-Esta es una adaptación de la serie "House of the Dragon" y del libro "Fuego & Sangre" de George R.R. Martin, más específicamente el arco conocido como "La Danza de Dragones". Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, mas los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidades, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Who's Afraid of Little Old Me?" de Taylor Swift para Sakura, "Unholy" de Sam Smith para Sasuke, "Labour" de Paris Paloma para Hanan, "Nightfall" de Xandria para Izumi, "Enemy" de Imagine Dragons & JID para Itachi, y "One Of The Girls" de The Weeknd para Sasuke & Sakura.

1-Diálogos en cursiva para "Alto Valyrio".

2-Breves textos en cursiva para pensamientos.

3-Texto con dialogo en cursiva par flashbacks


Sasuke sonrió ladinamente al escuchar la emocionada risa de Sarada, que viajaba sentada delante suyo en el caballo, cruzando los bosques reales en busca de Vaghar; había conseguido convencer a Sakura de que montaran en sus dragones, ella ya se hallaba a lomos de Dreamfire y sobrevolando Desembarco del Rey con Daisuke acompañándola, pero Sarada adoraba a Vaghar, siempre le hacía preguntas sobre cómo era volar con él y sobre sus jinetes pasados, por lo que había insistido en acompañarlo hasta el lugar de reposo del viejo dragón, y Sasuke no había podido negarle nada a su hija. Habiendo acudido brevemente a sus aposentos para cambiarse de ropa, el príncipe tuerto vestía una camisa gris claro de mangas ceñidas, encima un jubón de cuero desgastado de cuello en V, sin mangas y por encima de los muslos, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre, halando de las riendas de su caballo para que este se detuviera y observando a Vaghar dormir apaciblemente, casi como la primera vez que lo había visto hacía ya siete años. Vaghar era su único amigo verdadero, además de Sakura, pero era un dragón curtido en la guerra, poderoso, por lo que Sasuke tuvo cuidado de advertir a su hija al ayudarla a bajar del caballo, mientras ella devoraba al dragón con sus iris ónix, casi brincando de la emoción; normalmente Sarada era vista como una niña callada, reservada y algo antipática, no respondía como lo haría cualquier niña de su edad, pero Sasuke sabía que su hija era como él, la gente no podía entenderla como no podían entender a Sakura, porque eran dragones y el resto insignificantes ovejas.

¡Vaghar!— llamó Sasuke para anunciarse. —Amigo, te necesito— pidió, acercándose al viejo dragón con su hija abrazándose a sus piernas y cintura.

Más vale que valga la pena— gruñó el viejo dragón al ser despertado. —Ah, tu cría— reconoció al ver a la pequeña niña acompañando a su jinete.

Vaghar levantó la cabeza del suelo y olvido cualquier pesar o somnolencia al ver a su jinete y su pequeña cría, o "hija" como decían los humanos, rugiendo y abriendo las alas para estirarse, preparándose para volar, diciéndose que antes de que se diera cuenta Morghul—su cría, nacida por su vínculo con la princesa Sarada—tendría edad para volar y él le enseñaría todo, iniciando una nueva época, como Sasuke quería enseñarle todo lo que sabía a esa pequeña niña que parecía desear saltar sobre su lomo, recordándole a su fallecida primera jinete; Mikoto, porque tenía la misma fuerza y ferocidad para ser una conquistadora. Sasuke se detuvo junto a Vaghar tan pronto como el viejo dragón término de estirarse, viéndolo como a un amigo muy querido, alzando sus manos hacia la cabeza del viejo dragón y que le permitió acariciar sus escamas, inclinándose un poco más para que la pequeña niña también lo hiciera, riendo ante la cálida respiración del dragón, entrando en confianza lo suficiente, ante lo que el príncipe tuerto indicó a su hija que lo siguiera, rodeando a Vaghar que, por la postura de sus alas en el suelo, le permitió trepar a la silla sobre su lomo mediante la escalera de cuerdas que él había instalado, permitiendo que Sarada subiera primero. Un chillido cruzó el aire y en segundos la grácil figura de Dreamfire aterrizó fácilmente en el claro del bosque, a un par de metros de Vaghar, moviendo sus patas con presteza para acercarse pese a llevar a Sakura y a Daisuke sobre su lomo, ronroneando mientras rondaba a Vaghar, frotando su cabeza contra la suya, mordisqueando juguetonamente sus escamas. ante lo que el viejo dragón chilló y movió la cabeza en señal de juego.

No había registros en las historias de los Maestres de que Vaghar y Dreamfire hubieran sido afines entre sí hasta antes de que ellos fueran sus jinetes, porque jamás habían tenido jinetes que se amaran entre sí, siempre se habían visto obligados a estar separados, pero teniéndolos a ellos podían demostrar libremente su afecto y viceversa, de hecho, era sabido que siempre que Dreamfire abandonaba el foso para extender sus alas, rondaba a Vaghar por horas antes de regresar a su lugar, y era evidente que sus crías Morghul y Skyros eran del viejo dragón. Tan pronto como su hija estuvo a salvo en la cima, sobre la silla de montar, Sasuke trepó la escalera y la alcanzó, acomodándose sobre la silla y observando a su hija, así como a Daisuke delante de Sakura sobre el lomo de Dreamfire; la princesa portaba una sencilla blusa malva grisáceo de escote cuadrado y mangas acampanadas por encima de las muñecas, pantalones negros y botas de cuero, gran parte de su atuendo siendo opacado por una chaqueta de cuero negro de cuello alto y cerrado, sin mangas, formando un escote en A, anudado por cordones gris claro desde el escote al abdomen, abriéndose en una falda en A para mayor comodidad, con su largo cabello rosado parcialmente peinado en una trenza y el resto de sus rizos sueltos. Listo a lomos de su dragón, sujetando las riendas a la silla de montar, Sasuke vio a Dreamfire elevarse elegantemente del suelo a modo de desafío, y él le indicó a Vaghar que también lo hiciera, el viejo dragón acomodándose en sus patas traseras, y elevando sus alas, siendo capaz de emprender el vuelo antes de que éstas se agitasen siquiera, más lento que Dreamfire, pero no tardó en alcanzarla con tan solo un par de batir de sus enormes alas y que levantaron polvo.

Vaghar no necesitaba ser veloz ni ágil como Dreamfire, su tamaño ya compensaba cualquier deficiencia para con la elegante dragona, a quien amenazó con engullir al alcanzarla, moviendo sus mandíbulas para fingir atrapar su cola; Dreamfire era el dragón más grande conocido después de Vaghar—excepto su hijo Vermithor, y más grande que Caraxes y Meleys—, pero su constitución era considerablemente más menuda y ligera, lo que le permitía ser más rápida al volar, alejando su cola y anatomía del alcance del viejo dragón, ronroneando juguetonamente al seguirle la corriente, así como al escuchar la melodiosa risa de su jinete y del pequeño Daisuke sobre su lomo, que la alababa en lengua común, pero ella lo entendía todo. Por otro lado, Sarada animó a Vaghar, que batió sus grandes alas como si buscara cumplir con sus expectativas, cruzando el cielo tras Dreamfire, lo que hizo que la princesa riera de emoción, inclinándose de forma innata sobre la silla de montar del viejo dragón, con su padre detrás de ella y susurrándole indicaciones, repasando las instrucciones que debía darle al viejo dragón en Alto Valyrio; Sarada era menor que Daisuke, no era la heredera, pero aprendía todo más rápido, ya manejaba palabras en Alto Valyrio, mientras que su hermano aún no lo aprendía. Aunque fuera un juego, Vaghar se concentró en tratar de atrapar a Dreamfire, ambos dragones corriendo por las nubes, ajenos a las preocupaciones de la tierra, porque había pocas cosas—si es que había alguna—que pudieran igualar la sensación del viento en su rostro para Sasuke, persiguiendo a su hermana que volvió la mirada por sobre su hombro con la sonrisa que él tanto adoraba ver.

¡Por fin me alcanzaste!— se burló Sakura con una melodiosa risa. —¡Son muy lentos!— juzgó con superioridad, una de la que pocas veces alardeaba.

¡Veamos si puedes seguirme el ritmo ahora!— contrarió Sasuke sosteniéndole la mirada, más que emocionado con el desafío.

Allí, en las nubes, y de las que se zambulleron en picada uno detrás del otro, ambos no necesitaban fingir ni aparentar como sí hacían en la corte, con los sirvientes o el resto de su familia, podían ser ellos mismos sin reservas; la sonrisa ladina de Sasuke creció aún más al observar a Sarada, que se sujetó con firmeza de las asas de la silla de montar, llenándolo de orgullo y sabiendo que ella un día sería una gran jinete de dragón, como Sakura con Dreamfire y él con Vaghar. Bajo ellos, que cruzaron el cielo en picada, estaba Desembarco del Rey, cualquier tonto pensaría que iban a estrellarse, pero en el último momento, antes de rozar siquiera las construcciones y edificaciones, ambos dragones se elevaron, primero Dreamfire y tras ella Vaghar continuando con su persecución, pese al gran tamaño de ambos dragones, ninguno de los habitantes de la ciudad pareció sentir temor, acostumbrados a ver a las enormes bestias. Las alas de Vaghar parecían moverse lentamente debido a su gran envergadura, pero cada batir de estas lo impulsaba más de lo que un dragón normal podría moverse, teniendo a la elegante dragona a su alcance mientras ambos dragones se elevaban nuevamente a gran altura, Sasuke tan solo necesitaba ordenarlo y Vaghar podría morder su cola o sus escamas…pero, antes de que Vaghar lo intentara siquiera, Dreamfire se alejó al mover su cuerpo hacía un lado, haciendo un elegante espiral que tomó por sorpresa a Sasuke; Dreamfire no era aburrida, a veces podía parecer predecible, mas al igual que Sakura jamás demostraba todo al exterior, siempre guardaba sus propios secretos y su hermana loreafirmó al volver la mirada por sobre su hombro hacia él.

Nivelándose contra el aire tras escapar de Vaghar, Dreamfire volvió la cabeza en dirección del viejo dragón con una especie de rugido entrelazado con un ronroneo, igual que Sakura al observar a Sasuke, cautivadora como nunca con la brisa meciendo sus largos rizos rosados y fingiéndose superior, dándole la oportunidad para que Vaghar se situase a su diestra en el aire, ambos volando uno al lado del otro, mientras la respiración del viejo dragón reverberaba con un ritmo profundo y melodioso. Desde sus respectivos lugares, Daisuke sobre el lomo de Dreamfire con su madre, y Sarada sobre el lomo de Vaghar con su "tío", ambos hermanos se saludaron, llenos de emoción a partes iguales, en tanto sus padres se observaban con innegable amor, Sakura apartando la mirada el sonrojo pintando sus mejillas ante la intensidad que su hermano siempre le dirigía con su iris ónix, ella deseando quitarle el parche que cubría su ojo izquierdo, pero sabiendo que ya tendría ocasión de ello esa noche. La atención de Sakura finalmente se concentró en Sarada, admirando a su pequeña a lomos del dragón más grande del mundo, tal vez lo que un día sería Morghul cuando creciera—digno hijo de Vaghar, y nieto de Balerion—, pero en sus visiones no veía a este dragón junto a su hija, sino una dragona muy similar a Dreamfire, era su hija Silverwing, que no tenía jinete, ¿Qué significaba? Ojalá lo supiera, mas la princesa negó para sí, inclinándose para besar la coronilla de su Daisuke. Ambos dragones continuaron volando uno junto al otro sobre la bahía de Blackwater, rozando el agua con sus alas antes de elevarse más en el cielo, un juego que pareció durar horas antes de decidirse a regresar.

Si, la felicidad era simple.


La pareja regresó a la Fortaleza Roja coincidiendo con la puesta de sol y cenaron reunidos, eso sí podían hacerlo, la princesa dando las gracias a sus doncellas y amigas cuando estás levantaron la mesa, despidiéndolas y asegurándoles que estaría bien ocupándose de sus hijos esa noche, sabiendo que ellas comprendían su deseo de privacidad, y aunque Sasuke se retiró tras la cena por las apariencias, regresó en cosa de minutos por el pasadizo secreto que unía sus habitaciones, y para entonces sus hijos acababan de caer profundamente dormidos. Debía ser el cuadro más hermoso del mundo, solo hacía falta un artista para replicarlo en su plenitud; Daisuke y Sarada profundamente dormidos sobre uno de los divanes de la sala donde habían pretendido jugar tras regresar de volar sobre Vaghar y Dreamfire hasta la puesta del sol, uno junto al otro, ajenos a lo que sucedía a su alrededor o la forma en que sus padres lo observaban, sonriéndose entre sí. Sakura fue la primera en acercarse al diván, cargando en brazos a Daisuke, que por inercia envolvió sus brazos alrededor de su cuello, abrazándola en medio de la bruma del sueño, y luego Sasuke se acercó para cargar a Sarada quien tendía a tener el sueño más liviano y entreabrió los ojos al sentir que la cargaban, mas esbozando una sonrisa al reconocer a su "tío", y murmurando un apenas audible "buenas noches" mientras él la recostaba sobre la cama y le quitaba el vestido; normalmente Sakura y él despertaban a sus hijos para que se fueran a la cama como era debido, pero los dos infantes estaban tan rendidos por el sueño que apenas y dejaron que sus progenitores les quitaran la ropa y metieran bajo las sábanas en ropa interior.

—Están rendidos— habló Sasuke en voz baja, escuchando obnubilado como su hermana tarareaba la canción de cuna que siempre hacía dormir a sus hijos.

—Gracias a ti, ahora solo soñaran con volar— regañó Sakura muy ligeramente, pues ella también se había sentido plena por volar con Dreamfire.

—Me alegra que así sea, un día montaran a Morghul y Shrykos, y gobernaran los cielos— justificó el príncipe tuerto con naturalidad. —Es mejor que aprendan a amar volar cuanto antes— Daisuke y Sarada serían rey y reina de los Siete Reinos un día.

—No tienes remedio— suspiró la princesa divertida, pues todo sonaba maravilloso por como él hablaba.

Ambos observaron a Daisuke y Sarada dormir antes de observarse y retirarse hacia la habitación privada, Sakura primero y Sasuke dos pasos tras ella, volviendo la mirada con una ligera sonrisa antes de cerrar las puertas a su espalda, sabiendo que sus hijos podían abrirla y acudir a buscarlos si tenía un mal sueño; era una noche como cualquier otra, las sirvientas habían atizado el fuego de la chimenea que ardía con intensidad, y las velas iluminaban la estancia como siempre cuando Sasuke cerró las puertas a su espalda, observando a Sakura que se sentó sobre la cama y se quitó las botas, deshaciendo la trenza que recogía parte de su cabello. El príncipe tuerto no tardó en imitarla, quitándose las botas al acercarse a la cama, y dejando estas junto al baúl tras la cama, desabrochándose el jubón y dejando este doblado sobre la superficie junto a su camisa; Sakura se acercó a él sin decirle nada y él entendió la razón, comenzando a desabrochar los cordones de la chaqueta de cuero de su hermana, habiéndola ayudado a vestirse y desvestirse desde hace años, pero el gesto continuaba siendo tan íntimo que lo hacía estremecer, guiando sus manos por su cintura y el escote de la blusa, inclinando su rostro sobre el de su hermana y reclamando sus labios, deseándola desesperadamente por solo compartir el mismo aire. En medio del beso, Sakura suspiró cuando su hermano le desabrochó la blusa y la dejó caer al suelo, trazando su anatomía desnuda con innegable deseo y ella no perdió el tiempo en quitarle el parche, exponiendo su ojo de amatista, pegando su frente a la suya al romper el beso y observándolo maravillada, porque él era su mayor alegría en el mundo.

—Nunca querré nada más de lo que tenemos, Sasuke— admitió la princesa en voz baja, rozando su nariz contra la suya.

—Si las cosas fueran diferentes...— suspiró el príncipe tuerto, siempre deseando más para ambos, deseando poder estar más presente para sus hijos y para ella.

—Estás a mi lado, y esa es la única constante que necesito para darle sentido a mi mundo, para mantenerme atada a esta vida imperfecta— negó ella, no pudiendo desear más.

—Te amo, con todo mi corazón, con toda mi alma— declaró él, sin apartar su mirada de su hermoso rostro. —Eres la razón de mi vida— estaría perdido sin ella.

—Y tú eres la mía— secundó Sakura acunando su rostro entre sus manos.

—Te he deseado todo el día— admitió Sasuke, presionando ligeramente sus labios contra los suyos, anhelando cada parte de ella.

—Tómame— consintió la princesa viéndolo a los ojos en todo momento.

La posición en que estaban, ella acunando el rostro de su hermano entre sus manos y ambos tan cerca el uno del otro, sirvió para que sus brazos cubrieran sus pechos, incómoda por hallarse tan expuesta frente a él que era tan maravilloso, ella no sintiéndose así en absoluto, no con los cotilleos de la corte que alababan a su hermana Izumi o a su madre y la calificaban a ella como "poco agraciada", demasiado extraña o peculiar para ser vista como un objeto de sabía de los rumores, los había escuchado muchas veces y entornaba los ojos cada vez que los oía, porque si ella no era hermosa para esos imbéciles, lo era todo para él, ella era su diosa valyria y el príncipe tuerto no dudo en demostrárselo, cerrando la distancia entre ambos, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y gruñendo al reclamar sus labios, sintiendo sus pechos chocar contra su torso, todo su cuerpo absolutamente perfecto para él que conocía cada rincón, no estando satisfecho de la vorágine con que su lengua recorría la boca de su hermana hasta sentirla estremecer y sentir sus brazos envolviéndose alrededor de su cuello, gimiendo mientras su lengua se envolvía contra la suya. Con sus brazos alrededor de su hermana, Sasuke la guio hacia la cama, recostándola sobre esta, pero sin recostarse encima de ella, sino que situando sus manos sobre sus caderas, bajándole los pantalones y disfrutando cada porción de piel que se exponía a sus ojos, toda ella siendo tan hermosa, perfecta y tentadora, su mundo entero, y entonces recostándose muy lentamente encima de ella, reclamando sus labios con una intensidad que resultó difícil de seguir para Sakura, haciéndolo sentir enormemente satisfecho.

Sakura tembló y se arqueó debajo de Sasuke tan pronto como sus labios abandonaron los suyos y se deslizaron por su mentón, cuello y el valle entre sus pechos, muy lento en sus atenciones como siempre, amasando sus pechos con ambas manos como si buscara dejar su huella, labor que no cesó en tanto sus labios aprisionaban uno de sus pezones, deslizándose lentamente hacia el otro, ante lo levantó las caderas y se mordió el labio inferior para no gemir demasiado fuerte, deseándolo desesperadamente. Siempre había sido así, desde el principio, Sasuke tenía claro que la tenía sumisa debajo suyo y rogando por un placer que solo él podía darle, pero de todas formas no tomó descuidadamente lo que deseaba de ella como haría Baru—hacía tantos años—, sino que la preparó, deslizando una de sus manos entre sus piernas, penetrando en su interior con sus dedos, y Sakura no tardó en gemir, un ligero grito y en que no le importo delatarse, sintiendo los labios de Sasuke descender por su vientre y más abajo; Sakura bajo la mirada en busca del rostro de su hermano, viendo la sonrisa ladina en su rostro y el brillo en la amatista en su ojo izquierdo un instante antes de que su rostro se inclinase sobre su sexo. Tan pronto como los labios de Sasuke y su lengua devoraron ansiosamente su sexo, Sakura echó la cabeza hacia atrás, se sentía demasiado bien, no era la primera vez lo sentía, pero siempre parecía que hermano sabía qué lugar tocar y lamer exactamente para hacerla gritar, acomodando sus piernas sobre sus hombros, deslizando sus dedos en su interior, y desde ese ángulo ella no podía ver más que su rostro enterrado entre sus piernas, hambriento, devoto y perdido en ella.

Sasuke sonrió ladinamente sin cesar en sus atenciones, alzando la mirada para que su iris ónix observara el rostro de su hermana, temblando ante la sola visión de ella gimiendo por el placer que él le estaba dando, años juntos y esa sensación jamás se apagaba, por lo que redobló esfuerzos y levantó las caderas de su hermana al encuentro de sus labios, escuchando sus gemidos subir de tono, ascendiendo sus manos para amasar sus perfectos pechos. Supo que el orgasmo de su hermana está cerca cuando la sintió abrir más las piernas y mecer sus caderas desesperadamente al encuentro de su lengua, y él quería que ella lo alcanzara desesperadamente; por fin, Sakura echó la cabeza hacía atrás y gritó al alcanzar el orgasmo, amortiguando este al cubrirse los labios con una de sus manos, apretando sus piernas alrededor de los hombros y cabeza de Sasuke, bajando la mirada en busca del rostro de su hermano, que soltó sus piernas y lentamente gateó para regresar a su altura, viéndola a los ojos y relamiéndose los labios, temporalmente satisfecho, pero deseando siempre más de su hermana, más de lo que ella le había enseñado a disfrutar y viceversa. El príncipe tuerto observó a su hermana embobado...si tan solo los Siete Reinos comprendieran lo hermosa que ella era, más que la golfa de Izumi; pura, etérea, deseable, perfecta, una diosa encarnada. Agradecida por el inmenso placer que su hermano le había dado, así como envalentonada por su dedicación para con ella, Sakura se sujetó de sus hombros lo suficiente para invertir las posiciones, recostándolo sobre la cama y agradeciendo el silencio el que él se hubiera quitado los pantalones, buscando a tientas su miembro y acomodándose sobre este.

La princesa descendió centímetro a centímetro, disfrutando del momento que había estado deseando todo el día, maldiciendo por lo bajo y revolviéndose el cabello; existía un poder que nadie podía quitarle, el ver a su poderoso y peligroso hermano menor deshacerse debajo suyo, vio toda aquella seriedad e indiferencia desvanecerse debajo suyo mientras su miembro se enterraba profundamente en su interior, alargando sus manos para sujetar sus caderas y guiarlas hacia las suyas, pero Sakura no lo permitió, entrelazando sus manos contra las suyas y guiándolas hacia sus pechos. Brindarle placer egoístamente a su hermana era algo único, Sasuke podría dedicarse a ello la vida entera, amarla y adorarla era la razón de su vida, pero ser unosolo con ella…por los dioses de Valyria, no había nada mejor que estar en su interior, escucharla gemir y ser complacida por la sensación de él llenándola, solo entonces podía ser egoísta y pensar en su propio placer, meciendo sus caderas al encuentro de las suyas, mas la deseaba demasiado como para quedarse mansamente debajo suyo, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y haciéndola quedar debajo suyo, devorándola con la mirada y reclamando sus labios hasta sentir que a ella se le dificultaba seguir el ritmo a su beso, rompiéndolo forzosamente para respirar. Cuando el beso se rompió, Sakura no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás y gemir de nueva cuenta, más fuerte que antes, elevando sus caderas al encuentro de las de su hermano, envolviendo sus piernas alrededor de sus caderas, deseándolo más profundamente en su interior, sintiendo que ni siquiera eso era suficiente, porque él era como un dios para ella.

—Mi Sakura— gimió el príncipe tuerto, volviendo a reclamar los labios de su hermana.

—Mi Sasuke— secundó la princesa, envolviendo su lengua contra la suya.

La sola idea de estar hechos el uno para el otro, pese al maligno juego de los dioses de hacerla a ella esposa de Baru y a él "libre" era excitante y a la vez frustrante, elevaba el deseo de ambos a niveles incalculables, guiándolos al primer clímax conjunto de la noche, fundiéndose en un nuevo beso, lento, en que cada vaivén de sus lenguas entrelazadas al igual que sus cuerpos hacía más sublime el placer que estaban sintiendo. Rompiendo el beso para recuperar el aliento, Sasuke gruñó roncamente, enterrando su rostro al costado del cuello de su hermana, sus manos amasando sus pechos, trazando las perfectas curvas de su cintura y caderas, guiando estas al encuentro de las suyas, tratando de llegar más profundamente en su interior, con embestidas más largas y duras, escuchándola jadear y gritar entre sus brazos; por fin, al mismo tiempo, Sakura gritó al alcanzar el clímax, desplomando su cabeza contra la almohada y él enterrando el rostro contra su cuello, gimiendo su nombre al derramarse en su interior. Ambos se encontraron sin aliento un instante después, aún unidos y temblando contra los brazos del otro mientras la cúspide del placer desaparecía, Sasuke besándola en la frente y luego en los labios antes de retirarse de su interior y recostarse a su lado, Sakura no tardando en gatear a su lado, observándolo largamente antes de recostar su cabeza contra su pecho, lo suficientemente cansada y saciada—al igual que él—por ahora para cerrar los ojos y dormir, sintiendo uno de los brazos de su hermano envolverse a su alrededor, pero él no durmiendo aún, velando su sueño como siempre, presionando un beso contra su coronilla y susurrándole cuanto la amaba…


Sakura se esforzó por regresar su mente a la realidad, aun rememorando la noche compartida con su hermano; esa mañana había comenzado como cualquier otra, había despertado en brazos de su hermano, que había tenido que retirarse forzosamente para iniciar su rutina como ella al levantarse, había desayunado y cuidado de sus hijos por varias horas personalmente, no confiando en cualquier niñera que su madre hubiera elegido, y dejando a sus hijos con Tenten antes de continuar su rutina y visitar a su madre, su padre el rey Tajima cuya condición solo parecía empeorar, también había visitado a su abuelo Kizashi, había paseado por los jardines, visitado la biblioteca para repasar Alto Valyrio, siendo ella quien le enseñaba palabras clave del idioma a Sarada, quien en ese momento jugaba con Hinata y Tenten en tanto Ino terminaba de prepararla para el banquete familiar ahora que el sol se ocultaba. Su atuendo era un vestido de fina seda malva de escote cuadrado dividido por seda de un tono más oscuro que replicaba el escote a los lados del corpiño, formando lo que parecían hombreras como si fueran las escamas de Dreamfire, mangas ceñidas hasta los codos donde se abrían como lienzos, falda superior abierta en A para exponer la falda inferior de un tono más claro, y el corpiño estaba cerrado por cinco dijes en forma de dragón decorados por perlas, como la diadema sobre su cabeza, hecha de plata y perlas a juego con unos pendientes—con su cabello recogido en una coleta trenzada—y el collar de múltiples vueltas alrededor de su cuello y que Ino terminó de acomodarle al mismo tiempo que llamaban a la puerta de sus aposentos, y sir Arsen ingresaba respetuosamente.

—El príncipe Sasuke ha venido a escoltarla, Alteza— anunció su guardia real, reverenciándola con el máxime respeto.

—Que pase— consintió Sakura, volviendo la mirada para darle las gracias a Ino.

En tanto la Yamanaka la reverenciaba y se retiraba a guardar el resto de elementos que había usado para ayudarla a repararse, sir Arsen abrió las puertas de sus aposentos y Sasuke ingresó un instante después, siempre imponiéndose más que nadie con su presencia, mas esbozando una sonrisa ladina que lo hizo parecer más amable al contemplar el atuendo de su hermana, sabiendo que el malva era su color favorito pues representaba a Dreamfire, pero también a él por la amatista que ella le había obsequiado. Igual que sucedía con Sakura, Sasuke normalmente no vestía los colores de la casa real, siempre usaba negro y gris oscuro, al menos era más un Uchiha de lo que era su padre o su bobo hermano mayor y por una vez alardeó de ello; el príncipe tuerto vestía un jubón negro con detalles de cuero sobre la superficie, de cuello alto y cerrado que formaba ligeras hombreras, con mangas de un brillante rojo y ceñidas hasta las muñecas, faldón hasta las rodillas abierto bajo el vientre y ceñido a su cuerpo por un cinturón del que pendía Sueña Fuego, pantalones negros y botas de cuero, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como de costumbre. Disimulando su sonrisa la saberse observado por su hermana, Sasuke no dudo en someterla al mismo análisis, fascinando por como el vestido era una representación misma de Dreamfire, verdaderamente era la encarnación de la llamada "Madre de Dragones", la única dragona digna de la soñadora que ella era, la única Uchiha en generaciones con el don de la profecía, aunque solo él podía entenderlo y apreciarlo, para el resto ella era simplemente "rara"…que ciegos estaban, ella era una diosa viviente.

Te ves hermosa— elogió Sasuke en Alto Valyrio, no queriendo que nadie más lo entendiera. —El vestido refleja muy bien a Dreamfire— sabía que ella ordenaba sus vestidos con sumo cuidado, pues reflejaban su personalidad

Siempre busco tenerla conmigo, aunque sea usando joyas de su color— asintió Sakura, agradecida por su comprensión, y esperando que nadie la criticara.

Un verdadero dragón— sosegó él, vistiendo normalmente con comodidad.

Podría decir lo mismo de ti, te ves...adecuado— admiró ella por fin, rondándolo lentamente. —Es imposible vestirte con algo más elegante— río al decirlo, pues sabía que ya verlo así era pedir demasiado.

Es práctico para todo, y no es tan difícil de quitar, no para ti— comparó el príncipe tuerto intencionalmente. —Pero eso puede esperar— añadió, sabiendo el efecto que tenía sobre ella. —¿Vamos?— invitó, volviendo a hablar en lengua común.

Aquel era el único lujo que podía darse y por el que nadie pensaría mal, y siempre intentaba aprovecharlo, alargando su brazo derecho al aire, ante lo que Sakura no dudo en sujetarse de este, y sujetándose también la falda en tanto ambos abandonaban la habitación; normalmente, un esposo escoltaría a su esposa a un banquete como el que tendría lugar, aunque fuera algo más bien familiar, pero Baru no entendía de gestos como ese y Sasuke agradeció que fuera así, así nadie podía quitarle su lugar junto a su hermana, siendo reverenciados por sir Arsen que permaneció en su puesto fuera de la habitación para cuidar de Daisuke y Sarada. Un banquete familiar…Sakura no pudo evitar pensar en ello mientras recorrían los pasillos hacia el salón que usualmente se empleaba para festividades y donde todos se reunirían, ella no podía decir que aquel era un banquete familiar, después de todo Kagen no estaba en Desembarco del Rey y ella lo extrañaba todo el tiempo, extrañaba que su familia estuviera reunida, y sabía que Sasuke también lo extrañaba, él se sentía solo por no tener otro hermano con el cual contar ya que sus intereses eran opuestos a los de Baru, mientras que Kagen era igualmente intelectual, erudito y apasionado por la filosofía antes que por las mujeres o las pasiones mundanas como Baru. Sakura recibía respuesta a las cartas que le escribía a su hermano en Oldtown; sabía que crecía rodeado de los demás miembros de la familia Haruno, rodeado de conocimiento y pilares culturales, su madre siempre hablaba de lo orgullosa que estaba de él, sirviendo como escudero de su tío abuelo, el lord de Oldtown Masao Haruno, algo no menor ya que solo tenía quince años.

—¿No estás emocionado porque toda la familia esté reunida?— preguntó Sakura para romper la tensión en su silencioso trayecto.

—Sí, mucho— contestó Sasuke con voz pétrea, y claramente por cumplir.

—Suenas muy convincente— señaló ella con sarcasmo, entornando los ojos. —Soy ingenua, Sasuke, no tonta— recordó, no queriendo que intentara engañarla.

Sasuke no sentía afecto por su hermana Izumi, quien siempre alardeaba de su rango de heredera pese a haber engendrado tres bastardos que se empeñaba en declarar legítimos, quien siempre hacía caso omiso de la sutileza y el decoro, motivo de tanta discordia en la familia, por lo que aquel banquete no dejaba de ser solo una lamentable farsa. Al entrar por fin en el salón, los ojos de Sakura se centraron inmediatamente en Baru, sonriendo para sí al soltar el brazo de Sasuke y ver que él también había optado por el individualismo, vistiendo de negro y dorado por su dragón Sunfire y no de acuerdo al protocolo del banquete; vestía un jubón negro de cuello alto y cerrado, claramente hecho de seda, muy elegante, cerrado por seis botones de oro entrelazados con cadenas de oro a los lados, faldón abierto en A bajo el vientre formando una cola, con los lados del jubón y las mangas hasta los codos repletos de bordados de hilo de oro para replicar dragones, y mangas para formar muñequeras negras de los codos a las muñecas, pantalones negros y botas de cuero, con su corto cabello castaño perfectamente peinado. Izumi, tío Itachi y sus hijos aún no habían llegado, pero de antemano Sasuke, Sakura y todos en la familia sabían que debían levantar sus máscaras de amabilidad, su padre el rey Tajima no asistiría debido a su salud, pero debían intentar comportarse por él, mas, si su hermana y sus bastardos los provocaban, deberían de responder. Izumi e Itachi no eran de fiar, no tras haber ordenado el asesinato del fallecido Tenma Senju para poder casarse, ebrios de su lujuria y ambición por el trono, eran el enemigo, además de sus malditos bastardos, pero ellos debían intentar comportarse.

No podían desatar la guerra esa noche.


Tan pronto como todos los presentes involucrados en el banquete estuvieron reunidos, los sirvientes aparecieron para comenzar a servir la comida, en tanto la gran mayoría se volcaba a sus propias conversaciones o eso parecía; Sasuke no sabía de qué estaba hablando Baru, apenas y le prestaba atención, asintiendo o murmurando algo cuando sentía que debía hacerlo, dejando hablar a su hermano, observando a Sakura sentada a la mesa, jugando con uno de los cubiertos y observando a la nada, una mirada que tenía cuando veía algo, pero él no podía preguntarle y Baru claramente ni siquiera la miraba, tampoco le había dicho nada halagador por su vestido, ¿Es qué ese imbécil pensaba en algo más que él mismo? Estaba claro que su madre la reina Hanan, de pie junto a su abuelo Kizashi, estaba muy incómoda por vestir de rojo en lugar de verde, el color característico de su familia, pero era el epitome de lo que la diplomacia debía ser; portaba un sencillo vestido rojo de escote redondo, falda lisa y mangas ceñidas, cubierto por una chaqueta de encaje sin mangas, de cuello alto y cerrado hasta la altura del vientre, con falda abierta en A y dragones estampados en el patrón de la misma, y su largo cabello rosado estaba recogido en una coleta que caía tras su espalda, resaltando una corona cubierta de rubíes y cristales negros como los largos pendientes que casi le rozaban los hombros. Sintiendo que su conversación con su padre se había alargado lo suficiente, la reina Hanan se excusó y aproximo a la mesa para ocupar su lugar donde se sentaría el rey, carraspeando para aclararse la garganta y ante lo que todos procedieron a ocupar sus lugares, partiendo por su hijastra.

—Hoy es una ocasión feliz, toda la familia está reunida, como su Majestad quería que sucediera— inició la reina Hanan, tan pronto como todos estuvieron sentados a la mesa. —Les parece una oración antes de iniciar?— propuso, ante lo que sus hijos y padre bajaron la cabeza y cerraron los ojos de inmediato, y el bando Negro no tardó en imitarlos por cumplir. —Que la Madre sonría a esta reunión con amor, que el Herrero repare vínculos que se han roto durante demasiado tiempo. Y por Kawarama Senju, que los dioses le den descanso— pidió en voz alta, esperando que hubiera paz.

Sentado en su lugar y de brazos cruzados, no sintiendo que tuviera que elevar una plegaría por nadie más que los dioses de Valyria, Itachi entornó los ojos con burla ante la oración, no arrepintiéndose de haber matado al imbécil de Kawarama, una piedra en su camino, mas aprovechó la ocasión para pasar la mirada por los miembros del bando Verde, al mismo tiempo en que su sobrino Sasuke, aparentando orar como el resto, abrió su ojo y lo enfocó en él en una silenciosa y breve lucha de voluntades. No siendo excepcionalmente piadosa, pero sabiendo que su fallecida madre la reina Haruka respetaba el protocolo, Izumi oró, mas tan pronto esto terminó, se sujetó la falda para levantarse de su lugar, queriendo abrir el banquete con el primer brindis por sus hijos; la princesa heredera portaba un elegante vestido de seda esmeralda de escote corazón y cerrado por tres botones, resaltando su curvilínea figura pese a ser más bien holgado por su embarazo, de mangas ceñidas y falda de velo, luciendo encima una chaqueta de un verde más claro, sin mangas, de escote en V cerrado bajo el busto y abierto bajo el vientre, repleta de bordados dorados y cobrizos en forma de dragones por su hermosa Syrax, con su largo cabello castaño cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, resaltando la corona de oro y esmeraldas sobre su cabeza, a juego con un par de pequeños pendientes. Su color no era el verde, lo detestaba, ella era un dragón y siempre lucía el rojo y negro con orgullo, pero debían hacerse sacrificios por la diplomacia y todo fuera para sentarse pacíficamente en el trono de su padre, después de todo era su hija y heredera, y necesitaba recordárselos a todos.

—Con el permiso de todos, quisiera hacer el primer brindis, por mis hijos Junichi y Yuudai, y su futuro matrimonio con sus primas Ayame y Ryoko, fortaleciendo la unión entre las casas Senju y Uchiha— anunció Izumi, observando afectuosamente a sus ojos. —Un brindis por ellos— instó, bebiendo de su copa y como los demás presentes no tardaron en hacer para su alegría.

—Felicidades, Junichi, por fin te acostarás con una mujer— murmuró Baru, sentado junto a su sobrino mayor. —Si sabes cómo se hace el acto, ¿Cierto? Al menos al principio, ¿Dónde meter tu verga y todo eso?— preguntó entre burlón e intrigado

—Basta, primo— protestó Ayame, entornando los ojos ante su comentario.

—Bromea todo lo que quieras, pero cuida lo que dices frente a mi prometida— regañó Junichi con esa actitud digna y tan molesta a ojos de su tío.

—Y en especial por mi hijo Yuudai, el futuro Señor de las Mareas— agregó la princesa heredera, encontrando su mirada con su segundo hijo.

—A su salud— asintió la reina por cortesía, maldiciendo el fallo de sus planes.

—Pero no quiero brindar solo por mis hijos— la Uchiha pensó bien las palabras antes de decirlas. —También quiero alzar mi copa por mi madrastra, su Majestad la reina— pronunció, sorprendiendo a la reina Hanan. —Amo a mi padre, pero he de admitir que nadie ha estado más lealmente a su lado que su esposa, que lo ha cuidado con inquebrantable devoción, amor y honor, por lo que siempre tendrá mi gratitud— era mitad verdad y mitad obligación, pero debía reconocerlo.

—Muchísimas gracias, princesa— admitió la reina Hanan, no habiendo esperado tan amables palabras. —Quisiera retribuir su brindis; ambas somos madres y amamos a nuestros hijos, haciendo siempre lo mejor que podemos. Tenemos más en común, de lo que a veces reconocemos— se levantó de su asiento, alzando su copa. —Alzo mi copa por usted y por su casa— no la reconoció como futura reina, no la apreciaba tanto.

Si no conociera lo suficiente a su hija, de quien estaba tan orgulloso, Kizashi habría creído que era sincera, pero él sabía que su hija tenía el ánimo para librar la guerra que tarde o temprano ocurriría, le había tomado tiempo, pero había demostrado tener la ambición suficiente por el trono y él no dudó en alzar su copa demostrar que estaba de su lado, todo era mera palabrería bonita por las apariencias, pero bienvenida fuera para lograr sus fines. Todos bebieron de sus copas, pero por razones muy diferentes; Baru solo por beber y vaciando su copa en el acto, Sakura por mero interés por el aguamiel en su copa y que era el único licor que le gustaba, por su parte y sentado junto a su hermana, Sasuke tan solo dio un ligero trago a su copa por cumplir ya que ni muerto felicitaría por algo a Yuudai, intercambiando una mirada con su abuelo Kizashi sentado a su lado a la mesa; Itachi sentado a su esposa bebió igualmente por cumplir mientras ella volvía a sentarse a su lado, sondeando él con su mirada a todos los presentes, tratando de analizar quien era una amenaza y quién no, mas sabiendo que las palabras podían ser armas como cualquier otra y que más valía analizarlas, complacido al ver a su hijastro Junichi hacer lo mismo. Dejando su copa sobre la mesa, Sakura volvió a observar a la nada, perdida en sus pensamientos a ojos de todos los demás, pero Sasuke supo que veía algo, ¿Qué? Una bestia debajo de las tablas, ella apenas lo murmuró, pero el príncipe tuerto grabó las palabras a fuego en su mente, analizándolas y tratando de saber de qué se trataba, recorriendo la mesa con la mirada mientras todos comenzaban a comer, tratando de prever quién era la bestia de su visión…


Afortunadamente el resto del banquete continuó de forma amena, o tanto como podía esperarse; las conversaciones, bromas y cotilleos abundaron, cualquiera que hubiera estado presente habría pensado que era una cena familiar como cualquier otra, con abundante lujo y opulencia, pero cena al fin y al cabo, hasta Sakura con lo tímida que era debía admitirlo, esbozando una sonrisa al ver a Izumi reír cuando le pidió a su tío y esposo Itachi que le acercara un plato, lo que este tomó como una broma; su abuelo Kizashi y su madre la reina bromeando, el joven Yuudai hablando con Ryoko que era su prometida, todo parecía tan ameno que Sakura intentó convencerse que sus visiones eran erradas, que no había animadversión suficiente en la familia para que se desatara la guerra que veía en sus visiones. Pero, luego examinó con detenimiento el contenido de su propia copa de vino y volvió a verlo, un dragón abriendo el suelo de madera, elevando el vuelo y pasando por encima de inocentes, hombres, mujeres, niños, ancianos y se le puso la piel de gallina, intentó buscar detalles, el color de las escamas o lo que fuera, pero no pudo ver más, maldiciendo mentalmente tan solo ver detalles y no el escenario completo, frunciendo ligeramente el ceño y negando para sí, ante lo que Sasuke la observó, ella sintió su mirada, pero no pudo alargar su mano para entrelazarla con la suya pese a desearlo, pues se delatarían. Ajeno a esas preocupaciones y observando su copa vacía, Baru vio donde estaba la jarra y esbozó una sonrisa al levantarse, acercándose a la diestra de su prima Ayame—sentada junto a Junichi—, siendo demasiado buena la ocasión como para no aprovecharla y burlarse.

—Lamento la decepción que pronto vas a sufrir, prima— comentó Baru en voz muy baja a Ayame, —pero, si alguna vez quieres saber lo que es estar bien satisfecha, solo pídelo— no era su tipo, pero seguro era más apasionada que Sakura.

Diciéndose una y otra vez que era un buen chico, un príncipe, el hijo de la princesa heredera y por ende un día rey de los Siete Reinos, tal y como le habían enseñado desde la infancia, Junichi intentó soportar las bromas de su tío Baru, a quien en la infancia había considerado un amigo, realmente intentó controlarse, pero escuchar ese último parloteo fue la gota que rebalsó el vaso, haciéndolo levantarse de golpe y estampando fuertemente las manos sobre la mesa, haciendo que todas las conversaciones y bromas terminaran, y todos lo observaran extrañados. Su padrastro y tío abuelo, Itachi, lo observó calmadamente y con una sonrisa ladina, como si estuviera dispuesto a iniciar una pelea por él, lo que Junichi aprecio pues era la primera figura paterna real que tenía…pero, otra figura tenía una opinión que dar a la mesa y Junichi no pudo evitar volver la mirada en su dirección con un ligero estremecimiento; Sasuke se levantó de su asiento tan pronto como Junichi lo hizo, en tanto Baru regresaba calmadamente a su asiento junto a Sakura, como si nada hubiera pasado e intercambiando una mirada con él. Sasuke solo observó a su sobrino en silencio a modo de amenaza, atrás habían quedado los días en que había intimidado por Junichi, Yuudai y Baru, ahora él era el más alto, el más fuerte, quien tenía el dragón más grande y si su estúpido sobrino creía que podía iniciar una pelea, más valía que estuviera listo para terminarla, porque aunque Sasuke detestara a Baru, él era su hermano mayor y lo protegería y respaldaría siempre, porque ello implicaba proteger a Sakura, a Daisuke y Sarada, por lo que el príncipe tuerto solo lo observó y espero a ver si se atrevía a pelear o no.

—¿Junichi?— preguntó Izumi con preocupación, rompiendo el silencio.

—Lo siento— habló Junichi por fin, levantó su copa y esbozando su mejor sonrisa. —Quisiera hacer un brindis por mis tíos, los príncipes Baru y Sasuke— lentamente, Sasuke volvió a sentarse, observando en todo momento a su sobrino. —No nos habíamos visto en muchos años, pero guardo grandes recuerdos de nuestra infancia juntos y, ahora que somos hombres, espero que podamos seguir siendo amigos y aliados— no era mentira, esperaba que se evitará cualquier confrontación. —Por la buena salud de su familia, queridos tíos— completó, procediendo a beber de su copa.

—Por ustedes también— secundó Baru por cumplir, recibiendo un amistoso golpe en el pecho de su sobrino, casi entornando los ojos.

—Yo también quisiera brindar, por mis primas Ayame y Ryoko, que pronto se casaran— manifestó Sakura con una genuina y amable sonrisa, levantándose de su asiento para sorpresa de todos. —No es tan malo, más que nada tu esposo te ignora— transparentó, no queriendo que ninguna se hiciera falsas ilusiones de sus uniones concertadas. —Excepto a veces, cuando está ebrio— agregó con una sonrisa nerviosa por ser el centro de atención, escuchando reír a su tío Itachi.

El cambio de atmósfera desconcertó a Sakura, pero ella simplemente sonrió y volvió a sentarse, sabía que a Baru no le molestaba que hablara de su matrimonio y, en cualquier caso, era mejor si sus primas aceptaban que vivirían lo mismo en lugar de buscar la felicidad, a ella le había funcionado después de todo. El brindis fue muy extraño e incómodo, fue evidente por las expresiones que Ayame y Ryoko compartieron, así como por la mirada que Izumi dirigió a Itachi, pero nadie dijo nada, incluso la reina Hanan solo bajo la mirada, excepto Kizashi que siempre orgulloso de su nieta murmuró un simple "bien", estando de su lado sin importar lo que hiciera, y Baru…él no dijo nada, solo bostezo despreocupadamente. En cuanto a Sasuke, solo bajo la mirada en silencio y apretó fuertemente uno de sus puños sobre la mesa, si pudiera habría saltado sobre el cuello de su hermano y lo habría degollado, pero no podía y eso lo quemaba por dentro, sabía cómo su hermano trataba a las mujeres, tocando a las sirvientas sin su consentimiento, frecuentando los burdeles hasta el cansancio y dejando a su esposa sola todas las noches desde que se había quedado embarazada, Sakura se merecía algo mejor que Baru, quien afortunadamente no visitaba su cama desde hace años, pero él sabía que ella no olvidaba como la violaba entonces, ella aún lo recordaba, lo habían hablado, por eso él era tan devoto en su deseo por ella, porque quería que olvidara todo eso. Sakura sería la reina de los Siete Reinos un día, cuando—para su desgracia—Baru fuese rey, ella no debería ser humillada de esa manera, no siendo tan maravillosa…pero, nadie obtenía lo que deseaba en esa familia.

Esa siempre sería su maldición.


Los minutos continuaron pasando, tal vez habían pasado horas, era difícil saberlo, pero al menos las discusiones no habían continuado, las conversaciones entre los presentes eran amenas, compartiendo historias, o lo eran para quienes participaban de ellas claro, pero no para Sasuke en especial. Todo en lo que Sasuke podía pensar, sentado a la mesa y no habiendo vuelto a llenar su plato tras haber comido lo suficiente, era que sería mucho más útil y emplearía mejor su tiempo si estuviera en otra parte y haciendo otra cosa, no mirando a la nada, de hecho, esa tarde ni siquiera había montado en Vaghar por deseo de su madre la reina Hanan y ahí estaba ahora, muriendo de aburrimiento, tan solo tolerando el paso del tiempo al hallarse sentado junto a su hermana, pensando en cómo compensar sus malas experiencias con Baru cuando el banquete terminara y todos se retiraran a dormir...si a Baru no se le ocurría visitar su cama, no, hacía años que eso no sucedía, las prostitutas de Flea Bottom tenían más encanto para él. Hay una bestia debajo de las tablas, Sakura repitió una y otra vez aquellas palabras en voz muy baja, jugando a pasar su dedo por el contorno de su copa, tanto deleitándose con el sonido producido por el cristal como intentando que alguna visión llegase a ella, no pudiendo ver más detalles y ansiando saber más, necesitando saber si podría evitar que ocurriera; verdaderamente inocente en ese mundo de maquinaciones y complots por ver quien se derrumbaba primero, por lo que su sobrino Junichi la vio como el medio perfecto para devolver pacíficamente la ofensa que Baru le había hecho anteriormente, levantándose de su asiento con el permiso de su prometida y acercándose a ella.

—¿Quieres bailar?— consultó Junichi, tendiéndole la mano para sorpresa de todos.

—Claro— asintió Sakura entrelazando su mando con la suya al levantarse de su asiento. —Pero, debo advertirte que no soy buena bailarina— comentó mientras él la guiaba hacia el centro del salón en tanto los músicos tocaban.

—Imposible— negó su sobrino con una sonrisa. —No hay mucha diferencia entre el baile y el combate— eso le habían enseñado los Maestres.

—Espero un desenlace muy diferente— bromeó la princesa viéndolo a los ojos.

Sin levantarse de su asiento, Baru siguió con la mirada a su esposa, parpadeando con extrañeza y volviendo la mirada hacia Sasuke, quien lo observó esperando que hiciera algo, pero el príncipe permaneció en su asiento y bebiendo como si nada, mas el príncipe tuerto por otro lado centró su atención en el bastardo de Junichi, hirviendo de celos porque ese imbécil se atreviera a tocar a su hermana. Bailar con Junichi fue divertido, Sakura normalmente no bailaba en las fiestas o eventos de la corte, Baru no tenía paciencia con ella y Sasuke no disfrutaba de las fiestas, recordaba haber bailado con Kagen hacía muchos años y él sí era divertido, Junichi también, por lo que Sakura se encontró siguiendo su ritmo, entrelazando su mano contra la suya al ritmo de la música; la canción se conocía como "Danza de Dragones", pues procedía de la era del rey Naka I y se decía que representaba su amor con la reina Demiya, era un baile muy simple y fácil de seguir para Sakura, que río encantada al igual que su sobrino. Sasuke volvió su silla hacia la dirección en que bailaban Sakura y Junichi, completamente ajeno a la mirada de su tío sobre él y cada uno de sus movimientos, y aunque el príncipe tuerto deseó ahogar a Junichi con sus manos, no iba a interrumpir la diversión de su hermana, ella tenía pocas alegrías además de Daisuke y Sarada, o sus doncellas, por lo que verla sonreír y escuchar su risa fue una alegría para él, y pareció aliviar las tensiones en la mesa. No sentía envidia de Junichi, claro que el imbécil sabía bailar como cualquier cortesano, pero apenas y era capaz de blandir una espada, no lo superaba en eso, no servía para luchar, solo para cortejar mujeres.

Mas, había que reconocer que su baile con Sakura era muy bello, una verdadera danza de Dragones; el vestido malva de Sakura la hizo ver tan elegante como Dreamfire y el jubón verde cobrizo de Junichi lo hizo ver como su dragón Vermax, ambos entrelazando sus brazos mientras daban vueltas por la habitación entre rizas…Sasuke sintió los celos en su interior, recordó cuando su madre le había dicho que Izumi había querido que Junichi se casara con Sakura, y él preferiría quemar todo el reino a lomos de Vaghar antes que permitir algo así. Nunca dejaría que su hermana se casara con un bastardo, por lo que, aunque Baru fuera un completo idiota, era de sangre pura como él, era lo mejor a lo que ella podía aspirar, y, de haberse casado con Junichi, estaría lejos de la capital, ella lejos de su familia, lejos de él...pero, si Sakura se hubiera casado con Junichi, habría sido feliz, de hecho, hacía mucho que no veía a Sakura tan feliz, ¿No era suficiente para ella? Nadie podía ser feliz sin ser libre. Los sirvientes reabastecieran la mesa de comida, y ello coincidió con que un cerdo perfectamente cocinado fuera puesto en el centro, en la trayectoria de su mirada con Yuudai, Sasuke lo notó por supuesto, estaba más concentrado en Sakura, pero cuando el imbécil de Yuudai lo observó y río burlonamente, Sasuke sintió que hervía no solo de celos sino también de ira, ¿Creía que no recordaba la maldita broma de su infancia? Dando un fuerte golpe a la mesa con su puño cerrado, Sasuke se levantó su asiento y la música cesó de golpe, volviéndose el centro de atención de todos los presentes, y era perfecto porque tenía algo que decir, iba a poner a esos bastardos en su lugar:

—Quisiera hacer un último brindis, por la salud de mis sobrinos; Junichi, Yuudai y Ryuu— anunció Sasuke, levantando su copa y agradeciendo que Sakura no se hubiera asustado por su exabrupto. —Jóvenes atractivos, sabios y como su padre…— enumeró, por mera cortesía, dejando la última palabra en suspense. —Humildes— una palabra muy parecida al apellido del verdadero padre de aquellos bastardos; Neji Hyuga.

—Sasuke…— advirtió su madre en voz baja, esperando disuadirlo de seguir hablando.

—Vamos, vaciemos nuestras copas por los tres jóvenes humildes— el príncipe tuerto sonrió al ver a su hermano levantar su copa en señal de apoyo, incluso Sakura aplaudió ligeramente, aunque claramente no entendiendo su sarcasmo.

—¡Te reto a que lo digas otra vez!— desafió Junichi, alzando la voz con furia.

—¿Por qué no lo haría? Fue un cumplido— Sasuke rodeó la mesa y se acercó a su sobrino. —¿No te consideras como tu padre?— cuestionó con burla.

Claramente Junichi estaba enojado, era bueno ocultando su temperamento, pero, así como su padre había sido un descarriado que había cogido con la hija del rey y engendrado bastardos, la verdadera naturaleza de Junichi era inevitable, lanzando un golpe a Sasuke, quien apenas y volvió el rostro ante la fuerza de este, de hecho, lo hizo sonreír ladinamente, ¿Llamaba a eso un golpe? Había recibido "roces" el doble de fuertes mientras entrenaba desde niño, su sobrino era una vergüenza para la casa Uchiha y Sasuke se lo demostró, apenas usando una mano para empujarlo y enviarlo al suelo, donde siempre debería estar, aliviado al ver que Sakura no estaba en medio de aquella pelea, siguiéndola con la mirada para saber que estaba a salvo a la par que atento a la pelea. Por su parte, Yuudai se levantó de su lugar en la mesa para ayudar a su hermano mayor, corriendo a su lado, pero eso fue justo lo que Baru necesito, levantándose a su encuentro, sujetándolo de los hombros e impactando su cabeza contra la mesa, divertido por la pelea desatada a la par que harto de sus molestos sobrinos. Solo hizo falta que Sakura viera como se lanzaba el primer golpe para que negara en silencio y entonara los ojos, detestando la violencia, haciéndose a un lado y cruzando el salón para situarse junto a su madre y abuelo, su madre intentando llamar la atención de Baru y Sasuke para que cesaran de pelear, y su abuelo envolviéndola protectoramente con uno de sus brazos a la par que observando lo que pasaba; otra de sus visiones se estaba cumpliendo, era una danza de dragones, atacándose entre sí como harían los dragones en el cielo, un baile que los condenaría a todos.

—Sasuke— llamó Hanan, viendo a los guardias retener al príncipe Junichi para cesar la pelea. —¿Por qué dices algo así?— cuestionó, sorprendida de su actitud.

—Solo estoy demostrando lo orgulloso que estoy de mi familia, madre— justificó el príncipe tuerto, acercándose a la mesa para dejar su copa, —pero, por lo visto, mis sobrinos no lo están tanto de la suya— agregó, volviéndose hacia Junichi que intentó soltarse de los guardias y lanzarse sobre él.

—Ya, basta— acalló Itachi, por fin levantándose de su asiento. —A sus habitaciones, ahora— ordenó, dirigiendo una severa mirada a sus hijastros y que asintieron en silencio antes de obedecer. —Creo que la noche ya se ha asentado demasiado— señaló con una sonrisa ladina, sosteniendo la mirada a su sobrino.

Itachi ya no era un hombre joven, continuaba siendo tan temperamental e implacable como en los lejanos días en que había peleado en los Peldaños de Piedra y sido nombrado "Rey del Mar Estrecho", por lo que no había mucho que pudiera sacarlo de quicio, pero ver pelear a sus hijastros y ver a sus hijas a punto de lanzarse a la pelea si, por lo que los observó partir y finalmente se concentró en su joven sobrino de diecinueve años; fiero, aguerrido, temperamental y muy decidido, Itachi casi se vio reflejado en su juventud y río mentalmente al ver que uno de los hijos de su hermano—que tanto lo criticaba—era su viva imagen, pero no podían existir juntos, uno tendría que caer e Itachi no quería llegar a eso, por el bien del chico. Decirse sorprendido sería un eufemismo para Sasuke, su tío lo estaba viendo, realmente y por primera vez, solo a él, había crecido escuchando historias de él, era como una leyenda…una leyenda que en ese momento lo observó con frustración y admiración entremezcladas, mas, teniendo una reputación que mantener y no queriendo darle la oportunidad a nadie de ver su interior, Sasuke sostuvo la mirada a su tío por unos instantes y finalmente se retiró del salón, habiendo logrado lo que quería, y no queriendo iniciar una pelea con su tío, no esa noche y no si no iba a terminarla, aunque anhelaba que llegase el momento de enfrentarse y ver quién era más fuerte. Al abandonar el salón, en solitario, Sasuke sintió una punzada de arrepentimiento por no haberse quedado por Sakura, por dejarla sola, pero se dijo que ya la vería cuando ella se retirase a dormir, esperaría el tiempo que hiciera falta, aun sintiendo el aguijón de los celos en su pecho…


El banquete había terminado luego de la disputa entre los jóvenes hijos de la princesa y los hijos del rey, y todos se habían retirado a sus habitaciones para dormir, su hermana partiría de regreso a Dragonstone con su familia por la mañana, no considerando que ningún otro asunto en la corte mereciera su atención, lo que alivió mentalmente a Sakura ahora que se hallaba visitando a su padre el rey Tajima, habiendo traído consigo a Daisuke y Sarada antes de que fuera su hora de dormir, observando a los dos pequeños sentados sobre la cama y sonriendo al viejo rey. Hay una bestia debajo de las tablas; Sakura continuó murmurando aquellas palabras, intentando entenderla, sabía que no tenía caso buscar una explicación a su visión, porque aparentemente los dioses de Valyria no se la darían, estaba exhausta a la par que preocupada, buscando posibles explicaciones para su visión, ¿Quién era la bestia en su visión?, ¿Era acaso Izumi?, ¿Es que su partida no se concretaría y decidiría hacer algo contra su familia?, ¿Sería su venenoso tío? Regresando su mente a la realidad al escuchar pasos en el umbral de la estancia, Sakura volvió la mirada hacia su madre que le sonrió al situarse de pie a su lado, observando a su esposo jugar con sus nietos, era muy tierno que, pese a lo confundido que siempre parecía—debido a la leche de amapola que le impedía sentir el dolor de las llagas y heridas que cubrían su piel—, el rey Tajima relatara la historia de cómo el rey Naka I y la reina Demiya habían visitado Invernalia en el norte; puede que Tajima no fuera el padre perfecto, todos en la familia tenían sus críticas que hacerle, pero como abuelo era maravilloso y tanto Sarada como Daisuke lo adoraban.

—Agradezco que siempre encuentres tiempo para visitar a tu padre, Sakura— celebró la reina situando una de sus manos sobre los hombros de su hija.

—Puede que no se sienta tan bien como para unirse a nosotros en la cena, pero nadie debería estar solo— obvió la princesa para justificar su presencia. —Sin embargo, ya es tarde, debo llevar a los niños a dormir— consideró, pues era ya la hora del lobo.

—Ve, querida— asintió Hanan con una ligera sonrisa. —Descansa— susurró, esperando que todos pudieran dormir esa noche.

—También tú, madre— secundó Sakura, quedándose quieta mientras su madre la besaba en la mejilla.

Las muestras de afecto de su madre seguían resultándole extrañas, Sakura prefería evitarlas, pero estaba muy cansada ese día y su madre ya había sufrido varios disgustos por la pelea que Baru y Sasuke habían iniciado y el fracaso de su banquete diplomático, además, ella siempre se quedaba despierta hasta tarde para cuidar de su esposo el rey, su madre soportaba más que nadie y Sakura consideró que lo mínimo que podía hacer era dejar que su madre le demostrara afecto, sonriéndole al encontrar sus miradas. Sakura finalmente se acercó a la cama de su padre, a quien la leche de amapola parecía estar dejando de hacer efecto, ella lo notó cuando él se llevó la mano a la frente y se quejó de dolor, cargando en brazos a Daisuke quien deseó un cariñoso buenas noches a su abuelo, en tanto ella lo dejaba sano y salvo en el suelo, y paralelamente su madre la reina Hanan se acercó del otro lado de la cama para cargar a Sarada, que si bien era algo antipática con muchas personas, adoraba a su abuela y chillo de emoción en sus brazos antes de decir buenas noches a su afligido abuelo. Tomando de la mano a sus dos hijos, Sakura alzó la voz para llamar a Ino, que aguardaba en la sala contigua y no dudo en acudir junto a Tenten, ambas tomando la mano de los niños y llevándolos a sus aposentos para hacerlos dormir; a solas en la habitación, salvo por su madre, Sakura se sujetó la falda y se acercó a la cama de su padre, entrelazando una de sus manos con la suya e inclinándose para besarlo en la frente, observándolo con sincera tristeza, deseando poder hacer algo para evitarle el dolor que sentía por sus llagas y herida, pero no podía, siempre impotente a cambiar la realidad.

—Buenas noches, padre— deseó Sakura, prometiéndole visitarlo al día siguiente.

—Buenas noches, Izumi— contestó Tajima, ajeno al dolor en los ojos de su hija.

—Discúlpalo, Sakura, sabes que su mente ya no es lo que era— lamentó Hanan, situándose junto a su hija; ella había soportado que su esposo la llamara Haruka.

—Descuida, madre, estas cosas no me afectan— sosegó la princesa, enderezando su postura y siendo buena en pretenderse fuerte.

Esas palabras deberían afectarla más; ella siempre visitaba a su padre, cada día, no siempre a la misma hora, pero lo hacía, en tanto que su hermana quizás ni siquiera había visitado a su padre desde su llegada de Dragonstone hacia media semana, ¿Por qué su padre continuaba privilegiándola por encima de todos? Sakura no iba a pedir que su padre la amara, apenas y le había puesto atención, siempre hablaba de cómo los "Soñadores" eran raros en su familia y debían ser apreciados, pero ni siquiera sospechaba que ella sufría visiones, ni siquiera había estado a su lado cuando Daisuke y Sarada habían nacido, no la felicitaba por su onomástico desde los catorce años…sería lindo que la menos reconociera que existía. De cualquier forma, Sakura no podía quejarse, tenía los momentos suficientes compartidos para atesorarlos y su padre siempre era más dulce y paternal cuando creía que era Izumi, por lo que la princesa volvió una última mirada por sobre su hombro hacia su progenitor y se retiró en silencio, conteniendo un escalofrío al tener una visión al abandonar la habitación; vio al viejo Balerion, el Terror Negro, el dragón de Baru "El Conquistador", del rey Daisuke y de su padre el rey Tajima, lo vio volar los cielos y desaparecer en una espesa niebla, como si jamás hubiera estado ahí. Sakura continuó con su camino confundida, intercambiando una mirada con Hinata que se había quedado para acompañarla a sus aposentos y con quien cruzó los pasillos, ¿Por qué había visto a Balerion? El dragón estaba muerto, había fallecido de viejo cuando su padre era muy joven y tras haber volado solo una vez juntos, mas, aunque nada de eso tuviera sentido, Sakura sintió temió por su padre.

Balerion simbolizaba a su padre.


Pasaron un par de horas antes de que Sasuke supiera que Sakura había regresado a sus aposentos, había enviado a sir Sai—su guardia consagrado—a investigar, y tan pronto como este le hubo informado que sus doncellas se habían retirado a dormir, señal de que ella estaba sola, Sasuke cerró la puerta de sus aposentos y cruzó sus aposentos, abriendo la puerta secreta y cerrando está a su espalda, tomando la antorcha al final del pasillo y aventurándose con esta por el oscuro pasadizo, conociendo de memoria la distancia hasta los aposentos de su hermana, colgando la antorcha en la pared al llegar a su puerta, abriendo esta. Aun vestida y sentada en la sala de sus aposentos, Sakura bordó el nuevo pañuelo que estaba haciendo para su padre el rey Tajima, tan solo debía bordar dos dragones más—en rojo y negro por la casa Uchiha—y estaría terminado para entregarlo a su padre al día siguiente; la princesa lucía sus largos rizos rosados sueltos, cayendo sobre sus hombros y tras su espalda, desprovista de joyas luego de que Ino las hubiera guardado, y el cierre de su vestido estaba desanudado a su espalda para que cuando decidiera irse a la cama no necesitara ayuda al desvestirse. Sasuke cruzó el umbral de la habitación privada de su hermana, observándola sentada a solas en la sala, sabía que a esa hora sus hijos ya estaban dormidos, pero ella no y la razón era clara, ella había advertido su presencia, pero no hizo ningún movimiento para reconocerlo, claramente no estaba contenta con su comportamiento durante el banquete, pero Sasuke sabía que su hermana nunca permanecía enfadada con alguien durante mucho tiempo, aunque ese alguien lo mereciera.

—Estás enfadada conmigo— comprendió Sasuke, deteniéndose frente al diván en que estaba sentada su hermana. —Deberías estar enfadada con Baru— Baru era su esposo, quien debería haberla defendido en lugar de hacer nada.

—Baru no hizo nada— protestó Sakura sin dejar de bordar, muy concentrada.

—Ese es el problema, Baru no hizo nada— insistió el príncipe tuerto molesto, acercándose a la chimenea. —Esos bastardos estaban insultando a nuestra familia, y una vez más no sufrieron ninguna consecuencia por esa falta de respeto— eso lo había irritado hasta el punto de quiebre. —Junichi te avergonzó, Sakura, ¿Cómo debía permitir que eso pasara?— jamás podría dejar que alguien la agrediera en forma alguna.

—Solo fue un baile, Sasuke, fue...— intentó discutir la princesa, alzando su mirada hacia su hermano, deseando evitar cualquier confrontación.

—Fue una mofa— corrigió él, frustrado porque Sakura no viera la verdad. —Junichi te mostró lastima, solo te pidió que bailaras con él para provocar a Baru, como un insulto, te utilizó— enfatizó, queriendo que su inocente hermana lo entendiera.

—Tienes razón, fue un error— asintió ella, reconociendo al menos eso. —Bailar nos ha condenado a todos— la danza de dragones ya había iniciado, aunque nadie más que ella pudiera entenderlo y lo que ocurriría.

Sasuke amaba la naturaleza gentil de su hermana, eso es lo que la hacía diferente del resto de las personas, y en consecuencia Sasuke no quería nada más que protegerla de cualquier amenaza, Sakura montaba un dragón y aunque no era una guerrera él sabía que podía cuidar de sí misma, pero Sasuke quería protegerla, mas sabía que esa naturaleza protectora trabajaba en su contra a menudo, porque su hermana quedaba vulnerable y expuesta de formas que él no sabía cómo proteger. El núcleo del insulto de Junichi, la razón de Sasuke para golpearlo y desatar una pelea, era que con su acción—actuando con lastima—el bastardo había dado a entender que nadie amaba a su hermana, lo que era una completa falsedad, todos amaban a Sakura, a excepción de Baru, ¿Cómo se atrevían esos bastardos a menospreciarla y compadecerla? Ni siquiera tenían derecho a mirarla, otra oleada de ira se adueñó de él al recordarlo siquiera. Aunque agradecía las intenciones de su hermano, Sakura no había necesitado que nadie la defendiera durante el banquete, si es que Sasuke creía haberlo hecho; Baru no la amaba ni se preocupaba por ella, no la mimaba ni apreciaba, él ni siquiera había bailado con ella desde su banquete de bodas, ¿Ella se lamentaba por eso? Claro que no, había aceptado la realidad hace mucho tiempo, terminando uno de los dragones faltantes en su bordado y enterrando la aguja sobre este, Sakura se levantó de su asiento para guardar su bordado al interior de una de las gavetas si sus hijos se levantaban por la noche, cruzando las manos sobre su vientre y volviéndose por fin hacia Sasuke, observándolo atenta mientras acercaba sus pasos a él de pie junto a la chimenea.

—¿Por qué hiciste eso?, ¿Llamar a Junichi y Yuudai "humildes"?— cuestionó Sakura, observando seriamente a su hermano.

—Es lo que son— contestó Sasuke con total naturalidad y sin arrepentimiento.

—Lo dijiste con un tono cruel— reprochó ella, no creyendo que dos chicos tan jóvenes como sus sobrinos merecieran algo así.

—Porque son bastardos, Sakura, los bastardos de Neji Hyuga— insistió él, no pudiendo dejarlo pasar. —No merecen títulos, ni fortalezas, ni tronos— lo merecerían por lastima, no por herencia como ellos exigían.

—¿Bastardos como nuestros hijos?— increpó la princesa, siendo la razón de su disgusto.

—Sabes que es diferente— negó el príncipe tuerto de inmediato, pues jamás diría que sus hijos eran tal cosa, porque eran hijos de ella y de Baru.

—¿En qué?, ¿Serias cruel con ellos si fueran hijos de alguien más?— refutó Sakura, preocupada de que su amor fuera únicamente porque sus hijos eran suyos.

Ella no era tonta como gran parte de la corte creía; si, sus hijos no eran de Baru, la profecía que había tenido a los trece años se había cumplido; Baru tendrá diez y yo tendré tres, pero no serán suyos, Baru amaba a Daisuke y Sarada como suyos y a su vez sus pequeños hijos se afirmaban hijos del rey, pero eran tan bastardos como los hijos de Izumi, la diferencia crucial era que Daisuke y Sarada tenían la sangre pura de dragón, porque Sasuke era tan Uchiha como Baru, mientras que Izumi había engendrado a Junichi, Yuudai y Ryuu con Neji Hyuga, alguien impuro y común. Sasuke no tenía una respuesta para las palabras de su hermana, ella lo sabía, entrelazando sus manos con las suyas y acercando sus rostro para que sus narices se rozaran, sintiendo la respiración del otro, un gesto sencillo pero que significaba tanto para él, que de inmediato pegó su frente a la suya y alzó una de sus manos para acunar su rostro, él siempre tenía tanta ira y frustración en su interior, sin importar cuánto entrenara, luchara o cuán rápido volara sobre Vaghar, porque nunca podía escapar del fuego que ardía en su interior, y la única persona capaz de calmar su ira, la única que lo amaba de verdad e incondicionalmente…pertenecía a Baru. Observando el inmaculado rostro de su hermana, más hermoso que ningún otro, Sasuke la atrajo hacía sí en un beso, devorando sus labios con hambre, reclamando el interior de su boca con su lengua y sintiendo las manos de ella asirse a sus hombros en tanto él se perdía en su sabor, su sedoso tacto y su maravilloso olor, rompiendo el beso para recuperar el aliento y envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, por fin pudiendo olvidar su ira, o casi.

—¿Te gustó?— interrogó Sasuke por fin, observando atentamente a su hermana.

—¿Qué me gustó?— inquirió Sakura, confundida por el cambio de tono en su voz.

—¿Te gustó bailar con Junichi?, ¿Te gustó tener sus manos sobre ti?— interrogó el príncipe tuerto, deslizando sus manos por su anatomía para acariciar sus caderas.

—Si— contestó la princesa con una sonrisa. —Podría haber bailado con él toda la noche— admitió sin culpa, mas sabiendo el efecto que tenían sus palabras. —Habría bailado contigo, pero no me invitaste— recordó, enjuiciándolo ahora. —¿Estabas celoso?— más bien asumió con una sonrisa divertida.

—No—contestó él de inmediato, ante lo que su hermana arqueo una ceja. —Si— corrigió, no pudiendo mentirle al respecto, ni a sí mismo.

Siempre temería no ser suficiente para ella; había crecido sin recibir amor de su propio padre, siempre a la sombra de Baru como él segundo hijo, sin un dragón, luego había ganado a Vaghar, pero al mismo tiempo también había perdido un ojo y se había convertido en un hombre sin que nadie esperase nada de él, eso no daba ánimos a nadie y Sasuke era bueno aparentando ser fuerte, agresivo, traicionero e incluso temerario, pero en el fondo todo lo que anhelaba era estar junto a su hermana, amarla y poder estar ahí para sus hijos, pero ninguno de estos deseos era siquiera una opción, por lo que siempre temería no ser suficiente para Sakura. Viendo la inseguridad en el iris de su hermano, su adorado hermano menor que era tan bueno creando un muro emocional que lo separaba de los demás, excepto ella, Sakura acunó su rostro en sus manos y lo halo hacia si en un beso, no intenso ni demandante, solo un beso, pero cuando sintió que Sasuke deseaba más, ella se soltó de su agarre, desconcertándolo y observándolo con una sonrisa, retrocediendo hacia su habitación privada, sujetándose la falda del vestido y cruzando la sala a toda prisa, queriendo que él la persiguiera. Aquel juego desconcertó a Sasuke, perdido en el sabor de los labios de su hermana, pero no podía rechazar un desafío y menos viniendo de ella que le sonreía con aquel brillo en los ojos, por lo que no tardó en seguirla hacia su habitación privada, siendo más alto y rápido, pero Sakura igual de inteligente al ocultarse en la pared al costado, quitándose los zapatos y, cuando él ingresó, lo tomó por sorpresa al cerrar las puertas a su espalda, nuevamente a solas en esa habitación que era su propio santuario.

Sin embargo, el juego no terminó entonces si es lo que Sasuke estaba pensando, pues tan pronto como se volvió hacia su hermana, que lo observaba con una pícara sonrisa, Sakura corrió para rodear la cama, escapando de su agarre y riendo en todo momento, no era la misma sonrisa que había mostrado al bailar con Junichi durante el banquete, entonces había estado feliz, pero nada demostraba más su alegría que su melodiosa risa, y la sola visión de su alegría lo hizo desearla aún más. Escapando del agarre de su hermano en el último momento, evitando que este la atrapase, Sakura bajó la guardia mientras reía de emoción, sobresaltándose cuando Sasuke envolvió sus brazos alrededor de su cintura y la cargó sobre su hombro, detonando su risa de nueva cuenta al sentirse como un premio de guerra sobre su hombro, con él avanzando hacia la cama sobre la cual la arrojó, ella emocionándose ante el rebote de su cuerpo contra el colchón y más al tenerlo a él encima suyo, nuevamente con esa expresión de confianza y arrogancia que ella tanto adoraba, sabía que él se sentía frágil, ella había visto lo peor de su alma, su dolor, pero jamás debía cuestionar su amor por él, porque eso duraría para siempre. Por un momento, apoyando su peso en sus brazos para no aplastar a su hermana, Sasuke observó atentamente a Sakura, temiendo haber sido demasiado agresivo con ella, pero de inmediato su hermana acunó su rostro entre sus manos y lo haló hacia su en un beso demandante, recorriendo el interior de su boca con su lengua, aumentando el deseo del príncipe tuerto, que le alzó la falda del vestido mientras sentía como ella envolvía sus piernas alrededor de sus caderas y sus brazos alrededor de su cuello.

—En Essos hay demonios que se meten en las camas de las mujeres por las noches— comentó Sakura, rompiendo el beso para recuperar el aliento.

—¿Es eso lo que quieres?, ¿Acostarte con un demonio?— cuestionó Sasuke, acariciando su rostro con devoción.

—He oído lo que se dice de ti, lo que susurran los tontos de mente pequeña; te llaman el Demonio de un Ojo— señaló ella, defendiendo su atracción por aquella idea. —Quiero que me visites mientras duermo, quiero verte al despertar, observándome en la oscuridad, quiero despertar y encontrarte a mi lado— rogó, viendo la excitación en su iris ónix y sabiendo que la deseaba tanto como ella a él.

La sonrisa ladina en el rostro de Sasuke creció ante la sola idea de su dulce hermana, cuyo sueño ya velaba tras hacerle el amor, pero ella siempre se sentía segura a su lado y en sus brazos, dócil y permanentemente cariñosa, la sola idea lo hizo inclinarse para reclamar sus labios con renovada hambre, deslizando sus manos por su anatomía, sintiéndola arquearse debajo suyo y facilitarle el terminar de desabrocharle el vestido y que deslizó su cuerpo, bajándolo por sus caderas y arrojándolo al suelo. Sintiendo a Sasuke sentándose sobre el colchón, Sakura no pudo evitar enderezarse por reflejo, sonriendo cuando él colocó sus piernas sobre las suyas y le desató las medias, deslizándolas por sus piernas con sumo cuidado, lamiendo cada centímetro de piel que descubría, antes de finalmente quitarle el camisón, ella levantando las caderas para facilitarle la tarea y alzando los brazos antes de envolverlos alrededor de sus hombros, siempre temblando de deseo bajo su mirada codiciosa, sonriendo al alargar sus manos y quitar el parche que cubría su ojo de amatista. La noche anterior, su hermana había tomado la iniciativa, lo había montado como haría con Dreamfire y él se lo había permitido porque era tan suyo como ella era de él, pero en ese momento su deseo por ella era demasiado y no anhelaba nada más que convencerse a sí mismo que nada ni nadie podía apartarla de su lado, por lo que la hizo volverse hacia el colchón, levantando sus caderas para que él pudiera tomarla desde atrás; normalmente siempre elegía verla a los ojos, se negaba a ser como el imbécil de su hermano mayor, por lo que acarició su espalda desnuda a modo de pregunta mientras se desabrochaba y quitaba el jubón.

Entendiendo la pregunta aunque su hermano no pronunciara una palabra, Sakura volvió la mirada hacia él por sobre su hombro, si, la posición era endemoniadamente la misma en la que Baru solía violarla cuando visitaba su cama—también la tomaba viéndola a los ojos—, pero la emoción era completamente diferente, mientras que con Baru sentía miedo, incomodidad e indiferencia, con Sasuke sentía deseo, pasión y anhelo, meciendo sus caderas hacia las suyas como única respuesta, terminando de ver a su hermano desvestirse. Recibiendo la respuesta que quería, y que lo alivió de inmediato, Sasuke se desabrochó los pantalones y los bajo los suficiente, embistiendo de golpe contra el interior de su hermana, recibiendo un gemido entrelazado con su nombre, mas esta vez ni siquiera esperó a que ella se acostumbrara del todo a tenerlo en su interior, sino que de inmediato se retiró para volver a embestir, marcando un ritmo implacable, pero ante el que Sakura asombrosamente se encontró gimiendo, meciendo sus caderas al encuentro de las suyas lo mejor posible. Sakura agachó la cabeza y se sometió a los deseos de su hermano, sorprendida de que Sasuke no fuera suave en absoluto, él estaba reclamando implacablemente lo que deseaba de ella y eso le encantó, jamás lo había sentido desearla tanto, lo suficiente como para ser egoísta y buscar solo su satisfacción, la excitó despertar semejante pasión en su hermano, gimiendo su nombre y meciendo sus caderas contra las suyas desesperadamente, sintiendo su orgasmo formarse a asombrosa velocidad, mas anhelando verlo a los ojos también, quería desarmarlo, y sabía cómo lograrlo; alejó sus caderas de las suyas y lo hizo retirarse.

Aunque perdido en el placer que su hermana le provocaba, anhelando el clímax que solo ella podía darle, Sasuke advirtió su actuar y se retiró de su interior, temiendo haber sido muy brusco con ella, pero Sakura se puso de pie para ver a los ojos y sujetándolo de los hombros lo hizo recostarse sobre la cama, ella subiendo a su regazo como la noche anterior, viéndolo a los ojos, buscando a tientas su miembro y sobre el que se dejó caer, echando la cabeza hacia atrás al tenerlo de nuevo en su interior. Si su deseo por su hermana ya había sido grande, este solo aumentó al observar su espléndida anatomía, cautivado por la forma en que sus perfectos pechos rebotaban mientras lo montaba con vigor, el mismo ritmo al que él la había tomado antes, ante lo que sus manos se clavaron en sus caderas, tan solo observándola con reverencia y aceptando el inmenso placer que ella le proporcionaba; si él era un demonio, ella era su diosa valyria, montándolo con los labios entreabiertos y la cabeza hacia atrás, gimiendo su nombre, perdida en su propia búsqueda de placer. Lentamente, aún sobre el regazo de su hermano, Sakura se recostó encima suyo, besando sus labios y sintiendo los brazos de él envolverse a su alrededor, ambos meciendo sus caderas al encuentro de las del otro, al mismo ritmo; ni siquiera se trataba de un placer o deseo egoísta exactamente, eran ambos queriendo demostrarse cuanto se amaban el uno al otro y como, pese a las imperfectas circunstancias en que se hallaban, nadie podría quitarles eso sin importar lo que pasara, rodando sobre la cama hasta que el príncipe tuerto volvió a estar encima suyo, abriéndole las piernas y enterrándose en su interior.

—Sakura, Sakura...— gimió él, envolviendo sus brazos a su alrededor y tratando de mantenerla lo más cerca posible suyo.

—Sasuke, por favor, es demasiado— rogó ella, sin cesar de mecer sus caderas el encuentro de las de su hermano.

Ambos estaban más cerca el uno del otro de ser posible, sus rostros muy cerca, respirando el mismo aire mientras sentían el clímax a punto de llegar, Sasuke embistiendo rápida y profundamente en el interior de su hermana mientras Sakura envolvía sus brazos alrededor de su cuello y mecía sus caderas contra las suyas, gimiendo su nombre en notas cada vez más altas, hasta que él por fin se derramó en su interior, gimiendo su nombre como ella gritó el suyo, alcanzando el orgasmo al sentirlo desmoronarse solo por hacerla suya, ¿Es que existía un placer mayor que ese? Aunque todo hubiera terminado, Sasuke apretó su agarre sobre las caderas de su hermana, negándose a abandonar su interior y ella tampoco intentó alejarse, aún gimiendo su nombre mientras lo abrazaba, como si su clímax se prolongase más de esa forma, buscando su rostro en medio de la bruma de placer que aún los envolvía y halándolo hacia sí para besarlo una y otra vez, como si le dijera que lo amaba de esa forma y Sasuke no dudo en corresponderle hasta ser capaz de recuperarse, abandonando su interior y recostándose a su lado sobre la cama. Mordiéndose el labio inferior, al recuperarse, Sakura pronto se encontró deseando más, una sola vez no era suficiente para ella, no cuando él le había enseñado a disfrutar de aquel envolvente placer como él había aprendido al hacerla suya por primera vez, por lo que Sakura volvió la mirada hacia Sasuke recostado a su lado, viéndolo hacer igual y al tener su mirada la princesa abrió sus piernas en una silenciosa invitación, que lo hizo sonreír ladinamente, una sola vez tampoco era suficiente para él, que volvió a tumbarse encima de su hermana y reclamó sus labios, acomodándose entre sus piernas. Ella no era de Junichi ni de Baru; era suya, y él era suyo…


PD: Saludos queridos y queridas, actualizó esta historia el día de hoy por el interés que hay, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "El Origen del Clan Uchiha" (este sábado, prometido), luego "Kóraka: El Desafío de Eros" y por último "El Clan Uchiha" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su constante apoyo, consejo y asesoría en cada nuevo proyecto), a Karen Yareli (dedicándole esta historia por ser la primera persona en aprobar la historia), a Isabel Vazquez (agradeciendo su apoyo y hermosas palabras, dedicándole esta historia como agradecimiento), a Jsmine Lucas (agradeciendo sus amables palabras e interés por mi trabajo, de todo corazón) así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.

Personajes; Bando Verde:

-Sakura Uchiha como Helaena Targaryen (20 años) -Sasuke Uchiha como Aemon Targaryen (19 años)

-Baru Uchiha como Aegon II Targaryen (22 años) -Kagen Uchiha como Daeron Targaryen (16 años)

-Daisuke Uchiha como Jaehaerys Targaryen (5 años) -Sarada Uchiha como Jaehaera Targaryen (5 años)

-Hanan Haruno como Alicent Hightower (43 años) -Tajima Uchiha como Viserys I Targaryen (57 años) -Kizashi Haruno como Otto Hightower

-Ino Yamanaka como Fernande Tyrell (20 años) -Hinata Uzumaki como Alyssa Lannister (personaje original)

-Tenten Namiashi como Daena Westerling (personaje original) -Kawarama Senju como Vaemond Velaryon (sobrino de Butsuma)

Personajes; Bando Negro:

-Izumi Uchiha como Rhaenyra Targaryen (34 años) -Itachi Uchiha como Daemon Targaryen (50 años)

-Junichi Senju como Jacaerys Velaryon (15 años) -Yuudai Senju como Lucerys Velaryon (13 años)

-Rhaena Targaryen como Ryoko Uchiha (14 años) -Baela Targaryen como Ayame Uchiha (14 años)

-Baru Uchiha como Aegon III (5 años) -Fujitama Uchiha como Viserys II (3 años)

-Naori Uchiha como Rhaenys Targaryen (60 años) -Butsuma Senju como Corlys Velaryon (81 años)

Guardias Reales:

-Kakashi Hatake como Ser Criston Cole (44 años) -Arsen Konohagakure como Willis Fell (guardia de la princesa Sakura)

-Sakon Otogakure como Arryk Cargyll (guardia del príncipe Baru) -Sai Shimura como Rickard Thorne (guardia del príncipe Sasuke)

Detalles, Cambios & Fidelidad: Un detalle muy lindo de la serie, en cuanto a los atuendos que lucía Phia Saban (Helaena Targaryen) en "House of the Dragon", es que llevó azul claro que es el color de su dragona Dreamfyre en los libros, también es el color del zafiro que Aemond lleva en su ojo izquierdo, por lo que en esta versión Sakura viste colores como el malva para emular a su dragona y la amatista en el ojo de su hermano. Un detalle que agregó es la personalidad de Sarada—Jaehaera en los libros—, de quien no se profundiza en la serie pero que parecía ser una "chica ruda", ya que se habla que era cercana a su tío y había nombrado a su dragón en honor al dios Valyrio de la muerte, además, adelanto que habrá una secuela de esta historia—"La Princesa Prometida"—centrada en ella por lo que no deja de ser un personaje importante pese a su juventud y escasa participación hasta ahora. En el material original del libro, el rey Viserys I moría mientras dormía, tras haber contado una historia a sus nietos Jaehaerys y Jaehaera; en la serie esto no se siguió, pero yo si elegí hacerlo, igual que representar mejor las visiones de Sakura, primero durante la cena con la importante "Hay una bestia debajo de las tablas", y con su padre al ver a Balerion—su dragón—desaparecer, lo que no comprenderá hasta el siguiente capitulo. Trate de representar lo mejor posible los eventos de la serie, principalmente el banquete, representándolo más como sucede en el libro, pero siguiendo las expresiones de los personajes en la serie, en especial Sasuke y como lo que sucede lo afecta visiblemente.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3