miró como si una segunda cabeza hubiera surgido del cuello del azabache—. ¿D-Disculpe?

Él le miró juguetón.

—¿Por qué te alarmas? ¿Nunca has ido a uno?

—No creo que eso sea... Lo importante aquí —respondió con suma vergüenza—. E-Es decir, ¿por qué querría ir a un motel? Nosotros no...

—Es más barato, además me estoy cansando de conducir. Ni tú ni yo podemos regresar a nuestras casas, lo veo bastante conveniente —notó cómo ella le miraba, aun absorta—. Tranquila, no pienso hacerte nada.

—No pongo en duda su comportamiento, es solo que... Tal elección...

—En algunos moteles tienen cable, incluso Netflix, podemos ver una película y ya. No es necesario que hagamos otra cosa, aunque... Puede ser incómodo para ti —señaló—, las paredes no resultan tan gruesas como uno pensaría y es normal escuchar a los vecinos.

Él resopló.

—Si te asusta la idea, escucho tu sugerencia.

—¿Y...? ¿Y si nos quedamos en el auto?

Menma arqueó ambas cejas.

—¿Quieres dormir en el carro?

—No necesariamente dormir, simplemente esperar... A que amanezca. Dudo de poder conciliar el sueño con todo esto... —pero recordaba que ella no estaba sola, que él la acompañaba y que su sentir no era el mismo que el de Menma.

Estaba siendo muy egoísta.

—P-Perdón, no lo estoy tomando en cuenta. Debe estar cansado y solo le he estado causando problemas. Si gusta puede dejarme por aquí, yo me iré...

Menma no le dio oportunidad de terminar cuando se incorporó en otro carril, haciendo una maniobra que hizo a Hinata tomarse con fuerza del asiento.

—¿Menma-san?

—Conozco un lugar —se limitó a decir.

Hinata asintió, tranquilizando a su corazón por el inesperado movimiento del auto, así como la paranoica de que una patrulla les siguiera el paso.