Prólogo

Un bello día, como es costumbre un joven zorua estaba descansando en la hierba has que un pokémon se le acerca, era un noctowl este lo mira con molestia y desaprobación, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras el pequeño lo mira con ojos cansados.

—¿Qué quieres Roberto? estoy agotado de tanto entrenamiento, solo quiero dormir hoy—

El gran búho le responde con tranquilidad —lo siento mucho pero debes venir para tu primer día de estudios de ilusionismo—

—¿no puede ser otro día? No eh dormido estos días además me llevaron a ver la cacería de una cría tauros y sólo me comí los huesitos— en eso el estómago del zorua empieza a gruñir

El noctowl de nombre Roberto se va y regresa de inmediato con muchas bayas, el pequeño las come con mucha tranquilidad luego de terminar el desayuno el pokémon es llevado con otro zoruas para que se les enseñe a usar las ilusiones sobretodo para las batallas en busca de nuevos territorios ya que los tipo lucha también están con las mismas ideas por lo que la mayoría debe entrenar antes de evolucionar, ahora no era buen momento de tomar descansos ni jugar, la supervivencia por tener mayor control en este lugar era prioridad.

Después de todo ese descuido les costó una buena parte de las manadas, es tan así que incluso las madres que deberian cuidar de los pequeños se marchan, nadie quería hacerlo pero debian o de lo contrario sería el fin de las especies, el pequeño perdió a sus padres los cuales terminaron muertos por una emboscada de los tipo lucha. Su único amigo era ese noctowl el cuál cría y enseña al pequeño para que sea alguien de voluntad fuerte pero sobretodo un pokémon capaz de luchar ante todo.

—bien pequeñines, ustedes deben ser los más fuertes antes de la evolución, así que se les enseñará a utilizar sus ilusiones esto les servirá mucho dependiendo de la situación puede ser una ofensiva o defensiva. Así que les recomiendo que empiecen ahora, recuerden: una ilusión requiere de mucha concentración— decía un zoroark shiny

—bueno no me queda de otra—