- . My Hero Academia: Sueño del futuro: Parte 1-
Summary: Izuku nunca creyó necesario confesarle a Uraraka lo que sentía; después de todo, ambos sabían perfectamente lo que había entre ellos. Pero con el paso del tiempo, esos sentimientos, cuidadosamente guardados, comenzaron a crecer dentro de él, volviéndose imposibles de ignorar. ¿Cuánto tiempo más podrá callar su corazón antes de que la distancia entre ellos se vuelva insalvable?
Segmentos marcados con * por contenido explícito IzuxOcha.
El sol brillante y cálido de la mañana entraba suavemente entre las persianas. Izuku, en la sala de profesores de la UA y ahora con 24 años de edad, estaba sentado en su escritorio junto a la ventana abierta.
Despegó momentáneamente la vista de los exámenes que corregía con su característico esmero y por un momento enfocó toda su atención en la brisa fresca que se colaba por la ventana, trayendo consigo el susurro lejano de las hojas moviéndose en los árboles del patio. Era un sonido que siempre le había tranquilizado, una melodía simple, que le recordaba por todo lo que había luchado en su juventud.
Sus dedos que sostenían el bolígrafo dejaron de moverse y, por un instante, los recuerdos del pasado irrumpieron en su mente. Momentos tristes y felices por igual. Recordó el tiempo que había compartido alguna vez con todos sus amigos, pero más específicamente, con Uraraka. Ahora eran memorias que habían empezado a desvanecerse después de varios años de no verse con demasiada regularidad.
La distancia había crecido entre ellos poco a poco, en parte por su propia decisión. Después de perder por completo todos sus poderes, tenía que reconocer que su confianza en varios aspectos, había mermado y a veces no sabía como sentirse con sus viejos amigos cuando se reunían.
Izuku bajo la cabeza y un sentimiento se apoderó de él al preguntarse dónde estaría Uraraka y qué estaría haciendo ahora.
De pronto, una voz dulce y alegre lo llamo de forma repentina.
—Deku!
Izuku levantó la vista y, para su sorpresa, vio a Uraraka flotando afuera de la ventana, sus ojos brillando con alegría, rodeada del resplandor dorado del sol a sus espaldas.
—¡Uraraka?! —exclamó, tambaleándose tanto que estuvo a punto de irse de espaldas, pero ella alcanzo a sujetarlo de la muñeca.
—Cuidado! —dijo ella, riéndose suavemente mientras Izuku lograba estabilizarse en la silla. La risa de Uraraka continuó y llenó el espacio, disipando la frialdad de la mañana por un instante—Lo siento, discúlpame! Pero al mismo tiempo, supongo que la idea de sorprenderte fue todo un éxito!
Izuku se recompuso, sonrojándose un poco de la impresión.
—U-Uraraka, qué gusto verte, pero... —logró decir con una sonrisa nerviosa —. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Bueno, estaba de paso y pensé en visitar a mi profesor favorito de la UA. Espero no interrumpirte en algo importante.
Izuku negó de inmediato, levantándose de su asiento y extendiendo su mano para ayudarla a entrar. Uraraka aceptó, y sus dedos tibios rozaron los suyos de forma significativa al encontrarse. Una vez dentro, Uraraka desactivó su quirk.
—Me hubieras avisado que venías —comentó Izuku, mirando su reloj— Podríamos haber almorzado juntos más tarde, pero tengo clases en cinco minutos.
Los ojos de Uraraka sonrieron junto con sus labios.
—¿Y qué te parece cenar esta noche?
...
Izuku se encontraba sentado en la fuente del centro comercial, donde todos los del clase A habían ido de compras juntos alguna vez en el pasado. Por mensaje le había propuesto a Uraraka hacer una reservación para algún restaurante, pero ella había insistido en que prefería algo sencillo y que moría por comer una hamburguesa.
Mirando hacia los locales alrededor, Izuku se preguntaba si debió haber comprado una hamburguesa para Uraraka antes de que comenzarán a cerrar. Pero la idea de ser plantado y quedarse con la comida, le parecía cuanto menos triste.
Ahora observaba los suaves reflejos del agua en la fuente, iluminados por las luces de los pocos locales que aún permanecían abiertos, pero ya en el proceso de limpieza.
Todavía llevaba el traje formal que utilizaba para dar clases en la UA, dado que al principio había pensado que no le daría tiempo de ir a casa a cambiarse. Había intentado hacer tiempo revisando los detalles de su clase de mañana en su celular y también mirando los escaparates, pero la espera había comenzado a ser difícil de ignorar.
La llamada de Uraraka, anunciando su retraso, había sonado optimista a pesar de todo, y él había pensado que serían sólo unos cuantos minutos. Sin embargo, ahora, al borde de la hora completa de retraso, Izuku miró su reloj de nuevo, y se puso de pie. Una punzada de preocupación se mezclaba con una leve resignación; la idea de marcharse empezaba a cobrar sentido en su mente.
Fue entonces cuando escuchó el eco de pasos apresurados. Al girarse, vio a Uraraka corriendo hacia él, con las mejillas sonrojadas y mechones de su cabello flotando alrededor de su rostro agitado. Al llegar, se detuvo frente a él, doblándose hacia adelante mientras respiraba entrecortadamente.
—¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! —jadeó Uraraka, intentando recuperar el aliento. Sus ojos brillaban con una mezcla de disculpa y alivio al ver que él seguía ahí—. Es muy tarde!. No puedo creer que hayas esperado tanto tiempo. A mi celular... se le acabó la batería y no podía avisarte.
Izuku la observó, notando los rastros de esfuerzo en su expresión, y la tensión que había acumulado en su interior se disipó.
—No te preocupes —dijo, intentando transmitir calma con una sonrisa suave—. ¿Estás bien?
Uraraka asintió, enderezándose mientras se pasaba la mano por la frente para apartar un mechón de cabello de la frente.
—Sí, es que... —suspiró y una sonrisa se dibujó en sus labios—. Después de colgarte, me encontré a un niño perdido en la calle. Estaba muy asustado y tuve que quedarme con él hasta que encontramos a su madre. Por suerte no hubieron mayores complicaciones después de eso y creo que incluso me reconocieron ¿Puedes creerlo?
Izuku sintió una calidez familiar en su interior. Esa era la Uraraka que conocía. Alguien que siempre pondría a los demás por delante de ella misma, incluso si eso significaba llegar tarde y quedar mal o pasar por dificultades. No por nada se había convertido en una de las más grandes heroínas de la actualidad.
—Ya veo. Me alegra mucho que lo ayudaras. —dijo con una sonrisa que al parecer era sincera.
Uraraka se sonrojó un poco y miró a su alrededor para disimularlo, notando los locales de comida cerrados, y su ceño se frunció ligeramente.
—Perdóname por no haberte comprado la hamburguesa que querías —se disculpo Izuku, inclinado un poco la cabeza—. No sabía cuál podría gustarte. Tal vez debí haber comprado varias para ti, aunque...
Uraraka entrecerró los ojos con una expresión pensativa.
—Eso ya no importa, pero... creo que no quiero desistir de mi idea de las hamburguesas —anunció, cruzándose de brazos y de pronto, se giró hacia él con una amplia sonrisa renovada —. Tengo una idea, pero necesitaré de tu ayuda. No vas a rehusarte, ¿verdad?
Los ojos de Izuku se agrandaron un poco, con curiosidad y sorpresa.
Uraraka se acercó un paso y, sin previo aviso, tomó su mano. Izuku sintió que un calor repentino lo recorrió, acompañado de un leve rubor que subía a sus mejillas. Se sintió como si fuera un adolescente otra vez y pensó que sería una vergüenza si alguno de sus alumnos lo vieran en ese momento.
...
Izuku y Uraraka salieron del supermercado con las manos cargadas de bolsas, mientras sus risas se mezclaban con el sonido de sus pasos en el estacionamiento vacío. De una de las bolsas sobresalía una botella de vino, y en otra, una caja de carne para hamburguesas de primera calidad.
Izuku se detuvo un momento y una sonrisa distraída iluminó su rostro al observar a Uraraka. Ella, notando su mirada, se giró con una sonrisa tan sincera que pareció iluminar incluso el cielo oscuro de la noche.
—¿Qué sucede? —preguntó ella.
—N-nada —respondió Izuku sacudiendo la cabeza con un ligero rubor coloreándole las mejillas—. Sólo pensé que era lindo poder hablar contigo un poco y ponernos al día mientras te ayudaba a hacer tus compras.
Uraraka lo miro con sorpresa.
—¿De qué hablas? ¡No pensarás que puedo comerme todo esto yo sola!
Izuku parpadeó.
—Deku...!
La voz de Uraraka se cortó al escuchar un trueno que resonó de pronto y la lluvia se desató casi al instante.
—Creo que olvidé mi paraguas — se quejo Izuku rebuscando en su portafolios y luego intentando cubrir en lo posible a Uraraka con su saco.
Uraraka se sonrojo un poco al sentirse protegida por él.
—Y-yo también —dijo algo nerviosa, pero casi al instante una risa ligera brotó de ella de nuevo.
Antes de que Izuku pudiera reaccionar, sintió la mano de Uraraka aferrarse a su brazo para acercarlo y el calor del toque involuntario de su brazo con su pecho se deslizó por su piel como un relámpago más potente que los truenos que continuaban.
—Es por aquí —dijo ella, guiándolo con determinación—. Por aquí está mi apartamento.
Las calles de la ciudad parecían vacías a esa hora. Las luces de los faroles creaban reflejos dorados en los charcos, mientras las gotas formaban un sinfín de ondas que se expandían y se encontraban. Izuku, con el cabello pegado a la frente y algo confuso, se dejó guiar, consciente del latido irregular de su corazón. No dejaba de pensar que de nuevo se sentía como un adolescente inexperto con su primer amor.
...
El camino al apartamento de Uraraka no fue largo, pero cada paso que había dado parecía haber tenido un significado distinto para su mente que se debatía sobre lo que estaba ocurriendo. Izuku sentía un sentimiento inusual en su pecho y trataba de controlar su respiración agitada, intentando convencerse de que era por la carrera para escapar de la lluvia y no por la sensación de estar anticipando algo que seguramente no ocurriría.
Uraraka tampoco dijo mucho, pero su sonrisa se mantenía cuando, de vez en cuando, le lanzaba miradas de reojo a Izuku, notando cómo sus mejillas enrojecidas contrastaban con las gotas que le corrían por la cara.
Finalmente, cuando llegaron a la entrada de su edificio. Uraraka soltó su brazo, encargándole las bolsas de compras y rebuscó en su bolso las llaves, mientras Izuku intentaba calmar sus nervios.
Al abrir la puerta y entrar al recibidor, un silencio denso y cargado de expectativas se adueñó del ambiente. Se miraron con sonrisas nerviosas sin saber muy bien cómo actuar.
—Gracias por venir. Es decir, bienvenido. Siéntete como en tu casa —dijo Uraraka con su usual voz alegre pero que a la vez, temblaba con cierta timidez. Las gotas que escurrían por su cabello dejaban rastros oscuros en su blusa, y por un segundo, Izuku se encontró atrapado en esa visión, aunque rápidamente desvió la mirada, luchando por mantener la compostura y no ser tan obvio.
—G-gracias por invitarme —respondió Izuku sonriendo pero con un nudo en la garganta, cerrando la puerta tras de sí.
Uraraka le extendió una toalla, pero antes de que Izuku pudiera tomarla, ella se acercó para ayudarle a secar su cabello.
Sus miradas se encontraron inevitablemente. Y, por alguna razón, Uraraka empezó a empujarlo con suavidad contra la pared sin que él opusiera ninguna resistencia.
Sin dejar de mirarse y antes de que ambos pudieran procesarlo con más calma, sus bocas se unieron en un beso suave, apenas acariciándose los labios, para luego sumergirse en un beso más real, como si quisieran probarse. Descubrieron entonces que todo lo que habían estado buscando por años estaba ahí. Cada detalle de algo tan anhelado y postergado desde que habían sido adolescentes inseguros e indecisos para confesar sus sentimientos, estaba ahí.
El apartamento de Uraraka pronto se llenó de sus respiraciones y la fricción de sus ropas mojadas, mientras el beso se tornaba cada vez más urgente.
Pequeños sonidos surgieron de la boca de Uraraka cuando Izuku comenzó a besarla en el cuello, estrechándola entre sus brazos, y ayudándola a quitarse el abrigo mojado.
Al explorarse con las manos, los recuerdos del pasado y emociones reprimidas explotaron en su interior, como una olla a presión liberada de golpe. El temblor de sus cuerpos, la cercanía tan anhelada, lo envolvía todo.
De nuevo sus bocas se reclamaron por varios segundos y cuando ella se separó lo suficiente para recuperar el aliento, sus miradas se encontraron otra vez. Fue entonces cuando Uraraka, le hizo una pregunta:
—¿Quieres tomar una ducha? —preguntó con cierta dulzura— Ya sabes... por la lluvia.
Izuku no dudo. Respondió sin apartar la mirada, como un acuerdo sellado en ese instante.
—Claro que quiero.
...
( *)
El saco de Izuku y el abrigo de Uraraka colgaban despreocupados de los respaldos de las sillas en la sala, y un rastro de prendas abandonadas guiaba la vista hasta la puerta cerrada del cuarto baño.
El sonido del agua cayendo ahora era un eco constante en el apartamento de Uraraka. Una banda sonora que prometía reconciliación y deseo por partes iguales.
Lo que siguió en la ducha, fueron más besos que se sentían necesitados por recuperar el tiempo perdido, bajo el agua que parecía curar y perdonarlo todo.
El vapor llenaba el cuarto de baño, envolviendo las figuras de ambos en una neblina de calor.
Izuku, con el corazón latiendo tan rápido que casi resultaba doloroso, empujaba a Uraraka contra las baldosas con todo su cuerpo, sujetando sus piernas a cada lado. Los besos se intensificaban cada vez más, cargados de anhelo, como si cada rose fuera una promesa rota que trataban de restaurar. Las gotas de agua recorrían sus cuerpos entrelazados, trazando caminos por sus pieles y haciendo que todo pareciera más etéreo, más intenso.
Uraraka dejó escapar un gemido en su boca y para Izuku esa fue una advertencia lo suficientemente clara para retirarse, al encontrarse también al borde del abismo. Uraraka respondió tomando la situación en sus manos, literalmente, con un toque tan suave que hizo que Izuku cerrara los ojos con fuerza y apretara la mandíbula, tratando de contener el aluvión de sensaciones. El vapor y la calidez del agua los envolvía, haciendo que la realidad pareciera disolverse en aquel espacio cerrado y sólo para ellos.
...
La velada continuó en la cocina, donde habían hecho un desastre total. La harina en el suelo con sus huellas y las sartenes desordenadas atestiguaban la efusiva preparación de la cena. Pero en ese momento, eso no podría importarle menos a ninguno de los dos.
—¿Así que tus padres ahora viven en Hawai? — pregunto Izuku mientras le daba otra mordida a su hamburguesa, hasta terminarla.
Uraraka asintió, bebiendo un sorbo de vino mientras sonreía. Frente a ella, su plato vacío con sólo migajas, era testigo de lo complacida que había quedado con las hamburguesas caseras que había preparado con Deku.
—Sí, los extraño mucho a veces, pero por suerte puedo visitarlos una vez al mes —respondió, y su voz se suavizó con un dejo de nostalgia —¿Y cómo está tu madre? —preguntó Uraraka, devolviendo la mirada con un interés genuino.
—Está bien. La visito siempre que puedo, y por suerte goza de buena salud —respondió él, observando el contenido de su copa de vino y con una sonrisa suave, transmitiendo un amor profundo y sencillo.
— Me alegra escucharlo — respondió ella.
La conversación tomó una pausa cuando Izuku, con un gesto casi protector, se inclinó hacia ella y limpió un rastro de salsa en la comisura de sus labios usando la yema de su dedo. El roce fue muy suave, pero suficiente para que ambos contuvieran el aliento. Sus ojos se encontraron de nuevo, entrecerrándose al instante.
...
( *)
Izuku deslizó sus manos con suavidad por las caderas de Uraraka, hasta retirar la última prenda que los separaba y la dejo caer a un costado de la cama. La penumbra íntima se mezclaba con el sutil crujir de las sábanas.
Se tomó un instante para admirarla, notando como su respiración se aceleraba y el rubor subía por sus mejillas, haciéndola lucir especialmente linda. Sus ojos se cerraron por un segundo, como si quisiera grabar esa imagen para siempre.
Sin poder reprimir más sus deseos, procedió a inclinarse y empezar a recorrer su piel con besos, descendiendo hasta lamer entre sus piernas, intentando guiarse por sus reacciones para estimularla, mientras las manos de Uraraka se aferraban a las sabana, como buscando un ancla en el mar de sensaciones que ahora sentía. Sus mejillas se sonrojaban cada vez más, manteniendo los ojos cerrados, dejando escapar pequeños suspiros, que al parecer intentaba retener en la medida de lo posible, pero las sensaciones que palpitaban en su interior lo hacían casi imposible.
Izuku, con el corazón latiendo a un ritmo desenfrenado, continuó dejándose guiar por cada temblor y respiración entrecortada hasta que por fin logró hacerla llegar al clímax. Se sorprendió al notar cómo su propio cuerpo respondía de nuevo, dado que había pensado haber llegado a su limite después de la ducha intensa y caliente que habían compartido antes.
Por algún extraño motivo que en ese momento Izuku no pudo definir bien, comenzó a sentir un intenso dolor en el pecho, pero no permitió que eso lo detuviera.
—¿Puedo? — preguntó Izuku con suavidad, y sin abrir los ojos Uraraka asintió, temblando como una hoja, sensible al más mínimo roce.
Izuku se masajeó un poco al ponerse el preservativo, pensando que a pesar de la gran excitación que sentía no podía permitirse terminar tan pronto. A diferencia de lo que había pasado antes bajo la regadera, ahora quería estar con Uraraka de una forma tan suave y dulce que nunca quisiera marcharse de su lado de nuevo.
Le abrió las piernas con suavidad, deslizándose en ella mientras apoyaba parte de su peso para alcanzar sus labios.
Izuku intentó que sus besos, al igual que sus movimientos, denotaran todo el cariño y devoción que siempre había sentido por ella.
Sin embargo, cuando, en cierto momento Uraraka entreabrió un poco los ojos para mirarlo, Izuku sintió otra vez el dolor punzante en su pecho, y no pudo evitar que pequeñas lagrimas brotaran de sus ojos, al darse cuenta ahora del motivo.
...
El amanecer apenas comenzaba a colarse por las cortinas de la habitación de Uraraka, iluminando con un resplandor tenue sus cabellos desordenados y sus ojos soñolientos que parpadeaban al despertar.
Un sonido ligero de movimiento captó su atención, y al girarse en la cama, vio a Izuku de pie frente al espejo, ajustando el nudo de su corbata. Entonces no pudo evitar sonreír.
—No pensabas marcharte sin despedirte, ¿o sí? —preguntó Uraraka con la voz propia de alguien que recién despertaba, pero con un toque de su usual alegría.
Izuku se giró al escucharla, sus ojos verdes se suavizaron al ver la sonrisa débil y soñolienta que le dirigía Uraraka desde la cama. Le devolvió una sonrisa breve, aunque la sombra en su mirada traicionaba una mezcla de emociones.
—Lo siento. No quería despertaste dado que mencionaste que hoy era tu día libre.
— En realidad,— Uraraka se estiró sobre la cama como lo haría un gatito—Aunque es mi día libre tengo algunas cosas que hacer. Por lo que me sienta bien despertarme temprano.
Izuku bajo un poco la cabeza.
—Pero tal vez podríamos vernos de nuevo este fin de semana — dijo ella sonriendo — Hay un nuevo parque de diversiones que abrió hace poco y que me gustaría conocer. ¿Que dices?
En oposición de la expresión alegre de Uraraka, Izuku permaneció observándola con una mirada seria, se colocó la mano en el mentón y luego sobre la boca, como si estuviera reflexionando sobre algo realmente difícil, después se giró dejando a Uraraka viendo sólo su perfil.
—Uraraka... lo de anoche...
El corazón de Uraraka se detuvo de pronto, y su mano se aferró a las sábanas, intentando cubrir la inquietud que se apoderaba de ella.
—Lo de anoche fue increíble, pero... —la voz de Izuku tembló por un instante antes de continuar—. Pero creo que no va a funcionar.
Los ojos de Uraraka, que antes brillaban de emoción, comenzaron a llenarse de un brillo diferente, húmedo y tembloroso.
—Pero... ¿por qué no? —preguntó con una voz suave, que de alguna forma reclamaba su atención, pero Izuku seguía sin mirarla.
—Durante años seguimos caminos diferentes, y no creo que haya estado bien que entráramos de nuevo a nuestras vidas de esta forma.
De perfil, Izuku pudo percibir que Uraraka bajaba la cabeza, pero se contuvo de mirarla.
—También pienso...— prosiguió Izuku — que nuestras vidas tienen ritmos diferentes, y eso eventualmente volverá a alejarnos. Y honestamente... no sé si podría soportar que eso pase de nuevo.
El silencio que siguió fue tan denso que podían escuchar el sonido distante de las manecillas del reloj de la sala. Ninguno de los dos se movió; las palabras quedaron suspendidas en el aire como un nudo que se niega a deshacerse.
Cuando Izuku finalmente cerró la puerta del apartamento de Uraraka detrás de si, la resistencia que había mantenido se desmoronó. Las lágrimas escaparon de sus ojos, deslizándose con rapidez y sin control. Su corazón dolía de una manera tan punzante que tuvo que presionar la mano a la altura de su pecho, como si con eso pudiera contenerlo.
Sabía que había hecho lo correcto. Que lo mejor para ella era seguir adelante, encontrar a alguien que no tuviera tantas sombras de inseguridad tras de si y que también pudiera protegerla. Pero saberlo no aliviaba la punzada aguda de la pérdida, y en ese momento, con el frio de la mañana, se sintió más solo que nunca.
Siempre la había amado. Y siempre lo haría. Pero quería que hiciera su vida con alguien mejor que él.
...
Una serie de toquidos en la puerta de Izuku lo hicieron despertar de manera repentina en su habitación de la UA, ahora con 18 años de edad.
La temperatura había descendido considerablemente y lo resintió un poco cuando respiró de manera más consciente, con la nariz sensible al frio.
Al abrir los ojos, Izuku se encontró con el rastro de lagrimas en los costados de sus ojos, y un peso incómodo persistía en su pecho. Cuando respondió se percató de que su voz salió ronca y ligeramente afectada:
—¿Q-quién es?
Del otro lado de la puerta, una voz clara y autoritaria respondió de inmediato, inconfundible en su intensidad.
—Midoriya! Soy yo! Vengo a recordarte que acordamos reunirnos en la sala común de la Clase B para celebrar juntos la fiesta de Navidad de este año! ¡Espero que no lo hayas olvidado! Todos hemos estado esperándote durante varios minutos para irnos!
—Ah, Iida? — se apresuró a contestar Izuku, parpadeando mientras intentaba limpiarse las lagrimas y sentándose a un costado de la cama— Claro! Perdón por preocuparlos! E-en un minuto bajo!
El silencio que siguió desde el otro lado de la puerta le pareció muy largo, hasta que la voz de Iida se hizo escuchar nuevamente, esta vez con una suavidad poco característica en él.
—¿Estás seguro de que te encuentras bien, Midoriya? Tu voz... no suena como siempre.
Izuku contuvo el aliento por un momento, sintiendo cómo el nudo en su garganta crecía. Su mente trabajó rápido, buscando una excusa que explicara su estado sin levantar sospechas.
—¿Ah? No, no... ¡No me pasa nada! Es sólo que estaba hablando con mi madre, y ya sabes cómo somos en mi familia... terminamos llorando un poco al despedirnos por las fechas —dijo, forzando una risa ligera. La mentira salió con sorprendente naturalidad, aunque su corazón latía con fuerza ante el temor de que Iida notara algo y le hiciera más preguntas.
Hubo una pausa, y luego la respuesta de Iida llegó con un tono más analítico.
—Oh! Ya veo! Sin duda, tu madre y tú tienen un vínculo especial, donde no temen mostrar sus sentimientos abiertamente. ¡Eso me parece realmente entrañable! Pero no te preocupes, no se lo diré a nadie. Tal vez no todos lo entenderían.
—S-sí, por favor —respondió Izuku, sintiéndose un poco mal por mentirle a su amigo y que él le creyera tan fácilmente.
—Sólo procura ya no demorar demasiado, Midoriya. ¡No podemos irnos sin ti!
—No te preocupes. Sólo buscaré mi bufanda y mis guantes, y estaré con ustedes enseguida.
—De acuerdo! —respondió Iida, antes de escucharlo marcaharse por el pasillo.
A pesar de lo que acababa de asegurar, Izuku permaneció sentado en el borde de la cama por unos momentos más, con su mirada fija en el calendario de All Might que colgaba en la pared. Afuera, la brisa fría de invierno agitaba las ramas de los árboles, haciendo crujir suavemente la ventana.
Soltó un suspiro profundo, sintiendo el aire frio llenar sus pulmones. Por alguna razón, no podía levantarse aún. Había algo en el ambiente, una mezcla de soledad y nostalgia que parecía haberlo atrapado
...
Izuku caminaba por los patios de la UA, intentando lucir más animado de lo que realmente se sentía, A su lado, Kacchan, Todoroki e Iida lo acompañaban, sus voces entrelazándose en una conversación que giraba en torno a algún tema que Izuku no logró captar del todo. Iida gesticulaba apasionadamente, como era su costumbre, mientras Todoroki asentía con serenidad. Bukugo revisaba las noticias en su celular. Izuku, sin embargo, estaba distraído.
De manera casi automática, su mirada se deslizó hacia atrás, donde Tsuyu y Uraraka caminaban juntas. Las risas y el tono jovial de la conversación entre ambas lo alcanzaron. Uraraka parecía especialmente alegre, sus ojos brillaban mientras asentía animadamente a algo que Tsuyu decía. Por una fracción de segundo, Tsuyu pareció percibir la dirección de su mirada hacia su amiga, pero Izuku intentó disimularlo mirando de nuevo al frente, cubriéndose la boca con la bufanda, y luego mirando el suelo, mientras seguían avanzando.
—¿Sucede algo? —la voz seria de Todoroki lo sacó de sus pensamientos, sus ojos bicolores mirándolo con curiosidad.
—N-no, no pasa nada. No te preocupes —contestó rápidamente, esforzándose por no seguir llamando la atención de sus amigos.
Iida intervino de inmediato, levantando una mano entre ellos.
—Es un tema familiar que en realidad no nos incumbe! ¡No son necesarias más preguntas!
Pero Todoroki no parecía convencido y, con una expresión reflexiva, añadió:
—¿Tú sabes qué le sucede?
Antes de que Iida pudiera responder, Bakugo bufó con irritación.
—¡El delegado ya dijo que no nos concierne! Seguro son sus usuales tonterías sentimentales de la época! ¡No hay nada de qué preocuparse! Si en realidad le pasara algo a este sujeto, yo sería el primero en saberlo!
—Kacchan... —Izuku lo miró, sorprendido por su declaración, pero Bakugo, incómodo, desvió la mirada con una mueca.
—Creo que yo también lo sabría —dijo Todoroki con calma, llevándose una mano a la barbilla mientras reflexionaba.
—JA! Eso si que es gracioso! —espetó Bakugo con brusquedad—. Tu capacidad de leer a la gente no ha mejorado ni un poco desde que te conocí!
—Yo pienso que sí he mejorado —contradijo Todoroki con seriedad—. Y creo que también capto mejor las indirectas.
—¡Lo creeré cuando lo vea!
Antes de que el debate pudiera escalar, Tsuyu apareció a su lado con su característico tono tranquilo, pero directo.
—Disculpen. Iida, Todoroki y Bakugo, hay algo que quisiera discutir con ustedes en privado—pidió, inclinando levemente la cabeza — ¿Crees que puedas darnos sólo un momento, Midoriya?
—Ah? Si! claro! Entonces yo... —Izuku comenzó a retroceder, dispuesto a darles espacio, pero Iida lo detuvo de inmediato, sujetándolo firmemente del cuello.
—¿De qué se trata, Asui? —exigió saber el delegado, ajustando sus gafas con seriedad—. Sabes que Midoriya es de nuestra entera confianza y cualquier tema puede ser discutido en su presencia. ¡No creo que sea necesario apartarlo!
—¡Y yo no creo tener ningún asunto pendiente contigo, cara de renacuajo! —gruñó Bakugo con impaciencia.
La respuesta de Todoroki fue inesperada, empujándolos a ambos hacia el frente por la espalda.
—Por favor... si Asui se tomó la molestia de pedirnos un momento, debe ser algo importante —dijo, señalando con un leve movimiento de cabeza hacia atrás. Finalmente, tanto Iida como Bakugo captaron la indirecta.
—Oh, si. Ya recordé — fingió Iida—Perdón. Será sólo un momento Midoriya.
—Demonios. Pero que sea rápido — se quejó Bakugo.
Izuku permaneció en el camino viendo como sus amigos avanzaban y no pudo evitar sentirse algo solitario. Sin embargo, cuando giró la cabeza, buscando distraerse, se encontró con algo que disipó esa sensación. A unos metros Uraraka observaba las flores blancas en un árbol pálido con una tranquilidad admirable.
Entonces, Izuku se encontró caminando hacia ella antes de que su mente pudiera procesarlo del todo.
— A mi mamá también le gustan las flores de invierno— comentó Izuku al estar casi a su lado — Creo que incluso más que las flores de cerezo en primavera.
— Son muy bonitas ¿verdad? — respondió Uraraka con una ligera sonrisa y mirándolo de perfil.
Izuku no dejo de mirarla a ella.
— Si. Lo son.
Ambos intercambiaron una sonrisa breve pero significativa antes de retomar el camino, ahora caminando lado a lado.
—Por cierto... ¿Has pensado a quien pudiste haberle tocado en el intercambio de regalos? — preguntó de pronto Uraraka para continuar la conversación.
—No he pensado mucho en eso en realidad — reconoció Izuku tocándose un poco la nuca — ¿Tu lo sabes?
—Aunque lo supiera, creo que no debería decírtelo —bromeó ella, dejando escapar una suave risa mientras su propio rostro adquiría un leve tono rosado. Luego, imitó su gesto y también se tocó la nuca, como si la confesión que seguía le provocara cierta timidez—. ¿Sabes? Admito que aún conservo el muñequito de All Might que me diste el primer año en el intercambio. Aunque lo perdí por un tiempo... por suerte... logré recuperarlo.
Izuku abrió los ojos con sorpresa, pero antes de que pudiera responder, notó cómo la mirada de Uraraka se perdía brevemente en el horizonte, como si estuviera recordando algo más.
— Yo también conservo la bolsita de mochis que me diste en aquella ocasión— dijo Izuku sujetándose la barbilla..
La confesión hizo que Uraraka lo mirara de inmediato, sorprendida.—¿En verdad?
—C-claro —respondió Izuku con su tono algo más alegre esta vez—. Es donde guardo las cartas que me enviaste cuando estuve en el extranjero, durante las entrevistas hace dos años.
Por un instante, la sorpresa de Uraraka fue reemplazada por confusión.
—Cartas? — preguntó Uraraka — No recuerdo haberte enviado alguna.
De pronto Izuku pareció algo nervioso y se cubrió la boca con una mano.
—¿Qué cartas?— interrogó Uraraka.
—Ah! Bueno... La verdad es que... no... no es nada...olvídalo.
Uraraka siguió observándolo y él tuvo que tomar algo de aire antes de atreverse a decir la verdad.
—Es que... siempre he tenido miedo de que algo le pase a la nube, por el quirk de alguien, por un error o algo por el estilo. Y tal vez estoy siendo muy paranoico— empezó a explicar Izuku cubriéndose de nuevo con la bufanda— Por eso decidí imprimir algunos chat y correos que me han enviado algunas personas importantes para mi, como si fueran cartas. Para siempre tener sus palabras cerca, por si las llego a necesitarlas. Supongo que soy algo raro por hacer algo así.
De inmediato Uraraka frunció el ceño y dijo con determinación:
—Tu no eres raro! No eres raro en absoluto! Eres fuerte, valiente, inteligente, dulce, considerado y tu cabello se ve genial cuando se agita con el viento! Nunca lo cambies!
Ambos se miraron en silencio por varios segundos antes de compartir una risa suave que los hizo sonrojarse mientras el vapor de sus alientos se fundían en un beso indirecto que subía hacia el cielo.
Eso le llamó la atención a Izuku que miró hacia arriba, justo cuando empezaban a caer los primeros copos de nieve de la temporada. Uraraka, a su lado, reaccionó de manera similar, dirigiendo también su mirada hacia el cielo. Su rostro se iluminó con una mezcla de asombro y serenidad, como si la nieve hubiera traído consigo un instante perfecto de calma. Sin embargo, cuando apartó los ojos de la nieve para mirarlo a él, notó en su expresión una especie de sonrisa contemplativa.
Uraraka parpadeó y sólo por un momento le pareció ver también el perfil de Shigaraki.
Con un gesto natural, la mano enguantada de Uraraka buscó la de él. El roce inicial fue casi tímido, pero Izuku, al sentirla, cerró los dedos con suavidad sobre los de ella. El leve apretón estaba lleno de ternura y su sonrisa, aunque discreta, se mantuvo igual.
—Si algo te preocupa, te recomiendo que no sigas embotellado tus sentimientos —dijo ella algo preocupada, pero con una especie de sonrisa —. Eso sólo terminará causándote dolor después.
Izuku giró la cabeza hacia ella, sorprendido por sus palabras. Pero entonces algo cambió. Sus ojos se desviaron brevemente detrás de ella, y por un instante fugaz, la sombra de Himiko Toga pareció formarse en su mente, como un eco oscuro de advertencias pasadas. Y antes de que pudiera pensarlo demasiado, la abrazó.
El movimiento fue repentino, pero no forzado. Uraraka, aunque sorprendida al principio, relajó su postura con rapidez y le correspondió. Pronto su cabeza se apoyó suavemente sobre él.
—Ahora que lo sé, prometo escribirte siempre que pueda —susurró ella, contra el hombro de Izuku.
—Sí —respondió él con la misma suavidad, apretando con un poco más de fuerza la mano que seguían manteniendo unida.
El silencio entre ellos era cómodo, como si las palabras sobraran en ese momento. Pero Uraraka no pudo evitar hablar de nuevo.
—Aún no puedo creer que hayan elegido mi proyecto final para iniciar una reforma educativa.
Izuku aflojó un poco el abrazo para mirarla, sus ojos verdes se cerraron cuando sonrió.
—Yo sí lo creo.
La nieve continuaba cayendo alrededor de ellos, acumulándose suavemente bajo sus pies. Izuku cerró los ojos por un momento, y en su mente regresó a aquel día en la entrada de la UA, cuando las palabras de Uraraka en su discurso para los civiles, lo habían conmovido tanto que había caído de rodillas, abrumado por la fuerza de sus sentimientos. Al abrirlos, levantó sus manos unidas a la altura de sus corazones, observándolas como si ese gesto fuera suficiente para capturar todo lo que sentían el uno por el otro. Izuku lo había entendido desde ese entonces. Sus sentimientos y lo recíprocos que eran, pero ninguno de los dos había dicho nada. No parecía necesario y, tal vez, así era mejor ahora que tendrían que decirse adiós por un tiempo.
Ambos se separaron un poco y aunque las mejillas de ambos se sonrojaron, sólo se sonrieron con familiaridad.
...
Hatsume se encontraba a lado de Bakugo, que permanecía de espaldas recargado sobre el barandal del segundo piso del edificio de la clase B, pretendiendo indiferencia, pero finalmente preguntó:
— Y bien?
Ella se rió un poco antes de contestar.
—Es realmente duro de ver. Creo que era una buena oportunidad y la desperdiciaron por completo. Y la verdad no entiendo por que. Se ven muy bien juntos.
—Tch— se quejó Bakugo — Aunque él no quiera admitirlo, ese sujeto también tiene un ego muy grande y no admitirá que las cosas sucedan, a menos que sea bajo sus propios términos.
—¿Tú crees? —preguntó ella con curiosidad—. Porque eso yo no lo veo claro. Ese tipo de cosas no son mi fuerte.
Bakugo no contestó y en cambio se giró para recargarse de frente sobre el barandal mirando hacia el horizonte que empezaba a cubrirse de nieve. —Sobre lo que estábamos hablando antes… ¿cuánto tiempo crees que tardes?
—No lo sé. Es difícil decirlo con algo tan elaborado — expresó Hatsume con su característica sonrisa— Tal vez nos limiten los avances tecnológicos del presente y los materiales por unos cinco años como mínimo.
—Es demasiado tiempo— se quejó Bakugo, retirándose del barandal y dándole la espalda, antes de mirarla por encima de su hombro —Tal vez convendría que mejor trabajes en una máquina del tiempo, para corregir algunas cosas.
Hatsume le contestó con una risa al seguirlo para bajar del segundo piso por las escaleras— Te advierto que nunca debes retar a una genio como yo con algo como eso. Ahora simplemente ya no podré sacarlo de mi mente.
...
Notas de la autora.-
Muchas gracias por leer hasta aquí. Espero continuar algún día esta historia! Sus comentarios siempre son bienvenidos! Muchas gracias por leer, seguir y darle like. Siempre me hace sonreír.
