El primero en contraatacar fue él unos días más tarde mientras yo estaba en mi despacho ordenando unos papeles. Entró por la puerta como si lo hiciese todos los días y disparó su pregunta sin siquiera saludar.
- "Mientras compraba las fresas, no podía evitar recordar el color rojo de sus labios y su dulce sabor cuando los besaba".
Pegué un brinco del sobresalto, ya que no le había sentido llegar de lo concentrada que estaba en el trabajo. Él se rio divertido por mi reacción y esa risa sonó como los ángeles para mis oídos; pero rápidamente aparté esos pensamientos de mi cabeza y sin achantarme le di la respuesta correcta.
- Icha Icha Paradise, capitulo 11, página 151.
Él asintió clavando su mirada en la mía y sin emitir una palabra más, hizo una reverencia de cortesía y se marchó del mismo modo que había venido.
Y allí me quedé yo estupefacta y con el corazón acelerado. Lo cierto es que con la cantidad de trabajo que tenía todos los días, me había olvidado por completo del desafío de Kakashi, así que por supuesto que no me esperaba que fuese a aparecer por allí y mucho menos para recitarme algo como ese párrafo.
¿Así es como iba a funcionar este juego?, ¿Podríamos hacernos las preguntas en cualquier momento y lugar? Muy bien, pues me pondría manos a la obra tan pronto como me quitase la montaña de papeles que me había encomendado Tsunade. Se iba a enterar ese guapo peliplateado.
Tan solo unas horas más tarde le pude encontrar en el descampado de entrenamiento junto a Naruto y Sakura. Sin reparo alguno, aparecí a su lado simulando entregarle un mensaje confidencial urgente de parte de la Hokage, por lo que no levantó las sospechas de los adolescentes.
Tratando de hacerle sentir incómodo ante el contenido de mi mensaje y por estar delante de sus alumnos mientras se lo decía , me acerqué a su oído y le susurré:
- "Sus manos recorrían todo su cuerpo sin dejar ni un trozo de piel sin atención. Queriéndolo dibujar en su mente para poder recordar su calor y su figura en sus noches de soledad."
Kakashi se tensó casi imperceptiblemente, pero yo que estaba a su lado pude sentirlo sin dificultad. Bien, parece que había conseguido pillarle con la guardia baja por unos segundos al no esperarse la subida de tono del párrafo recitado, además de la situación en la que lo había hecho, con sus alumnos delante.
- Así que esas tenemos – dijo encarándome. – Icha Icha Violence, capítulo 2, página 34. Prepárate Shizune, esto no va a quedar así.
Tal y como él hizo unas horas antes, asentí con la cabeza y me fui de allí no sin antes hacerle una reverencia de despedida con una sonrisa pícara enmarcando mis labios. Había conseguido sacarle delantera en su propio juego, pero ya me estaba oliendo que sería por poco tiempo. No me podía fiar de ese hombre y su pervertida mente bajo ninguna circunstancia.
Y por supuesto que no se hizo esperar. Rápidamente el tono del juego se elevó y las situaciones y lugares en las cuales nos buscábamos para recitarnos pasajes cada vez más soeces y subidos de tono fueron más comprometedoras: en el lugar de trabajo, mientras comíamos, en el parque, en medio de un entrenamiento…daba igual, con tal de provocar el más mínimo sentimiento de vergüenza y quiebro en la voluntad en el otro valía cualquier cosa. Ninguno estábamos dispuesto a perder.
- "Con sus labios siguió el camino que el tirante del camisón le marcaba sobre su hombro, mientras ella se retorcía bajo las caricias expertas que le prodigaban sus manos"
Di un respingo y se me puso la piel de gallina al sentir su presencia detrás de mí, susurrándome al oído con su voz grave mientras recorría con sus dedos suavemente la curva de mi hombro. Todo esto en mitad del pasillo de los congelados en el mercado mientras sostenía entre mis manos una bolsa de guisantes ultracongelados. Maravilloso y evocador todo.
- Icha Icha Tactics, capítulo 7, página 96.
Conseguí articular apenas, completamente roja, percibiendo la sonrisa de él a través de su máscara al igual que el calor de sus dedos a través de mi kimono.
Todo aquello estaba tomando un cariz que no esperábamos ninguno pero que, al parecer estábamos disfrutando ambos. Y así, el ritmo de los encuentros, lugares y tono siguieron subiendo conforme seguían pasando los días.
- "Sus lenguas se enredaron en un beso voraz. Ella apenas separó sus labios sin romper el contacto de sus lenguas, dándole un lametón primero para acto seguido succionar su lengua con sus labios, haciéndole saber qué es lo que ocurriría en aquel lugar donde ella tenía depositadas en ese momento sus manos".
Así a cara perro, se lo solté en medio de la bulliciosa calle principal de Konoha, asegurándome de que pudiese ver bien mis labios. Los mismos que previamente me había pintado con lip gloss para enfatizar más su movimiento buscando provocarle mientras le recitaba tal indecencia sin pudor alguno en medio de la calle, al alcance de quien pudiera escuchar a parte de él.
Estábamos perdiendo alarmantemente la vergüenza ambos con este jueguecito.
Pude ver cómo sus ojos se posaban inmediatamente en mi boca y no perdía detalle de ninguna de las palabras que salían de mis labios. Empoderada por el efecto que había conseguido con mi artimaña, terminé por mordérmelos suavemente al finalizar para darle un toque más de dramatismo a la escena.
En esta ocasión fue a él a quien le costó reponerse y darme una respuesta en un tiempo razonable.
- Vamos Kakashi, no vayas a fallarme ahora. Estoy segura de que sabes la respuesta. A un lector tan ferviente como tú no se le puede escapar una escena como ésta.
Tras aclararse la garganta consiguió emitir unos sonidos ahogados parecidos al nombre de un libro, capítulo y página que di por buenos inmediatamente, más que por el hecho de haber acertado, que lo hizo, fue por el hecho de haberle dejado boqueando como un pez. Otro mini punto para mi marcador mental.
Después de aquel encuentro, pasaron los días sin que nada raro ocurriese y la ausencia de Kakashi se me fue haciendo cada vez más evidente. Estaba totalmente alerta, esperando que apareciese en el momento más inoportuno; pero no lo hizo.
Primero pensé que quizás se había sentido ofendido por mi último atrevimiento, dejándole en evidencia en mitad de una calle llena de gente. Más tarde, quise quitarle importancia y pasé a pensar que quizás estaba en alguna misión que le había llevado a pasar varios días fuera de la aldea. Y, por último, mi cabeza ya daba por sentado que el gran Hatake se había cansado de un juego tan tonto que parecía que no iba a terminar nunca.
Echando la mirada atrás ya había pasado más de un mes desde que nos encontramos en lo alto del edificio Hokage.
Así que poco a poco mi cabeza se fue olvidando del tema y tras más de una semana sin noticias de él, de nuevo retomé mis rutinas y quehaceres diarios como si nada de esto hubiese ocurrido nunca, hasta que llegué a olvidarme por completo de nuestro juego con tanto trabajo.
En este impase nos encontrábamos cuando tras una larga jornada laboral y una dura sesión de entrenamiento posterior, un kunai pasó silbando a escasos centímetros de mi oreja cuando me disponía a abandonar el claro de prácticas.
- Entrenemos un rato juntos, Shizune.
Rápidamente me puse en alerta y en posición de combate. Esa voz grave era imposible no reconocerla y menos yo, después de haberla sentido tantas veces al oído durante un mes.
Kakashi salió de su escondite y en seguida comenzamos los ataques. Nos enfrascamos en una flagrante lucha en la que había algo más que meras intenciones de entrenar.
Su cuerpo de infarto en ocasiones se acercaba más de lo necesario al mío, lo que me ponía indiscutiblemente nerviosa. Él, percibiendo mis momentos de vacilación cual excelente ninja de élite que era, aprovechaba la situación para inmovilizarme en las posiciones más embarazosas que podían ocurrírsele, las cuales yo no tardaba en deshacer azorada.
En otras ocasiones era yo la que conseguía acercarme a él más de lo necesario, pero con sus reflejos superiores enseguida ponía espacio de por medio con un leve sonrojo que no se me escapaba, tratando de ser él el que marcase los ritmos y no al revés.
Cuando fatigados y llenos de sudor sentenciamos el final del combate, pude ver cómo sus ojos daban un repaso a mi cuerpo por completo sin perder detalle, y acercándose de nuevo más de lo preciso para estar en un paraje solitario, me recitó:
- "Los pechos de ella rebotaban al ritmo de sus duras embestidas mientras sus jadeos colmaban sus oídos. Siguió bombeando fuerte y profundo sobre ella hasta que sintió que no aguantaría mucho más"
Rápidamente puse distancia entre nuestros cuerpos con la cara ardiendo por el contenido elegido en esta ocasión, y siguiendo la dirección de su mirada, pude ver cómo mi kimono había sido cortado estratégicamente durante la lucha, de tal manera que dejaba una buena parte de mi escote y mis piernas al aire.
- Supongo que te habrás divertido señor Hatake. Pensaba que ya te habrías cansado de jugar conmigo estos días, pero sospecho que después de esto aún te quedan ganas de más.
Esto lo dije tapando inmediatamente la piel expuesta de más de mis pechos mientras un furioso color rojo me teñía las mejillas.
- Icha Icha Violence, capítulo 13, página 182.
Y rápidamente me di la vuelta sin esperar a ver su aprobación. Sabía de sobra que la respuesta era correcta; me había leído el capítulo decenas de veces y no iba a permitir que se burlase de mí de aquella manera. Tenía que pensar rápido en alguna forma de devolverle el golpe, y con una ligera idea rondando mi cabeza me alejé velozmente de aquel paraje con una sonrisa perversa en mis labios.
La siguiente ocasión en la que nos encontramos fue mi turno de atacar con el arsenal que tenía preparado. La oportunidad elegida no fue otra que durante una larga y tediosa reunión general ninja en la torre principal Hokage.
Todo ninja trabajador de la Mansión Hokage estaba convocado a ella. Por suerte para mí, Kakashi se había sentado en la última fila alejado de miradas indiscretas con su habitual cara de aburrimiento, ya que la reunión no trataba temas importantes que requirieran de su plena atención, así que aproveché el momento sin pensarlo dos veces.
Me acerqué por su espalda con naturalidad, sabiendo con certeza que él me tenía en su radar, y como en la primera ocasión con sus alumnos delante me dispuse a hacerle entrega de un mensaje urgente privadísimo.
Me agaché hasta alcanzar su altura, pudiendo aspirar el seductor olor masculino que se desprendía de su cuello. Un poco aturdida por las sensaciones que me estaban embargando, pegué mis pechos a su amplia espalda mientras le susurraba al oído con mi cálido y húmedo aliento.
- "Los firmes pechos de ella se pegaron a su espalda. La fina tela que apenas los cubría, le permitían percibir sus endurecidos pezones contra él. Sintiendo cómo la respiración de él se entrecortó ante el contacto, acercó sus labios a su oído para susurrarle…"
La última palabra quedó flotando muda en el aire durante unos segundos interminables.
- Para susurrarle qué, Shizune – Pude escuchar la voz ronca de Kakashi apremiarme a terminar la frase.
Por toda respuesta, mi cuerpo se movió solo y con mi lengua recorrí su oreja terminando por propinarle un pequeño mordisco en el lóbulo que le hizo erguirse inmediatamente sorprendido en su asiento.
Cayendo de inmediato en la cuenta de lo que había hecho, también yo me erguí y salí rápidamente de la reunión cual alma que lleva el diablo. ¿En qué mierdas estaba pensando? ¡Eso no era lo que tenía planeado decirle!
Fui corriendo a mi despacho a darme cabezazos contra la mesa, a ver si de ese modo se ordenaban de nuevo mis ideas y la cabeza me volvía a funcionar con normalidad, cuando a los pocos segundos la puerta se abrió y se cerró con un golpe seco.
- Quiero que termines ahora mismo esa frase.
La figura imponente de Kakashi se alzaba frente a mí. Su ojo visible relampagueaba. No me quitaba la vista de encima y yo no era capaz de pensar con claridad en ese momento. No podía ni sostenerle la mirada de la vergüenza que sentía. El pasaje que mi cabeza había decidido seleccionar en el último momento era el más inapropiado de todos. Maldita mi suerte.
- Shizune, acaba esa frase ya – dijo con voz ronca y autoritaria.
Aproximó su magnífico cuerpo a mí acorralándome entre él y la mesa del despacho. Con una mano me obligó a levantar la vista para enfrentarle.
Me hizo la petición una vez más, dando a entender que no habría más oportunidades para desobedecerle. Él conocía de sobra la respuesta, pero no se contentaría hasta escucharla salir de mi boca.
De mis labios apenas salió un hilo de voz. Solo atiné a moverlos hasta articular la palabra maldita de manera casi inaudible, pero por supuesto, eso no era suficiente para él pese a haberme entendido a la primera.
- Lo siento, pero no te he escuchado bien. Repítemela – volvió a decir tajante.
- Fo…Fo…
- Fo…qué. Vamos, hace un momento cuando me susurrabas al oído parecías más decidida. Termina la maldita frase ya, Shizune.
Y su cuerpo cerró el poco espacio que había entre ambos, aún con su mirada clavada en la mía, exigente, haciendo subir mi temperatura de forma alarmante.
- "Fóllame"
- Eso está mejor.
Una sonrisa apareció bajo su máscara y aún sin separarse de mi cuerpo ni descolgar su mirada de la mía, me recitó como un salmo la respuesta a la cita y me dio la réplica con otra.
- "Te doy un minuto para alejarte lo máximo posible de mí. Tras ello, te perseguiré cual cazador hasta darte alcance y entonces, atente a las consecuencias"
Un escalofrío de placer y anticipación recorrió todo mi cuerpo. A estas alturas ya se me había olvidado cómo respirar. Las rodillas me temblaban y no caí al suelo porque él me tenía atrapada entre su cuerpo y la mesa del despacho.
Había leído esa cita miles de veces; me la sabía al dedillo, pero leerla y tener la posibilidad de recrearla eran cosas muy, muy, pero que muy diferentes. Más aún si en la ecuación estaba incluido ese fascinante hombre. Mi nivel de excitación se disparó.
Tragué saliva cuando Kakashi prosiguió hablando, ahora con una cita de su propia cosecha.
- Cuando te alcance, te voy a follar tan duro que al final de la noche no podrás moverte.
Su mano dejó mi barbilla y se abrió paso entre la apertura frontal de mi kimono, subiendo de forma pesada por el lateral una de mis piernas hasta alcanzar mi cintura. Automáticamente mis muslos se apretaron y pude sentir la humedad que entre ellos estaban provocando tanto sus sucias palabras como su tortuosa caricia.
- Voy a hacer que te vayas tantas veces gritando mi nombre que sentirás que es la única palabra conocida para ti.
Su otra mano, que hasta ese momento no había reparado de dónde se encontraba, se movió desde mi baja espalda subiendo lentamente por mi costado hasta ubicarse justo bajo el inicio de mi pecho, pero tuvo mucho cuidado de no pasar de ese límite, como si quisiera marcar la casilla de salida tras la cual alcanzaría todo lo que se le pusiese por delante. Su cara estaba apenas a unos centímetros de la mía.
Mi piel ardía bajo sus manos; no habían tocado nada y su sola presencia en esos dos paraderos de mi cuerpo me tenían en punto de ebullición. Sentía olas de electricidad recorriendo todo mi cuerpo y estaba tan excitada que si él decidiese mover un solo dedo más arriba probablemente explotaría.
Deseaba que tocara más, que sus manos me recorriesen entera, arrancarle la máscara y devorarle la boca; que su cuerpo se fundiese junto al mío y gritar su nombre bien alto cómo él me había prometido, pero de repente me soltó y se alejó. No caí al suelo porque aún tuve los reflejos de poder agarrarme firmemente a mi mesa.
- El tiempo corre, Shizune.
Su ojo no me perdía de vista y podía notar perfectamente el aura depredadora que emanaba. Un escalofrío de anticipación recorrió mi espalda.
Poco a poco conseguí poner en movimiento mi cuerpo. Me alejé de él y de la mesa dirigiéndome hacia la puerta percibiendo cómo su cuerpo se iba moviendo conforme lo hacía el mío, acechando. Y antes de que pudiese salvar la distancia que me separaba del pomo de la puerta, su mano lo alcanzó primero y con un hábil gesto cerró el pestillo.
- Sesenta.
- ¡Ey! Tramposo, no han pasado ni treinta segundos.
- Me importa una mierda.
Se bajó la máscara dejando expuestos sus atractivos y masculinos rasgos; me pegó de forma posesiva a su cuerpo y comenzó a besarme como jamás podría haber llegado a imaginarme.
Su lengua lamía mis labios y con sus dientes mordía y tironeaba de ellos hasta que le concedí la entrada que tanto ansiaba; todo ello acompañado junto a un gruñido de pura satisfacción por su parte que me calentó horrores. Me hubiese gustado hacerle de rabiar un poco más, pero la necesidad de sentir su lengua junto a la mía era imperiosa.
Lujuria, deseo y una gran excitación se desprendía de la forma agresiva en la que nos besábamos en ese momento. Nuestras lenguas forcejeaban y danzaban en un beso apasionado y salvaje, explorando y descubriendo sin parar nuevas formas de juntarse y mezclarse.
Una de sus manos me sujetaba firmemente de la nuca, no fuese a ser que me escapara de allí. La otra me pegaba a su cintura firmemente desde mi baja espalda. Yo como pude me sujeté de su cuello recibiendo con gusto todas sus arremetidas, siguiéndole el ritmo sin flaquear.
Parecíamos dos adolescentes en celo enganchados el uno al otro, metiéndonos mano, pegados al milímetro. Menos mal que la reunión tendría a todos los ninjas concentrados en un solo punto durante unas horas más y no habría nadie en esa planta para escuchar lo que se avecinaba.
Poco a poco me fue empujando hacia el escritorio haciéndome retroceder hasta quedar apoyada una vez más entre este y su cuerpo. Elevó mi kimono sin dejar de besarme y recorrió de nuevo mis ahora expuestas piernas con sus manos expertas. Se me escapó un jadeo traicionero entre nuestras bocas que él no tardó en devorar también.
Tras ello, abandonó mis labios y comenzó a recorrer mi cuello con su lengua, marcándome como suya mientras se deshacía de mi empapada e inservible ropa interior. Y comenzó a bajar sin más preámbulos. Se colocó entre mis piernas, subiendo mis rodillas a sus hombros aprovechando el punto de equilibrio y apoyo que nos otorgaba la mesa y comenzó su nuevo juego.
De una larga y pesada lamida se fue abriendo paso entre mis húmedos pliegues hasta llegar a mi centro de placer. Un gran gemido salió de mi boca cuando lo rodeó entre sus labios e implacable lo azotó con su lengua, comenzando a torturarme complacido con mi reacción.
Lamía y succionaba, de abajo a arriba, en círculos y lametones, usando diferentes ritmos y presiones que me estaban volviendo totalmente loca. Mis caderas cobraron vida y comenzaron a moverse acoplándose a sus arremetidas, escapándosele un gruñido de satisfacción.
Me afianzó sujetándome por la cadera con una de sus manos mientras con los dedos de la otra comenzó a explorar mi interior haciendo maravillas hasta que una explosión de placer arrolladora me hizo gritar su nombre por primera vez en la noche.
Cerré mis piernas inconscientemente atrapándole entre ellas, reteniéndole allí mientras aún convulsionaba tratando de alargar lo máximo posible aquel orgasmo tan impresionante que el muy cabrón había conseguido arrancarme.
En ningún momento hizo intento alguno de alejarse, es más, continuó con la labor, bajando poco a poco el ritmo hasta que la presión de mis piernas se aflojó y por fin le liberé. Se levantó con una seductora sonrisa de medio lado triunfal, relamiéndose los labios mientras me observaba hecha un trapo sobre la mesa aun jadeante, como si yo fuese la cosa más deliciosa del mundo.
En ese mismo instante, decidí que Kakashi era el hombre más provocador y endemoniadamente sexy de todo el planeta.
Me incorporé rápidamente y en esta ocasión fui yo la que asalté sus aún humedecidos labios, pudiendo saborearme en él con un ronroneo de placer. Volvió a instaurarse una guerra en nuestras bocas y las manos inquietas atacaban todo lo que se pusiese por delante.
Podía notar la presión de su gran excitación en su pantalón y cómo su dureza buscaba alivio al rozarse conmigo. Fui yo en esta ocasión la que le fue empujando a él hacia una de las sillas de visitas que había frente a la mesa hasta sentarle. Sin perder tiempo me coloqué a horcajadas sobre él aumentando la presión en su hombría y fue su turno de soltar un jadeo mientras me apretaba más contra él. Y ahí comencé yo mi juego.
La humedad y el calor que emanaba de entre mis piernas traspasaba la tela de su pantalón. Comencé con un lento vaivén sin quitar ojo de cada una de sus reacciones. Él por su parte se dejó hacer agarrando mi culo con sus manos acompañando el lento y tortuoso movimiento.
Con una mano le agarré del pelo y con delicadeza tiré hacia atrás de él elevándole el mentón, aprovechando para saborear su cuello con mi lengua. Con la otra desabroché su chaleco táctico y comencé a explorar su firme y bien formado pecho y abdominales, mientras continuaba masajeando su entrepierna con el movimiento de mis caderas.
Una maldición salió de su boca y fue como música para mis oídos.
Lamí, besé y marqué aquella zona, mientras notaba como se endurecía aún más si cabe y su sujeción se hacía más férrea en mi retaguardia.
Subí lamiendo desde el cuello hasta sus labios entreabiertos y allí introduje de nuevo mi lengua en su boca, besándole lenta pero profundamente mientras aceleraba el ritmo de mis movimientos sobre él. Una de sus manos abandonó su posición para introducirse en el kimono explorando mi pecho. Un arrebato de sensaciones se apoderó de mi cuerpo ante el nuevo toque y aceleré los movimientos y presión sobre su miembro a la vez que él me acompañaba embistiendo y sujetándome más fuerte contra él. Cuando su orgasmo estalló me abrazó fuertemente mientras jadeó mi nombre y se derrumbó en mi hombro.
Abrazados en la silla permanecimos durante un buen rato hasta que nuestras respiraciones se calmaron. Nos miramos y nos reímos.
- Creo que hemos empatado en cuanto a lo de gritar nombres.
- No está mal, pero es pronto para sacar conclusiones.
Me ayudó a bajarme de él y me posó con delicadeza en el suelo. Sus pantalones estaban hechos un desastre. En esos momentos, estaba infinitamente agradecida de que mi despacho no tuviese ventanas. Siempre había sido un tema que me ponía de muy mal humor, pero tenía que reconocer que en estos momentos venía de lujo tener un zulo como despacho.
Cuando hubo arreglado el desastre entre sus piernas, se acercó lentamente a mí de nuevo y comenzó a delinear con su pulgar mis labios devorándolos con la mirada. Acercó los suyos hasta juntarlos en un dulce beso. Nos besamos largamente con calma, respeto e infinito amor, reconociéndonos ahora sin la urgencia del sexo salvaje.
Como en el pasaje que me recitó al oído en el mercado, comenzó a bajarme el kimono y a seguir con sus labios el camino que iba dejando la tela sobre mis hombros. Sus manos se colmaron con mis pechos, masajeándolos y jugando con mis pezones a los que no tardó en dar atenciones con su boca volviendo a hacer subir la temperatura de ambos.
En pocos segundos nuestros cuerpos estaban de nuevo buscando cualquier tipo de contacto con el contrario, frotándonos, jadeando y gruñendo; susurrando el nombre del otro y cuánto nos estaba calentando la situación.
Mientras seguíamos metiéndonos mano y besándonos le quité el chaleco y su camiseta quedando su formidable cuerpazo expuesto y a mi entera disposición. Le desabroché el pantalón y en un momento se había deshecho de éste junto a su ropa interior, no sin antes sacar un preservativo de un bolsillo que le ayudé a colocarse.
Él por su parte tampoco perdió el tiempo. Me quitó del todo el kimono y en un momento quedó olvidado junto a su ropa en algún rincón de la habitación.
Con sus manos, me sujetó de los muslos y me alzó sobre sus caderas obligándome a rodearle con mis piernas, llevándome hasta la mesa donde me sentó.
Sin dejar de comernos la boca alcancé su miembro que se volvía a alzar orgulloso y lo masajeé entre mis manos durante unos segundos, arrancándole un jadeo traicionero y un "Shizune ya es suficiente" mascullado entre dientes a modo de advertencia, antes de guiarlo hacia mi entrada con una risilla ante su reacción.
De nuevo estábamos tan excitados que no hacía falta ningún tipo de juego previo sino queríamos terminar antes de tiempo. Y desde luego que ambos estábamos deseando llegar a la siguiente parte.
En aquella ocasión, fui yo la que recreé la última escena de Icha Icha a adivinar y mirándolo fijamente a los ojos pude decirle sin pudor alguno:
- Fóllame.
- Tus deseos son órdenes.
Y con una sonrisa en sus labios poco a poco se fue introduciendo en mí. Ese pedazo de hombre era un pedazo de hombre en todos los sentidos, así que no pude evitar echar la cabeza atrás y soltar un largo suspiro de satisfacción cuando por fin se enterró del todo. Él apretó los dientes y cerró los ojos tratando de no correrse allí mismo. Aquel momento de unión era extraordinario y estábamos los dos al límite con nuestras sensaciones a flor de piel.
Con un apretón de mis piernas, Kakashi salió de su nirvana y comenzó a moverse. Quiso ser gentil para asegurar que yo estaba bien, pero yo lo quería clavándose fuerte y salvaje en mí, así que rápidamente le instigué a que se dejase de tonterías y empezase a follarme tan duro como me había prometido.
Pronto la mesa comenzó a crujir al ritmo de sus embestidas. Nuestros cuerpos desnudos y sudorosos chocando producían uno de los sonidos más obscenos y que más cachondos nos pudo poner hasta el momento junto a nuestros gemidos y jadeos que inundaban la estancia. Kakashi bombeaba implacable, cada vez más duro, profundo y fuerte contra mí.
Viendo que la mesa podría terminar partida en dos hicimos un rápido cambio de posición. De nuevo le invité a sentarse en la silla que anteriormente ocupamos y en esta ocasión me senté a horcajadas sobre sus piernas, pero dándole la espalda. Me clavé de golpe sobre él y rápidamente comencé a cabalgarle extasiada. Sus manos se precipitaron sin tardanza sobre mis pechos, acompañando su movimiento, masajeando, pellizcando y tironeando de ellos. Su lengua lamía mi cuello y su boca subió hasta mi oreja mordisqueándola. Una presión burbujeante comenzaba de nuevo a acumularse en mi bajo vientre.
Con una mano giró mi cara y su lengua se enredó una vez más con la mía mientras su otra mano viajó hasta mi entrepierna masturbándome sin compasión mientras mis movimientos se volvían más y más salvajes sobre él, marcando un ritmo frenético con las caderas.
Un escalofrío me sacudió por completo; indicación inequívoca de que estaba llegando a mi límite. Kakashi sintiendo mis paredes atrapándole cada vez con más fuerza y sabiendo cercana su propia culminación, me susurró al oído dándome permiso para irme una vez más. Su cálido aliento junto con un mordisco en mi hombro, fueron el detonante para tener el puñetero segundo mejor orgasmo de mi vida mientras gritaba por segunda vez su nombre.
Al mismo tiempo que mi cuerpo se estremecía pude notar cómo él se apretaba fuertemente contra mí mientras me propinaba el mordisco en el hombro ahogando un gemido; señal de que él también había terminado.
Me derrumbé sobre su fuerte pecho mientras con una mano acariciaba su maraña de pelo plateada, mientras él continuaba abrazado a mí apoyando su mentón sobre mi hombro magullado, al que no tardó en prodigar varios besos.
La contienda continuaría en el despacho el tiempo que durase la reunión para posteriormente proseguir en diferentes estancias y nuestros respectivos hogares durante largo tiempo.
A día de hoy aún no sabemos cuál de los dos perdió el trato o si acaso alguno llegó a hacerlo. Pero está claro que lo que el juego del Icha Icha unió, no lo separará nadie.
Muchas gracias por llegar hasta el final
Feliz Año
-Valgaia-
