Capítulo VIII
— ¿De qué catástrofe hablas? ¿el misil? — inquirió confundido— ¿Y cómo que el mago que nos salvó era Viktor?
El Jayce con barba observó sus pies y finalmente habló.
— Necesito que contactes a Caitlyn para asegurar que sigue en su casa. Mientras, yo debo ir al distrito suburbano.
— ¿Qué? ¿Por qué? Espera, ¡no cambies el tema! ¡Responde mis preguntas!
— En mi mundo Caitlyn vio a la persona que robó las gemas y además, es la que lanzó el misil.
El más joven pareció comprender un poco mejor los saltos en la conversación que su otro yo hacía, pero él no soltaría su duda sobre el mago, volvería a buscar el momento adecuado para preguntar por él.
— La culpable se llama Jinx. Esa bomba que Marcus te entregó, la hizo ella.
— Sabe lo que hace, Viktor y yo casi volamos en pedazos al intentar desarmarla.
El viajero bufó. Ahora entendía mejor las palabras de Viktor y compartió su pensar con su otro yo.
— Viktor dijo que era difícil que Jinx pudiera hacer un arma con la hextech, pero ahora entiendo que con "difícil" quiso decir "sí".
— Entonces necesitamos encontrar a esa tal Jinx para prevenir el ataque.
— Sí. Pero no será fácil, Silco no nos permitirá acercarnos a ella.
— ¿Por qué lo dices? ¿Trabaja para él?
— En mi mundo, pacté la paz con Silco a cambio de Jinx… no parecía muy convencido de entregarla… Luego de eso, un misil fue su respuesta.
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Viktor meditó la pregunta de Ambessa y finamente dijo:
— La ciencia es un proceso lento, general. El porcentaje de éxito es del 3% en nuestra academia.
— Curioso, el señor Talis dijo algo similar. Pero no pregunté por los porcentajes de éxito, Viktor — acentuó su nombre. Dándole a entender que ella sobrepasaría cada límite profesional que él pusiera.
Ambessa no era tonta y sabía los riesgos de los enredos profesionales, pero también sabía su utilidad. Más cuando había un plato apetitoso frente a ella. Así que continuó:
— Pregunté ¿qué ha impedido su éxito hasta ahora?
— Hem…— en una milésima de segundo lo meditó y se corrigió — He probado con todas las combinaciones, aun no tengo una respuesta para usted.
— Si lo que le falta son recursos se los daré, me aseguraré de conseguir los necesarios.
— No podría decir si realmente son recursos, combinaciones o algún error en mis cálculos, o…— calló— simplemente aun no…
Esa pausa hizo que los ojos de Ambessa brillaran. De inmediato supo que era. Esa reacción era tan común en científicos prometedores y de principios fuertes.
— Si lo que falta son sujetos de prueba, puedo proporcionártelos y si es por asuntos legales, puedo darte un lugar donde eso no será un problema…
— No — se negó de inmediato — No estoy ni cerca de llegar a una fase en la que deba probarlo con personas.
— Pero hay suficiente avance para probarlo con otro tipo de sujetos ¿verdad?
— No, creo que aun no. Y para aclarar, dudo que mi investigación pueda serle útil.
Estaba seguro de que, si se negaba, al menos, podría desanimarla lo suficiente por ese día. Tal vez no por completo, pero si jugaba bien sus cartas, eventualmente podría hacer que Ambessa perdiera el interés en él.
— La sanación le es útil a todos. Así que…¿Qué necesitas, cariño? —dijo la mujer rodeándolo como un depredador, observándolo de arriba abajo y colocando su mano en su nuca, bajándola para acariciarle el hombro y rodeándolo con su brazo.
Viktor se sintió incómodo. No le agradaba ese toque, conocía ese tipo de caricias, ya antes las había recibido en Zaun, sabía lo que ella estaba insinuando.
— De momento, solo concentrarme únicamente en investigación y nada más, general — dijo con firmeza, rechazando así cualquier otro tipo de interacción con ella, pero de tal manera que podría abrirse a la interpretación de no haber entendido la insinuación— Mi mente debe mantenerse ocupada en resolver las ecuaciones pendientes antes de pensar en más pruebas o investigar algo diferente.
Ambessa no se rendiría ella sabía qué juego estaba jugando Viktor "si eres capaz, finge incapacidad" esa estrategia era a su vez, una poderosa carta aliada cuando te encontrabas en medio de cualquier tipo de batalla. Pero si él jugaba esa carta, ella podía arrebatársela de un tajo si así lo quería. Era osado de parte de el muchacho en pensar que ella no lo notaría, no obstante, le gustaba.
La general bajó un poco más su mano, y empezó a pasearla por la espada de Viktor, sintiendo su faja ortopédica.
— Llevas toda una armadura ahí abajo, jovencito, justo como un guerrero — lo elogió Ambessa.
— Evita que me caiga a pedazos, general — comentó él, esperando que lo que él consideraba la debilidad de su cuerpo, le jugara a favor.
— No me desagradaría para nada ver tu…armadura — dijo ella en tono sugerente y gutural— Me agrada que aun atrapado en un cuerpo que encarcela una mente tan prodigiosa, no permites que te detenga.
Viktor arqueó una ceja. Sentía que la mujer estaba hablando de algo más, así que esperó.
— ¿Sabes? Cuando mencionaste que eras de Zaun no me sorprendí realmente, eso explicaba el por qué uno de mis hombres comentó haber visto al socio del concejal Talis paseando despreocupadamente en Zaun.
El castaño afiló su mirada.
Recordaba haber visto a un par de miembros de la casa Medarda en Zaun, cerca del boulevard del éxtasis en compañía de un mozo. Así que hasta ahí podía deducir que no lo estaban siguiendo a él, simplemente lo vieron.
— ¿Visitabas a tu familia? ¿O fuiste por trabajo? — presionó ella dándole un doble sentido a la última pregunta.
— Algo así — respondió él.
Era un poco irónico, técnicamente era como visitar a un familiar que no veía en años y técnicamente era un viaje laboral, aunque no del tipo que ella insinuaba.
Ambessa rio por lo bajo, mientras negaba con la cabeza, divertida.
— ¿Haces otro tipo de trabajo además de la ciencia?
— No. Fui a ver aun viejo amigo. Aunque no veo la relevancia en ello para nuestra discusión, general.
Ambessa volvió a reír por lo bajó.
— Zaun parece un lugar lleno de guerreros mal dirigidos. De fuerte voluntad y ambición, pero con una flaqueante organización. Parece un sitio de difícil acceso.
— …
El hombre de ojos dorados no respondió, sabía que toda posible información que le diera a esa mujer sería usada en contra de su gente o de él mismo.
— Quisiera que uno de estos días me dieras un recorrido — agregó la mujer, nuevamente el doble sentido en sus palabras erizó a Viktor, como un gato.
La mano de la general se posó en su cadera, mientras sus labios se acercaron al oído de Viktor.
— Si es difícil para ti, podría mostrarte muchas cosas para el fortalecimiento del cuerpo si así lo deseas.
— Como le dije, antes de pensar en experimentación, debo terminar de hacer las correcciones pertinentes en los cálculos — dio dando un paso al frente y dando la media vuelta, poniendo algo de distancia entre ambos—No hay tiempo para más si quiero resultados.
La general se acercó a él, quedando frente a frente, sujetó su quijada con firmeza.
— Ambos sabemos que no eres tan ingenuo, ni yo tan paciente. Hablaba en serio cuando mencioné en Hextech que temo romperte cuando me hagas compañía.
Esas palabras tensaron a Viktor.
Viktor sabía de antemano que Ambessa era una persona frontal, si estaba apegándose a la diplomacia era por mera apariencia. Ella le estaba afirmando que, en algún punto, ella lo forzaría a hacer todo tipo de cosas quisiera él o no. Sin duda, había llamado la atención de una persona muy peligrosa.
Si ella lograba forzarlo, no sería la primera vez que ocurriera, pero a diferencia de cuando era un niño, aunque su cuerpo era débil, contaba con diferentes recursos ahora.
— Agradezco su consideración, general. Sin embargo, yo no estoy intere…
Fue interrumpido.
— No me molesta la compañía, en realidad, si te hace falta podemos también invitar al señor Talis. Estoy convencida de que el señor Talis podría estar interesado en todo lo que sea para asegurar tu salud y que sería capaz de cualquier cosa con tal de lograrlo.
Viktor sintió un nudo en el estómago, eso pondría en peligro a Jayce…a ambos Jayce. Para llegar a él, Ambessa estaba dispuesta a dañar e involucrar a Jayce y eso era algo que no podía permitir. Y no era todo, con el otro Jayce ahí, era aún más peligroso, Ambessa no debía enterarse de los viajes interdimesionales, ni mucho menos llevarse a ese otro Jayce. En realidad, raptar a Jayce sería más sencillo para ella, nadie más sabía que él estaba en ese mundo, si se lo llevaba, nadie más que él y el Jayce su mundo sabrían. No tendrían manera de pedir ayuda sin que eso revelase un tema tan delicado como los viajes interdimensionales y lo que sea que el viajero aún no le revelaba.
Su distracción le costó su guardia, pues de repente, sintió un pinchazo y una fuerte presión. Volteó buscando el origen y notó la mano de Ambessa con una jeringa.
Después, la mujer avanzó parsimoniosamente hacia un diván.
Viktor frunció el ceño. No estaba seguro si lo que le inyectó sería un sedante u otra cosa, pero se mantuvo dónde estaba parado. Esperando, sintiéndose observado por aquella general, quien no hacía movimiento alguno, se limitaba a ver sus reacciones, como la depredadora que era.
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El mayor pareció reflexionar un poco y entonces preguntó:
— ¿Te reuniste con Silco?
— No. Ni siquiera lo conozco en persona — respondió el más joven, intentando unir las piezas del rompecabezas que era su otro yo, mientras seguía haciendo anotaciones en su libreta.
El viajero frunció el ceño. Todo era tan similar y diferente. ¿Cuál sería el punto de inflexión entre sus mundos? Se masajeó el puente de la nariz y se mordió el labio. Entonces, el Jayce de ese mundo habló de nuevo.
— Por eso dices que hay que ir a Zaun, hay que comprobar información y capturar a Jinx.
— Sí. Y aunque Silco no nos dirá nada. Sé quién sabía su ubicación. Esa chica que conoció Caitlyn.
— ¿La chica por la que me preguntaste? ¿Cómo dijiste que se llamaba? ¿Vi?
— Sí. Pero, no podemos confiar ciento por ciento en ella, es…impulsiva…y nosotros también, somos una mala combinación.
El más joven giró levemente su cabeza y entrecerró los ojos, intentando entender a qué se refería su otro yo.
— ¿Mala combinación?
— Haciendo equipo con ella, terminé matando a un niño zaunita.
— ¡¿Qué?! — el Jayce de ese mundo no cabía de impresión ¿él matando a un niño?
— La madre de ese niño se presentó el día del homenaje de los consejeros caídos por el misil. La cicatriz en mi espalda ¿la viste? — su yo más joven asintió con la cabeza— Me la hizo ella con una sierra.
— ¿Por qué hiciste eso?
El mayor suspiró.
— Había, demasiada presión— apretó los ojos antes de continuar— La enfermedad de Viktor en mi mundo era muchísimo más avanzada, tenía…los días contados — eso ultimo le costó sacarlo de su garganta, después, su tono cambió a uno lleno de desesperación— ¡Heimmerdinger solo quería retrasarnos! ¡Mel y su madre me presionaron para hacer armas! ¡Yo quería resultados rápidos! ¡Solo quería deshacerme de todo lo que me estorbara para salvar a Viktor! ¡Quería salvarlo! Esa chica de Zaun, deseaba justicia y me dejé convencer para ir a destruir las plantas de Silco. Así como me dejé convencer para todo.
Se repudiaba por haber tomado todas esas malas decisiones, pero había aprendido de ellas. Debía ser decidido.
— Vamos, llama a Cait y yo iré a Zaun.
— Alto — lo detuvo el más joven del brazo— No creo que sea buena idea que vayas solo.
— No, no lo es. Pero no hay muchas opciones. Tiempo no es algo que me sobre — se soltó del agarre— Ni a ustedes tampoco.
— Tú mismo lo dijiste, muchas malas decisiones fueron por no esperar. Cambiemos eso, esperemos a Viktor, no debemos ocultar de él algo que lo involucra.
El mayor suspiró. Su anfitrión tenía un buen punto. Gruñó y entonces agregó:
— Lo esperaré. Pero el plan sigue siendo el mismo, irás a comprobar el estado de Caitlyn y yo iré a Zaun con Viktor.
— ¿Bromeas? Es mi ciudad…
— No es conveniente que tú nos acompañes a Zaun siendo el concejal — advirtió el mayor.
— Tenemos el mismo rostro. Y hasta donde sé, no conoces realmente los eventos de aquí, todo es diferente de donde tu vienes. Incluso Zaun podría serlo.
— No, no todo…solo algunas cosas. Y debo averiguar cuales continuarán iguales si es que quieres que salvemos a Viktor.
— Claro que quiero salvarlo, pero esa es otra cosa, no voy a dejarte solo con Viktor ahí abajo.
— ¡Eres tú quien está presionando para esperarlo!
— Sí, pero no voy a dejarte solo con él. No confío en ti.
— El sentimiento es mutuo.
Ambos se observaron con enojo y recelo. Aunque técnicamente eran la misma persona, sus experiencias de vida eran tan diferentes, que ya no eran realmente la misma persona. Eran versiones totalmente diferentes y es algo que les quedaba claro.
Un suspiro.
— Entiende que Viktor aquí no está muriendo — añadió el mas joven.
— ¡Lo está! — gritó — Es solo que su enfermedad no lleva el mismo grado de avance. Y aun debo salvar al Viktor de mi mundo. No podemos dejar que ni en mi mundo ni en tu mundo, se convierta en aquel mago.
— Esa es otra cosa ¡¿a qué te refieres con eso?! — lo sujetó del cuello de la camisa — ¡Necesito que me des respuestas!
— Viktor siempre buscará hacer el bien… — dijo intentando remover las manos que empuñaban su camisa de manera amenazante— Y en su anhelo por hacerlo… las cosas no saldrán como esperaba… ¡Yo se lo prometí! ¡Salvaré a Viktor, en todas las líneas de tiempo restantes que pueda! Lo salvaré en todas las formas que pueda…
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Pasaron varios minutos, Viktor permanecía de pie donde estaba. Prestandole atención a su propio cuerpo y a cualquier posible movimiento que hiciera Ambessa. Si bien, aun no sentía nada diferente, se sabía en peligro.
— Parece ser que eres más resistente que la media, cariño. Acércate.
Un portazo se escuchó, interrumpiendo lo que estaba por desarrollarse.
— ¡¿Qué haces aquí?! — la voz de Mel rugió con fuerza.
Viktor volteó hacia ella, la mirada que la dama le dirigió estaba sumamente disgustada, incluso diría que vidriada. Y aunque no la vio, pudo percibir que Ambessa hizo un gesto similar de molestia.
Mel hizo una mueca con los labios y agregó.
— Te juro, que eres la última persona que deseaba ver hoy y mucho menos aquí.
— Yo… — quería explicar el motivo por el que estaba ahí, claro que estaba consciente del enojo de Mel…pero no pudo explicarse, Mel siguió hablando.
— Estoy segura de que sabes por qué no eres bienvenido en mi casa.
Viktor no dijo nada, lo sabía, pero ese arrebato no era común, así que se limitó a observar a Mel, mientras intentaba comprender qué era lo que le habían inyectado.
— ¿No dirás nada? Bien, hablaré yo— dijo dando algunas vueltas como león enjaulado— Si él no te lo ha dicho, lo siento por él, pero no soportaré esta clase de insultos en mi casa.
— Mel — inició Ambessa.
— ¡No! — dijo volteando con Ambessa y enseguida volviendo su mirada a Viktor — ¡Jayce terminó conmigo para estar contigo! — casi escupió las palabras— Entenderás que no quiero verte ni a ti ni a él por un tiempo. Por supuesto, te dejaré claro que, actuaré con profesionalismo en el consejo y que no retiraré mi apoyo a hextech o la casa Talis. Sin embargo, no quiero socializar con ustedes más de lo necesario por ahora — dijo cruzándose de brazos, como si se abrazara a sí misma. La inclinación del fruncido en su ceño pasó de ira a tristeza.
— Entiendo — atinó Viktor a decir, comprendiendo lo que Mel estaba haciendo.
Todos los presentes lo comprendían, era la mera fachada diplomática, la obra de teatro para los curiosos y testigos que amarraría las manos de algunos y liberaría a otros.
— Así que te anuncio formalmente que la casa Medarda no se relacionará con los miembros de la casa Talis o Hextech fuera de lo profesional y estrictamente necesario, hasta nuevo aviso…Por favor, vete.
Viktor observó a los ojos a Mel y comenzó a caminar hacia la puerta. Por su parte, la mirada de Ambessa se intensificó. Los tres jugadores, estaban conscientes que esa declaración era un arma de doble filo para todos, así que, de ahí en adelante, debían jugar bien sus cartas, el que lo hiciera mejor, conseguiría la ventaja.
— Con permiso… — se excusó dirigiéndose a la salida.
Cuando Viktor cruzó el umbral de la puerta. Ambessa y Mel se quedaron en sus mismos lugares, la madre, hizo un ademán con la mano a su guardia para que se retirara, esa era una conversación privada.
— ¡No puedo creer que lo invitaras justamente a él! ¡Tú sabías lo que pasó! — inició ella molesta.
Si bien, todo había sido una charada para cumplir su promesa con Jayce de proteger a Viktor de su madre, no era del todo una mentira lo que dijo.
— No hagas drama— dijo agitando su mano, como desechando las palabras de su hija— Inteligente como zorro, pero debes entender que no siempre puedes ser el zorro, Mel, te lo he dicho antes. Tienes que poder ser el zorro y el lobo y distinguir cuando ser cada uno.
— No te importa nada que no sea la guerra — dijo más repuesta — Yo…
— Me importas tú, Mel, me importa la familia y haré lo que sea para mantenerlos a salvo.
— No veo como intentando seducirlo a él — dijo, moviendo la cabeza hacia la puerta, señalando la dirección por la que se había perdido Viktor— …Podría proteger a la familia o pudiera ser una forma para demostrarme afecto o mantenerme a salvo.
— Ese muchacho, tiene una mente brillante y un deseo de vivir tangible, comparable con el de cualquier guerrero noxiano en el campo de batalla. Estoy segura de que podrá hacer grandiosas contribuciones a noxus si logra llevar a cabo sus experimentos. Es…como lo llamarías tú: una inversión.
— Viktor es pacifista. Jamás trabajará para noxus.
— Todos son pacifistas hasta que se topan con el incentivo adecuado.
— ¡Ellos no harán armas para ti!
— Ya lo veremos. La guerra llegará Mel, y no seré yo quien la traiga, pero te aseguro, que estaré aquí para guiarte en ella.
— ¡Piltover no necesita involucrarse en las necesidades expansionistas de noxus!
— Piltover ha dejado a su problema suburbano crecer. Y si no ponen una muralla adecuada, otros ejércitos podrían terminar aliándose con Zaun y no con ustedes. Si los zaunitas son como ese muchacho, tú y tu ciudad estarán en peligro.
— La guerra no es la única opción.
— ¡Abre los ojos, Mel! Si la diplomacia fuera la respuesta, este conflicto estaría resuelto hace mucho. Lo que, es más, me gustaría visitar Zaun directamente, quiero ver al resto de su gente.
Mel frunció el ceño.
— Jayce y Viktor solo quieren ayudar al ciudadano promedio, no cederán a la creación de armas.
— No necesitan hacerlo. Todo avance médico, las genera por sí mismo. Muchos antídotos se crean a partir de un veneno y en su búsqueda se encuentran nuevos venenos. En las manos correctas, una cuchara puede ser un arma mortal. No necesito obligarlos, Mel, ellos mismos los encontrarán, mientras tengan un propósito y yo los mantendré cerca para observarlos mientras lo hacen. No se llevarán sus secretos con ellos.
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Viktor caminó de vuelta, aún estaba preocupado por lo que le inyectaron, así que intentó apurar su paso. Su trayecto a casa se había vuelto más largo que nunca.
Le dolía un poco la pierna y tenía todos sus músculos tensionados, con ligeros espasmos. Mientras caminaba, sentía que se estaba agitando demasiado y una sensación abrasadora le recorrió la piel.
— Maldición…
Justo lo que temía.
Ya había tenido esa sensación antes, cuando era un niño lo habían drogado con la misma sustancia más de una vez y…
Apretó los ojos, intentando suprimir las memorias que intentaban colarse a su conciencia.
Necesitaba llegar a su casa, pero aún se encontraba demasiado lejos. Volteó a todas partes y luego de identificar su ubicación, pensó en las consecuencias, pensó en lo que debería decir y lo que resultaría.
Suspiró.
En ese momento, no tenía más opciones y no era algo que pudiera ocultar, aunque quisiera. Definitivamente seguía siendo mejor opción el simplemente hacer lo que debía.
— Necesito llegar con Jayce… — dijo exhalando su nombre y dio vuelta en una avenida, avanzando con mucha más dificultad de la usual.
Se desabrochó la corbata, sentía que se sofocaba y que se quemaba. No terminaba de jalar aire a los pulmones. Los minutos pasaron más rápido de lo que su mente podía registrar, aunque para él, se sentían como una paradoja de tiempo, todo era veloz y lento simultáneamente. Todo por esa maldita droga.
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Jayce se encontraba dando vueltas como león enjaulado, mientras esperaba a que su anfitrión, terminara de escribir el mensaje que le enviaría a Caitlyn. Al final, aunque había cedido y acordado con su yo de ese mundo que esperarían a reunirse con Viktor para ir a Zaun, también acordaron que, al menos, intentarían saber sobre Caitlyn por medio de una carta.
Todo había sido acordado, aunque no por ello, significaba que estuviera tranquilo.
Mientras el más joven escribía letanías protocolarias para tener razón de la joven Kiraman, se escucharon unos golpeteos en la puerta. El de barba, sin meditarlo mucho fue a abrir la puerta.
