THE LORD AND THE LADY OF THE BUILDING
DISCLAIMER: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia es de mi autoría.
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Capítulo 40: La lady quiere lo mejor para su familia.
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Madara siempre había sido consciente de que no era la persona más suertuda del mundo. Al contrario, se consideraba propenso a meterse en líos y situaciones difíciles.
Sin embargo, lo que estaba pasándole en ese momento, era lo más extremo a lo que su infortunio había llegado y apenas eran las diez de la mañana.
Todo había comenzado cuando decidió visitar a Sakura y pasar con ella su bien merecido día de descanso del trabajo.
Su amiga ya estaba en las últimas semanas de su embarazo y, por precaución y pedido de su marido, había pasado y pasaría el resto de ese tiempo recluida en su apartamento. Si bien en el pasado pudo haber desafiado esa cuestión por lo restrictiva que era, dado que ya no se sentía tan activa y capaz de moverse con libertad, no tuvo la fuerza de objetar, prefiriendo en cambio obedecer.
Además, no podía negar que con la fecha de parto acercándose cada día, el miedo y la incertidumbre era lo único en lo que podía ocupar su mente y todos sus esfuerzos físicos y mentales se iban en tratar de mitigarlos.
Algo parecido sucedía con su marido solo que él no podía darse el lujo de quedarse en casa y permanecer a su lado para darse consuelo mutuamente. Había mucho trabajo en la firma por un importante caso que había llegado a ellos recientemente y, por sí eso no fuera suficiente, Sasuke estaba enfrentándose a la posibilidad de conseguir una posición aún más alta, lo que inevitablemente lo había puesto entre la espada y la pared.
Se debatía entre cuidar a su familia o encargarse de su trabajo, lo que al final era lo que le daría el sustento para mantener a dicha familia.
Al principio el pelinegro intentó tanto cómo pudo compaginar ambas cosas, haciendo malabares con su tiempo y obligaciones para no descuidar ninguna cosa, pues, si bien su esposa y su bebé eran más importantes, su carrera también lo era y por más que quisiera tirarla a un lado, no era posible. Sakura lo entendía perfectamente y por ello siempre le animó a ocuparse de sus asuntos laborales con la plena confianza de que ella estaría bien en su ausencia y prometió mantenerse constantemente en contacto durante el día para que así no tuviera nada de qué preocuparse.
Por supuesto que eso no consiguió calmar la ansiedad de Sasuke por completo, pero ayudó un poco y, solo en ciertos días, pudo darse el lujo de respirar y dejarse caer libre en la silla de su oficina al saber que uno o dos invitados estaban en su hogar, cuidando de su mujer.
De vez en cuando Ino viajaba a la ciudad para darle una mano a su amiga y acompañarla a sus citas al médico cuando su esposo no podía hacerlo, por más que éste quisiera. Otras eran los Haruno quienes, a pesar de tener dificultades para abandonar sus vidas en el campo, se tomaban el tiempo de hacer una visita a su pelirrosa y la colmaban de regalos, palabras de aliento y otras atenciones. Quienes más estaban allí en realidad eran los Uchiha, ya que vivían en la misma ciudad y por ello fue común tenerlos de visita más de dos veces a la semana. Además de que no podían olvidar que todos en el edificio Konoha estaban dispuestos a ayudar con cualquier cosa que Sakura pudiera necesitar.
Los prontos a ser padres tenían mucho apoyo y personas a las que acudir en caso de que un imprevisto sucediera y, como ya se mencionó anteriormente, ese infortunio tuvo lugar cuando era Madara quien estaba a cargo de Sakura.
—¡Muy bien! ¡No entremos en pánico! — trató de convencerlos a ambos con la respiración completamente agitada, sin embargo, volvió a bajar la mirada al punto en el suelo en donde la pelirrosa acababa de romper fuente y su pánico se disparó otra vez —. ¡Mierda! ¡Vamos a morir!
—No vamos a morir — Sakura trató de ser la persona calmada en toda esa situación, aun cuando sentía que el desasosiego se apoderaba de ella lentamente —. Simplemente voy a tener el bebé muy pronto y tenemos que ir al hospital lo más rápido que podamos. Simple, ¿no?
—No, en efecto vamos a morir, ¡porque no quieres que llame a Sasuke! — Madara reclamó caminando histérico de un lado a otro por la habitación.
Mientras tanto, la mujer se dedicó a dar profundas aspiraciones de aire pues sentía como las contracciones comenzaban y el tan temido dolor que anunciaba que el parto se acercaba estaba atacándola.
—No podemos llamarlo...
—¡Sí que podemos! Solo hay que tomar el teléfono, marcar su número y esperar los dos segundos que tardará en responder — con su ansiedad a punto de hacer su cabeza explotar, el policía intentó tomar su teléfono de la mesita de noche, pero, una vez más, Sakura se interpuso en su camino.
—¡No me obligues a repetirlo, Madara! ¡Ya te dije que no vamos a llamar a Sasuke! — la pelirrosa le habló y lo miró con fiereza —. ¡Nada ni nadie, ni siquiera este bebé, debe interrumpir su trabajo el día de hoy!
Aun cuando el cuello del oficial estaba en juego y sus propios nervios le rogaban que lo buscara, la pelirrosa tenía la intención de mantenerse inamovible respecto a decirle a su esposo que el bebé estaba en camino, al menos por las próximas ocho horas. El Uchiha tenía una audiencia en tribunales que sería crucial en cuanto a ese caso tan importante que la firma había tomado y en el que estaban depositadas todas sus esperanzas de conseguir un ascenso, al ganarlo.
Sakura lo había visto angustiarse y prepararse metódicamente para ella día y noche. Siendo un hombre obsesionado con cubrir hasta el más mínimo detalle, Sasuke puso sangre, sudor y lágrimas en estudiar cada dato, documento, evidencia y laguna o información faltante que estuviera a su disposición y practicó todos los argumentos que tenía preparados para el día del juicio, aun cuando eso era algo sumamente impropio de sí mismo.
La probabilidad de tener éxito en el caso ciertamente era complicada de definir, por eso se lo habían dado al Uchiha en primer lugar. Tenían plena confianza en que podría resolverlo y planeaban recompensarlo cuando lo hiciera.
Por eso era que la pelirrosa se negaba rotundamente a interrumpir ese momento tan importante en la carrera profesional de su marido y planeaba manejar la situación con el bebé por su cuenta hasta que creyera prudente buscarlo. Eso sin importar si se molestaba con ella o, peor aún, si mataba y enterraba diez metros bajo tierra a Madara por haber sido parte de la conspiración.
—¡P-pero! — el policía trató de objetar una vez más, pero la embarazada logró tomar fuerzas para acercarse a él y lo tomó por los brazos con firmeza
—¡Sin peros! ¡Tú y yo podemos resolver esto! Solo inhala...Y exhala — Sakura ordenó mostrándole como aspirar y solar el aire, para calmarse, aunque ella misma perdió la paciencia cuando su amigo solo retuvo el aire en sus pulmones y le profirió una pequeña bofetada para hacerlo reaccionar —. ¡Que inhales y exhales, Madara! ¡Por el amor de Dios!
—¡Para ti es fácil decir que tomemos esto con calma! ¡No es tu cadáver el que Sasuke dejara flotando en un río cuando se entere de lo que planeas hacer!
—No te hará nada siempre y cuando seas útil, así que abre la gaveta que está detrás de ti y ayúdame rápido a hacer la maleta para el hospital.
Nervioso y asustado pues su amiga estaba comenzando a sudar frío y su rostro cada vez denotaba más dolor, Madara obedeció a toda velocidad esa y sus siguientes indicaciones, guardando todas las pertenencias que la mujer le indicó. En menos de cinco minutos había terminado y con ello sólo quedó por resolver el traslado al hospital.
—Bien, ahora... Las llaves de mi auto están... — Sakura trató de recordar sin éxito donde las había puesto.
—De ninguna manera. Si nos vamos en tu pequeño coche y con el tráfico del día de hoy en plena jornada laboral no llegaremos nunca al otro de la ciudad donde convenientemente está el hospital donde decidiste que tendrías a tu hijo — Madara la interrumpió y esta vez fue más rápido al tomar su teléfono, inmediatamente comenzando a buscar en su lista de contactos.
—¡Ni se te ocurra traicionarme o te juro que le pediré ayuda a Ino para hacer tu vida miserable! — Sakura le amenazó pensando que podría tener intenciones de contactar a Sasuke.
—Tranquila, solo voy a cobrar un favor a un amigo — él la tranquilizó poniendo el aparato en su oído al tiempo que frotaba en círculos la espalda de su amiga para aliviar el dolor de las contracciones que aumentaba exponencialmente.
Concentrada solo en su cada vez más intenso malestar, la pelirrosa se dejó guiar por su amigo los próximos minutos y, cuando menos se dio cuenta, ya estaba fuera del edificio abordo de una patrulla y cruzando la ciudad a toda velocidad con las luces rojas y azules del vehículo encendidas, para que los otros coches les abrieran paso por las calles.
Fue una situación bastante surreal, aunque apenas pudo registrar una pequeña fracción de lo que sucedió en ella. Más tarde le preguntaría a Madara cómo exactamente había conseguido un viaje como ese y qué tuvo que ver un enjambre de abejas con eso.
En el camino, el oficial se encargó de llamar a sus padres, hermanos y suegros, rogándole a estos últimos que no avisaran a Sasuke de la situación. A pesar de no estar seguros al respecto, Fugaku y Mikoto comprendieron los motivos detrás de la petición y afirmaron que irían de inmediato al hospital a acompañarla. Algo parecido sucedió con Ino, solo que ella se enfureció por la perspectiva de que para el Uchiha fuera más importante su trabajo que su familia y les indicó que llegaría lo más pronto posible a la ciudad, no solo para conocer a su futuro sobrino sobrina, sino para darle una paliza al esposo de su amiga en cuanto estuviera permitido contactarlo.
Por su lado, unas horas más tarde, el tan mencionado (y maldecido) padre del bebé que estaba a punto de llegar al mundo, aguantó un estornudo para no llamar la atención en la sala y, por lo que esa corta interrupción duró, pudo calmar el continuo temblor en su pierna que había comenzado desde el inicio del día
Tenía el presentimiento de que algo estaba sucediendo afuera de esos cuatro muros y la ausencia de, aunque fuera un solo mensaje de parte de su esposa estaba alimentando sus sospechas aún más.
Ella prometió que se reportaría antes de que iniciará la audiencia, no solo para confirmarle que estaba todo en orden, sino también para desearle suerte, algo que no sucedió.
"Sabía que era un error tomar el caso. No debía despegarme de su lado ni un minuto" pensó mirando con irritación a cada persona a su alrededor, incluido Kakashi, quien simplemente le sonrió, inconsciente de su malestar.
Ya que un testigo de la parte demandada, es decir, su cliente, estaba siendo interrogado, Sasuke aprovechó para sacar su teléfono y revisar por milésima vez si no tenía algún mensaje de su esposa. Nada. La bandeja de entrada estaba totalmente vacía.
Frustrado, el hombre estuvo a punto de guardarlo, sin embargo, antes de ello, el aparato vibró anunciando una nueva notificación que en cuanto leyó hizo que tuviera que cubrirse la boca para ahogar un grito de terror.
"Felicidades, hermanito. No te preocupes, el parto no es una experiencia tan aterradora como dicen y, si acaso te sientes demasiado traumatizado por ella, ya estoy camino al hospital para consolarte ^^. ¡Te veo allá!"
—Ay mierda — escuchó a Kakashi murmurar justo lo que él estaba pensando. El abogado era naturalmente entrometido y no dudó en leer el mensaje de su subordinado, ni siquiera molestándose un poco en disimular.
—Y-yo... Yo t-tengo... Tengo que... — Sasuke balbuceó enormemente afectado por lo leído, no consiguiendo elaborar una frase completa.
—Por supuesto, ve. Yo me encargo de todo aquí.
En cuanto el interrogatorio del testigo terminó, Sasuke se puso de pie, dio una disculpa al juez y los demás presentes y salió tan calmado como pudo de la sala. Apenas cerró la puerta detrás de él, fue que comenzó a correr a toda prisa hasta su auto.
En el camino muchos pensamientos pasaron por su cabeza haciendo que el acto de conducir fuera en piloto automático.
"¿Por qué Sakura no le había llamado?"
"¿Acaso estaba tan indispuesta y asustada que no pudo usar su teléfono?"
"Pero entonces, ¿cómo es que su hermano sabía que estaba en labor de parto?"
"¿Quién le había avisado?"
"¿Quién había llevado a su esposa al hospital"
Y más grave aún, "¿por qué esa persona no se había puesto en contacto con él apenas su mujer rompió fuente?"
Todas esas cuestiones se mezclaron unas con otras y revolvieron sus emociones entre toques de terror, emoción y enojo. Bueno, ese último cuestionamiento tendría que resolverlo después. Ahora lo que realmente le importaba era estar con su mujer y ver a su bebé venir al mundo.
Podría impartir castigos después si es que acaso el no comunicarle tan importante información había sido intencional. Algo que comprobó así había sido cuando cruzó la sala de espera del hospital.
—¡Sasuke! ¡¿Qué haces aquí?! — gritó Madara con los ojos desorbitados, rompiendo el silencio del tranquilo lugar.
Reacciones de sorpresa y horror parecidas fueron hechas por otras personas más que no solo estaban presentes esperando noticias de la madre y su bebé, sino que al parecer también eran parte de la conspiración para dejarlo fuera del parto.
—Ya me ocuparé más tarde de ustedes. En especial de ti, Madara — el Uchiha no tenía dudas de que él debía ser el principal responsable de todo el complot, pero aun así pasó de largo de él para aproximarse al escritorio de la recepción —. Soy Sasuke Uchiha, mi esposa, Sakura Uchiha, está internada aquí.
—Por supuesto, déjeme revisar... Oh dios mío, rápido acompáñeme. La señora Uchiha está en el quirófano ahora mismo dando a luz.
De inmediato, el hombre siguió a la enfermera y atendió todas sus indicaciones previo a entrar a buscar a su mujer.
Con las manos temblorosas se colocó la bata quirúrgica y los demás accesorios y justo cuando estaba entrando a la sala de partos fue llamado por un grito ensordecedor.
—¡Sasuke! — su pelirrosa mujer, a quien había estado evocando con preocupación todo el día se retorció entre dolor y lágrimas mientras los doctores presentes la animaban a seguir pujando. De inmediato el pelinegro se puso a su lado y al verlo el rostro de la mujer se tiñó de pánico a un nivel nunca antes visto en ella —. ¡¿Sasuke-kun?! ¡¿Qué haces aquí?!
—¿Cómo que qué hago aquí? — él la cuestionó tomando su mano con fuerza.
—¡No se supone que estuvieras aquí! ¡No hasta que el juicio terminara! — ella lo apretó al tiempo que sentía cómo se desgarraba cada vez más.
Su bebé había acelerado su nacimiento a una velocidad que incluso sorprendió a sus doctores y a poco tiempo de haber roto fuente comenzó a reclamar su salida, lo que la había estado obligando a aguantar una cantidad inenarrable de sufrimiento. Aun así, sintiendo que era partida por la mitad, encontró claridad en su mente para cuestionar a su esposo sobre su presencia.
—¡¿Quién te lo dijo!? ¡¿Quién fue el chismoso que te llamó!? ¡Fue Madara, ¿verdad?! ¡Voy a matarlo! ¡Prometió que no lo haría!
—¿Por qué les pediste que no me avisaran, Sakura? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? — él no quería enojarse con ella, en especial en un momento como ese, pero no pudo evitar que sus sentimientos se hicieran presentes en su voz.
—¡Porque ese juicio era importante! ¡Tenías que estar ahí! — Sakura lloró, desesperada.
No solo quería que su bebé saliera de ella lo más rápido posible, sino que también la angustia se apoderó de ella al saber que su marido se había perdido ese hito tan importante en su carrera.
—¡No digas tonterías! Mi lugar es aquí contigo, nada es más importante para mí que esto.
—¡Pero, cariño!
—¡Sakura, mirame! — incluso los doctores presentes, tratando tanto cómo podían mantenerse al margen de la discusión, guardaron silencio y pusieron atención al hombre en cuanto escucharon la firme orden. La pelirrosa también lo hizo y su mirada verde tan cristalina y llena de emociones enredadas se fijó en la de su amado, encontrando en ella seriedad, dolor y, sobre todo, amor —. ¡Eres mi esposa! ¡Y esa criatura que está en camino es mi bebé! ¡Son mi familia y ni hoy, ni mañana, ni nunca, habrá nada en el mundo que me interese más que ustedes! ¡Ni ningún lugar dónde prefiera estar sino donde ustedes estén!... ¡Ningún caso, ascenso o toda mi carrera significan para mi tanto como mi familia! ¡¿Entiendes?!
—S-sí, lo siento — Sakura murmuró sobrecogida y enormemente conmovida —. De verdad lo siento.
Ahora veía que lo había decidido había sido un error. Aún si tenía la intención de protegerlo y ayudarlo en su carrera, había algo de egoísmo en su accionar. No se había puesto a pensar en que él quisiera priorizar estar ahí con ella más que nada en el mundo, ni en que pudo haberse perdido el nacimiento de su hijo.
Lo que ella creyó sería en el mejor beneficio para su marido pudo haberle roto el corazón irremediablemente.
Había sido una tonta.
—Está bien, ya no te preocupes por eso — al menos Sasuke tenía el corazón lo suficientemente grande y compasivo como para perdonarle sin mayor dilación. Dejando todo atrás, el Uchiha se inclinó sobre ella y dejó un tierno beso en sus labios que la hizo llorar todavía más. Al separarse, le acarició la frente, limpiando un poco de su sudor al tiempo que le observó con enorme ternura —. Ahora, respira hondo y empuja tanto como puedas para que podamos conocer a nuestro bebé de una vez por todas.
—Bien, lo haré — ella asintió —. Yo también estoy ansiosa por conocerle.
Sakura no necesitó de mucho esfuerzo para esbozar una pequeña sonrisa, aunque sí de más del que una vez creyó su cuerpo podía hacer para comenzar a pujar con todas sus fuerzas.
Su corazón latía tan fuerte que podía escucharlo en sus oídos, haciéndole imposible incluso dimensionar qué tan fuerte estaba gritando. Algo que tampoco pudo registrar, debido a su concentración en su labor, fue lo fuerte que estaba apretando la mano de su marido.
Sasuke por su lado aguantó el dolor distrayéndose de su propio miedo y ansiedad incrementándose exponencialmente conforme el alumbramiento avanzaba, durante largos minutos. De repente, todos esos pensamientos y temores que tuvo desde que se enteraron del embarazo volvieron de golpe a él. ¿Y si su bebé no lo lograba? ¿Y si era su mujer a quien terminaba perdiendo? No podría vivir ni siquiera un día sin ella. Estaba unido a su mujer cómo si fueran un mismo ser y sin Sakura su propia existencia no tendría lugar.
Antes de que el pesimismo lo atacara con más pensamientos intrusivos y catastróficos, un llanto agudo de una voz que nunca antes había escuchado lo distrajo, llegando hasta lo más profundo de su alma.
Ambos padres observaron con la boca abierta y las emociones por los cielos el momento en que el doctor sostuvo a su bebé, anunciándoles por fin su sexo,
y un asistente le entregó las tijeras al Uchiha para que cortara el cordón umbilical. Tras hacerlo, una enfermera se lo llevó para limpiarlo rápidamente.
—Sakura, lo hiciste mi amor — Sasuke se permitió suspirar aliviado y enormemente feliz besando una y otra vez las mejillas y la mano de su mujer —. Lo hiciste, bien hecho. No sabes cuan orgulloso estoy de ti.
La ahora madre no pudo hacer salir ni un solo sonido de su boca y, en cambio, permaneció conmocionada y atenta, observando en dirección a dónde se habían llevado a su pequeño angelito. A pesar de estar cansada y adolorida en cada parte de su cuerpo, rápidamente se impacientó y estuvo a punto de suplicar que le entregaran a su criatura o de lo contrario ella misma se levantaría a buscarlo.
Afortunadamente, antes de hacerlo, la enfermera se acercó a ambos con una sonrisa y les entregó un pequeño bulto envuelto en mantas blancas, felicitándolos.
Sakura lo tomó entre sus brazos con el rostro lleno de lágrimas y su llanto se incrementó al sostenerlo y acercarlo a su pecho. Se sentía tan extraño, tan nuevo y al mismo tiempo tan hermoso. Era la mejor sensación que había experimentado en toda su vida y sentía que su corazón crecía al punto de no creer que pudiera seguirlo albergando en su pecho.
En cuanto sus ojos se posaron en la criatura, sollozó libremente y le besó la frente con todo el amor del mundo.
Tenía el rostro más precioso que hubiera visto en todo el mundo. Una perfecta mezcla de los rasgos de su marido y los suyos, haciendo que su belleza fuera imposible de negar. En su cabecita una ligera pelusa oscura develaba que había heredado el color de cabello de su padre y a pesar de estar removiéndose y haciendo pucheros, acostumbrándose al nuevo entorno, pudo ver que también tenía su color de ojos. Esa criatura iba a ser una calca exacta de Sasuke.
Y hablando de él, al levantar la mirada, se encontró con que su marido estaba derramando sus propias lágrimas mientras observaba conmovido hasta los huesos a su pequeño bebé entre los brazos de la mujer que más amaba en todo el mundo.
—Mi amor. No llores, mi Sasuke — Sakura le limpio una lágrima rodándole por la mejilla —. Hoy es un día feliz. El más feliz de nuestras vidas. Hoy me has hecho la mujer más feliz de todo el mundo... Gracias.
—Soy yo quien te agradece a ti — el Uchiha respondió con un hilo de voz acariciando con los dedos temblorosos el diminuto rostro del bebé —. Mira el hermoso regalo que me has dado. Es mucho más bello de lo que siempre soñé que sería y es gracias a ti. Todo esto te lo debo a ti.
Los ojos de Sasuke memorizaron y saborearon el momento, atentos en detalles cómo los labios del recién nacido frunciéndose, la manera en que sus pequeñas manos se hacían puños, la sensación de su suave piel al tacto y el aroma que desprendía, para guardarlos en su mente y su corazón por el resto de su vida.
Apenas conoció al fruto de su amor con Sakura y el instinto paterno afloró en su ser como el más natural de todos. Haría lo que fuera necesario para mantener a ese pequeño bebé feliz, sano y salvo, costara lo que costara. Pensaba cumplir su deber como protector de su familia hasta que diera su último aliento y nada en el mundo se interpondría en su camino.
Un brillante futuro estaba frente a él, prometiéndole hacerlo feliz cada uno de sus días y pensaba honrar esa felicidad trabajando siempre para nunca perderla. Ese sería su único propósito de ahora en adelante.
—Todos afuera deben estar ansiosos por conocerle — Sakura mencionó volviendo a besar en la frente al infante, lo que le hizo sonreír.
Experimentar físicamente el amor de su madre debía ser algo que esperó con ansias todos esos meses en su vientre.
—Pues se merecen esperar mucho tiempo, sobre todo Madara, porque ahora definitivamente acabo de descartarlo para ser el padrino de nuestra hija — Sasuke esbozó una sonrisa irónica al tiempo que abrazaba entre sus brazos a las mujeres de su vida, aunque luego ésta se transformó en una llena de ternura y alegría, dirigida a su amada bebé —. De nuestra hermosa y perfecta Sarada.
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NOTAS FINALES:
Llevo diciéndolo desde el principio, pero ¡QUE VIVA LA FAMILIA TRADICIONAL! ¿Se antoja tener una verdad? Jajaja.
Awww me gustó mucho escribir este capítulo, sobre todo porque hoy vi un bebé casi recién nacido y recordé lo geniales que son.
Qué les pareció? Espero satisficiera sus expectativas de la llegada del bebé, sé que las he estado alimentando desde los primeros capítulos y de verdad no quería decepcionarlos. Plis cuéntenme todas sus ideas en los comentarios.
Les agradezco mucho igualmente todos sus comentarios bonitos en el capítulo anterior. Si ustedes están felices con el regreso de este fin yo lo estoy aun más de que siguieran al pendiente. Mil gracias en serio.
Realmente estoy un poco a las prisas hoy así que, sin más por añadir, nos leemos en la próxima. Bye!
