Día 7: Severus no se cuida


El Potterverso es de Rowling


Fic que participa en el Snapetober 2024


Prompts sacados de la cuenta Chocoramo-cow en Tumblr


Prompt: Malos hábitos


Advertencia: Mención a drogas, sustancias alucinógenas ilegales y a la prostitución


Severus estaba encerrado en su habitación. No podía salir. Tobias estaba borracho gritando a su madre.

Debajo de su cama tenía una caja de galletas donde ponía su comida de emergencia para casos como estos.

Abrió la caja.

Todavía quedaban una longaniza y unas galletas.

Esa sería su cena.

Sabía que era poco, pero estaba acostumbrado a los ayunos intermitentes.

….

Desde que Severus había entrado en Hogwarts, acumulaba comida en su baúl.

Si no tenía comida en su dormitorio le entraba ansiedad. Por si pasaba algo.

¿El qué?

Tener que recluirse en la sala común para no ver a los cuatro idiotas de Gryffindor, no querer salir por tener un ataque de pánico preocupado por si su madre era apalizada por Tobias (por mucho que le preguntara en sus cartas, ella no respondía y eso hacía que él se preocupara todavía más).

Hoy era uno de esos días en los que Severus no quería ir al Gran Comedor de la ansiedad que sentía. Así que, se había refugiado en su habitación, abrió su baúl y sacó uno de los panes que guardaba con hechizos de conservación.

Empezó a comérselo en el suelo. Una vez en primer año, Lucius entró en su habitación para preguntarle por qué no había ido a cenar y se lo encontró comiendo en la cama. Le echó la bronca del siglo por dejar todas las sábanas llenas de migas. Así que, a partir de ese día, Severus tuvo que poner una manta en el suelo (el suelo de las mazmorras era frío) y hacer un pícnic en su habitación.

Después de la cena, Evan Rosier entró en su habitación. Ni siquiera se inmutó, acostumbrado al percal.

— Perdón. — entró intentando no pisar la manta de pícnic de Severus, quién seguía masticando su pan, se fue a su baúl, sacó un juego de Gobstones y rehízo su camino hacia la puerta. — Permiso. — volvió a disculparse cuando pasó por la zona del pícnic y se fue.

….

Era la primera salida a Hogsmeade, Severus y Lily corrieron a la tienda de dulces de Honeydukes a comprar todo lo que se les antojase.

Severus había ahorrado todo el dinero de sus tutorías de pociones, pagos para hacer los ensayos y pociones a los Slytherin para ese día.

No sabía si el mes que viene tendría dinero para ir a Hogmseade, por eso ahora que lo tenía, debía aprovechar.

Compró ratones de azúcar, ranas de chocolate y cualquier tipo de chuchería que se le cruzara por delante.

Después, Lily y él se fueron a un banco que estaba algo apartado, lejos de las miradas de sus compañeros de Hogwarts. Por suerte, el cuarteto de idiotas se había ido a la tienda de quidditch o a la librería.

Ellos también querían ir, pero Severus no quería encontrarse con Lupin y quería evitarlo lo máximo posible. Además, su padre siempre le rompía todos los libros que llegaban a su alcance.

— Sev, no deberías comer tantos dulces. — le advirtió Lily preocupada.

— Lily, tengo que aprovechar a comer todos los dulces que pueda ahora. Quién sabe si el mes que viene, tendré dinero para comprar más.

— A mí no me importa comprarte chuches. — le confesó Lily para que parase.

— Pero yo no quiero que te gastes dinero en mí. — le rebatió Severus.

A la vuelta al castillo, Lily y Severus se retrasaron un poco más a la hora de ir a los carruajes.

Lily estaba sujetando la pequeña cabellera negra y lisa, mientras, Severus vomitaba en un callejón.

Severus empezó a fumar en el verano entre su cuarto y quinto año, cuando él y Lily robaron cigarrillos el señor Snape y de los primos Evans, Jack y Samuel, eran unos trastos.

Tras el fallecimiento de su madre y el rompimiento de su amistad con Lily, Severus empezó a fumar varios paquetes de cigarros al día.

— Por fin, puedo fumar. — dijo Severus al llegar a la sala común. Se fue corriendo a las duchas de su habitación y encendió un cigarro.

— ¿Te importa si me sumo? — la cabeza de Evan apareció sonriéndole desde la entrada de las duchas. — Estas clases de los ÉXTASIS, no hay quién las aguante. — dijo caminando hacia él desperezándose y bostezando.

— Ya estás viniendo. — contestó Severus sin inmutarse.

Evan se sentó a su lado y encendió su cigarro.

— Tengo ganas de salir de Hogwarts. ¿Tú no? — le preguntó Evan. — He sido feliz aquí. Pero también quiero ver qué me depara la vida fuera. ¿Sabes?

— ¿Y qué te depara la vida? — se interesó Severus.

— No lo sé. Por fin, podré tomar las posesiones de los Rosier que dejaron mis padres al morir y antes no podía acceder a ellas por ser menor de edad. El tío Cygnus y la tía Druella dejarán de meter las zarpas en ellas. Me convertiré en el cabeza de familia de los Rosier.

— Cabeza de familia, como si fueras a mandar sobre mucha gente. — se mofó Severus. — Los únicos Rosier que hay sois tú y tu hermana.

— Y pronto estaré yo solo. Mi hermana se casa.

— Oh. — Severus le miró sorprendido. — ¿Con alguien de vuestra clase?

— Sí, pero extranjero. Francés. ¿Tú qué harás cuando salgas de Hogwarts, Severus?

— Ingresaré en la Academia de Pociones. Aunque mi deuda con los Malfoy aumentará. Ellos me seguirán pagando los estudios.

— Sí sigues siendo tan bueno como ahora y tienes éxito, pagarás la deuda en nada. — Evan le dio una enorme calada a su cigarro.

….

Snape detestaba el alcohol.

Era un abstemio declarado.

No quería parecerse en nada a su padre.

Y la mejor manera de no parecerse a él era no haciendo lo mismo que él.

No tener novia, no tener hijos, no beber alcohol.

Por eso, se declaraba abstemio.

Sus amigos no le metían presión en beber. Respetaban su decisión.

Pero eso no quería decir que, a veces, no quisiera evadirse de su horrible realidad mediante el alcohol.

¿Y cómo era Snape borracho?

….

Waldemar Wilkes estaba partiéndose de risa viendo a sus compañeros de casa borrachos.

Evan vomitando en un rincón de la sala común. Suerte, que en pocos segundos vendrían los elfos a limpiarlo.

— ¡VAMOS A JUGAR! — gritó Regulus corriendo por la sala común. Se subió encima de una silla y saltó a otra. — ¡¿A VER QUIÉN PUEDE ATRAPARME?!

Wilkes se rio. Regulus era alguien muy pulcro. Siempre con el nudo de la corbata perfectamente atado y el uniforme sin ninguna arruga o mancha. Lo mismo con su pelo, nada fuera de su lugar, perfectamente peinado.

Ahora, el pequeño Black se parecía su hermano, igual de salvaje que un Gryffindor.

Wilkes se giró a un lado.

Snape estaba sentado con él llorando.

— ¿Quieres un pañuelo, Snape? — le preguntó. Severus negó con la cabeza.

— ¡Estoy enfadado! — siguió llorando.

— ¿Por qué?

— ¡Es que no tendría que haber bebido!

— Pues no haber bebido.

— ¡Pero lo necesitaba! ¡Pero no quiero parecerme a él! — lloró más fuerte.

— Bueno, es lo que hay. Tienes que priorizar.

— Sí… — se sorbió los mocos.

— Ve a dormir. Me estás dando dolor de cabeza.

Severus miró a ambos lados.

— ¿Me acompañas? — preguntó con un hilo de voz. Parecía un niño pequeño.

Wilkes bufó.

Por eso no bebía o fingía beber cuando sus compañeros traían alcohol.

No quería perder toda su dignidad.

Pero, después podía aprovechar lo que acababa de ver a su favor.

— Claro, Vamos.

…..

Severus Snape, Regulus Black, Evan Rosier, Waldemar Wilkes y Barty Crouch jr. fueron al Callejón Knockturn. Allí los esperaban Avery y Mulciber. Iban a ir a drogarse con droga ilegal, que sólo se podía conseguir en antros de mala muerte, que los mayores del grupo sabían dónde conseguir porque habían espiado a sus padres ir con sus compañeros mortífagos.

— Es por aquí. — les guio Mulciber moviéndose por los diferentes callejones.

Los demás le seguían en silencio, mirando a su alrededor, los diferentes lugares de mala muerte. Allí no se escondían ni los traficantes, ni las prostitutas.

Regulus se quedó completamente sonrojado mirando una mujer que se subía el vestido para enseñar la tanga. Severus regresó a por él y lo arrastró de vuelta con los demás.

— Es este lugar. — les dijo Avery.

Todos entraron y Avery dejó un enorme saco lleno de galeones en la barra.

— Queremos un poquito de té. — pidió destacando la última palabra con retintín.

— Id al piso de arriba. Ahora os atiendo. — respondió el hombre con estoicismo recogiendo las monedas.

Todos subieron a una habitación y cerraron la puerta.

Pocos minutos después, entró el mismo hombre con un tarro de una masa verde pegajosa.

Todos cerraron la puerta con llave para que nadie les interrumpiera.

Cogieron parte de la masa con dos dedos y se la pasaron por el cuello.

Se tumbaron en las camas que había.

Severus empezó a ver puntos y pronto empezó a soñar.

Veía nubes, notaba como si su cuerpo fuera ligero como una pluma y flotara en el aire.

Sonrió.

…..

— Severus, para el siguiente paso de nuestro plan, necesito que consigas que Quién-Tú-Sabes te permita espiarme en Hogwarts como nuevo profesor de pociones ahora que Slughorn se retira. Ahora que confía más en ti por haberle dicho la mitad de la profecía, — Severus se tensó al oír a Dumbledore decir eso de lo que tanto se arrepentía. — No debemos desperdiciar esta oportunidad.

— En la siguiente reunión se lo comentaré. — respondió escueto.

— Gracias. — sonrió Dumbledore, para ponerse serio dos minutos después. — Sin embargo, no puedo permitir que uno de mis profesores sea adicto a varias sustancias, entre ellas drogas ilegales y fumando cinco paquetes de cigarros al día.

— No puedo ir a San Mungo. Verían mi Marca Tenebrosa y llamarían a los aurores.

— Lo sé. Por eso, quién se encargará de desintoxicarse será mi amigo de toda la vida, Elphias. Es sanador. Quizá te acuerdes de él por haberte enfrentado a él cuando estabas en el otro bando. — explicó Dumbledore con una sonrisilla.

Snape hizo una mueca.

— Severus, ¿te parece normal meter panes en el baúl que está en tu habitación? — le preguntó Dumbledore.

— No tener comida en mi habitación hace que me dé ansiedad por si pasa algo. — respondió Snape.

— ¿Qué va a pasar? No va a pasar nada. Y nadie va a impedirte ir a las cocinas, si tienes hambre o llamar a un elfo para que te traiga comida.

— Pero…

— Si vas a tener un ataque de ansiedad, sustituye los panes por galletas y dulces. Eso es algo más común, a la gente le gusta tener tentempiés a mano. — intentó persuadirle Dumbledore.

Severus se lo pensó.

…..

— ¿Te parece bien que este sea el cajón de las galletas y los dulces? — le preguntó Severus a su esposa.

— Es pequeño, sí me parece bien. — le respondió Carole, que conocía su trauma y le apoyaba en todo lo que podía. Y aunque Severus estaba yendo a terapia, todavía había heridas que no habían conseguido sanar.


Un poquito más de los malos hábitos de Severus.

Espero que os haya gustado, comentadme vuestras opiniones.

Ya vimos a Severus tener su comida de emergencia en De la A a la Z: el príncipe mestizo. Wilkes no tiene nombre canon, así que, le he tenido que poner uno.

Hasta la próxima