Los personajes de S.M. no me pertenecen, yo solo los tomo prestados.
Capítulo 25
1.-
No fue nada fácil para Isabella hacer que Eilan entendiera que, algunos hombres, podían ser buenos... sobre todo porque ella misma todavía no se creía esto. Bueno si, resultó que Edward era un buen padre. Al menos, es lo que pudo intuir al oír conversaciones sueltas que él tenía con Juliteta. Al parecer, la madre de Anabela había muerto cuando todavía esta era una bebé y, Edward, se había tenido que hacer cargo él solo de su pequeña.
Isabella no pudo evitar sentir un poco de empatia con Edward, porque, aunque sus historias eran diferentes, compartían el hecho de que los dos eran padres solteros a cargo de sus hijos.
Aún así, Isabella no podía cambiar de parecer de la noche a la mañana. Había hecho una excepción con Edward, eso era todo, pero que no se creyera que ella iba hacer amistad con él como Alice. Edward solo estaba allí por el trabajo, y ella solo se limitaría a tratartarlo, con asuntos que tuvieran que ver con este. En cuanto Eilan, ella tuvo que explicarle una y otra vez que Edward necesitaba el trabajo por Anabela. Que ella lo ayudaba, así como su tita Sue, los había ayudado a ella y a él, cuando ella se había quedado sola y sin dinero. Eilan comprendió al fin, aunque Isabella intuía que más que todo se debía a que, con Edward en la repostería, Anabela seguiría yendo todas las tardes, después de la escuela, a jugar con él...
La escuela.
Otro dolor de cabeza, pensó Isabella. Resultó ser que Eilan le preguntó el día anterior el por qué, el no asistía a la escuela como su amiga Anabela.
No tenía ninguna excusa para decirle a Eilan que todavía no estaba listo, porque era evidente que de verdad sí lo estaba. El problema se presentaba ahora, en escoger una escuela adecuada para él y que quedara cerca de su trabajo y de su casa.
—¿Y si le pides ayuda a Edward? —le dijo Alice, cuando Isabella le comentó esto. El susodicho, estaba en el baño, por lo que no pudo oír cuando Isabella se negó en redondo—. ¿Por qué no? Edward tiene a su hija en una escuela aquí cerca. Además, a Eilan le vendrá en gracia, asistir al mismo colegio de Anabela.
Isabella se mordió el labio ante esto último, comprendiendo que, quizás, Alice tenía razón. Solo que no quería preguntarle nada a Edward, fuera de su trabajo... Eso sería confraternizar con el enemigo.
Alice debió leer su disyuntiva en su rostro, porque alzó sus manos al cielo, exasperada.
—¡Eres imposible, Isabella! —le dijo, para luego ir a checar los budines en el horno.
Isabella se encogió de hombros, despreocupada. Su amiga Alice no la entendía, quizas porque ella dormía todas la noches con espécimen de esos a su lado (Isabella sintió un escalofrío de asco ante esto). Pero ella, no haría nada para entablar conversación con Edward, ya era suficiente que lo dejara pulular a su alrededor.
Sin embargo, cuando Isabella vio a Edward venir del baño, no pudo evitar sentir una punzada de culpa, por Eilan, ya que el niño estaba esperando una respuesta por parte de ella, acerca de inicio en la escuela.
Edward se sintió observado y, por inercia, sus ojos se dirigieron a su jefa, quien desvió la mirada de imediato hacia otro lado, con disimulo.
Edward frunció el entrecejo, preguntándose, por qué Isabella lo estaba mirando, ya que ese no era un comportamiento de ella, lo de ella era ignorarlo, cuando no lo mandaba a levantar un saco. No obstante, desechó la pregunta, intuyendo que solo se trataba de un error, puesto que, por Alice, se había enterado de que a ella no le agradaban los hombres, y que, era por esto, el por qué ella estaba buscando una empleada y no un empleado. Al parecer, la aversión hacia su género se debía a que el padre de Eilan la había abandonado cuando este todavía siquiera había nacido.
