Near quedó devastado después de que Beyond le exigiera que tendría que acompañarlo a él, Mello y Matt a la próxima fiesta de la luna. Bajó las escaleras del sótano casi deambulando, como si se tratara de un fantasma. Sentía náuseas de tan solo pensar en pasar una noche en una de esas fiestas repletas de gente inocente. Gente a la que Beyond trataba deliberadamente como comida, sin ningún tipo de reparo ni escrúpulos.
Esperó encontrar palabras de aliento en Elle, el líder del grupo y el único que podría hacerle frente a Beyond en sus ideas disparatadas. Creyó que estaría en el laboratorio, sentado en su silla predilecta, frente a los tubos de ensayo, como solía estar Elle cada día. Pero cuando entró al sótano vio que no estaba ahí, y los tubos de ensayo que siempre estaban perfectamente guardados en pequeños espacios de un cubículo, estaban desparramados en el suelo, rotos y con su líquido chorreando las baldosas.
Near arrugó el entrecejo. Tuvo un mal presentimiento. Pensó en subir las escaleras y preguntarle a Mello si lo había visto, pero después del enfrentamiento que acababa de tener con Beyond decidió que sería mejor quedarse encerrado en el laboratorio de Elle. No quería ver a Beyond a la cara. Además, supuso que ni Mello ni Matt sabrían adónde podría llegar a estar Elle. Mello estaba llorando como una magdalena en su habitación por haber matado a alguien durante su transformación y Matt… Matt seguramente ni siquiera habría llegado a la Wammy todavía, lo haría a la noche y después de cansarse de tener una juerga tremenda.
El sonido del teléfono del laboratorio empezó a sonar e hizo que Near sufriera un sobresalto. Caminó hacia él y, dubitativo, atendió.
—¿Diga? —habló Near con tono imperante.
—Near, soy Elle. —Inmediatamente después de oír su voz, Near bajó la guardia, sintiendo un alivio tremendo—. El instinto me dijo que estarías en el laboratorio buscándome.
—Y te dijo bien —murmuró el albino—. ¿Dónde estás, Elle? ¿Y por qué aquí está todo roto?
—Larga historia… —el tono de voz de Elle descendió bruscamente—. Me atraparon Near. Me tiene la policía.
El cerebro de Near hizo click en un segundo. Creía entender todo sin necesidad de que Elle le explicase. Las fiestas de la luna de Beyond habían trascendido a niveles públicos difíciles de evadir, y como Elle había participado de ellas, era obvio que la gente que había logrado escapar con vida acabaría yendo a atestiguar con la policía.
—Alguien te reconoció —murmuró Near.
—Así es.
—Esta conversación está siendo escuchada por más personas, ¿no?
—Correcto —respondió Elle respirando con profundidad. El pelinegro miró hacia sus costados. Estaba en el cuarto de las confesiones, dentro de la jefatura de policía estatal de Londres, sentado en un escritorio de mármol y con el detective Marsh frente a él, mirándolo con desconfianza—. Near, te he llamado por un asunto importante: necesito que me digas exactamente cuándo va a ser la próxima luna llena. Lo anoté en mis apuntes —dijo, lamentándose internamente por siempre ser tan desordenado. Temió que Near no fuera a entender su desorden.
Near exhaló con tristeza.
—Elle, el problema es que está todo roto, incluidos tus papeles.
Entonces fue que Elle entró en la cuenta de que luego de que lo arrestaran, Beyond volvió al laboratorio para terminar de destruir todo en cuanto había estado trabajando.
—Maldita sea con ese tipo, ¡voy a matarlo! —gruñó Elle de manera gutural. El detective se removió en su silla al escucharlo—. Near… —dijo, recobrando la compostura—. ¿Creés que puedas averiguar tú mismo cuándo será la próxima luna llena?
Near resopló. Nunca se le había dado bien el cálculo de los equinoccios y los hemisferios Norte y Sur, sumado que como Elle era siempre el que entendía con exactitud los movimientos de la luna, jamás se había tenido que preocupar por calcular él mismo esa información.
—Voy a intentarlo, Elle, pero no te aseguro nada —respondió con desánimo en la voz.
—Sé que puedes hacerlo, eres inteligente. Creo en ti —dijo aquel con seguridad—. Escucha con atención: en un año la luna realiza trece recorridos en torno a la tierra y hace un giro en veintiocho días aproximadamente, pero como la tierra avanza en su recorrido solar, a los veintiocho días hay que sumar un día y medio para que se repita la misma fase entre sol, tierra y luna. Sujeta lápiz y papel que te diré exactamente el cálculo que debes hacer para saber con exactitud el día y la hora.
—¡Joder! —graznó Near mientras se restregaba los ojos. Ya avecinaba que tendría un día dificilísimo de cálculos matemáticos y coordenadas que, para colmo, debía ocultar de Beyond, Matt y Mello. Tendría que encerrarse en el sótano bajo llave.
Luego de que Elle le explicara fue momento de despedirse.
—Te llamaré a esta misma hora mañana, ¿de acuerdo? —dijo Elle—. Por cuestiones obvias no puedes llamar tú a la jefatura de policía.
Hubo un silencio mutuo.
—De acuerdo —dijo Near, no supo si saludarlo o no, pero dado que iba a hablar con Elle al día siguiente y que debía ponerse a trabajar cuanto antes, decidió colgar sin más.
Al quedar a solas otra vez recordó las palabras de Elle y reflexionó en ellas. Haberle expresado su apoyo incondicional, además de lo mucho que siempre confiaba en él, había logrado incentivarlo e inspirarlo lo suficiente como para que Near se sintiera motivado a realizar casi de inmediato los primeros bocetos de un calendario lunar que, seguramente, iría a tomarle todo el día.
Cuando Matt llegó finalmente a la Wammy, se dio cuenta de que la casa lucía mucho más sombría de lo habitual. Subió las escaleras a duras penas, casi teniendo que obligar a sus propios pies a que caminaran, porque le dolía tanto el cuerpo que ni eso podía hacer. Mientras tanto se sujetaba la cabeza, porque sentía una jaqueca terrible que no le permitía ni pensar.
Le resultó extraño que del segundo piso no se escucharan alaridos de Mello peleando con Near. Se acercó a la puerta de la habitación que compartía con su amigo, este estaba sentado de cuclillas en la cama, agarrándose las rodillas con las manos, y mirando hacia abajo, con las córneas perdidas en algún punto inexistente de sus cavilaciones.
—¿Qué tienes? —le preguntó Matt, parado en el umbral de la puerta. Mello levantó un poco la mirada. La hinchazón de sus ojos azules era tanta que parecía haber llorado toda la madrugada. Tenía los ojos rojos y las ojeras abultadas.
—No quiero hablar —respondió Mello cortante, y con la voz afónica. Desvió la mirada enseguida.
Ya suponía Matt por qué se encontraba así de frágil. Seguramente habría matado a alguien durante la fiesta de la luna la noche anterior, y conociendo a Mello y lo cambiante que podía llegar a ser a veces, eso seguramente lo habría dejado en estado de shock.
—Vamos, Mello, era obvio que algo así iba a pasar y tú fuiste quien insistió hasta el hartazgo para ir —dijo de brazos cruzados y enarcando las cejas, con una expresión de completa incomprensión—. ¡Solo mataste a una persona! Nada más.
—¿Nada más…? —preguntó, mirándolo a los ojos lleno de consternación—. ¡Merezco morir por eso!
—Oh, vamos, no seas idiota —rezongó Matt, rodando los ojos—. Debí haber sabido que esto pasaría. Jamás tendría que haberle insistido a Beyond para que te dejara ir. ¡Eres tan jodidamente bipolar!
Mello lo escuchaba, pero las palabras que pronunciaba Matt parecían no llegar a su consciencia. Su concentración estaba ocupada con recuerdos del cuerpo mutilado de Brian, su sangre en las sábanas, su sonrisa inocente que se había esfumado de su cara y él mismo había sido quien se la había arrebatado.
Y Matt tenía razón. La noche anterior había estado deseoso de concurrir a la fiesta de la luna y de experimentar por primera vez qué se sentía comer corazón humano. Y ahora no hacía otra cosa que pensar en las palabras de Near y creer que tenía toda la puta razón del mundo: no te animarás a matar a nadie, Mello. Finges que lo tienes todo bajo control, que eres fuerte y que puedes tomar ese tipo de decisiones, pero tú y yo sabemos que no eres como Matt o Beyond. No eres un asesino.
"Maldito Near", pensó Mello. "Siempre es como si tuvieras la bola mágica. Puedes ver a través mío incluso hasta mejor que yo". Su pensamiento hizo que se ruborizara de pies a cabeza.
Otra vez estaba pensando en Near… de esa manera.
—Yo creo que maté como a tres —soltó Matt, y con una falta de decoro que causó arcadas en Mello—. Iré a darme una ducha.
Pero antes de que el pelirrojo se volteara, Mello susurró por lo bajo:
—Elle creó una fórmula para evitar la transformación… Y Beyond se encargó de destruirla.
Demasiada información para la poca atención que podía prestar Matt a esas horas de la mañana y después de haber pasado una noche alocada.
—¡¿Qué…?!
—Como oíste. Y es real porque Near no se transformó anoche. Acabo de ver al enano y estaba de punta en blanco. No tiene arañazos ni está lastimado —concluyó con la misma expresión de sorpresa que Matt.
"No caben dudas… Elle es un genio" pensó Mello.
—¿Qué hay de Elle?
—Si Near no se transformó, supongo que tampoco Elle.
—¿Dónde están ellos ahora?
—En el sótano, seguramente —supuso, encogiéndose de hombros.
Golpearon a la puerta repetidas veces hasta que escucharon la voz aquejada y monótona de Near.
—Ya va —dijo el albino desde adentro del laboratorio, con su típico tono plano y carente de cualquier emoción—. ¿Quién es? —preguntó, desconfiado.
—Nosotros, ¿quién más? —dijeron Mello y Matt al unísono.
Sin embargo Near no abrió la puerta. Los segundos pasaron sin respuesta.
—Anda, déjanos entrar.
—No. Son órdenes estrictas de Elle. Únicamente yo puedo estar aquí adentro.
Matt enarcó una ceja, se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras.
—Voy a darme una ducha. Ni siquiera voy a preocuparme por fingir que esto me interesa, si Beyond rompió el frasco, entonces supongo que ya no debe quedar más de la "pócima mágica" —alegó Matt, dibujando las comillas en el aire—. ¡Además, me vale madres! Ni que estuviera interesado en dejar de ser un licándotropo. —Subió las escaleras de regreso al living y trabó la puerta que daba al sótano, dejando a Mello a oscuras en el pasillo.
Mello suspiró. Apoyó la frente contra la puerta del laboratorio y habló, sintiendo profundamente cada una de sus palabras.
—Near, soy yo… —su voz había sonado quebrada y dolida—. Déjame entrar, por favor.
Escuchó que unos pasos se acercaban. Near se apoyó de espaldas contra la puerta.
—¿Por qué debería? —preguntó, fría y descarnadamente.
Y tenía razón, de hecho. Él mismo reconocía que todas las veces que se topaban, trataba a Near como escoria. ¿Merecía realmente que lo perdonara? Peor aún: ¿estaba seguro de querer pasar tiempo con él?
Se formó un silencio expectante que Mello rompió siendo desgarradoramente honesto.
—Porque eres la única persona con la que necesito y quiero estar ahora —dijo, casi al punto de las lágrimas. Hasta él mismo se había sorprendido de su confesión y de lo sincero que había sonado.
—¿A pesar de lo que me dijiste anoche antes de que fueras a la fiesta? —preguntó Near, todavía sin romper la distancia que los dividía.
Mello repensó. Hizo fuerza para hacer memoria, dado que los traumas de lo vivido con Brian le habían anulado un poco la claridad mental. Se sujetó la cabeza con una mano.
—Sí, Near —musitó—. Olvida todas las estupideces que dije, ¿de acuerdo?
Maldita sea, se insultó a sí mismo internamente por estar dejando ver una faceta suya que a él mismo le dolía aceptar. Una faceta demasiado sumisa que, por más que intentara taparla bajo un manto de frialdad oscuro, siempre había estado ahí. Y era como si Near aceptara esa debilidad que él mismo se esforzaba en ocultar.
Se preguntaba si no era exactamente eso lo que le agradaba de Near.
La puerta se abrió de repente. Mello se corrió un paso hacia atrás y miró con sorpresa al albino, que asomaba la cara por la ranura. Su cara pálida sin expresión y sin ningún tipo de sorpresa o alegría por verlo del otro lado, la misma cara que Mello nunca podía evitar mirar sin sentir esas estúpidas mariposas en el estómago.
—¿Sabes algo de las fases de la luna? —le preguntó Near con voz neutra, y sonrió de lado.
