¡Hola a todos! Primero que nada, quería desearles un hermoso y feliz año nuevo a todos y cada uno de los que siguen esta historia, los quiero mucho y agradezco todo el apoyo y las lindas palabras que he leído por el fic, así que, de corazón, muchas gracias.

Lamento mucho la demora chiquis, pero como les comentaba en el capítulo anterior, tengo una pastelería y estos días entre navidad y año nuevo fueron solo caos y trabajo. Les traigo un nuevo capítulo bien larguito para compensar, nos leemos abajito, ¡Disfruten!

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Capítulo 4:

Hokkaido, Japón - Torneo regional 1989

Ranma observaba el Ring completamente embelezado.

Akane esquivaba los golpes de su adversaria con una delicadeza casi majestuosa y una sonrisa juguetona. Su contrincante, una chica un poco más alta y de cabello negro, parecía cada vez más frustrada dando golpes a diestro y siniestro mientras lanzaba guturales gruñidos, mientras por otra parte, Akane seguía ensimismada en su propio mundo disfrutando totalmente del combate como si fuera una divertida danza.

El estadio estaba en completo silencio. Desde lo lejos, los murmullos de los otros participantes del torneo y del público fueron apagándose pasando los minutos, uniéndose al hipnotizante duelo que se llevaba a cabo entre las finalistas al medio del gigantesco Ring.

Ranma estaba de pie a un par de pasos del escenario. Tenía las manos agarradas con fuerza a las gruesas cuerdas que dividían la arena de los espectadores viendo todo en primera fila, sin sacar la mirada de su prometida y completamente ansioso. Observó a Akane bloquear con un Jodan Age Uke y luego contraatacar con un puñetazo Gyaku Zuki, enviando a su contrincante un par de metros atrás en tambaleantes pasos de revés hasta caer de trasero. El marcador sonó a través del parlante haciendo un estruendoso eco que anunciaba el nuevo punto a favor de Akane y Ranma vitoreó con un fuerte silbido de victoria, alzando un puño en alto con una eufórica sonrisa y sacudiendo la cuerda con su otra mano.

—¡Solo un punto más Akane!

La chica alzó el rostro de un latigazo para mirar a su prometido y escuchó emocionada desde su posición el estruendoso escándalo que tenía con una divertida sonrisa asomada. Volteó a su contrincante, que se estaba posicionando para comenzar nuevamente la siguiente y probablemente última ronda, y sonrió desafiante para terminar de una vez por todas.

Ranma estaba expectante. El corazón le latía con júbilo como si fuera él mismo quien estuviera en competencia, pero el desbordante orgullo que sentía era simplemente indescriptible. Ganara o perdiera, Akane ya era una campeona; la pasión desenfrenada en cada uno de sus ataques, la dedicación en cada uno de sus movimientos y el esfuerzo de su duro entrenamiento eran los componentes que hacían a su prometida la mujer luchadora que el adoraba, y obviamente, a Ranma lo tenía locamente enamorado.

De vuelta en el escenario, un golpe de la otra chica hizo que su prometida esquivara con una voltereta lateral y con un pequeño salto. Colocando la mano sobre la cabeza pelinegra de su adversaria se dio el impulso necesario para piruetear sobre ella y caer con estilo detrás, espalda contra espalda. El público jadeó del asombro y una risa impresionada de orgulloso reconocimiento brotó del chico. Ese movimiento definitivamente lo había aprendido de él.

La gente vitoreó asombrada ante el deslumbrante espectáculo y Akane parecía cada vez más ebria de la emoción. Su contrincante se dio una escabrosa vuelta, con el ceño fruncido y le lanzó una patada giratoria a ras del suelo direccionada a sus piernas, por lo que, como si brincara la cuerda, Akane esquivó nuevamente con asombrosa habilidad retrayendo las piernas en un alto salto. Cuando sus pies finalmente tocaron el piso, Ranma pudo notar que la caída no fue completamente limpia y que algo raro definitivamente le pasó.

No podía ver más que su perfil desde su actual posición, pero notó su rostro súbitamente más pálido que hace unos segundos, y como el cejo se le arrugó en interrogante desconcierto mientras tenía las piernas levemente tambaleantes, agarrando una nueva posición de combate completamente defensiva.

¿Qué le pasa?

Apretando la cuerda con los puños blancos, el gesto del chico se tornó serio y entrecerró los ojos levemente para seguir el rostro de su prometida a más detalle. Akane comenzó a esquivar golpes bloqueando con los antebrazos con mucha más dificultad de lo normal, pero sin ningún ápice de autodefensa. Era como si su cuerpo simplemente estuviera dando lo necesario para lograr escapar de un fuerte golpe mal recibido. Su adversaria por otra parte, parecía no haber notado el cambio en su contrincante por lo que siguió soltando calculados puñetazos, intentando apretar algún punto débil para terminar al fin con el torneo.

Cegado de preocupación y en lapso de segundos, Ranma dejó su puesto desde el público y comenzó a caminar alrededor del Ring buscando con la mirada la mesa del comité. Al otro lado del estadio, un grupo de hombres (en su mayoría ancianos) miraban la escena dictaminantes, sin notar el cambio de la más pequeña Tendo.

Si no intervengo, Akane va a salir lastimada...

Akane parecía cada vez más y más agotada, su rostro se había cubierto de una capa casi imperceptible de sudor y Ranma podía ver como sus brazos comenzaron a temblar del esfuerzo cuando bloqueó una patada de frente. Con el impacto, la peliazul se balanceó levemente hacia su espalda, pero logró estabilizarse deslizando la pierna derecha hacia atrás como solido apoyo. Mantenía el rostro de piedra, escondiendo sus emociones como si nada pasara.

Ranma le quitó los ojos por un segundo y cambió su acelerado caminar a una ansiosa corrida en dirección al grupo de ancianos. Estaba preocupado, conociendo lo terca que era su Akane, probablemente preferiría ser golpeada antes de ser derrotada en un estado tan débil en medio de una competencia tan importante.

Debía avisarle al comité. Ahora.

Pero la espera no duró mucho. El sonido de los jadeos conglomerados del público y el estrepitoso pitido anunciando un nuevo punto a través de los parlantes hizo que detuviera su caminar y se dirigiera nuevamente al Ring, angustiado. Pidiendo silenciosas disculpas empujó entre la gente para llegar adelante y presenciar que pasaba, pero cuando llegó a primera fila su boca cayó de la sorpresa mientras los gritos de emoción y vitoreo lo envolvían.

En medio del Ring y con la mano alzada en alto por el árbitro del combate, Akane Tendo posaba como la nueva campeona regional de Hokkaido. Su sonrisa era deslumbrante, y cuando Ranma al fin sintió mover los engranajes de su cerebro con el corazón más tranquilo, soltó un enorme grito de emoción levantando los puños triunfante, dando un par de saltos extasiado.

Akane seguía de pie con la respiración agitada golpeteándole el pecho. No sabía si los ojos cristalizados eran de la emoción por la ovación, la adrenalina de su triunfo o del agobiante sentimiento de que caería al suelo en cualquier momento muerta del agotamiento. Sonreía absorta en regocijo, escuchando al público aclamar su nombre.

A su lado, el árbitro bajó su mano y luego sintió a uno de los ancianos del comité acercarse a ella. Con una leve reverencia con respuesta en retorno, el anciano la felicitó con una sonrisa y le colocó la medalla de oro mientras otro anciano se acercaba con una pesada copa con los Kanjis del campeonato en él. Sintió un par de flash deslumbrándola mientras estaba un poco desconcertada de lo que pasaba, al mismo tiempo que la hacían posar para un par de cámaras apretujándose entre los ancianos del comité.

Ranma observaba desde abajo el triunfo de Akane, después de todo era su momento de brillar y se merecía disfrutar de su propio logro. Los focos del estadio se posaban sobre la chica provocándole una especie de divino halo desde la posición de Ranma y la observó embelesado, perdido en su propia conciencia alejado del ruidoso público. Con el rostro rojo y medio transpirado, el cabello desordenado y una sonrisa deslumbrante, Akane Tendo se veía como la mujer más bella que Ranma Saotome había visto en toda su vida.

—Tienen que estar jodiendo. —Se tensó saliendo del ensueño, apretando la mandíbula con enojo ante la conocida voz alejada a un par de pasos. —Esta mierda está arreglada.

—¿De qué hablas Jun?

—El campeonato... obviamente está comprado, es imposible que esa niñata le haya ganado a Kobayashi. — Pareciera que, al haber tanto ruido, el rubio hablaba con más fervor del necesario para ser escuchado en un intento de llamar la atención.

Ranma se giró, justo para ver a Jun y sus grandulones seguidores a los lados a un par de pasos de él. Por el gran vitoreo y las voces del público, el chico no lograba escuchar muy bien lo que decían, pero se hacía una clara idea con el vozarrón que Jun gesticulaba.

—El poder de chupar un par, ¿No? —Soltó el rubio, haciendo un movimiento asquerosamente obsceno con mano y boca, haciendo implícita su sugerente insinuación.

Eso es todo.

Con la sangre hirviendo a mil, Ranma apretó la mandíbula y comenzó a caminar evitando a la gente con brusquedad, dirigiéndose directamente al imbécil sin pelos en la lengua con toda intención de meterle un par de puñetazos. El público se estaba disolviendo mientras el entretiempo iniciaba antes de que la etapa del torneo masculino diera comienzo, así que el espacio se hacía cada vez más amplio. La gente caminaba en distintas direcciones y Ranma chocó con un grupo especialmente numeroso de ellos, por lo que un par de cabezas taparon su campo de visión. Sus ojos no veían a Jun, pero escuchó claramente una nueva voz que no ayudó a su paupérrimo estado de ánimo, petrificándolo.

—¿Disculpa? —Entre el gentilicio cada vez más tranquilo y ahora con la visión despejada, Ranma vislumbró a Akane, quien había bajado del Ring hace unos segundos y había escuchado el desagradable comentario. —¿Qué fue lo que dijiste?

Akane estaba furiosa. No tenía su trofeo a mano, por lo que Ranma asumió que alguien del Staff lo había tomado para protegerlo en tanto terminara el campeonato, pero su medalla resplandecía en su cuello a la par de su ardiente rostro lleno de conmocionada cólera. Jun le sacaba varios centímetros, por lo que se paró en frente de él con la vista alzada y de brazos cruzados, intentando ser lo más intimidante posible pese a la descomunal diferencia de estatura.

Un silencio se había emplazado entre todos. Un par de personas se retiraron sin notar lo que sucedía, pero otras habían escuchado la discusión y se habían alejado unos pasos sin llegar a irse, armando un círculo de morboso público entre los involucrados.

Jun, quien se había sorprendido ante la aparición de su víctima, le dio un vistazo de pies a cabeza analizando con sagacidad su medalla. Cruzó los brazos para igualar a Akane y se acercó un paso más acercando el rostro, desafiante.

—No necesito repetirlo cuando claramente me escuchaste, preciosa.

—Discúlpate. —Exigió Akane entre dientes.

Al mismo tiempo, Ranma había logrado zafarse del grupo de personas y caminó los pasos restantes para llegar al lado de su prometida, justo en el segundo exacto en que se desató el caos. —¿O qué? ¿Llamarás al marica de tu esposo para-

No terminó de hablar cuando el puñetazo desapacible de Akane conectó su rostro, tirándolo de espaldas a un par de pasos. Jun la observó estupefacto, sobándose la mejilla mientras el círculo de personas miraba la escena atónitos. El alboroto estaba llamando la atención de más personas, por lo que cada vez eran más y más los interesados en saber qué pasaba. Akane miraba atónita su propia acción, observando su mano incrédula y luego con endurecida resolución al chico tirado en el piso, quien se había girado levemente para dar un escupitajo de sangre al duro piso.

—Di lo que quieras. —Akane soltó con sorna. Caminó a un lado de Jun y lo agarró de la camisa, alzándolo bruscamente del suelo ante la mirada pasmada de Ranma. —Pero incluso con su forma de mujer, jamás lograrás ser ni la mitad de hombre que es Ranma.

El mencionado chico estaba desconcertado... y maravillado.

De todos los años que conocía a Akane, era la primera vez que la veía tan furiosa al punto de los golpes porque alguien lo insultaba. Con el corazón a mil por ver la atroz situación que se desarrollaba y la emoción de sus traicioneros sentimientos al ver a la mujer que amaba defenderlo tan abiertamente, se acercó intentando llamar la atención de la peliazul y tranquilizarla antes de que le lanzara otro puñetazo a su humillada víctima.

—¡Akane! —Se inclinó tomando su muñeca, alejándola de Jun. —¡Oye! Olvídalo... no vale la pena, tranquila.

Akane levantó la vista al escuchar su nombre, con los ojos cristalizados del coraje reprimido. La mano le temblaba de la adrenalina y parecía a punto de desmoronarse de lo mal que se sentía, pero lo ocultaba bien. A pesar del puñetazo que había lanzado irracionalmente, aún se sentía inexplicablemente débil luego de la anterior pelea.

Ranma olvidó por completo el asunto de Jun cuando su pálido rostro le devolvió la mirada y comenzó a preocuparse seriamente. Akane lucía doliente y agotada, y ahora que la tenía frente a frente pudo notar lo realmente mal que lucía. Con la respiración entrecortada y una nueva capa de sutil sudor formándose en su rostro, incitó a que el preocupado chico deslizada su mano desde su muñeca hasta sus fríos dedos, tirándola ligeramente para llevarla a la enfermería del recinto.

Pero como la vida de ambos era un eterno ciclo de desastres, el pelinegro observó incrédulo como Akane salía disparada a unos pasos de él cuando el puño de Jun impactó contra su delicado rostro, devolviéndole el golpe.

Ranma estaba inmóvil, presenciando todo en ralentizados segundos de cámara lenta. Observó, inmóvil del shock, como Akane caía de espaldas demorándose unos segundos en reaccionar. La chica soltó un quejido de dolor y se apoyó con los codos alzando la mirada sorprendida hacia Jun, sin entender del todo bien que había sucedido. Sintió un olor metálico y ligeramente dulce invadirla, un cosquilleo le recorrió el mentón y una ligera presión gotosa sobre su pecho hizo que siguiera con los ojos el extraño movimiento, solo para notar que había comenzado a sangrar por la nariz manchando su Gi deportivo y parte de la correa de su flamante medalla de oro.

El raciocinio ni siquiera subió a la cabeza de Ranma cuando sintió su cuerpo lanzándose sobre Jun con conciencia propia, ni mucho menos cuando sus manos habían agarrado al rubio del cuello de su camisa para golpearlo contra el piso.

—¡ESTÁS MUERTO! —Gritó, gruñendo descontrolado. Su lado racional y profesional de artista marcial fue olvidado completamente cuando comenzó a dar puñetazos desmedidos a lo bruto y salvaje. Su único objetivo era arrancarle la asquerosa lengua y destrozarle la tráquea para que no soltara una palabra más en su asquerosa vida.

El grito alterado y los jadeos sorpresivos de la gente fueron opacados por los gruñidos y bramidos de ambos chicos. Forcejeando como pelea de gatos y sin saber cuántos segundos llevaban en un tira y afloja, se lanzaban puñetazos sin siquiera tener claro el objetivo de cada golpe, simplemente con la esperanza de darle al otro.

Akane miraba congelada lo que había provocado, sin siquiera procesar lo que ocurría. Detectó a Ranma entre la maraña de golpes, con un corte en el labio y el Gi manchado en sangre. Tenía el ceño más oscurecido y perturbado de lo que lo había visto en todos los años que lo conocía y su pecho se oprimió en desesperación.

Un lejano recuerdo de los azulados ojos de su prometido en Jusenkyo provocaron que una angustia agobiante se instalara en su corazón. Intentó moverse y sacar a Ranma de ese trance, pero el cuerpo no le respondía, estaba paralizada, solo con el insoportable puntazo de dolor en la mejilla que le recordaba el horrible moretón que le esperaba en unas horas.

Un golpe seco la hizo posar la mirada en la pelea, sacándola de su aturdimiento, justo para ver a Ranma golpear el suelo fallando la asestada. Jun aprovechó la grieta y empujó a su contrincante, lanzándose ahora él encima con rabia. Agarró a Ranma del Gi y le propinó un puñetazo, dejándole una fea rasgadura en el pómulo. Solo habían pasado unos segundos desde que habían comenzado a pelear, pero se sentía como apesadumbradas horas.

Akane se levantó de golpe para poder tirarse encima de Jun y alejarlo de Ranma, pero cuando sus pies tocaron el piso, el escenario frente a sus ojos comenzó a voltearse y ennegrecer por un recio mareo. Unos brazos la afirmaron desde atrás y la agitada voz de Kyoko le habló.

—¡Akane! ¡¿Estás bien?! —La ojicanela cerró los ojos y sintió caerse, solo para sentir su trasero tocar algo duro. Seguramente alguien le había acercado alguna especie de banco para sentarse. —¡Solo ayúdalo! —Sintió a Kyoko gritar a alguien más.

Akane entreabrió los ojos para ver como la pelea había finalizado tan rápido como empezó. Un chico castaño sostenía a su descontrolado prometido de los brazos, que seguía gruñendo como un animal aprisionado forcejeando de su agarre. Jun había sido detenido por uno de sus amigos, pero a diferencia de Ranma no oponía resistencia alguna, solo se dejó llevar sonriendo burlonamente al pelinegro, desafiándolo a continuar.

—¡Ranma! —Akane gritó, intentando llamar su atención.

En brazos del chico, Ranma dejó de hacer fuerza y la buscó con la mirada. Casi como si la nitidez y el raciocinio lo hubieran devuelto en sí, el gesto se le cayó envuelto en preocupación cuando vio el horrible manchón rojo que cubría el rostro de su prometida. Akane le sonrió a lo lejos con suavidad, intentando apaciguar el ambiente, pero el gesto solo hizo que siseara de dolor provocándole más angustia al susodicho.

Creo que fue peor. Pensó culposa.

—¡¿Qué demonios pasó aquí?! —La rasposa y pronunciada voz de un vejestorio del comité interrumpió toda la escena. Analizando con dura crítica el entorno y las desalmadas apariencias de los tres chicos, sus ojos avejentados se posaron en Jun, Ranma y Akane. —¡Ishikawa, Saotome! ¡Vengan conmigo!

Akane se puso de pie desde el banquillo con los brazos de Kyoko aún en sus hombros, pero la dura mirada del anciano la detuvo de hacer o decir cualquier cosa. Más bajito que cualquiera del público, el anciano vestía un tradicional Kimono negro y el cabello canoso hacia atrás, con una recta postura que independiente a su estatura, desprendía total autoridad.

—Señorita Kobayashi, por favor acompañe a Tendo a la enfermería... parece que la pobre niña va a vomitar en cualquier momento. —Levantó la mano haciéndole una señal a los otros chicos de seguirlo, antes de posar sus ojos por última vez en Akane. —A penas se sienta mejor, el consejo hablará con usted, Akane Tendo.

—Disculpe, Sr. Tanaka... —La voz de Ranma interrumpió. —... pero, Akane no hizo nada. Fue mi culpa.

Ya repuesto y libre del agarre del chico castaño (que seguía a su lado atento), Ranma enderezó su ropa y puso sus manos tras de sí en falsa despreocupación, inclinándose levemente ante el anciano con respeto. De no ser por su parada tambaleante y el rostro lleno de heridas, actuaba como si no hubiera estado luchando a sangre fría minutos antes. —Le ruego que, antes de que tomen cualquier decisión, tengan presente que fui yo el que comenzó la pelea.

—Ranma... —Akane susurró conmocionada. Sintió como alguien (probablemente algún paramédico del evento) le colocaba una bolsa con hielo en la mejilla y se alejó del toque para poner total atención al dialogo de enfrente. Dio un par de pasos acercándose al anciano y su prometido algo apenada. —Sr. Tanaka... no es cierto, fue mi culpa.

Ranma abrió los ojos con susto, posando su vista en la deslumbrante medalla que Akane portaba. Si abría la boca para decir algo desventajoso, le quitarían el premio sin rechistar. Alzando la mano como si intentara callarla, Ranma se precipitó al frente de ella interponiendo el brazo entre Akane y el anciano del comité.

—No la escuche señor.… recibió un golpe fuerte, la pobre está delirando, no sabe lo que dice- ¡Ouch! — De un codazo, Akane lo empujó con un bufido.

—No quiero escuchar ni una palabra más. —Tanaka bramó. Ranma se frotó el costado adolorido mirando enojado a Akane, mientras ella le devolvía la mirada furiosa sacándole la lengua.

—Eres una bruta.

—Y tú un estúpido.

—Marimacho.

—Imbécil.

—Desabrida.

—Sin cerebro.

—¡SILENCIO! —El anciano estaba harto, viendo a los inmaduros adultos jóvenes discutiendo frente a él. Unos pasos más atrás, Jun estaba de brazos cruzados con la camisa ensangrentada y el rostro aporreado, en completo silencio y mirando la escena como si quisiera morir del asco. El público observaba a la temperamental y bipolar pareja perplejos, sin entender nada de lo que pasaba.

—Por favor, no descalifiquen a Akane...

—Solo le pido que no descalifiquen a Ranma, se lo ruego.

Hablaron ambos al mismo tiempo. Akane y Ranma se miraron en silencio, estúpidamente avergonzados y cerraron la boca de golpe. Tanaka levantó la palma en alto poniendo en pausa sus palabras, dio un profundo suspiro de cansancio y se alejó, esperando que los chicos antes mencionados lo siguieran mientras hablaba por última vez duramente.

—Eso lo decidirá el comité, jóvenes. — Sin mirar atrás, hizo gesto a la gente para que se disolvieran y uno a uno, el público se fue por sus propios caminos.

Viendo la espalda del viejo marcharse, Ranma se giró a su prometida y le acercó la mano lentamente como si tanteara el terreno antes de posarla en su herida mejilla cuando no protestó. Pasó el pulgar con delicadeza sobre la rojiza piel y le inspeccionó el rostro en busca de otras heridas.

—¿Estás bien? ¿Te duele algo más?

—Estoy bien... —Akane alejó la mirada algo cohibida por la cercanía, mirando el ensangrentado Gi de su prometido con remordimiento. —Solo es un pequeño golpe, estaré bien...

—Voy a matar a es maldito hijo de p-

—Ranma. —Lo focalizó, dándole un golpecito con el dedo en la frente. —Olvida a ese imbécil... estoy bien.

Los oscurecidos ojos del pelinegro seguían ardientes de furia contenida a pesar de haberse calmado, pero la preocupación era más prominente en aquellos momentos. Akane tenía el labio roto y la punta de la nariz raspada, pero fuera de eso parecía estar bien. Con dura aceptación soltó un bufido frustrado y la miró con resignación.

—Bien... —Demorando los dedos más de lo necesario en su gesto, alejó la mano y volteó al viejo alejándose en dirección a los otros participantes del jurado. —Iré a hablar con el comité antes de que vengan a buscarnos. Hazle caso al anciano y ve a la enfermería... no sé qué te pasó, pero hace un rato lucías algo enferma.

Akane se tensó y palideció al ser atrapada. Sintió a Kyoko llamarla a lo lejos y miró a Ranma una última vez, cayendo en cuenta recién de lo mal que lucía en comparación a ella. Soltó un ruidito apesadumbrado y le pasó la mano por el Gi ensangrentado, como si la sangre fuera polvo que saliera con un par de sacudidas.

—Prométeme que irás a la enfermería después... —Tenía un sangrante corte en la ceja, el pómulo rasgado y el labio partido, algo parecido a ella. Si no hubiera sido porque la escena era completamente angustiante para su corazón, se hubiera atrevido a pensar que se veía condenadamente guapo. Le dio un juguetón roce en el mentón y le sonrió con cariño. —Te ves terrible.

—Tu igual. —Ranma rio sacándole la lengua juguetonamente. Le lanzó una última escaneada asegurándose de que estuviera bien y se alejó.

Akane lo vio tensarse abruptamente cuando dio dos pasos, pensando que se voltearía a mirarla nuevamente, pero sus ojos duros pasaron de largo sobre ella posándose en la condenada figura a su espalda. Jun había comenzado a caminar medio cojeando pasando a un lado de Akane, y al ver que el chico no tenía intenciones de seguir con nada, Ranma se relajó y esperó que el rubio pasara a su lado, no sin antes lanzarle una asesina mirada y un par de insultos mudos entre dientes.

—Vamos Akane... —Kyoko habló junto a ella, tomándola del brazo y empujándola en dirección contraria. A su lado, el chico castaño que había agarrado anteriormente a Ranma caminó tras de los acusados, en dirección al comité, avisándole a Kyoko que iría a la enfermería en unos minutos.

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—¿Te sientes mejor?

Sentada en la camilla, Akane tenía un gran parche pegado a la mejilla y una compresa de gel frío sobre él. Era la única persona atendida en el blanquecino establecimiento, por lo que la voz de Kyoko hacía un sonoro eco. A su lado, el chico castaño seguía sin decir palabra alguna sentado en una silla más alejada, con una relajada postura mirando como Kyoko le acomodaba el parche a su nueva amiga. Había vuelto hace unos minutos y no había hecho sonido alguno para no interrumpir.

—Si, gracias Kyoko... —Akane sonrió con agradecimiento. Posó su vista en el chico y los tímidos ojos esmeralda de él le devolvieron el gesto. —Y gracias por ayudar a Ranma...emm...

—Sato. —El castaño le sonrió, inclinando la cabeza levemente ante Akane. —Ryota Sato, es un gusto conocerte al fin, Akane. Estuviste fantástica ahí afuera.

—Gracias. —Se sintió repentinamente cohibida ante el alago.

Kyoko rio entre ellos y se sentó en la camilla junto a Akane. —Mi novio. —Aclaró con simpatía por si la peliazul no había captado.

Akane abrió los ojos con apreciación conectando al fin los puntos. Entre tantas emociones juntas, no había tenido tiempo a cuestionarse quien era el chico, ni mucho menos recordaba que Kyoko lo había mencionado horas atrás.

El castaño vestía con un Gi deportivo blanquecino muy parecido al que llevaban casi todos los competidores, incluida ella y Ranma. Tenía el pelo largo más abajo de los hombros, ondulado al igual que la negra melena de Kyoko y agarrado en una media coleta alta, por lo que la otra mitad de su cabello caía libremente sobre su espalda. Llevaba un pequeño arete en la oreja derecha notoriamente influenciado en las bandas americanas de moda, que Akane supuso, le había traído más de algún comentario anticuado ahí en Japón.

—Kyoko dijo que habías oído hablar de mí... —La pequeña Tendo se removió un poco avergonzada, jugando con sus dedos nerviosamente.

—Kyoko siempre habla de más. —Ryota respondió con diversión mientras su novia le lanzaba un juguetón manotazo. —Viajé a China hace un tiempo... así que cuando llegué, nadie paraba de hablar de Saffron y los Japoneses que lo detuvieron.

—¡Akaneee! —Una vozarrona voz retumbó entre las paredes que Akane conocía más que bien. Soltó una sonrisa y observó como Kyoko y su novio se ponían de pie mientras las pisadas se acercaban. Ranma apareció asomando la cabeza con la trenza colgando, y al percatarse de que estaba en la habitación correcta al encontrarse con los marrones ojos de su prometida, alzó un puño triunfante auto felicitándose.

—Bueno... los dejaremos solos para que se pongan al corriente. —Kyoko le guiñó picaronamente a Akane y caminó a la puerta, dándole una pilla sonrisa al chico de la trenza cuando pasó a su lado. —Nos vemos luego Akane... y felicidades por vencerme este año.

—Espero volver a hacerlo el próximo. —Akane rio y Kyoko volteó a mirarla con la mano apoyada en el marco de la puerta. Su alta coleta negra se balanceó y sus ojos azules se posaron determinadamente alegres sobre la peliazul.

—No si te pateo el trasero antes. —Rio saliendo de la habitación, con solo su palma a la vista sacudiéndose. —¡Adiós!

Ryota salió detrás de su novia, despidiéndose con una leve reverencia ante Akane, cuando la mano de Ranma sobre su hombro le impidió seguir caminando.

—Oye, Sato... gracias. —Ranma le sonrió alegremente, palmeándole el hombro entusiasmado con mucha más fuerza de la planificada. —Te debo otra, amigo.

—No te preocupes... —Ryota le devolvió la mueca antes de caminar hacia la puerta. —No podía permitir que el idiota de Jun se saliera con la suya... si hubiera sido Kyoko, hubiera hecho lo mismo que tú.

Ranma le dio un determinado asentimiento cuando Ryota habló por última vez. —Te veo en el Ring, Saotome.

Akane levantó una ceja interrogante a Ranma, escuchando como el castaño salía por fin del cuarto. El pelinegro se sentó a su lado sobre la camilla, con su característico aire despreocupado, y le dio una tranquilizante sonrisa.

—Conocí a Sato hace unas horas, en los vestidores. Me agarré a golpes con el imbécil de Jun y-

—¡¿Qué?! —Akane latigó la cabeza para observarlo cabreada. —¡¿Cómo que ya te habías agarrado a golpes con él?! ¡¿Por qué no me lo dijiste?!

—El empezó... —Le respondió bajito, como si fuera un niño reprendido. —A demás, fue una tontería...

—¿Qué paso?

—Solo una estupidez, es todo...

—Ranma.

—No es nada, en serio.

—¿Te dijo algo? —El pelinegro cerró la boca de golpe y observó su regazo abochornado. Akane sintió dar en el blanco. —¿Qué te dijo?

—Nada, olvídalo... —Ranma soltó un suspiro molesto con el ceño fruncido y cambió el tema abruptamente. Akane simplemente no insistió, escuchándolo atenta sintiéndose algo desplazada. —Como sea, Sato habló con el comité hace un rato, actuó como testigo y logró ayudarme a convencer a los ancianos.

—¿Es... es enserio? ¿Qué dijeron?

—Solo descalificarán al imbécil de Ichikawa. — Lanzó el torso doblado a su izquierda sobre la camilla, medio acostándose con los brazos tras su cabeza. Relajó el semblante y cerró los ojos con mejor ánimo. —Al menos no te quitarán el premio... Sato les dijo que solo golpeaste a Jun como autodefensa y yo por defenderte.

Akane soltó el largo suspiro de alivio que tenía retenido. Cerró los ojos encantada y relajó el cuerpo al fin, sintiendo de pronto las dolorosas contusiones que tenía por aquí y allá. A diferencia de Ranma, usualmente no recibía tantos golpes por lo que no tenía una relación muy amena con el dolor.

Le dio un rápido vistazo a su prometido acostado a su lado, sintiendo su corazón llenarse nuevamente de culpa y remordimiento. Debido a su pose, el Gi se le había doblado un poco alzado dándole un vistazo pequeño de su trabajado abdomen. Observó con susto un enorme moretón rojizo extenderse por todo el costado derecho donde el puño de Jun le había dado hace unos minutos atrás, sin alcanzar a ver dónde terminaba. Akane estaba segura que aquel moretón se volvería una fea marca azulada en un par de día, y todo por su culpa.

Levantó los dedos tentativa a tocar con instintivo cuidado, pero cuando alzó su brazo una punzada dolorosa dio justo en la espalda, recordando como había caído fuertemente al piso con el puñetazo de Jun.

—Akane, oye... tómatelo con calma. —Ranma se había sentado como resorte al escucharla sisear por lo bajo. —¿Estás bien?

—Si, solo estoy algo cansada.

—Si quieres... podemos irnos a casa. —Sin darse cuenta, el pelinegro se había acercado un poco más a su prometida colocando su mano sobre su antebrazo con suave tacto. —No tienes que fingir que estás bien, tonta.

Akane observó en sus profundos ojos lo ridículamente en serio que hablaba y la culpa la abrumó. Sintió lastima por sí misma, no entendía que ocurría y porqué se sentía tan jodidamente emocional con aquel golpe, ni por qué le dolía tanto el cuerpo por aquel estúpido puñetazo. Por otra parte, su prometido la miraba con tanta preocupación que el corazón le latía totalmente cautivado.

¿Qué rayos le pasaba? ¿Ranma estaba dispuesto a renunciar a la competencia solo para que ella pudiera descansar de un estúpido golpe?

Ni en un millón de años. Habían ido a ganar, y era lo que harían. Aún faltaba que compitiera Ranma y la competencia representativa del Dojo, no podía defraudar su legado ni a todos los que constantemente los apoyaban desde casa.

—No. —Le respondió sensata. —Estoy bien, te lo prometo.

Ranma la examinó largamente desconfiado, lo que hizo a la chica sonreír divertida. —Te juro que si me siento mal te lo diré.

—Bien, más te vale.

—Lo prometo. Y ahora, señor cabezota, es hora de curar tus heridas... queda poco para tu turno.

—Oye... ¿Akane?

—¿Si?

—Solo... —Ranma la observó colocarse de pie dejándolo en la camilla, alzó un par de gasas de una pequeña mesita a unos pies de la camilla y se giró ante su silencio, posando sus acaramelados ojos en él. —Felicidades... estuviste impresionante en la competencia.

Akane quedó estupefacta, petrificada con las gasas en las manos y la boca abierta tímidamente de la impresión. Ranma siempre era crítico y directo en el ámbito educativo, pero definitivamente no era una persona de elogiar los logros ajenos. El corazón le dio un vuelco y los colores se le subieron al rostro así que se giró ásperamente fingiendo buscar algo en la mesa escondiendo su cara, con el corazón martillando de la emoción.

Internamente, Ranma agradeció que no alcanzó a ver su rostro más rojo que su vieja camisa china.


Nerima, Japón - Noviembre 1998

—¡¿Qué mierda?!— Soltó la revista casi como si quemara al tacto, cayendo secamente sobre el Kotatsu. —Yo nunca... y-yo no... ella n-

—Ahórratelo. —Nabiki le cortó. —No quiero escucharte.

—¡Ni siquiera tuve algo que ver con ella! ¡Mucho menos casarme! —Soltó exaltado. Se pasó las manos revolviéndose el cabello cabreado, con tanto que decir y sin poder explicar.

—Mira, da igual si te acostaste con esa chica-

—¡Yo no me acosté con Midori!

—Te dije que no quiero escucharte. —Volvió a silenciarlo severamente. Ranma quedó callado, obediente ante su petición, pero con las palabras atoradas en la lengua. Nabiki había vuelto a sentarse frente a él bajo el Kotatsu, con ambas palmas sobre la mesa dándole una fría mirada levemente inclinada hacia él. —Ahórrate tus explicaciones de mierda, a nadie le importan... mucho menos a Akane.

—¿Que ya no importan? —Una risa irónica le brotó del pecho, enfurecido. —¡¿Me estás diciendo que Akane se creyó esta mierda todos estos años?!

—¡¿Y qué querías que hiciera?! —Nabiki se levantó de rodillas, golpeando la mesa con fuerza al mismo tiempo que un trueno relampagueara entre las puertas del Shoji. El viento hizo crujir la madera de la duela, las puertas corredizas vibraron tintineantes y el sonido de la lluvia caer con fuerza retomó su ritmo. —¡Perdió el contacto contigo hace 5 años! ¡¿Acaso esperabas que se quedara aquí esperándote como un perro fiel?! ¡¿Qué esperaría a que tuvieras las pelotas de venir por ella cuando se te diera la gana?!

—¿Qué? —Quedó petrificado.

—No te hagas el estúpido, Ranma, me escuchaste perfectamente. —La castaña dijo entre dientes, bastante irritada con la conversación. Levantó la mirada a las escaleras con malestar, temiendo que, entre su desbordante ataque de gritona rabia, su sobrinito no haya estado durmiendo en todo ese par de segundos de silencio solo le dieron la confirmación de que no había perturbado su sueño.

—¿Cómo que cinco años?... ¿De qué estás hablando Nabiki? —Al escuchar su nombre, miró al chico frente a ella encontrándose con su gesto nublado de estupefacta duda. Nabiki Tendo supo que algo no calzaba en absoluto.

—... ¿De qué estás hablando tú?

—¿Qué pasó con las cartas?—Susurró, como si le estuvieran hablando en otro idioma.

—... ¿Qué cartas?

Ranma se quedó tieso unos segundos, pensando, y luego agarró su mochila húmeda con urgencia tirándola sobre el Kotatsu. Con las manos temblorosas volteó el bolso y dejó caer desparramadamente sus pertenencias; ropa, textos en chino, billetes, monedas, y entre todo eso, un pequeño fajo de papel amarrado con tiritas de bambú. Con los dedos trémulos, agarró el paquete y cortó la tira apresurado, dispersando las hojas sobre la mesa como una baraja de cartas.

—Mis cartas... —Intruseó entre los papeles ante los ojos confundidos de Nabiki, buscando uno en especial. Siguió hablando sin parar, farfullando como un lunático. —Les escribí cientos de veces... siempre guardaba los recibos para calcular las fechas al escribir la próxima carta, pero como ustedes nunca sabían dónde me quedaba, nunca esperé que respondieran a- ¡Aquí está!

Nabiki seguía confundida observando el desorden frente a sí. La frenética mirada de Ranma la tenía perturbada y sentía como si estuviera hablando con un alienígena, hasta que sus ojos se posaron en la pequeña fecha escrita en el recibo que Ranma casi refregó contra su rostro.

—...¿Julio? Eso... eso es hace 4 meses... —Susurró sin entender del todo.

—Fue la última carta que le mandé a Akane, aquí a Nerima. —Respondió intrépido ante su desconfianza, suplicando para sí que entendiera lo que intentaba demostrar. —Les he escrito todos estos años...

Observó el patético papel que alzaba en sus dedos temblorosos, sintiéndose estúpido. Los esmeraldados ojos del pequeño bebé de Akane brotaron en su mente y la bilis amenazó con quemar su garganta. —Pero creo... creo que ya no importa una mierda.

Bajó el recibo al fin derrotado, con la voz quebradiza arrugando el papel en una pelota. Los otros recibos brillaban con la poca luz de la habitación, y en un arrebato de frustración, los desparramó con ambas manos soltando un gruñido bajo. Nabiki lo detuvo con fuerza, agarrándole la muñeca para que no siguiera con su tonto actuar.

—La última carta que recibimos de ti fue hace 5 años, Ranma. —Le soltó el brazo y se cruzó de brazos, con una actitud más calma. —Nunca supe que decía la carta... Akane la leyó y luego la tiró, pero nunca quiso decirnos lo que contenía.

—¿Nabiki?¿Ranma?—Sin que nadie lo notara, Kasumi había bajado las escaleras haciendo su voz eco a medida que se acercaba a la entrada de la habitación, dubitativa sobre si interrumpir o no. —Creo... que ya es bastante tarde, deberían irse a la cama y continuar con esto mañana.

Ranma se quedó sentado, con la mirada baja sin saber muy bien cómo proceder ni mucho menos que hacer. Kasumi notó su aturdimiento y lo observó con un poco de pena, recordando dolorosamente al pobre chico de 16 que solía convivir con ella en antaño, siempre necesitado de una madura guía. Podía ver en su perturbado rostro todas las emociones ajetreadas y dolorosas que había sufrido con tan pocos minutos, así que su corazón solo podía pensar en cómo se sentía el pobre chico.

Observó la fuerte lluvia que había afuera y le habló con cariño, intentando llegar a él.

—Ranma... si gustas puedes quedarte aquí esta noche. —Se acercó colocando su mano con suavidad sobre su húmedo hombro. —Tu antigua habitación sigue siendo de invitados, así que puedes usarla tranquilo.

—No, gracias... —Susurró desganado. —No quiero incomodar al señor Tendo... o al esposo de Akane. —Soltó, como si hubiera dicho algo asquerosamente grotesco. Kasumi tensó la mano sobre su hombro y aguantó la respiración mientras Nabiki hablaba casi imperceptiblemente cuando los segundos silenciosos no parecían avanzar.

—El esposo de Akane está fuera de la ciudad por un viaje de negocios. —Respondió como un robot. La cabeza de Ranma se prendió con repentina furia al saber que la pareja de Akane no estaba presente con ella, peor aún cuando acababa de tener un bebé, pero lo siguiente lo hizo olvidarse de la rabia en un fugaz pestañeo. —Y papá... papá falleció hace unos años, así que no te preocupes por eso.

Un silencio frío se formó en la habitación. Ranma sintió el golpeteo de su propio corazón en los oídos, casi seguro de que la temperatura del cuarto había bajado varios grados, y miró a ambas mujeres como si esperara el remate de un mal chiste.

—... ¿Qué? —Susurró, con el corazón casi en el estómago. —... ¿El tío Soun murió?

—Enfermó de pronto. —Kasumi retomó la explicación a su lado, apretando su hombro como lastimoso consuelo. Miró al chico de la trenza con los ojos nublados de melancolía. —Comenzó con una horrible toz hasta que se fue agravando... los doctores dijeron que fue un paro respiratorio.

—Y-yo... lo siento mucho. —Ranma alzó la mano y rozó la de Kasumi en la suya con osado cariño. Sintió sus ojos picar, así que pestañeó un par de veces para alejar la molesta sensación, con el pecho aplastado de pesar. —El tío Soun siempre... siempre cuidó de mí y mi familia como si fuéramos de la suya, así que siempre estaré eternamente agradecido con él y ustedes.

—Siempre serás familia, Ranma. —Kasumi habló bajito intentando no ser oída por su hermana, quien obviamente la miraba reprochante desde el otro lado del Kotatsu.

Apretó por última vez su fornido hombro y se alejó tomando la bandeja y las tazas de té desocupadas de la mesa, escarbando entre el desorden. Miró quisquillosamente las cosas esparcidas, pero considerando la pesada charla y como el pobre chico intentaba procesar todo lo que había escuchado en un lapso tan corto, prefirió dejarlo pasar sin hace pregunta alguna.

—Entonces... ¿Vas a quedarte, Ranma? — Saliendo de entre sus turbios pensamientos, el ojiazul observó entre el Shoji la fuerte lluvia, torciendo la boca en un gesto de desagrado. Era tarde y tampoco quería molestar a sus padres en plena madrugada, cubierto de humedad y con miles de explicaciones que dar.

—Bien, perdón la molestia. —Kasumi asintió con una entusiasmada sonrisa. — Yo, em... ¿Podría darme un baño?

—Claro. Ya lo tenía preparado, así que no tardes.

Astuta como siempre, Kasumi se perdió por el pasillo con el tintineo de la loza en sus manos caminando hacia la cocina. En silencio, Nabiki seguía mirando a Ranma con juzgadora inspección, pero Ranma se sintió aliviado al ver que los rastros de ira y coraje habían desaparecido de su gesto.

—Creo que te ayudaré a descubrir que sucedió con tus cartas, ex-cuñadito. La verdad es que estoy bastante intrigada... —Soltó, haciendo además de levantarse. Sacudió su Jeans del invisible polvo del piso y posó su mano en la cintura, levantando la otra mientras frotaba los dedos en una pose tan familiar y desconcertante. Una felina sonrisa brilló en su caray habló juguetonamente para sorpresa de nadie. —Por una módica suma, claro.

Ranma se sintió reír por primera vez con autentica e inesperada alegría. Se puso de pie y agarró su mochila echando sus pertenencias de vuelta mientras Nabiki juntaba los recibos amarrándolos con la tira de bambú, guardarlos en su bolsillo trasero.

—Veo que algunas cosas no cambian.

—Y otras, bastante. —Respondió con la lengua afilada. Caminó dirección a las escaleras dispuesta a dormir, pero se detuvo afirmada a la barandilla con un pie en un escalón. —Espero que estés preparado Ranma... puede que Kasumi y yo no hayamos cambiado mucho, pero Akane es otra historia.

—¿A qué te refieres?

—Ya lo verás pronto. —Hasta ese punto, Nabiki había dejado de sonreír. Ranma la observó tintinear los dedos en la barandilla de la escalera con nervioso ritmo antes de echar a andar pasos arriba al segundo piso, desapareciendo entre la oscuridad de la noche.

Con un estremecimiento, Ranma se quedó de pie a la bajada intentando descifrar sus palabras antes de que la voz de Kasumi lo distrajera. Había vuelto de la cocina y se disponía a subir pasando a un lado de él.

—Akane vuelve mañana. — Soltó como una silenciosa bomba, a penas resonando entre el fuerte sonido de la lluvia. Tragó saliva audiblemente y jugueteó con los dedos nerviosa antes de mirarlo con silenciosa disculpa.

—¿Qué? — La observó aturdido.

—Lamento no habértelo dicho antes, lo olvidé completamente con... bueno... —Alzó su mano apuntándolo disimuladamente, terminando su frase implícita. —Tofu le dio de alta, así que Nabiki irá por ella en la mañana. Espero... espero que te quedes hasta que llegue, para que pueda verte.

—No sé si sea una buena idea, Kasumi. Yo-

—Por favor, Ranma. —Le tomó la mano con maternal cariño, recordándole un poco a su propia madre. —Akane estará feliz de verte, le hará muy bien... ha pasado por mucho últimamente. Al menos dale la oportunidad de poder cerrar esa etapa de su vida.

Y Ranma se sintió desmoronar. Si Kasumi Ono le hubiera pegado con un sartén, habría sido mucho menos doloroso.

Las palabras de la tierna Kasumi intentaban incitarlo a ver a la mujer que amaba para al fin cortar la basta historia que ambos tenían, al menos por el amor que Akane alguna vez le tuvo. Pero él no estaba preparado para pasar la página, ni de cerca. Su corazón aún latía por y para Akane.

Hasta hace unas horas, la esperanza y principal motivación de su vuelta era Akane. Ella era el motivo de todo lo había hecho, sacrificado y logrado. Había pensado, muy ilusamente, que Akane estaría dispuesta a perdonarlo y le permitiría volver a su lado, en el lugar que siempre debió estar. Al lugar que pertenecía.

Jamás pensó, ni en sus más siniestras pesadillas, que Akane estaría casada, amando a otro y teniendo un segundo bebé recién nacido con otro hombre que no era él.

Que iluso había sido.

Sintiéndose repentinamente nauseabundo, estaba seguro de que si no llegaba al baño en los próximos segundos le vomitaría a la pobre y angelical Kasumi encima, incluyendo la poca dignidad que le quedaba.

—¿Ranma? ¿Te quedarás?

—Lo pensaré. —Soltó, intentado ser lo más sincero posible.

Pasando con suavidad a un lado de la chica, subió las escaleras en silencioso apuro y se encerró en el baño con un golpe a la puerta más fuerte de lo calculado. El vapor flotaba en el aire, y antes de siquiera hacer algo más, corrió hacia la taza del baño para devolver todo el té que había tomado recientemente. Sujetándose a la taza, se quedó unos segundos sintiendo el alma abandonar su cuerpo, desocupando su estómago por completo.

Ni siquiera supo cuántos desagradables segundos se quedó ahí, con la cabeza vacía a medio colgar. El calor le formó una capa delgada de sudor y se levantó jalando la cadena para despedirse del poco orgullo que aún le quedaba. Se lavó los dientes con un pequeño cepillo dental que llevaba en la mochila y se sacó la ropa tirándola en cesta de ropa sucia inconscientemente, deslizándose en la caliente y relajante bañera que Kasumi le había preparado con tanta dedicación.

Bendita seas, Kasumi.

Sonrió sin ganas, sintiendo sus músculos relajarse y observó el agua, con su reflejo devolviéndole la patética mirada. Se veía miserable y prácticamente sin una pizca de vida.

El rastro de una naciente barba decoraba su mentón, llevaba la trenza torcida y tenía los ojos cansados he hinchados de tantos sentimientos acumulados inhumanamente posibles. Con frustración y repudio, pasó la mano de un manotazo sobre el agua, borrando su reflejo como si pudiera eliminar también su existencia.

Suspiró con cansancio, y cerrando los ojos, se intentó relajar lo que más pudo para enfrentar el duro día que le esperaba a la mañana siguiente.

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—Cuanto extrañaba bañarme con agua caliente... —Susurró para sí caminando con cuidado por el oscuro pasillo, pasando la toalla por su cuello para eliminar los rastros de humedad.

Sabía de memoria el camino, después de todo, el Dojo Tendo había sido su hogar por varios años. En la oscuridad pudo observar que no muchas cosas habían cambiado en la casa más allá de un par de decoraciones, por lo que la sensación hogareña que tanto había extrañado aún perduraba.

Una suave luz por el borde del pasillo le llamó la atención y entreabrió la puerta con imprudente curiosidad, asomándose con precaución. Era la antigua habitación de Kasumi, pero ya no había rastro alguno de sus cosas; estaba transformado en una especie de sala de descanso con unos pequeños libreros y unos sillones a juego, pero unas velas le llamaron la atención, notando al fin la fuerte de luz.

En la pared del fondo, el altar de la matriarca Tendo iluminaba la habitación con unos inciensos recientemente prendidos. Ranma reconoció su bello rostro en un nuevo retrato que no recordaba haber visto jamás al mismo tiempo que el corazón le dab aun vuelco al notar que en la misma foto, el hombre que tan cálidamente le había dado la bienvenida a su casa sonreía a la cámara con su esposa entre los brazos.

Ranma quedó sin aliento, sin quitarse la sensación nauseabunda aún de la garganta. Se quedó de pie sintiéndose repentinamente avergonzado, sin saber si acercarse o no al altar. Armándose de valor, apretó la toalla en la mano y se acercó hasta agacharse sobre el Zabuton, juntando las manos en una silenciosa reverencia por debajo del Kamidana.

—Yo... em...

Se sentía tonto al hablarle al vacío, pero también sentía que era algo que debía hacer.

Los ojos de la pareja Tendo en la foto lo miraban fijo, casi acusatoriamente, o al menos así le parecía. Le comenzaron a sudar las manos y el peso de las emociones empujando su pecho lo obligó a caer en una baja reverencia de disculpa.

—Yo... lo siento. —Susurró, con solo el silencio acompañándolo.

Ranma observó el rostro brillante de Soun Tendo con puro remordimiento. Saber que, independiente de sus locuras y disparates, el padre de la familia Tendo era un hombre preocupado y dedicado a su familia, solo lo hacía sentir peor. A pesar de que era una pésima idea, su compromiso adolescente con Akane había sido aprobado por el señor Tendo para el bienestar y futuro de ella.

Puesto que Ranma sabía más que bien que su padre tenía razones egoístas, creía que con Soun Tendo era distinto, o al menos era lo que le gustaba pensar. Siempre estuvo preocupado de sus hijas desde la ausencia prematura de su esposa, y cuando Ranma y su padre llegaron a irrumpir en sus tranquilas vidas, el padre de Akane había puesto total confianza y fe de que él se haría cargo de cuidar, proteger y amar a su pequeña hija con total devoción y cuidado que solo un esposo honrado haría, puesto el cual el señor Tendo siempre confió que Ranma llenaría.

Pero ahora...

—Siento haberle fallado, señor Tendo.

La fuerte lluvia escondía su voz, por tanto, sabía que nadie lo escucharía más que los patriarcas donde quiera que estuvieran. Observó el rostro de la madre de Akane bajo la cálida luz del fuego de las velas, con la misma sonrisa que ella y el pecho se le oprimió en añoranza, preguntándose fugazmente como luciría Akane actualmente, ¿Se parecería a su madre?

—Lamento no haber amado a Akane como se lo merecía, señora Tendo. —La garganta se le cerró, sintiendo como el malestar lo asfixiaba gradualmente. Los ojos se le escocieron y sintió su voz quebrarse, pero se negaba rotundamente a quebrarse frente a ellos. Se negaba rotundamente a verse más patético y estúpido de lo que había sido en el último tiempo. —Solo espero que haya sido feliz todos estos años... espero que sigan cuidando de ella y sus hijos, por favor.

Kasumi escuchaba a escondidas desde afuera, en denso silencio con miedo a ser descubierta. Sabía que era irrespetuoso escuchar oraciones ajenas, pero los murmuros de Ranma frente a la luz de las velas y el olor del incienso fresco habían sido simplemente desconcertantes cuando pasaba casualmente por fuera. Sus aguados ojos achocolatados no creían ser capaces de espiar una escena tan privada y personal, por lo que simplemente se había quedado de pie apoyada contra la pared externa, escuchando todo perfectamente claro.

Oír el nombre de su hermana y a sus sobrinitos ser mencionados con la voz rota y más madura de Ranma, peor aún, tras tantos años sin oírlo, era destructivo. Tenía varios sentimientos contrariados en su corazón, pero sentía mucha lastima resentida por él. Ranma había sido casi como un hermano pequeño más para ella, lo había querido con tanto fervor como a sus propias hermanas en el tiempo que convivían, pero también sentía un profundo rencor por todo lo que había sufrido su amada hermana por a él.

Le había tocado ver dolorosamente a Akane quebrarse como una muñeca de porcelana y recoger sus pedacitos, hasta que ella tuvo la suficiente fuerza para volver arreglarse a sí misma. Kasumi estaba segura de que eso jamás se lo iba a perdonar, incluso con todo el cariño que le seguía teniendo al pobre chico.

Ya un tanto incómoda y con la sensación de haber escuchado demasiado, Kasumi retomó su caminar no sin antes escuchar el último ruego del chico de la trenza, sintiendo un silencioso sollozo salir de sus labios ante la voz tan angustiada de Ranma.

—Solo ruego que me perdone, y que logre tener el coraje de dejarla ir cuando la vea... pero nada tiene jodido sentido sin Akane.

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¡Al fin se reveló el esposo de Akane! Obvio, varios lo habían sospechado jaja pero fue divertido dejar el suspenso. Espero subir estos próximos días un nuevo capítulo, me tomé vacaciones por 2 semanas, así que tengo un montón de tiempo para avanzar y bombardear de capítulos.

Los leo, ¡Besitos!