PRIMERA IMPRESIÓN
Aquella mañana su padre apareció frente a la puerta de la oficina, lo saludó e hizo un par de preguntas irrelevantes antes de animarse de preguntar si tenía noticias de su madre; algo que terminó de confirmarle que en efecto, aquel era el motivo de la visita de su papá. Recordó su conversación con Birgit la noche anterior, sin importar si le agradaba o no la idea, sabía que su amiga tenía razón.
—Es mejor que hablemos adentro —dijo Andy utilizando un tono de voz neutro que intentaba no mostrar ninguna emoción; algo que alertó al pelirrojo, quien se apresuró a entrar a la oficina, siendo seguido por su hijo.
El chico se aclaró la garganta antes de hablar.
—Aún no la he llamado hoy —dijo el jóven Príncipe — Papá ¿Qué es lo que está pasando? — preguntó Anders intentando ir directo al punto.
—No lo sé Andy, ella no ha querido hablar conmigo — el sureño bajó la mirada y se llevó una de sus manos a la frente —, me preocupa que…
—Tu sabes algo ¿Cierto? —lo interrumpió su hijo — O al menos tienes una teoría de que es lo que provocó que mamá saliera huyendo de ese baile.
—Mientras estábamos bailando, yo la notaba distraída — admitió —, pero no sé porqué estaba así, le he preguntado pero ella insiste en que ésta bien — dio un par de pasos sin un rumbo fijo —, lo que sí sé, es que durante el baile ambos escuchamos a una persona murmurar sobre el hecho de que…bueno, tu sabes…que ella…y yo…
—Me tuvieron sin estar casados — Hans asintió con la cabeza — Hay algo más, ¿Cierto?
—No puedo decirte, a Elsa…a ella no le gusta hablar del tema y le prometí…— titubeó sin saber que tanto podía contarle sin que hubiera marcha atrás —, le pregunté si ese tema era la razón por la cuál estaba actuando de esa manera, dijo que no, pero lo cierto es que no se me ocurre algo más.
—No sé qué ocurrió entre ustedes, y posiblemente jamás lo llegue a saber — El pelirrojo creía que había empezado a temblar al escuchar las palabras de su hijo — es como tu dijiste, a mamá no le gusta hablar del tema — Andy hizo una pausa —, pero se que sea lo que sea que haya pasado…eso la lastimó mucho —no fue capaz de decir más, sintiendo que si continuaba hablando comenzaría a llorar.
Se sentía triste, molesto, preocupado, furioso, impotente y vulnerable. Deseaba llegar hasta el fondo de la verdad, aunque lo detenía el miedo a que la verdad fuera demasiado dolorosa como para poder soportarla.
¿Conocer la historia de sus padres cambiaría la manera en que los veía?
¿Era posible que sintiera amor y odio por su padre al mismo tiempo?
¿Su vida seguiría siendo la misma si se enterara de la verdad?
¿Él seguiría siendo él mismo?
—Sé que le hice mucho daño y ella no no merecía — dijo Hans —, y sé que no ha sido fácil para ella, y jamás lograré perdonarme a mí mismo por muchas cosas de mi pasado — desvió la mirada, sintiéndose muy avergonzado —, pero de verdad, ella…estos últimos años pensé que ella estaba bien, feliz, y me preocupa que…sólo quiero asegurarme de que ella esté bien, tranquila, y sea feliz.
—Quiero lo mismo —dijo Andy —, sé que Ostein está con ella, y que si algo anda mal, él me lo dirá inmediatamente, aún así, me gustaría haberla acompañado — suspiró — y realmente desearía no sentir que todo esto es tu culpa — pensó, sin animarse a decirlo en voz alta.
—¡Buenos días Berlín! — Gritó Ostein al abrir la ventana de la oficina de golpe, causando gracia a la Reina, quien hizo un mayor esfuerzo para no soltar una pequeña risa.
—No olvides que debes comportarte, no quiero problemas ¿De acuerdo? — le recordó Elsa.
—¿Cuándo le he causado algún problema? — Ella alzó una de sus cejas — No responda — Esta vez, ella sí se permitió liberar una risa —. Me comportaré — prometió Ostein —, de verdad me tomo esto en serio, pero eso no significa que deba ser un viaje aburrido.
—Tienes razón, no hay necesidad de que sea aburrido —dijo ella —, siempre y cuando recuerdes mantener la calma, no crear ninguna escena, por favor no pierdas la compostura — Ostein asintió con la cabeza —. No estamos de vacaciones y hay muchas personas aquí a quienes más vale no molestar.
—¿No se supone que todos aquí estamos en el mismo equipo?
—No todas las naciones aliadas a la república son aliados de Arendelle —le hizo saber a su asistente — y no todos están del todo contentos de que estemos aquí, así que hay que ser precavidos para no darles alguna razón para justificarles el pedir que ya no formemos parte del senado.
—Serían unos completos estúpidos si hicieran algo como eso.
—¡Ostein! — Elevó un poco la voz para dejarle en claro que no era correcto que hiciera esa clase de comentarios — Sé qué en Arendelle la mayoría ya no le teme a mis poderes, pero no es así en el resto del mundo. — Dijo como si aquello fuera posible de olvidar — Y bueno, perdí el control de mis poderes en el pasado, congele mi propio reino y a mi hermana, es entendible que muchas personas no me quieran cerca.
—Eso pasó hace muchos años y usted ya controla sus poderes.
—Si, así es — sonrió débilmente —, el problema es que el hecho de que mis poderes están ligados a mis emociones no es precisamente un secreto, en general muchas personas no están de acuerdo con que una mujer tenga poder político porque se nos considera demasiado emocionales — añadió —, así que…no, la mayoría no se encuentra cómodo con la idea, para ellos resulta aterrador.
—Pues me parece que para ser representantes de importantes naciones, son demasiado cobardes — canturreó el muchacho.
—Ostein — repitió su nombre para llamarle la atención — Dicen que las paredes tienen oídos, así que será mejor que evites decir en voz alta esa clase de frases.
—Que espere a que estemos en el barco de regreso a Arendelle para compartirle mis opiniones, anotado — bromeó el muchacho.
—En definitiva no tienes remedio — rió la Reina — En fin, la reunión no se llevará a cabo sino hasta mañana, así que puedes aprovechar el día para salir a tomar un paseo si así lo deseas.
—Podría — hizo un movimiento de hombros en señal de despreocupación —. ¿Eso hará usted? No pensará pasar el día aquí encerrada ¿O sí?
Antes de que ella tuviera oportunidad de pensar en su respuesta, unos golpes a la puerta los hicieron mirarse entre ellos con desconcierto en sus miradas.
—Adelante — dijo Elsa con duda en su voz.
La puerta se abrió y un hombre que ninguno de los dos reconocía entró a la oficina, aparentaba tener una edad cercana a la de Elsa, tenía el cabello castaño, ojos marrones, era de complexión delgada y era alto, pero lo más notorio era que parecía confundido, como si no supiera decir o quizá había tocado a la puerta equivocada y no encontraba la manera de irse sin ser descortés.
—¿Sí? — Preguntó Elsa, esperando así lograr que el hombre reaccionara.
—Yo… bueno, asumo que usted es la Princesa Liv de Baybiron — habló el hombre —, la representante de Arendelle, ¿Correcto?
—No, es decir, usualmente es ella quien viene a las reuniones — respondió la rubia, quien hasta ese momento cayó en cuenta de que el amuleto que anulaba sus poderes estaba en la recamara —, yo soy la Reina Elsa de Arendelle — se presentó y aquel sujeto pareció estar al borde del pánico — ¿Usted es…?
—Zack — respondió sin pensar — es decir, Zackary — corrigió — Príncipe Zackary Aldridge de Wyvernhold.
Elsa se desconcertó un poco ya que si no mal recordaba, aquel nombre lo había escuchado anoche y pertenecía a uno de los hombres que ingresó en las habitaciones designadas a Hyrule; una nación que ya no tenía la monarquía como forma de gobierno y le parecería extraño que eligieran a un Príncipe como su representante ante el congreso.
—Usted debe ser el Príncipe Anders Westergard — dijo Zackary enfocando su mirada en Ostein.
—No, yo sólo soy el asistente de su Majestad — el muchacho miraba con cierta desconfianza al hombre — Mi nombre es Ostein Espanaes.
—Un gusto conocerlos a ambos, lamento las confusiones — se disculpó —. Lo cierto es que yo venía a disculparme — Ostein alzó una ceja sin saber a qué se refería puesto a que jamás lo habían visto antes — Anoche me sobrepasé con el alcohol, pero no lo suficiente como para olvidar mis acciones y me disculpo por haberla importunado.
Ostein abrió los ojos lo más que pudo, sorprendido ¿Elsa y ese hombre se habían conocido la noche anterior?, pero, si él ni siquiera sabía quién era ella y viceversa.
—No se preocupe, no tiene importancia — habló ella.
—La tiene, o al menos eso considera mi amigo —rió con algo de incomodidad —. Él estará furioso si se entera que se lo dije, de hecho, creo que si se entera que vine a hablar con usted estará bastante molesto conmigo — continuó hablando —, pero por si acaso es útil decirlo, mi única relación con el Hyrule es que soy amigo del senador y él tuvo la mala fortuna de coincidir conmigo anoche y verse en la penosa necesidad de cuidar de mí.
—Gracias por comentarmelo — aunque para ella todo ese momento aún le resultaba extraño.
—Entendería si usted prefiriera no relacionarse con alguien que permite que la bebida no arrastre hasta ese punto, pero mi amigo no debería pagar las consecuencias por mis acciones — respiró profundo —. Quizá no debería ser yo quien le diga esto, pero el Presidente de Hyrule está interesado en aliarse con Arendelle y en definitiva seré considerado un enemigo de la nación si les arruino esa posibilidad.
—Bueno…supongo que será algo que se discutirá con el tiempo — intentó conservar la calma, era consciente de que el Rey Dark había muerto años atrás y que los miembros del nuevo régimen no necesariamente tenían que compartir las ideas que él tenía, aún así, no sabía si se sentiría cómoda con la idea de tenerlos como aliados.
Hyrule le había declarado la guerra a Arendelle años atrás y era un periodo de tiempo que aunque corto, fue demasiado traumático tanto para Andy como para ella, y también sería algo que tendría que consultar con el Consejo y pensar en los habitantes de Arendelle; quienes sin duda tampoco habrían olvidado aquel suceso.
—No la molesto más, seguro tiene cientos de pendientes y no deseo robarle más de su tiempo —se despidió, caminando hacía atrás con torpeza y chocando con la puerta en el proceso antes de salir de la oficina y dejar a Ostein y Elsa solos nuevamente.
—Vaya eso fue raro — habló el muchacho — ¿Acaso anoche saliste a beber? ¿Sin mí? — preguntó burlón — Al parecer alguien sí que vino a divertirse a Berlín.
—No salí a ninguna parte, no empieces con tus insinuaciones — respondió a la defensiva —. Y te aseguro que no lo conozco, simplemente anoche no podía dormir y vine a leer aquí, cuando escuché ruidos en el pasillo y cuando abrí la puerta nos vimos, pero fue todo — explicó.
—Sólo la estaba molestando, sé que no sería capaz de hacer algo como eso — rió Ostein — Usted es demasiado aburrida como para siquiera pensar en hacerlo.
—¡Oye! — Reclamó Elsa.
—Pero lo cierto es que, ese sujeto se acordó de usted a pesar de que sólo la miró un momento, en medio de la oscuridad y estando ebrio — por la expresión en su rostro, Elsa asumió que estaba a punto de escuchar otro de los chistes de mal gusto del jóven —, si que usted sabe dejar una gran impresión en los hombres, Elsa de Arendelle sigue en el juego ¿Quién lo diría?
—Para ya — lo detuvo en seco —. No quiero escuchar ni una broma más de ese estilo.
Ya era mediodía cuando Otsein tomó la decisión de salir a recorrer las calles de Berlín por su cuenta, Elsa se abstuvo de acompañarlo, tan sólo deseando que el jóven no se viera envuelto en ningún problema o malentendido por no dominar el idioma. Ostein no había insistido demasiado en convencerla de acompañarlo; algo que ella agradeció.
Si bien parte de su plan era conocer la ciudad, había preferido dejar los paseos para después de la reunión, quizá era algo paranoica o pesimista, al pensar que si elegía recorrer Berlín en la primera oportunidad que se le presentara algunos dignatarios asumirían que ella no le daba la seriedad e importancia necesaria al motivo que convocó su presencia en aquel sitio. Así que había pasado la mañana y el inicio de la tarde recorriendo áreas específicas del edificio, manteniendo cortas y cordiales conversaciones con personas que parecían haber tenido la misma idea que ella, hasta que su recorrido finalizó en los enormes jardínes del congreso.
Antes no había tenido oportunidad de estar allí, creía que la última vez que estuvo en Berlín ni siquiera pudo verlos desde la distancia, ya que aquella vez el imprevisto del ataque terrorista cambió radicalmente los planes que se tenían originalmente; incluido el hecho de que su estancia allí fue muy corta ya que en esa ocasión lo único que ella deseaba hacer era volver a casa lo más pronto posible y abrazar a Andy.
Pero en esa ocasión sería distinto; o al menos eso era lo que se repetía a ella misma cada que un mal recuerdo aparecía con intención de mortificarla, cómo era de esperarse, la seguridad del lugar había sido aumentada y no debería haber nada por lo que preocuparse, podía intentar relajarse un poco.
El diseño de los jardínes era simplemente impresionante, era evidente que se cuidaba hasta el más mínimo detalle y eso se reflejaba en la belleza del paisaje, si bien, los jardínes del castillo en Arendelle eran bellos, aquello era algo que parecía sacado de una pintura.
—¡¿Qué fue lo que hiciste?! — Ella y todos los presentes se giraron al escuchar tal exclamación a sus espaldas. La escena con la que sus ojos se encontraron fue al Príncipe de Wyvernhold siendo sujetado por el cuello de su camisa por un hombre al que ella no había visto antes.
El Príncipe Zackary alzó ligeramente sus manos antes de girar levemente a su alrededor.
—Todos nos están observando, debo de hacértelo saber — dijo el hombre, sin embargo eso no ayudó a que su acompañante lo soltara. Los ojos marrones del Príncipe se posaron en ella por solo un instante antes de desviarse, sin embargo un segundo después los ojos del hombre regresaron a ella y se abrieron lo más que pudieron — ¡Reina Elsa! — Gritó y esta vez, su acompañante lo soltó de manera instantánea.
Si fuera posible asesinar con la mirada, sin duda el hombre que acompañaba al Príncipe Zackary ya lo hubiese por lo menos herido de gravedad. Ninguno de los tres decía nada, y Elsa empezaba a notar que el resto de las personas a su alrededor los observaban con demasiada curiosidad.
—Yo, y-yo…habría jurado que era rubia — esta vez, él parecía ser quien se encontraba desconcertado, claro, Elsa había olvidado el pequeño e insignificante detalle sobre que aquella mañana ella no estaba usando su amuleto.
Su acompañante te dio un ligero y casi imperceptible golpe en el hombro para reprenderlo.
—Debo haber visto mal a causa de la resaca — comentó sin pensarlo demasiado, obteniendo a cambio otro golpe por parte del hombre a su lado — No…es decir, ¿Quién dijo algo sobre alcohol? — titubeó — No traigo conmigo mis lentes así que debí haber visto mal, además, ¿A quién le gusta el cabello rubio?
—Callate por el amor de Dios — murmuró el otro hombre, a sabiendas que había más de una persona rubia presente en ese momento.
—El cabello castaño es hermoso y no lo digo sólo porque sea mi color de cabello — continuó hablando, parecía que no le importaba demasiado lo que decía su amigo o simplemente yo podía detenerse — Se ve hermosa con el cabello castaño, sin duda le favorece.
— ¡Zack! — Le reprendió su acompañante mirándolo con severidad.
—Gracias, Alteza — habló ella con incomodidad.
—Tal parece que no fuimos los únicos que tuvieron la idea de recorrer los jardínes, una gran casualidad ¿No le parece? — cambió de tema sin importarle demasiado lo bochornoso de la conversación previa.
—Así parece, sin duda es un lindo día y creo que varias personas no dejaron pasar la oportunidad de visitar los jardínes — respondió la mujer, Elsa enfocó su mirada en el desconocido sin saber si debía preguntarle directamente su nombre o esperar a que fuera él quien tomase la iniciativa.
—Sin duda el clima de esta tarde es favorecedor para un paseo —dijo Zackary — ¿No lo cree así, señor Neumann? — preguntó por primera vez dirigiéndose hacía su acompañante.
—Sin duda — respondió el otro de manera cortante, era evidente que estaba en desacuerdo con el comportamiento de su amigo y aquello no lo tenía del todo contento. — una disculpa si mi amigo la ha importunado, en ocasiones olvida cómo comportarse.
—No se preocupe — Elsa sonrió levemente para dejar en claro que no se sentía ofendida ni deseaba que aquello escalara en algo negativo.
—Permítame presentarme, Emmerich J. Neumann — dijo antes de hacer una reverencia — Senador de Hyrule — Elsa sintió que su respiración se detuvo en ese instante —, hubiera preferido que nuestra primera interacción fuese distinta, Majestad — miró de reojo a Zackary culpandolo de todo lo que estaba ocurriendo —, pero mentiría si le dijera que no tenía la intención de hablar con usted, lo cierto es que me sorprendió coincidir con usted aquí en Berlín.
—Entiendo que sea inesperado — Estaba al tanto de que más de uno estaba sorprendido de verla allí, ya que Liv era la senadora y representante de Arendelle ante la república, por lo cual, se suponía que Elsa no debería tener que estar presente en ese momento —. Lo cierto es que, también me sorprende que su nación se integrara al congreso.
—Sé que en el pasado Hyrule y Arendelle no estuvieron en los mejores términos — por decir poco —, pero le aseguro Majestad que nadie en nuestra nación comparte el mismo pensamiento que tenía el Rey Dark, Hyrule se avergüenza profundamente de esa parte de su historia.
Elsa creía poco probable que todas las personas en ese país no estuvieran de acuerdo con el antiguo Rey, le parecía difícil de creer, tomando en cuenta que incluso en Arendelle había personas que de poder hacerlo; estarían más que dispuestas a asesinarla porque la consideraban un peligro o un fenómeno.
—Tuve la oportunidad de estar en su país algunos años atrás — dijo ella. Recordando aquella ocasión en que había ido junto a Ostein con el propósito de conseguir un ingrediente para la poción mágica que curó una grave enfermedad que por poco cobraba la vida de muchas personas; incluído su adorado Andy —. La situación no era…buena — comentó, puesto que en ese momento los habitantes de Hyrule se encontraban bajo el mando de los separatistas y por lo poco que pudo escuchar acerca de ello, sabía que las condiciones de vida de las personas de Hyrule no eran buenas —, es bueno saber que ya son una nación libre — aquello fue un pensamiento sincero.
—El pueblo de Hyrule luchó valientemente contra los separatistas y logramos ser independientes nuevamente — habló Emmerich —, aún estamos trabajando para que el país se recupere por completo, pero sepa que usted es bienvenida en caso de que desee volver a visitar nuestra nación.
—Se lo agradezco — dudaba que eso fuera a pasar.
—Confieso que una de mis intenciones al venir aquí era conversar con la Princesa Liv con el fin de conseguir una audiencia con usted — habló él —, sepa que Hyrule está muy interesado en limar asperezas con Arendelle, y de ser posible, llegar a algún acuerdo comercial que beneficie a ambas partes.
—Bueno, sin duda es algo que deberíamos discutir a mayor profundidad en otra ocasión — logró decir ella —, si me disculpa, creo que ahora me necesitan en otra parte — Usó la primera excusa que se le vino a la mente —. Espero que disfruten de su paseo por los jardínes, caballeros.
Un paseo que al parecer, ella seguiría sin ser capaz de hacer o disfrutar.
Una vez que la monarca se marchó del lugar todos parecieron perder el interés en el par de hombres y reanudaron sus respectivas actividades.
—¡De nada! — exclamó Zackary — Te dije que no era difícil hablar con la Reina de Arendelle.
—Por poco arruinas todo, Zack — dijo Emmerich —, no puedo creer que comprometieras todos mis planes por una borrachera, deja de comportarte como un adolescente o al menos, no hagas algo que perjudique a toda una nación.
—Una nación que no sea la mía, comprendo — guiñó el ojo de manera juguetona.
—Tu hermano va a matarte si arruinas esto, no es gracioso ¿Entiendes? — Le hizo ver su amigo — Zackary Aldridge, ya tienes 37 años y eres un Príncipe, tus acciones tienen consecuencias que podrían comprometer el bienestar de Wyvernhold — le recordó — y de Hyrule al parecer — apretó los dientes.
—¡Vamos! No he arruinado tus planes, — dijo él — yo creo que te he ayudado, en realidad — Zackary entreabrió los labios, levantó las cejas y cruzó los brazos en señal de incredulidad —. Perdón pero solicitar que las habitaciones asignadas a Hyrule estuvieran frente a las de Arendelle fue un movimiento arriesgado y algo peligroso, tomando en cuenta que el último Rey que tuvo tu país intentó conquistar Arendelle y según entiendo, matar a la Reina y a su hijo.
—Las acciones del Rey Dark no representan a Hyrule — dijo —. Somos una nación distinta, contamos con buenos valores y las mejores intenciones, te pido que no estropees la posibilidad de que consiga que la Reina Elsa siquiera esté dispuesta a considerar aliarse con nosotros.
—Haré mi mejor esfuerzo, lo prometo — dijo Zack —. De igual manera estaré muy ocupado asegurándome de que Leighton lamente el haberme enviado aquí a la fuerza.
—Sólo no lleves a tu reino a la destrucción en el proceso —suplicó, aunque resignado a que no podía corregir el comportamiento de su amigo.
Nota de autor:
Hola, solo para comentar algo que no esta relacionado con éste capítulo, pero olvidé hacerlo en alguno de los capítulos anteriores. Me parece que en el fic de Madame Purple Elsa cumple años en julio, pero para esta historia cumplirá años el 21 de diciembre, es por ello que en uno de los capítulos anteriores menciona que faltan algunos meses para su cumpleaños.
Y tengo el presentimiento de que quería comentar algún otro dato, pero la verdad es que me he olvidado de que era, así que si acaso lo recuerdo, dejaré una nota de autor en algún capítulo que publique después.
Sin más que agregar, saludos a ViriG, quien añadió este fic a su lista de favoritos ¡Muchas gracias!
