Prólogo
No importaba cuántas veces marcase, sea ahora, ayer, mañana, el día que sea, no importaba para nada porque no había respuesta alguna. Intentó un par de veces más, pero seguía sin haber respuesta alguna.
"Hola. Seguramente estás llamando, pero no puedo atender tu llamada. Deja un mensaje y te prometo que lo escucharé. ¡Gracias!"
Era la voz de su esposa… o al menos ex esposa. Quería hablar con ella, para informarle que si bien tiene trabajo, no es lo mejor del mundo y pasará el dinero suficiente para pagar su cuota mensual tras lo acordado en el divorcio.
—Hola… escucha, soy yo. Tengo el dinero. Quería avisarte así… puedo ver a mi hija un rato. Avísame qué día puedes para quedar… o para que vaya a tu casa… solamente eso… adiós y… hija, si es que escuchas esto, te amo.
Colgó el teléfono.
Tras colgar, tuvo que sentarse en el sofá. Se echó en el mismo, tirado, mirando al techo para luego tener que tomarse la cara, preocupado, dolido, angustiado por el divorcio. Fueron meses complicados, pero siente que está saliendo a flote… o al menos no se ha quedado en aquel molde de hombre derrotado.
Tiene dinero… o al menos para vivir. Entre eso y juntar el dinero para pagar la renta y servicios y la parte que le corresponde a su ex esposa por el divorcio… estaría necesitado tener otro empleo. ¿Cómo podrá sobrevivir con tan solo 400 dólares al mes? Suficiente que ha logrado terminar de alguna manera la secundaria. ¿Quién va a contratar a alguien sin experiencia?
Trabajaba en un postal de servicios. La paga no era buena, pero cuando estaba casado, todo era bueno. Trabajo es trabajo. Desde lo de su divorcio, al enterarse todo, fue despedido justamente, obligado a renunciar de hecho para evitarse costos, por su mal rendimiento laboral y su pésima actitud. Lo había destrozado y no era él mismo.
Hasta hace poco, meses después, pudo ponerse más o menos al día.
Es imposible recuperar a su ex esposa. Lo sabe. Al menos tiene a su hija… que bueno, ella tampoco le quiere ver, pero él si a ella. Por ende, debía trabajar, ser totalmente diferente y seguir adelante. Tiene que demostrar que si bien es una mierda de persona, mal padre no es.
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El sonido del teléfono sonando le había despertado.
No entiende, pero se había dormido. Pensar en la vida en cómo era antes… le hizo olvidarse de todo y se terminó durmiendo. Era un sueño lindo, pero no había caso. Se despertó y volvió a la realidad de un departamento algo vacío y sin vida alguna.
"La persona con la que intenta contactar no está disponible. Dejar un mensaje después de la señal"
—Hola. Escuché tu mensaje. Puedes pasar cuando quieras a dejar el dinero. Pero, lo de ver a nuestra hija está totalmente fuera de los planes. Sigue sin perdonarte y yo igual. Sea lo que sea que hagas ahora, no nos interesa.
Era su ex esposa.
¿Le sorprende el tono que usó? No. De hecho, le sorprende que no le haya insultado. Él lo hubiera hecho. Pero bueno. Quizás estaba esperando que ella diga algo como que le podía dejar ver su hija al menos un rato. Entiende que no quiere, entiende que tampoco venga. No se quejará por más que en el divorcio estipulaba que al menos una o dos veces por mes debe estar con el padre.
Algo despierto, y pensando muchas cosas, fue en busca de algo para fumar.
No hay nada mejor que ahogar las penas en el tabaco ¿verdad?
Es mejor eso que ahogar las penas en alcohol… ambos son malos, pero de poner comparación…
Días más tarde…
Su antigua casa.
Con la separación de bienes, era ideal que se quede con la casa. Todo estaba a su nombre, el de su ex esposa, además del coche y más cosas. No tenía problemas. Aceptó todo siempre y cuando pueda ver a su hija.
Manejarse en autobús es un dolor de huevos. Pasan tarde, es tedioso esperar… pero es lo que hay.
—Bien. Es solo darle el dinero… e irme —no dirá nada sobre que hoy temprano en su trabajo hubo recorte de personal. Él siendo el más nuevo, tristemente tuvo que retirarse. Le dieron una compensación… pero, ¿qué haces con 120 dólares?—. Verla… a ella…
Verla a ella…
Sabe que no puede… no, su hija no quiere, pero necesita verla.
Es el motor que le sigue motivando a cambiar, que las cosas sean diferentes. Tal vez es imposible volver a ser familia, pero de verla a ella…
Tocó la puerta de la casa.
Las casas en los suburbios… eran lindas casas. Lindos barrios. Lo tenía más o menos todo. Solo cuando tuvo que comenzar a viajar en autobús se dio cuenta que los mercados y demás, podrían estar más cerca.
—¿Quién…? Oh… eres tú
Era su ex esposa.
Ella fue a abrir la puerta, preguntando quién era para llevarse la sorpresa que era su ex esposo, un hombre de 36 años de edad, sin afeitar, despeinado. Al menos la ropa estaba algo bien, algo que no esperaría que él hiciera solo.
Ella, una mujer de cabellos oscuros y ojos claros, miró fríamente al hombre.
—¿Has traído el dinero?
—Sí… —sacó el dinero. Ella inmediatamente lo tomó—. Quería… ver a… Amber…
—Sabes que ella no quiere verte
—Pero, necesito al menos verla unos minutos siquiera… sabes que me corresponde… —pero ante la mirada molesta de ella, agachó la cabeza. Suspiró, negando—. Está bien… ¿cuándo la podré ver?
—Lo que resta del mes, no
—Pero, el acuerdo…
—Entiendo el acuerdo. Ella es la que no quiere verte. Sabes demasiado bien la razón —de nuevo, nuestro protagonista suspiró. Asintió y dijo que entendía—. ¿Esto es todo? —contaba el dinero. Debe pasar una parte de su sueldo. Contando esto, estando al tanto del trabajo de él, alzó una ceja—. ¿No falta más?
—Es el dinero que corresponde al mes —dijo—, me pagaron por adelantado…
—… ¿esto es una indemnización? —ante el silencio, ella se tomó la cara—. ¿Otro trabajo? ¿En serio?
—Recorte de personal
—Siempre es recorte de personal
—Esta vez, es cierto
—… y luego te preguntas la razón de no poder ver a tu hija —miró detenidamente a nuestro protagonista. Este evitó la mirada de ella—. Significa que no podrás pasar más dinero…
—… conseguiré trabajo
—¿Y piensas que te van a contratar? —se cruzó de brazos con el dinero en mano—. No te diré cómo hacer tu vida o cómo debes cambiar, pero recuerda muy bien: tú te metiste en esto.
La puerta se cerró en la cara de nuestro protagonista que no se inmutó. De hecho, le golpeó la nariz porque intentó hacer algo para evitar que no le deje ver a su hija, pero se detuvo. Sabe de sobra que ya cometió un error una vez. ¿Dos? ¿Ponerle una mano encima a una mujer?
Podrá ser muchas cosas, pero jamás pondría un dedo encima a su ex pareja.
Negando y no teniendo nada que hacer en el pórtico de su antigua casa, el hombre de 36 años sacó un cerillo de su pantalón, que siempre lleva algunos por si acaso, sacó un cigarro y se iría caminando hasta la parada del autobús para volver a su casa, abatido.
Además, descubrió que esperar al autobús y prender un cigarro hace que este venga más rápido. Es… muy raro, pero le pasó dos veces y lo sigue haciendo a día de hoy.
—Trabajo… —murmuró para sí mismo mientras caminaba—. ¿Cómo puede ser que consiga uno? Dudo que con mi expediente me quieran contratar… ¿Código postal? No, no puedo volver. ¿Repartidor? No, para nada. ¿Trabajar para algún almacén, cargando cosas? Es increíble que nadie necesite personas para dichos trabajos. No es tan valiente para subir a un barco y pescar cangrejos.
—Si tan solo… llovieran ofertas de trabajo…
De un momento a otro, caminando y menos mal que se sacó el cigarro de su boca, algo chocó contra la cara da este. El viento que había era algo fuerte, pero no para preocuparse. Ese algo que chocó contra su cara, resultó ser un periódico… no, no era un completo, era justamente una hoja en particular que chocó contra su cara.
Este al quitarse la hoja, se quedó mirando a todos lados. Creyó que alguien le tiró esto… no, no fue así. Literalmente esto vino volando hacía él.
—… —y cuando su vista bajó al recorte, no sabía si… ¿cómo te sientes o sentirías si después de decir que necesitas trabajo viene eso justo a ti?—. ¿Qué…? "Pizzería necesita guarda nocturno. En caso de querer el trabajo, ven a la dirección…"
Levantó la cabeza.
Está muy seguro que es imposible que esto venga hacía él directamente. Alguien tuvo que lanzar esto… pero, ¿quién podría hacer algo así?
¿Guardia nocturno?
Ha sido guardia, pero… ¿nocturno?
—… guardia nocturno…
Le dio una fumada a su cigarro una vez más. Sopló el humo para luego querer mirar la hija del periódico una vez más y memorizarse la dirección pero… no tenía nada en la mano. Levantó su cabeza para ver si se había volado de la misma sin darse cuenta pero… no, no había nada.
¿Qué diablos ha pasado?
No entendía nada… pero, de una cosa estaba seguro: cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
No sabía que la ventana que abrió el mismo Dios terminaría siendo la verdadera entrada hacia el infierno…
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Fredina Fazbear's Nightclub
Tuvo que mirar varias veces el letrero del establecimiento.
Está totalmente seguro que si esto es, según ha tenido que investigar antes de venir aquí, un establecimiento donde los niños pueden venir, comer pizza y divertirse con lo que pueden ser unos robots, no podría haber… ¿robots? Deben serlo; robots que tienen una apariencia… ¿muy adulta?
Entendió, también, que vienen personas adultas. Claro, algunos hermanos mayores y padres acompañando a los menores o tal vez abuelos. El lugar, según algunas personas que ha tenido el placer preguntar en el edificio donde vive, es que muchos van por la comida, así como también observar a los robots.
Buen estacionamiento, autos que van y vienen… aunque podría estar más lleno… bah, es esperable que no haya mucha gente teniendo en cuenta que apenas son las 11 de la mañana. Supone que este lugar se llenará más tarde.
—Oiga, disculpe —justo alguien que estaba por entrar, se detuvo porque le llamó—. ¿Conoce el lugar?
—¿Tú no? —admitió que no conoce nada del lugar—. Oh, pues, no te dejes llevar por el letrero. Es un restaurante familiar —alzó una ceja. ¿De verdad? Miró de nuevo el gran letrero del lugar—, sí, sí, es difícil de creer. Pero te aseguro que una vez que entres, te darás cuenta que es todo lo contrario
—¿Y la gente…?
—Oh, la gente sabe… o eso creo —respondía el hombre—. Yo suelo venir normalmente por los desayunos. No hay mucho lío, es un lugar tranquilo… aunque ya son pasadas las 11… —suspiró. Nuestro protagonista se sentía culpable porque seguro le detuvo y le hizo perderse el desayuno—. Ah, pero, respondiendo a tu pregunta de nuevo: establecimiento familiar.
—Okey…
—Si no tienes nada más…
Le negó. Sus dudas fueron despejadas y el hombre se adentró en el local. Él, por su parte, se quedó admirando una vez más el letrero, con dudas si es en serio lo que dijo que es nada que ver en lo que dice el título, suspirando, se adentró a dicho lugar.
¿Esperaba algo raro?
A ver, por el nombre… uno esperaba un establecimiento para personas adultas… no, era realmente un lugar donde niños y quizás algunos pre adolescentes vendrían aquí acompañados. ¿Solos? Supone que personas vendrán con el permiso de sus padres. Después de todo, muchos niños vienen aquí…
¿No?
Era obvio que él desentonaba bastante con el ambiente infantil. Podría verse muchos dibujos de niños colgados en las paredes, dibujos que retrataban a los robots que están aquí. Cuando vio a cada uno de estos…
—… ¿esto son robots? —se dijo a sí mismo—. El que los haya creado… sabía lo que hacía
—Oh, muchas gracias por el cumplido —un hombre habló detrás de nuestro protagonista. Este se giró. Tuvo un pequeño sobresalto. Dicho hombre estaba… sin pestañear y con una gran sonrisa—. ¿Puedo saber qué hace aquí, señor?
—Quise… ver el lugar. El letrero… me llamó bastante la atención…
—Espero que tu curiosidad sea una sana, señor —sus manos estaban detrás, detrás de su espalda—. Ha habido hombres como tú, confundidos con el nombre del lugar. No les culpo, pero nuestro establecimiento es conocido por la ciudad. Dime, ¿qué eres tú? ¿Un hombre que viene a buscar algo que no hay o vienes a probar nuestros desayunos? Oh, no es horario, pero podrían haber excepciones…
—Eh… —sacó de su bolsillo el recorte del periódico que tenía. Era justamente dicho anuncio de la búsqueda del guardia—. Tengo esto. ¿Ustedes hicieron esto?
—¿Esto? —tomó el papel. Cuando lo vio, no tenía memoria de haber hecho el anuncio… pero luego, sus ojos se abrieron de par en par, asintiendo—. Oh, sí, sí, somos nosotros los que pusimos esto. ES genial que justo me hayas conocido
—¿En serio?
—Claro —le dio el papel otra vez. No, lo hizo un bollo y lo tiró al cesto de basura más cercano. Falló—. Soy William Afton —dijo el hombre, alguien alto y un tanto delgado—, soy el gerente de Freddy Fazbear's Dinner…
—¿El nombre…?
—Queda más hermoso el que tiene, pero todos nos conocen con el que he dicho —este se hizo a un costado. Le indicaba el camino—. ¿Vamos? Te haré una entrevista…
—… está bien…
William seguía detrás de nuestro protagonista, indicándole el lugar donde está su oficina y donde se llevará a cabo la entrevista… algo que no sabía que sí, como se dijo antes, una ventana fue abierta, pero no sabiendo que dicha ventana no llevaba al cielo sino al mismísimo infierno…
