Los personajes de S.M. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.
Capítulo 24
1.-
Edward dio un paso al frente y, después, reculó con algo de temor.
¿Y si era una trampa? ¿Y si Isabella nada más lo había llamado para mentirle, y ahora mismo, dentro de la repostería, lo esperaba la policía, para encerrarlo por fraude?
No, se dijo; Isabella había sonado bastante honesta cuando le dijo que entendía sus motivos para haberla engañado y que no se preocupara, que podía volver al trabajo. Para más creerle aún a sus palabras, le dijo que lo hacía por Anabela.
Así que Edward suspiró y adelantó el paso hacia la puerta de la repostería. La abrió y tocó enseguida el timbre que le avisaría, tanto a Isabella como a Alice, que alguien había entrado a su tienda. En seguida, Isabella salió de la cocina y lo miró... tan seria como si él fuera un desconocido y no alguien (aunque vestido de mujer), que había estado trabajando con ella durante un mes.
Edward le devolvió la mirada, bajándola un poco luego, apenado.
—Lo siento —dijo en cuanto Isabella caminó para abrirle la puerta, para que él entrara, hasta la parte de atrás—. Como te dije por teléfono, lo hice por Anabela. Es duro tener un hijo a quien alimentar y no tener trabajo para hacerlo. —le explicó otra vez, entrando.
Isabella se dio la vuelta, dejando que Edward lo siguiera hasta la cocina.
—Está bien. ¿Edward? ¿No? No pasa nada. —le dijo Isabella, de manera escueta.
Edward tragó grueso, entrando a la cocina, entendiendo que Isabella todavía seguía algo molesta por la mentira.
Si hubiera estado en otra situación, le diría que no seguiría trabajando en la repostería, por que no quería hacerlo, en hambiente tenso. Pero, como estaban las cosas, el no podía darse el lujo de hacer esto. Si Isabella le estaba dando otra oportunidad, debía aprovecharlo, y conformarse con que al menos ella lo estuviera aceptando de vuelta en trabajo.
—Bienvenido... Edward. —saludó Alice, en cuanto lo vio.
Edward estuvo a punto de devolverle el saludo, cuando fue interrumpido por la carrera repentina de Eilan, que se apresuró a agarrarse de las piernas de su mamá.
Edward miró, extrañado, el comportamiento del niño, sobre todo porque lo miraba a él, y en sus ojitios, se reflejaba temor.
No le quedó duda alguna que era por esto, cuando Isabella se agachó a su altura para cargarlo entre sus brazos.
—Lo siento, Eilan —le dijo e hizo una pausa, acercando su boca hasta el oído del niño—. Sé lo que mami te dijo, pero no tienes por qué temer. —si no fuera por la cercanía, Edward no hubiera podido escuchar el susurro, lo que le hizo preguntar qué le había dicho Isabella al niño, para que este hubiera reaccionado con temor. En su conciencia, se respondió que quizás tuviera que ver con el hecho de Isabella buscaba una mujer de empleada y no un hombre y, se preguntó, si era porque Eilan quizás tenía una especie de trauma.
Porque era su manera de ser, Edward se acercó hasta Isabella.
—Hola, Eilan. Mi nombre es Edward. —le dijo al pequeño que se aferró más a los brazos de su madre.
Isabella abrió la boca para salir con una altanería por Edward atreverse a acercarse a su hijo, lo que hizo que se asustara. Pero Alice, le dirigió una mirada significativa, haciéndole ver que, otra vez, estaba actuando erróneamente.
Edward no se amilanó por el comportamiento del pequeño y continuó hablando.
—Soy el padre de Anabela. ¿la recuerdas?
Las orejitas de Eilan se erizaron, al escuchar el nombre de la niña que ahora le hacia feliz compañía a la hora de Jugar.
—¿De Anabela? —preguntó, dudoso, girando su rostro hacia Edward.
—Sí. Su papá.
—No entiendo. —dijo Eilan, componiendo una expresión desconcertada.
—¿Qué es lo que no entiendes, papito? —le preguntó Isabella, con amor.
Eilan bajó su cabecita y jugó con sus manos, al cabo de 5 segundos, respondió.
—Me dijiste que todos los hombres eran malos porque abandonaban a sus hijos.
Isabella se le apretó el pecho al oír aquellas palabras que le había dicho a su hijo hacia tiempo, cuando Eilan tuvo la conciencia de preguntarle por su padre.
No supo qué responderle, y con lágrimas en los ojos, besó la coronilla de Eilan.
Alice la miró conreprimenda y, para no tener que aguantarse su mirada, inconscientememte la desvío hacia Edward... En sus ojos, por lo menos halló consuelo, porque la miraba con compresión.
