25

Los meses siguientes se pasaron con relativa rapidez. Una vez que logró obtener el Agua Sagrada, Milk se unió de inmediato con los demás en el Templo Sagrado para ser parte de su entrenamiento, con todo y la bendición del Maestro Karin. La noticia fue recibida con una mezcla de sorpresa y alegría, en especial por parte de Krillin y Yamcha, y con silenciosa reticencia de parte de Tenshinhan. Pero al final Kami-sama mismo permitió que se uniera a ellos, y todos los demás tuvieron que aceptarlo.

Aunque claro, aquello no resultó tan sencillo, pues desde el inicio fue evidente la gran diferencia que existía entre ella y los demás. Pero Milk no permitió que esto la desanimara ni un poco. Si acaso comenzó a esforzarse el doble para intentar alcanzarlos. Por su parte, su compañeros se tomaron su respectivo tiempo para enseñarle un poco sobre cómo usar mejor su ki, en contraposición a lo difícil que le había resultado hacer uso de éste durante su caída de la torre. Y un poco relacionado a eso mismo, le enseñaron también la técnica de volar, para que una situación como esa no la tomara desprevenida de nuevo.

Por supuesto, ni Krillin ni ninguno de los otros podía dedicarle demasiado tiempo a enseñarle esas cuestiones tan básicas, pues tenían que enfocarse en sus respectivos entrenamientos. Milk entendía esto, y agradecía que al menos le explicaran las bases; el resto le tocó a ella practicarlo y perfeccionarlo por su cuenta, aunque tuviera incluso que hacerlo durante la noche, mientras los demás descansaban y dormían.

Su dedicación y empeño fueron la clave para ir avanzando rápido. En menos de dos semanas ya había logrado ejecutar la técnica de vuelo, aunque le faltaba aún mucho para poder mantener el equilibrio como era debido en el aire, y en especial tomar mucha velocidad; la Nube Voladora seguía siendo una mejor opción si quería ir rápido.

Luego del primer mes, había entendido a la perfección cómo hacer esferas de energías, arrojarlas y controlarlas. Y dos semanas después de eso, gracias Krillin y Yamcha, había aprendido cómo funcionaba el Kame Hame Ha, la técnica insignia de su querido Goku. Pero claro, también eran habilidades nuevas que le faltaban mucho por dominar para estar al mismo nivel que los otros, no se diga al del propio Goku.

Durante el tiempo restante luego de eso, pudo ya ser participe más activamente del entrenamiento de los otros, participando en algunos combates de prueba contra Krillin, Yamcha o Yajirobe; Tenshinhan abiertamente expresaba que no perdería el tiempo con ella, y Chaoz indudablemente lo secundaba por solidaridad.

A Milk le tocó igualmente hacer uso también de su respectiva ropa de entrenamiento. Como el Maestro Karin le había prometido, Kami-sama le dio un nuevo traje, en esta ocasión de colores anaranjados y negros, más similar al de Goku, pero acompañado también de su respectiva camisa, muñequeras y botas con peso adicional. Moverse libremente con esas cosas resultó todo un reto al inicio, así como intentar pelear a la par de sus contrincantes de entrenamiento con ellas. Más de una vez fue consciente de que Krillin y Yamcha se contenían para no lastimarla de más, cosa que le frustraba un poco, pero no se los podía reprochar.

Con el pasar del tiempo el entrenamiento continuó. Y mientras Milk podía notar como se volvía cada vez más fuerte, ágil y resistente, los demás iban también avanzando a pasos agigantados. Y con ello, se volvía aún más evidente la gran brecha que los separaba.

No obstante, pese a todo, había al menos una habilidad en la que Milk parecía resaltar un poco: la de despejar la mente, concentrarse, sentir el ki y los corazones de sus contrincantes, y predecir sus movimientos en base a ello; poner le mente en blanco, como lo describía Mr. Popo, y que el Maestro Karin tanto empeño había puesto en enseñarle. Era algo que al parecer los demás batallaban bastante en lograr, así como le pasaba a ella al inicio. Pero bien o mal, el entrenamiento y los consejos del Maestro Karin le habían servido para entenderlo y ejecutarlo con mayor precisión, algo que impresionó incluso al propio Tenshinhan. Aunque de vez en cuando las preocupaciones por Gohan y Goku solían volver a acosarla y entorpecer sus reflejos, pero cada vez se volvía menor.

Pero poder leer y sentir los movimientos del oponente por sí solos no le servirían de mucho, si no era capaz de hacer que su cuerpo se moviera con la velocidad precisa, o atacara con la fuerza suficiente.

Las cosas continuaron igual por los meses restantes, hasta que una mañana Kami-sama dio por terminada la estadía de los guerreros en el Templo Sagrado.

Ocurrió una tarde, justo luego de una sesión entrenamiento, en donde se encontraban combatiendo en parejas; Tenshinhan peleaba contra Yamcha, Chaoz contra Yajirobe, y Milk contra Krillin. Para esas alturas, Milk se sentía contenta de ya poder seguirle el ritmo a su contrincante de mejor manera, aprovechando también su mente en blanco para que Krillin no la tomara tan por sorpresa. Aun así, era esa misma visión la que le permitía ver que Krillin seguía conteniéndose un poco, y de que en un combate real, en más de una ocasión podría haberle propinado un fuerte golpe que quizás la hubiera dejado fuera de combate.

De seguro Tenshinhan no se hubiera prestado tan amable, pero hasta ese momento seguía sin estar dispuesto a entrenar con ella. Fuera de ello, el guerrero de tres ojos nunca hacía ningún comentario despectivo hacia ella, ni le indicaba que no estaba contento con que estuviera ahí, o que el desempeño de Milk fuera deficiente. Pero claro, eso no significaba que no lo pensara; si acaso sólo que estaba más enfocado en su propio entrenamiento, y mucho menos en preocuparse por ella.

—Suficiente —escucharon los seis de pronto que Kami-sama pronunciaba en alto, provocando que todos detuvieran al instante su combate de práctica, quedándose prácticamente congelados en sus posiciones de ataque.

Kami-sama y Mr. Popo se encontraban de pie frente a la fachada del edificio principal del templo, desde dónde habían estado observando en silencio su combate durante todo ese rato.

—Lo hicieron muy bien —masculló Kami-sama con su voz grave—. Acérquense, por favor.

Los seis guerreros volvieron a moverse, y se encaminaron para ponerse de pie delante del Dios de la Tierra. Se pararon firmes, con sus pies fijos en el suelo y sus brazos en sus espaldas, en una perfecta posición marcial. Kami-sama recorrió lentamente sus ojos estoicos en cada uno de ellos. Milk tuvo la impresión de que se había fijado más tiempo justo en ella, pero bien podría sólo haber sido su imaginación.

Tras un rato de reflexivo silencio, Kami-sama fijo de nuevo su atención en todos ellos en general, y habló al fin.

—Me complace decirles que llegados a este punto, no puedo más que felicitarlos a todos. Mr. Pop y yo estamos muy complacidos con el extraordinario progreso que han tenido en este corto tiempo. En cuestión de habilidades de combate, todos ustedes han superado sus propios límites y alcanzado un nuevo nivel, más allá de lo que cualquier guerrero humano podría aspirar. Ya no hay nada más que nosotros podamos enseñarles. En este tiempo que falta antes de la llegada del enemigo, lo único que queda es que bajen de nuevo a la Tierra y perfeccionen sus propias técnicas por su cuenta.

Aunque nadie dijo nada, fue evidente en sus rostros el buen recibimiento que aquellas palabras tenían, y el entusiasmo que despertaba en todos. En todos, menos en Milk…

—El futuro del mundo entero está en sus manos —añadió Kami-sama con firmeza—. Háganme sentir orgulloso.

—¡Sí! —respondieron (casi) todos en voz alta.

—Oye, ¿ya puedo quitarme esta camisa tan pesada? —replicó Yajirobe, tomando la tela negra de la camisa de peso que había tenido que usar bajo sus ropas desde hacía meses.

—Haz lo que quieras, gordo —le respondió Kami-sama, despectivo. Igual Yajirobe no necesitó de más para justo comenzar a quitarse todo aquello.

—¿Y ahora qué es lo que haremos? —preguntó Krillin con curiosidad.

—Encontrar un lugar dónde seguir el entrenamiento como sugirió Kami-sama, por supuesto —indico Yamcha con seguridad.

—Sí, supongo que sí —señaló Krillin, asintiendo—. ¿Qué tal si nos vamos todos juntos de viaje para perfeccionar nuestras técnicas como lo hicimos hace años?

—No se ofendan, pero durante el tiempo que nos queda será mejor que cada quien vaya por su cuenta y a su propio ritmo —indicó Tenshinhan, no con dureza o molestia, sino simplemente con la frialdad propia de estar señalando un punto obvio.

—Debí de haberlo esperado viniendo de Tenshinhan —masculló Yamcha con resignación.

Mientras ellos conversaban de todo aquello, Milk se había hecho unos pasos hacia un lado, reflexionando cabizbaja para sí misma. Todos ellos estaban seguros de haber logrado lo que habían ido a buscar a ese sitio, y estaban dispuestos a volver abajo conformes, y listos para seguir por su cuenta. Pero Milk no compartía su sentir. Y no era porque hubiera empezado tarde su entrenamiento, o porque hubiera tenido que dedicar más tiempo a practicar las bases. Ella lo tenía muy claro, sin ningún ápice de duda: aún le faltaba mucho.

—Milk, ¿qué piensas hacer ahora? —escuchó que le hablaba Krillin, sacándola de sus cavilaciones—. ¿En verdad vas a enfrentarte con Piccolo Daimaku?

—No tengo otra opción —respondió con media sonrisa en los labios. Ese sería su fin último, y todos lo sabían. Pero aún no tenía claro si lo haría en ese preciso momento.

En el rostro de Krillin se volvió clara la consternación que aquella afirmación le causaba. Quizás en el fondo tenía la esperanza de que le dijera que al final no lo haría.

—Si en verdad vas a hacerlo, yo… podría acompañarte como apoyo —propuso Krillin, con la mayor convicción que le fue posible transmitir (que no era mucha).

Los ojos de Milk se abrieron grandes, genuinamente sorprendida de escuchar aquello.

—Sí, yo igual creo que podría ir contigo —añadió Yamcha, dando un paso hacia el frente—. Entre los tres quizás podamos hacer algo contra Piccolo… ¿O no?

—¿En verdad lo harían? —preguntó Milk en voz baja. En sus posturas y expresiones, Milk pudo notar que hablaban muy en serio. Y aunque la idea a modo personal no les convenciera, estaban dispuestos a echarle una mano.

Milk sonrió contenta por su apoyo. Y de seguro unos meses atrás, hubiera aceptado su ayuda sin chistar. Sin embargo, en ese momento tuvo que rechazarlos.

—Se los agradezco chicos, pero proteger a Gohan es mi responsabilidad. Ustedes deben proteger al mundo.

—¿Estás segura, Milk? —cuestionó Krillin, sorprendido.

Milk asintió.

—Descuiden. Yo me las arreglaré.

Yamcha y Krillin se miraron el uno al otro, de seguro preguntándose en silencio si acaso sería buena idea dejarla sola con eso. Y de nuevo, Milk no podía reprocharles que pensaran eso; no era una persona orgullosa (no en ese aspecto al menos), y en esos meses había aprendido mejor que nadie cuales eran sus limitaciones.

—¿Y luego qué harás? —escucharon todos que Tenshinhan intervenía de golpe, jalando la atención de los demás guerreros—. Cuando los Saiyajins lleguen, ¿piensas participar en la pelea?

Aquella repentina pregunta tomó desprevenida a Milk. No sólo por la pregunta en sí, sino por el hecho de que viniera justo de Tenshinhan. Y de nuevo, su postura de hace unos meses para acá era un poco distinta con respecto a ese tema. Antes, hubiera respondido de inmediato y sin vacilación que por supuesto que no participaría en tal cosa. Sin embargo, tras unos segundos de silencio, la respuesta que surgió de sus labios fue otra:

—Eso aún no lo sé…

Fue claro que no era lo que los demás esperaban escuchar. A pesar de haber estado entrenando con ellos todo ese tiempo, todos sabían desde el inicio que su meta era rescatar a Gohan; se los dejó muy claro desde siempre. Así que el tema de si pensaba pelear o no contra los Saiyajins, nunca había estado verdaderamente sobre la mesa. O al menos eso creían ellos.

—Te has vuelto muy fuerte, lo reconozco —declaró Tenshinhan, cruzándose de brazos—. Pero si no estás dispuesta a luchar con todo lo que tienes contra el enemigo que se acerca, entonces no te presentes. Tu presencia sólo entorpecería las cosas.

—Tenshinhan —pronunció Yamcha en alto, casi como una llamada de atención.

El comentario no agradó ni un poco a Milk, y lo dejó ver en la expresión dura y agresiva que adoptó su mirada justo en ese instante. Sabía que tenía razón, o al menos en parte. Pero eso no evitaba que le molestara la forma tan condescendiente en que le hablaba. Pero no respondió nada; dejó que su silencio hablara por sí solo.

Tras un rato, Tenshinhan se olvidó de ella y comenzó a avanzar hacia la orilla del templo.

—Vámonos, Chaoz —le indicó con seriedad a su fiel amigo—. Debemos continuar con nuestro entrenamiento.

—Sí —respondió Chaoz, y rápidamente lo siguió flotando detrás de él. Aunque primero se tomó un momento para girarse al resto y pronunciar en alto—. Mucha suerte a todos.

Tenshinhan y Chaoz se elevaron en el aire, y un instante después sus cuerpos se cubrieron de una energía blanquizca, y salieron disparados hacia el frente, desapareciendo en cuestión de segundos de sus vistas.

—Veo que aún no le agrado —indicó Milk con apatía.

—No te lo tomes personal —comentó Yamcha, con dejo relajado—. Él suele ser así, casi siempre.

Milk no estaba del todo segura de eso. No conocía mucho a Tenshinhan; esos últimos meses había sido el mayor tiempo que había pasado en su presencia, y tampoco en ese lapso habían intercambiado muchas palabras. Pero no le quedaban muchas opciones más que aceptar la palabra de Yamcha. Tampoco era que le importara mucho simpatizarle o no a él, o a cualquier de ellos.

—Cuídense, por favor —pronunció, inclinando su cuerpo en una reverencia hacia Krillin y Yamcha—. Goku los necesitará a su lado.

—Tú también Milk —le respondió Krillin con optimismo.

No tardaron mucho en retirarse también, justo como habían hecho Tenshinhan y Chaoz, aunque Krillin tuvo igualmente que llevar a Yajirobe con él. Una vez los demás se fueron y sólo quedó Milk, ésta respiró hondo y se giró hacia Kami-sama y Mr. Popo, que en esos momentos parecían disponerse a adentrarse hacia el templo.

—Kami-sama —pronunció Milk en alto para llamar su atención, y se apresuró para alcanzarlos. El Dios de la Tierra se detuvo al escucharla, y se giró a menos de un metro del umbral en su dirección.

—¿Qué sucede? Creí que había quedado claro que el entrenamiento terminó. Puedes volver a casa, jovencita.

—Tengo que preguntarle algo —declaró Milk con firmeza. Se paró delante de él con su espalda recta, y su mirada decidida—. Cuando dijo que todos habían alcanzado un nivel que sobrepasaba a cualquier guerrero… ¿Eso lo decía también por mí?

Kami-sama no respondió de inmediato. Permaneció callado, observando atento a la mujer delante de él, muy posiblemente reflexionando en la mejor respuesta.

—No te mentiré, en especial porque es evidente que tú misma eres bastante consciente de ello. Tu potencial es admirable, y en este tiempo has progresado bastante rápido. Sin embargo, tus habilidades aún siguen en proceso de maduración, y están muy lejos de alcanzar su mayor capacidad. Y lo más importante, no has encontrado aún tu estilo de combate propio. Y por ello, el quedarte más tiempo acá arriba no hará la gran diferencia. Lo mejor que puedes hacer ahora es buscar tu propia forma para mejorar tus habilidades. Las bases ya las tienes, úsalas para continuar por tu cuenta.

—¿Y cuánto tiempo me tomaría hacerlo de esa forma? —inquirió Milk con brusquedad—. Los Saiyajins llegarán en sólo un par de meses, y cada día que pasa es un día más en el que mi Gohan está en las garras de Piccolo Daimaku. Usted más que nadie debe comprender mi angustia por la idea de dejar a mi hijo con… ese demonio.

—Me temo que no hay caminos cortos para obtener el poder que deseas, jovencita —sentenció Kami-sama con dureza.

—Tal vez no —masculló Milk con pesar—. Pero sé que hay otra alternativa, para obtenerlo un poco más rápido. El maestro Karin me habló de la Habitación del Tiempo.

La expresión de Kami-sama se endureció gravemente ante aquella repentina mención, y Milk por un momento temió haberse sobrepasado. Bien o mal, aquel individuo seguía siendo el Dios de la Tierra, y no quería enemistarse con él.

Tras un rato de silencio, Kami-sama dejó escapar un largo suspiro de agotamiento.

—Ese viejo gato, cómo le encanta hacer las cosas a cómo le da la gana —soltó al aire con desdén—. Él no debió haberte hablado de esa habitación.

—¿Entonces es cierto? —cuestionó Milk, maravillada—. ¿Existe aquí un sitio en donde puedes entrenar lo de un año en tan sólo en día?

Ni Kami-sama ni Mr. Popo respondieron a aquella pregunta, pero Milk supo que en efecto así era. Aquello la tomó enormemente por sorpresa. Había llegado a pensar por un momento que el Maestro Karin había estado jugando con ella cuando se lo contó.

—¿Y por qué no nos lo dijo? —cuestionó Milk, confundida—. ¿Por qué no nos permitió a los otros y a mí entrenar ahí?

—Porque no es tan simple como te lo estás imaginando —respondió Kami-sama, tajantemente—. El tiempo dentro de la habitación transcurre diferente al del mundo exterior, pero sigue corriendo de manera normal para la persona que entra. Y durante ese lapso, ésta queda totalmente aislada, rodeada únicamente por el vacío y el silencio. Las condiciones son extremas, y no cualquiera es capaz de soportarlo. Mentes fuertes y capaces se han perdido a sí mismas ahí dentro, cayendo en la locura, siendo atormentadas por sus propios demonios. Nadie antes ha logrado pasar un año en completa soledad dentro de la habitación. Incluso Goku en su juventud, sólo pudo pasar un mes antes de requerir salir.

—¿Ni siquiera Goku pudo? —susurró Milk, sorprendida.

—Es una experiencia ardua, que no siempre brinda los frutos que uno esperaría. El riesgo de pasar por todo eso, usualmente no vale la pena.

Milk agachó la cabeza, y caviló un poco en todo lo que Kami-sama le decía. El Maestro Karin ya le había advertido algunas de esas cosas, pero Kami-sama había sido más contundente; dolorosamente contundente, en realidad.

—No logro entender del todo de lo que me habla. Pero a pesar de los peligros que me describe, deseo arriesgarme. Por favor, Kami-sama; permítame utilizar la Habitación del Tiempo por un año entero.

El Dios de la Tierra negó lentamente con la cabeza.

—Aunque te lo permita, el resultado final de esto puede no ser en absoluto el que esperas.

—Lo entiendo, pero aun así quiero hacerlo.

—Al menos escucha mi recomendación, y comienza utilizándola por sólo dos meses; tres máximo.

—No, necesito que sea un año entero —insistió Milk, categórica—. Necesito aprovechar al máximo esta posibilidad, para intentar sacar de una vez todo de lo que soy capaz. O nada de esto habrá valido la pena.

Kami-sama volvió a dejar escapar un suspiro, en esta ocasión más de resignación que otra cosa.

—Se nota que eres la esposa de Goku —soltó de pronto al aire, aunque no era claro si era como un cumplido—. Muy bien. Pero no seré responsable de lo que te ocurra ahí dentro.

—Gracias, Kami-sama —musitó Milk, inclinando su cuerpo al frente como una profunda reverencia.

—Mr. Popo, prepáralo todo —le indicó el Dios de la Tierra a su leal ayudante, al tiempo que se disponía a seguir avanzando al interior del templo como se proponía originalmente.

—Sí, Kamisasamas —respondió el guardián con su marcado acento. Luego se giró hacia Milk—. Ven, niña. Es por aquí.

Mr. Popo comenzó a avanzar con paso calmado por un pasillo lateral, con sus manos detrás de su espalda. Milk se dispuso a seguirlo de cerca. No avanzaron mucho, ni se adentraron demasiado en el templo antes de llegar ante una puerta de madera, de aspecto de hecho bastante normal y sin nada distintivo a simple vista; como si fuera la puerta de cualquier otra habitación.

—¿Es aquí? —preguntó Milk, un poco escéptica. Mr. Popo asintió.

—Al cruzar esta puertas, encontrarás la Habitación del Tiempo. Cuando la puertas se cierre, no se abrirá hasta dentro de un años, tal como pediste. No habrá forma de salir, ni de comunicarte con nadie. Si algún problema surge, nadie podrá ayudarte. Aun así, ¿estás dispuesta a andar por ese camino?

Milk se sobresaltó un poco al escuchar aquellas condiciones, en especial la de que no podría comunicarse con nadie para pedir ayuda, en caso de necesitarla. Eso hacía todo un poco más preocupante, pero no permitió que dichos pensamientos sosegaran su convicción; no después de lo mucho que había insistido.

—Estoy lista —declaró con decisión, asintiendo.

Sin más dilatación, Mr. Popo avanzó hacia la puerta y la abrió. Del otro lado, lo que Milk captó fue un intenso resplandor blanquizco, que la encegueció por un momento, pero nada más.

—Adelante —indicó Mr. Popo con su habitual voz neutra.

Tener que avanzar hacia aquella luz despertó cierta desconfianza y miedo en el interior de Milk, que la hizo flaquear por un momento antes de dar el primer paso. Pero en cuanto pudo, avanzó lentamente, adentrándose poco a poco en aquella luz mientras cruzaba el misterioso umbral.

«Sin importar lo que haya en este sitio, el amor por mi hijo me dará fuerzas» pensó con convicción, en el momento en el que todo a su alrededor se cubrió de esa luz, y no fue capaz de ver ni percibir nada por unos segundos.

El sonido de la puerta cerrándose a sus espaldas la trajo a la realidad. La luz que la había envuelto se esfumó en un segundo. Lo primero que captaron los sentidos de Milk, fue el fuerte tic tac de un reloj, justo sobre su cabeza, abarcando todo el espacio del techo, con sus enormes manecillas oscuras casi congeladas.

Dejando el enorme reloj de lado, Milk pudo al fin echar un vistazo en el espacio en el que se encontraba. A simple vista parecía una casita pequeña, manteniendo una arquitectura muy similar a la del resto del Templo Sagrado. Había un par de camas a un lado, una pequeña mesa y sillas del otro, y un par de puertas a los lados que comunicaban a otras áreas.

—¿Esta es la Habitación del Tiempo? Se ve bastante normal —se dijo a sí misma, un poco desconcertada.

Sin embargo, conforme pasaron los segundos, y en especial cuando intentó dar un paso al frente, se dio cuenta de que el lugar no era del todo tan normal como había pensado. Su cuerpo se sintió pesado; aún tenía sus ropas con peso del entrenamiento, pero éstas la jalaron aún más hacia debajo de lo que hubiera esperado.

La temperatura además estaba un tanto más elevada que afuera, y el respirar le resultaba incluso más complicado de cómo se le había presentado por la altura de la Torre Karin y del Templo Sagrado; si no fuera por su tiempo en esos sitios en los que terminó acostumbrándose, era probable que se hubiera terminando asfixiando.

Se tomó un momento para sentarse en una de las sillas de la pequeña salita e intentar recuperarse de la impresión. Pasó un brazo por su frente, que había comenzado a sudar rápidamente. Así que a eso se referían con que las condiciones eran extremas, pero no parecía ser de momento algo que no pudiera tolerar; aunque no era lo mismo pasar unos cuantos minutos, a todo un año.

Pero había algo que le preocupaba un poco. Aquel espacio era algo reducido; ¿cómo entrenaría ahí? No había nada más que sus camas, esa sala, algunos jarrones de comida, una de esas puertas debía de ser un baño, y…

Algo inusual captó la atención de Milk. En cuanto entró, había pensado que la pared al fondo era un muro blanco y ya, pero… al mirar con más detenimiento se dio cuenta: no había muro en realidad. Aquello era una puerta que llevaba hacia… ¿hacia dónde?

Se levantó de su silla, tambaleándose un poco, y avanzó a paso pausado hacia aquel umbral. Salió de aquella pequeña habitación, hacia el exterior, o lo que ella pensó que sería tal cosa. Pero lo que contemplaron sus ojos en cuanto puso un pie afuera, la dejó totalmente helada, petrificada como estatua ante la irrealidad que la rodeaba.

—¡¿Pero qué…?! ¿Qué es esto? —exclamó en alto, tan aturdida que sus piernas le fallaron y terminó cayendo de rodillas.

Ante ella se extendía un enorme espacio despejado y vacío; literalmente vacío. No había otros edificios, ni árboles, ni color, ni siquiera un cielo. Todo era un gran espacio blanco puro que se extendía hasta el horizonte. Esa pequeña casita por la que había entrado, era lo único que parecía existir en ese mar blanco e infinito.

"El tiempo dentro de la habitación transcurre diferente al del mundo exterior, pero sigue corriendo para la persona que entra. Y durante ese lapso, queda totalmente aislada, rodeada únicamente por el vacío y el silencio."

«A esto se refería… En verdad no hay nada aquí…» reflexionó Milk, sorprendida y, ya para ese punto, un poco asustada.

Sus ojos siguieron recorriendo todo aquel espacio, con la burda esperanza de distinguir algo, cualquier cosa, sin ningún resultado.

No le sorprendía escuchar que muchos habían perdido la cabeza en aquel lugar. Milk no llevaba más que unos minutos, y ya había comenzado a dudar de sus propios ojos.

«Un año, todo un año entero rodeada por este vacío. ¿En verdad podré resistir…?»

Se dejó engullir por esas dudas, pero sólo por unos instantes. No había tiempo para dudas, ni para miedos. Tenía un año, y tendría que aprovechar cada segundo de éste.

Ejerciendo un gran esfuerzo, obligó a su cuerpo a levantarse de nuevo, y pararse con firmeza ante esa atemorizante inmensidad.

Tenía que entrenar.