Capítulo XV
"Imposible"
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No pensé que fuera tan fácil
Encontrarte y que de nuevo se despierte mi pasión
No, no he podido olvidarte
Ya no hay forma de mentirme, lo que siento es amor (*)
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Observó como el hombre de cabellos negros yacía sobre su cama. Su rostro pálido, ojeras profundas y oscuras, no tenía un buen semblante. La expresión en su rostro le decía que no había paz en sus sueños. Quizás, el alcohol lo ayudaba a olvidar durante el día, pero daba lo mismo mientras dormía. Que cruel era el destino con aquel par de amantes. ¿Acaso, algún día, podrían llevar una vida normal, tranquila, feliz?
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Era una noche clara, ni una nube en el cielo. La Luna brillaba con intensidad. Se acercó al hombre, que permanecía observando el horizonte, apoyado sobre la baranda del amplio balcón al que daba su alcoba. Lo observó en silencio, desde la entrada al balcón.
-Endymion…- dijo, casi en un susurro. El hombre lo escuchó, pero no volteó a verlo, ni siquiera cambió su postura. -Sabes que es imposible…- continuó, tras algunos segundos de silencio. - ¡Ella es una diosa!
-Nos amamos. - respondió él, sin voltear. Bajó su cabeza para observar el jardín de rosas del palacio. Kunzite suspiró. - ¿Acaso es eso un pecado?
-No es pecado ni delito si no daña a los demás... Pero les hará daño a ustedes. Hay amores que sólo pueden vivir en nuestro corazón, pero no en nuestra vida.
-Dime, Kunzite... ¿te has enamorado alguna vez?
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Sintió deseos de llorar. En aquel entonces, no imaginaba lo que iba a significar para sus vidas el ayudarlos a vivir ese amor clandestino. Sin embargo, si tuviera la oportunidad de revivir el pasado, volvería a hacerlo, sólo por ver la felicidad de los príncipes en esos meses en los que pudieron vivir su amor.
¿Se quedaría a velar su sueño? ¿Lo haría? Había algo que no lo dejaba tranquilo. No podía dejarlo solo, estaba seguro de que ella lo asechaba. Pero ¿acaso había forma de convertirse en su sombra? Después de todo, él no era su príncipe. Era una persona adulta en un mundo moderno, totalmente independiente y con toda una vida armada. Suspiró. El aire se sentía tenso. Podía sentir una poderosa energía maligna.
El sonido del timbre lo hizo sobresaltar. Estaba demasiado nervioso, alerta. ¿Quién podía estar llamando a esas horas? ¿Debería abrir, considerando que no era su casa? El timbre volvió a sonar. Se acercó a la puerta. Se decidió a abrirla. Para su sorpresa, al hacerlo, se encontró con los ojos azules de la líder de las Senshi.
-Minako… ¿Qué haces aquí? —preguntó, deteniéndose en esos ojos tristes.
-¿Qué haces tú aquí? - respondió ella, ingresando al departamento. - ¡Encontraste a Mamoru! ¿Le pasó algo?
-Está bien, pero…- Kunzite bajó la mirada.
-Pero ¿qué?
-No lo sé… Algo no está bien en él, pero… no estoy seguro…- Minako lo observó en silencio. Lucía abatido, pudo notar el temor en sus ojos. -No te preocupes. - dijo de repente, como notando lo que ella sentía. - No dejaré que nada le pase… Me quedaré con él toda la noche… Ha bebido demasiado, es mejor que no esté solo.
-Me quedaré contigo. - ella lo miró fijo a los ojos. Estaba decidida. Esa mirada, realmente era la misma mirada de ella.
-No tienes que hacerlo. -Ella retiró su mirada de la suya. Pudo notar que tenía deseos de llorar. Pero intentaba demostrar que era fuerte, que podía con todo.
-Yo… no pude evitar que Usagi… -dijo, conteniendo sus lágrimas. - No permitiré que vuelva a pasar. No puedo permitir que algo le pase… Si fuera así, Usagi… Protegerlo a él es una forma de hacerlo con ella también. - Kunzite notó la angustia en ella. Se acercó para intentar acariciar su rostro. Pero ella se hizo para atrás rápidamente. Volteó de prisa, para sentarse en el sillón, con una sonrisa en su rostro, como si nada. -Será una larga noche, deberíamos encontrar algo que hacer... no sé, quizás... ¿algún juego de mesa?
Pasaron horas hablando de sus vidas, de todo aquello que desconocían el uno del otro. Para cuando el sueño los estaba venciendo, Minako decidió preparar algo de café. Expreso, casi tan negro como el corazón de Beryl, de ese que solía comprar Mamoru para sus largas noches de estudio. Se sentaron a la mesa a beberlo, en silencio.
Él la observó durante largo rato. Sus largos cabellos rubios, esos ojos azules tan expresivos, su rostro angelical. Ella era tan perfecta que parecía un sueño. Un sueño imposible, justo como lo era Venus.
-¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas como paso…? - preguntó de repente. Minako se sorprendió con la pregunta, pero no pudo evitar perderse en esos ojos azules que tanto la cautivaban. Sus mejillas se tiñeron de color carmesí al entender el recuerdo que estaba evocando.
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-¡Estás loca Serena! -
-¡Por favor, Venus! ¡Eres mí mejor amiga! ¡Necesito que me cubras en esto!
-Si, ¡pero también soy tu guardiana! ¿Tú y el príncipe juntos, a solas y lejos de todo? ¿Cómo se supone que debo permitir eso? ¿Sabes que haría tu madre si se entera?
-Por eso necesito que me cubras. – Venus hizo una mueca de disgusto. Serena siempre lograba convencerla de que la siga en las locuras más grandes, pero esta vez era demasiado. - ¡Oh! ¡Vamos! Todo estará bien. Endymion es un caballero, ¡no haremos nada malo! Además…- Serena le hecho una mirada pícara a su amiga. – Kunzite estará ahí… sabes que Endymion no sale solo… Así que tú y él podrán estar a solas… - el rostro de la Senshi se puso rojo como un tomate.
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-Eras tan seria, tan responsable… tomabas tu trabajo tan a pecho, no te dabas ni un respiro para relajarte. – Minako sonrió. En cierta forma, en esta vida era bastante parecida. Hasta que la conoció a ella. Usagi había logrado lo impensado, que fuera feliz, que viva la vida más allá de sus responsabilidades. Tal como, antaño, lo hacía Serena.
-No sé cómo lo permitimos, ¡Aquello fue una locura! ¡Ya era demasiado que una diosa se enamore de un mortal!
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-¡Esto está mal, muy mal! ¡Kunzite no podemos permitirlo! – Venus caminaba de un lado otro, estaba muy nerviosa. El joven caballero la tomó por los hombros con dulzura.
-Ya cálmate, Venus, ellos están bien. Mi sensei jamás le haría daño.
-Lo sé, pero, aun así… ¡esto no está bien! Ellos... no deberían hacerlo...
-Se aman, Venus… aunque su amor este prohibido. Se aman con locura… Tanto como yo te amo a ti…- dijo acercando su rostro al de ella.
-Kunzite…
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-Se amaban, por eso lo permitimos. Ella le devolvió las ganas de vivir a mi sensei.
-Tenías la mente muy abierta para aquellos tiempos.
-¿Acaso crees que las cosas hubieran sido diferentes si no consensuábamos ese amor?
-No… claro que no. Ella se hubiera quitado la vida del mismo modo si acaso no podía volver a verlo. - Suspiró, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. - El destino siempre ha sido muy injusto con ellos, tal parece que no deben estar juntos.
-La quieres demasiado.
-No creo poder con esto, yo… no soy tan fuerte como ella.
-Eres fuerte, y valiente… y no estás sola, siempre estaré contigo...
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La luz del sol se filtraba entre las finas cortinas. Abrió los ojos con cierta dificultad, sólo para notar que sentía un fuerte dolor de cabeza. Otra mañana de resaca, cómo tantas en su vida. Pero, había algo diferente esa mañana. Al sentarse en la cama, notó que su cuerpo estaba desnudo. Sus mejillas se tiñeron de rosa al recordar lo que había pasado la noche anterior en aquel cuarto. Tocó sus labios con la yema de sus dedos, mientras esbozaba una sonrisa. Algunos flashes de esa noche de pasión se dibujaron en su mente. Hacía tiempo que no sentía de esa manera.
Miró a su alrededor. Él ya no estaba, tampoco su ropa. ¿Por qué le importaba? Después de todo, era ella la que se encargaba de echar por las mañanas a todo aquel que compartía sus sábanas durante la noche. Pero con él era diferente, de verdad hubiera deseado despertar a su lado esa mañana.
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-¿Por qué te fuiste? - preguntó de repente. Koichi se sorprendió con la pregunta. Había evitado hablar del tema, pensando que, quizás, ella ni siquiera lo recordaba. - Desperté y ya no estabas... ¿por qué te fuiste?
-¿No es eso lo que siempre buscas en los hombres? Sólo una noche y que no vuelvan a aparecer en tu vida...- respondió, resignado a ser sólo un hombre más en su vida. - No debí permitirlo...
-Es que... ¿te arrepientes?
-Claro que no... pero hubiera preferido que fuera de otra manera.
-¿A qué te refieres?
-¿Fue por el alcohol? ¿O fueron los sentimientos de Venus los que te impulsaron a hacerlo?- Minako se sonrojó con el comentario. Claro que fue el alcohol. El alcohol que le impidió negar sus sentimientos, como siempre solía hacerlo.
-No tienes una idea de cuánto te ame… pero, así como te ame también te odie, por todo lo que pasó después. Jamás pude perdonarte… No sé si algún día pueda hacerlo…
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El aroma a flores silvestres se mezclaba con el aire puro proveniente del mar, mar que se encontraba a un par de kilómetros del lugar. Respiró profundo, como intentando que sus pulmones se llenen con ese aroma que tanto amaba.
-Este lugar es hermoso. - dijo, mientras recorría con la mirada el campo de flores. Las había de todas las formas y colores. Él la conocía a la perfección, sabía lo que le gustaba, lo que la hacía sentir mejor. - Jamás pensé que en la Tierra podía haber un lugar así.
-Dime, ¿cómo es el Milenio de Plata? - preguntó, con una sonrisa en su rostro. Muchas habían sido las veces que había soñado con ese reino. El lugar donde habitan los dioses protectores, de seguro debía ser un lugar de ensueño.
-Pues... comparado con esto...
-En serio...
-Lo digo de verdad, la Tierra es hermosa, aun fuera del Reino Dorado.
-¿Júpiter entonces?
-Bueno... a decir verdad, no tengo muchos recuerdos de mi vida allá. Era sólo una niña cuando me mudé al Milenio de Plata, para que me entrenen como la guardiana de Serena...
-Entiendo, también fui entrenado desde pequeño... Es triste, todo nuestro existir es sólo por ellos, es como que no tuviéramos derecho a hacer nuestras vidas, ser felices... Amar. - Él se acercó, acarició su rostro con dulzura. Ella sonrió, se perdió en esos expresivos ojos verdes, esos ojos en los que podía leer todo ese amor que él sentía por ella.
-Oh, no es así... Serena...
-A ella le pasa lo mismo. Su amor es prohibido... como el nuestro. ¿Una diosa con un mortal? ¿Cómo crees que acabará esa historia? ¿Acaso es bonito amarse a escondidas?
-Yo creo que el amor puede romper todas las barreras.
-A veces, no basta solo con el amor.
-Hay algo que debo decirte, Nephrite…- El hombre de cabellos castaños volteó a verla. La expresión en el rostro de su amada le hacía suponer lo peor.
-Me estás asustando… ¿Qué ocurre?
-Es que yo… Yo… estoy embarazada…
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Tocó su vientre. Recordaba aquella sensación de sentir a un ser allí adentro. No llevaba ni tres meses cuando tuvo lugar la cruel batalla en la que perdería la vida ¿Acaso su bebé tendría, algún día, la oportunidad de renacer como había renacido ella? Suspiró. En aquel entonces, la única que supo de su embarazo, además de Nephrite, claro, había sido Mercuri. Si Serena hubiera sabido, seguramente le hubiera impedido luchar, protegerla. No podía darse ese lujo. ¿Qué pasaría si la historia volvía a repetirse? A decir verdad, nunca se había imaginado con una familia, con hijos. Si lo había soñado, pero de un sueño a verlo como un futuro posible. Después de todo, ella era una senshi, se debía a su princesa. Después de todo, Nephrite tenía razón.
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Caminaban por el centro de Juuban, viendo escaparates. Llevaba algunas bolsas con flores artificiales, que había comprado para los centros de mesa de la boda de Usagi y Mamoru. Él se detuvo en una tienda de ropa de bebés, haciendo que ella también se detenga.
-Mira… ¿no es adorable ese conjunto? - dijo, con una sonrisa. Mientras señalaba un maniquí vestido con un ajuar celeste. Ella observó con algo de confusión. - ¿Nunca has pensado en ser madre? - le preguntó, tomándola por sorpresa.
-Bueno… a decir verdad, nunca he pensado demasiado en el futuro. - confesó. Pues el único futuro que conocía era el que la ponía como guardiana de Usagi en Tokio de Cristal.
-Pues… a mí me encantaría que tú fueses la madre de mis hijos…- dijo, con una sonrisa.
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Un hijo con Motoki. ¿Por qué no? De repente comenzó a sentir deseos de ser madre. ¿Acaso su vida como Senshi de Usagi era compatible con la maternidad?
-¿En qué piensas? - preguntó él, mientras la abrazaba por la espalda. Ella lo observó a través del reflejo que el espejo frente a ella le devolvía. Sus cabellos estaban revueltos, así como lo estaban los de ella. Él levaba el torso desnudo. Ella, un remerón que apenas llegaba a tapar las bragas que llevaba debajo.
-Sólo... pensaba en el futuro…
-Creí que el futuro era algo en lo que no querías pensar… que preferías vivir el presente. - Makoto se separó de él, para voltear a verlo.
-Siempre estuve segura de que mí futuro sólo era ser la guardiana de Usagi… Hasta que entraste en mí vida. Pero ese futuro como guardiana siempre estuvo ahí, asechando, por esa razón, elegí solo vivir el presente.
-Pero, aún una guardiana tiene derecho a ser feliz, a formar una familia, ¿no es así? – Makoto sonrió. Realmente no estaba tan segura de que fuera así. Se sentó en la punta de la cama.
-¿Recuerdas cuando me dijiste que soñabas con que tengamos hijos?
-Aún sigue siendo mí sueño.
-¿Sabes? Tengo vagos recuerdos del Milenio de Plata... Pero, desde que ellos aparecieron, mis recuerdos han estado llegando a mi mente, uno tras otro. En aquel momento… Yo… es decir... Júpiter... estaba embarazada... - tapó su rostro con sus manos, tratando de ocultar sus lágrimas. - Ahora entiendo... es por eso... que siempre tuve miedo a ese deseo tuyo de formar una familia... Si pasara de nuevo... aun así tendría que luchar y... entonces...- ella no pudo continuar. Motoki se acercó a ella y la abrazó con fuerza.
-Pero no fue tu culpa... y no tiene por qué volver a pasar.
-Lo sé... Aun así...
-Entiendo que no es el momento, jamás fue mi intención presionarte a hacer algo que no deseas. - Makoto se separó de él para mirarlo a los ojos.
-Es que no entiendes... no hay nada que deseara más en esta vida y en todas las que le sigan... pero... no sé si sea posible... Pase lo que pase, siempre seré la guardiana de Usagi, mi vida le pertenece a ella completamente... Quizás, deberías buscar a alguien más...- Motoki se arrodilló frente a ella, para poder mirarla frente a frente.
-Yo te amo, Mako... pase lo que pase...- dijo, tomando su rostro con ambas manos. - ¿O es por él?... Era suyo, ¿no es así?... ¿Es que... aun lo amas? - Ella se puso de pie, molesta, incómoda. Dio algunos pasos hasta quedar frente al tocador. Él pudo notarlo.
-No debí contarte... no debí hacerlo... Ya te lo he dicho...- dijo ella, volteando a verlo. - ¡Júpiter lo amo! ¡Mucho! Pero... yo no soy ella.
-Lo siento... Pero ¡entiende! ¿Cómo te sentirías tú si alguien que ha significado mucho en mi vida estuviera de vuelta?
-¿Y no es así?
-¿A qué te refieres?
-Vi tú expresión cuando viste a Reiko en la televisión, cuándo supiste que había vuelto de Egipto... ¿crees que no me di cuenta?
-Amor...
-Vete, Motoki...
-No, espera... Hablemos...
-No quiero hablar ahora... sólo vete, déjame sola...- Motoki suspiró. Tomó su camisa y su mochila y salió de la habitación.
Ella se sentó en la cama, observando como hipnotizada, la puerta por la que había salido el hombre. ¿Qué demonios estaba pasando con ella? Si hasta hacía apenas unos días estaba segura del amor que sentía por Motoki. Jamás en el tiempo que llevaban de novios habían discutido de esa manera.
Los recuerdos de Júpiter la estaban atormentado demasiado. Recuerdos de un amor prohibido, imposible. ¿Un amor que había atravesado las barreras del tiempo?
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N/A
OMG Lo volví a hacer. La idea en este capítulo era introducir la acción, pero acabé escribiendo casi 3000 palabras de absolutamente nada. Si incluía lo que tenía planeado para este capítulo, ya se haría demasiado largo y ustedes ya no tendrían ganas de leer, de modo que tuve que dejarlo para el próximo capítulo, y retrasar un capítulo más, el resto de la historia de la "enemiga de turno". Espero que estos inconvenientes no hagan esta historia demasiada larga y aburrida, (o confusa). Lo siento si los mareé con tantas ideas y vueltas, pero realmente amo las historias que intercalan presente y futuro... aunque sé que a muchos eso los confunde, es por eso que hago un cambio de tipografías y "encierro" los recuerdos con corazones. Por si no lo entendieron, lo escrito con cursivas son flasbacks de cosas que pasaron con anterioridad.
Ojalá no les haya resultado aburrido el capítulo y a los fans de Júpiter (en especial a Aracox), espero les haya gustado este pedacito de la historia de triángulo amoroso.
Nos leemos el próximo capítulo
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(*) Amor Imposible – Q'Lokura
