-Esta es una adaptación de la serie "House of the Dragon" y del libro "Fuego & Sangre" de George R.R. Martin, más específicamente el arco conocido como "La Danza de Dragones". Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, mas los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidades, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Halo (Afraid The Sun)" de Dolch para Sakura, "Unholy" de Sam Smith para Sasuke, "Smells Like Teen Spirit" de Saint Mesa para Baru, "Good Luck, Babe!" de Chappell Roan para Ino, "One Of The Girls" de The Weeknd para Dreamfire y Vaghar, y "Labour" Paris Paloma para el contexto del capitulo.

1-Diálogos en cursiva para "Alto Valyrio".

2-Breves textos en cursiva para pensamientos.

3-Texto con dialogo en cursiva par flashbacks


Dos Meses Después

Un estruendoso rugido sacudió la Fortaleza Roja, un rugido de dolor puro, el Foso de Dragones estaba lejos, bajo el Septo y en el centro de la ciudad, pero la dragona Dreamfire se sacudió de sus cadenas y luchó con sus cuidadores que intentaron tranquilizarla, pero ella no podía hallar sosiego mientras sabía que su jinete experimentaba dolor y ella lo sentía a través de su vínculo, por lo que comenzó a exhalar fuego. Los cristales de las ventanas de la Fortaleza Roja temblaron, y aunque los demás rugidos que se oyeron fueron más bajos, débiles, el dolor continuaba latente; en paralelo, dentro de la misma Fortaleza Roja todo cuanto se escuchaba eran los desgarradores gritos de dolor y desesperación de la princesa Sakura mientras los sirvientes y sus doncellas entraban y salían de sus aposentos, con lienzos nuevos para reemplazar los empapados en sangre, y jarras llenas de agua. Los dolores de parto de la princesa habían comenzado hacía ya media jornada, cuando su madre la reina Hanan estaba con ella, pero el parto era un proceso largo, y no muchos sabían de la situación pese a las horas transcurridas. Durante toda aquella tarde, el príncipe Sasuke había estado ocupado entrenando en el patio como siempre y luego había dejado la Fortaleza para montar en Vaghar hasta la puesta del sol, pero tras despedirse del viejo dragón y regresar a la Fortaleza—intimidante con su espada Sueña Fuego colgando de su cinturón—se enteró de la condición de su hermana al solo escuchar sus gritos, perdiendo color en su semblante y subió lo más velozmente que le fue posible las escaleras, corriendo hacía los aposentos de su hermana, su corazón latiendo vertiginosamente dentro de su pecho.

Al mismo tiempo en que Sir Arsen, el guardia real de su hermana, le abría las puertas para permitir su ingreso, el príncipe tuerto fue recibido por un desesperado gemido de dolor de Sakura y que lo hizo avanzar a grandes zancadas, cruzando la sala previa a estos e ingresando en el umbral de la habitación privada, donde se hallaba ya su hermano Baru—no sabía si ver eso como algo bueno o no—, su abuelo Kizashi y su madre la reina Hanan que se hallaba sentada en el borde de la cama, sosteniendo la mano de su hija en tan dolorosa labor. Concentrada de lleno en pujar como su madre y las sirvientas le indicaban, atendiendo su parto junto al Maestre Jugo, Sakura alzó la mirada hacia el umbral de su habitación al mismo tiempo que veía ingresar a Sasuke, encontrando sus orbes esmeralda con el iris ónix de él y que vio suavizarse, permitiéndole respirar con lo que ella sintió como calma por primera vez, aliviada de tenerlo cerca mientras su madre le quitaba el cabello del rostro; la princesa portaba un sencillo camisón beige de escote corazón que se pegaba a su piel sudorosa, ceñido bajo el busto por un ligero fajín rosa y mangas acampanadas que casi le cubrían las manos, con su largo cabello plateado completamente suelto y pegándosele al rostro y los lados del cuello, luciendo despeinada y deshecha por primera vez en su joven vida. Sería tonto, Sasuke lo sabía, pero podía sentir el dolor y la agonía de su hermana como suyos, apretando las manos a cada lado de su cuerpo, deseando poder evitarle semejante dolor, sabiendo que era su culpa, que el hijo que ella estaba dando a luz era suyo, aterrado de que el alumbramiento fuera demasiado para ella y pusiera en riesgo su vida o peor, lo que él nunca podría perdonarse.

—¿Tengo que estar aquí?— preguntó Baru, hasta entonces en silencio. —Preferiría estar en otro lugar— obvió de brazos cruzados y visiblemente incómodo.

—Tu esposa está dando a luz, claro que tienes que estar aquí— regañó la reina Hanan en voz alta, sin apartarse de su hija en ningún momento.

—No es la primera mujer que da a luz, no hay nada extraordinario en ello— desestimó el príncipe mayor, diciéndose que todo estaría bien al final.

—Baru, cállate— protestó el príncipe tuerto, apretando los dioses para no maldecir.

—No sé porque tú estás aquí— comentó Baru enfocando su atención en su hermano.

—Porque es nuestra hermana— contestó Sasuke como si fuera obvio, no pudiendo mentir mejor en ese momento y siendo media verdad.

—Por favor, todos los partos son largos y escandalosos, y todas las parturientas gritan— suspiró el príncipe entornando los ojos, aburrido.

El rey Tajima brillaba por su ausencia en la habitación, pero ello no preocupaba a la reina Hanan, su esposo había estado ausente en sus cuatro partos, probablemente recordando la trágica muerte de la reina Haruka, ya que él había ordenado que le abrieran el vientre para salvar al bebé en su útero, condenándola a morir por la pérdida de sangre; esto se le perdonaba al rey, después de todo un parto no era lugar para un hombre, que el príncipe Baru ya estuviera presente era cosa rara, ni decir el príncipe Sasuke, pero la reina Hanan ni nadie pensó en cuestionarlo, ambos eran hermanos de la princesa después de todo. La habitación era un hervidero de ruidos; las doncellas y sirvientas moviéndose de allá para acá, el Maestre Jugo insistiéndole a la princesa que pujara, la reina Hanan animando a su hija y la princesa Sakura gruñendo o gritando, redoblando esfuerzos de ser posible gracias a la presencia de su hermano, mas nadie tenía cómo saberlo, solo ella; lo estás haciendo bien, tú puedes, animó Sasuke mentalmente al encontrar su mirada con la de su hermana, deseando acercarse a su diestra y sostener su mano, besarla en la frente y hacerle saber que estaba ahí...pero no podía, él era tan solo su hermano, Baru era su esposo, nadie podía saber de su verdadero vínculo, si lo hicieran todo se derrumbaría sobre ellos. Las horas continuaron pasando, pero ninguno de los presentes abandonó la habitación, el parto fue doloroso como nada para Sakura, sentía que la destrozaba por dentro, haciéndola gritar y llorar, pero nadie pareció sentir piedad, porque ese era su deber como el de Baru sería gobernar un día, su madre se lo había enseñado y su abuelo que la observó con cariño desde su lugar hasta que, por fin, cuando el alba despuntaba, gritó a todo pulmón mientras sentía algo abandonar su cuerpo:

—¡Es un varón!— anunció el Maestre, sosteniendo el infante en sus manos, —un varón sano— reafirmó con una sonrisa de indudable jubilo.

—Muy bien, Sakura, un heredero— celebró la reina Hanan con una radiante sonrisa, inclinándose para besar en la frente a su agotada hija.

Separándose por primera vez del lado de su hija, la reina Hanan se acercó al Maestre Jugo que estaba limpiando al bebé de la sangre que lo cubría con ayuda de las doncellas de la princesa, examinándolo minuciosamente, como si quisiera comprobar que estaba tan sano como había anunciado y finalmente volviéndose hacia la reina para tendérselo, enternecido como todos cuando la vio acomodarlo en sus brazos con una radiante sonrisa, tierna y humana por primera vez en mucho tiempo, lo que incluso sorprendió a sus hijos. Dejando libre un suspiro de alivio, aún muy adolorida y cansada, pero aliviada de haber cumplido con su deber, Sakura siguió con la mirada al bebé en brazos de su madre, deseando poder cargarlo y abrazarlo desesperadamente, su hijo, su pequeño príncipe, pero se dijo que ya tendría ocasión de ello, consolándose y esbozando una ligera sonrisa mientras su madre se acercaba a Baru para que conociera a su hijo y viendo la sorpresa e incredulidad en su rostro. Sasuke tuvo que esforzarse para no extender una de sus manos hacia el bebé que su hermano acunó en sus brazos; su corazón estaba roto, ese bebé era su hijo y, sin embargo, el primer hombre que lo sostuvo no fue él, sino que su hermano, a quien se le había dado todo y a quien nada se le prohibía, quien tenía todos los beneficios del mundo como primogénito; la promesa de una corona y la esposa que debería haber sido de Sasuke, dándole nuevas razones para odiarlo, puede que Baru no quisiera quitarle todo con intención, pero ahora también le había quitado el derecho de ser el primero en sostener en brazos a su hijo. Repentinamente, la breve paz llegó a su fin y Sakura volvió a gritar, haciendo que el príncipe tuerto alzara la mirada en su dirección, sobresaltado al igual que su hermano y su madre.

—¿Qué sucede?— preguntó Sasuke, siendo el único en recuperar el habla.

—¡Hay otro!— jadeó el Maestre con sorpresa. —Es un parto de gemelos— era una verdadera rareza, un milagro y riesgo al mismo tiempo.

El dolor fue abrupto, tanto que incluso a Sakura la sorprendió, se suponía que lo que debería esperar sería a que la placenta bajara para oficializar que el parto había llegado a su fin, pero en su lugar las contracciones se reanudaron y todo cuanto ella pudo hacer—maldiciendo interiormente a los antiguos y nuevos dioses, orando a los dioses de Valyria—fue gritar y pujar, queriendo que aquello acabara rápido, escuchando las indicaciones del Maestro Jugo de que el bebé estaba en posición y que ella solo debía ayudarlo a salir de su vientre. El embarazo había sido duro como nada que Sakura hubiera sentido antes, tanto que las últimas semanas se las había pasado en cama o en la bañera para sentir algo de alivio, y ahora entendía que toda esa fatiga venia de un parto de gemelos; su visión, los dos huevos de dragón y las llamas gemelas ahora por fin tenían sentido, y debería continuar asustada, pero ya no lo estaba, Sasuke estaba en esa habitación con ella, aunque no pudiera acercarse y sostener su mano, él estaba ahí y era todo lo que ella necesitaba. Era raro que una mujer tan joven como la princesa Sakura, de apenas quince años, tuviera más de un bebé a la vez, pero el alumbramiento probó ser exitoso cuando, menos de treinta minutos después del nacimiento del primer bebé, el segundo bebé por fin abandonó su vientre, no sollozando estruendosamente como había hecho su hermano, sino en perfecto silencio y calma, con su madre desplomando la cabeza contra la almohada, exhausta. Los ojos del príncipe Sasuke se concentraron de lleno en el bebé en brazos del Maestre Jugo, acercándose para verlo y esbozando una sonrisa al advertir el género antes que éste lo anunciara:

—Es una niña, completamente sana— informó el Maestre Jugo, ya no con la algarabía del primer parto debido al género evidentemente.

—Que bendición— la reina Hanan se acercó a su hija y estrechó una de sus manos entre las suyas. —Felicidades, Sakura— con un heredero, una princesa era más que bienvenida.

Más cerca del Maestre Jugo esta vez, y con su madre ocupada en felicitar a Sakura, recayó en Sasuke el recibir en brazos a la pequeña princesa de distinguible cabello azabache oscuro como su hermano mayor, acomodando con naturalidad a la pequeña princesa en sus brazos y casi conteniendo el aliento cuando está entreabrió sus ojos oscuros para encontrarlos con su rostro. El príncipe tuerto creyó por un momento que su hija se asustaría al ver su rostro, mas debido a su faltante ojo izquierdo, pero la pequeña princesa simplemente lo observó antes de cerrar los ojos, reconociéndolo con una calma abrumadora; un niño y una niña, llamas gemelas, como Sakura había dicho meses atrás, Sasuke sonrió ladinamente al comprenderlo, a la par que maravillado de que una pequeña vida tan tierna y frágil como su hija pudiera traerle tanta felicidad, casi sintiendo ganas de llorar, pero que contuvo lo mejor posible, cerrando brevemente su ojo. Dejando a su hija recuperarse del parto, la reina Hanan se acercó al Maestre Jugo para ayudarlo a que su hija se deshiciera de la placenta, ocasión que el príncipe tuerto no perdió para acercarse al lado de su hermana, intercambiando una mirada con ella y ante lo que Sakura sonrió radiante, concentrando su atención en su hija, Baru tenía aún en brazos al pequeño niño—completamente concentrado en este, como su abuelo el lord Mano—, pero esto no pasó desapercibido para la reina Hanan, feliz de que ambos siguieran siendo tan unidos como en su infancia, de que pudieran sentir compañerismo y afecto el uno por el otro, pero casi viendo algo más en el fondo, mas desechó esta idea de inmediato. Ambos eran hermanos, pero Uchiha…


Bosques Reales, Fuera de Desembarco del Rey

En sus años de juventud, Vaghar había cabido perfectamente en el Foso de Dragones, pero no extrañaba ya no hacerlo; el peor aspecto de aquel lugar eran los otros dragones y no era ningún secreto que a Vaghar no les gustaban estos; eran jóvenes, tontos, de cabeza vacía y que siempre estaban presumiendo por el brillo o singular color de sus escamas y, a su vez, él no le agradaba a los demás; era muy viejo, demasiado grande y procedía de una era diferente, donde las guerras habían sido pan de cada día, y veía el mundo de forma diferente a ellos. La única excepción era Dreamfire, que siempre tenía una razón para estar feliz y siempre parloteaba, llenando su solitaria existencia, sabiendo entretenerlo y hacer que olvidara todo, eliminando el silencio con sus melodiosos rugidos. El parto había sido agotador para Sakura, no menos que casi un día completo, ya que cuando su hija había nacido, ya había pasado casi una hora del alba, y aunque Baru inicialmente había estado encantado con su hijo, esta fascinación no había durado y había vuelto a su vida desobligada, por lo que en su lugar—y con sumo placer—Sasuke había ocupado el lugar junto a su hermana, visitándola a cada momento disponible durante el día para asegurarse de que estuviera bien y para pasar tiempo con los dos recién nacidos, sus hijos, pero extrañaba volar en Vaghar, habían pasado tres días del parto y el príncipe tuerto finalmente bajo del caballo al llegar a los bosques reales, donde su dragón aguardaba. Vaghar no era hermoso, pero cuando otros dragones hubieran hecho las cosas que él había hecho, cuando hubieran crecido como él, tampoco serían hermosos, por ello la belleza de Vaghar estaba en su intimidación, su poder y cicatrices.

Buen día, Vaghar— saludó Sasuke en Alto Valyrio, esbozando una sonrisa ladina. —¿Listo para volar un poco?— desafió, acercándose con intención de subir a su lomo.

Creo que antes deberías ver eso de allá— negó Vaghar, alzando la cabeza y encontrando su mirada con la de su jinete antes de señalar algo a lo lejos.

Extrañado por las palabras del viejo dragón, Sasuke siguió la dirección de la mirada de Vaghar, frunciendo el ceño al ver que efectivamente y a varios metros había algo en el suelo repleto de hierba, haciéndolo parpadear con mayor confusión de ser posible y acercar sus pasos hacia lo que sea que había en el suelo con andar vacilante y que dio paso a la sorpresa e incredulidad, deteniéndose en el camino para parpadear y estar seguro de lo que veía antes de acercarse. Sobre el suelo había una estructura de forma entre cónica y plana color gris oscuro, tan ancha como el lomo de un caballo o una silla de montar y entre sólida y blanda, el príncipe tuerto lo comprobó al inclinarse a su altura y pasar sus manos sobre la superficie, sintiendo como se alzaban dos siluetas ovaladas, haciéndolo desenfundar la daga que llevaba colgada al cinturóny cortar con esta la estructura que rodeaba las siluetas, removiendo los restos con sus manos, no quemándose pese al intenso calor que esto emanaba debido a su sangre de dragón, revelando un huevo de escamas negras como el fallecido Balerion y que lo hizo jadear de incredulidad al verlo. Los huevos de dragón eran reconocibles por las diminutas escamas que los cubrían, brillantes como metal pulido a la luz y que él trazo con sus manos, se trataba de una nidada y el calor del nido en que se habían hallado indicaba que eran recientes, pues los dragones jamás dejaban a sus crías en un lugar inseguro a menos que fueran a supervisarlos de ser preciso, ¿Quién era el padre o la madre de esos huevos? Vaghar era macho, y no había otra hembra en Desembarco del Rey además de Dreamfire, ambos jugaban y pasaban mucho tiempo juntos cada vez que Sakura y él volaban sobre sus lomos, pero de eso hacía tiempo, ¿Sería posible…?

Por los dioses…— Sasuke finalmente pareció recuperar el habla, aún muy incrédulo. —Vaghar, ¿Sabes quién los puso?— preguntó, volviendo la mirada hacia su dragón.

No me veas a mí, soy macho— contestó Vaghar con tono bromista, casi rejuvenecido. —Solo diré que Dreamfire ha estado rondando la zona cuando está fuera del Foso, desde hace varias semanas— informó volviendo a recostar su cabeza en el suelo.

¿Estás diciendo que…?— inquirió el príncipe tuerto, ya que las palabras de su dragón solo daban una interpretación.

Te dije que un dragón no pide nada, solo reclama lo que es suyo— recordó el viejo dragón abriendo un ojo como única respuesta. —De seguro lo entiendes— Dreamfire y él se habían apareado, igual que su jinete con la princesa soñadora.

Los grandes Maestres de la historia de Poniente no se ponían de acuerdo, muchos decían que los dragones no tenían género y que se reproducían espontáneamente, otros decían que si tenían género y que cambiaban de este a voluntad, pero por el tiempo que Sasuke llevaba conociendo a Vaghar sabía que el viejo dragón era macho, tanto como Dreamfire era hembra al igual que Syrax, que era su hija y ya había tenido una nidada con Seasmoke, el dragón del fallecido Tenma Senju. Fuera como fuera, los Maestres habían registrado que los dragones se reproducían varias veces durante sus vidas—aunque sus hábitos de apareamiento era discutibles—, en nidadas de cuando mucho cinco huevos y un mínimo de dos, como los que estaban ante el príncipe tuerto, que dejó el primer huevo sobre la hierba, sacando el segundo de la nidada y limpiando los restos que lo rodeaban, contemplando sus escamas verdes como esmeraldas, idénticas a las de Vaghar que rugió por lo bajo, ronroneando más bien. Sus hijos habían nacido hace tres días, al mismo tiempo en que Dreamfire había provocado un desastre en el Foso de Dragones, luchando con sus cuidadores durante toda la noche hasta soltarse de sus cadenas y devorado a uno de estos, no habiendo regresado al Foso durante casi todo un día y nadie la había visto, casi como si de alguna forma hubiera sentido el mismo dolor que Sakura, y ahora él encontraba dos huevos de dragón frescos, cerca del propio Vaghar, su dragón, ¿Es qué podía haber una señal más clara? Sasuke sonrió ladinamente, cargando ambos huevos en sus brazos y dirigiéndose hacia su caballo, mientras Vaghar lo seguía con la mirada, aún recostado sobre la hierba, volviendo a dormir.

Tenía el regalo perfecto para sus hijos.


La habitación de la princesa Sakura estaba en silencio salvo por los quedos arrullos que ella dedicaba a sus hijos, con una luminosa y tierna sonrisa adornando su rostro mientras intercambiaba una sonrisa con su amiga y doncella Ino, que acunó a la pequeña princesa en sus brazos al recibirla de brazos de su madre y dejarla sobre su cuna, una de las cuales reposaban muy cerca de la cama de la princesa, estando la otra ocupada por el nuevo príncipe y volviéndose hacia su princesa para proceder a retirarse a la sala contigua, donde esperaban las demás doncellas de la princesa, permanentemente atenta a lo que ella necesitara. La princesa portaba un sencillo camisón beige de escote corazón decorado por encaje en el contorno y que cubría holgadamente su figura, ceñido bajo el busto y de mangas acampanadas que le cubrirían casi por completo las manos de no ser que ella las mantenía cruzadas sobre su vientre, suspirando entre aliviada y acostumbrándose a su nueva situación, recordando lo doloroso que había sido el parto, pero sintiendo que todo valía la pena ahora que tenía a sus dos pequeños hijos, teniendo a dos pequeñas vidas que la necesitaban, mas se sentiría mucho mejor si pudiera amamantarlos, pero su madre ya le había explicado que una princesa no daba el pecho y había contratado a dos nodrizas para ambos bebés. La verdad, se sentiría más aliviada si no soñara con ratas atacando la cuna de su hijo, pero esperaba que no significara nada; irrumpiendo en sus pensamientos, la puerta secreta al costado de su cama se abrió, revelando a su hermano Sasuke, lo que la hizo sonreír de nueva cuenta antes de palidecer ante la incredulidad, viendo como sostenía dos huevos de dragón en sus brazos.

—¿Son huevos?— preguntó Sakura solo para estar segura, apenas y creyendo lo que veía.

—Una nidada de dos— asintió Sasuke cerrando la puerta con su espalda y rodeando la cama para acercarse a las cunas. —Vaghar me indicó donde había establecido Dreamfire su nidada. Aparentemente tu dragona ha estado ocupada fuera del Foso— informó, depositando el huevo de escamas esmeralda al interior de la cuna de su hijo.

—¿Quién será el afortunado padre? No hay muchos dragones machos; Carexes y Seasmoke están en Dragonstone, y Sunfire es demasiado joven y pequeño, además los tres son sus hijos, y no hay dragones salvajes— reflexionó la princesa en voz alta, viendo a su hermano depositar el segundo huevo, de escamas negras, al interior de la cuna de su hija. —No creerás que Vaghar…¿No es un poco viejo para ella?— Vaghar había sido hermano de Balerion y Meraxes, padres de Dreamfire.

—Oye, Vaghar, tiene más de cien años y Dreamfire ronda los cien— defendiendo el príncipe tuerto al erguirse, no creyendo que eso fuera precisamente un problema.

—Bien, no diré nada— sonrió ella, genuinamente divertida. —Muchas gracias por traerlos— apreció, siendo el mejor regalo posible para sus hijos.

Había sido la princesa Hana Uchiha, hija de Sanosuke I y nieta de Baru I "El Conquistador" quien había iniciado la tradición de la casa real de colocar huevos de dragón en las cunas de sus hermanos Naka I y Demiya poco después de su nacimiento, ambos huevos nacidos de su dragona Dreamfire; Vermithor y Silverwing respectivamente, y el rey Naka I había hecho igual al colocar un huevo en la cuna de su primogénito varón el príncipe Kenshin—padre de la príncipe Naori—tras su nacimiento, inaugurando así la tradición, una tradición que Sasuke quería respetar y Sakura también, de ahí su sonrisa mientras veía a sus dos bebés durmientes y que parecieron a gusto con el calor que brindaban los huevos en sus cunas. Si el huevo eclosionaba durante la infancia de un príncipe, se consideraba que el niño o niña era un verdadero Uchiha, y si no lo hacía un mal augurio, pero Sasuke y Sakura sabían que si los huevos no eclosionaban, sus hijos podrían ser jinetes de dragones ya adultos y libres, como habían hecho ellos; Sasuke se acercó finalmente a la cama tras observar largamente a sus durmientes hijos, sentándose sobre el colchón junto a su hermana y que no apartó sus ojos de los suyos salvo para ver a sus hijos, lo mismo que él. Ambos habían tenido claros los nombres que deseaban para sus hijos al momento del parto; Naka y Demiya como sus bisabuelos, nombres dignos de un futuro rey y una futura reina, que era lo que serían sus hijos...pero, su padre el rey Tajima y Baru como padre habían elegido algo diferente tras el nacimiento; el niño había sido nombrado Daisuke, un nombre de rey que esperaban resarcir de su oscuro pasado, y la niña había sido nombrada Sarada, un nombre muy común de la casa real.

—Dos se convierte en uno, y uno se convirtió en cuatro— reflexionó Sakura en voz alta, recordando su visión, mas aun no consiguiendo creer tener a sus hijos consigo.

—Tus visiones siempre son correctas, debí suponer que algo así pasaría— asintió Sasuke observándola con una sonrisa ladina.

—Ni siquiera yo sabía que sucedería, no te sientas mal— sosegó la princesa alargando una de sus manos para estrecharla con la suya. —Me gusta verte así, feliz— la ternura en su mirada y la sonrisa en sus labios era el mejor regalo para ella.

—Ser padre es una sensación extraña; me siento como el hombre más poderoso del mundo, pero al mismo tiempo el más vulnerable— admitió el príncipe tuerto, aún más enamorado de ella de ser posible. —Tengo tres razones por las que vivir; tu, Daisuke y Sarada— nombró, orgulloso de ello. —Gracias, Sakura— apreció, siendo la primera vez que lo decía desde el nacimiento de sus hijos, no habiendo tenido oportunidad.

—¿Por qué?— indagó ella con extrañeza, no creyendo haber hecho nada excepcional.

—Por darme un propósito— contestó él con profunda gratitud para con ella.

—Yo también tengo que agradecerte mucho, por estos pequeños regalos— difirió la princesa, pues el regalo había sido mutuo desde su punto de vista, —y espero darte muchos más— aunque no pronto, no quería que nada robara su tiempo juntos. —Pero que no sean gemelos la próxima vez— bromeó, aunque siendo cierto también.

Ambos rieron ante la broma, ya habiendo sido toda una sorpresa—y regalo, al menos para Sasuke—que tuvieran gemelos, habiendo esperado un hijo en su lugar, no dos, pero también de alegría, el príncipe tuerto inclinando su rostro sobre el de su hermana y sonrió antes de encontrar sus labios en un beso, sintiendo su adoración y escuchando su voz articular su nombre como una oración antes de reclamar su boca profundamente, deslizando su lengua contra la suya y ante lo que ella cedió en perfecta armonía. El presente era un verdadero sueño para Sasuke, no todo era como quisiera ni podía serlo, pero si los dioses le hubieran dicho hace un año que la mujer que amaba lo bendeciría con un hijo y una hija, se habría reído o habría dicho que le estaban jugando una broma, pero era verdad, nada de lo que había ante él debería de ser posible, y sin embargo lo era y se sentía infinitamente afortunado, así como aún más enamorado de Sakura de ser posible, solo queriendo demostrarle cuánto la amaba, mas ello debería esperar. Afortunadamente, al nacer, tanto Daisuke como Sarada habían mostrado haber heredado el característico cabello oscuro de los Uchiha, con los mismos ojos negros como ónix y piel blanca, los rasgos estereotípicos de su casa, y era demasiado pronto para que alguien pudiera identificar los rasgos de ambos niños con los de Sasuke, solo Sakura podía hacerlo al compararlos cada vez que los veía juntos, nadie podría saber que eran de Sasuke y no de Baru. Un día, cuando Daisuke y Sarada crecieran, serían comprometidos y se convertirían en rey y reina como sus ancestros dentro de la casa Uchiha, pero aún tenían mucho tiempo para que ese día llegara…


Dos Meses Después

Recuperarse del parto había requerido más que los cuarenta días estipulados para cualquier madre, un parto de gemelos había sido mucho para el cuerpo joven de la princesa Sakura, pero esto tenía su lado bueno, ya que así evitaba que su esposo el príncipe Baru visitará su cama o que su madre lo presionara a ello; contando con el apoyo y discreción de Ino, Sakura terminó de beber la taza de té que esta le había conseguido secretamente con el Maestre Jugo, un té que le asegurara que no se quedara embarazada por compartir la cama con Sasuke, siendo la Yamanaka una experta en evitar un embarazo pese a su relación con su amante secreto. La princesa portaba un sencillo camisón blanco de escote en V, sin mangas sino que finos tirantes y larga falda de velo, luciendo encima una bata de seda entre ámbar y verde oliva de mangas holgadas y ceñidas por sobre las muñecas, repleta de bordados en verde e hilo de oro para emular dragones dorados en el contorno interior de la tela y en el dobladillo, con su largo cabello rosado cayendo en ordenados rizos sobre sus hombros y tras su espalda, y fue así como la encontró Sasuke al ingresar en la habitación por la puerta secreta junto a su cama, paseándose nerviosa y ansiosamente, mas deteniendo sus pasos y volteando a verlo al escuchar la puerta cerrarse a su espalda. La distancia entre ambos se cerró velozmente por el príncipe tuerto, que avanzó velozmente hacia ella y acunó su rostro entre sus manos, halándola hacia sí en un beso desesperado, reclamando con gusto lo que tanto anhelaba de ella, sabiéndose el responsable de haber despertado y descubiertos sus más profundos deseos más allá del simple deber de esposa para con su hermano Baru, lo que lo hacía sentir orgulloso mientras rompía el beso para recuperar el aliento.

Aún acunando el rostro de su hermana entre sus manos, Sasuke admiró fascinado la belleza de la mujer frente a él, cada vez más baja ya que él se estaba haciendo más alto debido a su extenuante pero fructífero y constante entrenamiento; una diosa valyria en cuerpo de mortal, la representación de la belleza femenina con su estrecha cintura y caderas anchas bajo el inmaculado camisón blanco, tanto como su piel lozana y sin mancha que resaltaban sus labios rosados, sus ojos verdes como esmeraldas adornados por largas pestañas y sus inigualables rizos rosados. Demasiado embelesado como para retomar el beso, en su lugar Sasuke inclinó su rostro más abajo, hacia su cuello, apartando sus largos rizos rosados y comenzando a depositar un camino de besos desde su largo cuello a sus hombros, bajando la bata de seda que cubría su figura, sonriendo ladinamente al escuchar un suspiro de placer abandonar sus labios mientras ella se arqueaba contra él, meciendo sus caderas al encuentro de las suyas, ante lo que el príncipe tuerto no dudó en descender su tacto para hacer que ambas anatomías se encontrasen a través de la tela que los cubría, fundiéndose por fin en un nuevo beso, igualmente desesperado. En paralelo, aunque igualmente concentrada en el beso, Sakura descendió sus manos de los hombros al pecho de su hermano, desabrochando las hebillas que cerraban su jubón, aliviada cuando lo sintió resbalar por su torso y brazos hasta caer al suelo, procediendo a concentrarse entonces en desabrochar sus pantalones, aunque encontrando problema ante la ferocidad de los labios de su hermano adueñándose de los suyos, apasionado, desesperado, voraz, ambos olvidando cualquier delicadeza y actuando como los dragones que eran y tanto se empeñaban en sublimar.

Sakura abrazó aquella pasión y deseo desesperado, no quería que Sasuke la tratara como una virgen que no sabía de las artes amatorias, quería que fuera sincero en su pasión por ella, que gozara con ella hasta lo inolvidable y ello coincidió con la acción conjunta de ambos; Sasuke bajó los tirantes de su camisón desnudándola bajo su mirada y ella le desabrochó los pantalones que él no dudó en quitarse, ambos completamente expuestos a la mirada del otro. Rompiendo el beso, Sasuke se detuvo a admirar la perfección de la desnudez de su hermana, admirando cada cambio que el embarazo había dejado en ella, admirando su piel blanca como la nieve, no deseándola únicamente para satisfacer su lujuria, en absoluto, ella era lo más valioso que existía para él en el mundo, la única mujer a quien podría amar, anhelar y desear con todo su ser, sintiendo su corazón latir cada vez más rápido dentro de su pecho por solo estar en la misma habitación y respirando el mismo aire. Los brazos del príncipe tuerto se envolvieron a la estrecha cintura de su hermana, fundiéndose en un nuevo beso ante el que ella no dudo en corresponder, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y sus piernas alrededor de sus caderas, permitiéndole guiarlos a ambos hacia la cama sobre la que se dejaron caer, él apoyándose en sus brazos para no aplastarla debajo suyo, sin romper el beso en ningún momento, sintiendo como toda la situación era algo mucho más intenso que nada que hubieran experimentado antes; era hambre, era algo primario, lo sentía mientras rompía la unión de sus labios y—sin perder detalle de su rostro en el proceso—descendía por su mentón y cuello con una serie de besos, bajando cada vez más con la completa intención de demostrarle su adoración como la diosa que ella era.

La princesa no pudo evitar arquearse contra el cuerpo de su hermano y morderse el labio inferior, siguiéndolo con la mirada, sintiendo sus labios recorrer su cuello, descender por el valle entre sus pechos y adorar estos de igual manera, con paciencia y devoción, succionando su pezón entre sus labios y haciéndola estremecer pues estos continuaban demasiado sensibles debido a su incumplida labor de amamantar a sus hijos—tarea de las nodrizas—, sonriendo distraídamente mientras él atendía el otro, recordando como él la había ayudado a deshacerse de la leche que había comenzado a bajar después del parto. Relamiéndose los labios tras atender debidamente los pechos de su hermana, Sasuke encontró su mirada con la de Sakura mientras deslizaba sus manos por su anatomía, separando sus piernas para él mientras admiraba su belleza, contemplando sus ojos esmeralda llenos de lujuria, sonriéndole tiernamente y a quien él supo corresponder con toda su atención; no pudiendo esperar esta vez ni ir lento, ya habiendo esperado demasiado al igual que ella, Sasuke penetró en el interior de su hermana, sintiendo cada músculo de ella bajo su cuerpo arqueándose contra él, recibiéndolo con gusto, echando la cabeza hacia atrás y mordiéndose el labio inferior para no gritar cuando él se enterró hasta la empuñadura, y la reacción del príncipe tuerto no fue muy diferente, envolviendo sus brazos alrededor de ella y enterrando su rostro contra su hombro, gruñendo su nombre. Ambos se quedaron quietos por varios segundos, adaptándose al cuerpo del otro tras tanto tiempo sin haber experimentado tan íntimo abrazo, gimiendo por lo bajo antes de comenzar a mecer sus caderas al encuentro de las del otro.

Las embestidas comenzaron con prontitud, no siendo especialmente profundas sino superficiales, pero muy intensas, Sasuke reteniendo las caderas de su hermana contra las suyas y Sakura halando fuertemente las sabanas antes de mover sus manos a los hombros y espalda de su hermano, arañando la piel a su paso, besándose nuevamente en un intento por sofocar los jadeos y gemidos que salían de sus labios mientras hacían el amor, ambos intentando concentrarse completamente en el otro para que el clímax no llegase demasiado rápido, pero había pasado tanto tiempo desde que habían experimentado aquel placer y se deseaban tanto, que la cúspide se sentía cada vez más cerca. El beso se rompió para que ambos solo pudieran recuperar el aliento, pegando su frente a la del otro y jadeando sus nombres antes de volver a unirse, Sakura arqueando la espalda debajo del cuerpo de su hermano al sentir que su miembro tocaba un punto en su interior que la hacía desear gemir cada vez más fuerte, gritar de ser posible y que se evitó debido al beso que compartían, pero su cuerpo respondió a esa necesidad de más por cuenta propia, elevando sus caderas, necesitando que la penetrase más profundamente, percibiendo el gemido de su hermano en medio del beso. Las caderas de Sakura se encontraron perfectamente contras las suyas, permitiéndole embestir cada vez más rápido, sintiendo a su hermana abrir más las piernas, instándolo a llegar más profundamente en su interior, arqueándose debajo suyo y gimiendo cada vez más en medio del beso que compartían y que solo amortiguaba el eco de los mismos dentro de la habitación ante el roce de su lengua envolviéndose contra la suya y viceversa.

—Sakura, voy a…— advirtió el príncipe tuerto al romper el beso para recuperar el aliento.

—Hazlo dentro, por favor— rogó la princesa, envolviendo más sus piernas alrededor de sus caderas e incapaz de pensar en nada más.

—Lo que quieras, lo que quieras…— asintió Sasuke de inmediato, sintiendo su deseo por ella crecer al saber que ella sentía la misma pasión que él.

Que más habrían deseado que hacer de esa experiencia algo más duradero, pero no podían resistir más, moviéndose juntos, sus manos acariciando o arañando el cuerpo del otro; Sasuke sentía que cada parte de Sakura era perfecta para él y su deseo era saborear el momento lo más posible, sintiendo a su hermana arquearse ante cada tacto suyo, alzando las manos para acunar su rostro, y deslizarse a su nuca y quitarle el parche que cubría su ojo izquierdo, arrojándolo al suelo y atrayéndolo en un nuevo beso ante el que él correspondió de inmediato. Envolviendo firmemente sus piernas alrededor de las caderas de su hermano, Sakura gimió más y más en medio del beso, sintiendo la tensión aumentar cada vez más entre sus piernas mientras sentía como sus embestidas eran cada vez más fuertes, rápidas e imprecisas jadeando contra sus labios en respuesta, enviándola a un orgasmo sorpresivo y brutal que la desgarró placenteramente, que se acrecentó mientras lo sentía embestir erráticamente y finalmente enterrarse en su interior, derramando su semilla en su interior y casi colapsando encima de ella. No era la primera vez que hacía el amor con su hermana, pero la fuerza del clímax derribó por completo al príncipe tuerto, disfrutando inmensamente derramarse en su interior, temblando por completo y no desplomándose sobre ella debido al apoyo de sus brazos; ella era suya, y el solo pensamiento lo hizo sonreír mientras Sakura acunaba su rostro entre sus manos, le sonreía tiernamente y lo besaba profundamente, transmitiéndole su satisfacción mientras sus labios se movían contra los suyos. Ambos se abrazaron, tumbados sobre las sábanas, perteneciéndose por completo en su intimidad.

Nadie podía quitarles eso.


Una Semana Después

Viendo el sol ocultándose en el horizonte, la princesa Sakura despidió a Ino, queriendo estar sola un rato, ante lo que la Yamanaka le sonrió al igual que Hinata—otra de sus doncellas—, ambas cargando a los príncipes Daisuke y Sarada para llevarlos con la reina Hanan que deseaba pasar tiempo con ellos, dejando a la princesa a solas con sus pensamientos y sentada junto a la chimenea. La princesa portaba un vestido verde pálido de escote en V que parecía quedarle algo estrecho en el corpiño ya que sus pechos habían crecido por el embarazo, ceñido a su figura y cerrado por seis botones de igual color, falda de velo y mangas holgadas así como traslúcidas que le cubrían las manos, encima una chaqueta verde oliva sin mangas sino que tenues hombreras y repleta de bordados dorados, ceñida a su cuerpo por un fajín de la misma tela con un broche de oro que emulaba el emblema familiar, el dragón de tres cabezas; luciendo alrededor de su cuello el collar de acero valyrio y esmeraldas en forma de dragón que su padre le había regalado en su decimocuarto onomástico y unos largos pendientes de oro y esmeralda en forma de lágrima le rozaban los hombros, con sus largos rizos rosados cayendo tras su espalda y formando una trenza como cintillo sobre su coronilla. Ese día había recibido la visita de un mercader de Volantis, que le había obsequiado un cofre de joyas preciosas como regalo por el nacimiento de sus hijos; Sakura había regalado un rubí a su esposo Baru, una esmeralda a su madre la reina que la había abrazado, un diamante a su abuelo Kizashi, y se había quedado con una reluciente amatista de gran tamaño que sostuvo entre sus manos en ese momento, fascinada, recordando al mercader de Volantis llamarlo "Lagrima de Sirena"; no era extraño que no escuchara a su hermano ingresar.

—¿Qué es eso?— inquirió Sasuke cerrando la puerta secreta a su espalda, haciendo que su hermana alzara brevemente el rostro hacia él en señal de reconocimiento.

—Una amatista, una muy hermosa— contestó Sakura regresando su atención a la gema mientras su hermano se acercaba para sentarse frente a ella. —La trajo un mercader de Volantis, aparentemente perteneció a una reina de la Antigua Valyria, pero no sé si es posible— resumió, tendiéndole la gema y que él examinó atentamente.

—Una joya digna de otra reina— asintió el príncipe tuerto, no sintiendo especial fascinación por la valiosa joya entre sus manos.

—El abuelo me aconsejo convertirla en una joya, pero creo que es demasiado grande para un anillo y se siente demasiado pesada para un collar— consideró la princesa en voz alta, no sabiendo qué hacer con ella. —¿Y si la usaras en la empuñadura de tu espada, como Baru?— todos hablaban ese día de cómo su hermano mayor adornaba la empuñadura de su espada con un rubí ahora, obsequio suyo.

—No soy tan vanidoso como para usar algo tan valioso en mi espada— negó él, casi entornando los ojos y habiéndola visitado por sentir celos debido a ese inesperado regalo.

—Pero quiero que tú la tengas— ella casi formó un puchero ante su empecinamiento, mas sintiendo una idea cruzar velozmente su mente. —¿Recuerdas las historias que nos contaban los Maestres, sobre la Era de los Héroes?— quería conocer su opinión.

—Sí, Benji "El Constructor", el Rey Gris— nombró Sasuke sin mayor interés. —Prefiero las historias de Valyria— recordó, aunque todos lo sabían. —¿Por qué lo dices?— inquirió, no entendiendo el punto de aquella pregunta.

—¿Recuerdas a Shigeru "Ojos de Estrella"?— profundizó Sakura, esperando que él entendiera el motivo detrás de su pregunta.

—¿Quieres que use la amatista como mi faltante ojo izquierdo?— el príncipe tuerto se sorprendió ante la idea, no habiendo contemplado tal posibilidad en absoluto.

—Era un guerrero legendario, un hombre caballeroso— señaló la princesa, asintiendo.

—¿Te parezco caballeroso?— inquirió él no sabiendo cómo tomar la oferta, ni el que su hermana pensase tan bien de su persona.

—Eres una buena persona— señaló ella como si fuera obvio, —no lastimas a las mujeres; me proteges, a nuestra madre, nuestros hijos, y sirves a tu rey y al príncipe incluso cuando...— no pudo terminar de hablar, sintiéndose tonta por sugerirlo en primer lugar.

Sakura se sintió como una tonta por iniciar aquella conversación, sabiendo cuán delicado seguía siendo para su hermano su ojo izquierdo perdido, claro que él no iba a llevar una amatista en la cuenca de su ojo, por lo que ella calló y bajó la mirada, deseando disculparse y retirar sus palabras, ajena al interés que su hermano dirigió a la amatista que examinó en su mano derecha; una amatista brillante, pulida por una mano magistral, majestuosa y noble, una joya digna de una reina sin importar que fuera o no cierto que había pertenecido a una antigua reina de Valyria como se contaba, la joya hasta resultaba simbólica, era del mismo color que Dreamfire, la dragona de su hermana, y examinándola mejor el príncipe tuerto no dudo en levantarse de su asiento y acercarse al espejo de cuerpo completo junto al tocador de su hermana, a un par de pasos de la chimenea. Sorprendida, Sakura siguió los pasos de su hermano con la mirada, observando su figura cada vez más esbelta, alta, musculosa y cargada de garbo, levantándose de su asiento cuando lo vio quitarse el parche que cubría su ojo izquierdo, despejando su ojo, pero desde su lugar ella no pudo ver cómo deslizaba la preciada joya al interior de la cuenca vacía de su perdido ojo izquierdo, no sabiendo si acercar sus pasos y sabiendo que su atención podría incomodar a su hermano, mas conteniendo el aliento por la impresión cuando él se volvió hacia ella. Sasuke estaba interiormente sorprendido de que la joya encajara perfectamente en su faltante cuenca izquierda, mas nada le era más importante que la aprobación de su hermana, siendo ese su regalo y deseando lucirlo, así siempre llevaría una parte de ella consigo, el símbolo de su dragona, mas solo ambos sabrían lo que realmente significaba, viéndola esbozar una lenta sonrisa.

—¿Cómo se ve?— consultó Sasuke solo para estar seguro, ansioso por su respuesta.

—Pareces un rey— elogió Sakura sinceramente, acercando sus pasos para cerrar la distancia entre ambos, habiendo visto esa imagen en sus sueños y visiones.

—Y tu pareces una reina— correspondió él con una sonrisa ladina, envolviendo sus brazos alrededor de su estrecha cintura y atrayéndola en un abrazo.

Esa sonrisa era todo lo que Sasuke necesitaba para sentirse completo, adorando infinitamente el regalo de su hermana y se lo demostró al inclinar su rostro sobre el de ella y besar sus labios, reclamando el interior de su boca con su lengua, lujurioso y absorbente, alargando una de sus manos para entrelazarla con la suya y situarla sobre su corazón como mudo agradecimiento, sintiéndola sonreír contra sus labios y el príncipe tuerto no perdió tiempo en alcanzar con sus manos el fajín que cerraba la chaqueta del vestido, desanudando este y dejándolo caer junto con la chaqueta. Aunque sorprendida por el apresurado actuar de su hermano, mas incapaz de no sentir el mismo deseo que él—sintiendo su miembro duro rozando contra la falda de su vestido—, Sakura alargó sus manos al pecho de su hermano para desabrochar su jubón que deslizó por el torso y brazos de Sasuke, quien la ayudó a quitárselo, pero ni siquiera tuvo tiempo de quitarle la camisa mientras sentía a su hermano desabrocharle el vestido y deslizar la tela por su parte superior, acumulándose a la altura de sus ahora más anchas caderas, dejándola expuesta desde la cintura hacia arriba, demasiado expuesta a la luz del día para su gusto. Sakura esperó que, en algún momento, su hermano la guiará hacia la cama mientras la desvestía, pero nada de eso sucedió, sino que en su lugar Sasuke parecía acercarla más al espejo junto al que se encontraban, haciéndola estremecer; la hacía sentir lasciva, podía ver su reflejo ante el espejo al alzar la mirada brevemente, no pudiendo imaginar una imagen más erótica que su hermano semidesnudo junto a ella, con sus brazos a su alrededor y ella casi desnuda, una imagen que se potenció cuando su hermano alzó su falda y deslizó su mano entre sus piernas, preparándola para él.

—Vamos a la cama— pidió Sakura encontrando su mirada con la de su hermano.

—Quiero tenerte aquí— negó Sasuke sin intención de moverse de donde estaba.

—¿Aquí?— repitió ella confundida, ante lo que su hermano la rodeó para acomodarse tras ella. —¿Cómo?— jamás lo habían hecho así, sintiendo como él apartaba su mano de su feminidad y se acomodaba tras ella, separándole las piernas.

No necesitando desvestir por completo a su hermana, pese a que fuese ese su más sincero deseo, Sasuke le alzó la falda con una mano y con la otra se desabrochó los pantalones, sintiendo a Sakura estremecer en respuesta bajo su tacto y más cuando la penetró con un solo movimiento, llenándola por completo y viéndola cubrirse los labios en el reflejo en el espejo para ahogar el profundo gemido que casi escapó de sus labios; torpemente, la pelirosa alzó una de sus manos para sujetar el marco del espejo, necesitando aferrarse desesperadamente a algo, demasiado abrumada por las sensaciones combinadas de la alegría por poder hacer un regalo digno a su hermano y recibir su más profundo agradecimiento. La hizo estremecer no solo la emoción del momento sino la posición en que estaban, Baru tendía a tomarla de esa manera, pero Sasuke jamás lo había hecho, y la princesa necesitó volver la mirada por sobre su hombro y rogarle a Sasuke que la besara con una mirada, lo que este no dudo en hacer, aún sin moverse en su interior, sintiendo los labios de su hermano abandonar los suyos y besarla luego en la frente, así como en las mejillas y la punta de la nariz, inclinándose para depositar un beso gemelo sobre sus hombros y espalda, recordándole que él no era su hermano. Aliviada de que su hermano comprendiera su preocupación, Sakura jadeó sonoramente contra la palma de su mano, encontrando su mirada con la de su hermano a través del reflejo entrelazado de ambos mientras hacían el amor, temblando de deseo, demasiado abrumada por la imagen mientras sentía las manos de su hermano ascender de sus caderas—aun sin moverse en su interior—a sus pechos, amasándolos con ambas manos.

—Así— susurró el príncipe tuerto con sus labios contra su oído, provocándola.

—Sasuke— gimió la princesa en respuesta, meciendo sus caderas contra las suyas.

—Mírate, míranos— indicó Sasuke, acunando su rostro para que alzara la mirada hacia el espejo. —Mira lo hermosa que eres— no podía apartar la mirada de su erótico reflejo.

Tras una agónica espera, Sasuke se retiró lentamente de su interior, volviendo a introducirse de golpe, mientras ella veía a en el espejo como su miembro aparecía y desaparecía entre sus piernas, una imagen tan tántrica que ella no consiguió apartar la mirada, cubriéndose lo mejor posible los labios o mordiéndose el labio inferior para no gemir escandalosamente, apenas advirtiendo como Ino cerraba las puertas que separaban la habitación privada del resto de los aposentos. La vista era tan erótica que ni siquiera Sasuke sabía que pensar mientras se retiraba y volvía a embestir contra el interior de su hermana, apenas y reconociendo la mirada animal que lo enfrentaba en el espejo y que solo hizo que sus embestidas se tornaran más rápidas y profundas, anhelando más de ella, presionando sus caderas juntas, tratando de sentirla por completo, de estar lo más cerca posible de ella, alzando sus manos para acariciar sus largos rizos rosados, trazando la curva de su largo cuello y apoyando su mentón contra su hombro, depositando un beso contra este. Acostumbrada a dejar que Baru hiciera lo que quisiera y tomara lo que quisiera de ella, Sakura respondió lo mejor posible a cada una de las embestidas de Sasuke, meciendo sus caderas contra las suyas, arqueando la espalda, y ella solo pudo volver la mirada por sobre su hombro para encontrarla con su iris ónix, alargando una de sus manos para acariciar el rostro de su hermano, trazando el contorno de la cicatriz que adornaba su rostro y que no le restaba atractivo, contemplando fascinada la amatista en su ojo izquierdo con ternura entremezclada, ante lo que Sasuke entrelazó su mano contra la suya, guiándola hacia sus labios.

Sakura era la única que podría tocarlo y verlo de esa forma, solo ella vería una cicatriz tan horrible con amor, porque ella lo aceptaba tal y como era; los labios de su hermana se despegaron de los suyos, deslizándose por su mandíbula y cuello, mientras él se retiraba de su interior y volvía a embestir, haciéndola suya, demostrándole cuanto la amaba, y él no dudo en acunar su rostro con una de sus manos, acercándolo al suyoen un beso, reclamando su boca como suya y envolviendo su lengua con la suya, disfrutando de la exquisita sensación de hacerle el amor y demostrarle cuánto la amaba. Por esto, Sasuke se quedó quieto para extrañeza de su hermana, que—tan pronto como el beso se rompió—encontró su mirada contra la suya, mas ella pronto entendió que deseaba que ella marcara el ritmo, lo que ella hizo vacilante, meciendo sus caderas contra las suyas, encontrando su mirada como si pidiera su aprobación y que él le dio al inclinarse para besarla en el hombro. El clímax estaba cada vez más próximo, Sasuke lo sentía, ella era tan hermosa…disfrutó contemplarla por varios segundos, embelesado con el vaivén de sus caderas contra las suyas, haciendo todo el trabajo, antes de finalmente retener sus caderas contra las suyas y retomar el control, mas sintiendo las caderas de su hermana seguir el ritmo de sus embestidas. Sus manos ascendieron de las caderas a las costillas y pechos de su hermana, tomándose su tiempo, amasando aquella parte de su anatomía que era por lejos su favorita, sintiéndola arquearse contra él, gimiendo contra la palma de su mano, intentando no hacer un escándalo cuando todo lo que él desearía era que gritara su nombre, que presumiera el placer que solo él podía darle.

Envolviendo su brazo alrededor de la estrecha cintura de su hermana, Sasuke se maravillóante el efecto de la postura, que elevaba sus pechos y la hacía parecer arcilla entre sus manos, sintiendo la respiración agitada y entrecortada de su hermana, más audible por su palma cubriendo su boca y que hizo sonreír ladinamente al príncipe tuerto mientras la sentía tensarse contra él, sentía su clímax materializarse más y más a cada segundo hasta que ella lo alcanzó por completo, y con ello desató el suyo, haciéndolo enterrar su rostro contra el costado del cuello de ella, mordiéndose el labio inferior para no gemir mientras se derramaba en su interior. Sakura apenas estaba recuperando el aliento de tan abrumador clímax, sintiendo las erráticas y últimas embestidas de su hermano contra su interior, no pudiendo advertir que estas provocarían un segundo orgasmo hasta que sucedió, obligándola a cubrirse velozmente los labios para no gritar, sintiendo que iba a desmayarse, demasiado abrumada como para articular tan siquiera una palabra coherente, tan solo pudiendo observar su reflejo en el espejo y temblando de nueva cuenta mientras sentía los brazos de su hermano envolverla. Las últimas olas del orgasmo recorrieron su cuerpo y Sakura por fin comenzó a asirse a la realidad gracias al abrazo de su hermano, abriendo los ojos y observando a Sasuke retirarse de su interior y acomodarle la falda antes de proceder a cerrarse los pantalones, envolviéndola nuevamente con sus brazos y girándola hacía sí, inclinándose para besar lenta y suavemente sus labios, sintiendo aún como su cuerpo temblaba contra el suyo, él ayudándola a acomodarse el vestido cuidadosamente.

—Creo que me gusta esta amatista— admitió Sasuke, pensando en que así siempre recordaría ese día. —¿Fui demasiado brusco?— preguntó con preocupación y pegando su frente a la suya, aun sintiéndola temblar contra él.

—¿Siempre es así?— cuestionó Sakura casi sin aliento, sujetándose de sus hombros o sentía que se desmayaría en cualquier momento.

—¿Cómo?— inquirió el príncipe tuerto, no entendiendo a que se estaba refiriendo.

—¿Cómo si mi mundo se fuera a desmoronar?— señaló la princesa, siendo la mejor comparativa, aun sintiendo sus piernas temblar por el inmenso placer experimentado.

—¿Estás diciendo que mis intentos anteriores fueron insuficientes?— preguntó él con un deje de preocupación, temiendo no haberle dado suficiente placer.

—¡No!— negó ella con vehemencia, no queriendo que pensase así. —No, es solo que...No sabía que pudieras hacerlo aún mejor— se apresuró a diferenciar.

—Ahora tengo mayores razones para llevarte a cumbres cada vez más altas— decidió el príncipe tuerto con una sonrisa arrogante adornando sus labios.

Recibiendo una melodiosa risa de su hermana ante sus palabras, Sasuke no tardó en envolver sus brazos alrededor de ella con profundo afecto, pudiendo trasmitirle ahora toda la ternura que había sido solo pasión mientras hacían el amor, y en respuesta su hermana lo abrazó con suavidad, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros y espalda, haciéndolo sonreír ladinamente mientras parecía tararear para ella, no una melodía o canción, sino que solo expresando su satisfacción. La inseguridad que tenía por haber perdido su ojo izquierdo no desaparecía de un minuto a otro, el trauma de perderlo había sido abrupto y desgarrador, por ello también usaba el parche para cubrir las consecuencias y no asustar a nadie, solo Sakura conocía y veía todo de él, pero ahora seguiría haciéndolo, con la diferencia de que la valiosa joya que ahora llevaba consigo era un secreto de Sakura y él únicamente, y seguiría quitándose el parche a solas con su hermana para ella fuera la única que pudiera disfrutar de ello. En medio del abrazo, sin romper este, a imagen de como había hecho mientras su hermano le hacía el amor, y expresaba su agradecimiento por su regalo, Sakura alzó una de sus manos para trazar el contorno de su cicatriz y con ello el contorno de su ojo izquierdo donde ahora reposaba la amatista; esbozando una sonrisa ladina, pudiendo acostumbrarse sin problema a tener tan valiosa y significativa joya en la cuenca de su ojo en lugar de nada, Sasuke observó su reflejó en el espejo, haciendo que su hermana siguiera su mirada y observaran su reflejo conjunto. Después de su amor y sus hijos Daisuke y Sarada, esa amatista era el mejor regalo que su hermana le había dado...


Cinco Años Después

Tras el nacimiento de sus hijos, los años pasaron dulcemente para la princesa Sakura, aunque quizás más sobriamente para el resto debido a la progresiva enfermedad de su padre el rey Tajima; su piel se veía afectada por marcas inexplicables y afortunadamente no contagiosas, tanto que habían tenido que extirparle el ojo izquierdo, su cabello se estaba debilitando cada vez más y cayéndose, y ya no podía levantarse de la cama debido al dolor, dejando el poder y autoridad en manos de su abuelo el lord Mano y en su madre la reina Hanan. Estaba mal, pero todos esperaban únicamente el día de su muerte, ya que parecía estar más muerto que vivo en los últimos años, siendo un completo desconocido para muchos, mas Sakura no pensaba así y siempre encontraba tiempo para visitarlo, bordar sus batas y camisas de dormir, aunque su padre delirara constantemente debido a la leche de amapola que le daban los Maestres y apenas la reconociera. De pie frente al espejo, Sakura esbozó una sonrisa cuando su doncella Hinata depositó una bandeja de pasteles de limón, frutas y delicias azucaradas así como jugo, vino o té sobre la mesa junto a la chimenea para que eligiera qué desayunar, abriéndole el apetito de inmediato y haciéndola sentir culpable a la par, situando sus manos por sobre su vientre, examinando su reflejo; su cuerpo había cambiado mucho desde el embarazo, ya no era tan esbelta como hacía seis años atrás, sus caderas eran más anchas también, sus pechos más grandes, obligándola a usar escotes más altos y no se sentía para nada bella, aunque nunca lo había sido excepcionalmente en comparación con su hermana Izumi o su madre la reina, mas despertando o aumentando su inseguridad.

—¿Sucede algo, Alteza?— consultó Ino de pie a su espalda y cerrándole el vestido.

—Creo que debería perder algo de peso, no debería ser tan aficionada a los pasteles de limón— juzgó Sakura en voz alta, acariciando su vientre con inseguridad.

—No diga eso, Alteza, es una mujer joven y muy bella— negó Hinata, no queriendo que su princesa se inquietara innecesariamente. —Tiene una figura muy bonita— era madre y una mujer fértil, lo que más deseaban los hombres.

—El embarazo cambia el cuerpo de cualquier mujer, es natural que no sea igual que antes del nacimiento de sus príncipes— sosegó la Yamanaka con una distraída sonrisa.

—Es verdad— asintió la Uchiha, pues a sus veinte años ya no era una niña sino una mujer.

—¿El príncipe no se detiene en acariciar ciertas partes?— inquirió la rubia en voz baja, inclinándose contra la nuca de la princesa para que solo ella la escuchara.

—Claro que lo hace, se toma su tiempo— contestó la princesa, mordiéndose el labio para no reír y sonrojándose por solo recordarlo.

—Entonces, he ahí la respuesta— asumió Ino, satisfecha por oírlo y guardando su secreto igual que la princesa guardaba el suyo.

Puede que hubieran pasado cinco años desde el nacimiento de sus hijos Daisuke y Sarada, que crecían con envidiable salud cada día, pero ello en nada había disminuido el amor y pasión de su hermano por ella, no había noche que pasará sola y menos ahora que Baru ya no visitaba de su cama, entregándole todas sus noches a Sasuke, siempre siendo adorada por él como su diosa valyria, siempre haciéndola sentir como la mujer más hermosa sobre la tierra, aunque no se sintiera así cuando estaba sola. La princesa portaba un vestido verde oliva de escote redondo y cerrado por una serie de diminutos botones, con un escote inferior en V y ligeramente alto, de mangas holgadas y acampanadas hasta cubrirle las manos, pero qué pasaba desapercibido en su mayoría por una capa superior de seda dorada estampada en el emblema del dragón de tres cabezas a lo largo de la tela, de profundo escote redondo ceñido bajo el busto por seis botones dorados, mangas ceñidas que se abrían como lienzos a la altura de los codos y falda abierta en A bajo el vientre, un homenaje a Sunfire el dragón dorado de su esposo, con sus largos rizos rosados peinados por una trenza cintillo sobre su coronilla que dejaba caer el resto sobre sus hombros y tras su espalda, resaltando unos largos pendientes de oro y esmeralda. Ella siempre hacía gestos con su vestuario y joyería para complacer a su esposo, pero su matrimonio con Baru era prácticamente inexistente, hacía años que él no visitaba su cama, su hermano mayor se había vuelto más esquivo, ya no teniendo un deber que cumplir con ella tras el nacimiento de Daisuke y Sarada, por lo que la princesa podía perseguir sus pasatiempos creativos o leer a gusto.

—¿Quiere que lo apriete más?— consultó Ino, encontrando su mirada con la suya a través del espejo tras cerrarle el vestido.

—Si, por favor, Ino— asintió Sakura mientras la rubia procedía a hacer dicha labor. —Me conoces demasiado bien— celebró con una ligera sonrisa.

—Le he servido por ocho años, Alteza— obvió la Yamanaka, habiendo pasado por mucho juntas, —y siempre hago bien mi trabajo— agregó con su característico orgullo.

El personal a su servicio había crecido a lo largo de los años; primero estaba Ino, infaltable a su lado desde antes de su matrimonio, y dos doncellas más; Hinata Hyuga y Tenten Namiashi, una serie de sirvientas para atender sus aposentos y a sus hijos, entre quienes destacaba una joven llamada Dina que apenas llevaba un par de meses a su servicio y que se ocupaba de cuidar de sus hijos. La Yamanaka, conocida por su reveladora y arrogante forma de ser, portaba un vestido de seda naranja que resaltaba su voluptuosa figura de piel blanca, de profundo escote en V hasta la altura del vientre, sin mangas y ceñido a su figura por un fajín dorado con el emblema de la rosa de la familia como las pulseras en sus muñecas, y la bufanda que formaba ligeras hombreras o tirantes caídos, resaltando sus brazos y cuello, con su largo cabello rubio peinado en una coleta alta que caía hasta sus caderas, cubriendo su espalda expuesta por el corte de la tela y sin necesidad de joyas para aumentar su gracia. Desde temprana edad, Ino había crecido escuchando como la naturaleza de la princesa era cuando menos peculiar, pero como pasaba con todos en la corte, la Yamanaka era incapaz de odiar a su princesa, a quien veía como su más sincera amiga y viceversa, sí que la princesa no pensaba ni actuaba como haría la mayoría, pero eso la hacía aún más encantadora sumado a su buen corazón, terminando de apretar el corsé del vestido para hacer que este resaltase la cintura de la princesa, encontrando sus miradas a través del reflejo del espejo hasta recibir un asentimiento como aprobación para con su trabajo así como agradeciendo el contar incondicionalmente con su amistad, entrelazando una de sus manos.

Estaría perdida sin Ino.


A esa hora el príncipe Sasuke se hallaba en el patio de entrenamiento; al perder un ojo tras convertirse en jinete de Vaghar, el viejo dragón de quien era inseparable, mas los adultos a su alrededor no habían creído que superaría todo lo que cualquiera hubiera creído de él hasta entonces, no por nada montaba al dragón más grande y viejo del mundo, una bestia invencible. Kakashi Hatake, comandante de la guardia real, siempre había favorecido al príncipe Sasuke, y en nada le había sorprendido que el príncipe tuerto superase a su hermano mayor, el mismo príncipe Baru con seguridad no había anticipado la fuerza que su hermano obtuvo casi por pura fuerza de voluntad, destronándolo en el campo de entrenamiento y volviéndose el centro de atención por ello, más debido a que el primogénito varón del rey Tajima descuidaba sus lecciones con la espada como todos sus deberes. Los años también habían pasado para el príncipe Sasuke de diecinueve años, y que se había convertido en un hombre indudablemente apuesto, tanto o más que su hermano Baru y no eran pocas las damas que creían que haber perdido un ojo y obtenido una llamativa cicatriz no le restaba atractivo físico; la silueta del príncipe tuerto era alta, superando con creces a su hermano mayor y a muchos hombres en la corte, esbelto por años de exhaustivo entrenamiento, vistiendo un austero jubón negro, cuello alto y mangas ceñidas con ligeras hombreras, cerrado por tres hebillas de plata en forma de dragón, cinturón negro que resaltaba dicha esbeltez, pantalones negros y botas de cuero, con un parche cubriendo su ojo izquierdo, y su rebelde cabello azabache azulado continuaba erizado en la parte posterior y el flequillo hacia el frente tendía a ocultar el lado izquierdo de su rostro.

Tras haber dejado a sus hijos Daisuke y Sarada con su cuidadora, Dina, la princesa Sakura comenzó su jornada diaria, visitando a su padre que dormía profundamente por la leche de amapola, y junto a quien permaneció por una hora antes de buscar a su madre que se hallaba reunida con el Consejo en representación de su padre,cada vez con menos tiempo disponible, su esposo se hallaba profundamente dormido y desnudo en la cama tras otra noche de juerga en Flea Bottom, por lo que ella únicamente pidió a los sirvientes que le trajeran el desayuno tan pronto despertara, dirigiendo finalmente sus pasos hacia los palcos que daban vista al patio de entrenamiento, sabiendo que encontraría a su hermano allí, y así fue. Sasuke dominaba el patio de entrenamiento, Baru ya no podía hacerlo sentir inferior porque él era más alto y fuerte, y no hacía caso a sus burlas respecto a su cicatriz o su perdido ojo izquierdo, además su hermano mayor había perdido el interés por la esgrima hacía tiempo; Sasuke siempre encontraba rivales que enfrentar cada día, jóvenes escuderos de la nobleza que aspiraban a probar suerte o los mismos guardias reales que no perdían ocasión de entrenar, mas con el paso de los años el príncipe tuerto los derrotó a todos sin excepción, jamás estando interesado en hacerse amigo de nadie y sintiendo un placer siniestro al derribarlos o golpearlos hasta que estos se rindieran, hubiera público—los nobles—cerca para verlo o no. No era ningún secreto para nadie que la princesa Sakura sentía repulsión por la violencia, pero ver entrenar a su hermano la hacía sonreír mientras apoyaba sus manos contra el borde del balcón, observando encantada la escena ante ella, fascinada por la gracia con que su hermano manejaba la espada que ella le había obsequiado, Sueña Fuego.

A veces le era muy fácil olvidar que su hermano en realidad estaba entrenando para matar a cualquier enemigo al que se enfrentase a futuro, y la idea de que las manos que su hermano usaba para hacerla sentir como una diosa valyria, estuvieran destinadas a mancharse de sangre la enfermaba y prefería ver las virtudes que su hermano favorito poseía en lugar de concentrarse en sus defectos, conociendo bien la ira que residía en su interior, siempre la había sentido, mas él era siempre tan dulce con ella que la hacía cuestionarse cuál era el verdadero Sasuke, ¿Ese ser oscuro que ocultaba con ella o el hombre que siempre le juraba su amor? El príncipe tuerto era motivo de admiración por todos en la corte, aunque no presumiera de sus virtudes; diestro en la lucha, el estudio y las ciencias, capacitado para gobernar por la poderosa frialdad que yacía en su mirada, pero sin la piedad nata de cualquier hombre que se podía autoproclamar poseedor de un corazón, siempre desprendiendo inteligencia y madurez en contraste con su arrogante e infantil hermano mayor, y como siempre la princesa Sakura lamentó a los dioses de Valyria que Baru fuera el mayor y Sasuke el segundo hijo. Sakura siempre se había sentido atraída por su hermano, considerándolo hermoso, tal vez por la forma cincelada de su rostro y anatomía, más alto y fornido que Baru, con su bello cabello azabache con reflejos azulados y su mirada incompleta por su faltante ojo izquierdo, mas luciendo la amatista que ella le había obsequiado bajo el parche y solo ella lo sabía, eso le valía el apodo de "El Tuerto" o "Príncipe Tuerto", lo que a él no le molestaba después de todo era una mera característica por su apariencia.

Desarmando a sir Sakon Otogakure, guardia real consagrado de su hermano Baru, que debía estar profundamente dormido tras otra noche de borrachera, Sasuke marcó la distancia para recuperar el aliento mientras el Otogakure recuperaba su arma del suelo y los demás presentes en el campo de entrenamiento discutían quién se enfrentaría a él ahora, permitiéndole alzar la mirada hacia los balcones superiores y encontrando a su hermana observándolo, siempre encontrando tiempo para él. El príncipe tuerto se permitió esbozar una ligera sonrisa ladina, una que solo su hermana podía interpretar. La había visto esa mañana al abandonar su cama y regresar a sus aposentos, pero siempre se sentía deslumbrado por ella que era la única en tener semejante poder sobre él, siempre impecable, deliciosa; antes del embarazo, la figura de su hermana había sido esbelta, menuda, delicada, no habían sido pocos los tontos de la corte que habían temido que el embarazo fuera demasiado para ella, pero tras esto su cuerpo se había vuelto más curvilíneo, no demasiado voluptuoso, pero sí propio de una mujer, vibrante, encandilando sus sentidos. El príncipe tuerto mantuvo su ligera sonrisa ladina, una que solo Sakura podía interpretar, sonriéndole en respuesta por lo que pareció ser una eternidad antes de finalmente retirarse con su doncella, permitiéndole regresar a su entrenamiento con ánimos renovados, no pudiendo describir con palabras su deseo por su hermana, encontrando en ella todo lo que una diosa debería ser; hermosa, sabia, irreal, emanando continuamente un aura etérea, pura y sublime que lo hacía amarla aún más. La admiraba y deseaba con todas sus fuerzas, y la visitaría esa noche…


La jornada de la princesa Sakura fue la misma de siempre; visitó el Foso de Dragones para pasar tiempo con su hermosa Dreamfire, hablándole de todo y de nada por al menos una hora, prometiéndole que Sasuke y ella ya encontrarían tiempo que pasar juntos y así Vaghar y ella podrían verse; luego acudió a los aposentos de su madre que ya había terminado con sus obligaciones políticas al parecer y estaba cuidando de Daisuke y Sarada, que brincaron de emoción al verla, por lo que ella pasó alrededor de una hora con su progenitora, regresando finalmente a sus aposentos junto a sus hijos, pasando la tarde en su compañía y bordando junto a la chimenea, viéndolos jugar entre sí y hablarle de lo que habían hecho esa mañana. Despidiendo a Ino, Hinata y Tenten tras hacer dormir a Daisuke y Sarada en sus camas, en la habitación contigua a la suya dentro de sus aposentos, la princesa Sakura aguardó en solitario en sus aposentos, no molestándose en quitarse el vestido, solo las joyas, esperando a que su hermano llegara en cualquier momento como siempre, sabiendo que Baru estaba en Flea Bottom. Al regresar a sus aposentos, la princesa había encontrado una nota sobre su preciada mesa que albergaba su colección de mariposas, la mesa había sido obsequio de Sasuke por su décimo cuarto onomástico y la nota también era suya, Sakura reconoció su impecable y elegante caligrafía; Vendré esta noche a tu puerta para esperar que me bendigas con tu atención, breve y conciso como siempre, no especialmente romántico, pero sí directo y transparente, no había cambiado ni un poco, con la diferencia que ya no era un chico sino que un hombre apasionado y devoto enteramente a ella.

La rutina del príncipe Sasuke no fue muy diferente; mientras su hermana paseaba por los jardines, él había entrado a su habitación a dejarle una nota antes de lanzarse de lleno a sus lecciones de cartografía, historia y ciencia, estando ocupado por horas y horas hasta que llegó el infaltable momento de volar con Vaghar sobre desembarco del rey mientras el sol se ocultaba y daba paso a la noche, su señal para separarse de su amigo y regresar a la Fortaleza Roja, anhelando dedicar su tiempo a su hermana y lamentando no poder pasar cada momento junto a ella y sus hijos, por obvias razones. Como siempre, el príncipe tuerto abandonó sus aposentos por el pasadizo secreto hasta llegar a los de su hermana, cerrando la puerta a su espalda, viéndola de pie ante la chimenea y volviendo la mirada por sobre su hombro, ambos eliminando cuanto antes la distancia, uniéndose en un beso hambriento, voraz y cargado de deseo; Sasuke sonrió contra los labios de su hermana, entreabriendo estos con su lengua y recibiendo completa aceptación de Sakura, quien—sintiendo el miembro de su hermano duro contra su vientre—deslizó sus manos de sus hombros a su pecho para desabrochar el jubón mientras él hacía lo propio desabrochando los botones de la capa superior del vestido a la altura de su vientre. Como la deseaba…habían pasado cinco años y ella le había dado dos hijos, pero seguía resultándole la mujer más hermosa y deseable de Poniente y más allá mientras la desnudaba, dejando caer la primera capa del vestido y desabrochando el vestido debajo, amasando sus pechos que cabían perfectamente en sus manos, sintiendo su cuerpo arquearse contra él suyo. El mundo giraba alrededor de ambos, como si en esa habitación y a solas todos sus sueños pudieran hacerse realidad.

—¿Ahora no hablas?— preguntó Sakura, rompiendo el beso para recuperar el aliento.

—¿Para qué hablar?— desestimó Sasuke con una sonrisa ladina, volviendo a reclamar sus labios con idéntica hambre e ímpetu.

Casi riendo en medio del beso, contra los labios de su hermano, Sakura no pudo protestar, dejando caer el jubón de su hermano al suelo y quitándole con prontitud la camisa por encima de la cabeza, gimiendo ante el roce de su lengua contra la suya además de al sentir sus pechos desnudos chocar contra el torso de su hermano cuanto más desabrochaba este su vestido hasta dejarlo caer al suelo, dándose prisa ella en desabrocharle los pantalones en tanto este se quitaba el cinturón—dejando caer a Sueña Fuego con un ligero eco metálico—y las botas, facilitándole el trabajo. Tan pronto como ambos estuvieron completamente desnudos, el príncipe tuerto cargó en brazos a su hermana, que envolvió sus piernas alrededor de sus caderas y no deshizo este agarre aún tras sentir el colchón contra su espalda desnuda, ambos rompiendo el beso únicamente para recuperar el aliento, Sasuke apoyándose en sus brazos para no aplastarla y Sakura aferrándose a sus hombros y espalda, ella contemplando fascinada sus rasgos delicados y cincelados, tan opuestos a los casi femeninos rasgos de su hermano Baru—heredados de su madre—, Sasuke era valyrio puro como ella, pero mientras que Sakura jamás podría llamarse hermosa, ella si veía como hermoso a su hermano menor cuyo rostro acunó con profundo afecto, su único y verdadero amor. Sonriendo ladinamente ante la mirada de su hermana sobre si, Sasuke se retiró el parche, exponiendo la reluciente amatista que ella le había obsequiado hacía cinco años y que él llevaba con orgullo, mas ante el brillo en los ojos de su hermana al encontrar su mirada con la suya, alzando su mano derecha para trazar la cuenca de su ojo y la cicatriz que marcaba su rostro.

—No me gusta que lo uses todo el tiempo— refunfuñó la princesa falsamente, mas siendo sus palabras completamente honestas.

—Es preciso, asustaría a las damas de la corte de otra forma— recordó el príncipe tuerto, siendo una razón real y porque muchos seguían asustándose al verlo.

—Mejor, así te tengo solo para mí— presumió ella, acercando su rostro al suyo y atrayéndolo en un beso apasionado, sintiendo a su hermano sonreír contra sus labios.

—No pude dejar de pensar en ti— murmuró él contra los labios de su hermana, rompiendo escasamente el beso, —tuve tu imagen en mi mente todo el día; entrenando, estudiando, volando con Vaghar…Siempre estás en mi mente— aseguró encontrando su iris ónix con los orbes esmeralda de ella.

—Tú también estás en mi mente, siempre— correspondió Sakura, presionando sus labios contra los de su hermano, —te amo tanto— no se cansaba de decírselo.

—Te amo— secundó Sasuke completa y totalmente enamorado de ella, cada vez más.

—¿Te burlaste de todos los caballeros de la Fortaleza Roja o algunos lograron mantener su dignidad?— inquirió la princesa con genuino interés, postergando brevemente el beso.

—Sir Sakon se encontró en el barro y sir Kakashi perdió a morningstar, pero los demás sobrevivieron— resumió el príncipe tuerto, pudiendo jactarse de ello.

—Creo que haré caer al valiente dragón— decidió ella, envalentonada con el desafío.

La propuesta de su hermana hizo arder más el deseo en su interior y con razón, pues solo ella podía despertar sus deseos más profundos, sintiendo sus pechos—más grandes por su lejano embarazo—chocar contra su torso, haciéndolo corresponder hambriento al beso, lento, caliente y húmedo, él rompiendo el beso para deslizar sus labios por su mentón, su esbelto cuello y más en tanto sus manos se deslizaban por su anatomía, separando sus piernas, preparándola para él y recibiendo un inmediato gemido entrelazado con su nombre. Sasuke nunca se había considerado muy religioso, pero a menudo se preguntaba si la presencia de Sakura no era prueba de que los dioses de Valyria le brindaban su favor. Podían llevar seis años amándose como si fueran esposo y esposa—lo eran, pero nadie podía saberlo—, pero Sakura aún lo fascinaba como si fuera su primera vez, sorprendiéndolo muy a menudo por ser amado y elegido por la mujer más maravillosa de Poniente y el mundo conocido, ella era todo lo que él nunca se había atrevido a soñar y él se esforzaba por ser digno y merecedor de su amor; muchos juzgaban a su hermana sin conocerla, comparándola con la insufrible de Izumi, si tan solo supieran la alegría y la paz que ella traía a su vida. Sakura apoyó sus brazos sobre el colchón, siguiendo con la mirada los labios de su hermano deslizándose por el valle entre sus pechos, su vientre y entre sus piernas que ella no dudo en abrir para él, mas desplomándose sobre el colchón y suspirando su nombre tan pronto como Sasuke deslizó lentamente dos dedos por su sexo, ella alargando sus manos por sus hombros para jugar con su rebelde cabello azabache azulado al sentir sus dedos deslizándose en su interior, curvándolos y arrastrándolos justo como a ella le gustaba.

Aquel placer aumento al sentir los labios de su hermano dejando besos delicados como plumas en el interior de sus muslos, ella temblando bajo sus atenciones y meciendo sus caderas al encuentro del vaivén de sus dedos, en tanto su mano libre ascendía para amasar sus pechos; Sasuke sintió el agarre de Sakura tornarse más fuerte contra su cabello mientras él la guiaba hacía el primer orgasmo de la noche, agregando un tercer dedo a sus atenciones, escuchándola gemir quedamente, necesitada, enviando una nueva ola de deseo a través de él. Sakura se mordió el labio inferior y haló una de las almohadas hacia sí para morderla, desesperada por gritar y gemir mientras sentía los dedos de su hermano brindarle un placer como no había otro en el mundo, ella siguiendo fácilmente el ritmo de estos con sus caderas y que elevó para encontrarse con la boca de Sasuke, conociendo cada uno de sus actos como él había aprendido a disfrutar del placer con ella, apretando la almohada con todas sus fuerzas y enterrando su rostro contra este mientras la tensión se desataba de golpe entre sus piernas, llevándola al placentero clímax, gritando el nombre de su hermano contra la almohada. Sasuke sonrió ladinamente, extasiado de convertir a la perfecta e inocente princesa que era su hermana en una sirena lujuriosa que solo gemía su nombre, embelesado como la primera vez que la había visto así y disfrutando de su placer casi tanto como ella lo hacía; la forma en que su rostro se sonrojaba, cómo sus pechos se movían mientras intentaba recuperar el aliento, el delicado temblor que podía sentir recorriendo su cuerpo, muy tocado emocionalmente de que ella confiara tanto en él para darle placer.

Soltando la almohada, Sakura se acomodó distraídamente el cabello mientras Sasuke regresaba a su altura, inclinando su rostro sobre el suyo para besarla lánguidamente, recorriendo el interior de su boca con su lengua con tanta dulzura que ella no dudó en soltar un gemido, deslizando sus manos por sus hombros y cuello, sintiendo sus músculos contra su anatomía y en especial su miembro aún duro contra el interior de los muslos, y ella no quería esperar más esta vez, lo que le dio a saber al deslizar a propósito su mano entre ambos, guiando su miembro hacia su interior. Sasuke se hundió lentamente en el interior de su hermana, centímetro a centímetro, maldiciendo por lo bajo ante el intenso placer mientras sentía como Sakura alzaba las caderas para permitirle llegar más profundamente, él moviendo las caderas para llenarla por completo, retirándose para volver a embestir y marcando un ritmo constante con sus embestidas, siendo observado atentamente por Sakura, que guio sus manos de sus hombros y cuello a sus brazos y pecho, trazando las duras líneas de sus músculos como él delineaba su perfecta anatomía femenina. Las manos del príncipe tuerto amasaron con deleite los pechos de su hermana, crecidos por su lejano embarazo; no era un secreto que a Sasuke le fascinaba cuánto había cambiado su cuerpo desde el nacimiento de sus hijos, Sakura sonreía cada vez que su hermano se deleitaba en besar cada centímetro de su piel que podía alcanzar mientras le hacía el amor, sintiendo como disminuía momentáneamente sus embestidas, inclinándose para reclamar uno de sus pezones entre sus labios, mordisqueando la piel sensible para hacerla jadear antes de apartarse para hacer lo mismo con el otro libre, maravillándola con el placer.

Para ella, que había sido educada para cumplir su deber con Baru—lo que no hacía desde hace años, ya que él no la requería en su cama—, el acto amatorio se había convertido en algo más primario y erótico gracias a Sasuke, él le había enseñado a disfrutar del verdadero placer a través de su intensa devoción y amor por ella, por lo que Sakura elevó inconscientemente sus caderas para encontrarse con las embestidas de su hermano, sintiendo su placer aumentar al escuchar el sonido de sus pieles chocando entre sí. Las embestidas de Sasuke eran largas y profundas, placer y dolor mezclados en un solo movimiento para volver loca a la princesa, y que no objetó cuando su hermano abandonó repentinamente su interior y le dio la vuelta para tomarla desde atrás, con ella arqueándose contra él en respuesta, sintiendo sus manos acariciar sus costados mientras se alineaba para entrar en ella nuevamente; no tenía ni la menor idea de cuál era su posición favorita para hacerle el amor a Sakura, era demasiado codicioso como para tenerla empleando solo una, y estaba convencido de que Sakura pensaba igual. No importaba cuantas veces la hubiera tenido, por ya seis años, siempre quería más de ella, lo embriaga estar cerca de ella, más, más y más hasta gastar lo último de sí mismo dentro de ella, e incluso entonces, ella sacaba lo mejor y peor de él, años de autocontrol probaban estar desperdiciados por completo cuando se trataba de ella; penetró incansablemente en su interior mientras sus labios succionaban sus pechos, su mano libre retenía sus caderas con fuerza, sintiendo algo primario apoderarse de sus sentidos, porque Sakura era suya y él era completamente suyo.

Las embestidas de su hermano en su interior, su tacto contra su piel, sus labios, su respiración…Sakura no podía sentir, ver ni oír nada más que él, su mente estaba nublada por el placer y que no cesaba de aumentar a cada momento, con cada movimiento, sintiendo a Sasuke tan embriagado por ella como Sakura lo estaba de él, y ello desencadenó un clímax intenso y abrupto, ambos unidos por el vaivén de sus caderas y entre besos lánguidos, gritando contra los labios de su hermano—que la haló hacia si en un beso apasionado—, sintiendo su mente ponerse en blanco, viendo fuego y estrellas ante tan abrumador placer, solo sintiendo éxtasis. Sasuke se sintió abrumado al sentir y escuchar los gemidos y jadeos de su hermana amortiguarse contra sus labios, desencadenando su propio clímax, derramándose en el interior de su hermana, sabiendo que no había riesgo en ello ya que su hermana bebía el té de luna—que evitaba el embarazo—, de otro modo no podían justificar un embarazo si Baru no la visitaba desde hace años; Sakura nunca dejaba de sorprenderlo, ella magnificaba cada sentimiento y sensación que exploraba, ambos disfrutando del íntimo abrazó que los unía, disfrutando de la proximidad y calma post coito. Sonriendo y acercando su rostro al de su hermano, Sakura disfrutó de las expresiones en el rostro de Sasuke, nada era tan hermoso como ver a su hermano alcanzar su clímax y sentirlo en su interior, alargando torpemente sus brazos en un abrazo, para mantenerse lo más cerca posible de él—ante lo que Sasuke no dudo en corresponder, abrazándola mientras permanecía en su interior, inclinando su cabeza contra su oído, haciéndola estremecer al escuchar su agitada respiración volver a la normalidad, ambos sintiendo el latido de sus corazones.

La vida era gloriosa estando juntos.


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "El Rey de Konoha", luego "Avatar: Guerra de Bandos" y por último "Vesprada: A Través Las Llamas" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su constante apoyo, consejo y asesoría en cada nuevo proyecto), a Karen Yareli (dedicándole esta historia por ser la primera persona en aprobar la historia), a Isabel Vazquez (agradeciendo su apoyo y hermosas palabras, dedicándole esta historia como agradecimiento), así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.

Personajes:

-Sakura Uchiha como Helaena Targaryen (20 años) -Sasuke Uchiha como Aemon Targaryen (19 años)

-Baru Uchiha como Aegon II Targaryen (22 años) -Kagen Uchiha como Daeron Targaryen (16 años)

-Hanan Haruno como Alicent Hightower (43 años) -Kakashi Hatake como Ser Criston Cole (44 años)

-Tajima Uchiha como Vicerys I Targaryen (57 años) -Kizashi Haruno como Otto Hightower

-Ino Yamanaka como Fernande Tyrell (20 años) -Hinata Hyuga como Alyssa Lannister (personaje original)

-Tenten Namiashi como Daena Westerling (personaje original) -Arsen Konohagakure como Willis Fell -Sakon Otogakure como Arryk Cargyll

Nacimiento, Amatista & Salto Temporal: El capitulo abre con el nacimiento de los pequeños Daisuke y Sarada, hijos de la princesa Sakura y de su esposo el príncipe Baru, al menos en apariencia, ya que Sasuke sabe que los hijos son suyos y no de su hermano; en muchos fics que he leído, Aemond esta presente en el parto de Helaeana, lo que mantuve en esta versión, además, en los libros especifican que Dreamfyre, su dragona, tuvo una nidada de huevos casi al mismo tiempo, por lo que en esta versión Sasuke es quien encuentra los huevos y los presenta en las cunas de sus hijos. También se discute mucho sobre como Aemond obtuvo el zafiro que reemplaza su ojo, he leído muchas historias y un punto en común es que fue un obsequio de su hermana, por lo que en esta versión Sakura obtiene la amatista de un mercader de Volantis y la obsequia a Sasuke por lo que representa para ella y se convierte en algo muy valioso para él y que lleva con orgullo, pero pocos saben de ello. Finalmente en el capitulo se produce el Salto Temporal que sucede en "House of the Dragon", en los libros suceden seis años, pero yo representó cinco, ya que relató un año en que se desarrolla la relación de Sasuke y Sakura y nacen sus hijos gemelos, por lo que ahora comenzare a adaptar linealmente todos los eventos que esta relatando "House of the Dragon" y que aparece en el libro "Fuego & Sangre" en que me apoyó para relatar los eventos.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3