Capítulo 2

Una mansión vacía y una familia destruida

Un año después...

8 de junio de 1921, 8:00 AM: estoy en la orilla de un rascacielos en Gotham. Observo la gran metrópolis enfrente mío. El aire causa que mi capa ondule y a la vez toca mi mentón. Es una noche tranquila, apropiada para la fecha; hoy se conmemora la muerte de mi madre y... mi padre. Suspiro mentalmente al simple pensamiento de mi padre bastardo. Prefiero ignorar el pensamiento y levanto mi vista hacia una obra de construcción cercana. Una grúa está apagada a 3 metros de distancia, cerca de un edificio a 1 metro de distancia. El aire es idóneo; las corrientes podrán acercarme lo suficiente. Sujeto los bordes de mi capa con fuerza, los ato a esta con correas y extiendo mis brazos para que esta, alcance su máxima longitud. Como alas, se levanta grandes e imponentes. Respiro profundamente... y salto. Me deslizo por el aire; la distancia se reduce de 3 metros a 1. Las brisas se reducen; caigo. Muevo mi brazo rápidamente hacia mi cintura y saco mi pistola de gancho. Empiezo a caer, apunto a la grúa y disparo. El gancho, tal como lo predije, se amarra a la grúa. Quedo colgando y presiono el botón para retraer la cuerda. Todo esto sucede en un par de segundos; salgo disparado hacia adelante y aterrizo en la cima de esta. Estoy 9 metros sobre el suelo. El edificio antes mencionado se encuentra a 1 metro de distancia. Puedo llegar a él planeando, y es lo que hago. Llego al edificio y—¡Ayuda! — un grito femenino se escucha cerca de unos callejones. Me acerco al borde del edificio. —Vamos, hermosa, entregan el bolso y esto no llegará a más—. El criminal acerca a su cuello un cuchillo; un batarang se incrusta en su mano antes de que haga algo. El hombre mira asustado su mano; sabe lo que significa. Voltea hacia mí, me aseguro de que me vea y yo lo miro directamente a los ojos, retándolo a intentar algo. Él suelta el bolso de la mujer y corre del callejón. La mujer recupera su bolso y sale, al igual que el ladrón, corriendo del callejón. Otra vez estoy solo y decido llamar al Batmóvil.

Alfred recorría la mansión realizando sus actividades diarias: limpiando las telarañas, trapeando los pisos, como lo había estado haciendo durante los últimos años de su vida. Aún recordaba cómo había llegado a la mansión. Era joven, se había mudado de Inglaterra a los Estados Unidos con la esperanza de convertirse en actor. No tenía un hogar ni una casa propia donde quedarse. Afortunadamente, su padre se le había adelantado a la idea de mudarse a los Estados Unidos y lo había invitado a la casa en la que trabajaba como mayordomo. Sin más opción, aceptó. El lugar era peculiar, en él vivía una familia rica, muy rica, pensaba Alfred mientras recorría la mansión, dirigiéndose hacia una habitación específica. El eco de sus pisadas resonaba en todo el pasillo hasta que llegó a su destino: una gran puerta se posaba frente a él. Alfred estiró sus brazos hacia la puerta, sintiendo la espesa y rígida textura de la madera.

—Hggg—exclamó el mayordomo por el esfuerzo de abrir la pesada puerta. Detrás de esta, había una gran e imponente habitación llena de numerosos retratos que cubrían casi por completo las paredes. Enfrente suyo, unas escaleras conducían a un retrato más grande y ominoso: el retrato familiar de los Wayne. Había cuatro personas en él: los padres y los hijos. Alfred se acercó al cuadro para distinguirlo mejor. A simple vista, las dos personas que más resaltaban eran los adultos de la foto, Thomas Wayne Sr. y Martha Wayne. Abajo de ellos se encontraban los miembros más pequeños de la familia en el momento en que fue tomada la foto: Bruce Wayne, de ocho años, y su hermano mayor, Thomas Jr., de doce años. Era una pena que su familia no fuera tan unida como se veían en las fotos.

Alfred se alejó y empezó a limpiar la habitación mientras recuerdos inundaban su mente. Recordó cuando llegó por primera vez a la mansión Wayne. Su padre le había dicho claramente que no viviría allí gratis, que si quería quedarse en lo que su carrera como actor despegaba, tendría que ganarse el techo con el sudor de su frente, trabajando como mayordomo, más específicamente, como aprendiz de mayordomo. "Vaya enredo en el que me he metido", pensó Alfred.

El primer día fue un poco impactante. El hermano mayor, Thomas, era retraído, por así decirlo, sin mencionar que era grosero y altanero, igual que su padre, Thomas Sr. Supo qué tipo de hombre era Thomas Sr. el día que vio cómo azotaban al pequeño Thomas Jr. durante más de dos horas por haber cometido un error en una tarea de matemáticas. Los lloridos del niño se oían por toda la casa. Alfred había intentado intervenir, pero su padre lo detuvo y le dijo que, si hacía algo, solo empeoraría la situación. Fue entonces cuando Alfred vio a Martha, asustada y aún embarazada, y supo que necesitaban su ayuda. Martha era una mujer retraída, afectada por su esposo. Alfred siempre se preguntó cómo alguien así terminó casada con ese hombre; posiblemente fue un matrimonio arreglado, como era común en las élites de Gotham.

—Hggg—exclamó el mayordomo por el esfuerzo de abrir la pesada puerta. Detrás de esta, había una gran e imponente habitación llena de numerosos retratos que cubrían casi por completo las paredes. Enfrente suyo, unas escaleras conducían a un retrato más grande y ominoso: el retrato familiar de los Wayne. Había cuatro personas en él: los padres y los hijos. Alfred se acercó al cuadro para distinguirlo mejor. A simple vista, las dos personas que más resaltaban eran los adultos de la foto, Thomas Wayne Sr. y Martha Wayne. Abajo de ellos se encontraban los miembros más pequeños de la familia en el momento en que fue tomada la foto: Bruce Wayne, de ocho años, y su hermano mayor, Thomas Jr., de doce años. Era una pena que su familia no fuera tan unida como se veían en las fotos.

Alfred se alejó y empezó a limpiar la habitación mientras recuerdos inundaban su mente. Recordó cuando llegó por primera vez a la mansión Wayne. Su padre le había dicho claramente que no viviría allí gratis, que si quería quedarse en lo que su carrera como actor despegaba, tendría que ganarse el techo con el sudor de su frente, trabajando como mayordomo, más específicamente, como aprendiz de mayordomo. "Vaya enredo en el que me he metido", pensó Alfred.

El primer día fue un poco impactante. El hermano mayor, Thomas, era retraído, por así decirlo, sin mencionar que era grosero y altanero, igual que su padre, Thomas Sr. Supo qué tipo de hombre era Thomas Sr. el día que vio cómo azotaban al pequeño Thomas Jr. durante más de dos horas por haber cometido un error en una tarea de matemáticas. Los lloridos del niño se oían por toda la casa. Alfred había intentado intervenir, pero su padre lo detuvo y le dijo que, si hacía algo, solo empeoraría la situación. Fue entonces cuando Alfred vio a Martha, asustada y aún embarazada, y supo que necesitaban su ayuda. Martha era una mujer retraída, afectada por su esposo. Alfred siempre se preguntó cómo alguien así terminó casada con ese hombre; posiblemente fue un matrimonio arreglado, como era común en las élites de Gotham.

Cuando Bruce nació, Alfred sintió la responsabilidad de proteger al niño y ayudarlo a distanciarse de su padre. Intentó ayudar también a Thomas Jr., pero este estaba tan cegado por la necesidad de obtener la aprobación de su padre que simplemente le dijo: "¡Cállate, idiota!" y se fue. En ese momento, Alfred abandonó su sueño de convertirse en actor y, tomando el deber que siempre lo caracterizó desde su época en el ejército británico, decidió proteger a esa mujer y a esos niños. Con su ayuda, Martha se distanció de su esposo al punto de que básicamente vivían divorciados; no hablaban, ni siquiera se veían.

Durante toda la infancia de Bruce, Martha pasaba la mayor parte del tiempo con la hermana de Thomas, una mujer amable que falleció hace relativamente poco. Se podría decir que fue una niñera para Bruce mientras Martha trabajaba. Intentaron atraer a Thomas Jr. al círculo familiar, pero él se resistía. Para él, ayudar a su madre era una traición a su padre, e incluso llegó a llamarla "puta", un insulto que devastó a Martha esa noche.

Luego, cuando Bruce cumplió ocho años, en uno de esos pocos momentos felices que tuvo la familia, Thomas Sr. decidió llevarlos al cine, específicamente a ver La Máscara del Zorro. Sin embargo, al salir del cine y regresar al auto, los padres fueron asesinados, y los dos niños presenciaron la tragedia. Cada uno tomó un camino muy diferente después de ese fatídico día.

Cuando Bruce cumplió los dieciocho años, decidió participar en la Primera Guerra Mundial, donde fue reportado como desaparecido en combate. Sin embargo, regresó en 1918 y empezó su cruzada como Batman. Durante ese tiempo, Thomas Jr. se convirtió en el rey del crimen más poderoso de Gotham, mientras Alfred observaba desde la distancia. Thomas se encargó de mantenerlo alejado a él, a su tía y a toda su familia. Se encerró en la mansión y despidió a Alfred.

Cuando Bruce volvió, debido a que la herencia era compartida, Thomas no había tomado en cuenta que su hermano volvería. Decidió relegarlo al lugar más alejado posible de la dirección de la empresa familiar, poniéndolo bajo la supervisión de un viejo amigo de sus padres, Lucius Fox, específicamente en la zona de avances tecnológicos. Con toda la tecnología que Lucius había estado desarrollando en secreto, Bruce se convertiría en la mayor pesadilla de Thomas, cazándolo y destruyendo su imperio criminal. Eventualmente, Thomas fue atrapado por la policía y en la desesperación de perderlo todo saltaría de un barranco antes de ser atrapado.

"Lo que le pasó a esta familia es triste", pensó Alfred mientras terminaba de limpiar la habitación y salía por el gran marco de la puerta, cerrándola detrás de él, esperando no tener que volver a limpiarla

en mucho tiempo.