Los personajes de S.M. no me pertenecen, yo solo los tomo prestado.
Capítulo 8
—Papi, ¿me compadas un ganizado cuando se acabe la escuela? —prenguntó Anabela, salivando, imaginándose degustando su helado. Ella y su padre, Aiden, iban de camino a su colegio.
Anabela tenía problemas para pronunciar la "r" pero su padre no la corrigió, recordando que el mismo, cuando era de la edad de su hija, también tenía el mismo problema, algo que se resolvió en cuanto él creció. Imaginaba que con Anabela pasaría igual.
—Sí, pequeña. Si te portas bien, papi te comprará un granizado grande, de fresa, tu favorito. —contestó y los dos se detuvieron en la puerta del colegio.
—¡Sí, sí, sí! ¡Que sea gande y de fesa! —Anabela dio saltitos de alegría. Aiden se agachó a su altura para acomodarle el impoluto uniforme.
—Ahora ve que no quiero que se te haga tarde. Recuerda, no te desvíe, ve derechito a tu salón. —le dio un beso en la frente y luego se enderezó.
Anabela asintió como buena niña que era y entró al pequeño edificio.
Edward saludó al portero, quien también le saludó.
Algunas de las madres que también dejaban a sus hijos, y que lo reconocieron, saludaron a Edward. Él, por cortesía, hacía como todo los días, les saludaba rápidamente, con un movimiento de cabeza y después se iba...
Edward no era idiota, sabía de sobra que algunas de ellas le saludaba con coquetería. En sus expresiones, se les leía que buscaban más que un batir de mano, por la forma en la que abrían la boca para decir algo y él las dejaba mudas cuando se giraba para macharse. Pero él no estaba para iniciar una conversación, que les hiciera creer a ellas que él estaba buscando un especie de relación amorosa... Su corazón se había cerrado, justo el día que cayó la tierra sobre la tumba su difunta esposa, Irina. Para él, ya no existía más amor, que no fuera el que le tenía a su hija...
Anabela.
Pensar en ella le hizo recordar que debía darse prisa si no quería llegar tarde a la construtora. Su amigo, Emmet, le había dicho que no quedaban muchas vacantes, y que debía llegar temprano para no quedarse sin un contrato; estaban en una época del año en la que no había trabajo en construcción y esto le afectaba de sobre manera. Su último contrato había terminado hace 6 meses. Al principio no se había preocupado porque tenía ahorrado algo de dinero, pero con todo los gastos de Anabela este había ido menguando. Ahora estaba preocupado. Porque no quería pedirle prestado a los padres de Irina, a sabiendas de que ellos lo tomarían como buen motivo de al fin hacerse con la custodia de su nieta, algo en lo que habían estado luchando con él, desde que se murió la madre de Anabela. Era un caso perdido porque él siempre tuvo cómo mantener a su hija y además contaba con casa propia. Sin embargo, no creía que un juez, decidiera que él podía seguir quedándose con su hija, si no tenía cómo mantenerla, así que, Edward apresuró el paso.
