Disclaimer: Todos los personajes de Ranma no me pertenecen, son propiedad de su creadora Rumiko Takahashi.

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Capítulo IV

Mediados de Diciembre

La estridente música electrónica del interior del local donde se celebraba la fiesta de los patrocinadores, no daba posibilidad de mantener una conversación cabal, pero aquella morena de larga melena seguía empeñada en contarle a Ranma los beneficios metabólicos del ayuno intermitente, a fuerza de gritarle al oído. Incluso podía notar cómo, esporádicamente, sus labios le rozaban el lóbulo de la oreja con descaro, lo cual incomodaba profundamente al chico, pues en ningún momento le había brindado tanta confianza. La voz de la chica, en ocasiones alcanzaba tal intensidad, que parecía estar perforándole el tímpano hasta el dolor. Cuando tras prolongados minutos de monólogo, ella le contó que necesitaba ir al excusado, el chico de la trenza no pudo más que asentir aliviado y acabarse la bebida de un largo trago, exhausto, como si terminara de cruzar la línea de meta tras una sufrida maratón.

—No se te ve muy entusiasmado, ¿eh, casanova? —No era ningún secreto que Krilín sentía envidia sana por el éxito de su amigo con las chicas, pero desde que su interés en ellas se había vuelto prácticamente nulo, el asunto se le hacía incluso fastidioso— A ver, ¿qué te pasa?¿Esta tampoco te cuadra? A lo mejor prefieres que te presente a algún luchador fornido de algún otro equipo, o mejor, ¿y si buscamos a algún camarero resultón? —Su compañero no dejaba pasar la oportunidad de mofarse de él, lo cual, al parecer de éste, le estaba bien empleado por haberse vuelto tan exigente.

—Ja, ja. Muy gracioso. Joder Krilín, ya no sé qué hacer para quitármela de encima —comentó Ranma tras un largo soplido hacia arriba, que hizo que se le levantara el flequillo.

—De verdad que no hay quién te entienda. Si esa chica estuviera mostrando el mismo interés en mí, hace tiempo que nos habríamos buscado un rincón más tranquilo.

—Que sí tío, lo sé, no seas más pesado. Ya te he dicho que he venido sólo para estar con vosotros. Que no quiero nada con ninguna tía. Y la verdad, lo estaba pasando de puta madre hasta que la pava esta se nos ha acoplado.

—¡Ay, mi pobre niño bonito! Debes de estar pasándolo fatal. Por lo menos es la tercera chica que se te ha tirado a degüello esta noche —inquirió en tono sarcástico.

—En realidad es la cuarta, pero desde luego es la más pesada. —El chico miraba a lo lejos, en la dirección por la que se había marchado la susodicha, temeroso de que volviera a aparecer en cualquier momento— Creo que voy a ir a tomar un rato el aire. Dile que he tenido que salir. Bueno no…, que estoy en el baño... Pensándolo bien, mejor no le digas nada, a ver si se entretiene con otro y me deja en paz.

Para llegar a la entrada principal, la única conexión del recinto con el exterior, Ranma tenía que descender dos tramos de escaleras desde la especie de palco en el que su grupo de amigos se había instalado. Mientras bajaba, se sintió cansado y se preguntó si realmente valía la pena seguir apostando por quedarse en la fiesta. Ya lo había pasado mucho mejor de lo que esperaba, antes de que la cosa se torciera, y probablemente no iba a sacar nada mejor de aquella velada. Así que empezó a plantearse que, una vez fuera, no estaría mal tomar el camino directo a casa, en lugar de volver dentro pasado un rato.

Sin embargo, parecía que el resto de jóvenes de Tokio no compartía sus pensamientos. A pesar de que la fiesta llevaba allí varias horas desde el principio de la noche, la concurrencia no sólo no había disminuido, sino que más bien, daba la impresión de que cada vez más gente se había ido acercando al lugar y las anchas puertas de la entrada seguían abriéndose en uno y otro sentido, al paso de decenas de asistentes.

Antes de llegar a la salida, era necesario atravesar un pequeño vestíbulo en el que los organizadores habían tenido a bien instalar un servicio de guardarropa, que servía, además, como puente entre el frío y la tranquilidad del exterior y el alborotado bochorno que bullía en el interior del recinto. Allí mismo, entre el barullo de la gente que entraba y salía, fue donde Ranma se chocó de frente con una figura femenina de dimensiones bastante más reducidas que las suyas, haciendo que ella tuviera que retroceder varios pasos para mantener el equilibrio tras el brusco encontronazo.

—Uy, lo siento, ¿estás bien? Es que creo que los que entráis tenéis que hacerlo por la puerta de la derecha.

Ella, ataviada con un ceñido vestido de terciopelo verde oscuro, medias negras y botines de tacón, seguía cabizbaja mientras intentaba recolocarse el bolso y devolver la tela de la minifalda a su lugar. A él le pareció supersexy la manera en la que sus pálidas manos se ciñeron a sus caderas, haciendo que la prenda descendiera, con dos ligeras sacudidas de su cintura. A pesar de que su rostro estaba completamente cubierto por la mata de pelo oscuro que le caía hacia delante, la chica le pareció un bombón y se sorprendió encontrando a la primera persona capaz de despertar su interés en toda la noche.

—Vale, no pasa nada —le comentó ella, fugaz—. Disculpa pero tengo prisa. —Aunque ya habían intercambiado varias palabras, el ruido no les había permitido reconocerse hasta el momento en el que ella levantó la cabeza para poder esquivarle y pasar al interior.

—¿Akane? No…, no sabía que venías.— Le costó algunos segundos después de terminar la frase, tornar su gesto desde la estupefacción a una cálida sonrisa de bienvenida.

—¡Oh..., sí..., hola! —A pesar de que ella misma había sido la artífice del encuentro, su sorpresa hacía evidente que no esperaba dar tan rápido con su objetivo— Bueno, tampoco yo. Ha sido todo un poco improvisado, ¿sabes? —Ahora era ella la que se deleitaba con la figura del luchador, intuyendo las robustas formas escondidas tras su camisa negra y sus vaqueros gastados.— Como me has dicho que la fiesta se estaba animando, pues quería comprobarlo por mí misma —concluyó en tono burlón.

—Bueno, ahora que lo dices, quizá se haya animado demasiado. —Era obvio que necesitaban alejarse de la zona de paso, dados los constantes roces producidos por ríos de gente avanzando en uno y otro sentido— Creo que deberíamos apartarnos un poco —dijo tomándola sutilmente de la muñeca para acercarla a la pared del propio vestíbulo.

Apenas la había soltado cuando cayó en la cuenta de que había sido un gesto que denotaba un exceso de confianza. Llevaban allí menos de un minuto, desconocía con quién había asistido ella, pero era bastante probable que, dada la naturaleza de la celebración, fuese el dichoso Hiyao quien la hubiera acompañado hasta allí. La incomodidad que sintió imaginando dicha posibilidad, le empujó a ser directo:

—Y dime, ¿has venido con...con tu chico?

—No, no, qué va. Es que una de mis amigas tenía invitaciones…

—¡Akane!— Antes de terminar la frase, uno de los jóvenes que entraba al recinto se acercó a saludarla, besándola en la mejilla — ¡Al final habéis venido! ¡Genial! —Se trataba de Takeshi, el novio de su amiga Hirome y luchador de la Todai. Normalmente no solía ser tan efusivo con ella. De hecho, las veces en las que se habían visto podían contarse con los dedos de la mano, pero estaba claro que el estado natural del chico estaba alterado por el alcohol— Bueno ¿y dónde está Hirome?— No hace falta decir que, había dado por hecho que su chica había cambiado de opinión y también se encontraba por allí — No, no me lo digas, seguro que haciendo cola en el baño, cada vez que salimos es igual, jajaja.

—Sí, jajaja. — La joven Tendo rió nerviosa, incapaz de sacar al chico de su error. Confirmar ante él y ante Ranma que había ido hasta allí sola, hubiese dado lugar a preguntas que no estaba dispuesta a responder, al menos no con total sinceridad, al menos no en ese momento. Estaba claro que la verdad (tanto acerca de sus razones para estar allí, como por el paradero real de su amiga) terminaría saliendo a la luz tarde o temprano, pero decidió evitarla y no alargar más la interrupción.

—Vale, pues nada, nos vemos luego por ahí dentro.

—Claro, Takeshi, hasta ahora.

Ranma, que por un momento había llegado a sentir celos de aquel desconocido, sintió alivio cuando lo vio desaparecer.

—¿Entonces tus amigas están ya dentro? ¿Quieres compañía hasta que vuelvan? —Una vez desmentida la presencia de Hiyao, ambicionaba tener a Akane para él solo, así que tenía que aprovechar el poco tiempo con el que contaba hasta que sus amigas volviesen a buscarla.

—Claro, ¿pedimos algo de beber?

La zona de barra más cercana a la entrada estaba aún más concurrida que el resto del local. Avanzar hacia ella les costó algunos requiebros y otras maniobras, hasta dar con el rincón más accesible. Por las dimensiones del tramo recién conquistado, no les quedó más remedio que colocarse el uno frente al otro, apoyándose en la barra, mientras otros eran servidos, a la espera de que algún barman les hiciera el favor de reparar en su presencia.

En otras circunstancias o en otra compañía, la situación podría haberse descrito como incómoda, pero ese no era el caso de ninguno de los dos. Aunque lo ocultaran, estaban encantados de tener que compartir aquel espacio, de tamaño variable en función de quienes hasta allí se acercaban y de la intensidad con la que les propinaran pequeños empujones, en busca de un ansiado hueco en la barra. Entre tanto, los ex prometidos disfrutaban de su cercanía, forzados por las circunstancias a tener que hablarse al oído, a rozarse tras algún choque fortuito y, como daño colateral, a aprovechar las oportunidades de aspirar el perfume del interlocutor.

Detallaron el uno al otro cómo habían ido sus respectivas noches. Él, que había estado cenando con sus compañeros de equipo en un restaurante de sushi y que llevaban en la fiesta prácticamente desde el inicio de la noche. Le comentó, además, que aquella celebración anual se aprovechaba para entregar premios a los luchadores más destacados de la temporada anterior y señaló, con un orgullo algo mal disimulado, que él mismo había recibido dos menciones: mayor puntuación en un combate y mayor número de victorias consecutivas.

A su vez, ella le relató cómo había ido su cena y la posterior sesión de karaoke, reservándose los detalles que pudieran comprometerla. Era obvio que no había sido del todo sincera con Ranma, sobre todo en lo referente a Hiyao, pero se consolaba pensando que, hasta el momento, nunca le había mentido sobre su relación. Únicamente se había limitado a omitir cierta información, dejando que el chico sacara sus propias conclusiones, sin corregirlo. Estaba segura de que aquella era la estrategia a seguir, la mejor forma de tener cierto control sobre la situación, pues mientras el luchador de Kyoto estuviese en la ecuación, Akane tenía la excusa perfecta para mantener a Ranma a raya.

Pero aquella noche la cosa era diferente, ahora era ella la que estaba salvando las distancias, la que le había buscado y la que, ante un posible asomo de culpabilidad, quería evitar a toda costa mentirle descaradamente. Y aunque no tenía intención de destapar el pastel y hacer ver que Hiyao ya era historia, impedir que la conversación se moviera por ciertos derroteros, les ahorraría incomodidades a ambos.

Por eso fue un alivio descubrir que, al preguntarse por sus respectivos planes vacacionales, terminasen conversando sobre la familia y los tiempos en Nerima, un terreno neutral, aunque plagado de nostalgia, que les hizo sentirse más unidos, si cabe. El chico la examinaba con atención mientras ella le contaba que tenía pensado volver a casa en cuanto concluyesen las clases, que echaba mucho de menos a su padre y sus hermanas, pero que extrañaba aún más los platos de Kasumi, especialmente suculentos en Navidad. Reconoció, avergonzada, que ella misma seguía siendo un desastre en la cocina y, en consecuencia, llevaba demasiado tiempo abusando de la comida precocinada.

—Desde luego no hay nada como un buen guiso casero —reconoció Ranma, otro incondicional de la cocina de la mayor de las hermanas Tendo —. Últimamente es un tema que me interesa mucho. Cuando voy a casa, intento acompañar a mi madre en la cocina el máximo tiempo posible para asimilar todas las técnicas y movimientos. —Al chico de la trenza le era imposible no extrapolar cualquier rama del conocimiento humano a las artes marciales.

—Eso sí que no me lo esperaba. Y dime, ¿cuál es tu especialidad?— inquirió en tono burlón, pues no terminaba de asimilar que aquel mazacote de músculos bien tensionados, que nunca se había interesado por algo que no fuesen golpes, saltos y patadas, fuese capaz de realizar un plato bien elaborado.

—Buena pregunta —indicó el chico, de buen humor—. Si de verdad quieres saberlo, soy un crack dándole el punto al karaage. No todo el mundo sabe rebozar y freir bien el pollo. Pero si tuviese que demostrarle a alguien todas mis dotes en un solo plato, optaría directamente por un buen ramen. Hay muchos factores a controlar: el caldo, el punto de las verduras, el chashu… —A medida que avanzaba en la enumeración, Akane pudo notar como el chico se iba encogiendo y su voz apagándose, como si quisiera esconderse de algo o alguien.

—¿Qué te pasa, Ranma?—se preocupó, pues era obvio que algo estaba afectando a la actitud, hasta ahora desenfadada, del chico.

—Perdona, Akane. No te lo he dicho antes, pero cuando nos hemos encontrado en la entrada, yo me estaba planteando irme a casa porque…

—¿Es que no te encuentras bien?

—Nada de eso. Al contrario, estoy genial aquí. Ahora… Contigo...— Se obligó a ralentizar su discurso, ya que no encontraba una manera fácil de exponerle la situación. Confiaba en que Akane terminara deduciendo de qué iba la cosa, pero lo cierto es que ella no disponía de suficiente información. Él quería evitar a toda costa la intromisión de terceros en el remanso de complicidad que estaban compartiendo, especialmente si se trataba de alguien de naturaleza femenina. Ya había aprendido la lección el día que se encontraron en el Yoyogi, cuando, tras una inusitada mañana en su compañía, terminó presenciando, impotente, la huida de Akane. No podía evitar pensar que todo aquello se debió únicamente a la llamada de Kharila. Y estaba en lo cierto.

—Entonces…— la joven pretendía darle el pie, como en una obra de teatro, esperando que él pudiera completar la frase. Al intentar escudriñar en sus ojos azules algún tipo de respuesta, se dio cuenta de que seguían fijos en alguien que, a su espalda, parecía acercarse.

Al volverse, Akane pudo comprobar como una muchacha bastante resultona, de pelo largo y negro, intentaba abrirse paso hacia ellos entre la multitud, saludando a Ranma con la mano. Era cuestión de segundos que los alcanzara.

—Vale, no me lo digas. Es por esa chica que se está acercando, ¿no?— lejos de sentirse amenazada, la actitud de Ranma para con la chica le pareció incluso cómica. El gran luchador de la Waseda acababa de mutar en una especie de cervatillo agazapado, que intentaba camuflarse tras de ella.

Él asintió, casi asustado. Ante la inminente llegada de la morena de la turra, Ranma había bajado la mirada y se tapaba disimuladamente la cara, con el codo apoyado en la barra. Un gesto a todas luces estéril, pues ya hacía un buen rato que su "depredadora" lo había avistado entre la multitud.

—Pero, ¿qué le has hecho? ¿Por qué te escondes de ella?

—Nada, te lo juro. Es sólo que es muy pesada. Se me ha presentado hace un rato y no veas la chapa que me ha dado. Dice que me sigue desde hace tiempo. Sospecho que está algo obsesionada conmigo pero yo solo quiero que me deje en paz…

—¿Y has probado… no sé, … a decírselo?

—Akane, tú sabes de sobra que las palabras no son lo mío. Pero con ella es incluso peor. Es como una ametralladora. No hay forma de meter baza cuando se adueña de la conversación.

A Akane no le quedó otra que sentir cierta compasión por el "pobre chaval" y decidió, sobre la marcha, echarle un cable para deshacerse de aquella desconocida. Lo cual, dicho sea de paso, también la beneficiaba a ella en primera persona.

Giró la cabeza un instante, intentando determinar de cuánto tiempo disponían.

—Está bien, Saotome. Está claro que no te queda mucho tiempo. Quizá podamos hacer algo, pero lo que se me ocurre es bastante radical.

—No tengo nada que perder. En este momento haría lo que fuera por no tener que volver a hablar con ella.

—¿Estás seguro de lo que dices?

—Afirmativo —aseguró como buen soldado, dispuesto a ejecutar el plan que le propusieran—, ¿qué hay que hacer?

—Avísame cuando esté cerca y asegúrate de que esté mirando —ordenó la joven de pelo azul.

—No hay tiempo, ya está aq…— Ranma no pudo terminar la frase.

Akane, buscando la técnica que le permitiera actuar con la mayor velocidad posible, acababa de agarrarle por el pecho de la camisa y, poniéndose de puntillas, le plantó un inesperado y poderoso beso en los labios, que hizo que las potentes piernas del chico vibraran de arriba a abajo.

La recién llegada no pudo menos que abrir la boca de par en par, lo que contribuyó a dibujar una mueca de desconcierto en su rostro. No tardó mucho en darse la vuelta, para volver por donde había venido, haciéndose la ofendida.

Ranma, por su parte, intentaba responder al espontáneo beso de Akane desde la más absoluta estupefacción. También era cierto que, aunque le hubiese pillado desprevenido, se sentía en pleno derecho de disfrutarlo, sin remordimientos. Así que cerró los ojos y la rodeó por cintura con su mano izquierda, atrayéndola hacia sí y estrechándola con suavidad. Buscaba, en primer término, ser partícipe de aquel regalo y no limitarse a actuar como un mero receptor, pero sobre todo, hacía lo imposible por disimular que el inesperado contacto con los dulces labios de su ex prometida, le había dejado completamente con el culo torcido.


Akane, que podría ser de todo menos una persona impulsiva, no se reconocía a sí misma en el arrebato de descaro que acababa de protagonizar. Se sentía como si hubiese perdido el control sobre su propio cuerpo y alguien estuviese dirigiéndolo por control remoto. En el pasado, con Ranma, sí solía ser ella quien tomaba la iniciativa. Al menos, preparaba el terreno o dialogaba para que su compañero pudiese intuir sus intenciones y, de algún modo, acompañarla. Pero esa vez, aunque seguía firme su objetivo en la fiesta, no había imaginado llegar a actuar con tal atropello, ni asumir el mando tan descaradamente sin valorar las consecuencias. Aquello la avergonzaba.

Por eso, seguía manteniendo sus labios pegados a los de Ranma, inmóviles, mientras pensaba en su siguiente movimiento. Tras varios segundos de vacilación, en los que su mente reprodujo todos los escenarios posibles, su instinto le dijo que debía optar por restarle importancia a aquel beso.

— Parece que ha funcionado, ¿verdad?— aunque intentaba que su tono sonase despreocupado, sus mejillas se encendieron como antorchas al encontrarse con los iris azules del chico.

— Sí, buena idea… ja, ja, ja… — se rascó la cabeza, abochornado. Al igual que ella, se esforzaba en actuar como si no hubiese pasado nada. Pero lo cierto es que la trascendencia de aquel beso marcó un punto de inflexión en el devenir de la noche.

Pocos minutos después, habían sucumbido indiscutiblemente al hermetismo: les costaba hablar con fluidez, no conseguían mantenerse la mirada y los silencios se hacían cada vez más largos.

Estaba claro que necesitaban un respiro, un cambio de rumbo que impidiera que la noche se fuera a pique. Y Ranma fue el primero en actuar.

— Vuelvo enseguida. — Akane lo siguió con la mirada, hasta que desapareció tras la puerta del aseo de caballeros.

Allí, se acercó al lavabo para refrescarse la cara y la nuca. Plantado frente al espejo, con la nariz aún goteando, se propuso evaluar la situación, empleando a fondo su intelecto de artista marcial:

Vamos a ver, ¿a qué ha venido ese beso? ¿De verdad se cree que no voy a darle importancia? ¿o que puede hacerme creer que para ella no ha significado nada? Akane, no puedes jugar así conmigo.

Y si tiene novio, ¿por qué me ha besado de esa manera?

Es que ese imbécil nunca ha estado a la altura. ¿Cómo puede ser que siempre tenga algo mejor que hacer que estar con ella? Mmm… Quizá es ahora que se está dando cuenta. No sería descabellado pensar que esté empezando a pasar de él.

No, no, no. Frena, Saotome. Sólo ha sido un beso inocente. Por lo que a ti respecta, es sólo una amiga. Darías la vida por ella, sí. Pero una amiga al fin y al cabo. Está claro que ella no siente lo mismo, si no, no estaría con ese gilipollas.

Pero entonces, ¿qué hago ahora? La fiesta acabará tarde o temprano, ella se irá a casa y me quedaré igual de pillado que antes. Vuelta a esperar hasta que nos encontremos por casualidad en quién sabe cuántos meses. Aunque, por otro lado, si la invito a casa… podría tener una oportunidad de que me viera como a algo más… O… que nada cambiara, y yo siguiese aún más pillado que antes.

Además, ella no es de esas. Para empezar, tiene integridad. No acompañaría a otro chico a su casa así como así. Y si lo hiciera, ¿podrías tú seducirla como a una de tus conquistas de fin de semana? Con ella no funcionaría. ¿A quién quieres engañar? Mírate. Ha sido darte un beso y correr al baño a encerrarte como un mocoso.

El monólogo interior del chico de la trenza podría haberse prolongado durante horas, pero era consciente de que su ex prometida seguía sola, esperándole en la barra, porque él se había escaqueado sin ofrecer explicación alguna. Tenía que volver ya, no podía correr el riesgo de que se cansara de esperar y no volviera a verla.

Finalmente, sólo pudo alcanzar una única conclusión: permanecería disponible para Akane, en la medida que ella considerase oportuno. Si ella necesitaba un amigo, sería el mejor de todos. Si aquello era parte de alguna rencilla de pareja y ella solo buscaba una pequeña venganza contra Hiyao, él sería el primero en ofrecerse voluntario, con la motivación añadida de que si ese indeseable le buscaba las cosquillas, tendría una oportunidad perfecta para partirle la cara. Y lo más importante, si, por algún capricho del destino, tenían la más mínima posibilidad de volver a estar juntos, se afanaría como el que más en conseguirlo. Cuando se trataba de Akane, no le importaba estar a la retaguardia. Ya se había pasado varios meses con su recuerdo metido entre ceja y ceja, por lo que, soportar las consecuencias de aquel encuentro no iba a ser mucho peor.

Así que, algo más tranquilo tras la reflexión, enfiló la salida del pasillo de los aseos, para volver con ella y descubrir en qué desembocaba el asunto, de una vez por todas.


Le costó un poco reconocerla en la distancia porque no esperaba encontrarla acompañada. No tenía claro cuánto tiempo había estado en el baño, pero desde luego, aquel maromo de mechas rubias no había perdido la oportunidad para acercarse a la joven Tendo y ofrecerse para invitarla a una copa. Ella se había negado y él seguía sin moverse de allí, aunque, desde lejos, era fácil intuir el desinterés de Akane, que no paraba de dirigirle miradas esquivas, mientras le contaba algo que, desde el punto de vista de aquel recién llegado, era tronchante.

Akane, que parecía no tener reparos en visibilizar su hastío, bajó la mirada un momento para colocar el móvil de nuevo dentro de su bolso. Justo entonces, Ranma pudo observar un movimiento del intruso, que le hizo caer preso de la más furiosa cólera.

— Hijo de puta. Te voy a matar —antes de terminar la frase ya había salvado más de la mitad de la distancia que lo separaba de la pareja, abriéndose paso a empujones entre la pista abarrotada.

Debía de estar a unos tres metros de distancia, cuando saltó sobre el chico para agarrarlo por el pecho, y arrollarlo como un tren de mercancías. La inercia los llevó a ambos a despeñarse hacia el otro lado de la barra, donde terminaron impactando violentamente contra un estante repleto de vasos. La lluvia de cristales aún no había cesado cuando Ranma inmovilizó contra el suelo al chico, que lo miraba entre la sorpresa y el estupor.

— Rata asquerosa, ¿así es como tratas a las mujeres? —Se trataba de una pregunta retórica, pues Ranma era plenamente consciente de la posición de su antebrazo sobre la garganta de su interlocutor, que le dificultaba tanto la respiración, como la posibilidad de desarrollar una respuesta coherente.— Tú y los de tu calaña mereceis que os la corten con una katana.

Akane, que permanecía inmóvil al otro lado de la barra, con los ojos a punto de salirse de sus órbitas, se tapaba la boca con ambas manos. Por muy gilipollas que fuese el chico, el castigo de Ranma se le hacía completamente desproporcionado.

No tardaron en acercarse hasta allí dos fornidos miembros de la seguridad del recinto, que tuvieron que emplearse a fondo para quitarle a Ranma de encima a aquel pobre desgraciado.

Varios segundos después, el luchador de la Waseda parecía haber recuperado los papeles e intentaba explicarse con ellos. La incansable música electrónica no permitía a Akane entender nada de aquella conversación, pero le resultó especialmente llamativo cómo, a medida que Ranma hablaba, parecía irse librando del gesto cabreado de los seguratas, que se iba dirigiendo cada vez más hacía el otro chico.

Cuando por fin soltaron a Ranma, no perdió un instante en acercarse corriendo hacia Akane. La cogió de los hombros y se colocó frente a ella, sus ojos azules abiertos de par en par, a la altura de los de ella, ansioso por captar cada detalle de su expresión.

— ¿Has bebido después de guardar el móvil?

—¿Qué tontería de pregunta es esa? Montas este numerito, ¿y eso es todo lo que vas a decir?

— Akane, esto es importante, ¿has bebido, sí o no?

La chica del pelo índigo ni siquiera se planteó contestar a la pregunta. Para ella era mucho más apremiante entender qué acababa de pasar. Miraba a los ojos de Ranma, pero no paraba de lanzar miradas furtivas a su alrededor, buscando alguna pista: la gente observando la escena atónita, la barra salpicada de cristales, los antebrazos de Ranma cubiertos de cortes... Por último, justo a espaldas de su interlocutor, pudo observar como los seguratas, tras cachear al joven, extraían de su bolsillo una minúscula bolsita con un polvo blanco, que parecía ser el epicentro de todo aquel lío.

Y entonces comprendió.

Múltiples veces había oído hablar de hombres que se dedicaban a verter sustancias estupefacientes en las bebidas de las chicas, para anular su voluntad y terminar disponiendo de ellas a su antojo. Las mismas veces que se había asegurado a sí misma que ese tipo de cosas no podrían pasarle nunca a ella, alguien que desconfiaba de los hombres por naturaleza y que nunca bajaba la guardia.

Pálida y asustada, se sentía dentro de un mal sueño.

— Por favor, Akane, dime que no has bebido —Preocupado al no recibir respuesta, apretaba o zarandeaba de vez en cuando sus hombros, para hacerla reaccionar.

— C…creo que no… No estoy segura —fueron las únicas palabras que logró articular.

El joven, no del todo aliviado, la atrajo hacia sí para abrazarla, mientras exhalaba profundamente, mirando hacia el techo. Ella, con la cabeza apoyada en su pecho, pudo notar como el corazón del luchador seguía latiendo a mil por hora. Apenas habían concurrido unos minutos desde que le viera volver del servicio, media hora escasa desde que se habían besado improvisadamente, pero la perspectiva actual de las cosas era tan diferente, que aquello le pareció haber sucedido hacía una eternidad.

La policía no tardó en acudir al recinto tras la llamada de los guardias de seguridad. Después de llevarse al presunto abusador, una agente de paisano quiso hablar a solas con ellos, en una zona tranquila del exterior del recinto. Les comentó que casos como ese solían ocurrir con más frecuencia de lo que la gente pensaba, aunque generalmente las víctimas eran chicas más vulnerables o solitarias. Al hacer hincapié en que el caso de Akane era infrecuente, la joven sospechó que quizá el agresor la había visto llegar sola, pero se guardó esa información para sí misma. La agente también les relató detalladamente qué efectos producía la escopolamina, pero sobre todo explicó a Akane que, al no estar segura de si realmente había llegado a ingerirla, ni de la cantidad que el susodicho podría haber vertido en su vaso, era importante que extremase las precauciones durante las próximas horas. Sus indicaciones fueron: no tomar ciertos medicamentos, no conducir, estar siempre acompañada y, ante la menor aparición de mareo, visión borrosa o pulso débil, acudir de inmediato a un hospital.

Momentos después, parecía bastante obvio que no iban a regresar al interior del local, aunque ninguno de los dos había dicho nada aún. Akane seguía en shock. Acababa de escapar a una situación que podría haberle dejado secuelas de por vida, pero para ella, lo peor era que se sentía como una verdadera idiota. Primero por no haberse dado cuenta de nada y, segundo, por haber llegado a pensar que el crudo enfrentamiento se debió a un ataque de celos de Ranma. Para él, la prioridad en aquel momento era velar por el bienestar físico y emocional de su compañera, tarea que asumió de buen grado, pues le ayudaba a no tener que pensar en cómo podría haber terminado todo aquello si el atacante no hubiese sido descubierto.

—¿Quieres que te acompañe a casa? ¿Buscamos a tus amigas? Dime, ¿qué necesitas? Ya has oído que no deberías quedarte sola. — Ranma necesitaba una pista sobre cómo actuar. Quería quedarse con ella, cuidarla, pero no era una decisión que pudiese tomar unilateralmente.

Por primera vez desde el incidente, Akane volvió a mirarle a los ojos, para hablarle con sinceridad:

— Ranma, ahora no me encuentro con fuerzas ni con ánimo para compartir esto con nadie. Ni siquiera sé si podré contarlo en el futuro. Tú ya has hecho más que suficiente y no quiero abusar, pero…, si no te importa... ¿te quedarías conmigo hasta que esto termine? Sé que puedo confiar en ti.

— No seas tonta. Eso no tienes ni que pedirlo. Ya te he dicho, que me pidas lo que necesites.

— Quiero irme de aquí, por favor.

— No hay problema, buscaremos un sitio tranquilo. Pero, y tus amigas, ¿no estarán buscándote?

— No te preocupes, yo me encargo de eso.

— Pues no hay más que decir. Vámonos.


El apartamento que Ranma compartía con sus compañeros de la universidad, en el barrio de Shimokitazawa, se encontraba a solo unos diez minutos a pie del recinto de la celebración. En circunstancias normales, no se habría planteado llevar a Akane hasta allí, pero no se le ocurrió nada mejor y, además, estaba seguro de que ninguno de sus otros habitantes estaba en casa. Recordaba perfectamente que al comenzar la temporada, el entrenador les había prometido que si conseguían el objetivo de puntos marcado antes de Navidad, terminarían de after en su propia casa el día de la fiesta de patrocinadores. Ante aquella oferta, los luchadores se habían empleado al máximo en sus combates y al entrenador no le había quedado más remedio que cumplir con su palabra.

La vivienda no era un alojamiento para estudiantes al uso, ni por ubicación ni por dimensiones. Tampoco era ningún secreto que la Waseda trataba bien a sus deportistas, especialmente los de último año y más aún, los luchadores; de ahí que el grupo de Ranma disfrutara de un apartamento con estancias amplias y bien equipadas. Para él, lo mejor de aquel apartamento era el salón, completamente abierto a la cocina, pero que además ofrecía unas vistas excepcionales de Tokyo, gracias a sus grandes ventanales.

Aquella visión impresionó a Akane nada más cruzar el umbral. Con la estancia aún a oscuras, era un espectáculo contemplar el millar de luces que adornaban la ciudad desde la considerable altura del apartamento.

— Bienvenida a mi humilde morada.

— Madre mía, ¡menuda panorámica tenéis aquí!

— Ponte cómoda —le ordenó mientras le ofrecía un par de zapatillas de casa —, ¿te apetece un té?

— Sí, por favor, necesito entrar en calor. — A pesar de que la habitación estaba bien caldeada, ella prefirió conservar el abrigo puesto.

Se encontraba bastante cansada, pero el poder desprenderse de los botines de tacón fue un regalo que le ahorró la necesidad de sentarse y le permitió comenzar a recorrer la habitación en silencio, como quien visita un museo.

Y algo de museo tenía aquella colección de trofeos y medallas, videojuegos, fotos de viajes y competiciones. El conjunto le daba una pista de cómo había sido la vida de su ex-prometido los últimos cuatro años. Quizá una vida no muy diferente de la de cualquier estudiante universitario, pero que le hacía sentir un pellizco en el estómago, por todo lo que había vivido y disfrutado sin ella.

Cuando la tetera empezó a silbar, ella se quitó el abrigo y se dirigió a la cocina. Mientras se acomodaba en uno de los taburetes de la barra que separaba la cocina del salón, él se dedicó a servir el té con pulcritud, casi como un artista del cha-no-yu . Llevaba las mangas de la camisa recogidas hasta el codo, por lo que Akane pudo advertir de nuevo la constelación de cortes que había sufrido al caer tras la barra.

— Ranma, por Kami, ¿pero tú te has visto el brazo?

—¿Qué? ¿Esto? —preguntó indolente, mientras giraba el brazo izquierdo para poder ver la parte inferior— Esto no es nada.

—Dime ahora mismo dónde está el botiquín y siéntate ahí — le señaló el otro taburete en un tono que sonaba más castrense que preocupado. Por lo que a Ranma no le quedó más remedio que obedecer al instante.

Poco después, Akane se esmeraba en tratar todas aquellas heridas con un bastoncillo impregnado en desinfectante, intentando molestarle lo menos posible. Ranma seguía atentamente cada detalle de la "intervención", mientras ella le sujetaba el brazo con delicadeza. Entonces recordó la cantidad de veces que lo había atendido así en el pasado y fue consciente del mucho tiempo que había pasado desde la última vez. Ya había asumido que los momentos de intimidad de ese tipo con ella no iban a volver, por lo que, sintiéndose de nuevo afortunado, tuvo la necesidad de manifestarlo, a su manera:

— A pesar de todo lo que ha pasado, me alegro de que nos hayamos encontrado esta noche.

Al notar que comenzaban a arderle las mejillas, la chica se alegró de tener su cabellera añil cubriéndole la mitad de la cara, pues seguía inclinada sobre el brazo de su "paciente".

— Yo también me alegro. —Ojalá me atreviera a decirte que he dejado a mis amigas para venir aquí a pasar la noche contigo— Ha sido una suerte que estuvieras allí cuando ese indeseable… —Tú y tu manía de estar siempre salvándome de todo y de todos— Por cierto, aún no te he dado las gracias por eso y también por quedarte ahora conmigo.

— No hay por qué darlas, lo hago encantado. —Yo siempre te protegeré, pero me aterroriza pensar qué podría haber pasado si no llego a tiempo.— Además, tú también me ayudaste antes, con otra "amenaza".

— Por favor, no te burles, eso no es comparable. De todas formas, te pido disculpas por haber sido tan descarada —pero es que no estaba dispuesta a compartirte con nadie.

— No te disculpes, por favor, no tiene importancia. —Sí que la tiene, y mucha. Ese beso ha sido como volver a casa, como si todo este tiempo hubiera estado buscando mi lugar, porque ningún beso en estos cuatro años ha estado a la altura. Y ahora sé que eres la única persona con la que quiero hacerlo durante el resto de mi vida— Me muero por volver a besarte. —¿Eso lo he dicho en voz alta?

La expresión de sus ojos, abiertos de par en par, delataba que verbalizar aquel pensamiento no había sido algo intencionado. Akane, que acababa de terminar con el vendaje del brazo, levantó la vista, incrédula, para encontrarlo con la palma de la mano tapándose la boca. Avergonzado, intentó resarcirse:

—P… por favor, no lo tengas en cuenta. Es tarde, ya no sé ni lo que digo.

Ella se incorporó del asiento y avanzó con paso decidido hacia donde él seguía sentado, para colocar sus rostros cara a cara:

—Adelante, Ranma. Dame un beso. —Sumergida en el infinito azul de sus ojos, pudo percibir cómo las pupilas del joven se dilataban hasta alcanzar un fulgor rutilante.

Como notaba su pulso completamente desbocado, el joven de la trenza optó por actuar con cautela. Ya que ella no se había andado por las ramas, no le quedaba más remedio que dar la talla. Necesitaba que ese beso fuera inigualable pero, sobre todo, necesitaba deleitarse en él con sus cinco sentidos.

Automáticamente se puso en pie, quedando patente su robusta figura, que ahora sobresalía más de un palmo sobre la de su compañera. Iniciado el camino hacia sus labios, posó su mano derecha sobre el rostro de la chica, para acariciarlo y elevarlo sutilmente, como mostrándole el camino. Y entonces la besó con dulzura, los labios apenas entreabiertos, mientras un cúmulo de sensaciones embriagaba su percepción: el tacto sedoso de su mejilla, el olor de su piel, la calidez de su respiración, el sabor de su boca…

Apenas rematado el beso, no pudo evitar dejar su frente apoyada levemente sobre la de Akane, cuyos labios dibujaron inmediatamente una tímida sonrisa, de la que él también se contagió sin necesidad de abrir los ojos.

A su entender, había salido genial. Se encontraba bastante satisfecho por el resultado de aquel beso, que se había propuesto ejecutar a la perfección y esperaba una reacción o comentario por parte su compañera. Pero había algo que le chirriaba. La joven, reticente a una prematura separación, parecía no haber dado por finalizado el trámite y daba la impresión de que, para ella, aquello no había hecho más que empezar.

Sus sospechas se confirmaron cuando sintió cómo la joven colocaba los brazos alrededor de su cuello y volvía a buscar su boca serenamente, pero con determinación. Él correspondió al abrazo de inmediato, aferrándose resolutivo a su cintura y recibiendo con agrado el apasionado beso de Akane, que se agarraba a él, mientras hundía los dedos entre su pelo.

En ese instante a Ranma le dió un vuelco el corazón. Acababa de tomar conciencia de hacia donde se estaban dirigiendo y de las consecuencias que el acto acarrearía. Se encontraban cruzando la línea que convertía un beso inocente en algo mucho más serio, pero no le importaba que Akane fuese una chica "comprometida", ni que aquello afectase a su relación. Al fin y al cabo no le correspondía a él entrar en esa valoración. Lo que sí le preocupaba era cuál sería su propia situación emocional cuando todo hubiese finalizado. Si se había pasado meses sin poder quitársela de la cabeza tras una serie de encuentros inofensivos, ¿cómo soportaría su corazón separarse de ella después del nivel de conexión que estaban compartiendo aquella noche? Pero tenía que ser pragmático y no dejar que un futuro incierto estropease el sueño que estaba viviendo. Estaba seguro de que terminar aún más colgado de ella era un precio que valía la pena pagar.

Por eso continuó besándola con anhelo mientras recorría delicadamente su espalda, acariciando con las yemas de los dedos las regiones que la apertura trasera del vestido dejaba expuestas o atrapando su azulada cabeza entre las palmas abiertas de sus manos, para evitar cualquier mínimo distanciamiento, mientras devoraba cada rincón de su boca.

Ella, por su parte, se deleitaba con la situación. No solo porque acababa de caer en la cuenta de cuánto había echado de menos sentirle así, sino porque todo lo ocurrido era el fruto de una decisión personal y, a pesar de los inconvenientes, se las había arreglado para alcanzar su objetivo. Si, esporádicamente, algún atisbo de desasosiego asomaba a su mente, como la imposibilidad de conseguir pasar página después de lo que estaba sintiendo aquella noche, hacía desaparecer ese pensamiento con premura, para volver a dedicarse a los labios de Ranma.

La cuestión comenzó a tomar un cariz mucho más ardiente cuando él colocó ambas manos bajo el trasero de la chica y en un movimiento que pareció ensayado, la ayudó a coger impulso para levantar todo su cuerpo y acomodarla a horcajadas alrededor de su fibrosa cintura. La forzada contorsión exigió que el corto vestido de Akane terminase ascendiendo varios centímetros para evitar rajarse, dejando al descubierto su piernas bien esculpidas, para que su agradecido compañero pudiera entonces palparlas con apetito.

—¿Quieres ver mi habitación? —Aunque le costó un mundo dejar de besarla para hablar, sintió que era conveniente expresar con palabras sus intenciones, aunque fuese a través de un eufemismo.

—Lo estoy deseando— le susurró ella, sin apenas interrumpir el contacto entre sus labios.

Akane aprovechaba la altura que le brindaba su nueva situación, para continuar con aquel beso infinito, mientras sus cuatro extremidades se agarraban a la fornida espalda de Ranma desde aquella posición privilegiada. El peso de la joven parecía un lastre insignificante para el luchador, a juzgar por la agilidad con la que se aproximó hacia la zona de los dormitorios llevándola en volandas. Siguieron avanzando, entrelazados, hasta que la oscuridad del pasillo, únicamente iluminado por la tenue luz que recibía desde la cocina, terminó engullendo la silueta, ahora singular, del abrazo de ambos ex prometidos.


Hola a todos. Espero que la vida os esté tratando bien. En primer lugar me gustaría pedir disculpas por haberme tomado tantísimo tiempo (¡años!) en actualizar. Aún así, estoy contenta de haberlo retomado y espero de corazón que el capítulo sea de vuestro agrado. Si es así, consideradlo un regalo de año nuevo.

Este capítulo ha salido más corto, sobre todo porque no he visto oportunidad de incluir ningún flashback que resultase trascendente para la historia. Pero también porque he creído que sería interesante parar justo ahí y dejar algo del encuentro entre nuestros chicos, para el siguiente capítulo.

También tengo que agradecer a todos los que habéis comentado positivamente los capítulos anteriores, porque habéis jugado un papel muy importante en mi decisión de retomar este fic.

Gracias, de nuevo, a Cassio, por dejarme partir de la maravillosa historia que ella desarrolló en UCLO.

Y, por último, agradezco (aunque creo que no soy la única) al estudio Mappa por su fabuloso remake del anime, que me ha permitido revivir, por enésima vez, la historia de Ranma y Akane y recordarme lo enamorada que sigo estando de estos personajes. Así, he podido recuperar este capítulo que mis circunstancias personales me hicieron aparcar hace casi 4 años, con motivación y ganas de hacerlo bien.

Un saludo,

Pocolate.