En las últimas semanas, había estado cuidadosamente tejiendo una red alrededor de Ranma, observándolo y aprendiendo de él para encontrar una falla o debilidad, pero sobretodo usando la proximidad en el trabajo para provocar en él atracción y curiosidad por mí. Seleccioné y usé mis ropas más elegantes, el maquillaje más discreto, el perfume más agradable y, más que nada, me esforcé por no perder la paciencia y darle en la cabeza con lo primero que encontrara, pero tratándose de él era casi misión imposible.
Él y su dualidad, alternando entre llamarme Tendo u Akane, él y sus extrañas consideraciones o desplantes, él, su montaña de trabajo y sus bromas sin sentido que me irritaban hasta querer retorcerle el pescuezo.
¡Maldito imbécil, como lo odiaba!
Una noche, mientras me concentraba frente a la computadora intentando dejar todo listo para la reunión próxima, Ranma salió de su oficina, interrumpiendo mi trabajo por enésima vez ese día.
- ¿Qué pasa, Tendo, crees que termines eso hoy? - bromeó con un tono de burla en la voz, recostado en el umbral. No hacía falta que lo mirara para adivinar el gesto fastidioso en su estúpida y sexy cara.
O como se cruzaba de brazos, provocando que sus bíceps y triceps resaltaran un poco más bajo la apretada tela blanca que se esforzaba por cubrirlos.
Apreté los puños sobre el teclado, a punto de reprocharle que se largara de una vez y me dejara sola para poder terminar, pero antes de que pudiera decir algo, lo escuché decir:
- O si prefieres nos vamos de una vez a la cama.
Levanté la mirada para verlo a la cara, sin dar crédito a lo que acababa de decir. Mitad sonrojo de vergüenza, mitad de molestia por la forma tan casual en que me estaba invitando a...algo como eso mientras escribía en su celular.
¿Pero qué se estaba creyendo este tipo? ¿Creía que solo porque ninguna mujer se le resistía podía decirme algo así, de la nada, como si fuese una invitación a tomar el té? ¡Iba a golpearlo!
-Espera, eso se escuchó muy mal- corrigió de inmediato, mirándome con los ojos tan abiertos que parecía que se saldrían de sus orbitas- Yo me refería a que puedes terminar mañana, no, no es que quiera dormir contigo-aclaró agitando ambas manos en negación vehemente- Es decir, mi intención no era...- continuó él balbuceando
Pufff, ¡¿en qué estabas pensando Akane?!, me regañé mentalmente y dejé de escuchar lo que decía porque lo único que mi mente lograba evocar eran sus palabras de aquel día estúpida burbuja de ilusiones me explotó en la cara, otra vez.
-Cielos, ya cállate, eres un idiota- alcancé a decir devolviendo mi atención al computador
-Sí-respondió él con descaro-ya lo sé. Akane...voy a salir un momento, ¿quieres, necesitas algo?
-Necesito que te calles, de preferencia, para siempre- respondí fastidiada y me esforcé por sonreír, con mi mejor sonrisa, como si no me estuviera muriendo de rabia por dentro.
Me miró por un instante, quizás sorprendido por mi inusual y tan poco profesional respuesta. Luego hizo un ruido extraño, como una risa ahogada en un suspiro y negó con la cabeza dos veces.
-En serio, siempre me ha gustado tu sonrisa. - comentó como si nada y se fue sin darme tiempo a reaccionar.
Pero, ¿a qué estaba jugando él? ¿A qué venía un comentario como ese?
Mi corazón, todo un traidor sin memoria u honor, volvió a latir con más fuerza que la primera vez que él alabó mi sonrisa.
Sacudí de mi mente la posibilidad de que lo que dijera él tuviera un ápice de sinceridad, alejando cualquier pensamiento absurdo sobre él. No iba a caer dos veces en la misma trampa, con las mismas palabras vacías.
Guardé el archivo en la nube y salí de la oficina con la cabeza hecha un lio.
A la mañana siguiente, cuando subimos al elevador de la oficina, terminé casi aplastada en el fondo del mismo. La multitud nos empujaba intentando hacerse un lugar, pero Ranma se posicionó en medio de mí y los demás, protegiéndome con su cuerpo. Me concentré en el aroma y la calidez de su cuerpo, negándome a levantar la vista por no encontrarme con el azul de sus ojos
-Akane- lo escuché decir casi en un susurro y sin más remedio levanté la vista hacia él. – estas bien? – preguntó entonces. Sus labios tan cerca que podría besarlos si quisiera.
Asentí como una niña asustada y me negué a mirarlo hasta que llegamos a nuestro piso. Fueron los segundos más largos de toda mi vida.
Bajé del elevador con una serenidad que en realidad no poseía, caminé a través del largo pasillo dejando a Ranma atrás hablando sobre la pronta llegada de uno de sus mejores clientes y me escondí en el baño hasta que pude regular mis nervios.
¡Maldita sea, maldita sea!, ¿qué me estaba pasando? Se suponía que había venido aquí para seducirlo, enamorarlo y humillarlo, no para caer ante los encantos de ese, de ese... ¡uy, como lo detestaba!
Si las cosas seguían así, sería Ranma quien la terminaría atrayendo cada vez más y enamorarse de él, otra vez, no formaba parte de sus planes.
No podía dejar que esos simples detalles le provocaran sentimientos encontrados. Tenía que aferrarse a su plan inicial, hacerle pagar a como diera lugar por burlarse de ella. Ese era su objetivo y si él ya había empezado con sus jueguitos baratos significaba que iba en buen camino... o tal vez iba hacia algo mucho más complicado de lo que había planeado si no controlaba sus sentimientos.
Ranma había sido su verdugo. Uno que sonreía con inocencia mientras le arrancaba el corazón. Caer en su juego era el equivalente a beber veneno. Y enamorarse de él estaba terminantemente prohibido, se recordó.
Cuando regresé a la oficina me lo encontré hablando, muy divertido, con uno de sus jefes directos.
-Tendo, puedes hacerme un favor? –pidió al verme, como si realmente tuviera la opción de negarme-Son las llaves de mi apartamento, sé que no es parte de tu trabajo, pero ¿me harías el favor de ir por las chicas y traerlas?
Estoy segura de que solté más de cien maldiciones en mi mente, pero con uno de los altos mandos presentes no me quedó más que aceptar y sonreír.
Torpe, como podía ponerme siquiera nerviosa por su cercanía sabiendo de sobra que Ranma era un mujeriego, que vivía con mujeres en su apartamento y que llevaba una vida amorosa cuestionable.
Seguí sus estúpidas instrucciones y me dirigí sin ganas ni prisa al bendito apartamento
-Ten cuidado con las chicas, son un poco traviesas- me advirtió con seriedad mientras me daba las llaves.
¡Ja, lo que me faltaba!
Tomé el elevador que me llevó en segundos al piso 7, mientras me cuestionaba qué tipo de chicas estarían en el apartamento de Ranma. ¿Modelos, cantantes, actrices? ¿eran rubias, pelinegras, castañas? ¿delgadas, atléticas, con atributos destacados? Las ideas (y mis celos) seguían girando en mi mente mientras caminaba despacio por el pasillo hacia la puerta indicada.
Si tanta prisa tenía de reunirse con sus chicas debió venir por ellas él mismo, no enviarme a mí, ¡pedazo de cretino, mujeriego!
Una vez frente a la entrada, inserté la llave y giré la cerradura. Esperando encontrarme con chicas de figuras y rostros de revista, me vi siendo casi derribada por tres, sí, tres adorables cachorritas que corrieron a recibirme, nada más entrar, con alegría desbordante, ladrando y moviendo sus colas con entusiasmo.
- ¡ay, no puede ser!, ¿pero es que ustedes tres son ¨las chicas¨ de Ranma? – exclamé al confirmar que en ese sitio no había nadie más y, sintiéndome una tonta por mis suposiciones erróneas, me dejé caer en el sofá.
Las cachorritas, tan lejos de ser mujeres coquetas, eran adorables y llenas de energía. Una de ellas saltó sobre mis piernas, buscando cariño, mientras que las otras correteaban a su alrededor dando ladridos animados.
En ese momento, entendí la advertencia de Ranma. Yo había asumido que eran mujeres y había estado muriéndome de celos por estas adorables criaturitas.
Me reí de mí misma por haber malinterpretado por completo la situación. Mientras acariciaba a las cachorritas, me sentí aliviada y avergonzada de mis celos al mismo tiempo.
¿Celos? ¿celosa yo, de él y sus conquistas? Ni hablar, no estaba celosa.
Es decir, quizás estaba preocupada, después de todo si Ranma tenía chicas en su apartamento, mi plan no tenía futuro. Pero eran solo cachorritas.
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Después de ese descubrimiento, mis días continuaron sin mayores sobresaltos a su lado y mi plan de enamorar a Ranma avanzaba lentamente, pero a paso firme. Esa mañana había transcurrido rutinaria como la mayoría. Mi mente vagaba entre las tareas pendientes y los recuerdos de una época pasada mientras organizaba los documentos sobre el escritorio. Ranma había salido a una reunión y no esperaba verlo hasta la tarde, pero como siempre, su inesperada aparición me tomó por sorpresa.
- Tendo, necesito que revises estos informes -dijo a mi lado mientras me extendía una gruesa carpeta azul- Es urgente.
- Claro, señor Saotome –respondí de inmediato y nuestras manos se rozaron al tomar ambos la carpeta al mismo tiempo. El calor de su piel contra la mía envió una corriente eléctrica por mi cuerpo, y me quedé sin aliento. Levanté la mirada para encontrarme con sus ojos azules, más cercanos de lo que esperaba.
La tensión entre nosotros aumentó con el silencio. El aire en la oficina parecía cargado de una expectativa casi tangible, y por un instante, todo lo demás dejó de existir. Sus ojos se suavizaron, y por un momento, pareció que estaba a punto de decir algo importante, algo que podría cambiarlo todo.
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Tocarla, después de todos estos años, se sentía igual que la primera vez. La misma emoción, el mismo anhelo, el mismo deseo, pobre y malamente, contenido. Había pasado meses buscando cualquier excusa para estar cerca de Akane, para romper la barrera profesional que nos separaba. Verla todos los días, sentir su presencia, y no poder hacer nada más que observarla me estaba volviéndome loco, pero en los últimos días, no estaba seguro de cómo, la distancia se había reducido a ser solo una leve y borrosa línea entre los dos.
Al mirarla, vi el mismo desconcierto en sus ojos. Estábamos tan cerca que podía oler el suave aroma de su perfume. Mis labios amagaron una frase y pronto se curvaron en una sonrisa involuntaria de satisfacción, me incliné ligeramente hacia ella, apenas un par de centímetros, pero suficientes para que la atmósfera cambiara drásticamente.
- Akane... -empecé a decir, pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta.
Ella no se apartó, y por un momento olvidé que ella estaba casada y pensé que tal vez, solo tal vez, ella también sentía lo mismo que yo.
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Mis pensamientos eran un caos. Todo mi plan de venganza, mis años de resentimiento, de repente se desvanecían ante la posibilidad de un simple beso, porque si lo besaba en ese momento, sería terrible para mí. En lugar de destruirlo yo a él, sería yo quien terminaría acabada, otra vez.
Mi corazón latía con fuerza, y las dudas se instalaron en mi mente.
¿Qué estaba haciendo?
Si esta era la razón de estar aquí, entonces, ¿por qué se siente tan mal?
¿Era esto lo que realmente quería?
Él va a besarme, significa que ha empezado a interesarse en mí ¿debería negarme?
Devolví mi atención de sus labios a sus ojos y de nuevo a sus labios.
Ranma estaba tan cerca, tan tentadoramente cerca a mí como cuando entrenábamos juntos. Mi cuerpo gritaba por cerrar la distancia, por sentir sus labios sobre los míos, pero mi mente me decía que me detuviera. No podía permitir que él ganara tan fácilmente, no después de todo lo que había sufrido por su culpa.
Pero entonces, justo cuando mi cuerpo estaba a punto de ceder a pesar de las protestas de mi mente, la puerta de la oficina se abrió bruscamente.
- ¡Ranma, cariño! -exclamó una voz femenina desde la entrada.
Ambos nos apartamos rápidamente, como si hubiéramos sido sorprendidos haciendo algo ilegal. Miré hacia la puerta y vi a una mujer alta y elegante, con el cabello castaño perfectamente peinado y una sonrisa deslumbrante en su rostro. La reconocí de inmediato.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó él, sorprendido.
- adelanté mi llegada por ti y pensé que podríamos almorzar juntos -dijo ella, ignorando completamente la tensión que había llenado la habitación momentos antes. - ¿No te alegras de verme, Ranma?
Mi corazón se hundió al verla. La realidad me golpeó con fuerza, recordándome por qué estaba allí en primer lugar. Esta era la oportunidad perfecta para poner a prueba mi determinación, para ver si realmente podía seguir adelante con mi plan.
- Señor Saotome, si me disculpa, tengo trabajo que hacer -dije fríamente, tratando de ocultar la tormenta de emociones que se desataba en mi interior.
Salí de la oficina rápidamente, sin mirar atrás, dejando a Ranma y su visita solos. Mientras me alejaba, no pude evitar sentir una punzada de dolor y duda. ¿Realmente podía llevar a cabo mi venganza sin dejarme llevar por mis sentimientos? ¿O ya estaba empezando a perder el camino?.
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-El aeropuerto de Tokio estaba en pleno bullicio, con pasajeros apresurados arrastrando maletas y llamadas de embarque resonando por los altavoces. En medio de la multitud, una figura destacaba por su elegancia y presencia imponente.
Ukyo Konji, la reconocida modelo de alcance internacional, descendió grácilmente del avión. Sus movimientos eran fluidos y seguros, como si cada paso estuviera coreografiado. Vestía un conjunto de diseñador que combinaba una chaqueta de cuero negra ajustada y unos pantalones de corte perfecto, destacando su figura. Su cabello largo caía sobre sus hombros, y su piel parecía brillar.
Al pisar la alfombra que la llevaba hacia la terminal, se detuvo un momento, disfrutando de la atención que inevitablemente atraía. Con una sonrisa enigmática, sacó un par de gafas oscuras de su bolso de mano y se las colocó, añadiendo un aire de misterio a su ya imponente presencia.A medida que avanzaba, el sonido de sus tacones resonaba, atrayendo las miradas de curiosos y admiradores. Pero ella no prestaba atención a nadie, su mente estaba fija en un solo objetivo.
-Esta vez, Ranma será mío, murmuró para sí misma, su voz suave pero llena de determinación.
Se emocionó al saber de su regreso a Tokio, y se juró a sí misma que no podía perder esta oportunidad. No después de haber dejado pasar tantas en el pasado. Ukyo estaba decidida a conquistar a su amor de adolescencia, y no iba a permitir que nadie se interpusiera en su camino esta llegar a la terminal, un asistente la esperaba con una sonrisa acartonada, tan falsa como la que ella usaba, y una señal con su nombre. Ukyo asintió levemente, permitiendo que la guiara hacia la salida donde un coche la esperaba para llevarla a su destino. Con un último vistazo a la bulliciosa terminal, subió al vehículo, preparándose para el encuentro con su destino, Ranma Saotome, su futuro esposo.
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holisss, muchisimas gracias a tod s por sus comentarios, tardé un poquito en actualizar así que dejé el cap un poquitin mas largo, espero que también este capitulo sea de su agrado, besitos!
