Capítulo IV
Jayce estaba incrédulo de lo que Mel lo acusaba.
— ¿Qué? ¿Yo? ¿Celoso? Claro que no, simplemente no quiero que le hagan daño.
— ¿En serio? ¿Y qué pensarías si Viktor encontrara una pareja?
— ¿Acaso él te dijo algo?
— No, usualmente no me dice mucho, pero concéntrate, ¿qué pensarías, Jayce?
— ¿Seguiremos discutiendo esto? ¿Para qué?
La mirada severa de Mel le dio la pauta para callar sus réplicas. Muy a su pesar, sabía que debía contestar.
— Supongo que — bajó la cabeza y con una expresión de pesar, dijo— Lo apoyaría, quiero que sea feliz…— luego se encogió de hombros, mientras negaba con la cabeza— Pero, Viktor nunca ha mostrado interés en nadie.
— Puede ser que simplemente no haya encontrado a la persona correcta, y podría hacerlo algún día.
Jayce se quedó pensativo antes de iniciar a contradecir a Mel.
— Escucha, entiendo por qué alguien se enamoraría de Viktor, es una persona fabulosa, la persona más amable, empática e inteligente que conozco. La cosa es, que, a pesar de eso, no logro imaginar a Viktor enamorado de alguien. A él no… — dijo colocando su puño entre su barbilla y su boca.
Mel no pudo evitar notar el gesto, Jayce lo hacía cuando se sentía atrapado o contrariado.
— ¿Por qué no? Podría suceder. Tú mismo lo dijiste, es una persona empática e inteligente, alguien se fijará en él y él podría entenderse con alguien además de ti.
Jayce frunció el ceño, estaba tenso con esa afirmación, aunque no terminaba de aterrizar en su mente el porqué, así que negó de nuevo con la cabeza sin siquiera notarlo.
— Por ejemplo, imagina, si no se enamorara, pero se involucrara con alguien de manera consensual. De…— dijo alargando la "e" pensando un momento antes de completar— Esa chica que es su asistente, la que mencionaste.
— ¿Sky? — inquirió Jayce con una mueca de desagrado y negando con la cabeza— No, Viktor no…
— Es hipotético— insistió— Imagina, si ellos se besaran…
— ¿Puedes proponer a otra persona? ¿Al menos una que me agrade? — dijo con una mueca.
— ¿No te agrada ella?
— Sí, pero no para él.
Mel arqueó una ceja pensando que esa conversación era un dolor en el cuello, se supone que, en tal caso, debía agradarle a Viktor no a Jayce y Jayce parecía pensar o sentir que tenía algún tipo de jurisdicción sobre a quién Viktor podría elegir como pareja. A ella misma comenzaba a dolerle la conversación. Sin embargo, sentía que debía continuarla.
— Bien, ¿qué tal Caitlin? Ella te agrada — mencionó veloz, intentando pasar a la siguiente parte de la idea.
— ¡Por dios, no! — subió el volumen de voz casi horrorizado— ¡A Cait le gustan las chicas! Además, son como mis hermanos, sería como ver incesto — dijo cerrando los ojos, como si lo que escuchara hubiese sido un sacrilegio mientras masajeaba su entrecejo.
Mel resopló con fastidio. Luego, por celos y ese mismo fastidio, propuso:
— Bien, si tu y yo no estuviéramos saliendo y yo besara a Viktor.
— ¡Sobre mi cadáver! — dijo amenazante entre dientes apretando la mandíbula, con una voz gutural que apenas y lograba arrastrarse de su garganta.
— Es hipotético, Jayce. Sería si tú y yo no saliéramos y no sintiéramos algo el uno por el otro.
— ¿Cómo dices eso? ¡Eres mi novia! ¡Y él es mi mejor amigo!
Jayce pareció realmente incómodo. Mel, sintió por un momento algo de alegría que la llamara su novia, sin embargo, el sentimiento de intranquilidad no se iba, así que probó con algo más, ahora, ese interrogatorio era algo que ella necesitaba.
— Bien, ¿qué tal si estuviéramos en un trio Viktor, tú y yo?
Por breves segundos Jayce enmudeció y Mel no hizo más que observar sus reacciones, había llevado a Jayce a hielo delgado. Su ambigüedad comenzaba a ser preocupante.
— …Bien — dijo Jayce menos incomodo, pero no cien por ciento tranquilo.
Ahora fue Mel la que se quedó muda por un momento, es decir, era extraño ¿no? El hecho de que a Jayce no le molestara formar un trio con Viktor, cuando claramente no quería que ella y Viktor se besaran (hipotéticamente) pero con eso básicamente decía que estaría bien si él tiene la oportunidad de besar a Viktor… Eso era demasiado revelador ¿no?
— Sabes que yo seguiría formando parte de ese trío, ¿verdad? — inquirió inclinando la cabeza, tratando de entender a Jayce.
— Sí, claro — aceptó Jayce, como si fuera lo más obvio del mundo.
Aunque a ojos de Mel, no parecía que Jayce terminara de dimensionar la situación. ¿O sería justo lo opuesto?
— Y sabes que en una situación así, tú y yo podríamos besarnos, tanto como él y yo, o…
Jayce la interrumpió con un bufido y soltó sin pensar, como si hubiera escuchado lo más inconcebible del mundo:
— ¿Por qué Viktor querría besarte?
Mel frunció el ceño, más por la grosería que Jayce acababa de decir, que por el hecho de que Jayce prácticamente admitiera, que, en su imaginación al menos, él era el único adecuado para besar a Viktor.
— No quise decir eso…
— Eso espero, Jayce. Eso no fue para nada amable — desvió la mirada y giró ligeramente su rostro mientras fruncía los labios.
— No quise lastimarte. Me refiero a que…
— ¿A qué…? — presionó Mel, volteando a verlo de nuevo.
Fue entonces que ella terminó por darse cuenta de lo que Jayce realmente quería decir y que él mismo no se había percatado aún. Su boca se curvó ligeramente hacia abajo y su mirada se apagó.
Jayce, consternado se apuró a decir:
— Eres hermosa, pero él es mi mejor amigo, él no…
Ella simplemente no quería aceptarlo, no estaba lista para perder a Jayce. No lo dejó terminar, interrumpió.
— Bien, entonces, imagina a alguien que no conoces aun, pero te agrada, es una buena persona que no lo heriría y se involucre con él.
Quiso ella darle una salida, quiso sinceramente que Jayce la tomara, no obstante, Jayce negó con la cabeza como si estuviera en desacuerdo.
— Como te dije, lo apoyaría. En un caso así está bien.
— ¿Y por qué dices que no? — en la voz de Mel comenzaba a asomarse su herida, por un momento su voz flaqueó.
— No he dicho que no — intentó corregir Jayce con preocupación, también había notado el cambio en la actitud de Mel.
— ¿Sabes, Jayce? En la política algo importante que nos enseñan, es a leer el lenguaje corporal, ya que tiende a ser más revelador que las palabras mismas. Las personas dicen más con su cuerpo en un ambiente lleno de mentiras y sonrisas falsas.
Jayce escuchó con atención, pero, era como estar en un estado de negación, la voz de Mel tenía un sonido sordo, no terminaba de comprender lo que decía.
— ¿Y?
— Jayce, no has dejado de negar con la cabeza.
Jayce tuvo un pequeño sobresalto y entonces lo notó, deteniendo finalmente su cabeza.
— ¿Qué pasa? Nadie te parece lo suficientemente bueno para Viktor— eso ultimo no había sido una pregunta, le señaló un hecho que a ambos les dolía. Luego, prosiguió argumentando, aun manteniendo la calma — ¿Crees que él no tiene necesidades? ¿O que simplemente nadie querría involucrarse con él?
— ¿Por qué alguien no querría involucrarse con Viktor? — nuevamente se molestó lo que decía Mel era hasta risible, intentaba no entender.
— Bien, entonces, ¿lo besarías tú, Jayce? ¿Eso te haría feliz? — soltó finalmente, frustrada.
— ¿Qué?
— Si planteas las cosas así, la única persona que pareces aceptar para involucrarse con él, eres tú mismo.
— ¿Cómo dices eso? Nunca he tenido problemas con que Viktor se relacione con más personas, es solo que él elige no hacerlo.
La morena suspiró.
— Escucha, Jayce, si Viktor deja entrar a alguien en su vida, no es sinónimo de que va a abandonarte.
— ¿Por qué estás hablando de esto? — volvió a negar con la cabeza mientras su rostro se descomponía en una mueca que ni siquiera Mel podía interpretar.
— ¿Y por qué no? Fuiste tu quien sacó el tema. En todo caso, soy yo la que debería estar molesta. Prácticamente me estás diciendo que la única persona adecuada para estar con él eres tú aun cuando se supone, estás conmigo.
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No quería admitirlo del todo, pero cuando su Viktor lo atacó, comenzó a asfixiarlo y a inmovilizarlo, en ese momento, sintió algo que él mismo sabía era extraño sentir. Y ahora, se encontraba con una versión diferente de Viktor, una versión dispuesta a entregarse a él en cuerpo y alma. No pudo evitar anhelar reproducir un poco de la otra situación, porque, aunque no quisiera admitirlo: le excitaba.
Quería sentir las manos de Viktor en su cuello, saber que su vida yacía en las manos de su compañero. Y a su vez, quería hacer lo mismo, quería tener la vida de Viktor en sus manos. Quería que ambos pudieran sentir, decidir y controlar el destino del otro. Sentirse conectados. De alguna forma, quizá era el único camino para consumar lo que sentía y poder llevar a cabo su misión. Era tan animalístico.
Sofocarse mutuamente con el aroma del otro, impregnarse por completo de él y desbordarse en su interior, quería fusionarse con él en más de una forma. Por un momento, deseó que algo como eso fuera posible, que se disolvieran en un cosmos que los ayudara a mantenerse juntos.
Delineó la cintura de Viktor, era tan pequeña y sus manos tan grandes, que con ambas manos podía rodearla por completo. Habían sido hechos el uno para el otro. Se sujetó a su cintura, mientras permitía que Viktor meditara en lo que acababa de pedirle silenciosamente, dando ocasionales caricias con sus dedos en su vientre, intentando excitarlo aún más, Jayce estaba ansioso por poseerlo.
Cuando Viktor sintió sus manos en el cuello de Jayce y las de Jayce en su cintura, la mirada de Viktor se volvió curiosa e intensa, tan analítica como cada vez que se encontraba resolviendo uno de los enigmas hextech. Sentía las arterias palpitar bajo sus manos y la respiración de Jayce agitada abriéndose paso. Pronto esas sensaciones dieron lugar a un brillo en las pupilas dilatadas y gatunas de Viktor.
Había resuelto el acertijo.
Las manos de Jayce descendieron, intentando deshacerse del boxer de Viktor y averiguar como se desabrocharía los pantalones. Sin embargo, al mismo tiempo, Viktor descendió las manos del cuello de Jayce a sus hombros, llamando la atención del moreno.
¿Acaso quería que se detuviera?
— Aunque tu propuesta es interesante, quizá debamos cambiar de lugar si quieres hacer esto, Jayce — pidió Viktor, tranquilizando a Jayce y paradójicamente poniéndolo ansioso— No creo que mi cuerpo pueda participar bien en esta locación.
Eso solo hizo que a Jayce lo recorriera un escalofrío. Siempre le había gustado mucho la manera en la que Viktor hablaba, le fascinaba su voz y su elección de palabras. Siempre radiando entre la audacia y lo técnico, siempre parecía que lo invitaba en un lenguaje secreto que solo ellos comprendían. Le daba un toque que nadie más tenía, lo envolvía y acariciaba con simplemente decir su nombre. Una invitación tan dulce y erótica que sintió palpitaciones en algunas áreas de su cuerpo.
No obstante, aunque adoraba la propuesta de Viktor, ¿significaba que debía ser paciente y esperar a ir a su casa? Eso era muy tortuoso.
— Pusiste una cama en el cuarto de descanso…
Comentó Viktor, señalando en cierta dirección, calmando así la angustia que se reflejaba en el rostro de Jayce
— ¿Tenemos cuarto de descanso? — inquirió confundido.
— Sí, lo pusiste para obligarme a dormir, aunque sea un poco todos los días — dijo acariciándole la barba con suavidad.
Jayce comenzaba a comprender lo que habían hecho diferente. Su yo de esa dimensión había presionado más a Viktor para saciar sus necesidades básicas, quizá ese era el motivo por el cual el Viktor de ese mundo estaba más saludable. Se maldijo internamente por no haber hecho eso con su Viktor. Y sin pensarlo más, robó sus labios de nuevo.
— Bien, entonces debemos aprovechar el segundo acierto que él hizo contigo en este mundo.
— ¿El segundo? — inquirió confundido, conectando su mirada con la de Jayce, quien parecía extasiado por la sensación en su barba.
Los ojos de Jayce se dulcificaron aun más y sus pupilas también se dilataron cuando se vincularon con la mirada de Viktor.
— El primero fue conocerte.
Así como estaban, Jayce se incorporó, con el cuerpo de Viktor aun enredado en él. La piel cálida y el latir del corazón de Viktor relajaban a Jayce. Caminó tranquilo, podía cargarlo sin problema, dando ocasionales besos en el rostro del castaño. Y cuando llegaron al pequeño cuarto de descanso, Jayce lo exploró con la mirada por un momento.
Había una cama amplia como para dos personas. Supuso, o al menos, quiso suponer que ocasionalmente dormían juntos, aunque tal vez, solo era eso: dormir. Cuando su vista notó una pequeña mesita y una planta, arqueó una ceja. Parecía que su yo de ese mundo, tal vez buscaba que algo más se diera entre ellos. Vaya que era lento. Aunque no podía criticar. A él mismo le había costado un romance fallido, una pierna rota y un viaje dimensional darse cuenta de lo que sentía.
Jayce depositó a Viktor en a la cama con cuidado y lo desprendió ahora sí, por completo de los boxers. Finalmente tuvo una vista completa de su cuerpo. Era sencillamente hermoso a sus ojos.
Sintiendo el palpitar en su entrepierna, terminó por casi arrancarse su propia ropa, revelando así su hombría erguida. Notó la respiración de Viktor agitarse y un rubor cubrir su piel. Jayce gateó depredadoramente, su mirada era salvaje, casi animal.
Con sus dedos partió una de las pencas de la planta y de ella salió una especie de gel resbaladizo y viscoso.
Su mano, sin rastro alguno de timidez se dirigió a la hombría de Viktor, mientras con la otra, volvía a sujetar su muslo para levantar su pierna débil y subirla por encima de su hombro.
La mano exploratoria que tenía primero acarició el vientre plano de Viktor y su vello púbico con sus dedos, después, toda su longitud de arriba abajo y de abajo hacia arriba, cuando volvió a bajar, sus dedos descendieron aún más, buscando su entrada y masajeándola con movimientos circulares, empezando de a poco a introducir uno de sus gruesos dedos impregnados de aquel gel vegetal.
El rostro de Viktor se contrajo en una mueca dolorosa y su respiración se descontroló. Jayce poseía manos tan grandes y dedos tan gruesos que solo eso era suficiente para saber lo que le esperaba, por supuesto, la sensación resbaladiza de aquella planta le ayudó a menguar el dolor y le dejaban una sensación similar a un hormigueo anestésico. Las manos incluso antes de tocarlo desprendían calor, así que la sensación de su tacto dejaba un incendio por todo su interior y su piel que se expandía con una velocidad electrizante.
Llegó pronto a la conclusión de que nunca le había preguntado a Jayce, al de su mundo, el motivo para haber dejado esa planta ahí. ¿Acaso tenía algo en mente?
Viktor se inclinó a Jayce y tomó de nuevo sus labios, enredó sus brazos alrededor del cuello de Jayce y se recargó en la cama. Apenas la espalda de Viktor tocó el colchó, Jayce tuvo un recuerdo veloz de él mismo dándole reanimación cardiopulmonar a su Viktor, el único y turbulento momento en el que había tocado sus labios. Apretó los ojos por un instante, como para mitigar el dolor emocional y giró su cuerpo con algo de bestialidad. Se tumbó en la cama, para forzar a que Viktor estuviera sobre él. No deseaba que ese momento se manchara con memorias tan horribles.
Sus lenguas se enredaron en un beso delicioso y húmedo. Y entonces, Viktor se medio incorporó con la respiración agitada y un brillo en sus ojos dorados. Se mordió el labio cuando sintió que Jayce aumentó el número de dedos a dos. Apoyó sus manos en el pecho de Jayce, ayudándose así a sostenerse.
Los movimientos eran circulares, con sonidos húmedos que lo inundaban, ocasionales espasmos lo invadían. Jayce esperó un poco, aguardó a que Viktor se acostumbrara un poco a la intrusión.
Cuando las manos de Viktor se deslizaron desde su pecho hasta su cuello, la entrepierna de Jayce volvió a palpitar y entonces, Jayce sacó sus dedos y movió la cadera de Viktor para posicionarse.
Ambos respiraban agitadamente.
Las manos de Viktor comenzaron a ceñirse un poco, pero aun podía respirar.
— Yo me encargaré del movimiento — dijo Jayce, insertando la punta de su miembro en la entrada de Viktor y poco a poco empezó a profundizar.
La delgada espalda se arqueó y volvió a morder sus labios. Inconscientemente, ciñó más su agarre en el cuello de Jayce, quien comenzaba a ponerse más ruborizado.
— Así, Viktor — dijo apenas, terminando de incrustarse en el interior del castaño.
Viktor exhaló pesadamente.
Jayce comenzó a mover la cadera de su compañero por su cuenta, en más movimientos circulares, un vaivén que provocaba una deliciosa y resbalosa fricción, ocasionalmente rozando puntos que encendían todas las terminales nerviosas en ambos cuerpos.
Las manos de Viktor se ciñeron aun más, provocando que el miembro de Jayce se hinchara al mismo compás, cada vez se volvía más difícil respirar, pero ocasionalmente, Viktor lo recompensaba con bocanadas de aire, para después volver a arrebatárselo.
Los sonidos húmedos, el rechinido de la cama y las exhalaciones pesadas orquestaban una melodía que inundó sus oídos por un periodo de tiempo que no supieron definir si fue largo o corto. El calor de sus cuerpos se expandía por oleadas y el aroma de sus cuerpos los intoxicaba a seguir como autómatas en esa danza animalística. Dejaban atrás la mente, para abrirle paso al cuerpo.
Jayce tocó varias veces aquel delicioso punto que sabía, hacía que Viktor se abandonara en él. Podía sentirlo, aunque Viktor no hacía demasiados sonidos, podía distinguirlo, los estremecimientos en su cuerpo, ahora que ambos estaban conectados, eran el lenguaje nuevo y secreto que ninguna otra persona conocería.
Sintió un calor húmedo esparcirse en su vientre junto con un fuerte apretón en su cuello que le cortó todo el aire por varios segundos. La excitación que sentía llegó a su cenit y se descargó en el interior de Viktor.
Los brazos de Viktor no pudieron sostenerlo, su cuerpo le desobedecía pues estaba teniendo aun espasmos que Jayce le había provocado. Cayó sobre el cuerpo de Jayce mientras respiraba con dificultad. Sus rostros estaban muy cerca.
Jayce lo envolvió en un abrazo y se giró para que estando ambos de lado, pudieran estar abrazados uno frente al otro. Adoraba a Viktor y él mismo comprendió en ese momento, lo que era realmente compartir cama con alguien que amaba. Recordó cuando estuvo con Mel, y fugazmente se sintió mal, pues, al terminar, él le había dado la espalda, pero eso no ocurría con Viktor. Nunca lo haría. Sin embargo, no podía dejar de sentir culpa por cómo había manejado las cosas.
Continuó robando sus labios, no quería que la noche terminara ahí.
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Jayce se sintió mal por las declaraciones de Mel. Si lo pensaba, era verdad. Lo que acababa de decirle a Mel sí podía interpretarse de la forma en la que ella se lo expresó. Pero no era posible. Él había encontrado en Mel a una persona maravillosa.
— No quise decir eso. Yo…
— Entonces ¿qué es precisamente lo que quieres decir?
La mirada de Mel era extraña, era una mezcla entre tristeza y la misma mirada juiciosa que tuvo aquel día en que el consejo votó para echarlo de Piltover.
— No sé cómo llegamos a esto — comentó casi derrotado — Yo solo quiero protegerlos a todos. No quiero que alguien dañe a Viktor, tanto como no desearía jamás dañarte a ti. Quisiera que la guerra parara. Simplemente todo…
— Quien sirve a demasiados amos, terminará por traicionar a alguno, señor Talis.
Interrumpió de repente la voz de Ambessa, quien se abrió paso en la habitación con su escolta y su acompañante, todo sin pudor alguno. Su entrada provocó un sobresalto en Mel y Jayce, dejándolos perplejos. La primera en salir de su estupor fue Mel, quien pronto se sintió invadida por la ira, su ceño se frunció y de sus ojos hazel casi brotaban chispas.
— ¿Qué haces aquí? — inquirió Mel con una mirada fulminante — ¡Vete!
Estaba furiosa, la culpable de que ella y Jayce estuvieran teniendo esa conversación era ella, ella era la culpable de que estuviera en esa ciudad, que lo hubiera conocido, que estuvieran peleando ¡Todo era por ella!
Y peor aún, lo último que quería era mostrar a su madre que, tal vez había fracasado en una relación. Los fracasos no eran tolerados en la familia Medarda. En ese momento se sentía tan pequeña, tan expuesta. Era humillante y ella no merecía eso, pero no podía hacer más que enfrentar a esos titanes afectivos que tenía frente a ella. Mel no permitiría que alguien más volviera a tratarla así. Estaba dolida.
— Cálmate, Mel — dijo Ambessa en un tono conciliador.
Lo ultimo que quería la mujer era ver a su hija herida. Luego, redirigió su mirada a Jayce, eran casi como cuchillos, pero supo mantener la calma, Jayce aun era una pieza valiosa.
— Señor Talis, tengo entendido que usted y mi hija se encuentran en una relación sentimental ¿me equivoco?
— Así es — confirmó Jayce, casi en guardia ante la mujer.
— No estoy segura de conocer la situación completa, así que no diré mucho al respecto — concedió — Sin embargo, señor Talis, le agradecería que fuera decidido, no solo en lo que conlleva su participación industrial y política, sino que también lo que se relacione con mi hija. Quizá no es necesario que les advierta sobre los peligros de los enredos profesionales, pero aun así lo haré…
— No es necesario — dijo Jayce con la mandíbula apretad.
— ¿Puedes dejarnos solos? — preguntó Mel, un poco más repuesta— Me gustaría terminar esta conversación en privado.
La mujer bufó.
Lo cierto es que, para Mel, las palabras de su madre la habían hecho recobrar el control de alguna forma. Necesitaba terminar su conversación con Jayce. Por su parte, la mirada de Ambessa, aun conciliadora destelló por un momento. Le dolía la herida de su hija.
Suspiró.
Ambessa acarició a su joven acompañante, quien le sonreía con candor. La dama paseó su mano por el hombro y espalda del muchacho, hasta posar su mano en la cintura de este.
— Señor Talis, me gustaría hablar con su socio — dijo echándole leña a la hoguera— Creo que sus teorías son interesantes. Me interesa consultar su punto de vista respecto a unos avances médicos que teníamos pensado llevar a cabo en noxus. Además, quizá él podría beneficiarse de esos avances.
Ambessa no era tonta, ella sabía por qué estaban discutiendo. Su visita a la fabrica se lo había revelado esa tarde. Y si Jayce no estaba dispuesto a ser sincero, ella presionaría el botón adecuado para que dejara de dañar a Mel y conseguir sus objetivos.
— Con respeto, general, no creo que Viktor esté interesado. Además, debe cumplir con su horario en hextech.
— Considerando su estado de salud, creo que podría estar más que interesado. Si no es posible abordarlo en sus horas laborales, mandaré a alguien para que lo traiga cuando las haya cumplido.
Dijo la mujer dirigiéndose a la escalera, llevándose al muchacho.
— Con su permiso, me voy a cenar — compartió una mirada lujuriosa con el muchacho castaño.
Dejó a Jayce y Mel solos con tal velocidad, que, no dio oportunidad alguna a Jayce de responder y no lo haría. Pero sabía que había dejado una fuerte impresión en ambos jóvenes, ahora esperaría un poco. Ese muchacho, Viktor, le había dado buena espina. Parecía ser la gallina de los huevos de oro y ella quería llevárselo.
Lo cierto era que a ella no le costaría nada llevarse a Jayce y Viktor como prisioneros de guerra y obligarlos a producir armas hextech, pero por Mel, prefería que todo fuera voluntario y diplomático. Podría quizá sacarle mayor provecho.
Además, fue evidente a sus ojos, que Jayce sería fácil de manipular para que produjera el armamento. Jayce era complaciente y tenía puntos débiles claros, era totalmente emocional, tal como su hija. No obstante, no sería igual con su lindo socio. Viktor parecía más del tipo que moriría por sus ideales antes que traicionarlos. A ella no le desagradaban ese tipo de personas.
