Capítulo 3
EL MURCIÉLAGO VUELVE A LA CUEVA
La silueta del Batmóvil, oscura y amenazante, se desliza entre las sombras como un depredador nocturno cazando en las vacías calles de Gótica. Su chasis largo y aerodinámico parece diseñado para desafiar cualquier obstáculo en su camino. A medida que toma velocidad, se convierte en un borrón de metal negro, apenas perceptible en la penumbra, con la única excepción de los destellos ocasionales de los faroles que atraviesa. Cada reflejo fugaz revela destellos de su capó alargado, casi como una extensión de la misma oscuridad.
Cuando el Batmóvil se acerca a una curva cerrada, reduce la velocidad, y el rugido de su motor retumba como un trueno. Las llantas giran en un derrape controlado, rozando el borde de la calle mientras el auto se alinea con precisión milimétrica. Este breve momento permite ver los detalles del vehículo: el negro mate del capó, que absorbe la luz como un vacío, y las dos figuras en forma de alas de murciélago que decoran la parte trasera. Entre ellas, un gran propulsor circular emana un brillo azul eléctrico, listo para impulsar el vehículo hacia su siguiente destino. La maquinaria vibra con un poder latente.
El auto vuelve a incorporarse a la carretera y continúa su recorrido hacia las afueras de Gótica, específicamente al bosque donde se encuentra la entrada más cercana a la cueva. A estas horas, el conductor no suele tomar esta ruta, ya que normalmente las patrullas no se extienden tan tarde. Batman sigue una estricta rutina para mantener su identidad en equilibrio con la vida pública de Bruce Wayne. Ya no era como en esos primeros días, cuando se encerraba junto a Alfred, consumido por su identidad como Batman, atacando a criminales y destruyendo cargamentos ilegales. Ahora, Bruce Wayne es una figura consolidada en Gótica y, si quiere reparar el apellido de su familia del daño causado por su hermano, debe mantenerse descansado y saludable.
El asfalto bajo las ruedas del vehículo se transforma en tierra a medida que el Batmóvil se adentra en el oscuro y espeso bosque. El auto reduce considerablemente la velocidad y avanza entre los árboles, el crujido de piedras y tierra resonando bajo sus ruedas. Aunque está diseñado principalmente para las calles, el Batmóvil parece adaptarse al terreno. Comparado con las callejuelas más sucias de Gótica, este camino no le supone un gran desafío. Finalmente, el auto se detiene frente a una pared rocosa, cubierta de musgo. La roca comienza a elevarse lentamente hacia arriba, revelando un túnel oscuro y tenebroso. El Batmóvil enciende sus faros, iluminando el pasillo y continuando su recorrido hacia el interior de la cueva.
El túnel no es largo; después de unos cinco minutos, se abre en una gran cueva en forma de domo, una de las muchas extensiones de una antigua cueva que Bruce convirtió en su base de operaciones tras mudarse a la mansión, luego de la muerte de su hermano thomas. Bruce la encontró por primera vez cuando era niño, unas semanas antes de la tragedia, mientras exploraba los terrenos de la mansión. Jugando, dio un mal paso sobre unas tablas viejas y podridas, y descubrió la cueva que años después sería su refugio y centro de operaciones.
La puerta del Batmóvil se abre hacia arriba, y el conductor desciende, revelando una figura cubierta con una capucha azul que oculta completamente su rostro, salvo su mentón. Donde deberían estar los orificios para los ojos, hay una tela blanca que cubre la zona, dándole una expresión permanentemente fruncida. Lo que más resalta es la capa que recubre sus hombros y cae hasta sus pies. Al igual que la capucha, es de un profundo azul y termina en pequeños triángulos, imitando las puntas de las alas de un murciélago.
El torso y los brazos están cubiertos por una tela gris elástica que resalta su musculatura. En el centro del pecho, el emblema de un murciélago azul se encierra en un círculo amarillo. Al final de los brazos lleva guantes azules con tres cuchillas triangulares sobresaliendo de cada uno. La parte inferior del traje se complementa con un cinturón amarillo, mientras que la zona de la cintura está cubierta por una tela azul similar a unos calzoncillos. Las piernas siguen el mismo tono gris del torso, y se completan con unas botas azules que le otorgan estabilidad y poder.
Batman observa su cueva. Es un espacio modesto, no tan grande y con mucho potencial para mejorar, pero es suyo. El lugar está compuesto por una mesa llena de objetos variados: batarangs, prototipos de la pistola de gancho, bombas de humo a medio hacer, y una pizarra con planos de las calles y túneles de Gótica. A unos dos metros, se encuentran unas vitrinas elevadas sobre una plataforma metálica.
Batman centra su atención en las vitrinas y comienza a moverse hacia ellas. En la primera, hay otro traje de Batman, casi idéntico al actual, pero en tonos negros en lugar de azul. No es demasiado interesante; fue el primer traje que diseñó, un par de mallas que poco o nada lo protegían. A diferencia del traje actual, este solo es una reliquia de sus primeros días.
La segunda vitrina es más robusta, pero está vacía, con un simple maniquí. Es la vitrina destinada a su traje actual.
En la tercera vitrina, se encuentra un traje formal de color verde, decorado con signos de interrogación. En la cabeza del maniquí, un sombrero verde combina con un antifaz del mismo color que cubre los ojos y la nariz. Es el traje de Edward Nigma, conocido por los medios como "El Acertijo", un asesino en serie que dejaba cartas burlonas con acertijos en cada escena de sus crímenes. No es el traje original; solo el antifaz le perteneció realmente al Acertijo, el resto es una réplica que Batman guarda como trofeo, un recordatorio de su progreso en su misión. Fue el comisionado Gordon quien le pidió ayuda para descifrar los complejos enigmas y encontrar al asesino, un evento que disminuyó la insistencia de Gordon en perseguirlo como vigilante.
-Amo Bruce... -Una voz cansada y con un bostezo lo saca de sus pensamientos.
-¡Alfred! -dice Batman, con una voz grave y áspera, ligeramente sorprendida-. ¿Sigues despierto?
Su voz se calma un poco, pero mantiene ese tono agresivo.
-No hasta hace poco... -responde Alfred con un toque de molestia y cansancio-. Las alarmas de la cueva me despertaron -agrega, aclarando su voz-. Además, va a necesitar ayuda para retirarse el traje correctamente. Y por favor, cambie su tono de voz; no está en las calles de Gótica.
Dijo esto último con un tono de orden y una pizca de enojo.
Batman esbozó una leve sonrisa mientras llevaba sus manos hacia su cabeza para retirarse la capucha, revelando el rostro de un hombre que solo puede describirse como un adonis: mandíbula firme, ojos azules penetrantes y una piel pálida, ligeramente humedecida por el sudor tras la intensa noche. Bruce se dirigió a la vitrina vacía y colocó la capucha en su lugar. Alfred se acercó con una toalla en mano, y Bruce la tomó agradecido, comenzando a secarse el rostro mientras el cansancio se hacía evidente en su mirada.
Alfred, sin perder el hábito, se posicionó detrás de Bruce para ayudarlo a quitarse la capa. Desabrochó con cuidado los seguros que unían la prenda a los hombros, dejando que cayera con un suspiro fatigado al notar el peso de la capa. La colocó en una silla cercana. Ahora, el traje de Batman quedaba reducido a una combinación de mallas y guantes; debajo, se empezaban a asomar placas de protección. Alfred volvió a colocarse a su espalda, deslizando el cierre del traje, mientras Bruce aflojaba las placas blindadas y las colocaba en el maniquí con calma, como si cada pieza fuera parte de una armadura sagrada que merece respeto.
-Gracias, Alfred. Puedes ir a descansar -dijo Bruce en un tono más calmado y menos áspero, reflejando un momento de paz tras una larga jornada.
-Espero que no piense quedarse despierto toda la noche, señor -respondió Alfred, con preocupación en la voz.
-No te preocupes, Alfred, esta vez estoy demasiado cansado hasta para eso -aseguró Bruce, intentando calmar a su leal amigo.
Alfred lo miró con escepticismo, pero asintió, resignado, mientras se retiraba hacia las escaleras en espiral que llevaban a la mansión. Bruce permaneció en la cueva unos minutos más, en silencio, rodeado de sombras y sus pensamientos, antes de decidir que era momento de subir a la superficie. Ya eran las 11:39.
Una vez en la mansión, se sirvió un whisky y se colocó una bata para estar más cómodo. Se dirigió a su estudio, donde encendió la chimenea; esta noche era especial. El 8 de julio no era solo su cumpleaños, sino también el aniversario de la noche en que perdió a su madre... y a su padre, recordó, con una nota amarga en su mente, apenas opacada por los primeros efectos del alcohol.
Bruce se acomodó en un sofá frente a la chimenea, la cual iluminaba tenuemente el estudio. Encima del fuego había un televisor encendido en silencio, cuyo ruido blanco acompañaba la soledad de la habitación. Levantó el brazo en el que sostenía la botella de whisky y, con una voz cansada y un toque de ironía, exclamó:
-Feliz cumpleaños... a mí.
Dio un largo trago directo de la botella, permitiendo que el cansancio y el alcohol lo arrastraran lentamente hacia el sueño
