Un fantasmagórico amor

Capitulo VI

Secreto

Twilight respiró profundamente, haciendo todo lo posible por mantener una actitud calmada y amable frente a la niña que flotaba frente a ella, por más intimidante e irrisorio que eso era para su mente aún cuando lo estaba viendo con sus propios ojos. Estaba asustada, pero no podía permitir que la niña de la tiara lo notara. La "fantasma" si Twilight se decidía a catalogarla así, con su tiara reluciente, la observaba con un gesto de desdén y una postura que destilaba impaciencia.

Twilight respiró profundamente, tratando de calmarse y mantener una actitud amable, aunque la actitud de la fantasma frente a ella comenzaba a irritarla.

La niña, con su característico tono impaciente, aunque con un deje de algo que después Twilight podría entender cómo una suerte de respeto, le habló:

—Me alegra ver que ya no eres una ratona asustada —comentó la niña, cruzándose de brazos con un aire de superioridad.

Twilight sintió un leve tirón de molestia en el pecho. ¿Ratona? El apodo le resultaba particularmente irritante, sobre todo porque últimamente parecía haberse vuelto un tema recurrente. Primero sus amigas la habían llamado ratona de biblioteca, luego esa chica Trixie insistía en llamarla "ratoncita". Ahora esta niña fantasmal parecía unirse a la lista de personas que veían en ella esa comparación. A pesar de su incomodidad, respiró profundo y respondió con cortesía.

—Gracias… supongo. —Twilight suavizó el tono para mantener la calma—. Pero me gustaría saber qué necesitas o en qué puedo ayudarte.

—No puedo decírtelo—dijo la niña, cruzándose de brazos y alzando una ceja—. ¿Vas a ayudarme o no?

Twilight tragó saliva, intentando controlar su tono. "¿Qué se supone que debo hacer si ni siquiera me dices en qué necesitas ayuda?"

—Estoy dispuesta a ayudarte, pero necesito que seas más específica. No puedo hacer nada si no me dices qué es lo que necesitas —replicó Twilight, esforzándose por sonar razonable.

La niña bufó, claramente molesta. Sus ojos se entrecerraron y, por un momento, Twilight creyó que iba a recibir una respuesta. En cambio, la fantasma simplemente flotó unos centímetros más cerca, su mirada perforante fija en Twilight.

—Es un secreto —declaró con un tono cortante—. No puedo decírtelo. Y si no puedes entender eso, entonces no eres tan lista como dicen.

La sangre le hirvió a Twilight ante el comentario. Cerró los ojos por un segundo y apretó el agarre en la cerámica de la tina, sentía que iría a romper la bañera en cualquier momento. Contando hasta tres antes de responder, habló con un tono molesto pero sin levantar la voz.

—¿Por qué es un secreto? Si me necesitas, al menos deberías confiar en mí lo suficiente como para decirme algo.

La niña no respondió de inmediato. En lugar de eso, su figura comenzó a brillar tenuemente. Un destello sutil recorrió su cuerpo y, para sorpresa de Twilight, su atuendo cambió en un instante. La tiara seguía allí, pero ahora parecía fuera de lugar sobre su nuevo aspecto. La niña vestía un hoody gris que le colgaba hasta las caderas, acompañado de una falda negra que apenas rozaba sus muslos. Llevaba medias de red y botas estilo militar de un verde oscuro que parecían pesadas y desgastadas. Su cabello, antes arreglado con esmero, caía lacio y sin vida sobre sus hombros. El maquillaje que llevaba era exagerado, con sombras negras que oscurecían sus ojos y un labial que parecía desteñido, como si lo hubiese aplicado sin cuidado.

Twilight frunció el ceño, desconcertada. El cambio de aspecto era tan abrupto que le resultaba casi perturbador. Sin embargo, no pudo evitar sentir una punzada de curiosidad.

—¿Por qué…? —empezó a decir, pero la niña la interrumpió.

—No importa —murmuró con frialdad, evitando el contacto visual. Su tono parecía cargado de resentimiento, como si hablar con Twilight fuera un esfuerzo inútil.

Twilight sintió que su paciencia llegaba al límite. Sus manos temblaban ligeramente mientras intentaba controlar su impulso de exigirle respuestas. Había algo en aquella niña que la confundía, que la hacía sentir que estaba lidiando con algo mucho más complicado de lo que aparentaba.

—Bien. Pero insisto, si realmente necesitas mi ayuda, deberías confiar en mí lo suficiente como para explicarme qué está pasando —dijo finalmente, cruzándose de brazos en un gesto defensivo.

La niña no respondió. En su lugar, se giró lentamente, como si se preparara para desaparecer, pero solo se quedó ahí, dándole la espalda a Twilight.

Twilight exhaló profundamente, tratando de calmar los nervios que amenazaban con desbordarse. La niña simplemente permanecía allí, de espaldas a ella, inmóvil pero emanando un aire de irritación. No era una situación que Twilight hubiera esperado después de un día tan agitado, pero sabía que perder la calma no le ayudaría.

Yendo en contra de su propio juicio y sintiendo que lo que estaba a punto de hacer era el equivalente a firmar un contrato son leerlo primero, suspiró y decidió optar por la parte de la negociación.

—Está bien —dijo finalmente, suavizando su tono—. Te ayudaré, pero con una condición.

La niña giró apenas la cabeza, lo suficiente para indicarle que estaba escuchando, aunque su actitud seguía siendo distante.

—Déjame terminar de bañarme —continuó Twilight—, luego iré a disculparme con mis amigas y a explicarles lo que está pasando…quizás, aún no lo decido. Pero quiero que me esperes y que lo hagas sin más apariciones repentinas que puedan asustarme o hacer que los demás piensen que estoy loca. Si puedes prometerme eso, te ayudaré sin hacer preguntas.

La niña permaneció en silencio por un momento, como si estuviera evaluando si las condiciones eran razonables. Finalmente, habló con un tono menos cortante, aunque todavía algo desafiante.

—¿Lo prometes?

Twilight asintió, consciente de que estaba aceptando algo que probablemente complicaría aún más su ya caótica vida.

—Mientras no sea nada ilegal o que me meta en problemas, lo prometo.

La niña finalmente se giró para mirarla, y su vestimenta cambió de nuevo. La luz que la rodeaba parpadeó un instante, y su atuendo anterior se transformó en algo más neutral: un suéter sencillo de color crema, jeans azules y zapatillas blancas. El cambio le dio un aire más accesible, casi humano, aunque su expresión seguía siendo algo altiva.

—Está bien —dijo la niña, alzando ligeramente la barbilla—Trato hecho.

Twilight extendió la mano hacia ella para cerrar el trato, esperando no arrepentirse de su decisión.

—Mi nombre es Twilight Sparkle. ¿Cómo te llamas?

La niña la miró con cierta cautela antes de aceptar el apretón de manos. Su piel se sentía fría, pero el contacto era sorprendentemente sólido.

—Diamond Tiara —respondió simplemente, sus labios curvándose en una sonrisa que Twilight no pudo descifrar del todo.

—Bueno, Diamond Tiara —dijo Twilight mientras retiraba la mano y regresaba a la ducha—. Espero que este sea el inicio de algo que tenga sentido eventualmente.

Diamond Tiara no respondió, pero la intensidad en su mirada sugería que sus razones eran mucho más profundas de lo que Twilight podía imaginar.

Con todo arreglado (aparentemente), y como si el trato hubiera incluido una cláusula de efecto inmediato, Diamond desapareció en el aire frente a los ojos de Twilight no sin antes pronunciar una última declaración.

—Entonces te veré después, señorita médium ratona asustada.— y se esfumó .

Hubo silencio en el baño donde Twilight no escuchaba más nada que el sonido de su propia respiración y su palpitar aún acelerado.

Twilight suspiró mientras destensaba sus manos que le dolieron como si hubieran estado agarrotadas por algún tiempo. Tenía que aprender a controlar ese impulso de apretar las manos.

Volvió a suspirar mientras se desvestía por completo y se metía en la tina, dejando que el agua caliente envolviera su cuerpo cansado. Cerró los ojos por un momento, intentando apartar la sensación de estar siendo observada, aunque la idea de que los fantasmas pudieran verla incluso en ese momento la inquietaba. Se cubrió el pecho con las manos y miró rápidamente alrededor del baño, buscando alguna señal de presencia más allá de lo visible, recordando de manera vaga el incidente en la enfermería.

"¿Médium?" pensó Twilight al recordar la ultima frase de Diamond, dejando que la palabra revoloteara en su mente. Era algo que siempre había asociado con charlatanería, con gente aprovechándose de los demás por dinero. ¿Estaba realmente dispuesta a considerar que tal vez ella era… algo así? El concepto de comunicarse con el más allá, de ser una especie de puente, era tan extraño como aterrador. Pero las pruebas estaban ahí, insistentes, imposibles de ignorar.

Intentó concentrarse en el calor del agua, en cómo sus músculos se relajaban lentamente, pero la incomodidad de sentirse vigilada no desaparecía del todo. Twilight volvió a mirar alrededor, murmurando un leve "Por favor, díganme que no están aquí ahora…", como si eso fuera suficiente para proteger su privacidad.

En la planta baja, la atmósfera era tensa. Rarity sostenía una escoba con una mezcla de frustración y resignación mientras Spike trataba de coordinar el rescate del celular que había terminado debajo de la estufa.

—¿Por qué siempre me pasan estas cosas? —gruñó Rarity, frotándose la frente—. Primero el choque, ahora esto. ¡Y esa multa, ugh! ¿Cómo explicaré esto?

—Tal vez podrías empezar por "Fue un día complicado" —respondió Spike, ofreciéndole una sonrisa tranquilizadora mientras se arrodillaba junto a ella—. Al menos no fue un desastre mayor.

Rarity lo miró de reojo, suspirando con cierta irritación, aunque la presencia de Spike parecía calmarla un poco.

—Gracias por el apoyo, Spike. Pero si no conseguimos ese celular, podría ser el verdadero desastre.

Spike movió la escoba con cuidado, tratando de alcanzar el dispositivo mientras Pinkie Pie observaba desde la distancia con una mezcla de curiosidad y nerviosismo.

—¿Sabes? Esto no fue tan malo como lo que pasó con Twilight hace rato —comentó Pinkie, intentando animar el ambiente—. ¡Aunque sigo sin entender qué fue lo que vio!

—Ni yo —admitió Fluttershy en voz baja, abrazando a Angel Bunny—. Pero lo importante es que está bien… ¿Verdad?

Rarity apretó los labios, evitando mirar directamente a las demás. La verdad era que seguía preocupada por Twilight, incluso más de lo que estaba dispuesta a admitir. Pero con Spike cerca, se sentía un poco más capaz de lidiar con todo. Aunque, claro, eso no hacía desaparecer el celular atrapado.

—¡Cuidado, Spike! —dijo de repente Rarity mientras el chico metía la mano más allá de lo necesario—. No quiero que termines con un corte por mi culpa.

—Lo tengo bajo control —respondió él, sacudiendo un poco la escoba—. Solo necesito un poco más de… ¡Ah, aquí está!

El celular salió finalmente, lleno de polvo pero intacto. Spike lo sostuvo como si fuera un trofeo, y Rarity soltó un suspiro de alivio. "Al menos algo salió bien hoy", pensó. Pero en el fondo, sabía que lo de Twilight aún era una incógnita que tendrían que resolver.

Spike se dejó caer en el sillón con un suspiro largo y frustrado, estirando los brazos detrás de su cabeza. Las demás chicas, cada una sumida en sus pensamientos, se acomodaron en los asientos de la sala con una sensación general de inquietud. El ambiente estaba cargado de tensión que nadie parecía querer abordar directamente, hasta que Applejack rompió el silencio.

—Oye, Rarity —dijo, rompiendo la incomodidad con cautela—, ¿tu celular está bien? ¿No se dañó con todo ese relajo?

Rarity se alisó la falda con elegancia antes de responder, aunque su tono era un poco más exasperado de lo habitual.

—Sí, está bien… por ahora. Pero estoy segura de que si vuelve a caerse, será el fin. Este aparato ya no tiene otra oportunidad.

Rainbow Dash, que había estado moviéndose inquieta en su asiento, de repente se levantó con una explosión de energía.

—¿¡En serio!? —gritó, mirando a todos con incredulidad—. ¿De verdad vamos a ignorar al elefante en la habitación?

El silencio que siguió fue tan pesado como incómodo. Las miradas se desviaron hacia cualquier lugar menos hacia Rainbow, quien bufó con frustración y volvió a dejarse caer en su asiento.

—Como quieran —murmuró entre dientes, cruzándose de brazos.

Applejack suspiró, frotándose el puente de la nariz mientras intentaba calmar el ambiente.

—Mira, Rainbow, yo también quiero saber qué rayos le pasa a Twilight. Pero cuando se trata de algo relacionado con la mente o la psique de alguien, no puedes simplemente exigir respuestas. No funciona así.

—Yo también estoy preocupada —añadió Pinkie Pie en voz baja, su habitual alegría apagada por una evidente tristeza—. Me pone triste no saber qué le pasa a Twily. Pero entiendo que necesita tiempo para contarnos. Aunque me gustaría saberlo tanto como tú, Dashie.

Rainbow bufó de nuevo, aunque esta vez fue más un susurro entre dientes.

—Nos tomamos muchas molestias por ir a buscarla. Rarity recibió una multa, y todas dejamos lo que estábamos haciendo para estar aquí. Lo mínimo que podría hacer es darnos una buena explicación, ¿no?

Spike, que había estado escuchando en silencio hasta ese momento, se sentó más derecho en el sillón.

—No creo que sea tan fácil para ella —dijo con voz calmada, aunque había un matiz de cansancio en sus palabras—. Si Twilight supiera cómo explicarlo, ya lo habría hecho. Tal vez ni siquiera sabe cómo empezar.

Rarity, aunque molesta por la referencia indirecta a su multa, asintió con la cabeza.

—Spike tiene razón. Twilight no es del tipo que se guarda cosas porque sí. Si está siendo reservada, es porque tiene una buena razón. Lo mejor que podemos hacer ahora es apoyarla en lo que sea que esté enfrentando, incluso si no entendemos del todo.

Rainbow frunció el ceño, pero esta vez no dijo nada más, resignándose a esperar. El grupo permaneció en silencio unos momentos, el ruido ocasional del viento golpeando las ventanas llenando el vacío mientras cada una reflexionaba sobre lo que Twilight podría estar pasando.

————

Twilight se ajustó el suéter con manos temblorosas, sentada al borde de su cama en su habitación, mientras su cabello aún húmedo caía desordenadamente sobre sus hombros. Había pasado los últimos minutos intentando encontrar palabras, frases, algo que pudiera explicar de manera coherente lo que estaba sucediendo sin arriesgarse a parecer una lunática. Su mente volvía una y otra vez al hombre del traje y al maletín y a sus metáforas sobre la verdad y sobre qué tal vez debía aceptar una realidad que le parecía más que absurda. Sus palabras tranquilas frente a una situación tan caótica y su actitud impasible que, de alguna manera, le habían otorgado claridad o al menos un poco de sentido. Pero, ¿cómo iba a mencionar eso sin que la cuestionaran aún más?

Un escalofrío recorrió su espalda, y su mirada escudriñó el cuarto con rapidez, buscando señales de que alguien —o algo— estuviera allí observándola. Era un pensamiento irracional, lo sabía, pero no podía evitarlo. Sus dedos jugueteaban nerviosamente con el borde del suéter mientras trataba de calmarse.

"No hay una forma correcta de hacer esto, Twilight," se recordó a sí misma, respirando profundamente. "Solo diles algo… cualquier cosa que suene plausible."

Finalmente, se levantó, sus pasos hacia la puerta más lentos de lo que le gustaría admitir. Cada escalón de la escalera parecía alargarse infinitamente mientras intentaba improvisar una excusa creíble o encontrar la valentía para decir la verdad. Para cuando llegó al último peldaño, podía escuchar el murmullo de sus amigas desde la sala. El sonido la hizo detenerse por un instante, apretando los puños mientras sentía cómo su corazón latía con fuerza contra su pecho.

Desde donde estaba, podía distinguir sus voces:

—…y no estoy diciendo que no quiera entenderla, pero esto ya se está saliendo de control —decía Rainbow Dash, su tono una mezcla de frustración y preocupación.

—Tenemos que ser pacientes, Dashie —respondió Pinkie Pie con suavidad, aunque incluso ella sonaba menos optimista de lo usual—. Twilight necesita nuestro apoyo, no más presión.

Twilight cerró los ojos un momento, sintiendo de repente que quería regresar arriba. Tenía que hacer algo no podía dejar a sus amigas con la intriga a ver hasta donde llegaba todo esto. Debía actuar ahora.

Inhaló profundamente antes de dar los últimos pasos que la separaban del salón, rogando por una respuesta ingeniosa. Al entrar, todas las miradas se giraron hacia ella, y el aire pareció volverse más pesado.

Hubo un momento en que nadie dijo nada, como si de repente hablar estuviera prohibido. Fue Rarity la primera en hablar finalmente, rompiendo el tenso silencio.

—Twilight, querida, ¿estás bien? —preguntó con suavidad, aunque la preocupación en sus ojos era evidente.

Twilight tragó saliva, sintiendo un nudo formarse en su garganta. Miró a cada una de sus amigas, notando las emociones mezcladas en sus rostros: preocupación, confusión, frustración… y quizás un poco de miedo.

—Estoy… bien —respondió al fin, su voz más débil de lo que hubiera querido—. Bueno, no exactamente, pero creo que les debo una explicación.

El grupo permaneció en silencio, esperando que continuara. Twilight tomó aire una vez más, su mente aún luchando por decidir entre la verdad y una mentira convincente.

Twilight apretó los labios mientras el peso de las miradas expectantes de sus amigas se hacía más insoportable. Quería contarles la verdad, quería decirles que el mundo a su alrededor había comenzado a llenarse de figuras que solo ella podía ver, de voces que no podían ser ignoradas… pero las palabras se ahogaban en su garganta. El miedo a ser juzgada, a que sus amigas la miraran con desdén o, peor aún, con lástima, bloqueaba cualquier intento de sinceridad.

Finalmente, se decidió. No podía contarles la verdad, al menos no ahora. Quizás en algún momento en el futuro pero, ahora no podía ser porque aunque quisiera, sabía que si le preguntaban más o le pedían más explicaciones ella no las podría dar porque no las tenía. Era como entregar una tarea a medio terminar.

"Solo di algo, cualquier cosa," pensó desesperadamente.

—Verán… —empezó, forzando una sonrisa tensa—. Todo esto es… por estrés.

Hubo silencio entre sus amigas, pero era un silencio acusador, como si la juzgarán con la boca cerrada, pero Twilight levantó las manos rápidamente para intentar controlar la situación antes de que siquiera empezara a escalar.

—¡Déjenme explicar! —dijo, tropezando con sus propias palabras—. Es… este proyecto en el que he estado trabajando. Es un estudio… sobre el impacto de las alucinaciones inducidas en estados de estrés elevado. ¡Sí! Eso es. Estaba probando un… método experimental en mí misma. Ya saben, para recopilar datos reales. Pero… creo que me sobrepasé un poco.

El silencio en la sala era ensordecedor. Rainbow Dash la miraba con una ceja arqueada, claramente escéptica. Applejack se cruzó de brazos, frunciendo el ceño como si estuviera evaluando cada palabra. Rarity abrió la boca para decir algo, pero finalmente la cerró, aparentemente demasiado confundida como para formular una respuesta.

Fue Pinkie quien rompió el silencio.

—¿Entonces… te estás volviendo loca a propósito? —preguntó, ladeando la cabeza mientras jugueteaba con un mechón de su cabello.

Twilight parpadeó rápidamente, intentando mantener la compostura.

—No loca, Pinkie. Es… investigación científica. Controlada. Eh… todo bajo supervisión, claro.

—¿De quién? —interrumpió Rainbow Dash, su tono claramente incrédulo.

Twilight abrió y cerró la boca varias veces antes de tartamudear una respuesta.

—De… mí misma. Porque… eh… confío en mi propio juicio.

El silencio volvió a caer en la sala, esta vez con un peso aún mayor. Las chicas intercambiaron miradas, cada una mostrando distintos niveles de incredulidad. Finalmente, Applejack suspiró y se rascó la sien.

—Twilight, terroncito, no sé qué demonios estás intentando vendernos aquí, pero eso suena como el cuento más rebuscado que he oído en mi vida.

—Estoy con AJ en esto —añadió Rainbow Dash, señalándola con el pulgar—. ¿De verdad esperas que creamos que te estás alucinando a propósito porque, qué, la ciencia?

Twilight se encogió de hombros, tratando de parecer casual, pero el rubor en sus mejillas traicionaba su incomodidad.

—Bueno, cuando lo dicen así, suena raro, pero…

—Porque es raro —interrumpió Rainbow, cruzando los brazos con fuerza.

—Twilight, querida… —comenzó Rarity, su tono más suave pero no menos desconcertado—. Si hay algo más que quieras compartir con nosotras, algo más… personal, por favor, siéntete libre de hacerlo. Sabes que no estamos aquí para juzgarte.

Twilight bajó la mirada, su garganta apretada mientras el nudo en su estómago se hacía más pesado. No podía seguir con esto, pero tampoco podía retroceder.

—No hay nada más que contar —dijo finalmente, aunque su voz era apenas un susurro.

El grupo permaneció en silencio, y Twilight sintió cómo la tensión en la sala seguía aumentando, cada segundo más insoportable. ¿Cuánto tiempo más podría mantener esta farsa?

Fluttershy que se había mantenido al margen de la conversación habló en un tono bajo, pero con el silencio en la sala todos la escucharon perfectamente.

—Twilight…estás…¿metida en drogas o algo así?

Todos los presentes se sorprendieron de la participación de la pelirosa, y la pobre chica que había formulado la pregunta se encogió en su lugar con la cara roja de la vergüenza de haber preguntado.

—No estoy metida en drogas Fluttershy, jamás le haría eso a mi cerebro o mi cuerpo, además…

—¡Claro!, porque alucinarte a propósito y tener ataques de pánico por stress inducido es mucho más saludable que estar en drogas ¿no?— interrumpió Rainbow Dash con el ceño cada vez más fruncido.

—Es diferente, es investigación científica…—dijo Twilight cada vez menos y menos convencida de lo que estaba inventando de excusa.

El silencio se instauró de nuevo mucho más pesado que la ultima vez. La tensión en el aire se podía sentir y Twilight estaba cada vez más convencida de que no debía haber abierto la boca ni debería haberse pronunciado por su situación.

El silencio en la sala se rompió de nuevo cuando Rainbow Dash se levantó de golpe de su lugar, sacudiéndose los pantalones con movimientos bruscos, cargados de irritación. La expresión de su rostro era una mezcla de incredulidad y decepción, y su mirada apuntaba directamente a Twilight, que no podía levantar la vista del suelo.

—Bueno, fue una gran charla sobre la tontería más grande que he escuchado —dijo Rainbow con un tono mordaz, cruzándose de brazos—, pero claro, ¿qué carajos voy a saber yo? Si la señorita ratón de biblioteca no nos quiere decir qué pasa, no la voy a obligar. Solo sé que nos preocupamos por nada… o al parecer sí es por algo, pero supongo que no somos lo suficientemente inteligentes para entenderlo, ¿es eso, Twilight?

El sarcasmo en sus palabras era como un golpe que resonó en la habitación. Rarity abrió la boca para intervenir, su voz urgente intentando calmar la situación.

—Rainbow, por favor, cálmate…

Pero Rainbow no la dejó continuar, levantando una mano como si físicamente apartara sus palabras.

—Estoy calmada, Rarity —dijo con un tono cortante, aunque claramente no lo estaba.

Luego volvió a mirar a Twilight, quien seguía inmóvil en su lugar, apretando las manos contra su regazo. Rainbow continuó, esta vez con la voz temblorosa, como si cada palabra estuviera cargada de una emoción contenida que amenazaba con desbordarse.

—No tienes ni idea de lo que nos has estado haciendo pasar, Twilight —dijo, sus ojos comenzando a llenarse de lágrimas furiosas—. Hemos pasado meses enteros tratando de averiguar qué te pasa. ¡Meses! Siendo empáticas, preocupándonos por ti, queriendo ayudarte sinceramente y de corazón. ¿Y esto es lo que obtenemos? ¿Una excusa ridícula sobre un experimento absurdo? —Su voz se quebró un momento, pero continuó con determinación—. Me parte el alma que no tengas la más mínima decencia de ser honesta con nosotras.

El aire en la habitación parecía haberse vuelto pesado. Cada palabra de Rainbow era como un martillazo, y nadie se atrevía a interrumpirla. Finalmente, sus ojos se encontraron con los de Twilight, y en su mirada había un desdén que Twilight nunca había visto en su amiga.

—Creí que éramos amigas —dijo Rainbow, su voz bajando un poco, pero cargada de una intensidad feroz—. Pensé que al menos habrías tenido la cortesía de avisarnos si ibas a hacer un experimento tan estúpido, si es que siquiera voy a creer esa idiotez. Pero ya veo que solo fueron imaginaciones mías. Supongo que no eres la única que ha estado alucinando entonces, ¿verdad? Tal vez quieras poner eso en tu estúpido reporte de resultados.

Rainbow se detuvo, su respiración entrecortada, y apartó la mirada cuando un nudo en su garganta le robó las palabras. Sin decir más, caminó hacia la puerta. Nadie se movió para detenerla; incluso Pinkie permaneció en silencio, con los labios apretados en una línea triste. Rainbow abrió la puerta y la cerró con fuerza detrás de ella, el sonido resonando como un eco en la casa.

El silencio volvió a apoderarse de la sala, pero esta vez era diferente, más denso, cargado de tensión. Ninguna de las chicas se atrevía a romperlo, y Twilight sintió el peso de la culpa presionando contra su pecho como una losa.

La quietud en la sala era de todo menos calma. Era un silencio tan pesado que parecía tangible, un peso que aplastaba a todos los presentes. Twilight permanecía de pie en el centro, sintiéndose cada vez más pequeña bajo las miradas de sus amigas. Ninguna de ellas hablaba, pero sus expresiones decían todo: decepción, preocupación, incluso un atisbo de incomodidad. Twilight quería decir algo, pero las palabras no salían, atrapadas en un nudo de emociones que amenazaban con desbordarse.

Applejack fue la primera en moverse. Se levantó del sofá con calma, pero su expresión era seria y decidida. Caminó hacia la puerta mientras tomaba su sombrero y lo acomodaba en su cabeza.

—Voy a hablar con Rainbow —dijo con firmeza, mirando de reojo a Twilight.

Twilight intentó detenerla, levantando una mano como si quisiera pedirle disculpas o explicarse mejor, pero Applejack la cortó en seco.

—Ahorra tus palabras, Twilight. Si no quieres decirnos la verdad, simplemente di que no quieres hablar de eso y ya está. No necesitamos excusas absurdas como esa, ¿de acuerdo? —Applejack se detuvo justo antes de abrir la puerta, volteándose hacia ella con una mirada dura, pero no cruel—. No somos idiotas, ni ingenuas. Nos preocupamos por ti de verdad, ¿sabes?, estuve a siete milisegundos de pelearme a los golpes por defenderte de alguien que habló mal de ti en la escuela por tu pequeño escándalo en el patio. Si no hubiera sido por el profesor Cranky, habría tenido detención por defenderte y asegurarles a todos que estás perfectamente y que no estás loca y que hay una razón perfectamente razonable para todo lo que experimentaste. Y todo esto… esto no está bien. Piensa en eso.

Sin esperar respuesta, Applejack salió, cerrando la puerta con un suave clic. Afuera, las voces de Rainbow y Applejack comenzaron a escucharse, con esta última intentando convencer a su amiga de que no era seguro irse a esas horas. Sus tonos eran firmes, pero no hostiles.

Twilight permaneció inmóvil, sintiendo que todo su cuerpo temblaba ligeramente. Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, pero no podía dejar que cayeran. Si abría la boca, sabía que se rompería completamente, y no estaba segura de si sería capaz de volver a recomponerse.

Rarity, Pinkie y Fluttershy seguían allí, pero ninguna parecía saber qué hacer o decir. Rarity, quien usualmente tomaba el liderazgo en situaciones tensas, simplemente cruzó los brazos, claramente debatiendo si decir algo o no. Pinkie miraba a Twilight con tristeza, como si quisiera abrazarla, pero también parecía dudar, temiendo que su gesto pudiera empeorar las cosas. Fluttershy, como era típico en ella, permanecía en silencio, con una expresión de preocupación profunda.

Finalmente, Twilight se dejó caer en una silla cercana, cubriéndose el rostro con ambas manos. No tenía palabras, ni fuerzas para explicar lo que sentía. Solo sabía que todo estaba desmoronándose, y no tenía idea de cómo detenerlo.

Se quedó un momento con las manos cubriendo su rostro, intentando contener los sollozos que aún se escapaban de forma involuntaria. El sonido de la puerta abriéndose la sobresaltó ligeramente. Bajó las manos lentamente y miró hacia la entrada, donde Applejack apareció jalando del brazo a una Rainbow Dash evidentemente contrariada y muy molesta.

Rainbow tenía los ojos rojos e hinchados, las lágrimas todavía resbalaban por sus mejillas mientras trataba de evitar mirar a cualquiera en la habitación. Su postura era rígida, con los puños apretados a los lados, claramente deseando no estar allí.

Applejack cerró la puerta tras ellas, soltando un suspiro cansado antes de dirigir su mirada a Twilight. El ambiente se tornó pesado nuevamente, casi parecía turbulento y a punto de estallar.

Twilight, al verlas entrar, tomó una decisión repentina. Se levantó lentamente, todavía algo inestable por las emociones que la habían arrollado, y comenzó a caminar hacia las escaleras. Sus pasos resonaron en el suelo de madera, pero justo al pasar junto a Applejack y Rainbow Dash, se detuvo un momento. Sin mirarlas directamente, dijo en un tono bajo y cargado de autocrítica:

—Todo esto fue una tontería…

Applejack y Rainbow intercambiaron miradas rápidas, sus expresiones reflejando una mezcla de acuerdo y molestia. Aunque Twilight no parecía querer provocar ninguna reacción en ellas, sus palabras resonaron en la habitación como una verdad incómoda. Twilight levantó brevemente la mirada hacia Rainbow, pero al ver que esta no respondía más que con un gesto de desaprobación, simplemente siguió adelante.

Sin esperar que alguien dijera algo, subió las escaleras rápidamente, sus pasos ahora más apresurados. Cuando llegó a su cuarto, cerró la puerta detrás de sí y se dejó caer contra ella, sintiendo que su pecho ardía por la frustración y el miedo. Las lágrimas comenzaron a rodar nuevamente, pero esta vez no intentó detenerlas. Estaba sola, encerrada en el único lugar donde sentía que podía tener algo de control, aunque fuera ilusorio.

Twilight se dejó caer contra la puerta de su habitación, sus piernas perdiendo la fuerza necesaria para sostenerla. Su espalda resbaló lentamente hasta que estuvo sentada en el suelo con las rodillas recogidas contra el pecho. Un sollozo salió de su garganta, seguido de otro, hasta que su respiración temblorosa llenó el silencio de la habitación. Las lágrimas caían libremente por su rostro mientras intentaba cubrirse con las manos, como si pudiera esconderse del peso abrumador de todo lo que la rodeaba.

La impotencia era un nudo apretado en su pecho. Quería gritar, romper algo, exigirle al universo que le explicara por qué la había elegido a ella para cargar con todo esto. ¿Por qué yo? Se preguntó en su mente entre sollozos. No podía ni quería enfrentarse a las miradas de sus amigas. Applejack tenía razón: si no estaba lista para decir la verdad, habría sido mejor quedarse callada en lugar de darles una mentira tan evidente.

El aire en la habitación cambió repentinamente. La temperatura descendió de manera alarmante, un escalofrío recorrió su columna, y Twilight lo supo al instante. No estaba sola.

Intentando recuperar algo de compostura, alzó ligeramente la cabeza y murmuró con voz temblorosa:

—No estoy de humor, Diamond Tiara… vuelve después, por favor.

La respuesta no fue inmediata, pero el frío se intensificó. Twilight sintió un hormigueo en la nuca, esa sensación inequívoca de estar siendo observada. Levantó la vista con frustración, dispuesta a decir algo más fuerte, quizás incluso a gritarle obscenidades a Diamond Tiara. Sin embargo, las palabras murieron en su garganta.

La figura frente a ella no era la de Diamond Tiara. Era la niñita aterradora.

Twilight se quedó paralizada, su corazón latiendo con fuerza dolorosa contra su pecho. Por primera vez, podía observarla de cerca, con más claridad que nunca. Llevaba un uniforme escolar desaliñado, con una corbata tan apretada alrededor de su cuello que parecía asfixiarla. Su cabello violeta estaba despeinado y sucio, enredado en mechones que caían sobre su rostro infantil, lleno de lodo y tierra. Una de sus rodillas estaba pelada, la sangre seca mezclándose con suciedad, y le faltaba el zapato izquierdo. Lo más perturbador, sin embargo, eran sus ojos. Uno de ellos estaba más cerrado, ligeramente hinchado, mientras que el otro permanecía abierto de par en par, demasiado grande para el rostro de la niña.

La niña abrió la boca y habló en un idioma que Twilight no reconoció:

—Sonaduya rovaf rop.

La voz era suave pero resonante, como si viniera de un lugar lejano y profundo. Twilight tragó saliva, sin poder apartar la mirada de esos ojos que parecían perforar su alma. El significado de las palabras era un misterio, pero el tono tenía una cualidad innegable: parecía una advertencia.

Con un esfuerzo titánico, Twilight logró apenas articular palabra:

—¿Qué… qué quieres de mí?

La niña ladeó ligeramente la cabeza, como si considerara la pregunta. Luego, con movimientos lentos, levantó una mano magullada y señaló algo detrás de Twilight.

Twilight giró la cabeza rápidamente, su pulso golpeando sus oídos, pero no había nada. Solo el vacío de su habitación. Cuando volvió la mirada al frente, la niña ya no estaba. Sin embargo, el frío permanecía, y la sensación de ser observada seguía latente, más intensa que nunca.

Twilight dejó caer la cabeza entre las manos, temblando de pies a cabeza. Esto no era una alucinación, estaba segura. Había algo en esa niña que no pertenecía a este mundo, algo que no parecía tener intención de dejarla en paz.

Twilight permaneció en el suelo, su cuerpo temblando mientras sus sollozos iban menguando, agotada de tanto llorar. Las preguntas en su cabeza se repetían sin tregua: ¿Cómo voy a mirarlas otra vez? ¿Cómo puedo disculparme si ni siquiera sé qué decirles? Se sentía rota, atrapada en un círculo sin salida. El frío en la habitación seguía presente, una señal de que algo no estaba del todo bien, pero Twilight estaba demasiado desgastada emocionalmente para reaccionar.

Se envolvió los brazos alrededor de la cabeza, intentando bloquear el mundo exterior, deseando que el tiempo se detuviera para no tener que enfrentarse a nada más. Su mente finalmente cedió al cansancio, y, sin darse cuenta, se quedó dormida, su cuerpo aún apoyado contra la puerta.

No supo cuánto tiempo pasó. Cuando despertó, fue a causa de voces suaves que provenían del otro lado de la puerta. Los murmullos eran bajos pero lo suficientemente claros como para entender fragmentos de la conversación. Su corazón dio un vuelco cuando reconoció las voces de sus amigas y su hermano, Spike, discutiendo dónde dormiría cada uno esa noche.

—Yo puedo dormir en el sofá —dijo Applejack, su tono firme pero apacible.

—¿Y si Rainbow y yo compartimos el futón? Así nadie tiene que dormir en el suelo —propuso Rarity, aunque su voz sonaba preocupada.

—Twilight necesita espacio… tal vez sea mejor no presionarla —intervino Fluttershy, tan suave que casi no se escuchó.

—Sí, pero no podemos dejarla sola. No en este estado —la voz de Spike era firme, cargada de preocupación.

Twilight cerró los ojos con fuerza, el peso de la culpa aplastándola aún más. Sus amigos estaban allí, preocupándose por ella, intentando organizarse para que ella estuviera bien, mientras ella seguía sin poder enfrentarlos, sin poder explicar lo que le ocurría. Se sentía como una carga, un problema que nadie merecía cargar.

Las voces continuaron, pero Twilight no pudo prestarles más atención. Las lágrimas regresaron silenciosamente a sus ojos mientras se daba cuenta de lo profundamente atrapada que estaba en su propia mente. Sabía que eventualmente tendría que salir de su habitación, enfrentarlos, intentar decir algo, pero en ese momento, lo único que deseaba era que el mundo dejara de girar, aunque fuera por un instante.

Twilight se levantó lentamente, el cuerpo rígido y adolorido por haber pasado tanto tiempo en una posición incómoda en el suelo. Apenas se puso de pie, un escalofrío recorrió su espalda, haciendo que sus músculos se tensaran aún más. El dolor punzante en sus manos y el ritmo acelerado de su corazón eran inconfundibles: sabía lo que venía.

Antes de que pudiera reaccionar completamente, una voz familiar rompió el silencio desde detrás de ella.

—Te ves fatal, imagino que la plática con tus amigas fue… ¿todo un éxito?

Twilight cerró los ojos brevemente, un torbellino de emociones apoderándose de ella. Parte de su mente rogaba que no fuera quien temía, pero la otra se sentía aliviada de no estar enfrentándose a la otra figura, la que realmente le helaba la sangre. Lentamente, con el estómago en un nudo, se dio la vuelta y confirmó sus sospechas: Diamond Tiara estaba ahí.

La niña, de pie en medio de la habitación, lucía una versión distinta de su habitual atuendo opulento. Llevaba unos pantalones holgados de satén gris oscuro, combinados con un top de seda blanca con tirantes finos que brillaba ligeramente bajo la luz tenue de la habitación. Encima, una chaqueta corta con detalles dorados y botones pequeños pero llamativos completaba su look. Sus pies, descalzos, contrastaban con la elegancia del resto de su vestimenta, pero su tiara seguía en su lugar, como siempre, reluciente y perfectamente ajustada en su cabello liso y peinado hacia atrás.

Twilight tragó saliva y finalmente logró murmurar:

—Hola…

Diamond Tiara la observó con una mezcla de desdén y paciencia exasperada. No respondió al saludo, pero en su lugar dejó caer la siguiente pregunta con una indiferencia que Twilight reconoció como su forma de ser condescendiente.

—¿Estás lista para irte?

El corazón de Twilight latió con fuerza una vez más. Sus dedos temblaban mientras intentaba encontrar una respuesta, pero sabía que no importaba lo que dijera; Diamond Tiara ya había decidido por ella.

Twilight suspiró profundamente, tratando de calmar el temblor de sus manos. Consciente de que no tenía salida, dijo en un tono resignado:

—Está bien… pero dame un momento, por favor.

Diamond Tiara flotó ligeramente, elevándose por encima de Twilight mientras su chaqueta desaparecía en un destello de luz. En su lugar apareció un hoody negro que le daba un aire más relajado, aunque la expresión en su rostro permanecía igual de seria.

—No tenemos tiempo, Twilight. Es importante que nos vayamos ahora mismo.

Twilight mordió su labio inferior, temerosa pero tratando de encontrar una solución. Miró de reojo hacia la puerta de su habitación, consciente de que sus amigas estaban abajo, probablemente preocupadas por ella, aunque con suerte ya dormidas. Dudó un instante antes de preguntar con voz temblorosa:

—¿Tú… como eres un fantasma, puedes hacer cosas de fantasma? Ya sabes, atravesar paredes, objetos sólidos, ese tipo de cosas.

Diamond arqueó una ceja, y su apariencia cambió nuevamente con un destello más opaco. Ahora llevaba un hoody gris pálido que parecía demasiado grande para su pequeña figura, una falda hasta las rodillas, medias negras y botas militares. Su cabello estaba desarreglado, cayendo en mechones desordenados sobre su rostro.

—Claro que puedo. ¿Qué clase de pregunta es esa?

Twilight tragó saliva, todavía impresionada por los cambios instantáneos en la ropa de Diamond. Le pareció algo digno de un espectáculo de magia de Las Vegas, pero no dejó que su fascinación la distrajera demasiado. Recuperando su línea de pensamiento, murmuró:

—Es solo que… si mis amigas están despiertas, no podríamos salir, jamás me dejarían irme sin hacerme un millón de preguntas al respecto y ya están bastante molestas porque no puedo responder las que ya tienen de por sí. Necesito que… me avises cuando estén dormidas.

El semblante de Diamond Tiara se oscureció aún más, y su atuendo se transformó de nuevo. Esta vez el hoody se volvió negro con detalles en morado oscuro, casi como si reflejara su creciente frustración.

—No soy tu mensajera, Twilight.

Twilight sintió su pecho apretarse, pero reunió el valor suficiente para replicar:

—Si no me ayudas a salir sin que se despierten, no voy a poder ayudarte.

Diamond resopló con molestia y comenzó a flotar alrededor de la habitación, lanzando palabras ininteligibles que parecían maldiciones en un tono bajo pero lleno de rabia. Finalmente, se detuvo frente a la puerta, cruzando los brazos mientras chasqueaba la lengua.

—Está bien, está bien. Te avisaré cuando todo esté despejado.

Twilight dejó escapar un suspiro de alivio y murmuró con un hilo de voz:

—Gracias.

Diamond rodó los ojos antes de desviar la mirada hacia la puerta, manteniéndose alerta mientras Twilight trataba de recomponerse.

Diamond desapareció de la habitación de una manera inquietante, como si el suelo estuviera hecho de agua, hundiéndose en él con absoluta naturalidad hasta desaparecer por completo. Twilight se quedó sola en el cuarto, con su respiración entrecortada mientras su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. Miró hacia el lugar donde la niña espectral había desaparecido y murmuró para sí:

—¿Qué carajos estoy haciendo? ¿A dónde voy a ir con… esa cosa que ni siquiera sé qué quiere de mí? ¿Estoy loca?

Se llevó ambas manos a la cabeza, enterrando los dedos entre su cabello y cerrando los ojos con fuerza. Las preguntas revoloteaban en su mente como murciélagos enloquecidos, chocando unas contra otras sin ofrecerle ninguna respuesta clara.

Se dejó caer en la cama, con el cuerpo todavía tembloroso. No podía evitar preguntarse si había cometido un error al aceptar acompañar a Diamond, pero al mismo tiempo, algo dentro de ella le decía que ya estaba demasiado involucrada como para dar marcha atrás. A pesar de sus dudas, sabía que no podía quedarse inmóvil para siempre.

Pasaron unos cuarenta minutos de un tenso y absoluto silencio antes de que Twilight notara un nuevo descenso en la temperatura. Un frío punzante se extendió por la habitación y, al girar la cabeza, la vio: Diamond había regresado. Esta vez, apareció de pie junto a la puerta, con las manos en los bolsillos de su hoody oscuro y una expresión de impaciencia evidente.

—Todo está despejado —dijo sin preámbulos, sacudiendo la cabeza como si se quitara un peso de encima. Luego cruzó los brazos y añadió, con un tono burlesco—. Aunque no sé cómo sobrevives con un grupo como este.

Twilight la miró con cautela.

—¿A qué te refieres?

Diamond suspiró exageradamente y comenzó a describir, con gestos amplios y un tono burlón, la ubicación de cada una de las amigas de Twilight.

—La gritona está en el sofá grande, ocupando todo el espacio como si fuera un trono. Parece que la velocidad no le sirvió de nada para encontrar una cama decente.

—¿Rainbow Dash? —interrumpió Twilight, tratando de contener un ligero sobresalto.

—Supongo. Luego está la otra, la que parece una princesa perdida, con su cabello todo perfecto incluso cuando duerme, acurrucada en esa butaca incómoda al lado de la lámpara.

—Esa es Rarity…

Diamond continuó, ignorando la explicación de Twilight:

—La vaquera está en el suelo, usando una almohada que parece más una roca. ¿A quién se le ocurre hacer eso?

—Applejack…

—Y la tímida está en un rincón con un montón de cobijas encima, como si intentara desaparecer del mundo.

—Fluttershy.

Diamond hizo un gesto de desdén con la mano antes de concluir:

—Ah, y la que no para de moverse está en la otra esquina, con una pierna colgando del sofá pequeño.

—Pinkie Pie —murmuró Twilight, asintiendo mientras trataba de imaginar la escena que Diamond había descrito.

Diamond rodó los ojos, claramente impaciente.

—Sí, sí, como sea. Lo importante es que están dormidas, y si no te apuras, no hay garantía de que sigan así. Así que, ¿nos movemos o qué?

Twilight respiró profundamente, tratando de calmar sus nervios. Ahora que tenía un mapa mental de dónde estaban sus amigas, podía planear cómo bajar las escaleras y salir sin hacer ruido. Sin embargo, todavía sentía un nudo en el estómago ante la idea de abandonar la casa en medio de la noche con un espectro como guía.

—Gracias por… informarme —dijo finalmente, tratando de sonar menos aterrada de lo que realmente estaba.

Diamond chasqueó la lengua, claramente aburrida.

—No me lo agradezcas, Sparkle. Solo mueve los pies antes de que me arrepienta de ayudarte.

Twilight asintió con firmeza y se dirigió hacia la puerta, cada paso pesado por el miedo y la incertidumbre de lo que estaba a punto de enfrentar.

Twilight respiró hondo, tratando de calmar el temblor en sus manos mientras giraba lentamente el picaporte de la puerta. Con extremo cuidado, la empujó lo justo para abrirla, evitando cualquier sonido que pudiera delatarla. Antes de salir, se aseguró de llevar todo lo necesario: palpó los bolsillos para confirmar que tenía su cartera con algo de dinero, su teléfono celular, y las llaves. También llevaba un pequeño bolso que realmente no tenía mucho dentro: un labial, un espejo de mano, una linterna (que no sabía ni de dónde había salido ni a que hora la había puesto ahí) y unas barras de granola, además de su segunda cartera con una tarjeta de crédito en casos de emergencia.

Satisfecha de estar preparada, cruzó el umbral y cerró la puerta con la misma cautela, sin dejar de mirar hacia atrás como si algo pudiera aparecer de repente.

El pasillo estaba oscuro, iluminado solo por la tenue luz de la luna que se filtraba por las ventanas. Twilight avanzó en silencio, con el peso de la tensión oprimiendo su pecho. Cuando llegó a la escalera, se detuvo en seco. Una inquietud la golpeó: Spike.

No recordaba que Diamond hubiera mencionado nada sobre él, y eso la hizo ponerse rígida. Si Spike estaba despierto o en un lugar inesperado, el riesgo de ser descubierta aumentaba. Dudó un instante, girándose con la intención de buscar a Diamond y aclarar la situación. Sin embargo, al volverse, no había rastro de la niña espectral.

Frunció el ceño, insegura de qué hacer. Dio un paso hacia atrás, considerando regresar al cuarto, pero antes de que pudiera moverse más, Diamond se materializó de golpe frente a ella. Su aparición fue tan repentina que Twilight casi pierde el equilibrio.

—¿Qué estás haciendo? —le espetó Diamond, flotando justo delante de su cara, con los brazos cruzados y un gesto claramente irritado.

Twilight sintió como si todo el aire se le hubiese escapado de los pulmones. Por un instante, no pudo ni moverse ni hablar, congelada por el susto. Su reacción instintiva fue aferrarse al barandal de la escalera, apretando los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Sin embargo, el miedo paralizante también le impidió gritar, algo que en ese momento agradeció.

Cuando finalmente recuperó algo de compostura, susurró con voz tensa:

—¿Puedes bajar la voz, por favor?

Diamond levantó una ceja, claramente divertida.

—¿Por qué? Nadie puede oírme más que tú, genio. Es una de las ventajas de ser médium —dijo con un tono sarcástico, como si le explicara algo evidente a un niño pequeño.

Twilight frunció los labios, incómoda con la forma en que Diamond usaba esa palabra para describirla. Nunca se había sentido menos como una "médium" y más como una víctima. Aun así, decidió ignorar el comentario y centrarse en lo importante.

—No me dijiste dónde está Spike —dijo con firmeza, aunque su voz seguía siendo un murmullo.

Diamond suspiró exageradamente, como si fuera una tarea monumental cumplir con esa solicitud.

—Espera aquí —dijo antes de desaparecer en un destello tenue de luz.

Twilight se quedó sola otra vez, su corazón latiendo con fuerza mientras miraba alrededor nerviosa. Cada crujido de la madera bajo sus pies y cada susurro del viento afuera le hacían pensar que alguien podía aparecer en cualquier momento. Los minutos pasaron con una lentitud exasperante, hasta que finalmente Diamond reapareció, flotando tranquilamente frente a ella.

—El delicioso bombón que tienes por hermano está dormido en su cuarto —anunció Diamond con una sonrisa ladeada.

Twilight sintió que sus mejillas se calentaban instantáneamente, y no de forma agradable.

—¡No hables así de mi hermano! —murmuró en un tono bajo pero severo, reprimiendo un escalofrío ante las palabras de Diamond.

La niña espectral rodó los ojos.

—Oh, relájate. Solo decía lo que es obvio. Aunque… me habría gustado quedarme a verlo un poco más. Pero, en fin, necesitamos irnos ya.

Twilight tragó saliva, aún incómoda por el comentario, pero también aliviada de saber que no tendría que preocuparse por despertar a Spike. Aun así, la presión en su pecho no disminuyó. Su mente seguía dividida entre el miedo a ser descubierta y la incertidumbre de lo que la esperaba afuera.

—Está bien —dijo finalmente, tomando aire para calmarse—. Vamos.

Diamond asintió, su rostro volviendo a adoptar esa expresión impaciente que parecía ser su sello distintivo. Twilight, por su parte, se preparó mentalmente para cada paso que daba, sintiendo como si la casa entera estuviera conspirando para revelar su escape.

Su descenso por las escaleras fue largo y lento, cuidando cada paso en extremo para no llamar la atención de ninguna de las chicas que estaban esparcidas por la sala de estar.

Luego de un camino tortuosamente pausado, por fin pudo llegar a la puerta de entrada y se permitió un momento para suspirar aliviada.

Ahora solo quedaba salir sin hacer ruido y podría empezar su travesía…hacia un lugar que no sabía cuál era siguiendo a una fantasma que apenas y conocía…vaya idea.

Twilight empujó la puerta principal con sumo cuidado, asegurándose de que no emitiera ni un solo crujido, y salió al porche. El aire nocturno la envolvió como un manto helado, haciéndola estremecer. No era simplemente frío; se sentía pesado, como si una presencia invisible impregnara el ambiente. Una vez fuera, dio un paso adelante, dejando que la puerta se cerrara con suavidad detrás de ella, y respiró profundamente para calmarse.

Miró alrededor, buscando a Diamond, pero no la veía por ninguna parte. La tensión volvió a apoderarse de su pecho. Justo cuando estaba por llamar su nombre en un susurro, la voz de la niña rompió el silencio.

—¿Qué esperas? Vamos —dijo Diamond, apareciendo a su lado de repente, como si hubiera estado ahí todo el tiempo.

Twilight casi salta del susto, llevándose una mano al pecho.

—¡Por el amor de Celestia! ¿Puedes dejar de hacer eso? —susurró furiosa, con el corazón latiéndole a toda velocidad.

Diamond no respondió de inmediato. Su aspecto había cambiado otra vez. Ahora llevaba una chaqueta rosa de cuero sintético, una falda a cuadros tinta que apenas le llegaba a las rodillas, botas negras de tacón alto y un maquillaje extremadamente recargado. Twilight parpadeó, tratando de procesar la transformación.

—¿Qué clase de moda de los noventa es esta? —murmuró, y luego añadió en voz alta—. Bueno, ¿a dónde se supone que vamos ahora?

Diamond sonrió, aparentemente orgullosa de su nuevo look, y respondió con tono despreocupado:

—A Rosher Creek 401.

Twilight sacó su teléfono, tecleó la dirección en el mapa y, al ver el resultado, su expresión pasó de la incredulidad al enfado.

—¿Estás loca? ¡Eso está al otro lado de la ciudad! —exclamó, olvidándose momentáneamente de mantener la voz baja.

Diamond arqueó una ceja, sin inmutarse.

—¿Y cuál es el problema?

Twilight cerró los ojos, tratando de mantener la calma.

—El problema —dijo entre dientes— es que no puedes simplemente aparecer en mi casa, casi matarme del susto tres veces y luego pretender que atraviese toda la ciudad por ti.

La sonrisa de Diamond desapareció, reemplazada por una expresión molesta. Su atuendo cambió de nuevo. Ahora llevaba una chaqueta de cuero negra, lentes oscuros que ocultaban sus ojos, unos jeans ajustados y botas igualmente negras, acompañados de una camiseta gris rasgada. Parecía una versión juvenil de un motero rebelde.

—Oh, lo siento, princesa. No sabía que salvar vidas tenía un límite de distancia —replicó con sarcasmo, cruzando los brazos.

Twilight suspiró profundamente, llevándose una mano al puente de la nariz.

—Esto fue una mala idea. No sé qué estaba pensando. —Giró sobre sus talones, dispuesta a regresar a su casa, pero se detuvo en seco al escuchar la voz de Diamond.

—Por favor, no te vayas.

El tono era distinto. No tenía la habitual arrogancia de la niña espectral, sino un deje de vulnerabilidad que hizo que Twilight se detuviera.

—No tengo a nadie más a quien recurrir —continuó Diamond, su voz apenas un susurro—. Tú eres mi única alternativa.

Twilight se giró lentamente para mirarla. La expresión de Diamond era suplicante, pero no de la forma exagerada que usaba para manipular. Esta vez parecía genuino.

—No espero que lo entiendas —añadió la niña—. Aún tienes un corazón latiente. Aún puedes sentir el viento en tu rostro, pero yo ya no.

Twilight se quedó sin palabras, observando cómo Diamond apretaba los puños mientras hablaba.

—No tienes idea de lo que es no poder llorar. De no poder pedirle perdón a alguien a quien lastimaste, porque no importa cuánto lo intentes, no va a escucharte.

El peso de esas palabras cayó sobre Twilight como una losa. A pesar de lo irritante que podía ser Diamond, había algo innegable en su desesperación. No parecía estar haciendo esto por capricho; realmente parecía no tener otra opción.

Twilight bajó la mirada, indecisa. Sus ojos se posaron en Diamond, que en ese momento intentaba tomar delicadamente una flor del jardín. Apenas sus dedos espectrales la rozaron, el pétalo se cubrió de escarcha y se marchitó al instante. La niña apartó la mano con tristeza.

Twilight sintió un nudo en la garganta. Con un suspiro resignado, volvió a mirar su teléfono. La central de autobuses aún ofrecía viajes nocturnos, y por suerte estaban a mitad de precio. Abrió su cartera, revisando lo poco que tenía, y suspiró nuevamente antes de volverse hacia Diamond.

—Está bien. Iré contigo —dijo finalmente, con voz cansada—. Pero esto no significa que me guste o que confíe en ti.

Diamond sonrió, y aunque seguía pareciendo un espíritu altivo, había un brillo de gratitud en sus ojos.

—Eso es suficiente para mí.

Twilight guardó el teléfono en su bolsillo, y juntas comenzaron a caminar hacia la parada más cercana, el viento helado envolviéndolas en el silencio de la noche.

Twilight caminaba apresuradamente, con las manos temblorosas y metidas en los bolsillos de su abrigo, como si aferrarse a los objetos que llevaba consigo pudiera anclarla a la realidad. Miraba alrededor de manera casi paranoica, incapaz de sacudirse la sensación de que alguien —o algo— la estaba observando. Cada farol parpadeante, cada sombra que se alargaba bajo la tenue luz, le hacía apretar el paso.

—¿Puedes dejar de hacer eso? —gruñó Diamond Tiara, quien caminaba a su lado con una expresión de fastidio.

Twilight giró bruscamente hacia ella, su rostro pálido y sus ojos abiertos de par en par.

—¿Hacer qué?

—Eso —replicó Diamond, haciendo un gesto amplio con las manos—. Mirar alrededor como si estuvieras en una película de terror.

Twilight tragó saliva, tratando de mantener la compostura.

—Bueno, perdón si estoy un poco tensa. ¿Qué esperabas? ¿Qué siguiera tranquilamente a un… a un…? —Se detuvo, luchando por encontrar las palabras adecuadas.

—Fantasma —dijo Diamond con una sonrisa cínica, acomodándose la chaqueta rosada de cuero que llevaba puesta ahora, un cambio de atuendo que Twilight apenas registró.

Twilight se estremeció al escuchar la palabra.

—¡Ni siquiera puedo creer que esté haciendo esto! No debería ser posible… los fantasmas no existen.

Diamond se detuvo y giró hacia ella, con las manos en las caderas y una expresión exasperada.

—Bueno, aquí estoy. Lamentablemente para ti, los fantasmas sí existen, y uno de ellos te necesita. Así que, ¿puedes dejar de actuar como si estuvieras viendo un episodio de Zona Fantasma?

Twilight apretó los labios, sintiendo cómo su incomodidad se mezclaba con la irritación.

—Es fácil para ti decirlo. ¡Tú no estás lidiando con todo esto! ¿Sabes lo raro que es tener que mirar a tu alrededor y pensar que alguien podría verme hablando contigo? ¿O peor, que me vean siguiéndote como una loca?

Diamond rodó los ojos y reanudó la marcha.

—Por favor. Nadie te está mirando. Estás tan bajo el radar como un ratón en una biblioteca.

Twilight no estaba convencida, y continuó mirando de reojo a los pocos autos que pasaban por la calle. A medida que avanzaban, notó que Diamond había cambiado nuevamente de atuendo: ahora llevaba una chaqueta oscura con lentes oscuros y jeans ajustados, el maquillaje de su rostro más discreto pero aún llamativo.

Twilight parpadeó, sorprendida, pero decidió no decir nada. ¿Estaba alucinando? ¿O era parte de sus habilidades fantasmales?

—¿Qué pasa ahora? —preguntó Diamond, captando su mirada.

—Nada, solo… —Twilight se detuvo, evitando mencionar el cambio de ropa—. Olvídalo.

Diamond bufó.

—Genial, porque tenemos cosas más importantes que tu crisis existencial.

Twilight suspiró, apretando el teléfono en su mano mientras revisaba el mapa nuevamente.

—Esto sigue siendo una locura. No puedo creer que esté haciendo esto.

Diamond frenó en seco y la miró con una mezcla de irritación y algo más profundo, algo casi vulnerable.

—¿Crees que esto es fácil para mí? ¿Crees que me encanta aparecerme de la nada y pedirle ayuda a alguien como tú?

Twilight se detuvo también, observando cómo la voz de Diamond bajaba un tono, cargada de un peso que parecía arrastrar consigo.

—No tienes idea de lo que es esto, ¿verdad? —continuó Diamond, con los puños cerrados—. No puedo hacer nada por mi cuenta. No puedo cambiar nada, ni siquiera tocar algo sin destruirlo. ¿Sabes lo que daría por sentir el viento otra vez, o por… no sé, simplemente existir como antes?

Twilight se quedó en silencio, sorprendida por la intensidad en las palabras de Diamond. Por primera vez, vio algo más allá de la actitud arrogante de la chica: una profunda tristeza que parecía consumirla desde dentro.

—Yo… no lo había pensado así —admitió Twilight en voz baja.

Diamond soltó un largo suspiro y siguió caminando.

—No espero que lo entiendas, pero al menos intenta no complicar más las cosas. Necesito arreglar esto antes de que sea demasiado tarde.

Twilight asintió, tragándose cualquier comentario sarcástico que pudiera haber dicho. Mientras la seguía, no pudo evitar sentir una mezcla de empatía y duda. ¿Qué tan desesperada tenía que estar Diamond para recurrir a alguien como ella?

El aire seguía frío y denso, y Twilight no pudo evitar frotarse los brazos mientras avanzaban. Por un momento, pensó en regresar a casa, pero una mirada a Diamond, que caminaba con la cabeza baja y los hombros tensos, la convenció de seguir adelante.

Tras caminar algunas (bastantes) cuadras, Twilight finalmente llegó a la estación de autobuses, donde la vista de un basto estacionamiento con un montón de camiones y personas abordándolos, la recibió con un cierto aire de anticipación.

Aquí comenzaban muchos viajes y terminaban algunos otros.

La estación de autobuses era un vasto espacio que combinaba el caos organizado de viajeros apresurados y el silencio sepulcral de sus rincones más oscuros. Twilight caminó con pasos lentos y pesados, sintiendo cómo el aire alrededor se volvía aún más frío, casi cortante. Apretó los brazos alrededor de su cuerpo, deseando que ese simple gesto fuera suficiente para mantener los escalofríos bajo control, aunque sabía que no tenía nada que ver con el clima.

Frente a ella, Diamond avanzaba con una indiferencia calculada. Su atuendo había cambiado otra vez, ahora una chaqueta blanca desgastada sobre una camiseta negra, combinada con unos jeans rasgados y botines de tacón bajo. La joven parecía ajena al ambiente opresivo que rodeaba a Twilight, como si estar en un lugar así no fuera más que un trámite cualquiera.

Twilight, por otro lado, apenas podía concentrarse. A medida que se adentraba en el espacio abierto de la estación, sus ojos no podían evitar desviarse hacia las multitudes. Había personas vivas por todas partes, cargando maletas, mirando sus teléfonos, y charlando animadamente con amigos o familiares mientras esperaban los autobuses que los llevarían a destinos desconocidos. Pero entre ellos, estaban los otros.

Al principio, Twilight había intentado ignorarlo. Se había convencido de que eran ilusiones creadas por su mente, algún extraño efecto secundario de estar interactuando con un fantasma. Pero era imposible seguir negándolo. Entre las filas de pasajeros vivos, había figuras que no encajaban, personas con miradas vacías y movimientos casi etéreos. Como esa anciana.

Twilight se detuvo momentáneamente al verla. La mujer parecía amable, con una sonrisa suave en su rostro arrugado mientras observaba a una mujer joven, probablemente en sus cuarentas, que sostenía la mano de un niño pequeño. El niño reía, ajeno al mundo, mientras la mujer le señalaba algo en la pantalla de su teléfono. La anciana movía los labios, como si estuviera hablando con ellos, pero no había sonido.

Twilight sintió un nudo formarse en su estómago. Sabía, sin necesidad de confirmarlo, que la anciana no estaba realmente allí. Era un fantasma, una sombra del pasado, tratando desesperadamente de conectar con alguien que no podía verla ni oírla. Twilight desvió la mirada rápidamente, sintiendo que si se quedaba mirando demasiado tiempo, la anciana notaría su presencia.

—¿Qué te pasa ahora? —preguntó Diamond, deteniéndose para mirarla con el ceño fruncido.

Twilight abrió la boca, pero no pudo encontrar las palabras. Señaló con la cabeza hacia la mujer y el niño, sin atreverse a mirar directamente hacia ellos otra vez. Diamond siguió su gesto y bufó, cruzando los brazos.

—Por favor. ¿Estás así de tensa por eso?

—¿Por eso? —repitió Twilight en un susurro agudo—. ¡¿"Eso"?! ¡Hay un…! —Bajó la voz rápidamente al darse cuenta de que algunas personas vivas estaban cerca—. ¡Es un fantasma!

Diamond rodó los ojos y volvió a caminar.

—Bienvenida a mi mundo, querida.

Twilight permaneció congelada en su lugar por un momento, intentando procesar la falta de preocupación de Diamond. Finalmente, la siguió, aunque sus ojos seguían recorriendo el lugar con desconfianza. Cada vez que creía haber encontrado un espacio donde solo había vivos, su visión captaba algo más: una mujer en un vestido antiguo que caminaba sin tocar el suelo, un hombre de traje que parecía perderse entre las sombras de los camiones, un adolescente sentado en una banca mirando al vacío.

Sus manos comenzaron a tensarse alrededor de las correas de su bolso, sus nudillos blancos de la fuerza con que lo sostenía. Intentó enfocarse en respirar, en mantener su atención en el camino frente a ella y no en los espectros que poblaban la estación. Pero cada pequeño detalle la hacía estremecer.

Diamond, notando la creciente incomodidad de Twilight, se detuvo de golpe y se giró hacia ella.

—Mira, sé que estás al borde de un ataque de nervios, pero, ¿puedes relajarte? Actuar así solo hace que destaques más.

—¿Relajarme? —soltó Twilight, con una risa tensa que no contenía nada de humor—. ¿Cómo se supone que me relaje cuando estoy rodeada de… de… ellos? —Señaló sutilmente hacia una esquina donde un hombre sin rostro parecía estar observándolas.

Diamond giró los ojos dramáticamente. Mientras hablaba, su atuendo cambió de nuevo; ahora llevaba un vestido oscuro con detalles plateados, casi como si reflejara la penumbra de la estación.

—¿Sabes qué? Lo único que importa es que ninguno de ellos te hará daño. No pueden. Bueno, casi nunca —Hizo una pausa y luego añadió con una sonrisa irónica—. Pero no te preocupes por eso ahora.

—¡Eso no me tranquiliza en absoluto! —replicó Twilight, casi gritando.

Un par de personas vivas cerca de ellas giraron a mirarla, y Twilight sintió que el calor subía a sus mejillas. Se giró rápidamente, fingiendo que estaba revisando su teléfono, mientras Diamond soltaba una carcajada burlona.

—Por favor, actúa como si tuvieras algo de dignidad —dijo Diamond mientras retomaba el camino.

Twilight la siguió, apretando los labios con fuerza. ¿Cómo había terminado en esta situación? Apenas hacía unas horas estaba comiéndose la cabeza porque no sabía que decirles a sus amigas sobre su recién descubierta habilidad sí, pero al menos estaba segura en su cuarto, o tan segura como podía estar teniendo a la niñita aterradora y Diamond acechando por ahí. Ahora estaba en una estación de autobuses, siguiendo a un fantasma mientras intentaba no perder la cabeza en el proceso. Cada paso que daba le parecía más surrealista que el anterior.

El aire a su alrededor se sentía cada vez más denso, como si la atmósfera de la estación intentara tragársela. Pero entonces, mientras caminaban, la voz de Diamond rompió el silencio, esta vez más suave.

—Si sigues actuando como si pudieras verlos, ellos lo notarán. Créeme, no quieres que eso pase.

Twilight se detuvo, mirándola con los ojos muy abiertos.

—¿Ellos pueden notarme?

Diamond giró hacia ella, una sonrisa sardónica curvando sus labios.

—¿Qué creías? ¿Qué solo yo podía verte?

Twilight sintió que el nudo en su estómago se apretaba aún más. Su respiración se aceleró, y las palabras de Diamond resonaron en su cabeza mientras seguían avanzando hacia el interior de la estación, cada paso haciéndola sentir más vulnerable.

Twilight trató de no mirar directamente a ninguno de los espectros mientras seguía a Diamond a través de la estación. Su respiración era superficial, y el aire parecía más denso con cada paso que daba. Las palabras de Diamond aún resonaban en su cabeza: "Pueden notarte." Era un pensamiento que no podía sacudirse, como un peso que tiraba de su mente hacia el abismo.

Diamond, claramente irritada por la incomodidad evidente de Twilight, se detuvo y giró hacia ella con una expresión exasperada.

—Muy bien, esto tiene que parar. —Se cruzó de brazos y miró a Twilight con ojos entrecerrados—. Escucha, si sigues actuando como si te estuvieran persiguiendo, lo único que vas a hacer es atraer más atención.

Twilight intentó defenderse.

—Y yo te vuelvo a preguntar ¿Cómo quieres que actúe "normal" si estoy literalmente rodeada de ellos?

Diamond suspiró y señaló hacia un banco vacío, apartándose un poco del camino principal.

—Ven. Vamos a aclarar un par de cosas antes de que pierdas la cabeza por completo.

Twilight, aunque recelosa, siguió a Diamond hasta el banco. Miró alrededor nerviosamente antes de sentarse, asegurándose de no cruzar su mirada con ninguna de las figuras que se deslizaban entre los vivos. Diamond se sentó frente a ella, recostándose sobre el respaldo del banco de forma relajada como si no estuviera rodeada por una atmósfera tan inquietante.

—Muy bien, escucha. Lo primero que tienes que entender es que los "errantes", como yo los llamo y como mi misma, no somos tan diferentes de ti. Bueno, en realidad, somos muy diferentes porque estamos muertos, pero ya me entiendes.

Twilight la miró incrédula.

—¿Eso se supone que me tranquilice?

—Sí, porque significa que no tienen súper poderes ni pueden leerte la mente ni nada de eso. Pero —Diamond levantó un dedo, enfatizando su punto—, sí pueden verte con un poco más de atención que a los demás si tienes esa cosa especial que tienes tú.

Twilight frunció el ceño, confusa.

—¿Qué cosa especial?

Diamond rodó los ojos.

—Ese brillo dorado que llevas en la frente. Es como una enorme linterna. Cómo un faro diría yo.

Twilight parpadeó varias veces antes de alzar una mano temblorosa y tocarse la frente.

—¿Mi… mi qué?

Diamond sonrió con satisfacción, como si acabara de confirmar algo.

—Sí, justo ahí. Apuesto a que sientes un leve cosquilleo o dolor a veces, ¿verdad?

Twilight asintió lentamente, sin saber si estaba más aterrada o fascinada.

Diamond continuó, su tono más didáctico.

—Mira, lo voy a poner en términos que hasta tú puedas entender, porque claramente amas leer. Los humanos tienen tres ojos. Dos orgánicos que funcionan para ver lo que está frente a ti, y uno que casi siempre está cerrado.

Twilight inclinó la cabeza, su curiosidad ganando terreno sobre su miedo.

—¿Un tercer ojo? ¿Te refieres al chakra del entrecejo?

—Exactamente, señorita nerd. —Diamond hizo un gesto de aplauso burlón—. Ya ves, no eres tan lenta. Ese tercer ojo es espiritual, y para la mayoría de las personas está cerrado o apenas entreabierto. Pero para algunos, como tú, está completamente abierto.

Twilight tragó saliva.

—¿Eso qué significa exactamente?— preguntó Twilight temiendo la respuesta.

Diamond asintió, como confirmándole lo que ella ya sabía.

—Que puedes vernos y escucharnos. Hay personas que solo pueden vernos pero no escucharnos. Otras que solo pueden escucharnos pero no vernos. Y luego están los que solo sienten cosas extrañas, como cambios de temperatura o sensaciones incómodas la mayoría del tiempo imperceptibles para todo mundo, aunque la mayoría de veces no llegan a saber realmente qué está pasando.

Twilight miró a su alrededor de nuevo, su corazón latiendo con fuerza.

—¿Y yo…?

—Tú eres un caso raro —dijo Diamond, señalándola con el dedo índice—. Puedes vernos y escucharnos. Tu ojo está bien abierto y resplandece como una estrella. Por eso luces como una linterna gigante en un cuarto oscuro para nosotros. Es algo raro de ver si me preguntas.

Twilight dejó escapar un jadeo, llevándose ambas manos a la cabeza.

—Esto no puede estar pasando.

Diamond suspiró y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.

—Mira, no puedes cambiar lo que eres, así que lo mejor que puedes hacer es aprender a controlarlo. Si quieres que los errantes no te notemos, tienes que actuar como si no estuviéramos allí. No nos mires directamente, no hables con nosotros a menos que no tengas otra opción, y, sobre todo, no nos sientas demasiado.

—¿Sentirlos? —preguntó Twilight, bajando lentamente las manos.

—Sí. Podemos sentir cuando un enorme faro nos presta atención. Es como cuando puedes sentir que te toca la luz del sol. Es como… no sé, como un radar que nos dice que alguien está conectado con nosotros.

Twilight asintió lentamente, procesando toda la información. Pero entonces algo la golpeó, una pregunta que llevaba tiempo que no podía ignorar.

—¿Por qué yo?

Diamond la miró con una mezcla de burla y empatía.

—¿ Y por qué no? Nadie elige esto, Twilight. Simplemente pasa, lo mejor que puedes hacer es acostumbrarte, no tienes salida de esto. Ahora, ¿puedes centrarte en lo que tenemos que hacer y dejar de actuar como si fueras a recibir un golpe todo el tiempo? No tenemos toda la noche, y si sigues con esa cara de susto, no vamos a llegar muy lejos.

Twilight asintió con un suspiro, obligándose a levantarse del banco.

Mientras caminaban hacia la fila de los autobuses, intentó poner en práctica el consejo de Diamond, evitando mirar a los errantes que sabía que estaban allí. Pero incluso mientras se esforzaba por ignorarlos, no podía evitar sentirse observada, como si cada paso que daba la marcara más en ese mundo extraño y desconocido.

Twilight apenas podía controlar el temblor en sus manos mientras seguía a Diamond por la estación de autobuses.

Era todo tan calmado y aún así tan caótico.

"Los errantes" como había empezado a llamarlos Diamond no caminaban de la misma manera que una persona normal, ni siquiera parecían moverse completamente al ritmo del mundo que las rodeaba. Estaban por todas partes: una anciana murmurando palabras que nadie más escuchaba, un hombre de traje que se quedó inmóvil junto a un poste de luz como si no supiera hacia dónde ir, y una joven que miraba con expresión perdida a la gente que subía a un autobús.

Twilight apretó los labios, tratando de no mirar fijamente a ninguno de ellos. Sentía un cosquilleo persistente en la frente, un recordatorio ahora presente de lo que ahora entendía y conocía como su tercer ojo.

—¿Vas a seguir haciendo esa cara de susto todo el camino? Porque si lo haces, te aseguro que nos vamos a meter en más problemas de los que ya tenemos. —Su tono era seco, y la irritación era evidente.

Twilight parpadeó, sorprendida por la reprimenda, pero negó con la cabeza no muy segura de como actuar como si no los viera.

Diamond hizo un gesto con la mano, como si estuviera pidiendo respuestas al cielo.

Twilight soltó un suspiro pesado, llevándose ambas manos al rostro.

—Esto no puede estar pasando…

Diamond se inclinó un poco hacia adelante, mirándola fijamente.

—Bueno, pues lo está. Así que mejor te acostumbras. Si no quieres que se te acerquen o que te noten, ya te lo dije, actúa como si no estuvieran allí. Nada de mirarlos directamente, nada de hablar con ellos, y por el amor de lo que sea que creas, deja de ponerte tan tensa cada vez que pasamos junto a uno.

Twilight asintió lentamente, aunque aún parecía completamente abrumada. Intentó adoptar una postura más relajada mientras seguían caminando, pero el cosquilleo en su frente no desaparecía, y cada figura que pasaba a su lado le hacía estremecerse.

Diamond la observaba de reojo, chasqueando la lengua con fastidio.

—¿Sabes? No es como si esto fuera un paseo en el parque para mí tampoco. Estoy atrapada en este lío, igual que tú. La diferencia es que yo no puedo hacer nada por mí misma. Te necesito para resolver esto, así que más te vale acostumbrarte rápido.

Twilight no respondió, enfocándose en el suelo frente a ella. Pero incluso mientras trataba de ignorar las figuras a su alrededor, no podía evitar sentirse observada, como si cada paso que daba la hacía más visible para ese mundo extraño al que ahora parecía pertenecer.

Finalmente llegó a la caseta de cobro sintiendo que su piel se erizaba. Mientras se aproximaba al mostrador, un hombre sentado en una banca cercana levantó la vista y la observó detenidamente. Era un tipo robusto, con una chaqueta desgastada y una gorra de béisbol que apenas le dejaba ver los ojos. Twilight intentó ignorarlo, pero su mirada la perforaba, como si pudiera notar algo que ella no quería revelar.

Respiró hondo y tragó saliva antes de hablar.

—Dos boletos para Rosher Creek, por favor.

El hombre al otro lado del mostrador, un tipo delgado con bigote desaliñado y una camisa arrugada, la miró con una expresión de confusión. Sus ojos recorrieron a Twilight, notando lo tensa que estaba y cómo parecía evitar mirar a los lados. Se levantó un poco de su silla, inclinándose hacia adelante para observarla mejor.

—¿Está bien, señorita? —preguntó con cautela—. ¿Está en problemas? ¿Alguien la persigue?

Twilight casi dio un salto cuando escuchó la palabra perseguir. Su corazón empezó a latir más rápido, y por un segundo sintió un nudo en la garganta. Antes de que pudiera responder, oyó un bufido irritado a su lado.

—¡Maldita sea, no puede ser! —murmuró Diamond, visiblemente molesta. Su tono destilaba sarcasmo mientras tiraba de la capucha de un hoody largo que, de alguna manera, había aparecido para reemplazar la chaqueta negra que llevaba antes. La prenda le cubría casi todo el rostro, y en su torpeza casi dejó caer la tiara que llevaba.

Twilight, tratando de no perder la compostura, apretó los labios y volvió su atención al hombre tras el mostrador.

—No, no hay nadie siguiéndome —dijo con un tono tenso pero decidido—. Solo… estoy un poco nerviosa porque es mi primer viaje sola en autobús.

El hombre arqueó una ceja, claramente no convencido por completo.

—¿Primer viaje sola, y eliges un destino tan lejano a estas horas de la noche? —preguntó con tono inquisitivo.

Twilight sintió que el sudor frío le corría por la espalda. Trató de componer una respuesta, aunque las palabras se sentían torpes en su boca.

—Quería… empezar poco a poco —dijo finalmente, aunque su voz apenas contenía la incomodidad—. Pero, por favor, si pudiera venderme los boletos y no hacerme más preguntas, se lo agradecería mucho.

El hombre la observó durante un par de segundos más, como si intentara decidir si estaba diciendo la verdad o si escondía algo más. Finalmente, encogió los hombros, suspirando con resignación.

—Como quiera. Pero… ¿para quién es el otro boleto?

Twilight se congeló por un instante, y su mente se quedó en blanco. Miró de reojo a Diamond, quien flotaba a su lado señalándose a sí misma con un dedo, como si la respuesta fuera obvia.

—Para mí, ¿quién más? —murmuró Diamond con sarcasmo, en voz lo suficientemente alta para que solo Twilight la escuchara—. Vamos, cerebrito. Acuérdate de que nadie más puede verme.

Twilight cerró los ojos con fuerza un instante, tratando de no perder la paciencia consigo misma. Sacudiendo levemente la cabeza, se corrigió rápidamente.

—Perdón, me equivoqué. Solo necesito un boleto.

El hombre frunció el ceño, claramente confundido, pero decidió no insistir. Le imprimió el boleto, que Twilight tomó con manos temblorosas antes de pagar y salir rápidamente del mostrador.

Mientras se dirigía al andén, sintió la presencia de Diamond flotando a su lado, irradiando una energía tan cargada de irritación que casi se podía sentir físicamente.

—¿Sabes? —comenzó Diamond con un tono mordaz—. No puedo creer que seas tan tarada como para pedir un boleto para un fantasma. En serio, ¿qué se supone que iba a hacer con él? ¿Entregárselo al chófer? ¿Quizás obsequiarlo a un vagabundo para que fuera a otra ciudad?

Twilight apretó los puños, sintiendo cómo la tensión subía por su cuerpo. Se detuvo en seco y se giró hacia Diamond, mirándola fijamente por primera vez desde que dejaron el mostrador.

—¿Y sabes qué? —respondió en un susurro, tratando de no llamar la atención de las pocas personas alrededor—. Si crees que soy tan inútil, ¿por qué no pruebas suerte yendo sola? Ve a donde quieras y arregla todo esto sin mi ayuda. A ver cómo te va.

Diamond, sorprendida por la respuesta, se quedó en silencio por un momento. Bajó la mirada y ajustó su hoody, tirando de la tela para cubrir aún más su rostro.

—No seas dramática —murmuró finalmente, con un tono menos agresivo pero aún cargado de fastidio—. Solo digo que, si vas a hacer esto, al menos no lo hagas más difícil de lo que ya es.

Twilight no respondió. En lugar de eso, tomó aire profundamente y siguió caminando hacia la fila del autobús, donde los pasajeros comenzaban a subir. Mientras esperaba su turno, intentó calmarse, pero no podía evitar sentir que todos los ojos estaban puestos en ella, vivos y muertos por igual. Diamond, por su parte, permanecía en silencio, flotando a su lado con la capucha cubriéndole casi todo el rostro, como si quisiera desaparecer en la nada.

Twilight subió al autobús, aún sintiendo un leve temblor en las piernas. El espacio estaba en penumbra, iluminado solo por las luces de emergencia y los débiles faroles del exterior que se colaban por las ventanas. Miró su boleto para confirmar su asiento y se sintió aliviada al descubrir que tendría toda la fila para ella. No habría miradas incómodas ni susurros sobre lo extraño de que pareciera al hablar aparentemente sola. Mientras se acomodaba en el asiento junto a la ventana, dejó escapar un largo suspiro de alivio.

Diamond, flotando con esa arrogancia despreocupada que parecía parte de su esencia, se dejó caer en el asiento a su lado como si tuviera cuerpo físico. Su hoody se deslizó un poco, y aunque su rostro era parcialmente visible, mantenía ese aire distante y autoritario.

—Al fin estoy de camino. —Suspiró con un deje de dramatismo antes de clavar la mirada en Twilight—. Haces estas cosas muy difíciles, ratona asustada.

Twilight cerró los ojos, intentando calmarse mientras apoyaba la frente en el vidrio frío de la ventana. Sin embargo, su frustración le ganó, y su respuesta salió sin filtro.

—Todavía me puedo bajar y pedir que me devuelvan el dinero —dijo, su voz firme pero cansada—. Ya te dije que puedes probar suerte tú sola.

Diamond chasqueó la lengua, aparentemente sin interés en continuar la discusión. Twilight volvió la mirada hacia la ventana, tratando de despejar su mente, pero su atención fue capturada por algo inesperado. Afuera, en la penumbra de la terminal, una mujer mayor estaba parada, mirando hacia el cielo como si buscara algo en las estrellas. Twilight no habría pensado nada más de la escena si no fuera porque, de repente, la mujer conectó su mirada directamente con la suya.

El contacto visual fue tan inesperado y profundo que un escalofrío recorrió a Twilight desde la base de su cuello hasta las puntas de los pies. Sintió cómo sus piernas se tensaban instintivamente, y su mandíbula se apretó. Había algo en los ojos de aquella mujer, algo vacío y a la vez penetrante, que la hacía sentir como si estuviera siendo despojada de todas sus capas.

—No mires mucho rato, no queremos invitarla a venir —murmuró Diamond en tono seco, notando el cambio en el comportamiento de Twilight.

La mujer seguía allí, inmóvil pero observándola con una intensidad inquietante. Twilight tragó saliva, intentando controlar su respiración. "No puedo fingir que no la vi", pensó, sabiendo que las cosas podrían complicarse si aquel espíritu decidía abordarla. Inspirada por las palabras de Diamond, decidió probar algo.

Frunciendo un poco el ceño, Twilight negó con la cabeza de manera firme, enviando un mensaje silencioso pero claro: No vengas. No estoy de humor para esto.

El efecto fue inmediato. La mujer ladeó la cabeza como si estuviera evaluándola, pero luego pareció perder interés. Giró lentamente hacia otra dirección y comenzó a seguir a otra persona, todavía con esa expresión perdida en la nada. Twilight observó con incredulidad mientras el espíritu se alejaba, dejando tras de sí un aura opresiva que se disipaba poco a poco.

—Bueno, eso fue inesperado… —susurró Twilight, permitiéndose sentir un pequeño orgullo por su hazaña.

—No te emociones tanto —interrumpió Diamond, cruzándose de brazos con una sonrisa sardónica—. Seguramente no estaba interesada en ti. Probablemente ya tenía a alguien más en mente. No todos están tan desesperados como yo por pedirle ayuda a una médium tan novata.

Twilight giró los ojos y, aunque intentó no dejarse afectar por el comentario, la molestia creció en su interior. Se hundió un poco más en el asiento, cruzando los brazos sobre el pecho. Por un momento pensó en responder con algo ingenioso, pero en lugar de eso, soltó una pequeña risa irónica.

—Iba a decir que no te mataría ser más amable, pero… —Dejó la frase en el aire, volviéndose hacia Diamond con una mirada llena de intención—. Bueno, ya es tarde para ti, ¿no?

El rostro de Diamond se oscureció de inmediato. Frunció el ceño mientras ajustaba su hoody como si tratara de ocultar su incomodidad.

—Eso, anda, sigue burlándote de la tragedia ajena —replicó, su tono cargado de sarcasmo pero con una nota de genuina irritación.

Twilight no respondió, pero una leve sonrisa permaneció en sus labios. Había algo satisfactorio en ver a Diamond perder esa actitud dominante, aunque fuera por un momento. Sin embargo, también sintió una punzada de culpa al recordar que, al final del día, Diamond era una tragedia hecha persona… o fantasma, en este caso.

El silencio entre ambas se extendió mientras el autobús comenzaba a moverse. Twilight apoyó la cabeza contra la ventana, observando cómo las luces de la terminal se desvanecían poco a poco en la distancia. Aunque su cuerpo seguía tenso, la sensación de haber manejado la situación con el espíritu afuera y haber pinchado el ego de Diamond le dio un breve momento de alivio. Por primera vez en toda la noche, sintió que podía respirar un poco más tranquila.

El autobús avanzaba lentamente a través de la penumbra, dejando atrás la escasa iluminación de las calles periféricas. En el interior, los pasajeros se mantenían en un silencio incómodo, con solo el leve murmullo del motor acompañándolos. Twilight intentaba mantenerse lo más tranquila posible, pero el peso de lo desconocido la inquietaba. Observaba por la ventana, fingiendo que estaba absorta en el paisaje oscuro, mientras en realidad trataba de procesar todo lo que ocurría.

A su lado, Diamond permanecía inmóvil, aunque el aire a su alrededor parecía cargarse de una energía que Twilight aún no sabía interpretar del todo. Su atuendo, que momentos antes era casual y algo despreocupado, se transformó lentamente. La chaqueta caqui se volvió más oscura, adquiriendo un tono negro que parecía absorber la escasa luz del autobús, mientras que sus jeans grises mutaron a un negro profundo, y sus botas, de un gris modesto, se convirtieron en un par intimidante y pesado.

Twilight tragó saliva, tratando de ignorar los cambios, pero el nerviosismo la estaba desgastando. Finalmente, habló en un susurro, apenas audible para cualquiera que no fuera Diamond.

—¿Puedo preguntarte algo?

Diamond, que parecía distraída, movió la cabeza hacia ella con lentitud, como si estuviera decidiendo si valía la pena escucharla. Resopló suavemente, y aunque su gesto no emitió ruido alguno, el leve crujido del asiento bajo su figura fantasmal hizo que Twilight se estremeciera.

—Será un viaje largo, ratona. Adelante, pero que sea rápido.

Twilight apretó las manos en su regazo, tratando de buscar las palabras adecuadas. Sabía que cualquier comentario podría irritar a Diamond y, aunque era un espíritu, había comprobado que su mal humor tenía consecuencias visibles: pequeñas fisuras en los cristales o el leve rechinar de las estructuras a su alrededor.

—Sé que dijiste que vendría sin hacer preguntas, pero necesito saber más —dijo, con una voz que trató de sonar firme, pero que terminó temblando al final de la frase—. Me sacaste de casa en medio de la noche, y todavía no me has explicado del todo lo que vamos a hacer.

Diamond se cruzó de brazos, y la chaqueta negra sobre su figura pareció ensancharse, como si intentara cubrir algo más que su propio cuerpo.

—¿De verdad no puedes esperar a llegar? —murmuró, pero la tensión en su tono hacía evidente que no quería seguir hablando del tema.

Twilight bajó la mirada, pero no se dio por vencida.

—Es solo que… dijiste que iba a hablar con alguien. ¿Es alguien vivo?

La pregunta pareció tensar el aire aún más. Un leve chirrido surgió de la ventana junto a Diamond, como si algo invisible estuviera presionándola con fuerza. Twilight se encogió un poco, asustada, pero no se atrevió a retroceder en sus dudas. Diamond finalmente suspiró, aunque el sonido fue más como un eco pesado que llenó el espacio entre ambas.

—Sí, es alguien vivo —dijo, su tono cortante—. Mi padre.

Twilight parpadeó, sorprendida. Era la primera vez que escuchaba algo tan personal de Diamond, pero no dejó que eso la distrajera.

—De acuerdo. Entonces, ¿qué es lo que quieres que le diga?

Diamond no respondió de inmediato. Su figura se tensó, y Twilight pudo ver cómo la tela de su chaqueta se volvía aún más gruesa y opaca, como si se estuviera envolviendo en su propia oscuridad. Finalmente, Diamond habló, con una voz más baja y grave que antes.

—Necesito que le entregues algo.

—¿Algo? —Twilight inclinó la cabeza, confundida—. ¿Qué cosa?

Diamond volvió a guardar silencio. La presión en el aire se hizo más evidente, y Twilight sintió cómo el respaldo de su asiento crujía ligeramente, como si algo invisible estuviera ejerciendo fuerza sobre él. Su estómago se revolvió, pero trató de mantenerse calmada. Aún no estaba acostumbrada a estas manifestaciones, pero sabía que si se dejaba dominar por el miedo, no llegaría a ninguna parte.

—Diamond… necesito más información. No puedo simplemente ir y entregarle algo a tu padre sin saber qué decirle.

La mirada de Diamond se volvió gélida. Aunque no emitía palabras, la atmósfera a su alrededor se volvió más pesada, y Twilight sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Por un momento, pensó en insistir, pero algo en la expresión sombría de Diamond la detuvo.

Twilight suspiró y volvió a mirar por la ventana, tratando de calmarse. La situación era cada vez más confusa, y aunque quería ayudar, sentía que estaba siendo arrastrada a un mundo que apenas comenzaba a comprender. Por ahora, tendría que conformarse con las pocas respuestas que había obtenido.

El silencio entre Twilight y Diamond se extendió tanto que parecía haber formado una barrera invisible entre ambas. Twilight había aceptado, a regañadientes, que no obtendría más respuestas de su acompañante y miraba por la ventana, tratando de sofocar la creciente ansiedad que sentía. Sin embargo, la voz de Diamond rompió inesperadamente la quietud, suave pero cargada de algo que Twilight no podía definir aún.

—No quiero que pienses que no te cuento las cosas porque no quiera o porque no sea asunto tuyo —dijo Diamond, con una seriedad que contrastaba con sus acostumbrados comentarios sarcásticos—. No lo hago porque… es doloroso.

Twilight giró la cabeza hacia ella, notando cómo la figura de Diamond parecía más tangible en ese momento, como si su confesión le diera peso. Abrió la boca para responder, pero Diamond levantó una mano, deteniéndola.

—Pero supongo que tendrás que saberlo tarde o temprano. —Su voz vaciló por un momento antes de endurecerse nuevamente—. Así que te lo voy a contar, pero tienes que prometerme algo: no me interrumpas. Guarda tus preguntas para el final, ¿sí?

Twilight asintió lentamente, sus manos apretándose alrededor de las costuras de su falda.

—Está bien, lo prometo.

Diamond cerró los ojos por un instante, como si estuviera reuniendo fuerzas. Luego, comenzó a hablar.

—No sé exactamente por dónde empezar… pero lo que sí sé es que este es el tercer año que paso como espíritu. —Su voz tenía un tono distante, como si estuviera sumida en sus propios recuerdos—. Antes de morir, era una niña que lo tenía todo… o al menos eso parecía. Todo gracias al apellido de mi familia, más específicamente, el apellido de mi padre.

Twilight frunció ligeramente el ceño, tratando de recordar si conocía a alguna familia influyente con el apellido Tiara. Antes de que pudiera preguntar, Diamond se adelantó, como si leyera sus pensamientos.

—Y antes de que te confundas, mi nombre no es Diamond. Ese es mi apellido.

Los ojos de Twilight se abrieron de par en par ante la revelación. El aire pareció quedarse suspendido por un momento mientras procesaba lo que acababa de escuchar. Si el apellido era Diamond y no Tiara, entonces…

—¿Diamond? —murmuró, casi sin darse cuenta—. ¿Cómo en la marca de ropa Diamond?

Diamond asintió, su expresión inmutable pero con un brillo de cansancio en sus ojos.

—Sí, esa misma. Mi papá es el dueño.

Twilight sintió cómo se le cerraba la garganta. Por un instante, parecía que no podía respirar. No solo estaba en presencia de un espíritu, sino que ese espíritu la estaba llevando directamente a hablar con una de las personas más influyentes del mundo de la moda. Era como si de repente estuviera al borde de un precipicio, mirando hacia un mundo completamente fuera de su alcance.

—Por eso son los cambios de ropa tan continuos…—razonó Twilight en voz alta.

—¿Qué?—preguntó Diamond. Twilight negó un poco con la cabeza y ambas manos.

—No es nada, continúa…

Diamond se acomodó en el asiento un poco más y volvió a hablar luego de un suspiro.

—Mi nombre completo es Anabelle Diamond Tiara —continuó Diamond, como si no notara el impacto de sus palabras en Twilight—. Nací el 20 de agosto del 2002 y… morí el 20 de agosto del 2015.

Twilight parpadeó, incapaz de ocultar su reacción. No era solo el peso del nombre o la conexión con la familia Diamond. Era el hecho de que Diamond había muerto en el día de su cumpleaños número trece. El detalle la golpeó con una intensidad inesperada, como si de alguna manera añadiera una capa aún más trágica a la historia que estaba comenzando a conocer.

Diamond no pareció percatarse del silencio de Twilight o, si lo hizo, no le dio importancia. Continuó hablando, su tono más apagado ahora, como si el peso de los recuerdos estuviera aplastándola.

—Mi papá siempre quiso lo mejor para mí. No diré que fue un mal padre, porque no lo fue… pero todo lo que hacía tenía un precio. Siempre había expectativas, estándares que cumplir. Desde pequeña, aprendí que no importaba lo que quisiera o cómo me sintiera. Lo único que importaba era cómo me veía ante los demás. Aunque si te soy completamente honesta, me parecía un buen trato, no me incomodaba.

Twilight sintió un nudo formarse en su estómago mientras escuchaba. La voz de Diamond estaba teñida de un dolor que no podía ignorar, y aunque quería preguntar, sabía que tenía que cumplir su promesa de guardar silencio.

—El día que cumplí trece años, mi papá organizó una fiesta enorme. Todo el mundo estaba allí: celebridades que habían trabajado con él, socios, personas que ni siquiera conocía. Era todo lo que cualquier niña soñaría, ¿no? —Diamond dejó escapar una risa amarga, que resonó suavemente en el aire como el crujido de una ventana al romperse—. Pero para mí, fue solo otro recordatorio de lo sola que estaba.

Twilight sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No podía imaginar cómo sería crecer bajo ese tipo de presión, y mucho menos enfrentarlo sola.

Diamond bajó la mirada, su figura temblando ligeramente, como si su forma espiritual estuviera al borde de desmoronarse.

—No quiero abrumarte con los detalles ahora, pero… necesito que entiendas algo. Lo que pasó ese día cambió todo. Y mi papá… bueno, no sé si alguna vez logró superarlo. Si cuando estaba viva hablábamos poco, no tienes idea de lo que han sido estos tres años.

Twilight tragó saliva, sintiendo una creciente presión en el pecho. Quería consolar a Diamond, decirle algo que pudiera aliviar su dolor, pero las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta.

Twilight solo asintió, su mente llena de preguntas, pero sabía que tendría que esperar para hacerlas. Por ahora, solo podía escuchar y seguir adelante.

Twilight observaba a Diamond con atención, atrapada por la mezcla de melancolía y nostalgia en su voz. Era como si cada palabra abriera una puerta a un mundo que, aunque ya no existía, aún pesaba sobre los hombros de la muchacha como un recuerdo imborrable.

Diamond suspiró antes de continuar, sus ojos brillando con un destello que Twilight no supo interpretar del todo.

—Ese día… solo quería que mi papá me mirara, que me hablara, que me dijera que estaba orgulloso de mí. Pero entre más intentaba captar su atención, más parecía molestar a todos. Mi mamá me decía que me comportara, que dejara de llamar la atención como una niña caprichosa. Mi papá apenas me dirigía la palabra porque estaba ocupado con sus invitados, celebrando…

Hizo una pausa y dejó escapar una risa amarga.

—Celebrando también su cumpleaños.

Twilight parpadeó, sorprendida.

—¿Su cumpleaños?

Diamond asintió, su expresión se endureció ligeramente, pero había algo vulnerable en sus ojos.

—Sí, el mío y el suyo eran el mismo día. Compartíamos más que el apellido. Pero nunca entendí ese detalle hasta que ya estaba muerta y lo vi "celebrando" su cumpleaños solo… sin fiestas, sin risas. Entonces, todo tuvo sentido. Yo era tan egoísta. Solo quería que me dedicara su atención, pero olvidé que él también tenía derecho a disfrutar de su día y tenía amigos con quienes quería celebrar. Él podía ser mi padre todos los días, pero solo podía ser el señor Diamond o el amigo de sus amigos en algunas ocasiones especiales.

Twilight sintió un nudo en la garganta. Quería decir algo, pero las palabras no salían. Diamond continuó, su tono más sereno, aunque todavía teñido de amargura.

—Era una niña… no entendía lo afortunada que era de tener todo lo que tenía. No entendía lo que significaba realmente esa frase: "Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde".

Hizo una pausa, como si estuviera rememorando algo que solo ella podía ver. Twilight no se atrevió a interrumpirla.

—La fiesta era enorme. —Diamond extendió sus manos como para enfatizar la magnitud de lo que describía—. Había luces, música, comida… incluso había empleados de las fábricas de mi papá. Pero no parecía una fiesta para mí. Parecía una fiesta para él. Todo el mundo estaba allí por él, no por mí.

El brillo de tristeza en sus ojos pareció intensificarse.

—Me dijeron que al día siguiente me llevarían al parque de diversiones. Que pasaríamos todo el día juntos, mi papá, mi mamá y yo… incluso podía invitar a mi mejor amiga, Silver Spoon.

Twilight notó que, por un instante, la sombra de una sonrisa cruzó los labios de Diamond. Pero se desvaneció tan rápido como había llegado.

—Así que me pasé toda la fiesta tratando de recordarles que existía. —Su tono adquirió un tinte de burla hacia sí misma—. Pero lo único que conseguí fue que me regañaran y me mandaran a sentarme junto a la mesa de regalos.

Diamond se quedó en silencio por un momento, y Twilight sintió que algo pesado flotaba en el aire entre ellas. Finalmente, Diamond continuó, su voz apenas audible.

—Estaba aburrida como nunca. Todos esos regalos… ropa en su mayoría. Ni siquiera eran cosas que realmente quería. Solo eran cosas que mostraban lo poco que me conocían.

El silencio volvió a instalarse, pero esta vez, Diamond lo rompió rápidamente, como si temiera perder el hilo de sus pensamientos.

—Fue entonces cuando se me ocurrió una idea. Mi papá y yo teníamos este juego… un juego que nos encantaba. Lo llamábamos "la búsqueda del tesoro".

Twilight inclinó la cabeza, intrigada.

—¿Cómo funcionaba?

Diamond explicó con un tono que casi parecía emocionado, como si por un momento hubiera olvidado la tristeza de su relato.

—Alguien escondía algo importante o valioso y dejaba pistas en forma de objetos que no pertenecían al lugar donde se encontraban. Esas pistas te llevaban al objeto final. Era divertido… siempre lo era.

Pero su voz volvió a endurecerse al regresar a su historia.

—Así que decidí que sería un buen momento para jugar. Me levanté y tomé una ramita de pino del bosque cercano. La pegué en la puerta de mi habitación como una pista. Luego, me adentré al bosque para esconderme, pensando que ellos notarían mi ausencia y seguirían las pistas.

Twilight sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Algo en el tono de Diamond le decía que lo peor estaba por venir.

—No calculé cuánto tiempo tardarían en darse cuenta de que no estaba en la fiesta —continuó Diamond, su voz casi un susurro—. Tampoco pensé en qué tan prudente era adentrarme tanto en el bosque. Quería que el juego fuera emocionante, pero también seguro.

Diamond tragó saliva, aunque el gesto era apenas visible.

—Cuando me di cuenta, la noche ya había caído. Estaba sola, en medio del bosque, sin idea de cómo regresar.

Twilight sintió que el aire se volvía más denso y terriblemente frío, como si el peso de la historia de Diamond comenzara a infiltrarse en el ambiente. No dijo nada, esperando a que Diamond continuara, pero ahora con el corazón latiendo con fuerza contra su pecho.

Diamond Tiara se estremeció, como si la intensidad de sus recuerdos fuera un peso imposible de ignorar. La pausa que hizo no fue solo para recuperar el aliento, sino para armarse de valor y continuar. Su voz tembló ligeramente, pero logró mantenerse firme mientras proseguía con su relato.

—Ahí estaba yo —dijo con una sonrisa amarga—, en medio del bosque, completamente sola. Llevaba puesto mi vestido de fiesta, un vestido blanco que tanto había deseado, y la tiara que siempre llevaba en la cabeza, como si fuera una reina. Era irónico… no me sentía para nada majestuosa esa noche.

Twilight la observaba con atención, casi conteniendo la respiración. Las palabras de Diamond Tiara tenían una cualidad casi etérea, como si estuviera reviviendo cada detalle, cada sensación.

—No sé cuánto tiempo estuve caminando —continuó Diamond, su mirada perdida en el vacío—. Cuando entré al bosque pensé que sería prudente alejarme hasta que no pudiera escuchar la música ni ver las luces de la fiesta. De ese modo, el juego no terminaría tan rápido, y les costaría más trabajo encontrarme. Pero fue una completa idiotez.

Hizo una pausa y se abrazó a sí misma, como si el frío de aquella noche volviera a envolverla.

—Estuve caminando durante horas, o al menos eso creo. Perdí la noción del tiempo. Traté de pedir ayuda a los gritos, pero no tardé en quedarme afónica, y el aire frío no ayudaba en absoluto a mi garganta. El bosque era tan oscuro que apenas podía ver dónde pisaba. El miedo me consumía poco a poco.

Twilight sintió un nudo en la garganta. La forma en que Diamond describía aquella noche hacía que pareciera un cuento de terror.

—Fue entonces cuando llegué a un río que no reconocía —dijo Diamond, su voz apenas un susurro—. Era un río del que había escuchado historias. Durante la guerra, decían que la gente intentaba cruzarlo de noche y muchos se ahogaban. También decían que sus fantasmas aún rondaban por ahí, buscando a los vivos para llevárselos con ellos.

Twilight sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era supersticiosa, pero algo en la forma en que Diamond relataba su experiencia hacía que las historias sonaran demasiado reales.

—Ahí fue cuando perdí la cabeza. —Diamond dejó escapar una risa amarga—. Ya no me importaba si mi vestido se manchaba o si mis zapatos se atoraban en el fango. Empecé a correr cuesta arriba y luego cuesta abajo, sin saber realmente a dónde debía ir.

Hizo una pausa, y su voz se tornó más baja, casi inaudible.

—En un momento dado, mi pie se atoró en la raíz de un árbol. Tropecé y caí colina abajo. Mi cabeza golpeó contra una roca y… eso fue todo. Perdí el conocimiento.

Twilight abrió la boca para decir algo, pero las palabras se le quedaron atascadas. Diamond continuó, su tono ahora era más frío, más distante.

—Cuando abrí los ojos de nuevo, el cielo ya había clareado. Había pasado toda la noche desmayada, con una roca como almohada y cubierta de hojas. Pero extrañamente, me sentía descansada. Ya no tenía miedo.

Se detuvo, como si estuviera escogiendo cuidadosamente sus palabras.

—Me levanté y comencé a caminar de nuevo. Esta vez, el día me permitió orientarme mejor. Fue cuestión de horas, creo, pero al final escuché una voz a lo lejos. Era la voz de mi padre llamándome por mi nombre.

Un destello de emoción cruzó los ojos de Diamond, pero rápidamente fue reemplazado por algo más oscuro.

—Me giré y corrí hacia él. Estaba tan aliviada, tan feliz de que todo hubiera terminado. Me sentía ligera, como si nada importara. Ni siquiera sentía mi corazón acelerarse mientras corría.

Twilight contuvo el aliento. Sabía que algo terrible estaba por venir.

—Cuando lo vi, estaba con mi mamá y varios policías con perros. Estaban buscando cerca del río. Grité con todas mis fuerzas: "¡Papá, aquí estoy! ¡Papi, estoy aquí!" Abrí los brazos para abrazarlo, pero…

Hizo una pausa, cerrando los ojos como si intentara bloquear el recuerdo.

—Lo atravesé. Como si estuviera hecho de humo.

Twilight sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La tristeza en la voz de Diamond era desgarradora.

—No entendía lo que estaba pasando. Apenas estaba procesándolo cuando uno de los perros policías aulló, anunciando que había encontrado algo. Todos se movieron rápidamente hacia el lugar. Yo los seguí, todavía confundida.

Diamond tomó aire, como si necesitara reunir fuerzas para pronunciar las siguientes palabras.

—Fue entonces cuando escuché a mi papá gritar. Fue un "¡NO!" tan terrible que todavía me persigue. Cuando llegué al lugar, lo vi de rodillas junto a un árbol, sosteniendo algo en sus brazos.

Twilight sintió que el nudo en su garganta se apretaba aún más.

—Cuando me acerqué y pude ver lo que era yo…—La voz se le quebró a Diamond y tuvo que pausar un momento para poder continuar.

—Era mi cuerpo —dijo Diamond, su voz apenas un susurro—. Estaba cubierto de hojas y barro, con la mirada perdida, inerte, mi cabello lleno de sangre y la piedra que había servido de almohada para mí cabeza con una enorme mancha marrón de sangre seca.

Hizo una pausa, y sus ojos brillaron con lágrimas que nunca caerían.

—Ver mi propio rostro… muerto, en los brazos de mi padre… es algo que nunca podré olvidar.

Twilight guardaba silencio, y mientras la historia se acercaba a su final sintió cómo sus manos temblaban al aferrarse a los bordes del asiento, la espuma bajo sus uñas cediendo ante su presión. No podía apartar la vista de Diamond Tiara, quien seguía narrando su historia con una mezcla de resignación y tristeza que helaba el alma. El escalofrío que había sentido momentos antes aún recorría su espalda, pero lo que acababa de escuchar era aún más perturbador.

La visión de Diamond, empapada, cubierta de barro y hojas, con su vestido blanco hecho jirones y su cabello apelmazado contra la cara, llena de sangre seca y tierra era un golpe directo a sus sentidos. Era como si por un instante Twilight hubiera estado allí, presenciando los últimos momentos de la niña, y esa imagen permanecía grabada en su mente como una pesadilla imposible de olvidar. Quería decir algo, cualquier cosa que pudiera aliviar la carga de aquel espíritu atormentado, pero antes de que pudiera encontrar las palabras, Diamond continuó:

—Fue curioso —dijo con un tono casi despreocupado—. Después de mi funeral, no me sentí diferente. Seguía siendo yo, o al menos eso creía. Podía caminar por la casa, por el bosque… incluso por la ciudad. Nadie me veía, claro, pero todo era igual. O eso pensaba.

Twilight parpadeó, incapaz de procesar cómo Diamond podía hablar de algo tan trágico con aquella aparente normalidad.

—La primera vez que visité a Silver Spoon después de mi muerte, pensé que todo sería como siempre. Que la vería con su sonrisa sarcástica siendo la reina de la atención que era junto a mí.—Diamond esbozó una sonrisa triste—. Pero cuando la vi llorando, abrazando esos boletos de parque de diversiones que nunca pudimos usar, me di cuenta de que nada sería igual. Quise abrazarla, decirle que todo estaba bien, pero no podía. Solo podía mirar.

Hizo una pausa, y su mirada se oscureció.

—Y luego estaban mis padres. —Su tono se endureció—. Mi mamá, siempre tan preocupada por las apariencias, trató de mantener la compostura durante el funeral. Pero después…

Diamond miró a Twilight directamente, y la intensidad en sus ojos hizo que la chica contuviera el aliento.

—La encontré una noche llorando en su cuarto, sosteniendo mi tiara. Esa que siempre me hacía usar para las fotos familiares y que casi se convirtió en parte de mi esencia. La misma que tenía enredada en el cabello cuando me encontraron. —Diamond rio con amargura—. Nunca la había visto llorar antes. No de verdad.

Twilight sintió que un nudo se formaba en su garganta. Era imposible no empatizar con el dolor de aquella familia rota.

—Y mi papá… —Diamond bajó la mirada, como si le costara continuar—. Él fue el que más cambió. Al principio, intentaba mantener la esperanza, como si yo pudiera regresar. Lo escuché rezar por mí, algo que nunca había hecho antes. Pero cuando la realidad lo golpeó…

Hizo una pausa, apretando los puños como si tratara de contener su propia emoción.

—Se perdió. Pasaba horas en el bosque, buscando algo que ni él sabía. Borracho, perdido en el alcohol. A veces lo encontraba la policía, otras veces los vecinos. Pero nunca dejaba de buscar.

Diamond levantó la mirada hacia Twilight, y sus ojos parecían cargados de una tristeza infinita.

—Cuando al fin aceptó que yo no iba a regresar, se encerró en su trabajo. Pero no de la forma en que solía hacerlo. Ya no era el hombre apasionado y lleno de ideas que yo conocía. Ahora solo era…un muro de hielo. Sin estar realmente en el presente sino siempre estando siempre distante. Perdido en sus vacilaciones y cavilaciones sin rumbo.

Twilight quiso decir algo, pero las palabras se le quedaron atascadas. La historia de Diamond no solo era trágica; era devastadora.

—Mi madre y él dejaron de hablarse. Al principio pensé que era solo temporal, pero con el tiempo… —Diamond se encogió de hombros—. Ni siquiera duermen en la misma habitación. Ella pasa los días redecorando la casa, como si cambiar los muebles pudiera arreglar algo. Y él… bueno, él ni siquiera parece vivir allí, todo el tiempo encerrado en su estudio así tenga trabajo o no.

El silencio que siguió fue opresivo, como si el peso de las palabras de Diamond llenara el autobús. Twilight finalmente logró articular algo, aunque su voz sonó más débil de lo que esperaba.

—Diamond… yo… no sé qué decir.

La niña fantasma la miró, y por un instante, la dureza en su expresión se suavizó.

—No tienes que decir nada, Twilight. —Su voz era baja, pero había un extraño consuelo en ella, como si la resolución de aceptar su realidad ya la hubiera tomado hacia mucho tiempo—. Solo quería que alguien supiera la verdad.

Twilight asintió lentamente, todavía procesando todo lo que había escuchado. Pero una parte de ella sabía que esto era solo el comienzo. Había algo más, algo que Diamond no había dicho todavía. Y Twilight no estaba segura de si estaba lista para escucharlo.

Aún así, Twilight tomó aire lentamente, todavía tratando de recuperar la compostura después de la intensidad de los últimos minutos. El peso de lo que Diamond había compartido seguía presionándola, pero hizo un esfuerzo consciente por proyectar calma. Miró a la joven con una expresión serena, aunque su mente seguía llena de preguntas y emociones encontradas.

—Diamond… —comenzó con cautela—. Sé que nada de esto ha sido fácil para ti, pero quiero que sepas que no tienes que sentirte mal por cómo eras antes. La mayoría de las personas hacen tonterías cuando son preadolescentes. —Forzó una pequeña sonrisa, intentando aligerar el ambiente—. Algunos se hacen cortes de cabello raros, escuchan bandas de música que parecen venir de otro planeta, se hacen piercings o incluso tatuajes de los que luego se arrepienten.

Hizo una pausa, esperando que Diamond reaccionara, pero la expresión de la niña se mantuvo estoica, aunque su mirada parecía cargada de reproche.

—Es solo que lo tuyo… bueno, fue muy mala suerte —añadió Twilight, bajando un poco el tono.

Diamond ladeó la cabeza, sus ojos fijos en Twilight como si evaluara cada palabra. Finalmente, dejó escapar un suspiro y, con un tono seco, respondió:

—¿Te han dicho que eres pésima haciendo sentir bien a los demás?

Twilight parpadeó, sorprendida por la franqueza del comentario.

—Lo siento —dijo rápidamente, encogiéndose de hombros como una disculpa genuina.

Diamond soltó una risa breve y algo melancólica antes de continuar.

—No te preocupes, mi mamá era igual. —Sus ojos se suavizaron, como si estuviera recordando algo lejano—. Cuando era niña y me raspaba las rodillas o empezaban a caerse mis dientes de leche, intentaba consolarme ofreciéndome un cheque por veinte dólares si dejaba de llorar.

Twilight alzó las cejas, sorprendida por la peculiaridad de la anécdota.

—¿En serio?

—Sí. —Diamond asintió, sonriendo ligeramente—. Me avergüenza admitirlo, pero más de una vez acepté el chantaje. —Soltó una pequeña carcajada, aunque su tono seguía teñido de nostalgia—. Supongo que siempre he sido fácil de comprar.

Twilight intentó reír también, aunque sentía que el aire en el autobús seguía siendo pesado. Pero justo cuando pensaba que la conversación había encontrado un respiro, Diamond dejó que su sonrisa se desvaneciera.

—Me gustaría ver a mis padres sonreír otra vez como cuando era más chica. —Su voz se quebró ligeramente, pero ella se apresuró a recobrar la compostura—. No se siente bien saber que, cuando mi vida terminó, arrastré la de ellos también conmigo.

Twilight tragó saliva, sintiendo el nudo en su garganta volver con fuerza.

—Diamond… —susurró, pero la joven continuó.

—Los condené a sentirse culpables por lo que me pasó. —Su mirada volvió a oscurecerse, y se cruzó de brazos como si intentara protegerse del peso de sus propias palabras—. Estaban ocupados, cada uno en lo suyo no tenían idea de que me había ido, pero… aún así no puedo evitar pensar que es mi culpa que todo les haya ido tan mal después de mí.

Twilight cerró los ojos por un momento, luchando por encontrar las palabras adecuadas. Sabía que un abrazo no serviría; no podía tocar a Diamond, ni transmitirle consuelo físico. Pero aún así, no podía dejarla hundirse más en esa culpa.

—Escucha, Diamond… —dijo finalmente, con voz suave pero firme—. Si te hace sentir mejor, el hecho de que sepas que actuaste mal y de que lo sientas es un gran paso. No todos llegan a ese punto, ¿sabes? Aceptar los errores y no dejar que los demás asuman las consecuencias… eso requiere coraje.

Diamond levantó la vista, su expresión suavizándose ligeramente mientras procesaba las palabras de Twilight.

—No te sientas culpable por cómo los demás decidieron manejarlo. —Twilight continuó con un poco más de confianza—. Eso ya es cosa de ellos. Tú no puedes controlar cómo se sienten o lo que hacen, pero puedes decidir cómo seguir adelante.

El silencio que siguió fue denso, pero no incómodo. Diamond parecía estar reflexionando, y Twilight esperó pacientemente, dejando que sus palabras calaran. Finalmente, Diamond dejó escapar un suspiro largo y cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, algo en ella había cambiado. Su chaqueta, antes oscura y gruesa, se transformó en una sudadera más ligera, de un tono gris claro. Su capucha, que hasta ese momento había estado cubriendo parcialmente su cabello, cayó hacia atrás, dejando su rostro más despejado.

—Eso… eso me hace sentir un poco mejor —admitió con una pequeña sonrisa, más genuina esta vez.

Twilight sonrió también, sintiendo que, aunque fuera un pequeño paso, era un avance importante.

—Me alegra escuchar eso —dijo, inclinándose ligeramente hacia adelante, como si quisiera asegurarse de que Diamond supiera que estaba ahí para ella.

El ambiente en la habitación pareció aligerarse un poco, y por primera vez desde que comenzó la conversación, Twilight sintió que quizás, solo quizás, había una manera de ayudar a Diamond a encontrar algo de paz.

El autobús chirrió al detenerse, y un leve murmullo de pasajeros cansados llenó el aire mientras recogían sus pertenencias y se preparaban para descender. Twilight respiró profundamente, tratando de calmar los escalofríos que recorrían su cuerpo, como si la temperatura de Rosher Creek pudiera hundirse aún más en sus huesos. Bajó los escalones del vehículo, sintiendo la presencia constante de Diamond detrás de ella. El cosquilleo en su frente persistía, transformándose ahora en una pulsación leve pero molesta que amenazaba con empeorar.

Miró alrededor de la estación de autobuses, buscando un lugar para sentarse. El lugar estaba lleno de viajeros que iban y venían, cargados con maletas, paquetes y expresiones de apuro o cansancio. Pero para Twilight, no eran las personas vivas las que le llamaban la atención. Había errantes aquí. Muchos.

Intentó ignorarlos, concentrándose en encontrar una banca, pero la cantidad de presencias era abrumadora. Cada vez que giraba la cabeza, sentía que el aire a su alrededor se volvía más denso, y el peso en su frente aumentaba. Cuando finalmente encontró una banca vacía, casi se dejó caer en ella, inclinándose hacia adelante y apoyando los codos en sus rodillas mientras se masajeaba las sienes.

—Sabes que eso no va a ayudar —dijo Diamond con su tono habitual, una mezcla de indiferencia y burla.

Twilight levantó la mirada, todavía con las manos en su frente, y le dirigió una mirada cansada.

—Estoy intentando ignorarlos, ¿de acuerdo? —respondió con exasperación.

Diamond se cruzó de brazos y se inclinó ligeramente hacia ella.

—Sí, pero sigues actuando de forma extraña que ellos pueden sentir y sigues asustándote, solo les vas a llamar más la atención. Y si sigues tocándote la frente así, vas a parecer aún más sospechosa.

—¡No puedo controlar lo que mi cuerpo siente! —estalló Twilight, bajando la voz al darse cuenta de que algunos pasajeros cercanos la miraban.

Diamond rodó los ojos.

—Claro que puedes. Solo que no lo has intentado aún.

Twilight dejó escapar un suspiro frustrado y apoyó la espalda contra el respaldo de la banca.

—¿De qué estás hablando ahora?

Diamond señaló hacia su frente con un movimiento sutil.

—Tu ojo.

Twilight frunció el ceño.

—¿Qué tiene mi ojo?

—Parpadea. Como si no pudiera abrirse del todo. —Diamond inclinó la cabeza, estudiándola con curiosidad—. No me malinterpretes, es como una luz gigante y prueba de que está bien abierto es que puedes vernos y oírnos pero cuando parpadea…Es como si todavía estuvieras tratando de negar lo que está pasando.

Twilight entrecerró los ojos, confundida y molesta.

—¿Negar qué?

—Todo esto. —Diamond hizo un gesto amplio con las manos, indicando el espacio a su alrededor—. Los errantes, tu capacidad para vernos, todo lo que eres ahora. Tu ojo sigue parpadeando porque no aceptas completamente lo que está pasando.

Twilight abrió la boca para protestar, pero Diamond no le dio oportunidad.

—Déjame terminar. Irónicamente, ese parpadeo es lo que más llama la atención. Es casi como un faro enviando mensajes en clave morse. Y entre más se acerquen, más abrumada te vas a sentir.

Twilight sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral al escuchar esas palabras.

—¿Eso es lo que te atrajo a mí? —preguntó lentamente, su voz cargada de sospecha.

Diamond sonrió con un aire casi travieso.

—Sí. La primera vez que te vi fue en la biblioteca de tu escuela. Tu ojo no estaba tan abierto entonces, pero daba chispazos de vez en cuando. Era como un faro intermitente, y me llamó la atención. Nunca había visto algo así.

Twilight parpadeó, recordando con claridad el momento en que había sentido una mano fría tocándole la nuca en la biblioteca.

—Fuiste tú… —susurró, su tono de incredulidad transformándose rápidamente en enojo—. ¿Desde entonces me has estado siguiendo?

Diamond asintió, como si no viera nada de malo en ello.

—Sí. En ese momento, tu ojo parecía muy cerrado, pero esos destellos… eran diferentes a cualquier otra cosa que hubiera visto. Por eso me acerqué. Y cuando te toqué la nuca, tu ojo dejó de parpadear y comenzó a abrirse lentamente.

Twilight se puso de pie de golpe, sintiendo cómo su ira aumentaba con cada palabra de Diamond.

—¿Me estás diciendo que esto es culpa tuya? ¿Qué tú hiciste que todo esto me pasara?

Diamond levantó las manos en un gesto defensivo.

—No, no, no. Eso no es lo que dije.

—¡Claro que sí! —gritó Twilight, ignorando las miradas curiosas de los pasajeros cercanos—. Estaba bien con mi vida normal y aburrida. ¡Y tú lo arruinaste todo!

Diamond la miró con calma, como si el arrebato de Twilight no la afectara en lo más mínimo.

—Escucha, yo no tengo la culpa de que tu ojo parpadeara. Eso ya era cosa tuya. Yo solo me acerqué porque lo vi. Ni yo ni ningún otro errante tenemos control sobre quién tiene su ojo abierto o no.

Twilight apretó los puños, tratando de contener su frustración.

—Entonces, ¿por qué te acercaste a tocarme?

Diamond se encogió de hombros.

—Curiosidad. Nunca había visto un ojo como el tuyo antes. —Hizo una pausa, y su tono se volvió más serio—. Pero si quieres culpar a alguien por esto, culpa al ojo mismo. Porque está claro que esto no empezó conmigo.

Twilight se quedó en silencio, su mente luchando por procesar lo que acababa de escuchar. Su enojo seguía presente, pero ahora estaba teñido de confusión y una creciente sensación de inevitabilidad.

—Entonces… ¿esto iba a pasar de todos modos? —preguntó finalmente, su voz más baja y cargada de resignación.

Diamond asintió.

—Sí. Solo que quizás habría tomado un poco más de más tiempo.

Twilight suspiró, dejándose caer nuevamente en la banca. Su cabeza daba vueltas, y el cosquilleo en su frente parecía intensificarse con cada segundo que pasaba. Por primera vez, se dio cuenta de que tal vez no había forma de escapar de lo que ahora era su realidad.

—Y solo para que lo sepas…sigue parpadeando. A menor ritmo y claro menor frecuencia pero aún parpadea de vez en cuando…como si no estuvieras segura de abrirlo del todo.— dijo Diamond flotando un poco junto a Twilight.

—Simplemente perfecto…—respondió ella cubriéndose la cara con un brazo mientras se recargaba en el respaldo de la silla.

Luego de lo que he habría parecido una eternidad, la chica finalmente se relajó ligeramente y pareció aceptar su posición sin más que hacer al menos por el momento.

Sintiéndose derrotada, Twilight salió de la estación de autobuses mientras el frío aire de la noche le golpeaba el rostro. Sacó su teléfono del bolsillo, revisándolo rápidamente. Sin llamadas perdidas ni mensajes. Al parecer, ni sus amigas ni Spike habían notado su ausencia todavía. Soltó un suspiro de alivio y, girándose hacia Diamond, preguntó

—Entonces, ¿a dónde tenemos que ir ahora?

Diamond que se había mantenido detrás de Twilight y había alcanzado a ver la hora por sobre su hombro, suspiró y respondió con calma:

—Es un poco tarde. Creo que deberíamos esperar a que amanezca.

Twilight sintió como si le hubieran dado una bofetada hipotética. La incredulidad se apoderó de su rostro mientras trataba de procesar lo que acababa de escuchar.

—¿¡Qué!? —exclamó, con una mezcla de rabia y frustración—. ¿Me estás diciendo que ahora quieres esperar? ¡Tú fuiste la que me sacó de mi casa a estas horas porque supuestamente había prisa! ¿Por qué no lo hiciste en la mañana? ¡O mejor aún, por qué no me dejaste en paz! Podrías haber buscado a alguien más para que te ayude.

Diamond frunció el ceño, cruzándose de brazos, aunque trató de mantener la calma.

—Porque si hubiera esperado, probablemente no me habrías hecho caso. Habrías seguido ignorándome como has hecho hasta ahora. —Se inclinó ligeramente hacia Twilight—. Además, eres la primera médium visual y auditiva que encuentro en años.

Twilight arqueó una ceja, claramente confundida por la respuesta.

—¿Qué tiene eso que ver?

Diamond bufó y explicó, con un tono ligeramente impaciente:

—Un médium que solo ve o solo escucha no me sirve. No entenderían la situación completa. Y ni hablemos de los que solo sienten cosas; ellos apenas captan un pedazo del rompecabezas. Tú eres diferente, Twilight. Por eso estás aquí.

Twilight cerró los ojos con fuerza, apretando los labios mientras trataba de controlar su creciente frustración. Finalmente, se descolgó la mochila, la apretó contra su cara y comenzó a gritar con todas sus fuerzas.

El grito resonó en la calle vacía, una mezcla de rabia y desesperación que hizo que Diamond la mirara con una mezcla de compasión y diversión. Cuando Twilight finalmente se detuvo, jadeando ligeramente, Diamond levantó una ceja y preguntó con tono sarcástico:

—¿Ya terminaste tu berrinche?

Twilight bajó la mochila y le lanzó una mirada fulminante.

—Te advierto algo, Diamond. Si me molestas una vez más, me daré la vuelta, regresaré a mi casa y tendrás que buscar a alguien más para que le entregue lo que sea que le quieras entregar a tu papá.

Diamond apretó los labios, claramente molesta. Sin decir nada, su atuendo cambió súbitamente. Ahora llevaba unos jeans ajustados y desgarrados, una camisa de manga larga gris y una chaqueta de cuero sintético negra. Sus botas se transformaron en unos botines oscuros y desgastados, completando su nueva apariencia.

—Está bien —dijo finalmente—, pero igual ya es muy tarde en la noche. Necesitamos buscar un lugar donde pasarla.

Twilight bufó, cruzando los brazos.

—No tengo dinero para un hotel ni nada por el estilo.

Diamond se encogió de hombros.

—Hay albergues gratuitos cerca, pero hay dos problemas. Uno, puede que ya no haya lugar a estas horas. Y dos… bueno, muchísima gente muere en los albergues todos los años. Lo que significa más fantasmas. ¿Y supongo que no querrás lidiar con eso, verdad?

Twilight cerró los ojos con fuerza y murmuró:

—Perfecto. Simplemente perfecto.

Diamond alzó una ceja, claramente divertida por el exasperado comentario de Twilight.

—Podemos ir a un café que conozco. Está abierto las 24 horas. Puedes tomar algo, quedarte ahí hasta que amanezca. Mientras seas cliente, no pueden echarte.

Twilight hizo una mueca de desagrado.

—¿Y fingir que soy una persona desamparada? Genial. Pero supongo que eso tendrá que bastar.

—Excelente —dijo Diamond con una sonrisa algo arrogante—. Sígueme.

Sin añadir más, Diamond comenzó a caminar por la acera, guiando a Twilight hacia el café. Mientras avanzaban, Twilight no podía evitar preguntarse cómo había terminado en semejante situación, pero una cosa era segura: esa noche sería larga.

La noche en Rosher Creek era tranquila y fresca. El clima montañoso del lugar ofrecía un clima agradablemente fresco casi la totalidad del año excepto en los meses de invierno cuando se ponía tan frío que llegaba a caer nieve. Con un cielo despejado que dejaba ver un mar de estrellas las chicas llegaron a la cafetería a cafetería, iluminada por cálidas luces amarillas, ofrecía un respiro de la atmósfera tensa que Twilight había soportado desde que Diamond irrumpió en su vida. Se sentaron en una mesa junto a la ventana, donde las montañas se dibujaban como sombras en el horizonte. Twilight cruzó los brazos sobre la mesa, agotada por la sobrecarga de emociones y revelaciones que había experimentado.

Diamond, sentada frente a ella, no perdió su porte altivo. Aunque su tono era menos arrogante que antes, mantenía un aire de superioridad mientras observaba a Twilight, quien apenas podía disimular su descontento.

—Sé que esto es mucho para ti —dijo Diamond, rompiendo el silencio—. Pero te agradezco que hayas decidido ayudarme. No todos lo harían.

Twilight suspiró, tamborileando los dedos sobre la mesa.

—¿Y exactamente qué se supone que voy a hacer? Es decir se que voy a entregarle algo, que por cierto aún no te has dignado en decirme exactamente que es—preguntó, con una mezcla de curiosidad y cansancio en su voz—. Cuando hablemos con tu padre, ¿qué quieres que le diga? ¿Qué esperas lograr con esto?

Diamond se recargó en la silla, cruzando las piernas mientras reflexionaba por un momento antes de responder.

—Cuando hables con él, lo único que quiero es que le digas lo que tú puedes ver… y lo que yo no puedo decirle. —Su expresión, por un instante, se suavizó—. Mi padre es un hombre complicado. Lo admiro mucho, pero también es difícil de alcanzar emocionalmente. Ha construido su carrera con disciplina y sacrificio, pero no siempre ha sido el mejor padre. No me malinterpretes, lo amo, pero hay cosas que quedaron pendientes entre nosotros.

Twilight frunció el ceño, tratando de unir las piezas del rompecabezas.

—Entonces, ¿esto es… para reconciliarte con él? —preguntó, con escepticismo.

Diamond negó con la cabeza, su semblante volviéndose más serio.

—No exactamente. No estoy aquí para reconciliarme ni para que me perdone, Twilight. —Su mirada se tornó distante, como si estuviera recordando algo doloroso—. Estoy aquí porque necesito que entienda algo importante. Algo que, si no hago ahora, quizá nunca podrá saber.

Twilight sintió un nudo en el estómago. Había algo en las palabras de Diamond, en su tono, que la hacía sentir como si estuviera entrando en aguas mucho más profundas de lo que había imaginado. Antes de que pudiera responder, la camarera llegó con su bebida, un chocolate caliente para somera la noche fresca. Twilight tomó la bebida y bebió un sorbo, dejando que el sabor amargo y dulce calmara, aunque fuera un poco, sus nervios.

—Bien, entonces… ¿qué es eso tan importante? —preguntó finalmente, fijando la vista en Diamond.

La joven fantasma se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.

—Eso es algo que tú también necesitas entender primero. No te preocupes, Twilight. Todo esto tendrá sentido a su debido tiempo. Por ahora, solo confía en mí.

Twilight bufó, frustrada, pero no replicó. Sentía que estaba en un punto sin retorno, y aunque la incertidumbre la carcomía, sabía que ya no podía dar marcha atrás.

La atmósfera en la cafetería estaba impregnada de tranquilidad. Twilight, ahora un poco más relajada, giró la cucharilla en su chocolate mirando el juego de reflejos sobre la superficie. Al otro lado de la mesa, Diamond observaba la noche a través del amplio ventanal, sus ojos fijos en un punto lejano, como si estuviera viendo más allá de las montañas que envolvían el pueblo.

Diamond suspiró profundamente, un sonido que se mezcló con el murmullo lejano de la música ambiental. Sin apartar la vista del paisaje, comenzó a hablar, su voz teñida de melancolía.

—¿Sabes? Siempre quise venir a esta cafetería —dijo, como si confesara un secreto que llevaba mucho tiempo guardado—. Nunca tuve la oportunidad cuando estaba viva.

Twilight levantó la vista, sorprendida por el tono vulnerable de la chica. Diamond continuó, su atuendo cambiando gradualmente a algo más veraniego: jeans cortos, una camisa gris sencilla, un suéter delgado rosado, y su característica tiara. Las zapatillas planas completaban la imagen de una joven más tranquila y despreocupada, una imagen que contrastaba con el peso de sus palabras.

—Recuerdo que con Silver Spoon solíamos hacer planes tontos. —Diamond sonrió débilmente, aunque sus ojos traicionaban un brillo húmedo—. Planeábamos entrar aquí algún día y quedarnos hasta tarde, solo para comprobar si de verdad estaba abierto toda la noche.

Twilight ladeó la cabeza, escuchando con atención mientras Diamond seguía hablando, su voz adquiriendo un tono más nostálgico.

—Imaginábamos que pediríamos todas las tartas del menú, una tras otra, y litros de café con la tarjeta de crédito de mi padre. —La sonrisa de Diamond se desvaneció un poco, y su mirada se volvió más lejana—. Hablábamos de tantas cosas… de los chicos que nos gustaban, de quién se casaría primero, cuántos hijos tendríamos… incluso de qué colores serían nuestros vestidos de boda.

Twilight podía notar cómo la voz de Diamond empezaba a quebrarse poco a poco. La chica fantasma dejó escapar un suspiro tembloroso y miró hacia abajo, sus manos jugando distraídamente con la servilleta. Su atuendo cambió de nuevo, reflejando el peso emocional que cargaba: una sudadera gris oscuro, una falda negra, medias tupidas y botas estilo militar, desgastadas y cubiertas de manchas de polvo.

—Era tan fácil imaginar futuros imposibles. —Diamond dejó escapar una risa apagada, aunque sin alegría—. Como si tuviéramos todo el tiempo del mundo. Como si nada pudiera detenernos.

Twilight sintió un nudo en el estómago. Había algo profundamente trágico en ver a alguien tan joven atrapada en un estado perpetuo de "lo que pudo ser."

—Había tantas cosas que quería hacer… —Diamond se abrazó a sí misma, su voz apenas un susurro—. Tanto que me faltaba por vivir.

La cafetería pareció quedar en silencio por un momento, como si incluso el universo estuviera escuchando su confesión.

—Estoy aquí porque quiero arreglar las cosas con mi padre. Le causé tantos problemas… —Su voz tembló, y una lágrima se deslizó por su mejilla antes de desaparecer—. Pero no sé si alguna vez podré perdonarme por haber sido tan estúpida, por darlo todo por sentado.

Twilight, incapaz de contenerse, se inclinó hacia adelante, apoyando una mano sobre la mesa, cerca de Diamond.

—Diamond… —comenzó, sin saber exactamente qué decir.

Pero Diamond negó con la cabeza, enderezándose un poco.

—No me tengas lástima, Sparkle. No estoy buscando consuelo. —Una sonrisa triste apareció en su rostro—. Solo quería compartirlo contigo. No sé por qué, pero siento que, de alguna manera, hablar contigo me relaja…

La adolescente miró a su médium a los ojos y luego soltó una risa seca.

—Mira sé que esto de ser médium no te convence y no te gusta en lo absoluto y no soy una persona que crea en cosas como el destino o el futuro escrito pero…si de algo sirve, creo que tienes esta habilidad porque es necesaria. La vida es tan compleja que necesita de alguien que le dé un cierre cuando queda truncada…al menos eso es lo que siento yo.

Twilight asintió lentamente, sintiendo el peso de las palabras de Diamond en su pecho. Por primera vez desde que todo esto había comenzado, sintió que veía más allá de la altanería y el orgullo de la chica. Frente a ella estaba una persona rota, con un profundo sentido de la lealtad por como hablaba de sus amigas y su padre, madura para su edad por haber pasado por un trauma tan espantoso como su propia muerte, que solo buscaba un último pedazo de redención en un mundo al que ya no pertenecía.

Twilight miró a Diamond, los ojos de la fantasma aún brillando con la sombra de su melancolía. Había algo en sus palabras que resonaba profundamente en Twilight, aunque no estaba segura de cómo abordarlo. Pensó durante unos momentos, dejando que el silencio se asentara entre ambas antes de hablar.

—Mira, Diamond… —comenzó, eligiendo cuidadosamente sus palabras—. No soy experta en… esto. Ni siquiera sé por qué puedo verte, pero lo que sí sé es que nadie puede cambiar el pasado. Lo único que puedes hacer es aprender de él y seguir adelante.

Diamond levantó una ceja, claramente escéptica.

—Seguir adelante. Claro. Súper fácil de decir para alguien que todavía tiene una vida que vivir.

Twilight frunció el ceño, pero mantuvo su tono calmado.

—Tal vez sí. Pero, aunque estés… muerta, eso no significa que no puedas dejar todo eso atrás. —Hizo una pausa, tratando de encontrar la mejor manera de explicar lo que tenía en mente—. Lo que quiero decir es que… no sé qué hay después de esto. No sé si desaparecerás, reencarnarás, o si irás a algún tipo de cielo, pero estoy segura de que cuando terminemos con esto, podrás continuar tu camino.

Diamond cruzó los brazos, aún mirando por el ventanal. Su expresión se suavizó, aunque seguía pareciendo un poco incrédula.

—¿Cómo puedes estar tan segura de eso? —preguntó, con un tono que mezclaba curiosidad y duda.

Twilight soltó una risa breve, algo amarga.

—No lo estoy. Pero, Diamond… hace apenas unos días, estaba convencida de que los fantasmas no existían. —Levantó las manos en un gesto de incredulidad—. Y ahora no solo sé que existen, sino que pueden interactuar con el mundo de los vivos…o al menos conmigo. Si algo tan improbable como eso puede ser real, entonces cualquier cosa es posible.

Diamond finalmente se giró hacia ella, un atisbo de sonrisa asomando en sus labios.

—¿Eso es lo que piensas? Que todo es posible solo porque tu mundo se ha vuelto patas arriba en una semana.

Twilight se encogió de hombros, esbozando una pequeña sonrisa.

—Básicamente. Mi punto es que… no importa lo que pase después. Sea lo que sea, será lo que deba suceder. Y tal vez eso es lo mejor que puedes esperar.

Diamond la miró fijamente por unos segundos, como si estuviera evaluando cada palabra. Finalmente, soltó un suspiro y volvió a mirar por la ventana.

—Supongo que tienes razón… en parte. —Se encogió de hombros—. Pero no sé si estoy lista para dejarlo todo atrás todavía.

Twilight tomó un sorbo de su bebida y luego se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.

—Bueno, nadie te está pidiendo que lo hagas ahora mismo. Un paso a la vez, ¿no?

Diamond la miró nuevamente, esta vez con una mezcla de respeto y resignación.

—Un paso a la vez… —repitió en voz baja, como si estuviera probando cómo sonaban esas palabras. Luego volvió a mirar hacia afuera, su expresión más tranquila que antes—. Supongo que puedo intentarlo.

Twilight no dijo nada más, dejando que el silencio se asentara entre ellas de nuevo. Pero esta vez, era un silencio más cómodo, menos cargado de incertidumbre y más lleno de posibilidades.

Twilight sintió cómo sus párpados pesaban más con cada minuto que pasaba. La conversación con Diamond había perdido intensidad, reduciéndose a largos silencios interrumpidos por comentarios ocasionales, hasta que finalmente la quietud dominó la atmósfera. Las luces cálidas y la lejana música ambiental del local eran casi hipnóticas, y su cuerpo, agotado por las emociones del día, comenzó a rendirse.

Reclinada contra el respaldo de su asiento, Twilight verificó por última vez su teléfono. Ningún mensaje nuevo de sus amigos ni de Spike. Satisfecha de que su ausencia había pasado desapercibida, suspiró aliviada y se permitió cerrar los ojos. La vista del exterior, con su aire fresco y tranquilo, se desvaneció lentamente mientras sucumbía al sueño.

Al principio, el sueño fue confuso, lleno de colores y sonidos distorsionados. Voces susurraban desde todas direcciones, creciendo en intensidad con cada momento. Cada voz parecía reclamar su atención, hablándole con urgencia.

—¡Ayúdame! —gritaba una voz femenina, entrecortada por el llanto.

—No puedo descansar… —murmuraba otra, tenue y lejana.

—Por favor, solo una oportunidad más… —imploraba una más, cargada de desesperación.

Twilight intentaba responder, pero su boca no emitía sonido alguno. Sus pies se movían, pero no avanzaba. Cada vez que intentaba acercarse a las figuras borrosas que emergían del vacío, estas retrocedían, difuminándose antes de que pudiera distinguirlas. El ambiente alrededor era oscuro y opresivo, como si una niebla pesada la envolviera.

Twilight se cubrió los ojos con las manos y se puso de rodillas, como si sintiera un peso enorme que le aplastará contra el suelo en tanto más escuchaba a las voces.

Las voces se acallaron y Twilight se vio sola de pronto en un lugar que no podía identificar. Dio unos cuantos pasos cuando escuchó que sus pasos empezaron a resonar, como si hubiera entrado a un espacio cerrado.

De repente, se encontró en una habitación llena de espejos. En cada uno de ellos, su reflejo la observaba con expresión diferente: uno la miraba con miedo, otro con tristeza, y otro más con rabia.

—¡No puedes con esto! —gritó un reflejo, golpeando el cristal desde el otro lado.

—¿Por qué tú y no otra persona? —preguntó otro, su voz cargada de resentimiento.

—No puedes ayudarlos a todos… —añadió un tercero, con un tono de desesperanza que caló hondo en ella.

Twilight se llevó las manos a la cabeza, apretándose las sienes mientras intentaba ignorar las palabras. Las voces se superponían, creciendo en volumen hasta convertirse en un clamor ensordecedor. La presión en su pecho aumentaba, como si la aplastara un peso invisible. Finalmente, gritó con todas sus fuerzas:

—¡Esto no es real! ¡No lo es!

El eco de su voz resonó en el vacío, silenciando las voces momentáneamente. Pero antes de que pudiera recuperar el aliento, una figura oscura emergió frente a ella, apuntándola con un dedo esquelético.

—Si tú no ayudas, nadie lo hará.

La figura se abalanzó sobre ella, y Twilight Todo se desvaneció.

Twilight sintió cómo un rayo de sol atravesaba el ventanal y golpeaba directamente su rostro. Su frente perlada de sudor, combinada con el calor matutino que comenzaba a llenar el ambiente, la hizo despertar de forma abrupta. Parpadeó varias veces, confundida, mientras se daba cuenta de que el cielo ya estaba completamente iluminado.

Se encontraba todavía en la esquina de la cafetería, su cuerpo adolorido por haber pasado horas en una posición incómoda. Miró alrededor, viendo cómo algunos clientes nuevos habían llegado para el desayuno, mientras las pocas personas que estuvieron durante la noche ya no estaban. Levantó el teléfono para comprobar la hora: 8:03 de la mañana.

—Por fin despiertas —dijo una voz conocida a su lado.

Twilight giró la cabeza y vio a Diamond Tiara sentada frente a ella, con los brazos cruzados y una expresión de impaciencia mezclada con preocupación. A pesar de su tono brusco, había algo en su mirada que parecía menos altanero que de costumbre.

—¿Qué… qué hora es? —preguntó Twilight, todavía algo aturdida.

—Lo acabas de ver en tu teléfono, ya es de día ¿Tienes idea de cuántas veces intenté despertarte? —replicó Diamond, inclinándose hacia ella. Twilight sintió un escalofrío al recordar que nadie más podía verla ni oírla. Si alguien la hubiera observado, habría parecido que estaba hablando sola.

Twilight se llevó una mano a la cabeza, todavía tratando de sacudirse el extraño sueño que había tenido. Era como si las voces de la noche anterior todavía resonaran débilmente en su mente, llenándola de una inquietud inexplicable.

—Lo siento… Creo que estaba más cansada de lo que pensaba. ¿Pasó algo mientras dormía? —preguntó, mientras trataba de enderezarse y alisaba su cabello revuelto.

Diamond negó con la cabeza, aunque su expresión se suavizó ligeramente.

—No realmente. Solo que roncas un poco cuando estás demasiado agotada. Aunque… parecía que estabas teniendo un mal sueño —comentó, ladeando la cabeza—. Te retorcías en tu asiento, murmurabas algo.

Twilight la miró, su memoria trayendo de vuelta fragmentos caóticos del sueño. Voces llamándola, espejos reflejándola con expresiones aterradoras, la figura oscura… Tragó saliva y decidió no entrar en detalles.

—Sí, creo que fue una pesadilla. Pero ya estoy bien. —Se frotó los ojos y miró hacia afuera. La calle estaba más animada, con gente paseando y autos pasando por la avenida.

Diamond, por su parte, permaneció en silencio unos momentos antes de hablar, esta vez con un tono más reflexivo:

—Sabes, no recordaba cuánto me gustaba esta cafetería. Incluso si no pude entrar en vida, al menos ahora puedo disfrutar del paisaje. —Su mirada se perdió por el ventanal, observando la calle con una melancolía palpable.

Twilight se cruzó de brazos, observándola en silencio. Era evidente que Diamond todavía llevaba consigo un peso que no estaba lista para soltar. Sin embargo, por ahora, decidió no presionarla.

Twilight se incorporó un poco, estirando los brazos hacia arriba y dejando escapar un ligero suspiro al sentir cómo sus músculos se destensaban. Su cuerpo aún resentía la incomodidad de haber dormido en una silla, pero al menos ya estaba algo más despierta. Se revisó los bolsillos para asegurarse de que todavía tenía suficiente dinero para pagar el boleto del autobús de regreso y sacó su teléfono. Ninguna llamada perdida ni mensajes nuevos de sus amigas o Spike.

"Menos mal…" pensó con alivio. Dejó escapar un suspiro, tranquila de que aún no habían notado su ausencia. Todavía tenía tiempo para planear su regreso sin levantar sospechas.

Se levantó de su asiento y caminó hasta el mostrador, donde un joven atendía con una sonrisa amistosa. Observó el menú rápidamente antes de decidirse.

—Buenos días. ¿Podrías darme un desayuno? —pidió Twilight, tratando de sonar lo más natural posible pese a la vergüenza que sentía por su aspecto desaliñado.

El chico asintió mientras marcaba su pedido en la máquina.

—Claro, sin problema. ¿Algo más?

Twilight negó con la cabeza, pero se quedó observándolo cuando lo vio esbozar una sonrisa traviesa.

—¿También te gustaría una almohada? —preguntó él, señalándola con un movimiento de cabeza.

—¿Qué? —respondió Twilight, confundida, antes de notar cómo el chico comenzaba a reírse suavemente.

—Es que te vi dormida en la mesa cuando llegué a empezar mi turno. Parecías bastante cómoda. —Sus palabras, aunque ligeras, hicieron que Twilight se sonrojara profundamente.

—¡Oh! Yo… lo siento mucho, no era mi intención… —balbuceó mientras bajaba la mirada, sintiendo que el calor en sus mejillas aumentaba.

El joven levantó una mano para tranquilizarla, aún sonriendo.

—Tranquila, no es nada malo. Te sorprendería saber cuántas personas hacen lo mismo. Algunos incluso se quedan varios días aquí. Supongo que este lugar tiene algo acogedor para todos. —Se encogió de hombros mientras le entregaba el ticket del desayuno.

Twilight forzó una pequeña sonrisa mientras tomaba el ticket y regresaba a su mesa. Aunque seguía sintiendo algo de vergüenza, las palabras del chico la hicieron sentir un poco menos incómoda. Quizás no era tan raro como pensaba.

Twilight regresó a su mesa con pasos rápidos, intentando disimular el rubor en su rostro, pero al sentarse, la vergüenza seguía ahí, reflejada en sus mejillas todavía encendidas. Apenas había dejado el ticket en la mesa cuando Diamond, que ahora estaba sentada con un aire despreocupado, levantó una ceja.

—¿Y por qué estás tan roja? —preguntó, inclinándose un poco hacia ella con una sonrisa intrigante.

Twilight trató de ignorarla, pero Diamond ya había desviado su mirada al mostrador y al chico que la había atendido. Una sonrisa traviesa se formó en sus labios.

—Ohhh, ya veo. Tienes buen ojo, Twilight. Y déjame decirte algo, de buena fuente sé que ese chico tiene un… buen equipo, si sabes a lo que me refiero. —Le guiñó un ojo, evidentemente divirtiéndose.

—¡Diamond! —susurró Twilight, sintiendo que el calor en su rostro se intensificaba. Miró a su alrededor nerviosa, asegurándose de que nadie la estuviera mirando. Aunque sabía que Diamond era invisible, no podía evitar sentirse avergonzada—. ¡No digas esas cosas!

—¿Qué tiene de malo? —respondió Diamond con un tono descarado—. Vamos, yo morí en pleno desarrollo. Es más que normal que me pase de vez en cuando por el vestidor de los chicos a espiar.

Twilight se llevó una mano al rostro, intentando cubrir su expresión incrédula y avergonzada.

—Por favor, deja de decir esas cosas. No es apropiado.

—¿Ah, no? —Diamond ladeó la cabeza, claramente más interesada en provocar una reacción que en detenerse—. ¿Y a ti qué? ¿No te interesan esas cosas?

Twilight desvió la mirada hacia la ventana, evitando responder, pero Diamond no iba a dejar el tema.

—¿Por qué no? —insistió, con una mirada que mezclaba curiosidad y diversión.

—¡Porque no! —exclamó Twilight, más roja que nunca—. ¡No es asunto tuyo, solo no me importan!

Diamond la miró con suspicacia por unos segundos antes de que su sonrisa se transformara en una expresión más seria, aunque no menos provocadora.

—¿Eres lesbiana? —soltó con toda tranquilidad.

Twilight apretó los labios para reprimir un grito, sabiendo que aunque nadie más pudiera ver ni escuchar a Diamond, sí podrían oírla a ella. Negó furiosamente con la cabeza, agitando las manos en un gesto desesperado para hacerla callar.

—No soy… ¡No es eso! Solo… deja de preguntar cosas tan inapropiadas.

Diamond se encogió de hombros, pero su sonrisa traviesa regresó.

—Mira, solo digo que tal vez deberías empezar a interesarte. Créeme, es una de las cosas que siempre me voy a cuestionar por haber muerto antes de tiempo. Nunca tuve la oportunidad de explorar esas cosas, y ahora me pregunto qué me perdí.

Twilight se quedó callada, mirando fijamente la mesa mientras trataba de calmarse. Aunque sabía que Diamond solo estaba siendo directa, sus palabras la dejaron pensativa. La conversación la hacía sentirse más incómoda de lo que quería admitir, pero no podía negar que había algo de verdad en todo lo que había dicho.

El desayuno llegó a la mesa en pocos minutos, y el joven camarero lo colocó con una sonrisa amable. Twilight agradeció con un murmullo, sin atreverse a mirarlo directamente debido a las constantes bromas de Diamond, quien no dejaba de gritarle cosas como:

—¡Vamos, dile que te invite a salir! O al menos pregúntale su horario de trabajo. ¡Seguro sería un buen novio!

Aunque nadie más podía oírla, la vergüenza de Twilight era palpable. Sentía que el chico podía notar su incomodidad, aunque en realidad solo estaba haciendo su trabajo con profesionalismo. Twilight se concentró en su desayuno, decidida a no levantar la mirada ni dar pie a más burlas. Mientras cortaba un trozo de tostada, escuchaba a Diamond dramatizar en un tono exageradamente romántico:

—"Twilight Sparkle y el camarero de Rosher Creek". ¡Ya puedo ver el título de la novela! ¡Un camarero simple de Rosher Creek encuentra el amor con una médium novata de Wood Lane! Seguro que la venderían como una historia de amor épica.

Twilight suspiró profundamente, tratando de bloquear sus comentarios y enfocándose en disfrutar el café caliente y las tostadas. Cuando terminó, se levantó rápidamente, dejó el pago junto a una generosa propina y agradeció al camarero con la misma timidez con la que había llegado.

—Gracias, estuvo delicioso —dijo antes de salir apresuradamente, mientras Diamond la seguía, todavía lanzando bromas sobre su "crush" con el chico.

El aire fresco de Rosher Creek la recibió al salir. Twilight respiró hondo, apreciando el aroma a pinos que llenaba el ambiente. A pesar de lo relajante del paisaje, su mente seguía ocupada en ignorar los murmullos de Diamond, quien ahora especulaba en voz alta sobre "cómo habría sido la boda".

Finalmente, al llegar a un sendero un poco apartado, Twilight se detuvo en seco, giró sobre sus talones y miró a Diamond de modo intenso y malhumorado .

—¡Basta ya! —exclamó, todavía roja—.Te lo advierto Diamond. Si sigues con esto, tomaré el autobús de regreso, y no volverás a saber de mí nunca.

Diamond soltó una carcajada, cruzando los brazos con un aire de desafío.

—Oh, por favor. Aunque hicieras eso, te seguiría hasta tu casa. Créeme, no te desharías de mí tan fácil. Además, soy un fantasma. Molestarte es lo único divertido que me queda.

Twilight la miró con una mezcla de exasperación y resignación. Sabía que Diamond tenía razón; no importaba dónde estuviera, mientras tuviera esta "habilidad", Diamond siempre encontraría la forma de estar ahí.

—Bueno, pues al menos podrías intentar no ser tan molesta —murmuró mientras retomaba su camino.

Diamond le guiñó un ojo, flotando despreocupadamente a su lado.

—Vamos, Sparkle. Admitámoslo, necesitas un poco de emoción en tu vida. Yo soy tu toque de caos, y lo sabes.

Twilight negó con la cabeza, sin poder evitar una ligera sonrisa mientras continuaban descendiendo por el sendero. Aunque no lo admitiría, la compañía de Diamond, por más insoportable que a veces pudiera ser, le daba algo de consuelo en medio de todo lo extraño que estaba viviendo.

Twilight siguió las indicaciones de Diamond, quien flotaba ligeramente más adelante, girándose de vez en cuando para asegurarse de que Twilight la estuviera siguiendo y pronto se encontró recorriendo una carretera cuesta arriba. Las bromas y comentarios pícaros de la fantasma habían disminuido, dando paso a una actitud más seria y enfocada mientras le describía los detalles del camino.

—Es por aquí, Sparkle. La mansión queda en lo alto de esa colina, al final del sendero —señaló Diamond con una mano incorpórea.

El camino era empinado, y Twilight ya sentía cómo sus piernas comenzaban a protestar por el esfuerzo. Mientras intentaba controlar su respiración, el paisaje alrededor empezó a cambiar drásticamente. Las casas dispersas que aún podía ver al inicio de la cuesta desaparecieron, dando lugar a un bosque cerrado. Los altos pinos formaban un dosel natural que bloqueaba parcialmente la luz del sol, dejando sombras alargadas sobre la carretera apenas asfaltada.

—¿Estás segura de que esto es seguro? —preguntó Twilight, sintiendo cómo un nudo de ansiedad crecía en su estómago.

—Por supuesto. Bueno… en teoría, ya sabes…—respondió Diamond señalándose a sí misma. Luego soltó una ligera risa y dejó salir una sonrisa maliciosa antes de volver a mirar al frente—. ¿Qué, tienes miedo de los lobos o algo así?

Twilight decidió ignorar el comentario, concentrándose en seguir avanzando. Sus pasos resonaban contra el asfalto vacío, y de vez en cuando, el canto distante de un pájaro rompía el silencio. Aunque sabía que Diamond estaba con ella, la sensación de aislamiento era innegable. Si alguien la hubiera visto desde lejos, parecería una joven completamente sola, caminando por una carretera abandonada.

—No es exactamente acogedor por aquí —comentó Twilight mientras sus ojos escaneaban los árboles a ambos lados del camino.

—Es una carretera vieja, casi nadie la usa. Pero tranquila, la mansión está justo al final de esta ruta. Solo… no mires demasiado entre los árboles —añadió Diamond con tono críptico, provocando que Twilight se estremeciera ligeramente.

—¿Por qué no? —preguntó Twilight con un deje de temor.

Diamond se limitó a encogerse de hombros, su sonrisa traviesa reapareciendo.

Twilight no supo bien cómo interpretar esto, pero haciendo un rápido ejercicio de semántica y en relación a su contexto, la advertencia tomó un poco de sentido.

Había más de ellos aquí.

Tendría sentido siendo una carretera antigua y un sendero tan…aislado.

El camino se hizo más estrecho, y el sonido del viento moviendo las ramas comenzó a parecer más fuerte, casi como un susurro. A medida que avanzaba, Twilight sintió cómo su ansiedad se intensificaba, mezclándose con la incertidumbre sobre lo que encontraría al llegar a la mansión. Sin embargo, apretó el paso, decidida a no detenerse.

—Es aquí donde empiezan las cosas interesantes —dijo Diamond al detenerse abruptamente frente a un arco de piedra cubierto de musgo que estaba a un lado del camino, indicando la entrada a lo que parecía ser una larga y descuidada calzada que conducía colina arriba.

Twilight tragó saliva, mirando la ominosa entrada con una mezcla de curiosidad y temor. Sabía que no había vuelta atrás.

Se detuvo por un momento, mirando el sendero estrecho y ligeramente cubierto de hojas y ramas caídas. Aunque confiaba en Diamond, no podía evitar sentir un nudo en el estómago al adentrarse en un terreno tan apartado.

—¿Por qué no seguimos por la carretera? —preguntó con un tono nervioso mientras ajustaba la mochila en su espalda—. Esto se ve un poco… inhóspito.

Diamond flotaba un poco más adelante, moviéndose con ligereza a través de las sombras de los árboles. Al escuchar la pregunta, se giró con una expresión divertida.

—¿Y perder el paisaje? No seas tan aburrida, Sparkle —respondió con una sonrisa burlona, pero luego su rostro adoptó un aire más tranquilo—. Es un atajo. Nos ahorrará al menos quince minutos. La carretera está bien si tienes un auto, pero si vas a pie, este sendero es lo mejor. Créeme, lo conozco mejor que nadie.

Twilight no parecía completamente convencida, pero siguió avanzando detrás de Diamond, asegurándose de evitar las raíces sobresalientes y los arbustos que invadían el camino.

—Mi mamá y yo solíamos usar este sendero para ir al pueblo a comprar cosas —dijo Diamond después de un rato, su voz sonando más suave de lo habitual. Sus ojos fantasmas parecían enfocarse en algo más allá del presente, como si estuviera reviviendo un recuerdo lejano—. Era nuestro secreto. Mientras todos usaban la carretera, nosotras preferíamos caminar por aquí. Decíamos que era nuestra pequeña aventura.

Twilight escuchó en silencio, sintiendo cómo el tono melancólico de Diamond empezaba a teñir el ambiente.

—Silver Spoon y yo exploramos este bosque tantas veces… —continuó Diamond, su voz volviéndose un poco más animada al recordar—. Planeamos construir una casa aquí algún día, justo en medio del bosque. Queríamos mudarnos juntas y ser las mejores amigas para siempre. Teníamos todo diseñado: una casita con ventanas grandes, un jardín lleno de flores, y un columpio enorme colgando de uno de esos pinos gigantes.

Twilight asintió ligeramente, sin interrumpir. Había algo conmovedor en el entusiasmo contenido de Diamond al hablar de sus sueños infantiles, incluso si la melancolía seguía presente.

Pero entonces, Diamond dejó de hablar de golpe. Su expresión se ensombreció, y su figura incorpórea pareció volverse un poco más tenue.

—Tal vez ese fue mi error más grande… —murmuró después de un largo silencio, apenas audible sobre el susurro del viento entre los árboles.

Twilight frunció el ceño, inclinándose un poco hacia adelante para escucharla mejor.

—Adentrarme tanto en el bosque aquella noche, creyendo que lo conocía bien… —continuó Diamond, su voz temblando apenas perceptiblemente.

Twilight sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Aunque ya conocía la historia de lo que había sucedido aquella noche, escucharla repetir esas palabras, tan cargadas de pesar, la hizo revivir el horror de los detalles que Diamond había compartido.

—Diamond… —dijo suavemente, tratando de consolarla—, no fue tu culpa. Ya lo hablamos. No podías saber que… que algo así iba a pasar.

La joven fantasma guardó silencio por un momento, mirando a su alrededor como si buscara algo en el paisaje que le diera consuelo. Finalmente, se giró hacia Twilight con una sonrisa triste.

—Lo sé, Sparkle, pero a veces es difícil no pensar en cómo todo podría haber sido diferente. Cómo… podría haber evitado todo esto. —Suspiró, sacudiendo la cabeza como si quisiera espantar esos pensamientos—. En fin, no importa ahora. Vamos, falta poco.

Twilight asintió, aunque no pudo evitar que esas palabras se quedaran en su mente mientras avanzaban. El sendero se volvía cada vez más oscuro y cerrado, pero Twilight decidió centrarse en los pasos que debía dar en lugar de los recuerdos que flotaban a su alrededor.

Twilight observó la imponente mansión desde el borde del sendero, sintiendo una mezcla de curiosidad y miedo. La casa era inmensa, con paredes de piedra oscura que parecían haber soportado siglos de viento y lluvia. Ventanas altas y estrechas, la mayoría cubiertas por cortinas descoloridas, daban la impresión de ser ojos que observaban silenciosamente el bosque circundante. La estructura parecía al mismo tiempo majestuosa y siniestra, como si cargara con los secretos de incontables generaciones.

La meseta donde estaba inscrita ofrecía una vista impresionante, pero el paisaje no ayudaba a aliviar el creciente desasosiego que se apoderaba de Twilight. A la distancia, el bosque continuaba su descenso, volviéndose cada vez más oscuro y cerrado. El aire era pesado, como si la naturaleza misma guardara un silencio expectante, y Twilight no podía quitarse de encima la sensación de que algo la vigilaba desde entre los árboles.

"Quédate aquí, Sparkle," dijo Diamond con un tono que, a pesar de su ligereza, cargaba con un peso que Twilight no supo interpretar. La fantasma flotó hacia la mansión, su forma traslúcida cruzando la pared de piedra como si no fuera más que niebla.

Twilight tragó saliva y cruzó los brazos sobre su pecho, tratando de contener el escalofrío que le recorría la espalda. El aire parecía más frío aquí, aunque el sol todavía brillaba alto en el cielo.

—Claro, genial idea, dejarme sola frente a una mansión embrujada… —murmuró para sí misma, pero su intento de humor no logró calmar sus nervios.

Sus ojos volvieron al bosque detrás de la casa, donde las sombras parecían moverse, o al menos eso le parecía. Había algo en ese lugar que iba más allá de la lógica. Sentía la presencia de algo, no solo de los árboles ni de los sonidos del viento, sino de… otros. No sabía cómo, pero estaba segura de que, si se adentraba en ese bosque, no saldría de la misma manera.

"¿Cuántos errantes hay aquí?" pensó, un sudor frío comenzando a formarse en su frente. Si lidiar con una sola fantasma como Diamond ya la había dejado agotada, no podía imaginar lo que significaría enfrentarse a más. La idea era tan abrumadora que casi sintió que sus piernas se negaban a moverse.

La mansión frente a ella no era mejor. Parecía contener su propia carga de secretos, quizás tan oscuros como los del bosque. A pesar de su tamaño y aparente desuso, Twilight sintió que había algo… vivo dentro. Algo que la observaba desde las ventanas.

Los minutos parecieron horas mientras esperaba. La soledad del lugar, la inquietante sensación de ser vigilada, y el frío que parecía filtrarse a través de su ropa comenzaron a pesarle. Twilight trató de calmarse, recordándose que Diamond no la había llevado hasta aquí sin una razón.

Un crujido a la distancia la hizo girarse de golpe, mirando hacia el sendero que habían tomado. Pero no había nada. Sólo el sonido del viento entre las hojas. Cerró los ojos y respiró profundamente, tratando de recuperar el control de sus pensamientos.

Cuando los abrió de nuevo, miró hacia la mansión con una mezcla de desafío y temor. Diamond se había adelantado, pero Twilight sabía que, tarde o temprano, tendría que seguirla. Con cada minuto que pasaba, el aire alrededor de ella parecía volverse más pesado, como si el lugar mismo tratara de disuadirla de avanzar. Pero ya había llegado hasta aquí. No podía retroceder ahora.

"Apresúrate, Diamond," pensó con una mezcla de impaciencia y súplica, sus manos temblando ligeramente mientras las apretaba en puños para controlarse. "No sé cuánto más puedo esperar sola aquí."

Pasados varios minutos que a Twilight le parecieron horas de no saber si estaba siendo vigilada por alguien vivo, otros errantes o algún animal salvaje que rondara la zona, por fin Diamond se decidió a salir de la mansión.

Una vez llegó junto con Twilight le miró con una sonrisa.

—Todo listo Twilight, ya puedes tocar el timbre.

Twilight miró a Diamond con incredulidad, intentando procesar lo que acababa de escuchar. Sus manos empezaron a sudar y su respiración se volvió más rápida.

—¿Quieres que toque el timbre? —repitió en un susurro tembloroso, como si la idea misma de hacerlo fuera algo imposible.

Diamond asintió con naturalidad, cruzando los brazos como si no entendiera cuál era el problema.

—Exacto. Para que abran la puerta —dijo como si fuera obvio, y luego añadió con una sonrisa tranquilizadora—. Todo saldrá bien, Sparkle. Solo tienes que confiar en mí.

—¡¿Confiar en ti?! —Twilight alzó la voz más de lo que pretendía y rápidamente bajó el tono al notar el eco que resonaba a través del espacio vacío a su alrededor—. Diamond, esto no estaba en el plan. Creí que solo íbamos a recoger algo. Pensé que la mansión estaba abandonada.

La fantasma ladeó la cabeza, como si le divirtiera la reacción de Twilight.

—¿De qué habría servido traerte aquí si sólo iba a recoger algo que puedo tomar por mí misma? —respondió, su tono ligero y despreocupado. Luego señaló hacia la mansión—. Y no, la casa no está abandonada. Mi padre sigue viviendo aquí… aunque sí necesita algunos arreglos, ¿no crees? —Su sonrisa se volvió un poco melancólica—. Ya te lo dije, Sparkle, desde que morí y… bueno, pasó lo que pasó, él ha dejado que las cosas se descuiden un poco.

Twilight retrocedió un paso, su mirada fija en la puerta principal de la mansión. Sus piernas empezaron a temblar. La idea de entrar y enfrentarse al padre de Diamond, o quien fuera que estuviera dentro, era demasiado para ella.

—No puedo hacer esto, Diamond —dijo en un tono más bajo, negando con la cabeza mientras intentaba mantener la compostura—. No estoy lista para hablar con nadie. Apenas sé qué hago aquí.

Diamond flotó un paso hacia ella, flotando en el aire con una expresión entre compasiva y firme.

—Sparkle, escucha. Sé que esto te pone nerviosa, pero no tienes que preocuparte. Estoy aquí contigo, ¿recuerdas? Te diré todo lo que necesitas saber. Solo… confía en mí esta vez, ¿sí?

Twilight miró a Diamond, su mente en un torbellino de pensamientos. Quería confiar en ella, pero cada fibra de su ser le decía que girara sobre sus talones y corriera cuesta abajo por el sendero. Sin embargo, algo en los ojos de Diamond, esa mezcla de urgencia y vulnerabilidad, la detuvo.

Respiró hondo, tratando de calmar los temblores en sus piernas. No estaba segura de poder hacerlo, pero si Diamond había insistido tanto en traerla aquí, debía haber una razón.

—Está bien… —murmuró finalmente, con la voz temblorosa. Luego tragó saliva y miró hacia la puerta—. Pero si esto sale mal, quiero que sepas que es tu culpa.

Diamond sonrió ampliamente, casi aliviada, y señaló la puerta con un gesto teatral.

—Así me gusta, Sparkle. Ahora, ve y toca el timbre.

Twilight cerró los ojos, respiró hondo una vez más y avanzó lentamente hacia la reja de hierro, sintiendo el peso de cada paso como si estuviera marchando hacia su destino.

Twilight se quedó frente al intercomunicador, con la mano aún temblando ligeramente después de haber presionado el botón. Apenas pasaron unos segundos antes de que una voz masculina, grave y un tanto hosca, respondiera desde el otro lado.

—¿Quién es y qué se le ofrece? —preguntó con un tono que denotaba impaciencia.

Twilight tragó saliva, sintiendo que el nudo en su estómago se apretaba aún más.

—E-Eh… B-Buenos días… Yo… me llamo Twilight Sparkle y… —comenzó, pero sus palabras se atropellaban unas con otras, y su voz se escuchaba insegura.

La voz del otro lado no tardó en interrumpirla.

—No sé quién es usted ni qué quiere, pero si no es mucha molestia, le agradecería que se retire. Está en propiedad privada.

Twilight sintió cómo el peso de esas palabras la golpeaba, dándole un pretexto perfecto para girarse y marcharse. Casi estaba por murmurar un "está bien" cuando escuchó a Diamond a su lado.

—No. Vuelve a intentarlo —dijo la fantasma, con un tono firme pero calmado—. Dile que quieres hablar con el señor Philip Diamond.

Twilight miró a Diamond con incertidumbre, su mano aún flotando cerca del intercomunicador.

—¿Estás segura? No quiero causar problemas… —susurró en voz baja.

—Hazlo, Sparkle. Confía en mí —insistió Diamond, señalando el intercomunicador con un gesto de la mano.

Con un suspiro tembloroso, Twilight presionó de nuevo el botón.

—S-Sí, lo siento… Yo… quisiera hablar con el señor Philip Diamond… —dijo, aunque su voz vaciló en las últimas palabras.

La respuesta del hombre del otro lado fue inmediata y aún más firme.

—Le repito, señorita, que se retire. El señor Diamond no recibe visitas sin previo aviso.

Twilight bajó la mirada, comenzando a considerar la idea de simplemente alejarse y olvidarse de todo esto, pero Diamond volvió a intervenir, ahora con un tono más insistente.

—Dile que es importante. Menciona mi nombre, Sparkle. Dile que vienes a hablar sobre su hija, Anabelle.

Twilight abrió los ojos con sorpresa, girándose hacia Diamond como si quisiera asegurarse de que había escuchado bien.

—¿Es necesario? —preguntó en un susurro urgente.

—Sí, lo es. Hazlo ahora, antes de que cuelgue —respondió Diamond, cruzando los brazos.

Con un último respiro profundo, Twilight volvió a presionar el botón del intercomunicador.

—P-Por favor, escúcheme… Es importante. Necesito hablar con el señor Philip Diamond. Es sobre su hija… Anabelle.

El silencio que siguió fue abrumador. No hubo una respuesta inmediata del otro lado, pero el intercomunicador seguía encendido, dejando escapar un leve zumbido que confirmaba que la línea no se había cortado. Twilight se tensó, sintiendo como si el aire a su alrededor se hubiera vuelto más pesado.

—¿Hola…? —preguntó con cautela, aunque no obtuvo respuesta.

Volteó hacia Diamond, esperando algún tipo de guía. La fantasma estaba seria, observando la reja con una expresión tensa, como si estuviera esperando algo muy específico.

Finalmente, la voz masculina volvió a escucharse, pero ahora su tono era bajo y lleno de algo que Twilight no supo descifrar de inmediato.

—Espere ahí.

El intercomunicador se cortó de repente, dejando a Twilight sola con el eco de esas dos palabras resonando en su cabeza.

Las puertas de la mansión se abrieron lentamente, revelando a un hombre alto de porte distinguido, con el cabello cuidadosamente peinado y un monóculo que brillaba a la luz tenue del sol de la mañana. Su expresión era estoica, aunque sus ojos estudiaban a Twilight con una intensidad que hizo que su nerviosismo creciera aún más.

El hombre caminó hacia la reja de hierro con pasos medidos, deteniéndose justo frente a ella. Twilight tragó saliva, incapaz de apartar la vista mientras él la observaba de arriba abajo, como si intentara desentrañar cada secreto que pudiera ocultar.

Finalmente, habló, su voz profunda y controlada:

—Dígame, señorita, ¿qué sabe usted sobre Anabelle?

Antes de que Twilight pudiera responder, Diamond, que permanecía junto a ella, bufó con diversión.

—¡Buena pregunta! —dijo la fantasma con una sonrisa traviesa—. ¿Qué sabes de mí, Sparkle? Llevas viéndome tres días, pero aún no sabes nada sobre la cosa más impresionante que te ha sucedido. ¡Jajaja!

Twilight cerró los ojos un momento, intentando no dejarse distraer por las bromas de Diamond, y se esforzó por mantener la compostura. Abrió la boca para responder, pero el hombre al otro lado de la reja levantó una mano, interrumpiéndola con firmeza.

—Le ruego que sea clara —dijo, su tono ahora más severo—. Este tema es extremadamente delicado. Sería prudente que me explique exactamente por qué está usted frente a la mansión de la familia Diamond y por qué habla de Anabelle.

Twilight sintió cómo el peso de sus palabras la congelaba en su lugar. Las piernas le temblaban, y su mente parecía haberse quedado en blanco. Las miradas inquisitivas del hombre y la insistente presencia de Diamond no ayudaban a calmarla.

—Y-Yo… —intentó empezar, pero su voz apenas fue audible.

—Vamos, Sparkle, no te quedes ahí parada como si hubieras visto un fantasma —susurró Diamond, aunque su tono tenía un matiz de empatía—. Dile algo.

Twilight inspiró profundamente, intentando recuperar el control de su respiración, pero las palabras seguían sin fluir. La sensación de que había cometido un error al venir aquí crecía con cada segundo que pasaba en silencio.

Twilight inhaló profundamente, intentando calmar los nervios que la hacían temblar. Alzó la mirada hacia el hombre, quien seguía observándola con ese escrutinio implacable, y decidió que ya no podía quedarse callada.

—Quiero hablar con el señor Philip Diamond respecto a su hija —dijo, aunque su voz salió un poco temblorosa—. Hay información importante que él debe saber.

El hombre alzó una ceja, claramente escéptico, y parecía estar a punto de responder cuando Twilight, superando su miedo, levantó una mano para detenerlo.

—Sé que es algo complicado de explicar cómo obtuve esta información sobre Anabelle, pero puedo asegurarle que es fiel y… —hizo una pausa para tragar saliva antes de continuar—, que él debe escucharla.

El hombre la miró en silencio, sus ojos evaluándola con atención mientras el ambiente a su alrededor parecía volverse más pesado. Finalmente, dejó escapar un leve suspiro y habló con un tono que no ocultaba su incredulidad:

—Señorita, el señor Diamond no recibe a nadie sin una convocatoria previa o una cita formal. Si no tiene alguna de estas cosas, me temo que…

Antes de que pudiera terminar, Diamond, quien había estado observando la escena con los brazos cruzados y un gesto exasperado, resopló.

—Sabía que esto iba a pasar… —murmuró, para luego dirigir su atención a Twilight—. No quería tener que hacerlo, pero no me dejan opción. Escucha bien, Sparkle. Repite exactamente lo que voy a decirte.

Twilight giró la cabeza hacia la fantasma, quien le lanzó una mirada seria antes de dictar las palabras:

—Mi nombre es Twilight Sparkle. Usted no sabe quién soy y es comprensible que desconfíe de mí, pero esta información y su importante mensaje son más valiosos que cualquier formalidad que pueda solventarse en una cita previa o un llamamiento. Esta información viene de la misma hija del señor Diamond, y me gustaría saber si sería tan amable de dejarme entregarle este mensaje.

Twilight dudó un segundo antes de repetir las palabras, palabra por palabra, con la mayor firmeza que pudo reunir. Al terminar, el hombre frente a ella permaneció inmóvil, su expresión impenetrable mientras sus ojos seguían clavados en ella, como si estuviera buscando alguna señal de mentira o engaño.

El silencio que siguió fue ensordecedor, y Twilight sintió cómo el peso de la incertidumbre la aplastaba poco a poco. Diamond, por su parte, cruzó los brazos y esperó con un gesto confiado, aunque su tono impaciente fue evidente cuando susurró:

—Vamos, viejo. ¿Qué tanto vas a dudar?

Finalmente, el hombre asintió ligeramente, aunque su semblante no perdió su rigidez.

—Espere aquí —dijo simplemente antes de girarse y regresar hacia la mansión, dejándola sola frente a la reja con el corazón latiendo con fuerza en el pecho.

Twilight permaneció inmóvil, su respiración entrecortada mientras intentaba procesar lo que acababa de suceder. La sensación de poder que había sentido al recitar las palabras de Diamond se desvaneció rápidamente, dejando solo una creciente ansiedad. Detrás de ella, Diamond flotó un poco más cerca, y en un destello sutil, cambió su atuendo a algo más formal y reservado: un vestido negro ceñido con mangas largas y detalles plateados en el cuello y los puños, acompañado de un chal traslúcido que flotaba como si fuera humo. Por supuesto, su tiara permanecía intacta, brillando tenuemente bajo la luz tenue de la mañana.

Un momento después, el hombre del monóculo reapareció, caminando con pasos firmes hacia la reja, esta vez con una libreta en la mano. Twilight lo observó, confundida, mientras escribía algo con una pluma. Al terminar, arrancó la hoja de la libreta y, sin decir una palabra, la pasó por entre los barrotes de hierro.

Twilight, todavía demasiado desconcertada para preguntar, tomó el papel y lo miró rápidamente. Era un cheque. Un cheque con una suma considerable escrita en él. Antes de que pudiera reaccionar, el hombre habló, su tono gélido y cargado de desprecio.

—Tome su asqueroso dinero y lárguese de aquí.

Twilight parpadeó, completamente atónita.

—¿Q-qué…?

El hombre se cruzó de brazos, mirando a Twilight como si fuera lo más repugnante que hubiera visto.

—No es la primera vez que alguien intenta jugar con el dolor de esta familia, pretendiendo tener poderes especiales o alguna conexión con la señorita Anabelle para sacar provecho. Francamente, me sorprende que esta práctica aún no se considere ilegal o un fraude penado por la ley. Así que le repito: tome su asqueroso dinero y lárguese antes de que llame a la policía.

Twilight se quedó paralizada con el cheque temblando en sus manos, mientras sentía que su rostro se ponía rojo de vergüenza y furia. A su lado, Diamond parecía incómoda, incluso un poco avergonzada.

—Ah… eh, tal vez se me olvidó mencionar algo —murmuró Diamond, rascándose la cabeza mientras evitaba la mirada de Twilight—. Verás… no eres la primera persona que intenta decirles que puede verme. Ya vinieron otros antes… supuestos "videntes" que sólo querían sacarles dinero a mis padres.

Twilight apretó los dientes, sus manos temblando mientras sostenía el cheque.

—¿Y no se te ocurrió decírmelo antes? —le gritó a Diamond, su enojo ahora mezclado con frustración.

El hombre en la reja bufó, aparentemente irritado por la interacción.

—Ya basta con este acto circense —dijo, su voz cortante—. Pretender que puede ver a la señorita Anabelle es una burla imperdonable. Váyase de inmediato antes de que tome medidas legales.

Twilight miró al hombre, luego a Diamond, su corazón latiendo con fuerza mientras el peso de la situación la abrumaba. No sabía qué decir o cómo reaccionar, pero sentía que estaba a punto de explotar.

Twilight apretó los puños y dio un paso al frente, mirando al hombre con tal intensidad que lo obligó a retroceder instintivamente. La tímida e insegura mujer que se había presentado frente a la reja parecía haber desaparecido, reemplazada por una figura vibrante de enojo y frustración.

—¡CON UN CARAJO! —gritó, su voz resonando en la tranquila mañana, espantando a algunos pájaros, haciendo eco incluso más allá de la mansión.

Giró hacia Diamond, quien intentó interrumpirla, pero Twilight ya había alcanzado su límite. Con el dedo apuntándole directamente, empezó a desahogar todo lo que había estado conteniendo desde que la fantasma había aparecido en su vida.

—¡Podrías haberme explicado esto cuando apareciste en mi casa la primera vez! —comenzó, sin detenerse—. ¡O en el autobús, cuando estábamos de camino aquí! ¡O en la cafetería cuando me hiciste levantarme temprano esta mañana para venir hasta acá! ¡Tuviste un montón de oportunidades para decirme qué diablos querías y cómo pretendías que lo hiciera, pero no! Decidiste jugar al fantasma enigmático que no suelta ni una maldita palabra.

Diamond flotaba frente a ella, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—¿Qué querías que hiciera? ¡No iba a contártelo todo de golpe! —replicó, aunque su tono denotaba una pizca de arrepentimiento—. ¡No es tan simple!

—¡¿No es tan simple?! —replicó Twilight, su voz llena de sarcasmo y furia—. ¡¿Qué no es tan simple?! ¡Estoy aquí, enfrentándome al ridículo porque tú no pudiste decirme algo tan básico como "por cierto, antes han venido algunos estafadores, así que tal vez no confíen en ti de inmediato"? ¡Eso habría sido suficiente!

El hombre detrás de la reja, que había estado observando la escena con creciente confusión, finalmente intervino.

—Esto es ridículo —dijo con frialdad, pero con un deje de incredulidad—. ¿De verdad espera que crea este pésimo teatro?

Twilight giró hacia él, apretando el cheque en su mano con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

—¿Te parece un teatro? —espetó, su voz cargada de desprecio. En un movimiento rápido, arrugó el cheque en una bola y se lo lanzó directamente a la cara.

El hombre retrocedió instintivamente, desconcertado, mientras el cheque caía al suelo. Twilight lo señaló con un dedo tembloroso, su pecho subiendo y bajando rápidamente por la emoción.

—¡Quédate con tu estúpido dinero! No me importa. La única razón por la que estoy aquí es para deshacerme de ella —gruñó, señalando el aire donde Diamond flotaba visiblemente incómoda—. ¡Porque no tienes idea de lo molesta que es! Desde que apareció, no he tenido un solo segundo de paz.

El hombre la miró fijamente, atónito por su arrebato. Sus ojos se movieron entre el cheque hecho bolita en el suelo y Twilight, quien continuaba refunfuñando, aparentemente discutiendo con alguien invisible.

Por un instante, pareció considerar que todo aquello era una actuación elaborada, pero había algo en su mirada y en su furia que lo hizo dudar. Finalmente, tomó una decisión.

—Espere aquí —dijo con tono más serio, girándose y caminando hacia la mansión sin esperar respuesta.

Twilight se quedó en su lugar, jadeando mientras intentaba calmarse. Diamond la observaba en silencio, con una mezcla de culpa y asombro en su rostro.

—Bueno, eso fue… intenso —murmuró Diamond finalmente, tratando de romper el incómodo silencio.

Twilight la fulminó con la mirada.

—¡Tú no digas nada! —gruñó, señalándola con un dedo firme.

Diamond alzó las manos en un gesto de rendición, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa de admiración ante la reacción de Twilight.

El hombre volvió a salir al cabo de varios minutos, pero esta vez no estaba solo. Caminaba al lado de una mujer que captó la atención de Twilight de inmediato. Alta, despampanante, con un porte majestuoso que irradiaba autoridad y desagrado en igual medida. Su cabello, perfectamente arreglado en un moño apretado, no dejaba escapar ni un solo mechón. Su atuendo, un elegante vestido negro con detalles plateados en el cuello y las mangas, resaltaba tanto su figura como su aire imponente. En su mano derecha sostenía una enorme llave de metal que parecía pesada y antigua, el sonido del metal tintineando al ritmo de sus pasos resonando en derredor.

Twilight sintió un nudo formarse en su estómago al verla caminar con confianza hacia la reja. El sonido rítmico y resonante de sus tacones contra la acera llenaba el aire, cada paso como un recordatorio de que esta mujer no era alguien con quien uno quisiera meterse.

Por otro lado, Diamond flotaba un paso detrás de Twilight. Su postura cambió al instante al ver a la recién llegada. El traje más irreverente que había llevado hacía unos minutos se desvaneció en un suave destello, transformándose en un vestido sencillo pero elegante de corte antiguo, con mangas largas, un cuello alto adornado con encaje, y una falda plisada que llegaba hasta sus tobillos. Incluso su infaltable tiara ahora parecía más discreta, casi modesta, en comparación con sus anteriores elecciones extravagantes.

Diamond emitió un suave pero audiblemente nervioso:

—Oh, oh…

Twilight sintió un escalofrío recorrerle la columna al escucharla, algo en el tono de voz de la fantasma era diferente, como si por primera vez ella estuviera verdaderamente incómoda. Twilight frunció el ceño y se giró ligeramente hacia Diamond, susurrando con exasperación pero manteniendo su voz baja:

—¿"Oh, oh"? ¿Qué quieres decir con "oh, oh"?

Diamond bajó la mirada, su postura ahora más contenida y evasiva. Hizo un ademán de desviar la pregunta, pero Twilight la fulminó con la mirada, dejando claro que no iba a dejar pasar esto sin una respuesta.

—Es… complicado. —Diamond finalmente murmuró, aunque sus ojos seguían clavados en la mujer que ahora estaba a pocos pasos de la reja—. No esperaba verla aquí…

—¿Quién es ella? —insistió Twilight, aún más impaciente.

Diamond finalmente soltó un suspiro y se inclinó un poco más hacia Twilight, como si su respuesta pudiera ser un secreto que alguien más pudiera escuchar.

—Es Violet du Mont. Era la encargada del personal de la casa… y una de las pocas personas que no sólo me soportaba, sino que me mantenía bajo control. —Su voz se volvió casi nostálgica, aunque teñida de incomodidad—. Digamos que nuestra relación era… complicada.

—Complicada cómo, exactamente… —preguntó Twilight, pero su voz se apagó al notar que la mujer había llegado frente a ella y la estaba observando de arriba abajo con una mirada que podría helar hasta el fuego.

—Así que usted es la farsante que quiere venir a molestar al señor Diamond— habló molesta y solemne la mujer.

Twilight sintió su cara ponerse roja tanto de la vergüenza de que la llamasen farsante y el enojo que eso le provocaba.

—N-No soy ninguna fars…—titubeó, pero la señora Du Mont habló de nuevo interrumpiéndola.

—Míreme a los ojos cuando hable conmigo, señorita. —La voz de Violet era tan afilada como un cuchillo, directa y firme—. Y no susurre entre dientes. Responda de una buena vez o váyase por donde vino. ¿Qué quiere aquí, molestando al señor Diamond?

Twilight tragó saliva, sintiendo cómo la mirada de Violet la atravesaba. La confianza que había intentado reunir hacía apenas unos minutos se desmoronaba bajo la implacable autoridad de aquella mujer. Era como si cada palabra de Violet cargara el peso de un juicio inapelable, y Twilight no podía evitar sentirse pequeña bajo su escrutinio.

Por un instante, miró de reojo a Diamond, buscando algún tipo de apoyo, pero la fantasma estaba callada, visiblemente incómoda y flotando justo detrás de ella como si quisiera desaparecer. Twilight cerró los ojos por un segundo, tratando de calmarse, y luego volvió a mirar a Violet con la poca firmeza que le quedaba.

—Yo… —comenzó, aunque su voz titubeó al inicio—. Vine aquí porque tengo información importante que concierne a Anabelle.

Violet levantó una ceja, su mirada volviéndose aún más inquisitiva.

—¿Información? ¿Y cómo supuestamente obtuvo esa información?

Twilight apretó los labios. Sabía que tenía que medir sus palabras con cuidado.

—Es complicado explicar cómo la obtuve, pero puedo garantizarle que es veraz y que viene directamente de Anabelle.

Violet entrecerró los ojos, escaneándola con una mezcla de escepticismo y desconfianza. Luego se cruzó de brazos, sin apartar su intensa mirada de Twilight.

—Usted debe pensar que soy una completa idiota si espera que crea algo tan absurdo.

Twilight apretó los puños, sintiendo cómo el enojo burbujeaba nuevamente dentro de ella. No podía permitirse perder el control, pero la actitud de Violet estaba logrando desgastar su paciencia a un ritmo alarmante. De reojo, notó que Diamond parecía querer intervenir, pero seguía sin decir nada, lo que sólo aumentaba su frustración.

—No estoy aquí para engañar a nadie —dijo Twilight finalmente, con un tono más firme—. Y no me importa si usted no me cree. Mi única intención es que el señor Diamond reciba este mensaje, porque sé que es algo que necesita saber.

Violet permaneció en silencio por un momento, su mirada fija en Twilight como si estuviera evaluando cada palabra y gesto. Finalmente, dejó escapar un leve suspiro y giró ligeramente hacia el hombre que la acompañaba.

—Llévala al estudio. Si esto resulta ser otra pérdida de tiempo, será responsabilidad tuya.— dijo mientras abría la pesada reja de metal.

El hombre asintió rápidamente y comenzó a guiar a Twilight hacia la casa. Mientras avanzaban, Twilight pudo sentir la mirada de Violet clavada en su espalda, y un escalofrío recorrió su cuerpo. Estaba lejos de estar fuera de peligro, y lo sabía muy bien.

Twilight no pudo evitar un sobresalto cuando cruzó el umbral de la mansión. Apenas había dado unos pasos, y la atmósfera del lugar ya le resultaba profundamente inquietante. El aire era pesado, cargado con algo que no podía identificar, como si cada partícula estuviera impregnada de una energía antigua y opresiva. La luz era tenue, incluso las lámparas distribuidas estratégicamente parecían no alcanzar a iluminar completamente el espacio. El sonido de sus propios pasos era amortiguado, casi inexistente, como si el suelo y las paredes estuvieran cubiertos de una alfombra invisible que absorbía cualquier ruido.

El pasillo que recorrieron era largo, bordeado de muebles antiguos y cuadros que parecían mirarla, sus ojos pintados llenos de juicio. Los ojos de Twilight se movían rápidamente, tomando nota de cada detalle, desde el pesado candelabro que colgaba del techo hasta las gruesas cortinas que bloqueaban la poca luz natural que podía entrar. Era un lugar impresionante, sin duda, pero también claustrofóbico. A pesar de lo amplio del espacio, todo en la mansión parecía conspirar para que se sintiera atrapada.

Diamond, flotando tras ella, parecía nerviosa, aunque trataba de disimularlo al mirar todo con una fingida fascinación. Twilight, sin embargo, no podía ignorar el hecho de que incluso la fantasma había cambiado su actitud. Si Diamond, que estaba muerta, parecía incómoda, ¿qué podía significar eso para ella, una simple mortal?

Finalmente, llegaron al final del pasillo. La señora Violet se detuvo frente a una puerta enorme y negra, que tenía un diseño rústico y arcaico. La madera parecía tallada a mano, con intrincados detalles que contaban historias de otra época, y los remaches de hierro que la adornaban le daban un aire intimidante. Violet sacó una llave pesada, casi igual de imponente que la puerta, y la giró con un clic seco que resonó en el pasillo silencioso. La puerta se abrió con un chirrido grave y penetrante, revelando una oficina que parecía aún más majestuosa y opresiva que el resto de la mansión.

La habitación era enorme, con paredes cubiertas de estanterías llenas de libros antiguos, reliquias de madera oscura y detalles de bronce que brillaban con la escasa luz. Un escritorio masivo dominaba el centro de la sala, con pilas de documentos organizados meticulosamente. Los ventanales, aunque grandes, estaban cubiertos por pesadas cortinas que apenas dejaban entrar un rayo de luz. La única iluminación provenía de una lámpara de escritorio con un tono cálido y amarillento, que proyectaba sombras largas y profundas en las esquinas de la habitación.

—Siéntese. —La voz del hombre del monóculo rompió el silencio, señalando una silla frente al escritorio.

Twilight obedeció sin decir una palabra. Apenas tomó asiento, Violet cerró la puerta tras ella con un golpe seco que hizo eco en la habitación. Twilight sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no bajó la mirada. En cambio, se centró en la figura de Violet, que caminó con calma hacia el escritorio y se sentó detrás de él, acomodándose con una dignidad casi teatral. El hombre del monóculo permaneció de pie junto a ella, como un guardián silencioso.

Por un momento, todo quedó en un tenso silencio. Violet observó a Twilight con una mirada fija y evaluadora, mientras que la joven apretaba los puños para mantener la compostura. Diamond, por su parte, flotaba detrás de ella, ahora muy interesada en un globo terráqueo que parecía ser una antigüedad.

Finalmente, Violet habló, su tono firme y autoritario, como si estuviera dictando una sentencia.

—Usted debe ser realmente muy estúpida para continuar con esta farsa.

Twilight entrecerró los ojos. Su paciencia, ya desgastada por la experiencia en el pórtico, estaba llegando a su límite.

—No soy ninguna farsante, señora Violet—Su voz fue firme, aunque se notaba el enfado contenido—. Créame, me encantaría que todo esto se tratara sólo de dinero. Habría tomado el cheque y me habría largado de aquí para siempre.

Violet arqueó una ceja, claramente sorprendida por la respuesta. Twilight continuó antes de que pudiera interrumpirla.

—Pero no todas las cosas se arreglan con dinero, ¿sabe? Por mucho que a los ricos les guste creer eso. Estoy aquí porque no sé qué más hacer para deshacerme de Diamond. —Hizo un gesto hacia la fantasma, que seguía absorta en sus propios pensamientos—. No dejó de molestarme hasta que accedí a venir.

Violet parpadeó un par de veces, y su expresión cambió. Primero parecía incredulidad, pero luego surgió algo más: desconcierto. La mujer ladeó la cabeza ligeramente, observando a Twilight con mayor atención.

—¿Cómo sabe usted mi nombre, señorita?

Twilight frunció el ceño, mirando fugazmente a Diamond, que ahora flotaba detrás del escritorio con una mueca de incomodidad evidente.

—¿Su nombre? —repitió Twilight, con un dejo de confusión que rápidamente se disipó cuando entendió lo que Violet quería decir, ya que la había llamado por su nombre sin que la mujer se hubiese presentado primero—. Ella me lo dijo.

—¿Ella? —preguntó Violet, inclinándose ligeramente hacia adelante, sus ojos centelleando con una mezcla de escepticismo y algo parecido a la inquietud—. ¿Quién, exactamente, es "ella"?

Twilight señaló hacia Diamond sin dudar, lo que hizo que Violet arqueara una ceja aún más alto.

—¿La fantasma que está flotando detrás de usted?

El hombre del monóculo dejó escapar un ligero resoplido, como si intentara contener una risa de incredulidad, pero Violet no se unió a su reacción. En cambio, se recostó en su silla, sus dedos tamborileando lentamente sobre el escritorio. Sus ojos permanecían fijos en Twilight, como si estuviera tratando de ver a través de ella, buscando un indicio de mentira o locura.

—Señorita, ¿espera que me crea semejante disparate? —preguntó finalmente, con una voz que intentaba mantener la autoridad, aunque ya no era tan segura como antes.

Twilight apretó los dientes, claramente frustrada.

—No espero que me crea, señora Violet. Pero sí espero que escuche. Porque esto no es un disparate. Es mi vida, y ahora está patas arriba gracias a ella.

Por un instante, un silencio cargado se extendió en la habitación. Violet no apartó la mirada de Twilight, y aunque su expresión no traicionaba mucho, algo en su postura parecía haberse suavizado, apenas.

Twilight sostuvo la mirada de la señora Violet con determinación, su mandíbula apretada y los puños firmemente cerrados sobre sus rodillas. Violet, con la misma intensidad, no apartó los ojos de ella. Durante un momento, la habitación se quedó en silencio, solo perturbada por el leve zumbido de un reloj antiguo sobre una de las estanterías.

Finalmente, Violet se inclinó hacia adelante, apoyando sus manos en el escritorio. Su voz, aunque aún firme, ahora llevaba un matiz diferente, como si estuviera midiendo cuidadosamente cada palabra.

—No estás mintiendo, al menos no precisamente —concedió, observando a Twilight con la sospecha de alguien que está acostumbrado a desentrañar verdades incómodas—. Pero… tampoco puedo creer que estés diciendo la verdad. ¿Hablas con el fantasma de Diamond Tiara? ¿Esa es tu explicación?

Twilight exhaló un suspiro exasperado, inclinándose ligeramente hacia adelante. Su voz salió teñida de frustración.

—No crea que no me da vergüenza salir por ahí diciendo algo tan ridículo como que puedo ver fantasmas y hablar con ellos. Créame, señora Violet, esto no es algo que disfrute. Mis amigas piensan que estoy loca. Me suspendieron de la escuela porque tuve un ataque de pánico frente a todos, y ahora estoy completamente segura de que fue causado por Diamond y sus amiguitos fantasmas.

Desde su posición flotante detrás de Twilight, Diamond Tiara dejó escapar una carcajada sarcástica.

—¡Oh, por favor! —intervino, cruzándose de brazos mientras rodaba los ojos—. No te creas tan especial. Yo no tuve nada que ver con una suspensión, ¿oca? La única vez que te vi en la escuela fue cuando vi tu tercer ojo parpadear como un faro. Eso fue todo.

Twilight giró bruscamente hacia ella, fulminándola con la mirada.

—¡Es tu culpa que empezara a abrirse, así que no me digas que no tienes nada que ver!

Diamond simplemente se encogió de hombros, fingiendo desinterés.

—Ya te dije que eso no fue mi culpa ni empezó por mí. Pero no estoy aquí para darte una clase de espiritismo básico.

La señora Violet, que había estado observando el intercambio con los labios fruncidos, dejó escapar un suspiro contenido y se reclinó en su silla. Aunque no podía ver ni escuchar a Diamond, la intensidad y el ritmo del monólogo de Twilight —porque para ella eso era lo que parecía— comenzaban a desestabilizar su escepticismo.

—Esto es absurdo, absolutamente absurdo. —Su voz era más suave ahora, pero no menos seria—. No voy a mentir, señorita, usted parece genuinamente molesta. Pero lo que está diciendo… no tiene sentido.

—¿Cree que a mí me gusta que no tenga sentido? —respondió Twilight rápidamente, dejando entrever su frustración—. Todo esto es una locura, lo sé, pero está pasando. Diamond está aquí, y ella es la que no me deja en paz.

Violet entrecerró los ojos. Su tono volvió a endurecerse.

—Entonces demuéstrelo. No le permitiré hablar con el señor Diamond hasta que pueda responder algunas preguntas que solo la hija de los Diamond podría saber. Hemos tenido problemas con estafadores en el pasado, y esto huele igual de mal que ellos.

Twilight abrió la boca para protestar, pero la cerró de golpe, apretando los labios con fuerza. Una parte de ella entendía el escepticismo de Violet, pero la insistencia en tratarla como una mentirosa la enfurecía.

—¿Y si ella simplemente me dice lo que necesita que le diga a él? Yo entrego el mensaje y me largo de aquí.

Antes de que Violet pudiera responder, Diamond se cruzó de brazos y descendió hasta quedar flotando justo frente a Twilight.

—¡Ni lo sueñes! —espetó—. No les diré nada a menos que vayamos directamente con mi padre.

Twilight dejó escapar un gruñido exasperado.

—¡¿Puedes dejar de ser tan insoportable por un segundo?!

Diamond puso las manos en las caderas, elevando la barbilla en un gesto desafiante.

—¿Insoportable? No soy yo quien está actuando como si todo el mundo le debiera algo. Si tienes un problema conmigo, ve y dilo frente a mi papá. Estoy segura de que estará encantado de escuchar tu… versión.

—¡Eso es precisamente lo que estoy intentando hacer! —Twilight agitó las manos en el aire como si quisiera estrangularla, aunque sabía que no podía tocarla—. Pero no puedo porque sigues complicándolo todo.

La escena era tan surrealista que Violet, por un momento, perdió su compostura. Observó a Twilight, que parecía estar teniendo una discusión acalorada con la nada misma, con una mezcla de incredulidad y fascinación. Aunque sabía que debía mantenerse firme, no podía ignorar que la joven frente a ella hablaba con una fluidez y una intensidad que no podía ser ensayada.

Finalmente, Violet levantó una mano para detenerlas, aunque en realidad solo dirigió el gesto a Twilight.

—Basta. —Su voz era baja pero autoritaria—. Esto es una locura. No puedo ver a esta… 'Diamond' de la que hablas, pero parece que tú sí. Y, habiendo conocido a la verdadera Diamond Tiara, debo admitir que la actitud que describes no me resulta tan difícil de imaginar.

Twilight se detuvo, aún respirando con fuerza por la discusión, y miró a Violet con algo de esperanza.

—Entonces… ¿me cree?

Violet la miró con una expresión severa, su ceño profundamente fruncido.

—No. —Hizo una pausa, como si la palabra le supiera amarga—. Pero tampoco puedo decir que no la crea. Su historia es demasiado… peculiar para ignorarla.

Se inclinó hacia adelante, entrelazando las manos sobre el escritorio.

—Le haré las preguntas. Si puede responderlas, quizás entonces considere dejarla ver al señor Diamond. Pero una advertencia: si está mintiendo, no solo la sacaré de aquí, sino que me aseguraré de que no vuelva a acercarse a esta casa nunca más y me aseguraré de que tenga un bonito expediente en la policía por intento de estafa, ¿Quedó claro señorita?

Twilight asintió lentamente y visiblemente molesta se enderezó en su asiento. Sentía como si estuviera a punto de ser sometida a un examen final, con consecuencias mucho más graves que una mala calificación. A su lado, Diamond sonrió de manera casi maliciosa, como si disfrutara del espectáculo.

—Estoy lista —dijo Twilight con firmeza, aunque no pudo evitar lanzar una mirada furtiva a Diamond, que parecía ansiosa por el enfrentamiento que estaba por venir.

La atmósfera en la oficina se tornó aún más tensa. La señora Violet se reclinó en su silla, cruzando los brazos y observando a Twilight con un gesto que denotaba tanto desconfianza como una pizca de intriga.

—De acuerdo —dijo al fin—. Si de verdad tienes acceso a la información que dices tener, responderás estas preguntas. Pero te advierto, no serán cosas que un estafador podría adivinar.

Twilight enderezó la espalda, sintiendo el peso del momento sobre ella. A su lado, Diamond Tiara flotaba con los brazos cruzados, lanzando una mirada molesta hacia la señora Violet.

—Primera pregunta —comenzó Violet, inclinándose ligeramente hacia adelante—: El día en que Diamond cumplió trece años, su padre le dio un regalo muy especial, algo que no tiene precio para la familia Diamond. ¿Qué era?

Twilight abrió la boca para responder, pero nada salió. Giró su cabeza hacia Diamond, que resopló con fastidio.

—¡Oh, claro, como si fuera difícil! —dijo Diamond, irritada—. Dile que era un collar con un diamante rosado incrustado. Papá dijo que simbolizaba mi nombre, mi importancia. Blah, blah, blah.

Twilight frunció el ceño y repitió en voz alta:

—Un collar con un diamante rosado. Su padre dijo que simbolizaba su nombre y su importancia para la familia.

Violet ladeó la cabeza, desconcertada.

—Correcto —murmuró, su tono bajo y meditabundo. Aunque trató de mantener una fachada escéptica, un destello de sorpresa cruzó su rostro antes de que pudiera ocultarlo—. Muy bien, segunda pregunta. Diamond siempre llevaba algo característico en la cabeza. Algo que era prácticamente una extensión de ella misma. ¿Qué era?

Twilight apenas necesitó voltear hacia Diamond para obtener la respuesta. La joven fantasma le lanzó una mirada de aburrimiento antes de señalarse la cabeza.

—¿En serio? ¿Eso es lo mejor que tiene? Mi tiara. Siempre usé una tiara, hasta el día en que… bueno, ya sabes.

Twilight suspiró, claramente irritada por el tono de Diamond, pero respondió:

—Una tiara. La llevaba todo el tiempo.

La señora Violet se quedó en silencio por un momento. No era un detalle completamente secreto, pero sí algo que pocas personas fuera del círculo cercano de los Diamond conocerían. Después de unos segundos, asintió lentamente y continuó.

—Tercera pregunta. Diamond solía tener un escondite favorito en la casa. Un lugar donde podía estar sola, lejos de sus padres o de cualquier responsabilidad. ¿Dónde estaba ese lugar?

Diamond chasqueó la lengua y rodó los ojos.

—¡Como si alguien pudiera saber eso! Era el desván. Tenía un rincón allí donde guardaba mis diarios y mi caja de recuerdos. Mamá nunca subía porque decía que el polvo arruinaba su piel.

Twilight asintió con un gesto casi mecánico y repitió:

—El desván. Tenía un rincón donde guardaba sus diarios y una caja de recuerdos. Su madre nunca subía porque le preocupaba el polvo.

El rostro de Violet se endureció de inmediato. Ese detalle era demasiado específico, y el desván era un lugar que ni siquiera muchos empleados conocían bien.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó, con una mezcla de irritación y desconcierto. Twilight alzó las cejas, como si la respuesta fuera evidente.

—Ya se lo dije. Ella me lo está diciendo.

Violet respiró hondo y apretó los labios antes de continuar con una cuarta pregunta. Esta vez, su tono era más frío, como si intentara ocultar que la exactitud de las respuestas la estaba perturbando.

—Cuarta pregunta. Diamond tenía un apodo muy especial que solo su padre usaba con ella. Nadie más lo sabía. ¿Cuál era?

Diamond pareció quedarse en silencio por un instante, su expresión suavizándose levemente. Su atuendo cambiando con una chamarra blanca con botas grises y un vestido blanco simple.

—'Mi pequeña gema'. Siempre me llamaba así cuando estábamos solos o cuando quería hablar de modo cariñoso conmigo.

Twilight bajó la mirada, sintiendo un leve atisbo de empatía al repetir las palabras.

—'Mi pequeña gema'. Era como él la llamaba cuando estaban solos o cuando quería hablar de manera dulce con ella.

Violet, por primera vez, perdió la compostura y dejó escapar un jadeo audible. Esa era información que absolutamente nadie más conocía. Incluso entre los Diamond, era un secreto casi sagrado.

—Esto no puede ser —murmuró, pero no lo dijo en voz alta para que Twilight lo escuchara.

Aún tratando de mantener un mínimo de control sobre la conversación, Violet lanzó su quinta y última pregunta, su voz temblando apenas perceptiblemente.

—Última pregunta. El día de su cumpleaños número trece, justo antes de que… desapareciera, Diamond discutió con alguien en esta casa. ¿Quién era y por qué discutieron?

Diamond adoptó una expresión sombría y miró a Twilight con seriedad.

—Fue con mamá. Ella no quería que siguiera molestando a papá para llamar su atención. Dijo que no era propio de una señorita y que no era 'propio' de mí como una Diamond. Yo me enojé y le grité que no podía controlarme siempre.

Twilight tragó saliva y respondió lentamente, como si le pesaran las palabras.

—Fue con su madre. Ella no quería que Diamond siguiera molestando a su padre por llamar su atención. Diamond se enojó y le dijo que no podía controlarla siempre.

Violet se quedó paralizada, su rostro endurecido en una máscara de incredulidad. Durante largos segundos, no dijo nada. Twilight podía notar que estaba luchando por procesar lo que acababa de escuchar.

Finalmente, Violet se levantó lentamente de su silla, observando a Twilight como si la estuviera viendo por primera vez.

—Esto es… —Su voz tembló por un momento, pero rápidamente la recobró—. No sé cómo lo haces, pero nadie más podría haber sabido estas cosas.

Twilight exhaló con alivio, aunque aún podía sentir la tensión en el aire. Diamond, flotando cerca, sonrió con autosuficiencia.

—Te lo dije —murmuró con una pizca de triunfo—. Siempre consigo lo que quiero.

Violet, sin embargo, no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente. Aunque sus ojos traicionaban un destello de miedo y duda, se dirigió a Twilight con frialdad y puso sus brazos por sobre su cuerpo en la silla, mirándola fijamente.

—Dime ahora mismo de donde sacaste toda esa información.

Twilight suspiró, negando suavemente ya cansada de repetir la información.

—Ya se lo dije ella está aquí y está diciéndome todo esto…

—Charles, necesito una taza de té, ¿puedes ir a buscar una?— dijo la señora Violet de un modo apresurado, después de meditar un momento. Cómo si hubiera querido deshacerse del hombre.

El hombre del monóculo asintió y se apresuró a salir de la oficina.

Una vez la puerta se cerró, en la habitación parecía haberse detenido el tiempo. La señora Violet se apartó violentamente de Twilight y regresó tras el escritorio sin dar crédito a qué no solo no lograba intimidar a la farsante sino que las respuestas a las preguntas que había hecho eran correctas a plenitud.

Se sentó tras el mueble, apretando los puños sobre el escritorio, su rostro una máscara de contención emocional mientras buscaba desesperadamente una última pregunta, algo que desenmascarara a Twilight de una vez por todas. Pero esta vez, sus palabras no salieron con la frialdad analítica con la que había interrogado antes; esta pregunta era personal, cargada de una tristeza que había llevado consigo durante años.

Con los labios apretados y los ojos llenos de lágrimas contenidas, Violet se inclinó ligeramente hacia adelante, como si al acercarse pudiera acortar la distancia entre ella y la respuesta que tanto había esperado.

—El último día que vi a la señorita Diamond… —comenzó, con la voz temblando—, quise decirle que no debía sentirse mal por no ser el centro de atención un día, que ya habría muchos otros para que ella fuera la protagonista. Pero fui una ingenua, no debí haber dicho eso. Ahora sé que fue una tontería, pero… aquí hay algo que quiero que respondas.

Hizo una pausa, tragó saliva, y su mirada parecía perforar a Twilight, cargada de una mezcla de dolor y esperanza.

—¿Qué fue lo último que le dije a Diamond antes de que desapareciera?

Twilight sintió que la pregunta caía sobre ella como una losa. Era diferente a todo lo que Violet había preguntado antes. Ya no era un desafío, un intento de descubrir una supuesta estafa. Esto era algo más profundo, algo que Violet necesitaba saber, aunque temiera la respuesta.

Twilight miró hacia Diamond, que ahora flotaba al lado de la ventana. La apariencia de la niña había cambiado nuevamente. Ya no tenía la altanería que había mostrado durante la mayor parte de la conversación. Su vestido ahora era sencillo, su tiara brillaba menos, y su rostro mostraba algo que Twilight no había visto antes: una pesada tristeza. Una tristeza profunda y auténtica que parecía pesarle tanto como la pregunta misma.

Diamond bajó la mirada, tragó saliva, y sus ojos se nublaron con una culpa que parecía haber reprimido durante años.

—Dile… dile que me dijo…

Twilight la miró con expectativa, pero Diamond no terminó la frase de inmediato. Finalmente, con un susurro que apenas parecía salir de su garganta, dijo:

—"Volveré pronto. Quédate aquí y no hagas tonterías, ¿de acuerdo? Prometo que celebraremos tu cumpleaños como se debe esta noche. Sólo espera."

Twilight sintió que el peso de esas palabras caía sobre sus propios hombros, como si fueran una carga que no le correspondía pero que debía llevar de todos modos. Se aclaró la garganta, consciente de que Violet estaba esperando, y con una voz cargada de pesar, repitió las palabras de Diamond:

—Le dijo: "Volveré pronto. Quédate aquí y no hagas tonterías, ¿de acuerdo? Prometo que celebraremos tu cumpleaños como se debe esta noche. Sólo espera."

Violet quedó inmóvil. Su rostro, que hasta entonces había sido una máscara de escepticismo y control, se descompuso por completo. Sus ojos se llenaron de lágrimas que comenzaron a caer por sus mejillas mientras un sollozo escapaba de sus labios.

—No… —susurró, llevándose una mano a la boca—. No puede ser…

Se levantó tambaleándose de su asiento y comenzó a caminar hacia la ventana, como si necesitara aire pero no pudiera abandonar la habitación. Sus hombros temblaban mientras las lágrimas caían sin cesar.

—Eso fue lo último que le dije… —murmuró, como si estuviera hablando consigo misma—. Y luego la dejé sola. No debía haberla dejado sola. ¡No debía haberla dejado sola!

Twilight permaneció en silencio, observando cómo la mujer, que hasta hace unos minutos había sido un bastión de control, ahora se desmoronaba frente a ella. Violet se giró de repente hacia el lugar donde Twilight estaba sentada, su rostro enrojecido por el llanto.

—¡Lo siento, Diamond! —exclamó, como si pudiera ver a su antigua protegida frente a ella—. ¡Lo siento tanto! Yo… yo debí quedarme contigo. ¡Debí hacer mi trabajo! Tú no tenías por qué estar sola ese día. ¡Era tu cumpleaños, por el amor de Dios! Y yo… te dejé…

Diamond observó la escena con una mezcla de dolor y resignación. Su voz, que generalmente era altanera y sarcástica, ahora era suave y temblorosa.

—No fue su culpa… —murmuró, pero sólo Twilight pudo oírla.

—Ella dice que no fue su culpa —dijo Twilight en voz baja, aunque sabía que sus palabras probablemente no servirían de consuelo.

Pero Violet negó con la cabeza, abrazándose a sí misma mientras más lágrimas caían.

—¡Claro que lo fue! Yo debía cuidarla, debía protegerla. Y la dejé sola en ese maldito bosque. No estuve allí cuando más me necesitaba.

Twilight miró a Diamond, que ahora parecía más pequeña, más vulnerable. La niña fantasma parecía querer decir algo, pero sus palabras no salían. Finalmente, Violet cayó de rodillas frente al escritorio, incapaz de soportar más el peso de su culpa.

—Perdóname, Diamond… —susurró, con los ojos cerrados y las lágrimas fluyendo libremente—. Por favor, perdóname.

Twilight, sin saber qué más hacer, miró nuevamente a Diamond, quien finalmente pareció reunir el valor para hablar.

—Dile que está perdonada. No fue su culpa que yo hubiera tenido la grandiosa y estúpida idea de ir al bosque para llamar la atención. Que lamento que mis acciones hayan provocado tanto dolor. Que yo… que yo también lo siento. Por haber sido tan difícil con ella.

Twilight se acercó un poco a la señora Violet que ahora estaba de rodillas cubriéndose la cara con las manos. Se arrodilló junto a ella y le dijo:

—Ella dice que usted está perdonada. Dice que la responsabilidad de haberse ido al bosque no es de nadie más que ella. Que lamenta que sus acciones hayan provocado tanto dolor y que lamenta mucho el haber sido tan difícil con usted.

Aunque Violet no podía ver a Diamond, sus sollozos parecieron calmarse levemente, como si el mensaje hubiera llegado hasta lo profundo de su corazón. La habitación quedó en silencio, roto sólo por los ecos de las lágrimas y los suspiros de ambas mujeres, una viva y otra muerta, unidas por un lazo de arrepentimiento y redención.

La puerta se abrió y por ella entró el hombre del monóculo con una charola con un juego de té. Miró el espectáculo de sollozos en que se había convertido la habitación y comprendió lo que había pasado.

Dejó la charola sobre el escritorio y se limpió las manos con una toalla.

Se giro y avanzó con paso tranquilo, su porte sereno contrastando con la emoción desbordada que llenaba la sala. Se acercó a la señora Violet y, con un gesto firme pero gentil, la ayudó a ponerse de pie. Violet aceptó su apoyo, aunque su cuerpo seguía temblando por el torrente de sentimientos que acababan de desbordarse en ella. Twilight permanecía inmóvil, con las manos tensas a los lados y la mirada fija en el espacio donde Diamond estaba parada, sintiendo las emociones de la chica agitarse como una tormenta dentro de su propio ser.

Diamond, normalmente tan altiva y combativa, parecía diferente ahora. Una calma casi etérea se reflejaba en su rostro, pero Twilight podía sentir el remolino de emociones: alivio, nostalgia, y algo que solo podía describirse como un destello de alegría. Diamond estaba procesando todo lo que acababa de ocurrir, al igual que Violet, y su conexión con Twilight hacía que cada emoción atravesara a la joven como un río caudaloso.

Pasaron varios minutos en silencio, solo interrumpidos por los suaves sollozos de Violet y el crujir del piso bajo sus pies. Finalmente, Violet levantó el rostro, ahora más sereno, aunque las lágrimas aún brillaban en sus mejillas. Miró a Twilight con una expresión que era a la vez una súplica y un destello de esperanza.

—Si es verdad que puedes verla —dijo con voz temblorosa, su tono casi suplicante—, por favor dime, ¿está contenta? ¿Ella está feliz?

Twilight giró lentamente hacia Diamond, cuyos ojos se encontraron con los de ella con una intensidad que casi la desarmó. Fue en ese momento cuando el cambio comenzó. Diamond, que hasta entonces había estado vistiendo uno de sus trajes habituales, cambió de forma casi imperceptible. Su atuendo se transformó en algo que irradiaba felicidad y elegancia: un vestido lila de tela ligera que se movía como si danzara con el aire, complementado por unas medias y zapatos color crema que realzaban su juvenil gracia. Su cabello parecía más brillante, y en su rostro floreció una sonrisa genuina, algo que Twilight no había visto desde que la conoció.

Diamond asintió ligeramente, y Twilight, con un nudo en la garganta, se giró hacia Violet.

—Sí —dijo con un susurro que resonó como un trueno en la quietud de la habitación—. Está contenta. Dice que está feliz de haber podido disculparse.

Violet apretó los labios y cerró los ojos con fuerza mientras nuevas lágrimas corrían por su rostro. Sus manos temblaban mientras intentaba enjuagar sus mejillas con un pañuelo, pero era evidente que las emociones la habían sobrepasado. Su respiración se agitó, pero esta vez no por la culpa, sino por un alivio tan profundo que parecía transformar todo su ser.

El hombre del monóculo, que había permanecido en silencio hasta ese momento, observó la escena con atención, sus ojos brillando con una curiosidad contenida. Violet finalmente logró recobrar un poco de compostura y miró a Twilight con una mezcla de gratitud y solemnidad.

—Gracias… —murmuró, su voz apenas un hilo—. Gracias por decírmelo. Por permitir que la escuchara a través de usted.

Twilight asintió, sin saber muy bien qué responder. Diamond, por su parte, observaba a Violet con una ternura que parecía impropia de la personalidad que había mostrado hasta entonces. Su expresión era la de alguien que había encontrado un cierre, aunque no el que había esperado.

Violet respiró hondo y se giró hacia el hombre del monóculo, que inmediatamente entendió el mensaje silencioso. Él asintió y se dirigió a la puerta al fondo de la sala, abriéndola con un gesto cuidadoso. Antes de que pudiera entrar, Violet le detuvo con una mano en el brazo y se volvió hacia Twilight.

—El señor Diamond la recibirá —dijo, su tono más firme aunque aún cargado de emoción—. Aunque debo advertirle que él puede ser mucho más difícil de convencer. Pero si de verdad puede ver a Diamond… si puede hablar con ella… entonces sé que, en el fondo, él estará feliz de atenderla.

Twilight sintió cómo su corazón se aceleraba ante la idea de enfrentar al hombre al que Diamond parecía temer tanto, pero asintió, sabiendo que no tenía otra opción. Diamond se acercó lentamente, y Twilight pudo sentir la calidez de su presencia. La chica fantasma, con su nuevo atuendo, se veía más brillante y serena que nunca.

—Gracias, Twilight —dijo Diamond, con una voz que solo ella podía escuchar—. Por ayudarme. Por hacer esto por mí.

Twilight tragó saliva y se preparó para lo que estaba por venir, mientras la puerta al despacho del señor Diamond se abría lentamente ante ella.

En otra habitación, el aire era pesado y denso por razones muy diferentes, cargado de un silencio opresivo que sólo se rompía por el susurro del papel al moverse. Philip Diamond estaba sentado detrás de su imponente escritorio de caoba, los codos apoyados sobre la superficie y sus manos tensas sosteniendo un par de hojas que parecían pesar tanto como su propia alma. Frente a él, en una silla decorada con un tapizado de brocado que alguna vez había sido símbolo de elegancia y confort, estaba su esposa, Primrose Diamond, o pronto con su apellido de soltera otra vez, Primrose Tiara. Su mirada estaba fija en las manos de Philip, pero su expresión no reflejaba enojo, sólo un dolor profundo, silencioso, como si toda su fuerza se hubiera agotado hacía mucho tiempo.

Los papeles entre las manos de Philip eran los documentos que ambos habían evitado firmar por años. Eran el último clavo en el ataúd de su matrimonio, que había comenzado a desmoronarse tras la muerte de su hija, Diamond Tiara. Desde aquel trágico día, ninguno de los dos había sabido cómo reconstruir lo que tenían. Habían intentado ignorar el vacío, dedicarse al trabajo, buscar consuelo en rutinas y distracciones, pero al final siempre quedaban solos con el peso de su pérdida. En lugar de apoyarse mutuamente, se habían ido distanciando, cada uno cargando su propio dolor y culpa en silencio.

Philip levantó la mirada hacia Primrose, su rostro reflejando el cansancio de los años y el peso de decisiones largamente pospuestas. Había amor allí, enterrado bajo capas de tristeza y arrepentimiento, pero también había resignación. Ella lo miró con la misma melancolía, como si en su mirada quisiera pedirle perdón por no haber sido suficiente, por no haber sabido cómo ayudarlo ni cómo salvar lo que tenían.

Philip dejó escapar un largo suspiro, uno que parecía cargar todos los años de silencio y resentimiento acumulados. Abrió un cajón del escritorio y sacó una pluma fuente de diseño refinado. La sostuvo un momento, como si el objeto en sí representara el acto final de un largo y doloroso capítulo. Justo cuando inclinó la pluma para firmar su nombre, la puerta se abrió con un suave pero decidido chirrido.

Ambos levantaron la vista al unísono, sorprendidos por la interrupción. En el umbral estaba la señora Violet, su rostro aún pálido por las emociones que había vivido momentos antes, pero con una determinación inusual en sus ojos.

—Disculpen la interrupción mis señores—dijo con voz temblorosa, haciendo una leve reverencia—, pero hay algo urgente que deben saber.

Philip frunció el ceño, dejando la pluma a un lado con visible molestia. Era raro que Violet se permitiera irrumpir en momentos como este, especialmente cuando sabía lo que estaban tratando de resolver. Primrose también la miró con curiosidad y un atisbo de impaciencia, aunque su postura seguía siendo abatida.

—¿Qué sucede, Violet? —preguntó Philip, su voz baja pero cargada de autoridad.

La señora Violet respiró hondo antes de continuar, consciente de que sus palabras podrían ser mal recibidas.

—Hay una joven aquí que necesita hablar con usted… es algo importante.

Philip arqueó una ceja, su desconfianza evidente.

—¿Esto no puede esperar? —replicó, cruzando los brazos. Su tono estaba cargado de fastidio—. Estamos en medio de algo importante, Violet.

—Con todo respeto, señor, no creo que pueda esperar —respondió ella, con una firmeza poco habitual en su tono.

—¿No? —replicó Philip, su ceño fruncido profundizándose—. Porque me cuesta imaginar qué podría ser tan urgente como para interrumpirnos en este preciso momento.

—Le aseguro que esto no es una interrupción trivial —insistió Violet, apretando las manos frente a ella—. Esta joven tiene algo que decirle, algo que creo que debe escuchar.

Philip suspiró con exasperación y negó con la cabeza, volviendo a sentarse en su silla con un gesto de derrota aparente.

—¿No puede esperar al menos hasta mañana? —preguntó, su tono menos cortante pero igual de desinteresado.

Violet apretó los labios, con los ojos fijos en Philip como si buscara las palabras correctas. Finalmente, al ver que él no cedía, decidió jugar su carta más fuerte.

—Tiene que ver con… la señorita Diamond Tiara —dijo finalmente, su voz apenas un susurro.

El aire en la habitación pareció congelarse. Philip y Primrose intercambiaron miradas de incredulidad, ambos claramente afectados por lo que acababan de escuchar. Philip se enderezó en su silla, su expresión endureciéndose de inmediato.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó, su voz tensa y baja, como si temiera escuchar la respuesta.

—Es difícil de explicar, señor —admitió Violet, haciendo un esfuerzo por mantener la compostura—, pero le prometo que es importante. Por favor, sólo… escúchela.

Philip permaneció en silencio por un momento, su mirada fija en Violet mientras parecía sopesar sus opciones. Finalmente, soltó un suspiro pesado y asintió lentamente.

—Está bien. Tráela aquí —dijo con voz grave.

Violet hizo una pequeña reverencia antes de salir rápidamente de la habitación. Philip y Primrose se quedaron en un silencio tenso, cada uno sumido en sus propios pensamientos mientras intentaban prepararse para lo que estaba por venir.

Minutos después, la puerta volvió a abrirse, y Violet regresó con Twilight Sparkle siguiéndola de cerca. Twilight sintió el peso de las miradas que se posaron sobre ella al entrar, especialmente la de Philip, cuya expresión era un muro impenetrable. Tragó saliva y se detuvo en el centro de la habitación, sintiendo la presencia de Diamond Tiara a su lado, invisible para todos excepto para ella.

—Aquí está, señor —dijo Violet, haciendo un gesto hacia Twilight—. Ella es la joven que necesita hablar con usted.

Philip la miró con una mezcla de escepticismo y algo más profundo, algo que parecía dolerle admitir.

—Habla —dijo simplemente, su tono autoritario pero contenido—. Convénceme.

Twilight respiró hondo y miró a Diamond, quien la observaba con una expresión seria pero también alentadora. Entonces, con toda la determinación que pudo reunir, comenzó a hablar.

Twilight permaneció de pie en el centro de la habitación, sintiendo cómo la tensión se acumulaba en el aire. Se presentó con una voz firme, pero con un atisbo de disculpa que denotaba su incomodidad.

—Buenas tardes, señor Diamond. Mi nombre es Twilight Sparkle, y lamento profundamente haber irrumpido de esta manera. Sé que lo que estoy a punto de decirle va a sonar… ridículo, incluso totalmente disparatado. Pero, por más difícil que sea de creer, le pido, por favor, que haga un esfuerzo por considerar mis palabras. Porque lo que voy a decirle es cierto.

Philip Diamond alzó una mano de inmediato, deteniendo la explicación de Twilight antes de que pudiera continuar. Su gesto fue firme y despectivo, y la impaciencia en su rostro era evidente.

—Déjame adivinar —dijo con un tono molesto, casi sarcástico—. Eres una vidente, una tarotista, una bruja, o una chamán de algún pueblo remoto que casualmente tiene un mensaje muy importante sobre mi hija. ¿Es eso? Déjame adivinar el resto: tiene que ver con mi fortuna y sobre qué debo dejar las posiciones materiales a un lado para vivir la vida en paz, muy a lo Charles Dickens, casualmente, cuando quieren que me deslinde de mi dinero y posesiones esperan que se los dé a ellos. O tal vez simplemente vienes a ganarte nuestra simpatía con palabras vacías sobre paz y tranquilidad que no existen. Sobre como mi hija está feliz en un campo de flores pero que está triste de que no hago más por los demás.

Todo mundo se queja de los malvados ricos que tienen dinero, sin embargo todos quieren un poco de ello y piensan que está completamente correcto engañar, manipular y destruir financieramente a alguien así porqué seguramente obtuvo su dinero de manera poco ética y aprovechándose de los demás y perder de vez en cuando no les va a suponer ningún problema.

Twilight abrió la boca para responder, pero Philip levantó la voz, interrumpiéndola antes de que pudiera articular una palabra.

—Ya he escuchado suficiente de esas tonterías en los últimos tres años —continuó, ahora visiblemente irritado—. Cada charlatán que cruza esa puerta viene con la misma historia absurda, y francamente, ya empieza a enojarme más de lo que se puedan imaginar.

Twilight intentó interceder de nuevo, pero el señor Diamond no se lo permitió. En cambio, giró bruscamente hacia Violet, su tono ahora teñido de una furia contenida.

—Violet, creí haber dejado muy claro que cualquier idiota que viniera con estas intenciones debía ser despachado de inmediato. ¡Un cheque y que se largaran por donde vinieron! ¿No era esa la instrucción?

La señora Violet, que había permanecido de pie cerca de la puerta, se enderezó con dignidad, aunque sus manos temblaban ligeramente.

—Lo hice, señor Diamond. Le ofrecí un cheque, como siempre. Pero ella lo rechazó y siguió insistiendo en hablar con usted.

Philip giró hacia Twilight con incredulidad, su ceño fruncido profundamente mientras la observaba.

—¿Rechazaste el cheque? —preguntó, su tono mezclando sarcasmo y desdén—. ¿Qué. El monto no fue suficiente para ti?

Twilight apretó los puños con fuerza, tratando de contener la frustración que se acumulaba dentro de ella. Inspiró profundamente antes de responder, sus palabras cargadas de una calma tensa.

—No vine por dinero, señor Diamond. Vine porque me lo pidieron. Prácticamente porque me arrastraron a este lugar.

—¿Quién? —preguntó Philip, su tono desafiante, con un brillo peligroso en sus ojos—. ¿Quién te arrastró aquí?

Twilight levantó la mirada, encontrándose con la de Philip sin titubear, a pesar de la hostilidad en su rostro. Desvió la mirada ligeramente para ver a Diamond Tiara que flotaba con una postura tensa tras su padre y una expresión suplicante.

Su voz salió firme, aunque sus palabras parecían un susurro que atravesó la habitación como un rayo.

—Su hija, Anabelle Diamond Tiara.

El silencio que siguió fue tan pesado que parecía aplastar a todos los presentes. Los ojos de Philip se abrieron de par en par, y su rostro pasó rápidamente de incredulidad a una furia contenida.

—¿Qué dijiste? —espetó, su voz un susurro lleno de amenaza.

Twilight no retrocedió, aunque sentía que el peso de sus palabras podría provocar una tormenta.

—Dije que fue su hija, señor Diamond. Ella es quien me trajo aquí.

Philip se puso de pie de golpe, empujando su silla hacia atrás con tal fuerza que casi cayó al suelo. Apuntó un dedo hacia Twilight, sus manos temblando de rabia.

—¡No te atrevas a usar el nombre de mi hija para tus mentiras! —rugió, su voz llena de una mezcla de dolor y furia—. ¡No tienes idea de lo que estás diciendo!

Primrose, que había permanecido en silencio todo este tiempo, se levantó lentamente, colocando una mano temblorosa en el brazo de su todavía esposo.

—Philip… —dijo suavemente, pero él se sacudió, apartándose de su toque.

Twilight cerró los ojos un momento, sintiendo cómo la agitación de Diamond Tiara resonaba dentro de ella. Cuando volvió a abrirlos, su voz era más firme, más segura.

—Sé que es difícil de creer —dijo con un tono bajo, pero cargado de emoción—. Sé que esto no es algo que pueda aceptar fácilmente. Pero no estoy aquí para convencerlo de inmediato. Estoy aquí porque Diamond Tiara lo necesita.

—¡Basta! —gritó Philip, golpeando la mesa con ambas manos—. ¡Esto es absurdo! ¡Ridículo!

Twilight no retrocedió. En cambio, dio un paso adelante, su mirada fija en la de Philip.

—Ella está aquí, señor Diamond. No me importa si me cree o no, pero estoy aquí porque ella quiere que lo escuche. Y si alguna vez amó a su hija tanto como dice, entonces al menos escuche lo que tengo que decir.

La habitación quedó en silencio de nuevo, roto solo por la respiración agitada de Philip. Finalmente, dejó caer los hombros, su mirada perdida mientras procesaba las palabras de Twilight.

Primrose dio un paso hacia él, colocando una mano en su hombro con cuidado.

—Philip… si hay una posibilidad, por pequeña que sea… debemos escucharla —dijo suavemente, sus ojos llenos de súplica.

Philip miró a su aún esposa, luego a Twilight. Finalmente, con un gesto brusco, volvió a sentarse en su silla.

—Tienes cinco minutos —gruñó, su voz fría—. Hazlo rápido.

Twilight respiró hondo, sintiendo que el momento crítico había llegado. Cerró los ojos un instante, buscando las palabras correctas mientras la figura de Diamond Tiara descendía junto a ella.

Twilight se tomó un momento para ordenar sus pensamientos, sintiendo que debía proceder con cuidado. Sus manos temblaban ligeramente, pero apretó los puños junto a su cuerpo para ocultarlo. Su mirada se mantuvo fija en la del señor Diamond, quien permanecía rígido, con una mezcla de incredulidad y enojo pintada en su rostro.

—Sé cómo suena todo esto —comenzó Twilight, su tono firme pero cargado de una sinceridad que esperaba pudiera atravesar la coraza del hombre frente a ella—. Hasta hace solo unos días, si alguien hubiera venido a mí con una historia como esta, hablando de comunicarse con un familiar fallecido, habría reaccionado igual que usted. Me habría enfurecido. Me habría burlado. Habría pensado que era una broma de mal gusto o, peor aún, un intento de aprovecharse de mi dolor.

El señor Diamond entrecerró los ojos, cruzando los brazos frente a su pecho, claramente escéptico pero aún escuchándola.

—Sin embargo, esto que está sucediendo no es algo que yo haya inventado —continuó Twilight, hablando con más rapidez, como si temiera perder su oportunidad—. Al principio, pensé que eran alucinaciones. Pensé que el estrés, el cansancio o quizás algo más estaban jugando con mi mente. Veía cosas… o, al menos, creía verlas. Oía su voz, pero la ignoraba. Me repetía que era imposible, que solo estaba imaginándolo.

Twilight hizo una pausa, tragando saliva, mientras recordaba aquellos primeros momentos.

—Pero no se detuvo —añadió, su voz un susurro casi tembloroso—. Se volvieron demasiado vívidas, demasiado reales. Al punto que… llegué a pensar que estaba perdiendo la cordura. Creí que acabaría encerrada en un hospital psiquiátrico, aislada del mundo, consumida por lo que parecía ser una locura.

Philip Diamond levantó una ceja, claramente escéptico, aunque una chispa de algo que podría ser curiosidad cruzó por sus ojos. Twilight lo notó y decidió seguir adelante, apostando por esa mínima apertura.

—Fue en ese momento, cuando estaba al borde de rendirme, que ella apareció —dijo, su voz ganando fuerza—. Se presentó ante mí, tan clara como puedo verle a usted ahora mismo. Dijo que su nombre era Anabelle Diamond Tiara. Y me dijo que necesitaba hablar con usted.

El señor Diamond se inclinó ligeramente hacia adelante, aunque sus labios se apretaron en una línea dura. No dijo nada, pero Twilight pudo sentir la tensión en la habitación aumentar.

—No me dijo exactamente qué es lo que quiere —admitió Twilight, siendo completamente honesta—. Tampoco me explicó por qué es tan urgente. Aún ahora sigue sin ser muy comunicativa. Lo único que sé es que insistió. Y vaya si insistió. Insistió tanto que, literalmente, me sacó de mi casa en plena madrugada.

Primrose, que había permanecido en silencio junto a la puerta, dejó escapar un leve jadeo al escuchar esto, cubriendo su boca con una mano. Philip, sin embargo, permaneció inmóvil, aunque sus ojos parecían arder con una mezcla de emociones: incredulidad, enojo y algo más profundo, tal vez duda o incluso miedo.

—Viajé hasta aquí desde Wood lane porque, a pesar de lo ridículo que suena, sé que esto es importante. Sé que no lo haría si no tuviera una razón muy poderosa. No habría insistido tanto, no habría hecho todo esto… si no fuera absolutamente necesario.

Twilight hizo una pausa, observando cuidadosamente la reacción del señor Diamond. La sala quedó en un tenso silencio, roto únicamente por el crujido de la madera bajo los pies de Primrose cuando dio un paso hacia su esposo.

—Philip… —murmuró la mujer con suavidad, colocándole una mano en el hombro—. Sabes que esto… encaja, al menos en parte. La determinación. La insistencia. Esa testarudez que siempre tuvo nuestra Anabelle.

El señor Diamond se apartó bruscamente del toque de su esposa, aunque no de manera agresiva. Sus ojos estaban clavados en Twilight, y aunque su mirada era dura, parecía estar evaluándola cuidadosamente.

—¿Y qué espera de mí, señorita Sparkle? —preguntó finalmente, su voz baja pero cargada de tensión—. ¿Qué simplemente crea cada palabra que dice? ¿Qué acepte sin dudar que mi hija, que está muerta desde hace tres años, de alguna manera la arrastró hasta aquí?

Twilight sostuvo su mirada, consciente de que cualquier vacilación de su parte sería fatal para ganarse su confianza.

—No le estoy pidiendo que me crea de inmediato, señor Diamond —respondió, su voz firme—. Solo le pido que me escuche. Que me dé una oportunidad para explicarle lo que he visto y oído. Si después de eso sigue pensando que todo esto es una farsa, me iré de inmediato y no volveré a molestarlo.

Philip la miró fijamente, sus ojos oscuros escrutándola con intensidad. Finalmente, dejó escapar un largo suspiro y se recostó en su silla, aunque su postura seguía siendo rígida.

—Tienes cinco minutos más —dijo con frialdad—. Pero si detecto la más mínima señal de mentira o engaño, no solo te sacaré de esta casa. Me aseguraré de que pierdas todo lo que tienes, y no te vendría mal buscar un buen abogado ¿Entendido?

Twilight asintió, aceptando las condiciones sin protestar. Sabía que esta era su única oportunidad, y no pensaba desperdiciarla.

Primrose le dirigió una mirada de apoyo desde su posición, mientras Philip la observaba con una mezcla de expectación y escepticismo.

—Entonces, empieza —ordenó Philip, cruzando los brazos sobre su pecho, como si se preparara para desmontar cada palabra que saliera de la boca de esa chiquilla que creía poder engañarlo.

Twilight respiró hondo, centrándose en lo que sabía que debía decir. Aún sentía la presencia de Diamond Tiara junto a ella, como un recordatorio constante de por qué estaba allí. Ajustó su postura, enderezándose, y comenzó a hablar, con la esperanza de que, de alguna manera, pudiera llegar al corazón roto de este hombre.

Twilight miró de reojo a la figura translúcida de Diamond Tiara, quien estaba de pie a su lado, con los brazos cruzados y una expresión severa en el rostro. Aunque el resto de los presentes no podían verla, para Twilight su presencia era tan real como la de los padres que tenía frente a ella.

Respiró profundamente, intentando calmar sus nervios. Este era el momento que Diamond había insistido tanto en lograr, pero incluso ahora, Twilight seguía sintiendo dudas sobre cómo todo esto sería recibido.

—Bueno, niña, ya estamos aquí —murmuró en voz baja, lo suficiente para que solo Diamond pudiera escucharla—. Lograste lo que tanto insististe en hacer, así que… ¿qué debo decirles?

Diamond Tiara alzó una ceja y señaló con un gesto hacia sus padres, su postura rígida traicionando la mezcla de enojo y tristeza que parecía envolverla.

—Primero diles que lo siento —dijo Diamond, su voz firme pero cargada de emoción—. Diles que lamento mucho no haber actuado antes, pero no fue porque no quisiera. Fue porque no podía encontrar a nadie que realmente me ayudara.

Twilight asintió lentamente y miró al señor y la señora Diamond, quienes observaban expectantes, aunque con expresiones completamente opuestas. Mientras Primrose parecía lista para soltarse a llorar en cualquier momento con lágrimas en los ojos (ya fuera por el recuerdo de su hija muerta o por la rabia que le daba que una chica extraña le estuviera a punto de decir algo que iría a creer o no, Twilight no lo sabía con certeza) Philip mantenía un gesto severo, aunque una sombra de incertidumbre comenzaba a aparecer en su mirada.

—Ella dice que… lo siente mucho —comenzó Twilight, su voz tranquila pero temblorosa—. Lamenta no haber actuado antes, pero no es que no lo haya intentado. Dice que buscó ayuda, pero que no podía encontrar a nadie que realmente pudiera auxiliarla.

Philip frunció el ceño, mientras Primrose entrelazaba sus manos nerviosamente, como si esperara desesperadamente que algo de todo esto fuera cierto.

Diamond Tiara se inclinó un poco hacia Twilight, su mirada ahora más suave, aunque aún firme.

—Diles que nunca quise causarles dolor —continuó Diamond—. Que lo que pasó no fue culpa de nadie, pero entiendo que ellos lo han cargado como si lo fuera.

Twilight cerró los ojos un momento, tratando de mantener la conexión con Diamond y al mismo tiempo procesar la intensidad de sus palabras.

—Dice que nunca quiso causarles dolor —repitió Twilight—. Que lo que ocurrió no fue culpa de nadie, aunque entiende que ustedes lo han sentido así.

Primrose dejó escapar un pequeño sollozo, sus lágrimas cayendo libremente ahora, mientras Philip apretaba los puños, claramente luchando por contener sus emociones.

Diamond suspiró, cruzándose de brazos de nuevo mientras miraba a su padre con una mezcla de enojo y tristeza.

—Quiero que sepan que siempre supe cuánto me amaban —dijo, su voz temblando ligeramente—. Incluso cuando las cosas eran difíciles, siempre lo supe.

—Diles que lamento haberme portado como la peor hija del mundo y que de verdad lamento haberme ido, que jamás debí haber entrado al bosque. Que sé que todo lo que hice ese día fue una idiotez total y no ha pasado ni un solo día de estos tres malditos años que no piense en todo lo que pude haber hecho diferente, o simplemente en lo que pude no hacer.

Twilight transmitió el mensaje, observando cómo las palabras parecían golpear a los padres de Diamond como un vendaval además de que la niña que la había molestado tanto con su ímpetu y determinación se quebraba frente a ella. Primrose asintió repetidamente, mientras Philip simplemente bajaba la cabeza, sus manos apretadas con fuerza sobre el escritorio.

Diamond se giró hacia Twilight, sus ojos brillando con algo que parecía urgencia.

—Ahora diles que hay algo más —dijo, señalando hacia el suéter que llevaba puesto. Twilight observó el detalle que Diamond le mostraba: un botón pequeño, grabado con un símbolo peculiar.

Twilight levantó la mirada hacia Philip y Primrose.

—Ella dice que hay algo más. Algo importante que quiere que sepan.

Philip alzó una ceja, aunque no dijo nada. Twilight hizo una pausa, esperando a que Diamond continuara.

—Pídeles una hoja y una pluma —ordenó Diamond, apuntando con el dedo hacia el escritorio de su padre—. Hay algo que quiero entregarles, pero para empezar, necesitan ver este símbolo.

Twilight respiró hondo antes de hablar.

—Dice que necesita una hoja y una pluma. Hay algo que quiere entregarles, y al parecer hay un símbolo que es la primera pista.

Philip observó a Twilight con desconfianza, mientras Primrose parecía a punto de decir algo pero se contuvo.

—¿Símbolo?— preguntó Philip.

Twilight solo asintió con algo de expectación sabiendo que Diamond parecía apurada.

Finalmente, el hombre se levantó con un suspiro exasperado y tomó un cuaderno y una pluma de su escritorio.

—Hazlo —dijo con firmeza, colocándolos frente a Twilight—. Dibuja el símbolo y dime qué sigue.

Twilight tomó la pluma con manos temblorosas mientras Diamond se inclinaba hacia ella, guiándola con paciencia para recrear el pequeño grabado del botón.

Twilight tomó la pluma y comenzó a dibujar el símbolo que Diamond le había mostrado. Era un pequeño garabato, simple en apariencia, pero con una composición que la hacía detenerse para asegurarse de que cada trazo fuera lo más preciso posible. Siendo diseñadora gráfica, no pudo evitar analizarlo mientras lo trazaba. Tenía un aire sofisticado, como un logotipo minimalista que claramente buscaba transmitir elegancia. Al terminar, levantó la hoja con cuidado y se la entregó al señor y a la señora Diamond.

Primrose fue la primera en reaccionar. Su respiración se entrecortó, un audible resuello que llenó el silencio de la sala, mientras sus ojos se fijaban en el dibujo con una mezcla de alarma y sorpresa.

Philip, en cambio, se mantuvo quieto, aunque era evidente que algo había cambiado en su semblante. Sus manos se tensaron sobre los brazos del sillón, y la línea de su mandíbula se endureció mientras observaba el símbolo en silencio.

El ambiente en la habitación se volvió más pesado, y durante unos momentos nadie dijo nada. Finalmente, Philip rompió el silencio con una voz grave y contenida.

—¿Dónde viste esto? —preguntó, su mirada fija en Twilight con una intensidad que parecía atravesarla.

Twilight tragó saliva antes de responder, sintiendo el peso de la tensión en el aire.

—Diamond me lo está mostrando —dijo, su voz suave pero firme—. Está grabado en uno de los botones de su saco, en la parte de la solapa derecha.

Philip alzó las cejas, y aunque intentó mantener una expresión neutral, la rigidez en su postura delataba lo mucho que esa respuesta lo había sacudido.

—Ese es el saco con el que la enterramos —dijo después de un momento, su voz teñida de incredulidad y algo de enojo contenido—. Ese símbolo es una "D" estilizada, el emblema de los Diamond. Ha sido nuestro símbolo durante generaciones.

Twilight sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras Philip continuaba.

—Ese saco se lo dimos el día de su cumpleaños. Ella lo amaba… y decidimos que era apropiado enterrarla con él. —Se inclinó ligeramente hacia adelante, su tono más cortante—. ¿Qué es exactamente lo que quiere decir con esto? ¿Está sugiriendo que deberíamos… desenterrarla?

Twilight abrió la boca para responder, pero se detuvo y giró la cabeza hacia Diamond, quien estaba de pie junto a ella con una ligera sonrisa en los labios.

—Pregúntale qué quiere exactamente —dijo Philip, la frustración evidente en su tono.

Twilight asintió y miró a Diamond.

—¿Qué quieres que les diga? —le preguntó en voz baja.

Diamond no respondió inmediatamente. Se cruzó de brazos y observó a su padre con una expresión que mezclaba desafío y cariño.

—Dile que espere —dijo finalmente, su tono sereno pero cargado de confianza—. Tal vez él no lo vea, pero mamá sí lo hará.

Twilight parpadeó, algo confundida, pero transmitió el mensaje tal como se lo había dicho Diamond.

—Dice que espere. Que tal vez usted no lo vea, pero su esposa sí.

Philip bufó, claramente exasperado, mientras Primrose fruncía el ceño, su mirada fija en el símbolo dibujado. El silencio volvió a llenar la sala mientras la mujer parecía sumergirse en sus pensamientos, sus dedos rozando ligeramente el papel.

Y entonces, después de lo que parecieron eternos segundos, Primrose dejó escapar un suave pero claro:

—Podría ser…

Philip la miró con el ceño fruncido.

—¿Podría ser qué?

Primrose no respondió de inmediato. En lugar de eso, se levantó de su asiento con una determinación inesperada, tomando la hoja con el símbolo en la mano.

—Síganme —dijo, su voz firme y segura mientras comenzaba a caminar hacia la salida de la sala.

Philip parecía a punto de protestar, pero algo en la expresión de su esposa lo detuvo. Se levantó de mala gana, lanzando una mirada desconfiada a Twilight antes de seguirla.

Twilight, por su parte, escuchó una risita victoriosa. Giró la cabeza y vio a Diamond, sonriendo con orgullo.

—Eso, mamá. Sabía que lo entenderías —dijo la joven con un tono triunfante.

Twilight dejó escapar una pequeña sonrisa y transmitió las palabras de Diamond a los demás.

—Diamond dice que vamos por buen camino.

Philip soltó un bufido, pero no dijo nada más mientras seguían a Primrose por los pasillos de la mansión. Diamond caminaba al lado de Twilight, su semblante más relajado ahora, como si finalmente sintiera que estaban avanzando hacia algo importante.

Finalmente, Primrose los guio hasta una habitación. Twilight no necesitó que nadie le dijera cuál era; la atmósfera del lugar lo decía todo. Era el dormitorio de la pequeña Diamond.

La figura espectral de la joven dio un paso adelante, observando su antigua habitación con una mezcla de nostalgia y tristeza.

—Aquí es donde empieza todo —dijo Diamond, sus ojos brillando con una intensidad renovada.

Primrose sostenía la llave de la habitación con manos temblorosas. Nadie había entrado a ese cuarto en 3 años por mandato suyo y de su esposo. Suspirando para calmar sus nervios, Primrose abrió la puerta finalmente y dio un paso dentro del cuarto, sintiendo de inmediato un mareo que la obligó a sostenerse del marco de la puerta. El impacto emocional de ver la habitación de su hija así…intacta, como si el tiempo no hubiera transcurrido desde el día de su muerte, la abrumaba. Las paredes seguían pintadas en esos tonos suaves de lavanda, y los muebles, aunque cubiertos por una ligera capa de polvo, estaban exactamente como los recordaba. Cada rincón parecía guardar un eco de la vida de Diamond, de los momentos felices que compartieron antes de que la tragedia los golpeara.

Con un sollozo ahogado, Primrose se obligó a recomponerse y avanzó hacia el armario. Tiró suavemente de las puertas dobles, revelando una colección de vestidos, conjuntos y accesorios perfectamente organizados, tal como Diamond solía mantenerlo. Cada prenda parecía contar una historia: las fiestas, las reuniones familiares, los momentos especiales en los que su hija brillaba como una estrella.

Primrose comenzó a apartar los vestidos, revisándolos uno por uno, inspeccionando cada detalle con una mezcla de dolor y esperanza.

—Diamond tenía un saco con el símbolo de nuestra familia —murmuró, casi para sí misma, mientras removía las prendas—. Se lo dimos el día de su cumpleaños, y la enterramos con él… pero recuerdo que ese símbolo también estaba en otro conjunto que le encantaba usar cuando salíamos a eventos importantes.

Su voz se quebró al recordar, pero no se detuvo. Había algo en la forma en que Twilight había dibujado el símbolo, algo que despertaba una necesidad casi desesperada de encontrar respuestas.

Primrose continuó revisando las prendas, deteniéndose finalmente cuando sus manos tocaron una capa negra con delicados adornos dorados. La sostuvo frente a ella, y su mirada se fijó en un botón dorado cerca de la capucha, oculto en la parte interna de la solapa.

—Aquí está… —susurró, casi en un murmullo. Giró la capa para mostrar el botón a los demás.

Twilight, que observaba atentamente, notó cómo Diamond se iluminaba al ver la prenda.

—Ese botón… —dijo Primrose, acariciándolo con cuidado—. Recuerdo que Diamond lo encontró una vez cuando se cayó de uno de los conjuntos de su padre. Era parte de su uniforme, y estábamos arreglando una costura. Ella insistió una y otra vez en que se lo cosiera a esta capa. Quería tener una prenda con el símbolo de la familia antes de que le regaláramos su saco.

Mientras hablaba, Primrose inspeccionó la capa con más detenimiento. Al revisar la solapa interior, sus dedos toparon con algo inesperado. Frunciendo el ceño, sacó lo que parecía ser un tenedor cuidadosamente escondido en el forro.

—¿Un tenedor? —preguntó Philip, su tono más desconcertado que otra cosa.

Primrose asintió lentamente, sosteniendo el utensilio frente a ella.

—Este… este tenedor se parece al de la platería que usamos en Navidad. El conjunto que tenemos guardado en la bodega del ático.

Los ojos de Philip se entrecerraron, claramente intentando recordar.

—¿Dices que es de esa platería? —preguntó, tomando el tenedor para inspeccionarlo más de cerca—. Es posible… pero, ¿qué estaría haciendo aquí?

Twilight, quien había estado escuchando atentamente, se giró hacia Diamond. La niña, de pie junto a la capa, tenía una expresión que mezclaba emoción y travesura.

—Diles que busquen en la bodega del ático —dijo Diamond con un leve brillo en sus ojos—. Hay algo más ahí.

Twilight asintió y transmitió el mensaje.

—Diamond dice que busquen en la bodega del ático. Que hay algo más ahí.

Primrose y Philip intercambiaron una mirada, todavía tratando de comprender el propósito de esta búsqueda. Finalmente, fue Primrose quien rompió el silencio.

—Si Diamond lo dice, debemos hacerlo.

La determinación en su voz era clara, y aunque el dolor seguía presente, también había una chispa de esperanza, como si estuvieran siguiendo el rastro de un mensaje que su hija les había dejado deliberadamente.

Philip guardó el tenedor en su bolsillo y asintió, indicando a los demás que lo siguieran. Twilight caminó detrás de ellos, con Diamond a su lado. La niña sonrió, claramente complacida de que su familia estuviera avanzando en el camino que había trazado para ellos.

—Esto se está poniendo interesante —susurró Diamond, lo suficientemente bajo como para que solo Twilight la escuchara—. Mamá siempre fue la mejor para resolver pistas. Sabía que entendería.

Twilight no pudo evitar sonreír ante el comentario. Había algo profundamente conmovedor en la manera en que Diamond confiaba en su madre incluso después de la muerte, como si la conexión entre ellas fuera lo suficientemente fuerte para superar cualquier barrera.

Mientras el grupo salía del cuarto, el aire se llenó de una extraña mezcla de anticipación y solemnidad. La búsqueda había comenzado realmente, y aunque nadie podía prever lo que encontrarían, todos estaban decididos a seguir adelante.

La atmósfera en el ático estaba cargada de expectación y nostalgia, mientras el grupo avanzaba entre cajas polvorientas y muebles cubiertos con sábanas. Cada paso levantaba pequeñas motas de polvo que flotaban en la luz tenue, creando un ambiente casi mágico, como si el pasado cobrara vida a su alrededor. Primrose se detuvo un momento, observando a su alrededor. El peso de los recuerdos casi la hacía retroceder, pero la voz de Twilight, transmitiendo las palabras de su hija, la impulsó hacia adelante.

—Dice que están cerca —anunció Twilight con un tono suave, mirando de reojo a Diamond, quien sonreía con picardía mientras caminaba entre ellos, invisible para todos excepto para la médium.

Primrose se detuvo frente a un gabinete familiar, su corazón latiendo con fuerza mientras abría las puertas. Dentro, la platería navideña brillaba débilmente bajo la luz que se filtraba desde la única ventana del ático. Mientras inspeccionaba el conjunto, específicamente en el gabinete de los cubiertos y los tenedores, sus ojos se posaron en algo que no pertenecía allí: un pequeño tubo de pegamento, desgastado pero intacto.

—Es tuyo, Philip —murmuró Primrose, alzando el objeto para que su esposo lo viera—. ¿No es de los que usabas para tus modelos?

Philip, que había permanecido en silencio durante gran parte de la búsqueda, se acercó con cautela, tomando el tubo entre sus manos como si fuera algo frágil.

—Sí… lo es —dijo, su voz apenas un susurro—. Pero no entiendo cómo llegó aquí.

Twilight giró hacia Diamond, quien alzó una ceja y dijo con un tono de burla afectuosa:

—Vamos, papá. Esto no es tan difícil.

—Dice que no es tan difícil —traducía Twilight, tratando de suavizar el tono.

Philip se enderezó, sosteniendo el tubo de pegamento como si fuera una pieza de un rompecabezas más grande.

—Esto debería estar en mi taller. Quizá haya algo más allí.

El grupo descendió del ático, cada uno sumido en sus pensamientos. El taller de Philip estaba al final del pasillo, un espacio que había permanecido cerrado desde hacía años. Al abrir la puerta, el olor a madera, pintura seca y nostalgia llenó el aire. Las herramientas estaban organizadas meticulosamente, como si Philip hubiera planeado regresar algún día pero nunca encontrara el momento.

Se acercó a una vieja caja de materiales donde solía guardar todo lo necesario para sus modelos. Colocó el tubo de pegamento en su lugar y, al hacerlo, notó algo brillando en el fondo: una pequeña llave, oxidada pero reconocible. La tomó con cuidado, su expresión cambiando de confusión a sorpresa.

—Esta llave… —comenzó a decir, pero fue interrumpido por un jadeo de Violet.

—¡Esa es mi llave del alhajero! —exclamó Violet, acercándose para observarla más de cerca—. Pensé que la había perdido hace años. Por eso guardé el alhajero en uno de los cajones de mi cómoda.

El grupo intercambió miradas rápidas antes de dirigirse al cuarto de Violet. La comodidad de la búsqueda comenzaba a ser reemplazada por una extraña mezcla de entusiasmo y asombro. Una vez en la habitación, Violet abrió el cajón donde había guardado el alhajero. El cofre era hermoso, decorado con grabados florales que hablaban de un tiempo más elegante. Con manos temblorosas, insertó la llave y giró, el suave clic de la cerradura rompiendo el silencio.

Dentro, cuidadosamente colocado, había una diminuta figurita de un pajarito de porcelana. Era parte de un juego de té.

Primrose lo miró y de inmediato entendió dónde debían buscar ahora.

—Esto es de un juego de té. Diamond sabía lo preciado que era ese juego para mí—murmuró Primrose, con lágrimas en los ojos—. Lo guardé en mi cuarto después de que ella… —Su voz se quebró, pero nadie necesitaba que terminara la frase.

Diamond, de pie junto a Twilight, se inclinó hacia la médium y dijo:

—Vamos, mamá. El tesoro está más cerca de lo que crees.

Twilight transmitió el mensaje mientras el grupo se dirigía al cuarto y bodega personal de Primrose. El ambiente era solemne, pero la emoción crecía con cada paso. Al abrir el armario donde se encontraba el juego de té, los ojos de Primrose se llenaron de lágrimas al ver los objetos que no había tocado en años. Sacó el juego de té de el compartimiento que tenía especialmente para ello. Pero fue lo que encontró al lado del juego lo que detuvo a todos en seco.

Era una caja de madera, elegantemente diseñada y envuelta con una cinta que sostenía una tarjeta. Primrose la tomó con manos temblorosas, desatando la cinta y abriendo la tarjeta con cuidado. Las palabras escritas a mano y a quien pertenecían eran inconfundibles:

"Para mi gran inspiración y mi modelo a seguir. El mejor padre del mundo y el más sofisticado cazador de tesoros que conozco, te desea un feliz cumpleaños tu pequeña Gema… ¡Feliz cumpleaños, papá!"

Primrose leyó las palabras en voz alta, su voz quebrándose al final. Philip, que había permanecido estoico durante la mayor parte de la búsqueda, cayó de rodillas, sus hombros sacudidos por sollozos incontrolables.

El papel estaba algo empolvado junto con la cajita, lo que sugería que había estado guardado ahí un tiempo largo.

Al menos tres años…

Primrose se unió a él, abrazándolo mientras ambos lloraban. La caja, ahora abierta, revelaba una pluma fuente de diseño impecable, con una punta de oro y una base de terciopelo.

Diamond observó la escena con ojos brillantes, su expresión una mezcla de orgullo y tristeza.

—Siempre quise que lo encontraran —dijo, girándose hacia Twilight—. Sabía que lo entenderían al final.

Twilight, conmovida hasta las lágrimas, asintió. Había sido testigo de algo más que una simple búsqueda; había sido un viaje de sanación, una conexión que trascendía la muerte y devolvía a una familia algo que habían creído perdido para siempre.

Twilight permanecía en silencio, observando cómo Primrose y Philip, todavía arrodillados en el suelo, se abrazaban mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. Era un momento tan cargado de emociones que incluso ella no pudo evitar que unas cuantas lágrimas escaparan de sus propios ojos. Cuando Diamond Tiara, de pie junto a Twilight, notó esto, soltó una suave risa burlona.

—¿Llorando, Sparkle? —dijo con una sonrisa traviesa—. Y eso que ni siquiera eres parte de la familia.

Twilight se secó rápidamente las lágrimas, esbozando una sonrisa.

—¿Sabes qué? A veces olvido lo insoportable que puedes ser —respondió en voz baja, intentando mantener un tono ligero, aunque su corazón estaba profundamente conmovido.

Diamond no dijo nada más. Su sonrisa se suavizó al mirar a sus padres, que todavía se aferraban el uno al otro en medio de su dolor y alivio. Lentamente, la joven fantasma se acercó a ellos. A pesar de saber que no podían verla ni sentirla, se arrodilló junto a ellos, extendiendo los brazos como si los abrazara. Cerró los ojos, permitiéndose por un instante imaginar que podían percibir su toque, que podían sentir todo el amor que aún albergaba por ellos.

Cuando finalmente se puso de pie, se giró hacia Twilight con una mirada seria, su voz cargada de determinación.

—Es hora de que les digas algo más.

Twilight asintió, componiéndose mientras se dirigía a Primrose y Philip, quienes lentamente comenzaron a calmarse. Sus ojos, hinchados por el llanto, se alzaron hacia ella con curiosidad y algo de esperanza.

—Diamond tiene algo más que decirles —comenzó Twilight, con voz firme pero cálida—. Ella dice que dejó estas pistas desde el día anterior a su cumpleaños. Había planeado esta búsqueda del tesoro durante días y esperaba que todos ustedes participaran y se divirtieran ese día. Pero, lamentablemente, las cosas no salieron como ella lo planeó.

Primrose se cubrió la boca con una mano, mientras Philip apretaba los puños en su regazo, claramente luchando por contener otra oleada de emociones.

—Dice que se escondió en el bosque porque, para encontrar el regalo de su padre, primero tenían que encontrarla a ella —continuó Twilight, haciendo una pausa breve mientras las palabras calaban hondo en ambos padres—. Es una fortuna, dice, que después de su muerte no tocaran ni movieran las cosas en la casa. Si lo hubieran hecho, esta búsqueda del tesoro no habría sido posible.

Primrose soltó un suave sollozo, mientras Philip murmuraba con la voz rota:

—Nunca pudimos… simplemente no pudimos tocar nada. Era como… como si mover algo significara que realmente se había ido.

Twilight tragó saliva, sintiendo el peso de lo que estaba por decir.

—Diamond también dice que lamenta si no fue directa al punto cuando llegué. Que no les dijo inmediatamente dónde estaba el regalo porque quería tener un último juego con ustedes, una última aventura familiar de cacería del tesoro.

Las palabras parecieron aliviar un poco la tensión en la habitación, aunque las lágrimas seguían presentes. Philip dejó escapar un débil suspiro, mientras Primrose asentía lentamente, como si comprendiera completamente las intenciones de su hija.

—Pero también quiere que sepan algo más —continuó Twilight, su tono tornándose más solemne—. Dice que lamenta haber truncado todo su futuro y su vida por haber sido tan caprichosa. Sabe que sus decisiones los llenaron de dolor, pero no quiere que ninguno de ustedes se sienta culpable por nada de lo que le pasó. Ella les pide que sigan adelante como familia, que no permitan que su ausencia los separe.

Primrose rompió a llorar nuevamente, sus manos aferrándose al regalo que habían encontrado. Philip, aunque no lloraba abiertamente, inclinó la cabeza, sus hombros temblando ligeramente.

—Dice que intentó encontrar a alguien que pudiera entregar este mensaje de manera más impactante —continuó Twilight—. Que deseaba que este regalo hubiera llegado en el cumpleaños de Philip, como ella lo había planeado originalmente y que estuvo buscando alguien que pudiera entregar el mensaje por un largo rato. Pero cuando escuchó que ustedes estaban pensando en firmar los papeles del divorcio, supo que tenía que hacer algo y actuar ya.

Primrose y Philip levantaron la mirada al unísono, sus expresiones de sorpresa mezcladas con un profundo pesar.

—Ella los ama —dijo Twilight con suavidad, sintiendo que su propia voz comenzaba a quebrarse—. Y no quiere que, por su culpa, ustedes se separen. Su vida terminó, pero eso no significa que la de ustedes también tenga que hacerlo.

El silencio que siguió fue abrumador. Primrose y Philip se miraron el uno al otro, sus ojos llenos de una mezcla de dolor, arrepentimiento y, quizás, un destello de esperanza. Sin decir una palabra, Philip extendió su mano hacia Primrose, quien la tomó con fuerza.

Twilight miró a Diamond, quien observaba la escena con una sonrisa triste pero satisfecha. La joven fantasma no dijo nada, simplemente se acercó una vez más a sus padres, tocando suavemente sus hombros como si intentara transmitirles todo el amor que aún sentía por ellos.

Diamond Tiara permaneció arrodillada frente a sus padres un momento más, como si quisiera grabar cada detalle de ellos en su memoria. Aunque no podían verla ni sentirla, parecía encontrar consuelo en estar tan cerca, en ese último gesto simbólico de amor. Finalmente, suspiró profundamente, enderezándose con elegancia y dando un paso atrás.

Con un pequeño chasquido de sus dedos, su vestido volvió a transformarse. Esta vez era un atuendo más sencillo pero lleno de gracia, un delicado vestido blanco con bordados plateados que brillaban tenuemente bajo la luz del día. Su cabello estaba recogido en una trenza suelta, decorado con un listón a juego. Se miró de arriba abajo, suspirando con alivio y satisfacción.

—Bueno, creo que estoy lista —dijo, girándose hacia Twilight con una sonrisa serena—. Pero antes de irme, hay otra cosita que debemos hacer.

Twilight levantó una ceja, ligeramente sorprendida.

—¿Otra cosa? ¿Pensé que esto era el gran final? —preguntó con un tono de ligera exasperación, aunque la suavidad en su voz revelaba que estaba dispuesta a escuchar.

Diamond Tiara rodó los ojos, aunque con una expresión divertida.

—Por supuesto que no. ¿Acaso pensaste que iba a olvidarme de Silver Spoon? —dijo, con un dejo de afecto en su voz al mencionar a su mejor amiga—. En el mismo lugar donde estaba la pluma, escondí algo más. Un broche de plata para el cabello. Era uno de mis favoritos, pero, bueno… ya no lo voy a usar.

Twilight asintió, escuchando atentamente mientras Diamond continuaba.

—Quiero que se lo den a Silver Spoon —explicó—. También quiero que le pidas perdón de mi parte por no haber podido ir a la aventura que habíamos planeado ese día en el parque de diversiones. Pero espero que esto sea un recordatorio de que siempre valoré nuestra amistad y que, donde sea que esté, me alegra que haya podido seguir con su vida después de que la mía terminó. También dile que el día de su boda yo voy a estar presente y que quiero que lo lleve puesto.

Twilight asintió de nuevo, sintiendo un nudo formarse en su garganta. Había algo desgarrador en la forma en que Diamond hablaba, llena de amor y remordimiento, pero también con una aceptación tranquila de su destino.

Primrose, que había estado observando atentamente, se incorporó lentamente.

—¿Hay algo más? —preguntó con la voz temblorosa, incapaz de ver ni escuchar a Diamond pero sintiendo que algo más estaba ocurriendo tras haber escuchado a Twilight hablar sola.

Twilight respiró hondo antes de hablar.

—Diamond dice que también dejó un broche de plata junto a la pluma. Quiere que se lo den a Silver Spoon y que le pidan perdón por no haber podido ir al parque de diversiones aquel día. También quiere que sepa cuánto valoró su amistad y que le alegra mucho saber que pudo seguir con su vida después que la de ella terminó. Y que el día de su boda deberá llevarlo puesto.

Primrose, con las lágrimas aún frescas en su rostro, asintió lentamente. Se acercó al lugar donde habían encontrado la pluma y comenzó a buscar con cuidado. Sus dedos se deslizaron entre el terciopelo del compartimiento, palpando cada rincón. Finalmente, sintió algo pequeño y frío.

—Aquí está —murmuró, sacando el broche. Era elegante y sencillo, una pieza delicada con un diseño de filigrana que brillaba bajo la luz del día.

Primrose lo sostuvo en sus manos, mirándolo con ternura. Aunque no podía ver a Diamond, levantó la mirada al aire como si hablara directamente a su hija.

—No te preocupes, mi amor —dijo con una voz suave pero llena de resolución—. Yo me aseguraré de que lo tenga.

Diamond sonrió con calidez al escuchar esas palabras, sus ojos brillando con emoción. Se giró hacia Twilight, y con su característico aire de superioridad, dijo:

—Bueno, ratona asustada, esto fue todo. Muchas gracias.

Twilight soltó una risa suave, sacudiendo la cabeza.

—Quisiera decir que fue un total placer, pero no soy buena mintiendo —respondió con una pequeña sonrisa, luego la miró con un poco más de ternura y sonriendo le dijo:

—Pero sí te agradezco por ayudarme a…entender esto un poco mejor. Gracias.

Diamond rio también, una risa ligera que resonó como un eco en la habitación. Luego, su mirada se desvió hacia una de las ventanas. La luz del sol de la tarde temprana inundaba la estancia, iluminando cada rincón con un brillo cálido. Diamond fijó sus ojos en el resplandor, sus labios curvándose en una expresión pensativa.

—Twilight… —murmuró, señalando la ventana—. Esa luz… ¿crees que sea hacia dónde tengo que ir?

Twilight miró hacia la ventana, pero no vio nada fuera de lo normal.

—No veo ninguna luz, Diamond —respondió honestamente—. Pero si tú la ves, tal vez es importante.

Diamond se giró para mirarla, su sonrisa volviendo a aparecer.

—No importa. Lo averiguaré.

Con un último vistazo hacia sus padres, que aún estaban abrazados en el suelo, Diamond los miró con una ternura infinita.

—Los voy a extrañar —dijo, con un toque de melancolía en su voz —Ellos van a estar bien ¿Verdad?

Twilight, sintiendo que las lágrimas volvían a amenazar con caer, repitió las palabras en voz alta para Primrose y Philip. Ambos levantaron la mirada, sus rostros llenos de emoción.

—Nosotros también te vamos a extrañar, mi Pequeña Gema—dijo Philip, su voz quebrada por la emoción—. Te amamos, más de lo que las palabras pueden expresar.

Primrose asintió vigorosamente, sus ojos llenos de lágrimas.

—Siempre te amaremos, mi amor. Siempre. Y no te preocupes por nosotros…vamos a estar bien.

Diamond observó a sus padres por última vez, su expresión mezclando paz y tristeza. Luego, giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia la luz que solo ella podía ver. Con cada paso, su figura parecía desvanecerse, hasta que, finalmente, desapareció por completo.

Twilight se quedó en silencio, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. Soltó un último suspiro antes de girarse hacia los señores Diamond, quienes miraban al vacío con expresiones de profunda tristeza pero también, de un cierre que habían necesitado desde hacía años.

—Se ha ido —murmuró Twilight, con un tono suave y solemne.

Primrose y Philip se abrazaron una vez más, dejando que las lágrimas fluyeran mientras se apoyaban mutuamente en su dolor y, al mismo tiempo, en su consuelo.

Twilight permaneció en el umbral de la puerta de los Diamond, mirándolos con una mezcla de emoción y cansancio. Aunque el ambiente se sentía mucho más ligero que antes ahora que Diamond se había ido, una parte de ella no podía evitar sentir el peso de todo lo que había ocurrido.

Philip y Primrose seguían sosteniéndose mutuamente, visiblemente más tranquilos ahora, aunque todavía con los ojos enrojecidos por las lágrimas. Philip, siempre el más dispuesto a romper el silencio, Fue el primero en levantarse y ayudó a su esposa a ponerse de pie también.

Una vez ambos compartieron un momento más de conexión amena y cercana entre los dos, Philip dio un paso adelante y se acercó a Twilight con una sonrisa en el rostro.

—Señorita Sparkle —comenzó, extendiendo una mano— lamento muchísimo no haberle creído cuando todo esto empezó. Me aferro a la lógica y a lo que puedo ver y tocar, pero lo que usted hizo… no tengo palabras para describirlo. No sé cómo expresarle todo mi agradecimiento.

Twilight estrechó su mano con una sonrisa un tanto tímida.

—No tiene que agradecerme tanto, señor Diamond. Realmente, no es como si hubiera tenido muchas opciones. Honestamente, no tenía idea de lo que estaba haciendo. Su hija era… muy persistente.

Philip soltó una leve carcajada, asintiendo con la cabeza.

—Sí, lo era. —Su expresión se suavizó mientras miraba la pluma fuente en su mano—. Era persistente en todo lo que hacía, y eso… eso la hacía muy especial.

Antes de que Twilight pudiera decir algo más, Philip se adelantó y la abrazó. Fue un gesto fuerte, lleno de gratitud y emoción contenida. Twilight se tensó por un instante, sorprendida por la intensidad, pero al ver la sinceridad en sus ojos, levantó los brazos y correspondió con torpeza.

—Gracias, Twilight. De verdad, gracias por devolvernos un poco de nuestra niña… aunque solo fuera por un breve instante.

Primrose, que había estado observando desde un paso atrás, se unió al abrazo colectivo. Las lágrimas volvieron a asomar en sus ojos mientras hablaba con emoción.

—Gracias, Twilight. Gracias por darnos la oportunidad de despedirnos, de escucharla una última vez. No hay nada que podamos hacer para devolverle todo lo que hizo por nosotros.

Twilight intentó restarle importancia, aunque el peso del momento era evidente.

—No fue algo planeado, señora Diamond. Su hija hizo todo el trabajo; yo solo… fui el medio. Pero me alegra haber podido ayudar.

Después de unos momentos, el abrazo se disolvió, y los tres quedaron de pie en la puerta, con el sol del casi mediodía brillando sobre ellos. Philip miró hacia el auto estacionado frente a la casa y luego se volvió hacia Twilight.

—¿Cómo planea regresar al pueblo, señorita Sparkle?

Twilight parpadeó, sorprendida por la pregunta.

—Ah, bueno, pensaba caminar hasta la estación de autobuses. Diamond me mostró un atajo para la carretera. Dijo que era el atajo favorito de usted señora Diamond— comentó Twilight sonriéndole a Primrose.

La señora Diamond devolvió la sonrisa.

Twilight después continuó su explicación.

—Una vez salga a la autopista solo debo seguirla de regreso hasta el pueblo y tomar un autobús. No está tan lejos, ¿verdad?

Philip frunció el ceño, claramente desaprobando la idea.

—De ninguna manera voy a dejar que camine sola después de todo lo que ha hecho por nosotros. Insisto en llevarla.

Twilight levantó las manos, intentando protestar, pero Primrose la interrumpió.

—Philip tiene razón. Es lo menos que podemos hacer. Además, necesitamos asegurarnos de que llegue sana y salva.

Twilight suspiró, dándose cuenta de que no iba a ganar esa discusión.

—Está bien, está bien. Acepto su oferta.

Philip sonrió con satisfacción y ayudó a Primrose a recoger las pertenencias que llevaban: la pluma, el broche y un pequeño bolso que contenía pañuelos y otros objetos. Los tres se dirigieron al auto, un vehículo de lujo que parecía completamente fuera de lugar en la tranquila calle suburbana. Twilight no pudo evitar sentirse un poco intimidada al subir al asiento trasero.

El trayecto hacia el pueblo fue tranquilo, con un aire de paz y reflexión entre los tres. Twilight miraba por la ventana, disfrutando del paisaje mientras intentaba procesar todo lo que había ocurrido. Philip y Primrose intercambiaron algunas palabras en voz baja, pero la mayor parte del viaje transcurrió en silencio.

Al llegar a la estación de autobuses, Philip detuvo el auto frente a la entrada y salió rápidamente para abrirle la puerta a Twilight. Ella bajó con una sonrisa agradecida, ajustándose el bolso al hombro.

—Gracias por traerme, señor Diamond —dijo, inclinando ligeramente la cabeza.

Philip negó con la cabeza, sonriendo.

—No tiene que agradecerme, Twilight. Este fue el mínimo gesto que podía hacer.

Entonces, sacó algo del bolsillo interior de su chaqueta y se lo extendió. Era un cheque con una suma escrita en él. Twilight lo tomó, sin pensar demasiado, pero al ver la cifra escrita casi dejó caer el papel.

—¿Ciento cincuenta mil dólares? —exclamó, mirando a Philip con los ojos abiertos como platos—. No puedo aceptar esto.

Philip levantó una mano para detenerla antes de que pudiera devolverle el cheque.

—Sé lo que va a decir, y lo entiendo. Pero, por favor, acéptelo. Sé que no hizo esto por dinero, y eso es precisamente lo que me dice que es una persona honrada y confiable. Sé que hará un buen uso de este dinero, y es lo menos que puedo hacer para agradecerle por lo que hizo por mi familia.

Twilight abrió la boca para protestar, pero las palabras no salieron. Había algo en la sinceridad de su mirada que la hizo dudar.

—Está bien —dijo finalmente, con cierta incomodidad—, pero de verdad no era necesario…

Philip sonrió y asintió, satisfecho con su respuesta. Luego sacó un billete de su cartera y se lo ofreció también.

—Esto es para que se compre un buen desayuno en un buen restaurante y para cubrir su boleto de autobús de regreso.

Twilight dudó por un momento, pero al final aceptó.

—Gracias, señor Diamond. Realmente… no sé qué decir.

Primrose, que había permanecido en silencio hasta ese momento, se acercó para abrazarla una vez más.

—Solo diga que se cuidará, Twilight. Eso es todo lo que queremos.

Twilight asintió, sonriendo con gratitud.

—Lo haré.

Con una última despedida, se dio la vuelta y entró en la estación, sintiendo una mezcla de emociones que aún no podía descifrar. Mientras se sentaba a esperar su autobús, miró el cheque en su mano y supo que este día cambiaría su vida de formas que aún no podía imaginar.

Twilight se sentó en una de las frías y rígidas sillas de plástico de la estación de autobuses, sintiéndose incómoda en más de un sentido. El lugar estaba moderadamente lleno, pero no lo suficiente como para que el bullicio le distrajera de sus propios pensamientos. Miró alrededor: familias con maletas, viajeros solitarios con la vista fija en sus celulares, y uno que otro niño correteando mientras sus padres trataban de mantenerlos cerca. Se sintió un poco fuera de lugar, como si no perteneciera a ninguno de esos grupos.

Cruzó las piernas y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas y entrelazando las manos. Guardó el cheque en su bolso, guardado cuidadosamente, no muy segura de que hacer con él, pero cada vez que pensaba en ello, el peso de la suma escrita parecía resonar en su mente. Aunque el dinero podía resolver muchos de sus problemas prácticos, no podía aliviar la carga emocional que ahora sentía con tanta intensidad.

De repente, su mente se desvió hacia Diamond, la pequeña niña que había sido el epicentro de todo lo que acababa de vivir. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios al recordarla. Su personalidad había sido tan brillante como insistente, y aunque su presencia había sido breve, dejó una huella profunda en Twilight.

"Debe haber sido un verdadero torbellino en vida," pensó, imaginándola corriendo por la casa de los Diamond, probablemente exigiendo atención y cariño en cada oportunidad. Twilight suspiró. Nunca llegó a conocer a Diamond en vida, pero estaba segura de que le habría gustado hacerlo. "Habría sido difícil de tratar, claro, pero creo que podríamos haber sido amigas."

Ese pensamiento le provocó una punzada de melancolía que rápidamente se transformó en nostalgia cuando recordó a sus propias amigas. Sacó su celular del bolsillo y desbloqueó la pantalla. No había mensajes nuevos ni llamadas perdidas. Eso la tranquilizó un poco, pues significaba que nadie había notado aún su ausencia. Era lógico, considerando que probablemente todas se habrían levantado temprano para ir a la universidad. Tal vez simplemente asumieron que ella había salido antes que ellas, como hacía a menudo.

Aun así, el recuerdo de la noche anterior pesaba en su conciencia. Cuando salió de su habitación después de un largo rato encerrada, sus amigas ya estaban dormidas, pero podía sentir la tensión en el aire, como si todas se hubieran quedado con pensamientos y emociones sin resolver. "Todas estaban preocupadas, y yo solo fui evasiva," pensó, con una mezcla de culpa y resignación.

El peso en su estómago aumentó cuando recordó especialmente su última conversación con Rainbow Dash. Era evidente que su amiga estaba frustrada y dolida, y Twilight sabía que tendría que enfrentar ese pendiente tarde o temprano. Ahora, con una nueva perspectiva, sentía que podía abordar el tema de una manera más madura y sincera, pero seguía sin estar segura de cómo empezar.

Apoyó la espalda contra el respaldo de la silla y cerró los ojos, dejando escapar un largo suspiro.

"Así que soy una médium," pensó con ironía, dejando que la idea se asentara en su mente. "Puedo hablar con los muertos. Genial. Como si no tuviera suficientes problemas."

A pesar del sarcasmo interno, no podía ignorar lo que había ocurrido. Ayudar a los Diamond a despedirse de su hija había sido una experiencia agotadora, pero también gratificante. Tal vez, si lograba manejar este extraño "don" con la misma determinación, podría encontrar una forma de que no fuera tan terrible.

Sin embargo, el problema más grande no era lo que ella pensaba al respecto, sino cómo lo explicarían los demás. ¿Cómo iba a contarle esto a sus amigas? ¿Cómo les hacía entender algo que apenas podía comprender ella misma? Y más importante aún, ¿quería que lo supieran?

Twilight abrió los ojos y miró el reloj en la pared. Todavía faltaban unos minutos para que llegara su autobús. La espera se sentía interminable.

Se obligó a recordar cómo había manejado la situación con los Diamond. No sabía lo que hacía al principio, pero había seguido adelante, escuchando, aprendiendo y adaptándose. Había encontrado un propósito en medio del caos, y eso le daba un poco de esperanza. "Quizás no sea tan malo," pensó. "Si puedo ayudar a más personas como ellos, tal vez esto no sea una maldición, sino… una responsabilidad."

La idea de asumir esta habilidad como una responsabilidad le dio un poco de consuelo. Sin embargo, eso no resolvía el dilema inmediato. Sus amigas merecían una explicación, pero no sabía si estaba lista para dársela.

"Un paso a la vez, Twilight," se dijo a sí misma. Primero regresaría a casa, enfrentaría la curiosidad de sus amigas, y luego encontraría la forma de contarles la verdad… o al menos parte de ella.

El altavoz de la estación anunció la llegada de su autobús, sacándola de sus pensamientos. Twilight se levantó, ajustó su bolso y caminó hacia la puerta de embarque. Mientras subía al autobús, sintió una mezcla de ansiedad y determinación. No sabía qué le depararía el futuro, pero estaba lista para enfrentarlo, un paso a la vez.

Twilight subió al autobús con pasos tranquilos, aunque una parte de ella seguía cargando cierta tensión. Había algo liberador en el hecho de que ya no tenía que enfrentarse a la intensidad emocional de los Diamond o a los susurros persistentes de los errantes que había sentido en el camino de ida. Era casi reconfortante estar simplemente rodeada de personas comunes, aunque fuera por un rato.

Se deslizó hasta el fondo del autobús, donde encontró un asiento junto a la ventana que estaba libre y, con suerte, seguiría así durante todo el trayecto. Rosher Creek no era un lugar muy concurrido en términos de salidas; la mayoría de las personas llegaban allí por motivos específicos, y pocas tomaban un autobús para regresar. Eso significaba que Twilight podía disfrutar de un poco de soledad durante el viaje.

Apoyó su bolso en el asiento junto a ella, asegurándose de que nadie decidiera ocuparlo, aunque no parecía probable que el autobús se llenara. Mientras el motor se encendía y el vehículo comenzaba a avanzar, se recostó ligeramente, dejando que su cabeza descansara contra la fría ventana.

Fue entonces cuando se dio cuenta de algo curioso: la atmósfera en Rosher Creek era diferente a la de Wood Lane, al menos en lo que respecta a los errantes. Había notado a algunos mientras estaba en la estación, figuras apenas perceptibles que se mezclaban con la multitud, pero no había sentido la misma opresión o nerviosismo que usualmente la invadía en su propia ciudad.

Quizás era el hecho de que ahora era de día, o tal vez su experiencia con Diamond había cambiado algo dentro de ella. Era extraño pensar que apenas unas horas atrás estaba prácticamente rogando deshacerse de la niña fantasma, y ahora, en el silencio del autobús, sentía su ausencia como un vacío palpable.

"No actúes como si pudieras verlos, eso solo llamará su atención," recordó las palabras de Diamond con claridad. Twilight dejó escapar un leve suspiro, apoyando la barbilla en su mano mientras miraba por la ventana. La niña había sido sabia de una manera que no correspondía a su edad, y aunque sus consejos habían sido dados con un tono juguetón, casi a modo de burla, Twilight entendía ahora cuánto significaban realmente.

Por instinto, se permitió una rápida mirada al interior del autobús. Había un par de pasajeros dispersos, y aunque ninguno de ellos le parecía fuera de lo común, notó de reojo una figura que se mantenía al margen, cerca de la puerta trasera. Twilight no necesitó mirar directamente para saber que no era alguien vivo. Su forma era demasiado difusa, casi como si estuviera hecha de humo, y aunque no la estaba mirando directamente, su mera presencia la hacía sentir una leve presión en el pecho.

Tomó aire y volvió la vista al paisaje que pasaba rápidamente por la ventana. Aplicó lo que Diamond le había enseñado: no reaccionar, no mostrar que podía verlo. Era un acto de equilibrio extraño, pero al mismo tiempo se sentía un poco más segura, como si el recuerdo de Diamond la acompañara de alguna manera.

Esa sensación la llevó a reflexionar sobre la niña. Había pasado tanto tiempo resistiéndose a su presencia, frustrada por lo que significaba y por las complicaciones que trajo consigo, que no había tenido tiempo de realmente apreciar lo que Diamond había hecho por ella. Twilight sabía que si no hubiera sido por la insistencia de la niña, probablemente nunca habría enfrentado su nuevo papel como médium de la forma en que lo hizo.

"¿Qué harías tú ahora, Diamond?" pensó con una sonrisa melancólica. La niña tenía una energía inagotable, y Twilight podía imaginarla como una pequeña hubiera estado dando vueltas por el autobús, haciendo preguntas curiosas o señalando detalles que nadie más notaría.

Era irónico, en cierto sentido. Durante toda la experiencia, había deseado con todas sus fuerzas librarse de Diamond, y ahora que lo había logrado, la echaba de menos. Había algo en su compañía que, contra todo pronóstico, le había resultado reconfortante al final. Era extraño cómo una relación tan breve podía dejar una impresión tan duradera.

De repente, un pensamiento cruzó su mente y la hizo reír suavemente para sí misma. Si alguien le hubiera dicho hace unas semanas que estaría aquí, reflexionando con cariño sobre una niña fantasma que la había acosado, habría pensado que estaban locos. Pero aquí estaba, en la parte trasera de un autobús, sintiendo un vacío inexplicable por alguien que, desde un inicio, ya no estaba.

Twilight aprovechó el pequeño momento de reflexión para acomodarse mejor en su asiento, cruzando las piernas y abrazando su bolso contra su pecho. El paisaje rural continuaba pasando frente a sus ojos, un recordatorio de que el mundo seguía girando, incluso con las cosas extraordinarias que había experimentado recientemente.

Con cada kilómetro que el autobús avanzaba, Twilight sentía cómo sus pensamientos comenzaban a ordenarse. Todavía quedaban muchas cosas por resolver: sus amigas, su nueva habilidad, y lo que significaba para su futuro. Pero ahora tenía algo que no tenía antes: la certeza de que podía enfrentar esos desafíos.

"Un paso a la vez," se recordó nuevamente, dejando que el suave balanceo del autobús la tranquilizara mientras el sol de la mañana iluminaba el camino de regreso a casa.

Twilight no podía evitar sentirse como si hubiese cruzado un umbral invisible, como si al abandonar ese lugar estuviera dejando atrás algo más que calles polvorientas y casas antiguas.

Mientras el paisaje cambiaba, pasando de prados abiertos a los suburbios más familiares de Wood Lane, su mente no dejaba de divagar.

Miró sus manos, descansando sobre el bolso que había mantenido cerca de ella todo el viaje. Dentro estaba el cheque que Philip Diamond le había entregado con tanta insistencia, una cantidad que aún le parecía surrealista. 150,000 dólares. La cifra brillaba en su mente como una luz intermitente, recordándole todo lo que podría significar para su vida. Podría saldar la deuda de su apartamento, invertir en su educación, incluso ayudar a Spike si lo necesitara.

Pero había algo en ello que seguía incomodándola. No era que sintiera que no merecía el dinero, pero aceptar una suma tan grande, sabiendo lo que había hecho para recibirla, le parecía como si estuviera asignándole un valor económico a algo que nunca debería tener precio: la paz de una familia que había perdido muchísimo.

Aun así, Philip había sido claro. Él no veía el dinero como un pago, sino como una muestra de agradecimiento, una forma tangible de reconocer lo que Twilight había hecho por ellos. Y, si era honesta consigo misma, sabía que era mucho más que una simple ayuda. Había cerrado un capítulo doloroso para los Diamond y, de alguna manera, también para ella.

Pensó en Diamond, la niña de la tiara en la cabeza. Había algo profundamente triste en saber que nunca más volvería a verla, pero al mismo tiempo, se sentía en paz. Diamond había encontrado el descanso que merecía, y eso era lo más importante. Sin embargo, Twilight no podía evitar preguntarse si volvería a encontrarse con alguien como ella.

"¿Y si alguien más necesita ayuda? ¿Y si hay más como Diamond que no pueden descansar?" El pensamiento la inquietó. Había algo aterrador en la idea de que esto fuera solo el comienzo, de que este don o maldición, como estaba más tentada a verlo, fuera a acompañarla por el resto de su vida. Pero, al mismo tiempo, había una pequeña chispa de esperanza. Si había podido manejar esta experiencia, quizás podría manejar lo que viniera después.

El autobús se detuvo en una pequeña terminal donde subieron un par de pasajeros. Twilight los observó distraídamente, preguntándose cómo sería volver a tener una vida normal. ¿Era siquiera posible después de lo que había vivido? Había una parte de ella que quería aferrarse a esa normalidad, regresar a sus estudios, a sus amigos, a la tranquilidad de su vida cotidiana.

Pero otra parte sabía que nunca sería igual. No después de todo esto.

Sacó su teléfono del bolso y lo encendió, revisando una vez más sus mensajes. Ninguno nuevo. Sus amigas probablemente ya estarían en la universidad, inmersas en sus propias rutinas, pero sabía que eventualmente tendrían que hablar. Especialmente con Rainbow Dash. Twilight sabía que la discusión entre ambas no había sido solo un malentendido; había tocado fibras más profundas, emociones y miedos que ninguna de las dos estaba lista para enfrentar.

"¿Qué les diré?" pensó mientras deslizaba el dedo por la pantalla. Podría inventar algo, alguna excusa más elaborada que las anteriores, pero sabía que ya no funcionaría. Sus amigas eran perspicaces, especialmente Rarity, que siempre parecía ver a través de cualquier fachada. Tarde o temprano, tendría que decirles la verdad.

El autobús tomó un desvío, entrando en los límites de Wood Lane. El paisaje se volvió más familiar, con calles asfaltadas y casas alineadas, cada una con su propia personalidad reflejada en los jardines y fachadas. Twilight sintió un nudo formarse en su estómago al reconocer las señales de que estaba cerca de casa.

El sol ya estaba alto en el cielo cuando finalmente el autobús llegó a su parada. Twilight se levantó de su asiento, agradecida de estirarse después del largo trayecto. Bajó con cuidado, asegurándose de no olvidar nada, y al poner un pie en la acera, respiró profundamente.

La caminata hacia su casa fue silenciosa, pero cada paso parecía cargar un peso emocional. Sus pensamientos se agolpaban, cada uno luchando por tomar protagonismo. Reflexionó sobre cómo había cambiado en tan poco tiempo, cómo una experiencia que había empezado con tanto miedo y confusión ahora le parecía un punto de inflexión.

Cuando llegó a la puerta de su casa, se detuvo por un momento, mirando la fachada familiar. El apartamento que compartía con Spike y que tantas veces había considerado un refugio seguro ahora parecía un recordatorio de todo lo que estaba en juego.

Sacó las llaves de su bolso, pero antes de abrir, levantó la vista al cielo despejado. Por un momento, sintió como si Diamond estuviera ahí, observándola, tal vez incluso sonriendo. Twilight sonrió también, permitiéndose ese pequeño momento de conexión antes de girar la llave y entrar.

Había mucho que hacer, mucho que decir y mucho que pensar, pero por ahora, estaba en casa y eso era un comienzo…o al menos eso esperaba.

Twilight cerró la puerta con un leve clic, apenas terminando de girar el pestillo cuando el sonido de pasos apresurados en el piso de arriba le erizó la piel. Levantó la vista hacia la escalera justo a tiempo para ver una figura conocida apresurarse hacia ella. Rarity bajaba las escaleras con una expresión de alarma que no le era común, y Twilight supo al instante que no había logrado evitar lo inevitable.

—¡Twilight! —exclamó Rarity, llevándose una mano al pecho como si necesitara calmar su corazón desbocado. Su rostro pasó rápidamente del espanto al alivio al verla sana y salva—. ¡Gracias a Dios! ¿Dónde estabas?

Twilight parpadeó, su mente corriendo a mil por hora mientras trataba de recordar los eventos de los últimos días. Había olvidado completamente que Rarity había decidido quedarse en su casa durante esa semana. Se dio una bofetada mental por el descuido, pero intentó mantener la compostura mientras respondía:

—Oh… eh, salí a caminar.

Rarity frunció el ceño, incrédula.

—¿A caminar? Twilight, fui a tu cuarto a despertarte porque me pareció raro que estuvieras tardando tanto en levantarte, ¡y no estabas! ¡Estaba a punto de llamar a Spike y salir a buscarte en mi auto!

Twilight tragó saliva. No esperaba que Rarity estuviera tan atenta, aunque claro, era su amiga y siempre parecía tener un radar especial para notar cuando algo no estaba bien.

—Sí, eh… salí temprano, antes de que se levantaran las demás —intentó explicar, esquivando la mirada de Rarity mientras fingía estar ocupada quitándose el abrigo.

Rarity cruzó los brazos, una ceja arqueada en claro desafío.

—¿Temprano? Twilight, las chicas se fueron a eso de las cinco y media para tomar el tren. Y Spike salió a las seis. ¿Exactamente a qué hora saliste?

Twilight se quedó helada por un instante, tratando de ensamblar una respuesta coherente en su mente. Mientras lo hacía, no pudo evitar notar cómo Rarity evitaba mencionar lo que había estado haciendo después de que Spike salió. No era difícil imaginarlo. Conociendo a Rarity, probablemente había encontrado una excusa para entrar al cuarto de Spike. Aunque Twilight no tenía detalles, podía sentir que su amiga ocultaba algo tanto como ella misma lo hacía en ese momento.

Finalmente, Twilight aclaró la garganta y respondió:

—Bueno, salí poco antes de que se levantaran. Mi plan era regresar en un par de horas, pero encontré una cafetería muy pintoresca y… se me pasó el tiempo.

Rarity ladeó la cabeza, mirándola con sospecha.

—¿Una cafetería? Twilight, no creo que haya ninguna cafetería en Wood Lane que abra tan temprano. ¿Cómo se llamaba?

Twilight se mordió el labio, tratando de no mostrar nerviosismo. Sabía que Rarity no era fácil de engañar, pero tenía que mantener su historia.

—No recuerdo el nombre —admitió con una sonrisa incómoda—. Solo entré y me quedé ahí un rato. Creo que incluso me quedé dormida un momento en la silla.

Eso, al menos, no era del todo mentira. Había dormido en una cafetería ciertamente, y la sensación de pesadez en su cuerpo era prueba de ello. Sin embargo, omitir que la "cafetería" estaba en un pueblo a 80 kilómetros de distancia no dejaba de ser un intento deliberado de desviar la atención.

Rarity estrechó los ojos, claramente no convencida.

—¿Dormiste en una silla? Twilight, querida, sabes que te aprecio mucho, pero tu excusa me suena a algo sacado de la nada.

Twilight suspiró, sabiendo que no iba a ser fácil salirse con la suya. Pero al mismo tiempo, sabía que no podía contarle la verdad, al menos no todavía. ¿Cómo explicarle todo lo que había vivido? ¿Cómo convencerla de que no estaba loca, que realmente había pasado todo lo que dijo?

—Lo siento si te preocupé, Rarity —dijo finalmente, tratando de sonar sincera—. No fue mi intención desaparecer así. Solo… necesitaba un poco de aire fresco, ¿sabes? Pensar en algunas cosas.

Rarity la miró por un largo momento, como si estuviera evaluando la veracidad de sus palabras. Finalmente, soltó un suspiro y relajó un poco los hombros.

—Está bien —dijo, aunque su tono todavía era escéptico—. Pero si vuelves a hacer algo así, por favor avísame. Me asusté mucho cuando no te encontré.

Twilight asintió, agradecida de que su amiga al menos no siguiera presionando.

—Lo haré, te lo prometo.

Rarity pareció aceptar eso por el momento, aunque Twilight sabía que las sospechas seguían rondando en su mente. Mientras la seguía hacia la sala, Twilight no pudo evitar sentir una punzada de culpa. No era que no confiara en Rarity, pero había cosas que simplemente no podía compartir. Al menos no todavía.

Así que por el momento guardaría silencio. Al menos hasta encontrar la manera correcta.

Twilight estaba aún acomodándose en la sala cuando Rarity, con su habitual gracia, dejó escapar un suspiro y anunció:

—Creo que deberíamos empezar a preparar la comida. Spike debería estar por llegar pronto.

Twilight alzó la vista, todavía un poco distraída por los eventos de la mañana, y asintió lentamente. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, Rarity la observó con una mirada indagadora.

—Por cierto, querida… —comenzó, inclinándose un poco hacia Twilight mientras recogía un mechón de cabello que había caído sobre su frente—, ¿comiste algo en esa misteriosa cafetería sin nombre?

Twilight dudó por un momento antes de responder, sabiendo que cualquier detalle adicional podría alimentar la curiosidad de Rarity, pero también consciente de que no podía levantar más sospechas.

—Sí, comí un bocadillo. Algo ligero para el desayuno —dijo finalmente, adoptando un tono despreocupado mientras se hundía un poco más en el sofá al dejarse caer.

Rarity, sorprendentemente, no insistió. Simplemente asintió con una sonrisa afable y desapareció un momento en la cocina. Cuando regresó, llevaba una bandeja con té y algunas galletas, que colocó en la pequeña mesa frente a Twilight.

—Siempre es bueno acompañar una charla con un poco de té —dijo Rarity, sentándose con delicadeza frente a su amiga.

Twilight no pudo evitar que su mirada se detuviera en Rarity mientras esta se acomodaba. Había algo en su apariencia que resultaba… curioso, por decir lo menos. El paliacate en su cabello, la falda sencilla, el suéter azul pálido y los tacones a juego creaban un conjunto que parecía a medio camino entre casual y deliberadamente atractivo. Pero lo que más llamaba la atención era el mandil que llevaba puesto. Era como si Rarity estuviera tratando de emular la imagen de una ama de casa, pero con un toque evidentemente sexy.

Incluso llevaba maquillaje, algo sutil pero perfectamente aplicado, que resaltaba su tersa piel y sus brillantes ojos azules.

Twilight levantó una ceja, tratando de no analizar demasiado lo que veía, pero la imagen era tan llamativa que era difícil ignorarla. ¿Era su imaginación, o Rarity realmente se había esforzado demasiado en su apariencia para simplemente estar en casa?

Y entonces, como un eco inoportuno, recordó las burlas de Diamond en la cafetería: "¿Acaso eres lesbiana?"

El sonrojo se apoderó de Twilight de inmediato, su rostro encendiéndose de un rojo intenso mientras enderezaba un poco su postura, tratando de mantener la compostura.

Rarity, por supuesto, no dejó pasar el cambio repentino.

—¿Sucede algo, querida? —preguntó con dulzura, inclinándose un poco hacia adelante con genuina preocupación.

—¡No, no es nada! —dijo Twilight rápidamente, encogiéndose un poco en su asiento y desviando la mirada. Pero su mente no podía dejar de dar vueltas a la idea de por qué Rarity estaba vestida de esa manera. Finalmente, incapaz de contener su curiosidad, soltó:— ¿Por qué estás vestida así?

Rarity bajó la vista hacia su propia ropa como si apenas ahora tomara consciencia de lo que llevaba puesto. Una leve tonalidad rosada se extendió por sus mejillas, y su mirada se desvió hacia un punto indeterminado de la alfombra.

—Bueno… —empezó con un tono ligeramente tímido, algo inusual en ella—. Pensé que sería agradable recibir a Spike cuando llegara… ya sabes, darle una sensación de… una esposa sexy esperándolo en casa.

Twilight parpadeó varias veces, procesando lo que acababa de escuchar. Luego, dejó escapar un suspiro y rodó los ojos con exasperación.

—Rarity, esa fijación que tienes con Spike tiene que parar. Es demasiado joven para ti. Y, por supuesto, demasiado joven para pensar en casarse o lo que sea esa fantasía rara que tienes en la cabeza.

Rarity levantó la barbilla, como si se sintiera acusada injustamente, y su expresión se suavizó con una mezcla de honestidad y ligera frustración.

—Twilight, no es una simple fijación. Siento una atracción sincera por tu hermano. No entiendo por qué no me apoyarías con esto.

Twilight cerró los ojos por un momento, masajeándose las sienes.

—No es que me moleste que te guste Spike, Rarity. Es solo que… es demasiado joven para ti. Apenas tiene 17 años, y tú… bueno, tú eres una mujer adulta.

Rarity no pareció desanimarse. En cambio, sonrió con una confianza que solo ella podía exudar.

—Puedo esperar un año sin problemas, Twilight —dijo con un leve encogimiento de hombros—. Solo quiero darle una probadita de lo que podría tener cuando finalmente cumpla 18 y pueda invitarlo a salir.

Twilight abrió los ojos, incrédula.

—¿"Una probadita"? —repitió con tono escéptico—. Rarity, ¿te estás escuchando? Esto no es un juego, y definitivamente no es algo que puedas tomar a la ligera. Spike es mi hermano menor.

Rarity inclinó la cabeza ligeramente, con una expresión pensativa que sugería que estaba considerando las palabras de Twilight… pero solo un poco.

—Entiendo tus preocupaciones, Twilight, realmente lo hago. Pero te aseguro que no tengo malas intenciones. Solo quiero demostrarle cuánto me importa. Y si eso significa ser paciente, lo seré.

Twilight dejó escapar otro suspiro, agotada por la conversación.

—Rarity, solo… ten cuidado. Spike es un chico inteligente, pero también es joven y puede ser fácilmente influenciado. No quiero que nadie salga lastimado.

Rarity asintió solemnemente, pero su mirada sugería que no iba a abandonar sus planes tan fácilmente. Twilight, por su parte, decidió dejar el tema por ahora, sabiendo que cualquier argumento adicional solo serviría para avivar el fuego.

Rarity tomó un sorbo de su té y el ambiente en la sala se llenó con un silencio que parecía más pesado de lo normal. Parecía dudar sobre cómo abordar lo que tenía en mente. Twilight, quien intentaba mantener la compostura después de la incómoda conversación anterior, miraba fijamente a su taza, revolviendo el líquido con la cuchara aunque no necesitaba hacerlo.

Finalmente, Rarity dejó la taza en el platito con un suave "clink" y rompió el silencio.

—Twilight… —comenzó con voz suave, como si temiera que un tono más alto pudiera hacerla perder su atención—. Hay algo de lo que quería hablar contigo.

Twilight levantó la vista, pero el gesto automático de su cabeza no ocultó la rigidez de su postura.

—¿Sobre qué? —preguntó con cautela.

Rarity apretó las manos en su regazo, algo raro en alguien como ella, quien normalmente exudaba confianza y control.

—Sobre… bueno, sobre tus ataques de pánico —dijo finalmente, mirando a Twilight con genuina preocupación—. Y sobre por qué no quisiste decirnos a tus amigas lo que estaba pasando.

El aire pareció volverse más pesado de inmediato, y Twilight desvió la mirada rápidamente. Esa conversación seguía siendo una cuenta pendiente que había evitado resolver, y ahora, bajo la mirada escrutadora de Rarity, parecía ineludible.

—Rarity, no creo que este sea el mejor momento… —empezó, pero Rarity no la dejó terminar.

—Twilight, querida, esto no es algo que podamos ignorar. Rainbow Dash se fue muy molesta después de lo que pasó. Todo esto del… experimento que dijiste que estabas haciendo la dejó completamente alterada. Applejack trató de hablar con ella, pero no sirvió de mucho. Está muy molesta contigo.

Twilight sintió que su pecho se apretaba ante esas palabras. La incomodidad se transformó en algo más intenso, casi doloroso. Sus manos comenzaron a temblar ligeramente mientras buscaba las palabras adecuadas para responder, pero su mente estaba nublada por sus propias dudas e inseguridades.

Twilight estaba en medio de su debate interno sobre si se decidía a decir la verdad o mentir nuevamente cuando de repente, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza, haciendo que su espalda se tensara y que su respiración se volviera más rápida y superficial.

Sus ojos, casi por instinto, se movieron hacia la escalera detrás de Rarity. Una mirada rápida y entonces, tan horripilante mente inquietante como siempre, allí estaba.

La niñita aterradora.

La figura seguía siendo tan malditamente terrorífica como la primera vez que la había visto, pero ahora, sabiendo que no era producto de su imaginación, su miedo se amplificó. La pequeña llevaba el mismo uniforme escolar, las rodillas raspadas y sangrando ligeramente, como si acabara de caer al suelo. Un corte en su labio inferior parecía fresco, y uno de sus ojos estaba medio cerrado, hinchado y amoratado.

Lo que más perturbaba a Twilight era su expresión: una mezcla de pérdida, desesperación y algo más… una ira contenida que parecía estar al borde de explotar. Además, la corbata que llevaba alrededor del cuello parecía apretada de manera grotesca, como si alguien la hubiera ajustado demasiado.

Twilight sintió que su respiración se aceleraba aún más. Sus hombros se tensaron con una rapidez dolorosa, y sus manos, que seguían sosteniendo la taza de té, comenzaron a temblar tanto que casi derramó el líquido caliente.

Rarity seguía hablando, aparentemente ajena al cambio drástico en el comportamiento de Twilight.

—Applejack piensa que deberías hablar con Rainbow y explicarle lo que está pasando, pero yo creo que también deberías hablar con todas nosotras… queremos ayudarte, Twilight. Pero si sigues cerrándote, no sabremos cómo hacerlo.

Twilight no escuchaba. Sus ojos estaban fijos en la niñita, en cómo la figura comenzó a moverse lentamente, bajando un escalón tras otro, cada paso acompañado de un leve chirrido de madera. Era como si la casa misma reaccionara a su presencia.

La boca de Twilight se abrió ligeramente, como si quisiera decir algo, pero ningún sonido salió.

Rarity se dio cuenta (un poco tarde) del cambio en la expresión de su amiga y frunció el ceño, inclinándose ligeramente hacia adelante.

—Twilight, ¿estás bien? —preguntó con preocupación.

Twilight no respondió. Sus ojos estaban clavados en la figura de la niña, que ahora estaba a mitad de las escaleras. Su pequeño zapato golpeaban la madera con un ritmo metódico, mientras su pie descalzo seguía los pasos detrás del calzado, cada paso resonando en la sala como un eco interminable.

La niñita levantó la vista, y por un momento, sus ojos muertos se encontraron con los de Twilight. La sensación fue como un puñetazo en el estómago. Un terror primario, visceral, se apoderó de ella.

Rarity, al no obtener respuesta, comenzó a levantarse de su asiento, visiblemente alarmada.

—Twilight, querida, ¿qué te sucede? ¡Dime algo!

Pero Twilight no podía hablar. Su mente estaba atrapada en un ciclo interminable de miedo, cada fibra de su ser rogándole que hiciera algo, que se moviera, que gritara… pero estaba paralizada.

Finalmente, la niña alcanzó el último escalón y se detuvo, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado, como si estuviera estudiando a Twilight.

Twilight dejó caer la taza de té, que se estrelló contra el suelo con un ruido ensordecedor.

Rarity dio un pequeño salto, sorprendida por el ruido, y corrió hacia Twilight, quien ahora estaba hiperventilando y aferrándose al borde del sofá como si su vida dependiera de ello.

—¡Twilight! ¡Twilight, mírame! ¿Qué está pasando? —exclamó Rarity, sacudiendo ligeramente los hombros de su amiga en un intento de traerla de vuelta a la realidad.

Twilight no podía apartar la mirada de la niña, que seguía allí, inmóvil, pero cuya presencia parecía consumir todo el aire de la habitación. Finalmente, con un esfuerzo sobrehumano, logró apartar la mirada y balbuceó:

—No… no está bien… algo… algo está aquí…

Rarity la miró con los ojos muy abiertos, ahora completamente desconcertada.

—¿De qué estás hablando? ¿Qué está aquí?

Twilight no respondió. Su mirada volvió a las escaleras, pero la niña ya no estaba allí.

Twilight estaba al borde del colapso, el peso de las emociones acumuladas amenazaba con aplastarla. Apenas podía controlar su respiración mientras sus hombros subían y bajaban con rapidez. Su mente era un torbellino, tratando de encontrar alguna forma de justificar lo que acababa de ver, pero sabía, en lo más profundo, que no había justificación lógica para ello. Miró a Rarity con los ojos llenos de lágrimas, su expresión una mezcla de miedo y vulnerabilidad que rara vez dejaba ver.

—Twilight, por favor, dime qué está pasando —dijo Rarity, aún confundida pero claramente preocupada.

Antes de que pudiera articular una respuesta, Twilight dejó escapar un sollozo ahogado y no pudo contenerse más. Se inclinó hacia adelante y hundió el rostro en el hombro de Rarity, llorando de forma desgarradora.

Rarity, aunque asustada y sin entender del todo lo que ocurría, reaccionó de inmediato. Sostenía a Twilight con firmeza, una mano en su espalda y la otra en su hombro, intentando brindarle el consuelo que tanto parecía necesitar.

—Shhh, tranquila, cariño —murmuró Rarity suavemente mientras Twilight seguía llorando—. Estoy aquí. No estás sola, ¿de acuerdo?

Twilight sollozaba con tanta intensidad que apenas podía respirar. Los sonidos de su llanto llenaron la sala, y por un momento, Rarity miró a su alrededor como si esperara encontrar alguna explicación tangible para el extraño comportamiento de su amiga. Pero no había nada. Solo estaban ellas dos y el peso de un secreto que Twilight claramente o llevaba demasiado tiempo cargando o era bastante grande como para no poder manejarlo del todo.

Finalmente, después de lo que parecieron minutos eternos, los sollozos de Twilight comenzaron a disminuir. Su respiración seguía entrecortada, pero ya no era tan desesperada. Se separó ligeramente de Rarity y se limpió las lágrimas con la manga de su suéter, evitando el contacto visual mientras trataba de recuperar la compostura.

—Lo siento… —murmuró Twilight con una voz temblorosa y débil—. Lo siento tanto…

—No tienes que disculparte, querida —respondió Rarity, inclinándose un poco para mirarla directamente a los ojos—. Pero sí tienes que decirme qué está pasando. No puedo ayudarte si no sé qué es lo que te tiene así y esto ya está saliéndose de mi control y del tuyo también. Por favor querida, no más secretos, dime qué te tiene así.

Twilight se quedó un segundo mirando el rostro preocupado pero resuelto de su amiga y asintió lentamente, aunque seguía evitando la mirada directa de Rarity. Tomó un respiro profundo, pero su voz aún temblaba cuando habló.

—Tengo que confesarte algo —dijo, las palabras saliendo con dificultad—. Algo que… que no planeaba decirle a nadie, pero creo que si no lo saco, voy a explotar.

Rarity se quedó en silencio, permitiéndole hablar. Su rostro mostraba una mezcla de paciencia y preocupación, aunque por dentro estaba llena de preguntas. Twilight tomó otro respiro profundo, como si estuviera reuniendo fuerzas para continuar.

—Al principio pensé… pensé que podía lidiar con esto sola. Que no necesitaba involucrar a nadie más. Pero resulta que no puedo… porque no todos son tan fáciles de manejar como Diamond.

Rarity frunció el ceño, claramente confundida.

—¿Diamond? ¿De qué estás hablando, Twilight? —preguntó con suavidad.

Twilight levantó la mirada, sus ojos brillantes de lágrimas aún por derramar. Dudó por un momento, sus manos jugando nerviosamente con el dobladillo de su suéter.

—Por favor… por favor prométeme que no me vas a juzgar. Que no vas a pensar que estoy loca —dijo con urgencia, su voz quebrándose al final—. Prométeme que intentarás abrir tu mente, aunque lo que te diga suene… absurdo porque yo misma creo que lo es.

Rarity, aunque desconcertada, vio la desesperación en el rostro de su amiga. Suspiró, tomándose un momento para considerar sus palabras antes de asentir.

—Está bien, Twilight. Te lo prometo. Te escucharé.

Twilight soltó un suspiro tembloroso de alivio, aunque todavía parecía dudar.

—Gracias Rarity…— dijo Twilight decidida, aun cuando sabía que la bomba que estaba a punto de confesar iba a requerir un tremendo control de daños…

Continuará….

I'M BACK BITCHES!!!

Apuesto a que algunos por ahí creyeron que jamás volverían a saber o escuchar de mí pero he vuelto, y que mejor que antes mis camaradas y que mejor manera de empezar el año.

El fandom Brony aún está vivo y presente y yo estoy aquí para terminar lo que comencé, así que tarde pero sin sueño, seguiré aquí hasta que esto tenga el punto final y la categoría de completo, no importa cuanto me tarde, los voy a seguir hasta el día de mi deceso.

Estoy de vuelta amigos y no les advierto que no se desharán de mi tan fácilmente.

Déjenme saber que tal les pareció este capítulo y esperen pronto el siguiente que ahora las cosas en mi vida son algo distintas pero, me permitirán mucho más.

Nos leemos pronto amigos míos, BROHOOF!!!