Hi Everyone! =) Espero se encuentren muy bien!

¡Llegó la que andaba ausente! :D jajaja sorry, pasaron tantas cosas en mi vida.

Justo cuando terminé el capitulo anterior, me tuve que despedir de una de las personas mas importantes de mi vida. La madre de mi esposo, alguien a quien amé y admiré profundamente.

Y la vida, como lo es el Ying y el yang, también me presentó el reto más importante de toda mi vida: Dar vida y ser madre, no buenoooo! Para que les cuento, algunas personas saben mas que yo de eso.

Pero bueno, gracias a Dios y a toda la red de apoyo que tengo, me da la oportunidad para continuar esta historia, que me han llegado mensajes pidiéndome que la continúe y claroooo que lo haré :D¡!

Lo bueno: Se viene esta actualización. Lo malo: Tendrán que leer todo para recordarla por su antigüedad.

Espero no decepcionarlos. Los quiere mucho, Akanelink (Cecilia Espinoza en FB).

Nota: Confirmo que los personajes no me pertenecen, sino a la gran sensei Rumiko Takahashi.

¡Gracias por leer y comentar!

Sentimientos al límite

Cap. 9 Confrontación

- ¿Y bien? ...Habla… - Ranma pelirroja se frotaba continuamente los ojos, volteó despistadamente hacia el reloj del dojo y marcaban las 5:50 am. - ¿Qué demonios puede ser tan importante como para despertarme a esta hora? ...No me digas que la vieja bruja está tramando algo… - dijo dubitativo mientras observaba la amplia espalda de color blanco.

- Hasta donde sé…la idea no es de Cologne… es de Shampoo… - Ranma agudizó la mirada y fue suficiente para disipar el sueño que le quedaba y que le impedía estar al cien por ciento alerta. No habló.

- Mira Saotome…sabes que hasta ahora… tú y yo hemos mantenido una rivalidad por el amor de Shampoo…sin embargo…creo que en todo esto Akane no tiene culpa de nada… - la pelirroja endureció la mirada y se cruzó de brazos, altiva.

- Es por ello… - de repente vino un sentimiento de culpa, tal vez su amada iba a malinterpretar esta acción como una traición.

- ¿Qué tiene que ver Akane en todo esto? … - preguntó molesto. El chico de anteojos soltó una risa breve.

- Sé de una u otra forma que ella es tu prioridad… creo que de alguna forma todos lo sabemos…

- Escucha, Mousse… - suspiró cerrando los ojos intentando tener paciencia, intento fallido - En verdad esto me está desesperando… ¿Por qué no escupes de una vez lo que tienes que decir?...

- Sería lo normal en alguien en tu estado… - se volteó lentamente a encararlo. Aún a pesar de sus delicadas facciones, pudo vislumbrar como la pelirroja apretaba la quijada.

- No sé a qué te ref…

- Desconozco qué está pasando entre tú y Tendo… pero más vale que se anden con cuidado… - Ranma endureció la mirada nuevamente, como si su interior se pusiera en guardia. Descruzó sus brazos. – Shampoo tuvo conversaciones…

- ¡¿Con quién?!...

- Con…

- ¡Ranma-kun! – Ambos se sobresaltaron y miraron rápidamente a la salida del dojo, la que conectaba con el pasillo de la casa.

La hermana mayor de las Tendo ingresó con su voz cantarina al dojo y esbozó una tierna sonrisa. Por primera vez en su vida, al pelinegro le causó molestia la llegada de la más sensata de sus dos cuñadas.

- ¡Oh! No pensé que estuvieras acompañado… Buenos días Mousse, ¿te puedo ofrecer té caliente?... – comentó haciendo ademanes para que entrara a la casa.

- N-no, gracias Kasumi, no te molestes…en verdad… de hecho… ya me tengo que retirar… Gracias… - el chico pato hizo una reverencia y salió presuroso del dojo. Kasumi lo siguió con paso más lento para ver si podía acompañarlo a la salida.

- ¡Hey! ¡Espera!... – gritó la pelirroja esperando que detuviera su paso sumamente veloz. Se quedó observando al frente.

"Este idiota no me dijo nada" … pensó una enojada pelirroja.

Respiró lentamente y su mente comenzó a divagar. Inconscientemente volteó de regreso hacia el pequeño altar del dojo e hizo una reverencia en el retrato de la madre de Akane. Le dieron unas ganas inmensas de pedirle ayuda.

- No sé lo que tenga que hacer… ni hasta donde tenga que llegar…pero de acuerdo a la promesa que le hice después de lo de Jusenkyo… Akane definitivamente no estará en peligro de nuevo…

Cerró su puño derecho con fuerza.


El sol estaba en su máximo esplendor en el Instituto Furinkan.

Unos ojos verdes olivo miraban con recelo a la menor de las Tendo, quien conforme iba cayendo en el aire, producto de un saque de voleibol, esbozaba una sonrisa divertida.

En verdad había muchas aristas que le faltaban por conocer de ella. Aun así, cada mirada llena de honestidad, de pureza, de comprensión las cuales se traducían en el temblor inocente de unos ojos avellana, era lo que derretía a todos. Incluyéndolo a él, por supuesto.

"¿Qué otro pasatiempo tendrá?, ¿Cuál es su comida favorita?, ¿Qué clase de música disfrutaba?"

Se preguntó cuándo se sorprendió a si mismo centrar su mirada en su diminuta cintura. Un sonrojo se instaló rápidamente en sus mejillas.

En verdad había pasado el tiempo.

Anteriormente solo quería pasar tiempo con ella siendo P-chan. Para escucharla y tratar de entenderla, así mismo para provocarle un apoyo incondicional, aunque fuera solo de una mascota. Ahora todo pintaba diferente. Su amor por Akane había evolucionado a un punto que no había podido controlar. Ni siquiera sabiendo que estaba comprometida con el imbécil de Saotome.

Ahora no solo se conformaba con ser su paño de lágrimas, quería más. Deseaba un avance real. La deseaba tanto que dolía.

De repente una presencia pesada inundaba su mente, una presencia tan intensa, color rojo fuego.

Ojos del color de una tormenta, furiosos.

"¡No la has vivido…!"

Resonó fuerte en su mente y la sensación le pareció familiar porque fue como cuando por la nada, alguien llegaba a bañarlo en agua fría.

Una sensación de incomodidad y ansiedad se instaló de repente en su pecho.

Al parecer su acérrimo rival había plantado la semilla de la curiosidad en su corazón y ésta luchaba para crecer con toda su fuerza. Entre más la conocía, más quería saber de ella. Pero…

"¡¿Hasta dónde había llegado él?!"

No sabía con exactitud la razón de por qué esta cuestión de repente había cobrado tanta importancia para él. Ranma esta vez había hablado con absoluta propiedad sobre su prometida, no era que no lo haya hecho antes, pero esta vez…esta vez se había sentido diferente. Ranma se había pregonado de una forma fiera y determinante, como si tuviera razones muy poderosas para hacerlo.

¿En verdad le llevaba ventaja?

Si bien se veía que ambos se detestaban, Ranma había estado con ella en los momentos más difíciles. En la mayoría él había llegado también al rescate…pero tarde. Ya cuando la situación estaba al menos en un cincuenta por ciento resuelta.

Ryoga frunció el ceño.

Definitivamente ese estúpido no la merecía. No entendía por qué demonios teniendo a muchas chicas alrededor, Ranma no quería soltar prenda sobre el asunto de Akane. Ya en otras ocasiones había reclamado por ella, pero nunca había sido tan abierto con él dejándose en absoluta evidencia. Tal vez esa valentía nacía de los celos que P-chan o él mismo en su forma humana le provocaban. Otra razón podía ser que, de todas las personas, él jamás le haría daño a Akane. Caso contrario si se lo decía a alguna de las chicas. No quería ni imaginarse el peligro en el que se encontraba su musa si era presa de alguna de las otras prometidas.

Ahora bien…si hubiera habido avances entre los dos, la única forma de subsistir juntos era…

A escondidas… - musitó con los ojos abiertos de par en par.

Ryoga sintió un escalofrío horrible. Luego sintió como una vena comenzaba a inflamarse en su cien. Su corazón repentinamente dio un vuelco.

Era curioso.

Aunque él no tenía nada con ella, más que una bonita amistad, el solo hecho de pensar que ellos tenían algo lo hacía sentirse traicionado.

El sentimiento de pérdida y desolación comenzaba a inundarlo. Imágenes de Ranma fuera de la puerta de Akane, bajando de su balcón por los aires pasaban rápidamente por su cabeza. Ranma provocando contacto con ella, sentado a un lado, atrapándola por la cintura. Siempre cerca, siempre presente, siempre ahí con ella. Casi como una presencia imantada.

De repente sintió una pequeña ola de aire la cual movió su flequillo y fue como, sorprendido, se dio cuenta de que tenía la energía exacta para crear el Shishi-hokodan. Sacudió la cabeza y siguió observando a Akane desde un arbusto no muy lejano. Era peligroso expulsar esa energía cerca de donde estaba ella. Cerró sus ojos y suspiró. Poco a poco se fue tranquilizando. Bajó el rostro al piso. Decidió pensar con la cabeza fría.

Si eso fuera cierto, ambos ya se habían evidenciado. Hasta el momento había comprendido que ambos no eran buenos para mentir.

Además…Akane muy apenas lo soportaba. Era más creíble que su rival ahora fuera Shinnosuke, aquél chico olvidadizo con el cual había visto a Ranma, por primera vez en la vida, temeroso realmente de perder a Akane.

Tal vez estaba exagerando con ideas que solo estaban remordiéndole la cabeza.

Lo que tenía que hacer, como le había dicho a Ukyo, era acercarse a ella. Dejar que le conociera, que supiera que él daría todo por su persona. Él podría ofrecerle libertad…gritar a los cuatro vientos su amor. Algo que su rival no sería capaz de hacer. Por el motivo que se le ocurriera inventar. Tenía la firme convicción que, si él aceptaba su amor por ella y se lo hacía saber, eso podría atraerle a Akane, y tal vez representaría una enorme ventaja ante Saotome.

Recordó tantas escenas de frustración por parte de la peliazul cuando Ranma retrocedía en sus avances con ella. Tenía la esperanza de que, si él se comportaba completamente diferente, Akane sin duda se sentiría atraída. Y en el peor de los casos, al menos llamaría considerablemente su atención.

Adicionalmente, no se consideraba un mal partido.

Sabía que era cuestión de tiempo para ir explotando sus talentos naturales como artista marcial. Se sentía con la confianza de comenzar en un futuro no muy lejano, una carrera en el ámbito.

Le caía bien a la familia Tendo, en muchas ocasiones había vivido con ellos y su talento nato para adaptarse a las condiciones más extremas, hacían ver la convivencia con ellos como pan comido…Incluso una vez Soun Tendo lo aceptó como yerno.

Al continuar visualizando la escena deportiva, algo llamó enormemente su atención.

Vio como un borrón rojo se materializaba por los aires y aterrizaba a un lado de Akane.

Era Ranma quien, al verla, había rodeado su cintura en automático. Acto seguido había enfocado la mirada hacia el frente y se acercó rápidamente a su femenino oído como para que nadie más que ellos dos escuchara.

La complicidad dolió más...

Un sonrojo adornó las mejillas de Akane y vio como el equipo femenino sonreía con ella parando por segundos el partido para darle oportunidad a la pareja de platicar, claro reflejo de homenaje de empatía hacia ambos, que a esas alturas ya eran muy queridos por Furinkan. Ranma hizo una rápida reverencia pidiendo perdón por la interrupción y le lanzó una mirada de advertencia a Akane.

La chica volteó los ojos y continuó el partido unos minutos más.

"¿Qué le dijo este idiota presumido?"

"¡¿Por qué demonios la toma por la cintura?!" – exhaló e inhaló aire tratando de controlar sus emociones.

"¡¿En…en verdad ya lo aceptaste?!" – sentía un dolor en su pecho.

La paranoia se hacía presente de nuevo. La ansiedad por acabar con todo.

Lo engullía y se hacía mil preguntas una y otra vez. Akane era pura, Akane era inocente. No le seguiría el juego a Ranma…

"¡¿Pero..?!"

Maldita sea…- susurró con la quijada totalmente tensa.

"¡No, no y no!"

¡¿Por qué demonios la sensación se hacía cada vez más insoportable?!

Él era tranquilo, muy prudente, a diferencia de su rival. Volteó a ver sus manos temblorientas y se desorientó. Esta vez no se trataba de algún camino en especial, sino de la situación en sí misma, que exigía que estuviera en sus cabales, pero se salía constantemente de ellos. Volvió la mirada al frente.

Vio como la chica peliazul hacía una reverencia y se retiraba disculpándose con el equipo.

Comenzó a pasear su hermosa figura por el campus como indicando que tenía prisa a donde se dirigía.

No supo si seguirla para abordarla, ahora mismo se sentía muy contrariado. Fue así como vio como ella se perdía entre los alumnos.

Lo mejor sería aprovechar la ida para buscar a Ukyo que, por su no muy grata habilidad, seguramente le tomaría un buen tiempo encontrarla.


Ya con su habitual uniforme turquesa y después de acomodar ligeramente su cabello, acercó su mano de porcelana al manojo de la entrada y la abrió con delicadeza.

- ¿Ran…?

Sintió como era jaloneada a un lado de la puerta y se cerraba con tremenda fuerza. Se asustó.

Unos labios masculinos comenzaron a devorarla, como si ya conociera el son al cuál estaban acostumbrados a bailar.

Abrió los ojos de golpe y sintió como unos brazos la apoyaban delicadamente en la pared y la encerraban como si fuera una jaula de la cual no iba a salir, al menos no en el corto plazo. Quiso replicar algo, pero su prometido no lo permitió.

Ranma estaba inmerso en ella, en su cercanía, en su cuerpo, en la esencia que emanaba. Quiso separarse de él, pero los brazos de su prometido no le dieron tregua alguna. Entre más intentos hacía, Ranma estaba más hambriento de ella y pegaba constantemente su delicado cuerpo al suyo.

Una onda de calor comenzó a envolver su cuerpo y fue cuando tuvo que aceptar que como siempre, Ranma podía hacer de su cuerpo lo que él quisiera. Siempre conseguía nublar su juicio, para bien o para mal. En esto de las artes amatorias, su prometido no tenía piedad y parecía querer darle una cátedra.

Ranma abrió los ojos al fin para observarla y subió un poco su brazo para finalmente recorrer la cintura de la chica, su dedo pulgar rozó uno de sus pechos en el acto.

Akane jadeó cerrando fuertemente sus ojos con sus tupidas pestañas.

Ranma la observó.

Akane volvió a mirarlo fijamente. Orbes azules contra castañas. El mar queriendo engullir la fértil tierra. Ella soltó un suspiro y él solo puro admirar su rostro, sus mejillas rosas, su boca entre abierta. Siempre esa expresión, con él y nadie más. La expresión de anhelo, de batalla perdida, de entrega total.

Akane era su diosa, su inspiración eterna.

¿En qué momento lo había engatusado así? … ¿Habría sido cuando le ofreció su amistad sincera y de total transparencia?...

¿Había sido su rostro infantil e inocente?

¿Había sido tal vez su desequilibrado temperamento?

¿O aquella vez en el baño?

No lo sabía. Solo conocía un extraño sentimiento que se fue apoderando, empezando con el sentido de protección, apoyo, ayuda. Sentido de la responsabilidad si querían llamarlo, también pudo haber sido. Se había desarrollado tan rápidamente que apenas pudo darse cuenta.

Fue cuando vio que la sonrisa angelical era compartida a otros hombres, que un enfermo sentimiento de posesión se había apoderado de él. Ya no. No quería compartir eso. No quería compartir tampoco su forma de rabiar, ni sus cuidados, ni sus gritos, aunque fueran de ya no soportarlo.

Y fue así que comenzó a reclamarla como suya, incluso frente a los demás.

Sus padres habían armado ese maldito y a la vez tan sagrado juramento. El destino ya se había encargado de una forma u otra de juntarlos. Tantas almas en este mundo y justo habían sido las suyas para que, desde antes de nacer, estuvieran destinadas a ser una sola.

Jamás imaginó todo lo que iba a conllevar ese acuerdo. Peleas, riñas, demostraciones tan salvajemente amorosas, cariño despotricado…hasta arriesgar la vida misma.

"Pasión…"

Todo eso cruzó por su mente, hipnotizado por los brillantes ojos de Akane. Ella exhaló aire contenido y quedó más prendado de su boca.

Ansioso colocó una de sus piernas entre las de Akane, provocando una mayor cercanía entre ambos cuerpos y aumentando la temperatura corporal de ambos.

Akane volteó ligeramente hacia abajo intentando comprender la situación de riesgo en la que se encontraba. Volvió la mirada.

Pudo vislumbrar deseo puro dentro de los ojos azules y comprendió que aquello tal vez no era buena idea. Puso una de sus delicadas manos en el pecho de Ranma.

- Ra-ranma.. ¿estás loco?...

- Shhh…. – susurró en su oído. Comenzó a dar besos en el cuello níveo de ella y a aspirar su olor una y otra vez.

Akane de nuevo soltó un gemido.

Ranma se sintió endurecer todavía más. Sus ruidos eran en conjunto una voz uniforme que seducía su alma.

Regresó a mirarla incrédulo para encontrar el truco que ella tenía para ponerlo así.

Ahora fue Akane quien observó maravillada la expresión de su prometido y subió ambos brazos hasta su cuello para impulsarse a fin de darle un beso con su boca entreabierta para que él pudiera degustarla a voluntad.

Sintió como la lengua de él había ingresado a su boca y comenzaba la batalla campal entre ambos.

El chico de la trenza deslizó una extremidad buscando el final de la falda femenina, pasando por el borde de su pierna y la elevó para aumentar el roce entre ellos.


- ¿Qué? ¿Pero por qué yo?...

Anda Ukyo, ya te toca…por favor…- le puso una carita demasiado linda como para poder negarle el favor.

Está bien… pero a la siguiente le toca a Sayuri, ¿De acuerdo?

¡Me aseguraré de eso!

Bien…ahora regreso…aprovechen para tomar unos minutos de descanso…

- ¡Si! – le hizo el ademán al resto de las chicas y algunas se dejaron caer sobre el césped del campo de deportes.

Vislumbró la entrada del recinto y vio la puerta entreabierta. Se veía muy apenas hacia adentro…

- Ran-maaa…. – escuchó de repente previo a girar el pomo para obtener más apertura.

Abrió los ojos de golpe.

- Por favooo..r…ya no me castigues… – se oyó más como un gemido que una súplica, de la misma voz femenina.

Sintió tanta presión en su pecho que dio dos pasos hacia atrás, aterrada.

Su prometido estaba con alguien. Sintió una opresión en el pecho y se llevó una de sus manos a él.

- "¿¡Shampoo?¡…" – apretujó los dientes con fuerza.

"Esa maldita zorr…"

- ¿Castigarte? – Ranma acunó con ambas manos el rostro de su prometida. – Tu eres quien me tiene tan castigado…desde esa maldita vez en el baño…- cerró los ojos con fuerza, tratando de demostrar un atisbo de control.

¿En…en el baño? …¿…de la casa?...- pensó Ukyo confusa. La voz gutural del pelinegro la despertó de su concentración.

- No sé qué demonios me hiciste Akane…. – lo dijo en suspiros. Akane tenía teñido de un sensual escarlata su rostro.

- Pensé…que…ni siquiera me habías puesto atención…

- Hey…¿De qué demonios hablas?...- le susurró tiernamente y pasando un mechón azul hacia atrás de su oreja. – Nadie en su sano juicio podría olvidarse de eso…- tomó de nuevo el rostro de Akane y depositó suaves besos en sus labios.

Ukyo retrocedió. Pálida.

El mayor de sus miedos se estaba cumpliendo.

Era Akane…Akane Tendo…

Sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia y sintió como toda la sangre se acumulaba en su rostro. Cerró los puños con fuerza y ni siquiera retrocedió a cerrar la puerta. También se le olvidó de lo que le habían encargado sus compañeras de clase. No quería estar ahí. No quería estar dentro de Furinkan.

Caminó unos pasos más adelante y fue bajando su altura hasta quedar sentada de rodillas en el amplio césped mientras sostenía su propio rostro, soltó un gemido lastimero queriendo soltar toda la tristeza, frustración, pero sobre todo…coraje. Muchísimo coraje.

Akane…la que siempre lo maldecía, la que siempre lo maltrataba…la que siempre quería tenerlo lejos…

Maldita hipócrita. Era una mentirosa… ¡Peor que Shampoo!

Un momento… ¡fue por eso!

La muy cínica le había dicho que no se sorprendiera si Ranma tomaba una decisión con respecto a sus prometidas… ¡Con respecto a ella!

La muy maldita había dicho eso porque estaba completamente segura de la decisión que tomaría Ranma… ella ya había tenido avances con su prometido…avances muy por encima de todo lo que ella, Shampoo y Kodashi habían hecho…

Se levantó arrancando con sus dedos parte del césped donde se había arrodillado. Lo arrojó al piso con absoluta rabia. Se secó las lágrimas y de un salto brincó la reja que separaba a Furinkan de la calle.

El Neko-hanten no estaría lejos…


- ¿Te vas a quedar un momento aquí? – volteó a ver a su prometido con una expresión de diversión en el rostro.

- Claro que me quedaré aquí… ¿Cómo demonios quieres que salga así? Mira como me dejaste…. – su prometido daba una mirada acentuando cierto miembro de su anatomía masculina.

Akane soltó una risa coqueta e infantil. Ranma no hizo más que adorarla más.

- Hey, no me culpes…tu fuiste el responsable de todo…estás loco.

- Es más culpa tuya que mía…desde esa ocasión en el maldito baño… - vio como Akane dio un respingo. A ella le pareció que Ranma había tocado esa referencia últimamente varias veces.

- Eso…creo que me debes una explicación…

- No te la daré en estas condiciones, de lo contrario vas a tener que quedarte y no me gustaría que pasara algo más justo en este lugar…- Ranma dio una mirada de repudio a los colchones sucios de la bodega. Akane rió.

- Ok, ok…entonces me voy primero – Ranma asintió sonriendo.

Akane notó que el portón estaba medio abierto. Por un momento se preocupó si es que alguien los haya visto. Dio una mirada furtiva para ver si había moros en la costa pero no vio nada raro. Avanzó tranquilamente en su andar, mientras se terminaba de acomodar el flequillo azul y se acariciaba el cabello para intentar peinarse.

Llegó a la parte central del Instituto Furinkan y se integró a sus clases.


Sonó el timbre del edificio Furinkan de forma apacible anunciando el fin de las clases.

Todos empezaron a salir despavoridos de los salones para retirarse a sus hogares y Akane regresaba del baño a sentarse en su pupitre, cuando vio algo que llamó su atención, una nota estaba doblada sobre un libro.

"Necesitamos hablar, ¿Puedo verte por donde está la bodega de deportes?"
- Ranma.

Volteó buscando a su prometido y efectivamente, no estaba en el salón. Así como tampoco sus cosas en el lugar asignado para él. De repente sintió su cara enrojecer furiosamente. Tal vez ese tonto quería pasarse de listo de nuevo… esbozó una tierna sonrisa.

Akane llegó al pequeño valle de árboles dentro de la escuela y vio que al pie de ella estaba la bodega testigo de las locuras de su prometido.

Abrió los ojos de par en par. Alerta.

Sintió una oleada de aire dirigirse hacia ella y rápidamente se dio la media vuelta con las manos extendidas al frente buscando detener un bombori que había sido disparado directamente a donde se encontraba. Sostuvo el bombori y lo aventó hacia un lado. Dolor. Sus manos ardieron.

- Shampoo estar harta de ti, ya es hora de hacer a un lado, Akane Tendo.

- No sé a qué demonios te refieres, pero no te tengo miedo. – la peliazul se ponía en guardia inmediatamente para luchar, no sería la primera vez que la enfrentaba. En alguna ocasión, su prometido le contó sobre sus puntos débiles, aun lo recordaba.

La amazona no dijo nada más y arremetió contra Akane. Comenzó a lanzar patadas, puños, todo de una forma muy rápida, tanto que Akane estaba empezando a tener dificultades. Akane se elevó aprovechando el aprendizaje de la escuela Saotome donde atacar por la vía aérea era una especialidad importante, sin embargo, Shampoo la siguió.

- ¡Shampoo! – escucho de una voz femenina muy conocida.

Volteó a confirmar y estaba de pie sobre el techo de la bodega, la chica de la espátula. Estaba con un semblante diferente, no era Ukyo, su amiga. Al menos en algún momento la llegó a considerar así. La chica frente a ella tenía un rostro con una combinación de confusión, miedo y coraje, incluso algo de burla hacia ella.

De repente sintió múltiples pinchazones, sus mejillas, sus manos, sus brazos, sus piernas. Todo comenzaba a arder. Eran las espátulas que salían disparadas como cuchillas y cada una había causado un daño. Habían traspasado su uniforme escolar.

Sentía como una había generado un corte importante en su tobillo y sentía que comenzaba a trastabillar.

"Ranma…" – pensaba en su prometido, necesitaba a su héroe, como siempre.

Volteó a ver a Ukyo con absoluta decepción y fue cuando la cocinera reaccionó al ver la ropa de Akane sangrada, que sintió de repente un miedo que le recorrió de pies a cabeza.

"¿Por qué?", "¿Por qué estoy sintiendo esto?"…."Tengo miedo"…. "Si ella es…débil"

El rostro de Ukyo comenzó a ensombrecerse, no era de ella de quien tenía miedo…sino de Él…el más poderoso artista marcial que había conocido en su vida, descartando al viejo libidinoso. No había querido pensar en la reacción de su prometido por haber atacado a Akane.

"No me podrá hacer nada a mí, a mí me quiere mucho" …

Más miedo. Sus ojos se agrandaron por segundos.

"¿Pero a ella…?"

Shampoo comenzó a atinar sus golpes sobre Akane hasta que la peli azul tomó una determinación.

"No es justo…son dos contra uno…" "Así no…"

Se levantó y comenzó a correr aún a pesar del fuerte dolor y de su calceta escolar teñida de rojo. Shampoo se fue por los aires siguiéndola y Ukyo de repente sintió como sus piernas pesaban horrores.

No podía moverse de allí.

Sin embargo, ya estaba hecho.

No era ella quien iba a terminar lo que comenzó, por lo que su prometido no podría culparla. Allá Shampoo y su suerte.


Akane iba evaluando su cuerpo mientras corría despavorida.

Realmente entre las dos le habían hecho mucho daño, ya no podría defenderse mucho, pero ella era una artista marcial y tampoco iba a bajar la cabeza tan fácil.

Dio media vuelta y se puso en guardia.

Shampoo sin decir nada comenzó su mortífero ataque y en uno de los golpes, había atinado a la quijada de Akane mandándola lejos y directo al suelo, donde cayó casi inerte.

Comenzaba a abrir los ojos lentamente y escuchó una risa diabólica y simplona a lo lejos. Recordó que la estaba golpeando en Furinkan. Abrió los ojos con mayor amplitud y sentía que no podía pararse.

De nuevo una oleada de viento mortal. Shampoo venía a toda velocidad con una espada.

Akane abrió los ojos incrédula esperando la cortada final y cerró los ojos cubriendo su cara con ambos brazos en forma de cruz…

Continuará...