Los personajes de S.M. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.

Capítulo 9

1.-

—¿Ota vez pan con huevo? —se quejó Anabela, que miró el plato que Edward le había puesto frente a ella, en la mesa, con repugnancia.

Edward sintió un apretón en el pecho ante la queja de su hija. Sin embargo, debía enseñarle moral, así que le dijo.

—Anabela, debes estas agradecida porque hoy tienes qué comer. Muchos niños de tu edad no tiene ni si quiera para vestirse.

Anabela hizo un puchero ante el argumento de su padre para que dejara de quejarse, y asintió, comenzando a comer.

[...]

Edward dejó a Anabela en la escuela, después, fue en busca de un kiosko para comprar la prensa. Si quería conseguir trabajo antes de que se quedara sin un centavo de lo que había ahorrado cuando tadavia trabajaba, debía comenzar a buscar de otra cosa que no fuera construcción...

Hace una semana, cuando fue a la constructora, llegó tarde y se había quedado sin contrato.

2.-

Bartender. No: odiaba la bebida y no sabía preparar ni una.

Chofer: no tenía carro, por ende, no sabía manejar.

Pudo haber sido de guardia de seguridad, pero no tenía con quien dejar a Anabela en la noche (que era para el turno en que solicitaban), y ni loco empezaría a buscar a alguien para que lo hiciera. Como estaban las cosas en el mundo donde vivía, no podía confiar en nadie para que cuidara a su hija.

En las demás vacantes no cumplía con los requisitos.

Edward cerró el periódico y lo puso al lado del banco donde estaba sentado. No sabía qué hacer. No podía pasar un día más sin trabajo. El dinero se le estaba acabando.

Estuvo a punto de echarse a llorar, cuando, de repente, una paloma se posó encima de su periódico.

No era muy amante de los animales.

Alzó su mano y la espantó.

El viento sopló.

Su periódico batió sus hojas.

Se quedó abierto en una página del clasificado.

Se mordió el labio cuando observó un anuncio que había pasado de largo, mientras leía.

Era una repostería. Buscaban un empleado que tuviera mucha fuerza.

Con algo de suerte, Edward pensó que el trabajo sería suyo.

El local quedaba cerca de donde se encontraba.

Podía ir y preguntar.

Se puso de pie y comenzó a caminar, esperanzando...

Hizo caso omiso a la observación de que el puesto era para una mujer y no para un hombre.