-Esta es una adaptación de la serie "House of the Dragon" y del libro "Fuego & Sangre" de George R.R. Martin, más específicamente el arco conocido como "La Danza de Dragones". Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, mas los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidades, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Middle Of The Night" de Elley Duhé para Sakura, "Unholy" de Sam Smith para Sasuke, "Smells Like Teen Spirit" de Saint Mesa para Baru, "Seven Devils" de Florence & The Machine para Izumi, "Play With Fire" de Sam Tinnesz para Itachi, "I'll be Good" de Jaymes Young para Kakashi, y "Die With A Smile" de Bruno Mars & Lady Gaga para el contexto del capitulo.
1-Diálogos en cursiva para "Alto Valyrio".
2-Breves textos en cursiva para pensamientos.
3-Texto con dialogo en cursiva par flashbacks
Esa mañana, Sakura abrió los ojos y descubrió como siempre que estaba sola en la cama, estirándose perezosamente antes de levantarse y acercarse a la silla junto a su tocador donde reposaba un camisón con el cual no tardó en vestirse casi al mismo tiempo en que Ino ingresaba en la habitación, saludándola con un buenos días, recibiendo su saludo en respuesta, procediendo a consultarle que deseaba desayunar y retirándose para informar de ello a Hinata, la primera retirándose en busca de su pedido y Tenten ocupándose de despertar a los dos infantes en la habitación contigua en lugar de Dina quien no aparecía, en tanto dos sirvientas ingresaban en la habitación privada, una para tender la cama y la otra para encender el fuego de la chimenea. En cuestión de minutos, la princesa se hallaba en la sala de sus aposentos mientras todos los sirvientes realizaban sus tareas diarias, ella observando a Daisuke y Sarada jugar junto a la chimenea y esbozando una sonrisa para Hinata que sirvió el desayuno junto a la mesa contigua, llamando tiernamente la atención de los dos pequeños infantes al señalar la comida y ante lo que estos no dudaron en acercarse, entre contenidos chillidos de emoción para divertimento de Sakura; la princesa portaba un femenino camisón verde pastel de escote redondo, falda decorada con encaje en el dobladillo y las mangas eran holgadas y transparentes desde los hombros a los codos, ciñéndose desde los codos a las muñecas, y su largo cabello rosado lucia inusualmente despeinado en elegantes rizos sobre sus hombros y tras su espalda, aún en pijama, tomándose su tiempo para comenzar con su jornada diaria debido a sus dos pequeños hijos, dejando que ellos comieran primero.
Observando a sus hijos comer o beber de sus pequeñas copas, Sakura tomó el plato que contenía una porción de pastel de manzana; la ausencia de Ino a su lado estaba justificada, estaba eligiendo su vestuario diario, en tanto la princesa era observada por Hinata y Tenten que se mantuvieron cerca para ayudarla—la confundió no ver a Dina—supervisando a los niños con una inocente sonrisa, sobresaltándose sin embargo cuando se escuchó un ronroneo y dos figuras cruzaron el umbral, entre caminando y arrastrándose por el suelo, rondando a los príncipes. Eran sus dragones, Morghul con sus escamas negras y Shrykos de escamas verdes, que se movieron por los aposentos de la princesa como si fuera el Foso de Dragones, rondando a sus futuros jinetes con ojos brillantes, frotándose cariñosamente contra estos y que los acariciaron antes de recostarse a su lado sobre la alfombra, deberían de estar en el Foso de Dragones que era su lugar, como su madre Dreamfire, pero diariamente los pequeños príncipes pedían pasar tiempo con ellos y ya que aún eran tan pequeños como un perro, la reina Hanan siempre lo permitía para que fueran felices. Los huevos que habían sido puestos en las cunas de los pequeños infantes tras su nacimiento habían eclosionado hacía dos años, cuando los niños habían sido lo suficientemente mayores para nombrarlos; Sarada había nombrado a su dragón Morghul por el dios Valyrio de la muerte y Daisuke había nombrado a su dragona Skrykos por sus bellas escamas esmeralda, pero ni la belleza de sus dragones les impidió advertir el momento en que las puertas de los aposentos se abrieron, permitiendo el ingreso de una figura muy querida para ellos:
—¡Tío Sasuke!— gritaron ambos niños al unísono, corriendo hacia el príncipe tuerto y abrazándose a su cintura y piernas.
—Buenos días, mis dragones— sonrió Sasuke, inclinándose a su altura. —Les traje un regalo— anunció, revelando dos pequeñas figuras de dragones, una para cada uno.
El pequeño príncipe y la princesa chillaron de emoción, dándole las gracias a su "tío" y regresando junto a sus dragones que abrieron los ojos y observaron todo mientras sus futuros jinetes les hablaban y comenzaban a jugar con sus nuevos juguetes; Sakura sonrió encantada ante lo que veía, volviendo la mirada por sobre su hombro y dándole las gracias a las sirvientas que abandonaron su habitación privada tras cumplir con su trabajo, procediendo a retirarse y solo entonces la princesa enfocó su mirada en su hermano, en tanto Hinata y Tenten bajaban la mirada como si no vieran nada. Observando por sobre su hombro a Sarada y Daisuke, concentrados en sus dragones y en jugar con sus nuevos juguetes, Sasuke se acercó a su hermana, entrelazando una de sus manos con la suya y guiándola velozmente hacia su habitación privada, besándola de inmediato en la intimidad de su habitación, presionándola contra la pared contigua nada más ingresar. El príncipe tuerto y la princesa podrían creer ser los individuos más discretos del mundo, pero desgraciadamente la princesa Sarada había heredado los agudos sentidos de su padre, por lo que de inmediato alzó la mirada y vio a su "tío" y su madre desaparecer hacia la habitación privada de su madre, ante lo que la pequeña princesita esbozo una sonrisa y regresó a su juego como hacia su hermano mayor Daisuke, porque ella entendía la verdad, entendía quién era su "tío" realmente y que debía mantener esto en secreto, feliz de que él siempre encontrará tiempo para pasarlo con ella, su hermano y su madre. Rompiendo el beso para recuperar el aliento, Sakura abrió los ojos para encontrarlos con el iris ónix de su hermano, completamente enfocado en ella:
—Sasuke— susurró la princesa al romper el beso, pegando su frente a la de su hermano.
—Te extraño tanto cuando estamos separados— admitió el príncipe tuerto, apesadumbrado por tener que guardar las distancias con ella.
—Lo sé, yo también te extraño— correspondió ella con una sonrisa triste, resignada.
Como siempre, Sasuke se concentró en Sakura con innegable anhelo, apenas y había podido soportar el escaso par de horas separado transcurrido desde que había abandonado su cama esa mañana, desearía haberse quedado hasta que ella hubiera despertado y hasta que sus hijos lo hicieran, deseaba tanto estar siempre con ellos…pero, ambos habían aprendido que su ausencia les hacía más bien a sus hijos, evitaba que se confundieran, ellos debían pensar que eran hijos de Baru y no suyos, eso eran a ojos de todos, aunque siempre reclamaban su atención cada vez que los visitaba y él siempre disfrutaba trayéndoles regalos. Observando atentamente a su hermana, Sasuke se inclinó para reclamar sus labios en un beso aún más profundo y largo que el anterior, reclamando el interior de su boca con su lengua, sintiendo a Sakura gemir contra sus labios y responder dócilmente, envolviendo su lengua contra la suya, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y manteniéndose lo más cerca posible de él, que delineó su anatomía a través del camisón, deseando alzarle la falda y…Cuando se escucharon pasos detenerse en el umbral, Sasuke rompió el beso y volvió la mirada hacia lady Ino Yamanaka, quien lo reverenció respetuosamente y observó en silencio; las doncellas de su hermana estaban al tanto de su relación, Hinata y Tenten lo veían como algo platónico únicamente, pero solo Ino estaba al tanto de absolutamente todo y los ayudaba a guardar las apariencias cada vez que podía, Sasuke jamás había hablado con Ino a menos que tuviera que hacerlo, pero entendía que ella era muy cercana a su hermana, Sakura era así, siempre tenía palabras amables para todos.
—Lady Yamanaka, ayude a mi hermana a vestirse— ordenó Sasuke, observando escasamente a la rubia. —Necesita embellecerse aún más, de ser posible— señaló con una discreta sonrisa ladina, recorriendo a su hermana con la mirada.
—En seguida, Alteza— asintió Ino, inclinando la cabeza con una ligera sonrisa.
—Yo me ocuparé de los niños— anunció el príncipe tuerto, sosteniendo la mirada a su hermana lo más posible.
Sakura sonrió al escuchar esas palabras y ante el hálito de ternura en el semblante de Sasuke—todo rasgos finos, cincelados y fieros, nada amable a ojos de cualquiera, amenazador más bien—, que le sostuvo la mirada lo más posible al pasar junto a ella y dirigirse hacia la sala para acompañar a sus hijos, con los hombros rectos y ese caminar tan particular que la hacía estremecer cada vez que lo veía, permitiéndole concentrar su atención en Ino, que le sonrió con complicidad e ingresó cargando el vestido que usaría, en tanto Hinata no tardó en unirse trayendo las joyas y situándose junto a su tocador, con las puertas cerrándose a su espalda. Sasuke no necesitaba ocuparse de Daisuke y Sarada, eran niños muy dulces y fáciles de tratar pese a que su hijo fuera más bien tímido mientras que su hija era distante con la mayoría—algo que tenía en común con Sasuke—, y siempre había sirvientes cerca para cuidarlos, pero él siempre elegía tomar esa responsabilidad, y no era extraño que siempre les relatara alguna historia de la antigua Valyria o les leyera alguna historia de los libros que él siempre estudiaba, y sus hijos siempre estaban encantados de escucharlo por horas. Sentándose ante su tocador, suspirando al iniciar el día de la mejor forma posible, Sakura esbozó una sonrisa a Hinata que le pidió permiso antes de ayudarla a despojarse del camisón e Ino le acercó el otro que obraba de ropa interior y que se ceñía en la espalda, anudándolo con presteza, Hinata acercándose con los zapatos y que la ayudó a colocarse mientras que la Yamanaka se acercaba a la cama donde había dejado el vestido, ayudándola a colocárselo, la princesa observando su reflejo ante el espejo y sonriendo al verse.
Su visión preferida era ella enamorada de Sasuke.
Con una discreta sonrisa ladina y sentado junto a la chimenea, Sasuke observó a Daisuke y Sarada jugar con las figuras de dragones que él les había obsequiado, en tanto sus pequeños dragones Morghul y Skrykos, claramente traídos desde el Foso de Dragones la tarde del día anterior—lo que Sakura había permitido como siempre, y él entendía la razón—, los observaban jugar, inclinando sus pequeñas cabezas antes de articular lo que pareció un bostezo y recostarse sobre la alfombra, procediendo a dormitar, sintiéndose evidentemente cómodos; ahora eran dragones pequeños, pero estos habían eclosionado de sus huevos hacía ya dos años y era cuestión de tiempo para que crecieran muy rápido al pasar tiempo fuera del Foso de Dragones. El eco de las puertas abriéndose rompió con el silencio, y Sasuke no tardó en levantarse a su encuentro de su hermana al verla cruzar el umbral; portaba un sencillo vestido aguamarina de escote corazón cerrado por seis botones de diamante, mangas ceñidas hasta los codos donde se abrían como lienzos y falda de velo, encima una chaqueta superior de seda esmeralda sin mangas y de profundo escote en V escasamente cerrado a la altura del vientre, decorado con escamas de oro para formar dragones en todo el contorno interior y el dobladillo de la tela, formando cortas hombreras, con sus largos rizos rosados cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, peinado en una trenza cintillo sobre su coronilla y resaltando unos ligeros pendientes de oro y ámbar en forma de lágrima, siempre más hermosa que cualquier diosa Valyria a ojos de Sasuke que la observó sin disimuló en tanto ella se detenía frente a él, cruzando las manos sobre su vientre.
—Te ves hermosa— admiró Sasuke con una discreta sonrisa ladina, en Alto Valyrio para no ser entendido por los demás. —Pero, falta algo— comentó intencionalmente.
Bajando la mirada, Sasuke tomó una pequeña bolsa de tela que pendía de su cinturón, exactamente junto a la empuñadura de Sueña Fuego, la espada que ella le había obsequiado, y que abrió delante de ella para revelar un collar, no era una ocasión especial en particular, su veinteavo onomástico había pasado hace meses, antes que el suyo, pero Sasuke siempre aprovechaba cualquier ocasión para llenarla de regalos, siendo austero en extremo y dedicándose solo a ella. Sonriendo y dándose lentamente la vuelta, Sakura apartó sus largos rizos rosados para despejar su cuello en tanto Sasuke acercaba para situarse de pie tras suyo, aprovechando la cercanía para rodearla suavemente con sus brazos, apoyando la barbilla contra su hombro mientras envolvía el collar alrededor de su cuello, tomándose el tiempo al cerrar el broche; de pie junto a la puerta de su habitación privada, Ino apartó la mirada como si no viera nada, lo que solo hizo sonreír de nueva cuenta a Sakura, que se inclinó contra su hermano, cerrando los ojos al sentir su tacto, disfrutando de la sensación hasta que él tuvo la obligación de alejarse y ella se volvió lentamente hacia él. El collar se componía de una larga cadena de plata muy fina y que dejaba caer el dije casi a la altura del vientre, se trataba de una esmeralda oval y pulida de la que pendía un dragón hecho igualmente de esmeralda con las alas alzadas y su cola enrollada a su alrededor, Sakura inmediatamente llevó sus manos al dije para acariciarlo con veneración, y quiso creer que Sasuke había ordenado que fuera hecho pensando en Vaghar, él llevaba la amatista que ella le había obsequiado en su ojo izquierdo por Dreamfire y ahora ella llevaba a Vaghar alrededor de su cuello.
—Una joya digna de una reina— elogió Sasuke, conteniendo su veneración por su hermana ante la presencia de sus doncellas.
—Muchas gracias— sonrió Sakura, prometiendo en silencio no quitárselo jamás.
—Ahora te ves perfecta— celebró el príncipe tuerto, observándola lo más posible.
Las promesas de Sasuke habían durado tanto como su amor, incansable y devoto como nada más sobre Poniente y el mundo conocido, más que las promesas de Baru indudablemente, pero Sakura no lo dijo, jugando con el dije del collar y dirigiendo una mirada a su hermano, no deseando que se fuera, mas sabiendo que él ya había postergado su rutina por dedicarle esa mañana, pero de todas formas Sakura se apretó las manos con ansiedad cuando Sasuke le dio la espalda y se acercó a Daisuke y Sarada para despedirse. Sasuke extrañaría a Sakura durante todo el día, pero la vería esa noche como siempre, ese día ya estaría lo suficientemente ocupado ya que su hermana Izumi debía llegar desde Dragonstone junto a su ahora esposo, tío Itachi, y sus hijos; Junichi, Yuudai, Ryuu, y los menores; Baru—nombrado con intención de ofender a su esposo y hermano—y Fujitama, pues la sucesión de Driftmark estaba en disputa debido a la seria enfermedad que afectaba a lord Butsuma en las recientes semanas e Izumi claramente desearía imponer a su hijo Yuudai como sucesor de su fallecido "padre", lord Tenma, antes heredero de lord Butsuma, y Sasuke no quería más que arrancar el ojo a ese bastardo Hyuga. Cuando Sasuke se volvió hacia ella y la reverenció en señal de respeto, Sakura suspiró al hallarse a solas con sus pensamientos, así como lista para comenzar con su rutina, mas no pudo evitar fruncir el ceño al ver a Tenten acercarse para cuidar de Daisuke y Sarada, debería ser la joven niñera Dina quien se encargará de ello, ¿Dónde estaba? Al ver una de las sirvientas presentes, Sakura la interrogó, pero ni esta ni sus doncellas supieron decirle dónde estaba Dina…
Baru fue despertado por su madre esa mañana, no había acudido a Flea Bottom la noche anterior, estaba cansado de las reprimendas de su madre, siempre teniendo que fingir, por lo que se había quedado en su habitación y había ordenado que trajeran a sus hijos a visitarlo la tarde anterior por lo que, debido a carecer de compañía femenina, se había fijado en la niñera que los cuidaba, una joven relativamente bella…Baru no había podido evitar llamarla tras la partida de sus hijos, y simplemente la había inclinado sobre el mueble más próximo para disfrutar de ella, una virgen. Ya había hecho eso con Sakura muchas veces en los años pasados, pero, aunque una parte inconsciente de él quisiera volver a visitar su cama, perdía inmediatamente el interés, Sakura era tan reservada y sus intereses eran tan extraños, que a él siempre le resultaba más fácil ignorarla, no era ningún misterio que ella tenía más en común con Sasuke, y era demasiado inocente para su gusto, por lo que ahora Baru era regañado por su madre, envolviéndose con una sábana para cubrir su desnudez. Su madre la reina Hanan estaba de pie junto a su cama con la misma expresión seria de siempre, imponente y portando un elegante vestido de seda esmeralda, escote recto y corpiño repleto de bordados de hilo de plata para representar el emblema de la casa Haruno, falda dividida en dos, una inferior y otra abierta en A bajo el vientre, mangas ceñidas hasta los codos y encima unas superiores que se abrían desde los hombros como lienzos, con su largo cabello rosado recogido tras su nuca para despejar su rostro y resaltando la corona de plata y esmeraldas sobre su cabeza, a juego con unos largos pendientes y la guirnalda alrededor de su cuello, tan digna como reina y tan distante como madre.
—Yo no pedí nada de esto— habló Baru finalmente, levantándose de la cama con la sábana envuelta a su cintura. —He hecho todo lo que me has pedido, y he tratado tan…Lo he intentado, pero nunca seré lo suficiente para ti y para papá— observó a su madre esperando compasión, alguna gota de afecto. —Nunca seré tan perfecto como Sasuke— añadió, sabiendo que su hermano jamás decepcionaba a nadie.
—Tu hermano hace más que intentar, realmente está comprometido con su deber, como Kagen, quien ni siquiera está aquí— protestó Hanan, permanentemente orgullosa de sus dos hijos menores. —Eres el futuro rey, deberías esforzarte más que nadie— recordó con un suspiro cansado, pues no debería recordárselo.
—¿Me amas?— cuestionó el príncipe, necesitando escucharlo al menos una vez.
—Sabes que sí, pero necesito que te centres en tu deber— aseguró la reina, acercándose a la cama sobre la que se sentó, igual que su hijo. —Sabes la condición de tu padre, ahora más que nunca es imperativo que estés listo para asumir el trono, entiéndelo, por favor— rogó imperiosamente, pues solo los Siete sabían que les aguardaba.
Izumi acababa de llegar hacía alrededor de una hora, lo que su madre había esperado de él había sido encontrarse en pie, vestido y actuando dignamente para recibirla, lo que haría un buen príncipe, pero en su lugar Baru había estado durmiendo hasta tarde, ahogado de borracho y Hanan había tenido que ser informada de sus devaneos por el jefe del personal de sirvientes, habiendo despedido a Dina esa misma mañana con una bolsa de monedas de plata y tras hacerla beber té de luna para asegurarse de que no estuviera embarazada, habiendo sido violada por el príncipe heredero. Cansada, la reina Hanan se inclinó para besar en la frente a su hijo, y finalmente se levantó para proceder a retirarse, ajena a la forma en que su hijo casi se sujetó de su falda para impedirle irse, mas siendo demasiado tarde; él siempre fingía, siempre intentaba ser un buen esposo, pero no sabía cómo, intentaba ser un buen padre para Daisuke y Sarada, pero no sabía cómo porque su padre no había estado presente para él, a Tajima solo le importaba Izumi, su preciosa y única hija, para él no existía nadie más, y Baru siempre acudía al vino para solucionar sus problemas, siendo bueno en embriagarse y perder el sentido, porque no era como Izumi, "El Deleite del Reino" y lo sabía, ni aspiraba a nada de ello, solo deseaba que lo cuidaran y le dieran amor, pero ello ni siquiera le era concedido. Al abandonar los aposentos de su hijo, la reina dirigió una severa mirada a sir Sakon que era el guardia consagrado de su hijo, y continuó con su trayecto por el pasillo, acompañada de sus doncellas, sorprendiéndose al encontrarse a su hija Sakura avanzando por el pasillo, lo que hizo que la reina se paralizara.
—Sakura, ¿Qué estás haciendo aquí?— interrogó la reina, recobrando el habla.
—Estoy buscando a Dina, debe encargarse de los niños— contestó la princesa, acompañada con Hinata e Ino.
—Mi niña— con la voz quebrada, la reina Hanan se acercó a su hija a quien atrajo en un imprevisto abrazo. —Lo lamento mucho, siempre trato de hacerlo bien—se disculpó, avergonzada de las infidelidades que su hija siempre debía soportar.
—¿Por qué lloras?, ¿Pasó algo?— cuestionó Sakura, confundida e incómoda por el abrazo, ante lo que su madre no dudó en romperlo.
—No, descuida— sosegó la reina, fingiendo una sonrisa para tranquilizar a su hija. —Enviaré a una sirvienta de confianza a ocuparse de Daisuke y Sarada, ¿sí?— prometió, acariciándole el rostro amorosamente.
Nadie acostumbraba a demostrar demasiado las emociones en la familia, en la corte todos actuaban en base al deber y en especial los Haruno, por lo que no fue extraño que la reina Hanan se retirase sin decir más, seguida con la mirada por su hija, que observó a la nada por varios segundos antes de volver la mirada hacia Hinata e Ino, indicándoles que aguardaran en tanto ella entraba a los aposentos de su esposo, con sir Sakon reverenciándola y abriéndole las puertas para permitirle ingresar, cerrando estas a su espalda. Dina no estaba, su madre le pedía perdón y al ingresar Sakura encontró a su esposo sentado en la cama, cabizbajo, la explicación era evidente y ella lo entendió en el acto, no siendo una tonta ignorante como otros creían; mas, Sakura no podía estar enojada, no cuando ella compartía la cama con Sasuke todas las noches en lugar de ser leal a Baru, por lo que en silencio se acercó a la cama, sentándose a la diestra de su esposo, sabiendo que él necesitaba contención y no críticas, mas ni su madre, ni su padre, ni abuelo podían darle eso a Baru. Igual que los años habían aumentado el atractivo de Sasuke, Baru se había vuelto aún más atractivo ahora que tenía veintidós años, no era tan alto como Sasuke—era apenas unos centímetros más alto que ella—, y sus músculos no estaban tan definidos, pero sus rasgos eran armoniosos, idénticos a los de su madre y su cabello no era tan largo como hacía cinco años, porque se lo había cortado por encima de los hombros, enmarcando su rostro que seguía siendo alabado por las mujeres de la corte como uno de los más atractivos de su generación, y Sakura debía admitir que Baru era muy guapo, en especial cuando sonreía.
—Me acosté con ella— admitió Baru, en voz baja y viéndola por el rabillo del ojo.
—Lo sé— contestó Sakura, no sintiéndose mal por ello, pues también lo engañaba.
—Nuestra madre me recriminó por ello, y por no haber estado despierto y decente para recibir a nuestra hermana y nuestro tío— explicó él, no considerando apropiado guardarle secretos a su propia esposa a la par que temiendo verla a los ojos.
—No te sientas culpable, ninguno de nosotros es lo que nuestra madre desearía que fuéramos— sosegó ella, sabiendo cuanto lo torturaba ser cuestionado por todos.
—¿No estás enojada?— inquirió Baru, por fin alzando la mirada hacia ella.
—Eres mi hermano, ¿Por qué habría de estarlo?— obvió Sakura volviendo la mirada en su dirección y alargando una de sus manos para entrelazarla con la suya.
—Gracias— apreció él en voz baja, sabiendo que siempre podía ser honesto con ella.
Baru siempre había sabido que, pese a ser tres años menor que él, Sasuke siempre había estado más preparado que él para asumir el trono, Sasuke hablaba varias lenguas además de la común y el Alto Valyrio, leía toda clase de libros y era muy hábil con la espada, era todo lo que un guerrero y príncipe Uchiha debería ser, y era el hijo favorito para su madre la reina, además de Sakura, en tanto él era el epítome de la mediocridad, sin destino ni deseos fijos, y nunca encontraría la contención que necesitaba en su madre pese a amarla tanto, pero si en Sakura, a quien se acercó. Envolviendo uno de sus brazos alrededor de los hombros de su esposo, acercándolo en un abrazo, Sakura fingió que era Daisuke o Sarada, porque él necesitaba consuelo, ajeno al temblor que casi le provocó su respiración al costado de su cuello, con su cabeza a la altura de su escote, ella alzando su mano para acariciar su rostro y subiendo para jugar con su cabello castaño, tarareando en voz muy baja para distender cualquier preocupación que él tuviera, no lo amaba como a Sasuke, solo como hermano y no como amante, pero ambos estaban casados y ella no iba a dejarlo solo, estaban unidos por una razón. Un par de veces a lo largo de los años, borracho y regresando de Flea Bottom, Baru se había metido en su cama, Sakura lo había encontrado tras regresar de pasar la noche con Sasuke, y si bien nunca habían hecho nada, él le había confesado lo mortificado que se sentía por ser el heredero, pero ignorado por su padre, subestimado por todos, presionado a hacer cosas que no quería, y todo estallaba frecuentando burdeles, embriagándose hasta perder el sentido o violando sirvientas, mas nada tenía justificación por supuesto.
Sin embargo, la gente hacía cosas raras cuando era infeliz.
Siete Años Antes/Fortaleza Roja, Desembarco del Rey
A un mes del regreso de la familia real desde Diftmark, de haber acudido al funeral de lady Toka Senju, el pánico e inquietud se había adueñado de todos los habitantes de la Fortaleza Roja—en distintos grados, por supuesto—, pero más que nadie de sir Kakashi Hatake, quien recorría los pasillos a gran velocidad, dando vueltas y vueltas por los numerosos pasillos; el príncipe Sasuke había desaparecido y nadie podía encontrarlo, el Hatake ya había interrogado al príncipe Baru, a la princesa Sakura, y al príncipe Kagen, pero ninguno de sus hermanos sabía dónde estaba, y el peligris ya había revisado el jardín, la biblioteca, y cualquier posible lugar de reunión habitual estaba deshabitado, tan solo quedaba un lugar; el patio de entrenamiento. Inquieta tras enterarse de la desaparición de su hermano, y no pudiendo quedarse sin hacer nada, Sakura comenzó a llevar a cabo su propia búsqueda exhaustiva, maldiciendo el haber ayudado a Sasuke a aprender a caminar y moverse por su cuenta con su ahora limitada visión desde que habían regresado de Diftmark, recorriendo los pasillos de la Fortaleza Roja con su leal e infaltable compañera lady Ino Yamanaka, sujetándose la falda para casi correr por los pasillos y presentándose en uno de los palcos que daban vista al patio de entrenamiento, no sabiendo si suspirar aliviada o preocupada al ver a Sasuke entrenando a esa hora, visiblemente cansado y frustrado, haciéndola congelarse en su lugar y enfocando su mirada en sir Kakashi que también parecía haber encontrado a su hermano, claramente atraído por el eco de una espada chocando contra un objetivo al que no conseguía acertar, mas aunque Sakura vio todo, eligió observar y no llamar a su hermano.
La princesa portaba un sencillo vestido aguamarina claro de escote cuadrado—con un escote inferior en V debajo—, repleto de bordado de dragones plateados en el centro del corpiño cerrado por seis botones de diamante, en la falda inferior—que se dividía en otra superior lisa y abierta en A bajo el vientre—, y en las mangas ceñidas hasta las muñecas, a juego con sus pendientes que destacaban ante su largo cabello rosado recogido escasamente para dejar que sus rizos cayeran tras su espalda. El príncipe Sasuke era conocido por sus sentidos agudos, era muy observador…o lo había sido antes de la pérdida de su ojo izquierdo, porque en ese momento ni siquiera advirtió la llegada de sir Kakashi pues su punto ciego ahora era mayor que el que había tenido, no había regresado al patio de entrenamiento aún, su recuperación era lenta, pero en ese momento parecía estar presionándose hasta el límite de sus capacidades y más allá, Kakashi lo vio, los ataques de la espada del príncipe eran torpes e imprecisos, apenas uno de estos acertó con su objetivo, claramente no pudiendo sincronizar su visión con sus propios movimientos, un escenario lamentable, pero nada era peor que el hecho de que el príncipe aún no advirtiera su presencia. Desde el punto de vista de Kakashi, quien se esforzó por no sentir lastima—pues eso no ayudaría al príncipe, era claro que sería fácil para cualquier oponente atacar al ahora príncipe tuerto, era cuestión de esperar, observar y atacar, lo que el príncipe Sasuke no podía hacer; frustrado de su propia incapacidad, Sasuke finalmente gruñó de frustración y dejó caer su espada, sentándose en el suelo y enterrando el rostro entre las manos, no estaba llorando, pero le faltaba poco.
—Arriba, príncipe— ordenó Kakashi anunciando su presencia y acercándose al príncipe para recuperar la espada de madera del suelo, tomando otra de las de práctica para unirse a su entrenamiento. —No tiene sentido entrenar solo, en una batalla el oponente rara vez se queda quieto— se acercó al príncipe para tenderle la espalda, que este recibió.
—Todo su arduo trabajo entrenándome es en vano, sir Kakashi— advirtió Sasuke, levantándose de su lugar por mera costumbre.
—Lo dudo mucho— respondió el Hatake, avanzando contra el príncipe con intención de atacar, viendo como este difícilmente evitó su ataque.
Sakura observó todo en silencio desde su lugar en el palco, apretándose las manos con nerviosismo y volviendo la mirada por sobre su hombro hacia Ino que solo intercambió una mirada con la suya, mordiéndose el labio inferior al ver a Sasuke caer de rodillas ante el ataque del Hatake; Sasuke y ella solo se llevaban un año de diferencia y siempre habían sido cercanos, pero aún más desde que él había perdido el ojo, ambos habían pasado muchas horas leyendo libros y estudiando, ella lo había ayudado a aprender a moverse pese a su marcada diferencia de profundidad, ella le había leído cuando él sufría de jaqueca por el esfuerzo de su vista, lo había tomado de la mano cuando él se sentía mareado, él había llorado de frustración cuando estaban a solas…pero, no tenía el corazón para darle la rudeza y desafíos que sir Kakashi si, y Sakura sabía que su hermano necesitaba volver a ser el mismo de antes. Sasuke aún sentía dolor por la pérdida de su ojo—no lo demostraba actuando rígido, serio y malhumorado—y continuaba luchando con sus movimientos, ya que solo veía con un ojo, cubierto ahora por un parche para no llamar tanto la atención, pero el daño recibido no se comparaba con el dolor de su corazón, mas Kakashi comprendía que lo que el príncipe no necesitaba suavidad ni abrazos, no habiendo perdido un ojo en tiempos de paz y a manos de sus sobrinos, que no habían recibido castigo, rondando al príncipe tuerto, analizando cuánto le tomaba calcular la distancia y velocidad, levantándose del suelo y arrojándose para atacarlo, y al dorniense no le costó evitarlo y golpearlo en la espalda, enviándolo otra vez al suelo, atacándolo desde su lado ciego, no dando tiempo al chico a verlo venir.
—Ya le había hablado de los puntos ciegos, ¿Lo recuerda?— mencionó el peligris, viendo al joven príncipe asentir únicamente. —Ahora tiene un punto ciego más amplio, nada más, y debe aprender a estar constantemente atento para compensar su desventaja— alentó, no queriendo que el príncipe se rindiera. —Siga el movimiento de cada oponente, cada respiración, cada paso, cada balanceo de la espada del enemigo debe ser observado y tomado en cuenta— explicó, punto por punto, viendo aquellos pensamientos bailar tras el iris ónix del príncipe con su mente tan aguda a su favor.
Prestando suma atención a las palabras de sir Kakashi, y que no tenían la lastima impregnada que sí poseían las palabras de su madre o de los Maestres, con hálito pesimista, Sasuke sintió la frustración e ira en su interior aumentar, por fin tenía a donde dirigir todas esas emociones, deseaba dejar lo ocurrido atrás y seguir con su vida, por lo que sostuvo la mirada al Hatake y se abalanzó contra él, mas el dorniense desvió el ataque con su espada, evadiéndolo con maestría, solo que ello solo motivo a Sasuke para volver a atacar de inmediato, disimulando una sonrisa ladina de satisfacción cuando su espada chocó contra la del Hatake. Sintiendo que se le oprimía el corazón ante el temor de que su hermano volviera a ser derribado, Sakura se mordió el labio inferior para no jadear y delatar su presencia, volviendo la mirada hacia Ino de pie a su lado y con quien intercambió una mirada antes de que ambas enfocarán su atención en el enfrentamiento a partes iguales; el mundo que Sasuke y ella habían construido juntos era suyo y privado, podían exponer libremente la vulnerabilidad del otro sabiendo que nadie los atacaría, pero ella comprendía que para todos los demás debía ser un joven príncipe guerrero fuerte e invencible o lo pisotearían hasta el cansancio, sintiéndose aliviada y llena de emoción cuando Sasuke resistió. Disimulando una sonrisa de orgullo al ver que el príncipe había seguido su consejo, Kakashi volvió a mover su espada para atacar, ante lo que el príncipe tuerto lo evadió, claramente atento a su postura, su arma, su brazo, por lo que cuando Sasuke atacó, ahora fue Kakashi quien tuvo que esquivarlo, mas lo empujó desde el lado izquierdo—su punto ciego—, desestabilizándolo.
—Ese fue solo un error de novato, mi príncipe— sosegó Kakashi con voz suave. —Ha perdido un ojo, pero ha de esforzarse el doble que antes, debe estar atento a cada movimiento a su alrededor, debe practicar más duro que antes, porque el enemigo buscara cualquier desventaja, y usted no ha de tener ninguna— explicó, necesitando que el joven príncipe se fortaleciera en lugar de debilitarse.
—¿Qué debo hacer?— cuestionó Sasuke, comprendiendo que rendirse era algo que no podía darse el lujo de hacer.
—Nada en esta vida es justo— citó el Hatake, como si leyera la mente del joven príncipe. —Y como no puede cambiar las cosas, ha de usar toda esa ira que siente para impulsar sus ataques, sus movimientos. Deje que esa ira lo ilumine desde dentro y lo impulse— aconsejó, viendo el joven príncipe asentir en silencio. —Ahora, ¿Qué quiere hacer?— consultó, esforzándose para no sonreír ante la respuesta que sabía obtendría de él.
—Quiero continuar— contestó el príncipe tuerto, cargado de determinación.
—Bien— asintió el peligris, alargando una de sus manos y situándola amigablemente sobre el hombro del príncipe, que esbozó una ligera sonrisa ladina.
Observando al Hatake un momento, Sasuke volvió a arrojarse contra Kakashi, quien retrocedió sorprendido ante su ira así como el arrojó con el que se abalanzó contra él, recibiendo un golpe de su espada, instándolo a alzar la suya y bloquear el golpe; la espada era de madera y el atuendo acolchado que Kakashi llevaba le impedía sentir dolor—no llevaba la armadura, se la había quitado en su habitación antes de enterarse de la desaparición del príncipe—, pero el príncipe tuerto lo golpeó una y otra vez, sacándole una sonrisa, primero por poder ayudarlo a liberar toda esa ira y resentimiento reprimidos, y en segundo lugar por ver que este contaba con la capacidad para volverse el gran guerrero que él ya había intuido antes de que perdiera su ojo. Sasuke siempre había entrenado más duro que nadie por no haber tenido un dragón, por la falta de amor de su padre y por su falta de derecho al trono como el segundo hijo, eclipsado por Baru y este por la fastidiosa Izumi, "El Deleite del Reino", sin embargo, ahora el príncipe tuerto tenía al dragón más grande del mundo, mas seguía necesitando comenzar de nuevo, ahora estaba consciente de cuán poco se preocupada su padre por él y que nunca podría cambiar eso; agotado y libertado, los golpes de la espada del príncipe Sasuke se hicieron más lentos y finalmente se detuvieron. Mientras el joven príncipe tuerto jadeaba para recuperar el aliento, bajando la cabeza y hundiendo los hombros, se sorprendió al ser envuelto en un cálido abrazo por el dorniense, con todo ese afecto paternal que él siempre había deseado recibir de su padre Tajima I, por lo que el Uchiha se relajó y enterró su rostro contra el pecho del Hatake. Así debía sentirse tener un padre...
A imagen de aquella época, Sasuke hoy también se sentía frustrado, estudiando esa mañana en la biblioteca—filosofía e historia, para aconsejar y asegurar la estabilidad del gobierno de Baru cuando fuese rey—se había enterado de la llegada de su hermana Izumi, su tío Itachi y su maldita camada de bastardos, Yuudai entre ellos, y no tuvo reparos en acudir al patio de entrenamiento para desahogar toda esa ira, encontrando a sir Kakashi que era el mejor oponente como siempre y ambos no tardaron en acaparar la atención de los nobles que paseaban por el patio y que los observaron largamente. El príncipe Sasuke era muy guapo a ojos de las damas de la corte pese a su faltante ojo izquierdo, vistiendo un jubón de cuero negro de cuello alto y cerrado por cuatro hebillas gemelas de plata en forma de cabeza de dragón, verde oscuro en el centro el pecho y el dobladillo del faldón abierto en A, con hombreras y compuesto de cuero negro en las mangas ceñidas a las muñecas, los lados del jubón y el faldón, como el cinturón que ceñía el atuendo a su cuerpo y una hebilla que replicaba el emblema del dragón de tres cabezas de color verde, pantalones negros y botas de cuero. Muchas damas observaban entrenar al príncipe tuerto, sonriendo y susurrando entre sí, aplaudiendo cada vez que la espada de este, Sueña Fuego, rozaba a sir Kakashi que movía a morningstar—un mayal o bola de acero compuesta de múltiples púas, unida a una cadena de acero con una empuñadura firme—en la dirección del Uchiha, que se anticipó magistralmente, moviendo su espada en el último momento e interceptando la arma del Hatake y desarmándolo, amenazándolo con el filo de su espada contra su yugular.
—Bien hecho, mi príncipe— celebró Kakashi al ser derrotado, —va a ganar torneos muy pronto— anticipó, orgulloso de aquel valiente muchacho.
—Me importan una mierda los torneos— contrarió Sasuke con voz dura, —pero agradezco mucho sus elogios, sir Kakashi— agregó, debiéndole mucho a su mentor.
No era ningún secreto para Kakashi que siempre se había sentido conectado al príncipe Sasuke, había sido nombrado guardia real consagrado de la reina Hanan—luego de haber abandonado el servicio de la princesa Izumi tras la boda de esta con el fallecido lord Tenma—cuando esta había estado embarazada de su tercer hijo, había sido uno de los primeros en cargar al príncipe Sasuke tras su nacimiento, y siempre se había sentido vinculado a él desde sus primeros días de vida, lo había visto como el hijo que nunca podría tener y prácticamente lo había criado, había estado mucho más presente que el rey Tajima, de eso no había jamás le daba las gracias a nadie que no fuese Sakura, era más bien distante con todos, por lo que apreciar las palabras de sir Kakashi no era algo menor y más en presencia de terceros presentes, pero el Hatake siempre había sido muy amable con él, siempre lo presionaba y le exigía más porque sabía que podía hacerlo, siempre lo alentaba a llegar más lejos y lo había entrenado en privado por las noches tras la pérdida de su ojo hasta volver a estar al nivel que antes de perderlo, y a él le debía ser el guerrero que era hoy, capacitado y curtido para la guerra que sabía un día llegaría. Aunque concentrado entrenando con sir Kakashi, Sasuke estaba acostumbrado a sondear su entorno mientras entrenaba, atento a todo debido a su amplio punto ciego debido a su faltante ojo izquierdo, y ello le había permitido darse cuenta de dos figuras inusuales en el patio y entre los espectadores habituales a su jornada de entrenamiento, y que destacaban por su cabello castaño y ojos perla, eran sus sobrinos Junichi y Yuudai, los hijos mayores de Izumi.
—Sobrinos, ha pasado mucho tiempo— comentó Sasuke, enfocando su iris ónix en sus dos sobrinos. —¿Han venido a entrenar?— preguntó burlona y amenazadoramente.
Yuudai lo irritó con su sola presencia, Sasuke no podía olvidar lo que ese bastardo le había arrebatado, veía su deuda al contemplar su semblante, mas lo hizo sonreír ladinamente ver el temor de este, que volvió la mirada con incertidumbre hacia su hermano mayor Junichi que pareció armarse de valor y sostenerle la mirada, mas su temor era evidente; vivir en el Fortaleza Roja no evitaba que Sasuke fuera ajeno a los rumores, sabía que la plebe y la gente común lo llamaba "El Demonio de un Ojo" o "El Dragón de un Ojo", un apodo del que el príncipe tuerto se enorgullecía, pues imponía tanto miedo como su sola presencia y que lo hizo sonreír ladinamente al ver a sus dos sobrinos temblar bajo su mirada, aunque quizás ni ellos se daban cuenta, pero él sí, y eso fue su victoria. Rompiendo con la quietud que se suscitó en el patio de entrenamiento, las puertas de la muralla exterior de la Fortaleza Roja se abrieron y una comitiva de soldados ingresó acompañando a sir Kawarama Senju, Sasuke lo supo al ver a dos soldados cargando el estandarte de la casa Senju, recalcando su sonrisa ladina pues si las maquinaciones de su abuelo y su madre tenían éxito, Yuudai perdería Driftmark que era su "herencia" y sería reconocido como el bastardo que era igual que Junichi, ante lo que el príncipe se dio por satisfecho—viendo la incertidumbre en el rostro de Junichi y Yuudai que se observaron entre si—, dando la espalda a la escena y recibiendo su escudo de manos de su guardia consagrado sir Sai, indicándole a sir Kakashi que continuarán entrenando, ante lo que este asintió; hasta que su hermano fuese rey, seguiría entrenando, estudiando y preparándose para la guerra, por su familia y su futuro.
Todas las piezas estaban en su lugar.
El resto del día continuó como siempre, Sasuke no iba a cambiar su rutina por la llegada de su hermana, su tío—a quien admiraba—, o sus molestos sobrinos, y lo mismo ocurrió con Sakura, él lo sabía, por lo que aguardó a que llegara el momento de volar sobre Desembarco del Rey a lomos de Vaghar, agradeciendo que su tío no eligiera esa hora para volar en Caraxes, y distrayéndose en ello por un par de horas antes de finalmente indicar al viejo dragón que regresara a su plácido lugar en los bosques reales, el príncipe tuerto subiendo a su caballo y regresando a la Fortaleza Roja para colarse en los aposentos de su hermana. Aunque había pasado muchas noches durante los últimos años escabulléndose por los pasadizos secretos de la Fortaleza Roja para llegar a los aposentos de su hermana, Sasuke descubrió que nunca perdía la emoción, dejando la antorcha al final del pasillo y abriendo la puerta secreta que daba con la habitación privada de su hermana, cerrando la puerta tras de sí al ingresar y quedándose embelesado observándola. Daisuke y Sarada ya estaban dormidos, era más problemático encargarse de ellos ahora que Dina no estaba, pero su madre había destinado a una niñera nueva para su servicio y Sakura no podía quejarse; la princesa portaba un femenino camisón rosa pálido de profundo escote en V hasta casi la altura del vientre—debajo tenía un falso y recatado escote redondo—, anudado por un lienzo de la misma altura a la cintura, falda de velo y mangas traslucidas holgadas que se anudaban a la altura de las muñecas, exponiendo el interior de los brazos, y sus largos rizos rosados fluían para caer libremente tras su espalda, sonriendo al advertir la llegada de su hermano.
—¿Supiste de las noticias?— consultó Sakura en voz alta, volviendo la mirada por sobre su hombro hacia su hermano. —Lord Kawarama Senju llegó desde Diftmark— había oído de ello, Ino siempre se enteraba de todo por ella.
—Sí, lo vi llegar mientras estaba en el campo de entrenamiento— contestó Sasuke, desabrochándose el jubón y dejándolo sobre la silla junto al tocador de su hermana. —También vi a nuestros sobrinos, siguen siendo meros niños— desdeño, acercándose a la cama para sentarse junto a Sakura.
—Junichi tiene 15 años y Yuudai 13, es natural, y han de haber crecido más protegidos que nosotros— señaló la princesa, habiendo oído que Izumi era muy cariñosa como madre. —¿Sigues enojado?— más bien afirmó, disimulando su preocupación.
—Eso es un eufemismo— asintió el príncipe tuerto, envolviendo sus brazos alrededor de ella. —Si de mí dependiera, le habría arrancado el ojo a ese bastardo en cuanto lo vi— admitió sin vergüenza, sabiendo que podía ser honesto con ella.
Yuudai era un niño, tenía solo trece años, pero había tenido solo cinco años al momento de arrancarle el ojo, Sasuke sabía que no podía juzgarlo como un menor inocente porque era todo menos eso, era igual de pernicioso que la golfa de Izumi, siempre ocultándose tras la máscara de la rectitud, fingiéndose digno pese a su evidente bastardía. Todos tenían algo que criticar de sus vidas, ninguno era feliz con el camino que la vida había decretado para ellos; su madre era reina, pero su padre el rey Tajima no la amaba como a su fallecida esposa la reina Haruka; Baru era el príncipe heredero, pero detestaba el deber y sus obligaciones; Sasuke estaba preparado para ser rey, pero era el segundo hijo; y, por último, ella era la princesa de los Siete Reinos y sin embargo estaba casada con Baru cuando amaba a Sasuke. Por supuesto que, a diferencia de Sasuke, Sakura nunca se había quejado, casarse con Baru había sido su deber y ella lo había recibido en su cama sin quejarse, porque eso era lo que se esperaba de ella, mas esto último nunca había sido su deseo y había estado agradecida de que su esposo sintiera lo mismo, así él encontraba belleza y pasión en otra parte y ella no lo cuestionaba por ello. Había una sola persona que no la consideraba invisible, Sasuke, y ella lo amaba profundamente, pero ello no la hacía ajena de su ira, frustración y dolor, él era bueno ocultando sus emociones y concentrándose en el deber, pero ansiaba venganza por su ojo izquierdo perdido y ella lo sabía, había visto en sus visiones—despierta o dormida—que esa hambre de venganza traería un reguero de sangre, pero no alcanzaba a entender del todo a dónde los llevaría y la asustaba no poder evitarlo.
—Tu ira te matara— advirtió Sakura, cerrando los ojos al poder ver la sangre en el suelo y el agua, y a los dragones cayendo del cielo a su muerte.
—Puedo vivir con ello— negó Sasuke, encogiéndose de hombros despreocupadamente.
—Me matará— agregó la princesa, viéndose caer de las alturas y viéndolo caer al agua.
—¿Qué has visto?— cuestionó el príncipe tuerto, preocupado por sus premoniciones.
—Nada que no haya visto antes; ríos rojos, rojo en el agua, en el cielo, dragones cayendo— enumeró ella, sabiendo que su hermano llevaba registro de sus profecías. —Quisiera ver más, pero…— se disculpó, bajando la mirada con impotencia.
—No te inquietes por lo que quizás no lo merece— sosegó él, abrazándola protectoramente con el fin de ayudarla a olvidar. —Deja que tu mente descanse— no todas sus visiones se cumplían y ella no debía angustiarse en vano.
—Mañana se decidirá la sucesión de Diftmark, y de una u otra ello pondrá en tela de juicio la legitimidad de nuestros sobrinos— recordó Sakura, rompiendo el abrazo y volviéndose hacia él. —No puedo evitar inquietarme— no era la tonta que todos pensaban.
—Una legitimidad que jamás han tenido, son bastardos, eso salta a la vista— obvió Sasuke con desdén, prefiriéndolos muertos en lugar de bajo su mismo techo.
—Aun así— regaño la princesa con tono serio, no gustándole que se dejara llevar por la violencia. —Si su legitimidad se cuestiona más, se asegurará la posición de nuestra familia, pero de no ser así, continuará la disputa— temía que ello condujera a la guerra.
—Nuestro padre debería haber mantenido al reino unido, como nuestro tratarabuelo Naka I, pero lo que hizo fue dividirlo al nombrar heredera a nuestra hermana, antes de que Baru naciera, sin haber reforzado esa idea tras su nacimiento, el mío o de Kagen— meditó el príncipe tuerto, preocupado por la estabilidad de la dinastía y el reino. —¿Qué espera que suceda?— preguntó en voz alta, intentando entenderlo sin éxito.
—La guerra se desatará un día, y la carga es demasiado pesada, inmensa— previno ella, habiéndolo visto en sus premoniciones. —Tengo miedo de lo que pasara— admitió en voz baja, temiendo por sus hijos, viendo ratas saltar sobre la cama de Daisuke en sus sueños.
—No lo tengas— tranquilizó él, viéndola a los ojos y envolviendo sus brazos a su alrededor, —siempre te protegeré, te lo juro— era su mayor deber para con ella.
No podía estar a su lado durante todo el día aunque lo desease con toda el alma, no podía evidenciar su paternidad de Daisuke y Sarada pese a ser suyos, no podía involucrarse en su educación pese a desearlo, no podía visitar abiertamente a Sakura pese a amarla, sino que debía hacerlo en secreto y ello lo mortificaría siempre; había vivido preparándose para un futuro en el que el orden de su nacimiento determinaría su destino, un futuro en el que tendría que ver a su hermano mayor cosechar las recompensas por ser el primogénito pese a no tomar en serio sus responsabilidades, y Sasuke jamás podría soportar la cruel injusticia de no poder casarse con Sakura, porque este había sido otro privilegio reservado para su desagradecido hermano mayor. Viendo a los ojos a Sakura hasta ver el temor convertirse en una efímera sombra, Sasuke volvió a atraerla hacia sí en un abrazo, besándola en la frente y susurrándole cuanto la amaba, dispuesto a lo que fuera preciso para que ella estuviera a salvo, así como para que Daisuke un día se convirtiera en rey de los Siete Reinos con Sarada como su reina, incluyendo deshacerse de su molesta hermana mayor, pues sabía que Izumi siempre los vería a Baru, Kagen y él como amenazas perpetuas a su reinado, y al de sus bastardos. Una guerra no era lo ideal y Sasuke no quería llegar a tanto, tampoco Sakura, mucho menos su madre o su abuelo, pero todos—incluyendo el imbécil de Baru—sabían que su familia nunca conocería la paz si Izumi se sentará en el Trono de Hierro, la ambición de Sasuke no era tan grande como para codiciar el trono para sí mismo, pero si lo quería para su hijo, mas, primero Baru debía ser rey…
Ya que el rey Tajima se hallaba tan enfermo, en nada era extraño que su lord Mano Kizashi Haruno lo reemplazará en audiencias reales como aquella, de pie ante el Trono de Hierro como si fuera el soberano, pero no pudiendo ocuparlo según la tradición real, observado por todos los presentes, en especial por su hija la reina Hanan; siempre elegante, la matriarca de la casa Uchiha portaba un formal vestido de seda esmeralda que parecía evocar una armadura, de cuello alto y cerrado—separando lo que parecía simular una coraza y muñequeras, de tono más oscuro, formando ligeras hombreras—, mangas ceñidas y envuelto alrededor de su cuerpo como un guante, decorado por una cadena de oro en el centro del pecho como la hilera de botones que cerraba el vestido desde el cuello al vientre, en las muñecas y a juego con la estrella de siete puntas alrededor de su cuello, con su cabello rosado recogido tras su nuca y peinado en una trenza cintillo. Profundamente disgustado por el formalismo, pero debiendo estar ahí y no queriendo otra reprimenda, el príncipe Baru se apretó incómodamente las manos que mantenía cruzadas sobre el vientre, vistiendo un elegante jubón de seda negra de cuello alto, mangas ceñidas y cerrado por seis botones dorados hasta la altura del vientre, ceñido por un cinturón con hebilla dorada, abierto en A bajo el vientre, pantalones negros, cortas botas de cuero y un toisón dorado con pequeñas amatistas engarzadas—homenaje a Dreamfire, el dragón de su esposa—alrededor de su cuello, con su cabello bien peinado como siempre y tratando de disimular su expresión de aburrimiento, de pie junto a su madre, con Sakura y Sasuke a su diestra.
En una nota discordante con los miembros de su familia—Baru y Sasuke vistiendo de negro, y su madre y abuelo vistiendo de verde—, la princesa Sakura portaba un elegante vestido malva de escote corazón, cerrado por seis botones de oro con bordados a los lados al igual que la línea que separaba el centro del corpiño de los laterales, decorado con escamas doradas—por Sunfire, el dragón de Baru—, igual que sucedía con la falda que se separaba de la inferior, y las mangas eran abullonadas desde los hombros a los codos, ciñéndose desde ahí a las muñecas, finalizando en ligeras muñequeras de encaje dorado, y su largo cabello rosado caía sobre su hombro izquierdo y tras su espalda peinado por una trenza cintillo, destacando unos pequeños pendientes de oro y amatista, y el collar de Vaghar que Sasuke le había obsequiado el día anterior. Para muchos debía resultar extraño que la princesa usara otro color que no fuera el negro, rojo o verde, los colores de su familia, pero nadie podía saber que estaba usando el malva como una forma de homenaje a su amado hermano Sasuke, de pie a su lado en la fila durante la audiencia, él llevaba la amatista en su ojo como homenaje a Dreamfire y a ella; comprendiendo que aquella era una ocasión formal, Sasuke vestía un jubón negro de cuello alto, cerrado por seis hebillas plateadas en forma de dragón hasta la altura del vientre, con ceñidas mangas gris oscuro, ceñido a su cuerpo por un cinturón de cuero del que pendía su espada Sueña Fuego, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre y las manos cruzadas tras su espalda, alargando una de estas y entrelazándola con la de su hermana.
—Aunque es la esperanza de esta corte que lord Butsuma Senju sobreviva a sus heridas, nos reunimos aquí para la amarga tarea de lidiar con la sucesión de Driftmark. Como lord Mano, habló con la voz del rey en esto y en todos los asuntos— anunció lord Kizashi, llenando el salón de audiencias con su voz. —La corona escuchará las peticiones; sir Kawarama de la casa Senju, tiene la palabra— anunció, permitiendo la palabra del sobrino y heredero indiscutible de Diftmark a ojos de la familia Haruno.
—Mi reina, mi lord Mano— reverenció lord Kawarama al acercarse al trono. —La historia de nuestras nobles casas se extiende más allá de los Siete Reinos, a los días de la Antigua Valyria; mientras que la casa Uchiha ha gobernado los cielos, la casa Senju ha gobernado los mares. Con la caída de Valyria, nuestras casas se volvieron las últimas de su clase; nuestros antepasados llegaron a esta nueva tierra sabiendo que, si fallaban, sería el fin de nuestras líneas de sangre y nuestros nombres— relató, señalando el origen conocido de su gran casa. —Yo he pasado toda mi vida en Diftmark defendiendo el trono de mi tío, soy el pariente más cercano de lord Butsuma, su propia sangre; la verdadera e implacable sangre de la casa Senju corre por mis venas— evidenció, justificando así su reclamo.
—Como lo hace por mis hijos, los frutos de lord Tenma Senju— refutó Izumi, claramente disgustada por la alusión al linaje "impuro" de sus hijos. —Si le importa tanto la sangre de su casa no sería tan atrevido de suplantar a su legítimo heredero, usted solo habla por sí mismo y por su propia ambición— acusó, queriendo tener la palabra.
—Podrá hacer su propia petición, princesa Izumi, dele a lord Kawarama la cortesía de ser escuchado— acalló la reina Hanan, dirigiéndole una mirada muy seria.
Ser callada de esa manera no debía resultar agradable para su hermana, por lo que Baru no pudo evitar sonreír para sí con burla, tentado a voltear a ver a Sasuke o Sakura a su lado, pero sabía que ellos no darían pie a ninguna interpretación, tan reservados y formales como siempre, por lo que el príncipe se esforzó por parecer inalterable pese a resultarle enormemente divertido. Con asombrosa calma, claramente seguro de su linaje como sobrino de lord Butsuma y el único miembro legítimo de su casa para heredar el cargo de Señor de las Mareas y lord de Driftmark en caso de que su tío muriera, cuestionando sin disimulo la legitimidad de sus "parientes", los hijos de su fallecido primo lord Tenma; Junichi y Yuudai Senju, en especial este último que habría de heredar Driftmark, y con ese solo ejercicio los ojos de todos se enfocaron también en aquella en quien el Senju concentró su mirada, la princesa Izumi. Siendo la principal baluarte de su casa, como princesa heredera jurada hacía más de veinte años, acompañada por su esposo y tío el príncipe Itachi, la princesa Izumi portaba un brillante vestido rojo de escote corazón y que pasaba desapercibido bajo una chaqueta superior, holgada y de igual color, repleta de bordados de dragones cobrizos—por su dragona Syrax—, cerrada por cinco botones de igual color y mangas abiertas desde los hombros para exponer las mangas ceñidas del vestido, todo su atuendo era cómodo debido a su embarazo de seis meses, y su largo cabello castaño caía sobre sus hombros y tras su espalda, realzando una diadema de oro con rubíes engarzados como la guirnalda de oro alrededor de su cuello, como si ya fuera la reina de los Siete Reinos.
—¿Qué sabe de la sangre Senju, Alteza? Con gusto me abriría las venas y se la mostraría, pero aun así usted no la reconocería— condenó Kawarama con una sonrisa de superioridad a la princesa. —Esto es sobre el futuro y la supervivencia de mi casa, no la suya— aclaró, harto de su egoísmo. —Mi reina, mi lord Mano, este es un asunto de sangre, no de ambición, y como tal yo pongo la continuación de mi casa y mi linaje por encima de todo, proponiéndome humildemente como sucesor de mi tío, el señor de Diftmark y señor de las Mareas— concluyó, inclinando respetuosamente la cabeza.
—Gracias, lord Kawarama— apreció Kizashi, concentrándose en la primogénita del rey. —Princesa Izumi, ahora puede hablar por su hijo, el príncipe Yuudai— consintió, ante lo que la princesa no dudó en acercarse al trono para explayarse.
—Si voy a seguir con esta falsa, comenzaré recordando a la corte que, en este mismo salón y hace más de veinte años…— inició Izumi, cansada por tener que recordarlo.
—¡Su Majestad el rey Tajima Uchiha, primero con el nombre, rey de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres, señor de los Siete Reinos y Protector de la Tierra!— interrumpió sir Kakashi como comandante de la guardia real, anunciando al rey.
La llegada del rey sacudió a todos, nadie esperaba que apareciera, ello no estaba planeado, el rey estaba demasiado débil como para hacer una aparición pública y no se había levantado de la cama en meses, dopado con la leche de amapola, mas cuando todos centraron sus ojos en él y pese a la perniciosa enfermedad que lo azoraba, era indiscutible quien seguía siendo el protector del reino;portaba un pesado jubón de seda negro, forrado en el interior por seda carmesí—negro y rojo, los colores de la casa real—, de cuello en V mangas abiertas desde los hombros, exponiendo unas ceñidas debajo, con muñequeras rojas como el cuello del jubón, guantes negros, faldón hasta la rodilla, ceñido a su cuerpo por un cinturón, botas de cuero, con la corona de oro de los Siete Reinos sobre la cabeza, andando lento sin embargo y apoyándose en su bastón, con todos los nobles inclinándose a su paso. Dándose cuenta de la debilidad de su hermano y rey, el príncipe Itachi se apresuró a aproximarse y ayudarlo a caminar hasta el Trono de Hierro, sirviéndole de apoyo al ascender por los escalones y finalmente sentarse, ambos intercambiando una mirada antes de que el llamado "Príncipe Canalla" regresase a su lugar de pie junto a su esposa, mas aquel gesto de aparente buena voluntad de un hermano a otro no pasó así a ojos de Sasuke quien atestiguaba todo; su tío quería demostrar era el guardián de la corona hasta que ésta pasase—como él quería—a Izumi y por consiguiente a él, y era igualmente ofensivo para el príncipe tuerto, sus hermanos y madre ver que su padre hacía ese sacrificio únicamente por Izumi y no por ellos.
—Debo admitir mi confusión, no entiendo porque se escuchan peticiones sobre una sucesión ya acordada, cuando la única presente que podría ofrecer alguna idea de los deseos de lord Butsuma es su esposa, la princesa Naori— habló finalmente el rey Tajima, concentrando su mirada en su prima.
—Gracias, Majestad— sonrió la princesa Naori, dando un paso al frente para hablar. —Siempre ha sido deseo de mi esposo, que Diftmark pase de nuestro fallecido hijo lord Tenma a su legítimo hijo; Yuudai Senju, y su mente nunca ha cambiado, como tampoco mi apoyo hacia él— comunicó, viendo como una sonrisa de confianza adornaba el rostro de Izumi. —Como sabe, nuestras nietas están comprometidas con los jóvenes Junichi y Yuudai desde su temprana infancia, y siempre he estado de acuerdo con ello— reafirmó, habiendo hablado en privado con la princesa y llegado a un acuerdo.
—Bueno, el asunto está resuelto de nuevo, por lo tanto, afirmó al príncipe Yuudai como heredero de Diftmark, del trono de Driftwood y como el próximo señor de las Mareas— declaró el rey para frustración de su lord Mano, su esposa y demás hijos.
—Usted rompió la ley y siglos de tradición al instaurar a su hija como heredera, ¿Y ahora se atreve a decirme quién se merece heredar el apellido Senju?— increpó Kawarama, incrédulo ante lo que escuchaba y el cambio que se había suscitado en el panorama. —No, no lo permitiré— advirtió, negándose a ser solo un espectador.
—¿Permitirlo? No olvide con quien habla, Kawarama— protestó Tajima dirigiéndole una severa mirada.
—¡Él no es un verdadero Senju!— acusó el Senju, volviéndose para señalar acusadoramente al segundo hijo de la princesa. —Y ciertamente no es de mi familia— puntualizó, considerándolo como el bastardo que era.
—Yuudai es mi nieto legítimo, y usted no es más que un segundo hijo de Driftmark— comparó el rey, imponiendo su voluntad si de su primogénita se trataba.
—Majestad, usted puede llevar su casa como le plazca, pero ¡No decidirá el futuro de la mía!— aclaró Kawarama, tratando de ser lo más respetuoso posible. —Mi casa sobrevivió la perdición y mil tribulaciones posteriores y, por todos los dioses, no veré que termine por culpa de este…— se contuvo lo más posible, observando a los dos hijos bastardos de la princesa y cuyos rasgos paternos saltaban a la vista.
—Dígalo— amenazó Itachi sosteniéndole la mirada y queriendo su cabeza.
—Sus hijos ¡Son bastardos!, ¡Y ella es una golfa!— acusó el Senju con voz clara y fuerte para que todos lo escucharan, decidido a afrontar las consecuencias.
—Tendré su lengua por eso— decidió el rey, dirigiendo una mirada hacia uno de los guardias reales, habiendo decretado que nadie podía cuestionar el linaje de sus nietos.
Sin embargo, ninguno de los guardias reales a los pies del Trono de Hierro tuvo ocasión de cumplir los deseos del rey, pues al mismo tiempo en que lord Kawarama centró su mirada en el rey, aparentemente dispuesto a afrontar las consecuencias por afirmar la bastardía de los hijos de la princesa, fue atacado por la espalda por el príncipe Itachi quien desenfundó su espada de acero valyrio Hermana Oscura y cortó con esta la cabeza del Senju de forma inclinada para que conservará la lengua, pero no el resto, una imagen sanguinolenta en extremo y más cuando su cadáver y cabeza cayó al suelo con un sonido grotesco. Casi pudiendo sentir el siniestro eco de Hermana Oscura, Sakura palideció al ver tan dantesca escena y le dio la espalda lo más rápido posible, cubriéndose los oídos, no deseando oír la muerte que traía esa espada, sollozando por lo bajo y tratando de abrazar a Sasuke pese a no poder descubrirse los oídos, no queriendo escuchar el desprendimiento de la carne ni el goteo de la sangre, detestando el sonido de la muerte, luchando por calmar su respiración mientras sentía a su madre acariciarle los hombros para intentar calmarla, pero Sakura ni siquiera podía abrir los ojos…como odiaba esa espada. Baru ni siquiera se inmuto ante la cruenta muerte de lord Kawarama, y ello no afectó a Sasuke emocionalmente, pero este se tensó de golpe al tener a Sakura a su lado y más cuando ella buscó refugiarse contra su pecho; debería haber previsto que su tío haría algo así, y Sasuke no pudo evitar observarlo con contenida admiración, acercándose al cadáver de lord Kawarama y contemplando con la condescendencia que mostraría un dragón con una oveja a la que acababa de quemar.
—Puede quedarse con su lengua— desdeño Itachi, claramente sin lamentar haberlo matado para probar su punto y porque podía hacerlo.
—¡Desármenlo!— ordenó lord Kizashi, indignado ante semejante brutalidad.
—No es necesario— sosegó el príncipe Uchiha con un tono entre cínico y sereno.
Con asombrosa calma, intercambiando una mirada con su hermano el rey, como si probase que había hecho su voluntad, Itachi limpio la sangre de su espada con el faldón de su propio jubón, claramente no molestándole mancharse de sangre y regresó sus pasos a la diestra de su esposa y sobrina la princesa Izumi, devolviendo Hermana Oscura a su cinturón como si no hubiera pasado nada; todo ello coincidió con que el rey Tajima comenzará a sentirse peor, bajando torpemente del Trono de Hierro, ante lo que su esposa e hija mayor no dudaron en correr a auxiliarlo, por lo que el "Príncipe Canalla" nuevamente quedó sin castigo. Envolviendo sus brazos alrededor de su hermana, intentando calmarla, Sasuke no pudo evitar observar a su tío con una sonrisa ladina, porque él era el único individuo de su familia que no se asustaba ante los desafíos, que hacía honor a su reputación al derramar sangre sin miramientos, y Sasuke se emocionó ante la idea de poder enfrentarlo un día y arrebatarle todos sus logros, porque había crecido queriendo ser como él y para ser como su héroe debía derrotarlo y eliminarlo, algo que le complacería hacer. Jadeando aún abrumada por tan grotesca escena, Sakura no fue reprochada por refugiarse en Sasuke a vista y paciencia de todos, estaba muy asustada, temblaba de pies a cabeza, no solo detestaba la sangre, sino que odiaba a Hermana Oscura, la espada de la fallecida reina Mikoto, la hermana mayor de Baru el Conquistador, no odiaba la espada porque le hubiera pertenecido a ella, Vaghar había sido su dragón antes que de Sasuke, antes que de su abuelo Bishamon y antes que de su prima y tía Toka; lo que odiaba era la muerta que esa espada traía.
Y porque la había visto tomar la vida de Sasuke en sus sueños.
Luego de tan dantesca escena, y en que todos habían estado más concentrados en su padre el rey Tajima que nuevamente necesitaba de la atención de los Maestres y altas dosis de leche de amapola para olvidar el dolor que le provocaba su enfermedad, Sakura se retiró a sus aposentos y no salió de estos sin importar que su madre la reina Hanan o su propio esposo Baru llamaran a su puerta, habiendo despedido a sus doncellas y queriendo estar sola, abrazándose a sí misma y frotándose los brazos con ansiedad y frustración entremezcladas mientras se paseaba junto a uno de los ventanales de sus aposentos y de este a la chimenea, murmurando para sí. Fuego y sangre, dragones y hombres cayendo brutalmente al suelo, Hermana Oscura—la espada de su tío Itachi—arrebatándole la vida a Sasuke, ella cayendo desde gran altura y su garganta siendo desgarrada, la cama de su pequeño Daisuke siendo atacada por ratas, Sarada siendo encerrada en una habitación de la Fortaleza Roja, rodeada de joyas y oro…a Sakura más que nunca le frustró no poder interpretar sus visiones, tan solo viendo destellos y anhelando poder saber más. Observando en silencio a lady Ino, lady Hinata y lady Tenten fuera de los aposentos de su hermana, preocupadas, Sasuke le hizo una seca indicación con la cabeza a sir Arsen, que lo reverenció antes de abrir las puertas y permitirle ingresar, cerrando estas a su espalda y de inmediato el iris ónix del príncipe tuerto se enfocó en Sakura paseándose nerviosamente, no podía saber que estaba diciendo porque hablaba en voz muy baja y movía los labios demasiado rápido, pero era evidente que estaba afectada por lo ocurrido en el salón del trono.
—Dije que quería estar sola, ¿No entendieron?— contrarió Sakura en voz alta al escuchar que las puertas se cerraban ante el ingreso de alguien, deteniendo sus pasos.
—¿Eso me incluye a mí?— cuestionó Sasuke en alto valyrio, anunciándose y ante lo que ella volteo a verlo, encontrando su mirada con la suya.
—Bien sabes que no— diferenció ella también en alto valyrio, esbozando una sonrisa.
Ya fuera en presencia de terceros o en privado, el Alto Valyrio—el idioma con que se comunicaban con sus dragones—era casi una marca personal de su relación; Baru no lo hablaba o lo que manejaba del lenguaje era demasiado básico y no comprendía las palabras a menos que estas fueran lentas, Sakura por otro lado manejaba fluidamente el Alto Valyrio por todo el tiempo que pasaba con Dreamfire y Sasuke lo hablaba como si fuese su lengua nativa, tal y como debería hacer un príncipe Uchiha, y alivió a Sasuke saber que el malestar de su hermana no era tan grande como para no quererlo cerca. Con su andar grácil a la paz que imponente, Sasuke cruzó la distancia que lo separaba de Sakura, mas no amedrentándola como sí hacía con los demás imbéciles al servicio de la casa real, sino rondándola, como tanteando las aguas antes de detenerse frente a ella, alzando una de sus manos para acariciar cuidadosamente su rostro, inclinando lentamente su rostro sobre el suyo y reclamando sus labios no con hambre ni deseo, sino con ternura, disfrutando de su presencia como sabía que Sakura disfrutaba de la suya, rozando su nariz contra la suya al romper el beso y sonriendo cuando Sakura alargó sus manos hacia su rostro para quitarle el parche y exponer la amatista en la cuenca de su ojo izquierdo, trazando el contorno de su cicatriz con veneración y conmoviendo al príncipe tuerto. Cuando el beso se rompió, contemplando el atractivo a la par que peligroso semblante de su hermano, Sakura envolvió sus brazos alrededor de sus hombros y pecho en un abrazo, aliviada y pudiendo concentrarse en la realidad al sentir los brazos de Sasuke a su alrededor.
—Entiendo que lo que vimos en el Salón del Trono te asustó mucho, y lo siento— se disculpó Sasuke, deseando haber podido hacer más para consolarla. —¿Te sientes mejor, amor?— consulto, siempre tan afectuoso con ella.
—Estoy contigo, es todo lo que necesito— sosegó Sakura, disfrutando lo más posible del abrazo, sonriendo contra el pecho de su hermano.
—Nuestra madre decidió celebrar un banquete mañana, para calmar las aguas— comunicó el príncipe tuerto, pues ella merecía saberlo. —Créeme, la idea me desagrada tanto como a ti, pero debemos hacerlo— agregó cuando ella rompió lo suficiente el abrazo para encontrar sus miradas. —Se espera que luzcamos los colores del bando opuesto— aclaró, previendo el disgusto de su hermana y con razón.
—Al menos no tienes que cambiarte de ropa, tu atuendo combina con todo— mencionó la princesa observando detenidamente a su hermano, y que ese día vestía de gris cuando normalmente solo vestía negro. —Solo sé que no vestiré de rojo o negro; el negro es el color del luto y el rojo de la sangre— admitió en voz alta, no siendo una opción.
—Tu puedes usar lo que quieras, siempre te verás hermosa— consintió él de inmediato, ilusionado con verla usando un vestido nuevo que realzaría su belleza.
Sakura siempre tendría la libertad de vestir como quisiera, y la usaba muy bien; desde antes de casarse con Baru, vestía el verde característico de la familia de su madre y abuelo, los Haruno, en tonos esmeralda, oliva, limón, pastel y aguamarina, pero también el rosa, gris, violeta, azul oscuro y malva por supuesto, un homenaje a su dragona Dreamfire y a Sasuke, y en ocasiones también vestía de dorado para complacer a Baru, por lo que si deseaba acudir al banquete vistiendo un color fuera del rojo y negro, él la defendería de inmediato, él ya usaría negro por ambos y sabía que Baru también lo haría. Conmovida a la par que profundamente aliviada por contar siempre con Sasuke, Sakura alzó sus manos para acunar su rostro y lo haló hacia sí en un beso apasionado, presionando sus labios contra los suyos y exigiendo entrada al interior de su boca con su lengua, ante lo que Sasuke sonrió ladinamente y envolvió prontamente su lengua contra la suya con innegable entusiasmo, hasta hacerla estremecer y gemir, siempre haciéndole sentir que no tenía el control y que estaba a salvo con él, lo que le encantaba, suspirando cuando el beso se rompió para que ambos recuperasen el aliento, pegando su frente a la del otro y abriendo lentamente los ojos para observar el semblante del otro, gimiendo por lo bajo mientras sus respiraciones volvían a la normalidad. Disfrutando del momento, no sintiendo particular deseo por su hermana—aunque siempre la deseaba, eso estaba fuera de cuestión—Sasuke identificó que aquel era ese momento del día en que sus hijos despertaban de su siesta, esbozando una sonrisa ladina y emocionado ante la idea de poder pasar un par de horas con ellos.
—Los niños están por despertar— meditó Sasuke en voz alta, observando la ubicación del sol en el cielo a través de los ventanales. —¿Qué te parece si salimos?— sugirió, siendo su deseo y también buscando distraerla de sus preocupaciones.
—¿Qué tienes en mente?— cuestionó Sakura con una distraída sonrisa ante su tono.
—El aire es cálido hoy, será bueno para los niños volar un poco— planteó el príncipe tuerto, extrañando competir con ella a lomos de sus dragones.
—No lo sé, ¿Puede el viejo Vaghar seguir el ritmo a Dreamfire?— desafió la princesa, pues Dreamfire siempre sería más rápida que el viejo dragón
—No necesitas preguntar— confirmó él, con una sonrisa ladina y sosteniéndole la mirada.
Había pasado mucho tiempo desde que ambos habían volado juntos sobre Desembarco del Rey; Sakura no disfrutaba de montar en Dreamfire a menos que él se le uniera con Vaghar, pero él tenía que entrenar y estudiar gran parte de las horas del día pese a ser ahora un adulto—tomaba muy en serio su preparación como apoyo para su hermano cuando se convirtiera en rey—, y paralelamente Sakura siempre estaba ocupada velando por Daisuke y Sarada, consintiendo que ellos pasaran con sus dragones todo el tiempo que ella no podía, aunque siempre visitaba a Dreamfire cada día en el Foso de Dragones, aunque no le montara desde hace semanas. Volar en Dreamfire era la mayor alegría en la vida de Sakura, fuera de la existencia de sus adorables hijos y por contar con el amor incondicional de Sasuke, una alegría a la que cada vez recurría menos, no solo por sus hijos le quitaban tiempo y no era lo mismo volar sola que junto a Sasuke, sino también por sus visiones, no sabiendo si caía del lomo de Dreamfire en su sueño, pero no podía aislarse, eso solo le hacía mal a ella. Sosteniendo la mirada con desafío, Sasuke recuperó su parche de entre sus manos y volvió a cubrir su ojo de amatista con este, sonriéndole ladinamente antes de darle la espalda y dirigir sus pasos hacia la habitación de Daisuke y Sarada, ella siguiéndolo para verlo arrodillarse junto a sus pequeñas camas, susurrándoles que despertaran; Sarada fue la primera en hacerlo, sonriendo y envolviendo sus brazos alrededor del cuello de su padre, con Daisuke despertando un instante después, siempre tratando de contener su emoción y actuando dignamente. Ellos tres eran su mundo…
PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "El Origen del Clan Uchiha", luego "Kóraka: El Desafío de Eros" y por último "El Clan Uchiha":3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su constante apoyo, consejo y asesoría en cada nuevo proyecto), a Karen Yareli (dedicándole esta historia por ser la primera persona en aprobar la historia), a Isabel Vazquez (agradeciendo su apoyo y hermosas palabras, dedicándole esta historia como agradecimiento), así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.
Personajes; Bando Verde:
-Sakura Uchiha como Helaena Targaryen (20 años) -Sasuke Uchiha como Aemon Targaryen (19 años)
-Baru Uchiha como Aegon II Targaryen (22 años) -Kagen Uchiha como Daeron Targaryen (16 años)
-Daisuke Uchiha como Jaehaerys Targaryen (5 años) -Sarada Uchiha como Jaehaera Targaryen (5 años)
-Hanan Haruno como Alicent Hightower (43 años) -Tajima Uchiha como Viserys I Targaryen (57 años) -Kizashi Haruno como Otto Hightower
-Ino Yamanaka como Fernande Tyrell (20 años) -Hinata Uzumaki como Alyssa Lannister (personaje original)
-Tenten Namiashi como Daena Westerling (personaje original) -Kawarama Senju como Vaemond Velaryon (sobrino de Butsuma)
Personajes; Bando Negro:
-Izumi Uchiha como Rhaenyra Targaryen (34 años) -Itachi Uchiha como Daemon Targaryen (50 años)
-Junichi Senju como Jacaerys Velaryon (15 años) -Yuudai Senju como Lucerys Velaryon (13 años)
-Rhaena Targaryen como Ryoko Uchiha (14 años) -Baela Targaryen como Ayame Uchiha (14 años)
-Baru Uchiha como Aegon III (5 años) -Fujitama Uchiha como Viserys II (3 años)
-Naori Uchiha como Rhaenys Targaryen (60 años) -Butsuma Senju como Corlys Velaryon (81 años)
Guardias Reales:
-Kakashi Hatake como Ser Criston Cole (44 años) -Arsen Konohagakure como Willis Fell (guardia de la princesa Sakura)
-Sakon Otogakure como Arryk Cargyll (guardia del príncipe Baru) -Sai Shimura como Richard Thorne (guardia del príncipe Sasuke)
Trama, Personajes y Visiones: El capitulo inicia junto con la mañana de Sakura, donde podemos apreciar su dedicación por sus hijos Daisuke y Sarada a quienes vemos tras el salto temporal, ya no siendo bebés sino que niños de cinco años, que tienen sus propios dragones Morghul y Shrykos, aún muy pequeños, además Sasuke la visita rompiendo su rutina y tratando de pasar tiempo con sus hijos, dándoles regalos y uno en especial a su hermana, y el resto de los acontecimientos se presentan, entrelazados con la visita de Izumi. Por fin desarrollo al personaje de Itachi, basado en Daemon Targaryen, tío y a la vez modelo a seguir de Sasuke, con quien siente una fuerte rivalidad y la aludo lo mejor posible en el capitulo, entrelazando con ello las visiones de Sakura que al ver la espada de su tío, Hermana Oscura, sufre lo que podríamos considerar una crisis de pánico, abrumada por todas las cosas que presiente sucederán y las visiones que no puede organizar en su mente, importantes de recordar, en especial; Sasuke muriendo a manos de Hermana Oscura, Sakura cayendo, Daisuke siendo atacado por ratas y Sarada encerrada en la Fortaleza Roja y rodeada de sedas y oro. Este capitulo es más tierno y romántico que los anteriores, cargados de hedonismo y lujuria, porque los temas presentados son más serios y siguen la trama tanto de la serie "House Of The Dragon" como del libro "Fuego & Sangre" de George R.R. Martín, lo que continuara en el siguiente.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
