SOSPECHAS Y TEORIAS


Hans estaba preparando un té para Elsa, la rubia había preferido irse a la cama y descansar un poco (si es que lograba su cometido). El pelirrojo en algún momento sin darse cuenta había aprendido el cómo le gustaba a ella tomar su café, quizá ocurrió a lo largo de los años de amistad o tal vez fue durante el tiempo en que compartieron un romance.

Intentaba actuar como si no recordara aquella relación, y a veces enserio le daba la impresión de que todo se trató de un sueño, pero jamás sería capaz de olvidar el hecho de que por al menos un corto periodo de tiempo, ella lo amó y él la amaba. Recordaba la manera en la que Elsa sonreía y reía de la manera más dulce y adorable que él había escuchado alguna vez, recordaba cómo sus enormes ojos azules brillaban al verlo o le dedicaban miradas juguetonas, y Dios, disfrutaba tanto de besarla y el aroma de su perfume estaría por siempre tatuado en su memoria.

En aquel entonces y en la actualidad, estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de hacerla feliz y mantenerla a salvo. Quizá ella había decidido poner fin a ese romance (y por una muy válida razón), pero para él no había sido una simple aventura o algo sin importancia, ni algo que podría borrar de su mente. Conocía el cómo tomaba aire y apretaba ligeramente los labios cuando algo la irritaba, que empezaba a tararear melodías cuando se encontraba muy feliz, que se acomodaba un mechón de cabello inexistente detrás de la oreja y se ruborizaba cuando deseaba ser besada; pero era demasiado tímida como para pedirlo, sabía qué lado de la cama prefería, la manera en la que alzaba la mirada con superioridad y sonreía de lado cuando se sabía ganadora de una partida de ajedrez. cuales eran sus comidas favoritas y lo mucho que se esforzaba por ocultar que un alimento no había sido de su agrado, así como también era capaz de identificar de inmediato cuando estaba triste o asustada; justo como era el caso en esta ocasión.

Ella le importaba mucho, la quería demasiado, movería cielo y tierra si hiciera falta con tal de garantizar su alegría y bienestar, incluso sería capaz de asesinar por ella, pero por el momento, tan sólo se tendría que conformar con prepararle un té y llevárselo a su habitación.

La puerta estaba abierta, pudo observar a Elsa sentada sobre la cama, sus piernas estaban cubiertas bajo las cobijas, tenía la mirada perdida en el horizonte y su mano derecha se posaba suavemente sobre sus labios. Hans golpeó la puerta para llamar su atención.

—Traje tu té — dijo el Príncipe antes de acercarse a ella.

—Gracias — murmuró ella tomando la taza entre sus manos, no bebió de inmediato el contenido, sino que apoyó el objeto en su regazo y su mirada permaneció baja por un momento — ¿Quieres hablar? — preguntó ella.

—Sólo si tú quieres — respondió Hans, resistiendo sus deseos de querer sentarse sobre la cama — ha sido un día demasiado ajetreado.

—El día recién inició — dijo ella, y aún así Elsa se había quitado su elegante vestido y colocado un camisón, dispuesta a dar por finalizado aquel día —ni siquiera tendría que haber vuelto a la cama, es muy temprano.

—Necesitas descansar — de verdad creía que a Elsa le haría bien dormir un poco, y le sorprendía el hecho de que hubiese accedido a ir a la cama tan fácilmente; una señal de que estaba demasiado decaída — no te preocupes por la hora, de igual manera, no creo que convoquen a ninguna otra reunión el día de hoy, puedes quedarte en cama todo el tiempo que desees.

—¿Ostein no ha regresado?

—No, pero seguramente está bien — respondió — habrá ido a la biblioteca — supuso — y regresará pronto, de hecho yo me preocuparía por tenerlo de vuelta aquí, lo que menos necesitas es escuchar sus bromas de mal gusto.

—Él es un buen chico — lo defendió — y sé que no haría un comentario horrible en este momento.

—Deberías beber tu té — no deseaba seguir hablando del tema, ni enfrascarse en una discusión con ella — después, intenta dormir un poco ¿Está bien? —la rubia asintió antes de dar un pequeño sorbo a la bebida — hablaremos cuando te sientas mejor — lo mejor sería no presionarla, ella ya tenía demasiadas preocupaciones en mente.

La Reina bebió el resto del té y devolvieó la taza al Almirante, no hizo falta que él volviera a pedirle que durmiera, ella misma se sentía demasiado agotada, así que se acomodó en el colchón y se envolvió con las cobijas.

Hans la vio cerrar los ojos, se sintió bastante tentado a depositar un beso en su frente y desearle un dulce sueño, que él estaría allí en caso de que necesitara algo, sin embargo se abstuvo de hacerlo. Simplemente apagó la luz para después salir de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Aún la quería, estaba casi seguro que si un día Elsa le pedía que la besara una última vez él lo haría sin pensarlo dos veces, pero se decía a sí mismo que lo mejor era pretender que aquel capítulo de su vida jamás existió, ni nunca mencionar el tema con ella por temor a lastimarla de alguna manera.

Colocó la taza vacía en la bandeja junto a la tetera, caminó hasta el sofá y se dejó caer sobre el. Suspiró antes de llevarse ambas manos al rostro, tenía que encontrar la manera de descubrir quien estaba intentando inculpar a Elsa de los ataques, necesitaba conseguir pruebas cuanto antes para demostrar que ella no apoyaba a los separatistas y que ella pudiera regresar a Arendelle libre de sospechas.

Los golpes a la puerta lo sacaron de sus pensamientos, le indicó a la persona al lado de la puerta que podía pasar, ya se estaba mentalizando para inventar cualquier excusa para negarle al recién llegado una reunión con la Reina de Arendelle, pero quien entró no era un importante representante de alguna nación.

—¿Ostein? — lo miró con desconcierto — No era necesario que tocaras.

—Quería asegurarme de no interrumpir nada — Hans le miró de manera acusadora — ¡No estaba insinuando nada de esa clase! — exclamó el muchacho.

—No eleves la voz, despertarás a Elsa — le advirtió el Príncipe, sorprendiendo al jóven con sus palabras.

—¿Está dormida, a esta hora? — por la manera en que pronunció aquella pregunta, no estaba juzgando a la Reina, sino que estaba preocupado — ¿Está enferma acaso? ¿Necesita que yo vaya en búsqueda de un médico?

—No hace falta, pero gracias Ostein — respondió Hans — sólo necesita descansar un poco, lo ocurrido durante la reunión la alteró y la conversación con esos dos sujetos no la ayudó a tranquilizarse.

—¿Dos sujetos? — murmuró el asistente — ¿Acaso se refiere al Príncipe de Wyvernhold y al Senador de Hyrule? — imaginó que aquellos dos hombres serían los únicos que acudirían a conversar con la Reina, ella no había convivido con alguna otra persona fuera de las reuniones, además, esos hombres también fueron señalados como sospechosos.

—Así es — asintió —¿Ellos…? — no sabía cómo debía formular la pregunta.

— ¿Se comportan muy extraño? Sí — dijo Ostein, la mirada del Almirante le hizo saber que quería que el ahondará más al momento de describir a aquel par — El Príncipe Zackary en una ocasión básicamente me pidió que me asegurara de que Elsa jamás quisiera hacer alguna clase de negocio con su reino, y creo que ella tiene un poco más de contexto del porqué de esa petición — dijo él —. Lo cierto es que Elsa no ha conversado demasiado con ellos, y si no me equivoco, el Príncipe ya le ha pedido disculpas en dos ocasiones por distintas razones.

—¿Ya antes le había faltado al respeto?

—No, al menos ella no comentó que hubiese existido otro incidente de esa índole — contestó —. Lo que ella me dijo que que el Príncipe se sintió avergonzado por la primera impresión que ella tuvo de él, me parece recordar que la primera vez que ella lo vió, él estaba ebrio y necesitó de la asistencia del Senador de Hyrule para siquiera permanecer de pie.

—¿Y el Senador de Hyrule también se comporta de forma similar?

—No me lo parece, pero a diferencia del Príncipe, él si está interesado en entablar una buena relación con la Reina — habló Ostein — según dice, el Presidente de Hyrule espera que sea posible que ambas naciones lleguen a un acuerdo que beneficie tanto a Arendelle como a…

— ¡Ni hablar! — lo interrumpió Hans — Elsa…¡Ella no debería ni considerar la posibilidad de una alianza con Hyrule! — exclamó.

—Pensé que no teníamos que gritar para dejarla descansar.

—Lo siento, es sólo que… —bajó drásticamente el volumen de su voz —... ¿Hyrule? No tienen vergüenza al proponerle una alianza, es…tan desconsiderado de su parte, el conflicto entre ambas naciones no ocurrió hace demasiado tiempo.

—No creo que Elsa acepte firmar ningún acuerdo comercial con ellos y preferirá tener la menor relación posible con ese país — dijo Ostein — pero no pensaba darle su respuesta de inmediato, cuando se trata de asuntos políticos, no es prudente ser impulsivos.

Hans asintió ligeramente con la cabeza, comprendía el porqué Elsa no rechazó la idea tan pronto como la escuchó, en el pasado el Conde Borchgrevink recibió una negativa por parte de Elsa y lo siguiente que ocurrió fue que ese hombre intentó agredirla, así como también asesinar a Andy, y al fracasar, consiguió que el Rey Dark ordenara a su ejército levantarse en armas en contra de Arendelle y por poco consiguen su objetivo, si Hans no hubiese llegado a tiempo… prefería no pensar en lo que pudo haber sucedido, pero sin duda hubiese sido horrible.

Quizá si eran una nación completamente nuevas, con excelentes valores y no eran para nada parecidos al Rey Dark ni a sus simpatizantes, pero no podían simplemente ignorar la historia de su nación y esperar que el resto la olvidara fácilmente, mucho menos la Reina a la que su anterior gobernante casi le destruye la vida.

—¿Él ha insistido en que ella acceda a hacer negocios con su país?

—No demasiado, creo que sólo un par de veces le ha comentado que a su Presidente le gustaría que ella le concediera una audiencia en el futuro — Hans analizó un momento la respuesta — pero en general, parece ser amable, claro que, si espera conseguir la confianza de Elsa es obvio que se comportará de esa manera.

—Sí, en definitiva hay que estar alerta — dijo el pelirrojo con seriedad — muchas veces las personas que se muestran amables son todo lo contrario — aquellas palabras le supieron amargas, recordandole su propio pasado y la persona que solía ser — lo mantendré vigilado, ¿Sus aposentos están alejados de los nuestros?

—Quedan cruzando el pasillo, justo frente a nuestra puerta — la boca de Hans se abrió con indignación, quería gritar, reclamarle a quien fuera el responsable por asignarle a Hyrule esos aposentos precisamente — Ella me pidió no comentarle a Andy al respecto, sabía que él no tomaría bien la noticia.

—¿Andy te ha contado algo relacionado a…?

—¿A su casi padrastro? — terminó la pregunta por él — Nos ha contado un par de cosas, pero lo cierto es que a él no le gusta hablar mucho del tema.

—Lo sé, creo que la mayoría de las pocas veces que él llegó a comentarme algo sobre ello fue en medio de algún reclamo — confesó Hans — recuerdo cuando Andy escapó de Arendelle, después de enterarse de que yo soy su padre — suspiró con tristeza — después de que Elsa y yo lo trajimos de vuelta a casa, él estaba muy molesto conmigo y le tomó un tiempo perdonarme por no haber estado presente en su vida; no de la manera en la que a él le hubiese gustado y en medio de su enojo, me reclamó por no haberme casado con Elsa — dijo — por haberla dejado sóla y permitir que Aksel apareciera en sus vidas.

—Él sólo lo dijo porque estaba molesto, no porque de verdad crea que es su culpa — dijo Ostein — los dos sabemos que Andy muchas veces dice y hace cosas cuando está enojado sin pensarlo, pero él lo quiere mucho y sé que se siente orgulloso de ser su hijo.

—Sé que me quiere, y yo lo adoro — sonrió por un instante al recordar ciertos momentos a lo largo de los años en dónde convivió con su pequeño — Elsa hizo un gran trabajo criandolo, él es un buen chico gracias a ella — se había perdido de muchas cosas de la niñez de su hijo y lo cierto es que tampoco había sido testigo del cómo era la Reina de Arendelle como madre, Anders le llegó a contar ciertas cosas, de cómo ella le leía cuentos todas las noches, jugaba con él y lo cuidaba cuando estaba enfermo, pero él no había visto casi nada de eso en persona, ya que el Hans de ese entonces desperdició su tiempo siendo cruel con ella — y sé que si bien sus palabras no eran del todo enserio, parte de él si me culpa por lo que ambos tuvieron que vivir, y no solo me refiero a lo ocurrido con Aksel y el Rey Dark.

—Le aseguro, que Andy sabe que eso no es culpa de nadie más que de el Rey Dark y Aksel — insistió el muchacho — y aunque a veces no lo parezca, Andy ha madurado bastante y entiende que sin importar las circunstancias, Elsa y usted siempre estuvieron con él e hicieron lo mejor que pudieron.

—No estoy seguro de siempre haber hecho lo mejor para Andy — en definitiva no siempre hizo lo mejor para Elsa, pero él siempre había amado a su hijo, desde la primera vez que lo miró — y quizá no estuve allí para evitar el daño que esas personas le causaron, pero estoy aquí ahora y no pienso permitir que esa nación amenace con destruir la felicidad y tranquilidad de Andy y Elsa.

—Si hay algo en que pueda ayudarle, no dude en pedirmelo — habló Ostein con firmeza — Andy es mi mejor amigo y estoy dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de protegerlo.

—Gracias Ostein — le sonrió — por ahora, si notas que ese hombre hace algo sospechoso o molesta de alguna manera a Elsa, házmelo saber de inmediato.

—Cuente con ello — hizo aquel compromiso — ¿Y qué va a pasar ahora? — preguntó — ¿Le comentarán a Andy lo que ocurre?

—Comparto la decisión de Elsa de omitir que Hyrule se ha aliado a la república, al menos mientras sea posible ocultarse esa información — respondió Hans — me gustaría hablar con Elsa y llegar a un acuerdo sobre qué le diremos, sé que ella preferiría no mencionarle que ahora alguien hizo estallar una bomba en el interior del edificio y que ella es la principal sospechosa, pero no le deberíamos ocultar esa información a Andy.

—Querrá que ella regrese de inmediato a Arendelle.

—Todos queremos lo mismo, incluso Elsa — dijo Hans — ella ya había admitido que deseaba irse de Berlín, cuando ese Príncipe y el Senador llegaron, y aunque me duela admitirlo, ese tal Emmerich Neumann tiene razón — hizo una pausa — el infiltrado quiere deshacerse de Elsa, hará todo lo posible por hacerla ver culpable y a partir de ahora, ella debe ser muy cuidadosa, todos están asustados y desesperados, ya desconfían de ella, no hay que darles motivos para que vuelvan a señalarla.

—Sí, pero como usted dice, hay que tener cuidado con ese hombre — dijo —, puede que él haya sido el culpable, para poder tener la oportunidad de mostrarse preocupado por ella y ganarse la confianza de la Reina — sugirió Ostein — como dije, Elsa no planea aceptar ningún acuerdo comercial con Hyrule, es posible que el señor Neumann haya notado que ella no estaba del todo convencida de concederle una audiencia a su Presidente y haya orquestado toda este ataque para acercarse a ella.

Una vez que Ostein implantó aquella teoría en su cabeza, no pudo dejar de pensar en ello, era completamente posible que fuera cierto. No podían darle el lujo de confiar en ninguna persona, cualquiera podría ser el simpatizante de los separatistas y era su deber impedir que alguien buscara manipular y sacar provecho de Elsa.

Años atrás él le prometió que siempre la protegería, pensaba honrar esa promesa por el resto de sus días.