¡Gracias a todos lo que comentaron esta historia y aun la siguen esperando actualización!

Hace mucho que no escribo, me han pasado muchísimas cosas en mi vida y gracias a dios sigo fuerte, Soy madre de una hermosa hija. Así que sabrán porque me aleje un montón, gracias de verdad por todo…. Este capítulo se lo dedico a ustedes y a mi pilar"

"Los personajes de esta obra no me pertenecen, sino a su respectivo autor, esta historia está creada para fines de entretenimiento sin fines de lucro.

Los personajes utilizados en esta obra pueden obtener algo de OoC, su ambientación es un AU"

Capítulo 4: Caprichos.

I.

- ¡Señora Megumi! –dejo las llaves en el pequeño plato en la entrada de su "pequeño" hogar. –Traje las frutas que me pidió… -camino por inercia hacia a la cocina, sin prestar atención a la sala.

-Querida Arudana… -una voz cansina y seca, la llamo.

La mujer enderezo su espalda al oír su nombre, con rapidez en un movimiento elegante, viro hacia el lugar proveniente de la voz.

Sus parpados se abrieron instintivamente ante la sorpresa. Delante de ella estaba Kaede Rukawa y sus padres, los invitados estaban vestido formalmente, y conociendo a su abuelo, sospechaba cual era la razón de su presencia en ese día.

-¡Mil-mil disculpas! Perdón –se reverencio aun sin recuperar su sorpresa. –Bienvenidos…

-Ya que mi querida nieta se encuentra en esta pequeña reunión podremos seguir con nuestra conversación… -sonrió dulcemente a sus invitados.

La cabeza de familia Eiji Akira, un hombre mayor que pasaba más de los 80años, dueño de una de las más grandes empresas de textil en todo el estado; un hombre de costumbre férreas, un hombre típico japonés.

El hombre levanto su mano, dando la orden de que la joven se sentara, –Sienta al lado del Kaede-san.

Arudana se arrodillo sentando en sus piernas y apoyando sus manos en su regazo, mantuvo la rectitud posible ante aquel gesto de humildad en aquella pose tan normal para ellos, que aun a ella, a pesar de estar un año ahí, le costaba. Miro reojo al joven que mantenía una mirada fija a un punto de la casa.

–¡Bien! Considerando que la juventud se está perdiendo un poco, y que nuestras costumbre cada vez se está disipando. Lo veo muy propicios que nuestros jóvenes la mantengan viva, considero que Kaede es un muchacho excepcional e idóneo para llevar el nombre de mi familia y salvar lo que queda de mi herencia. –el anciano sonrió con aprobación mirando a la joven pareja. –Comprendo que el joven Kaede solicito una beca en EE. UU. Para una universidad para jugar básquet de forma profesional.

–Sí, Señor… -el pelinegro miro con seriedad a su interlocutor. –Mi sueño es ser reconocido como el mejor jugador de básquet en el mundo, crear mi renombre y volver a mi país una vez finalizado mi ciclo.

-No veo el problema que el muchacho juegue profesionalmente, una vez que se sienta capacitado estará aquí cumpliendo su rol como cabeza de la familia –añadió la cabeza de la familia Rukawa para ratificar que la decisión que había tomado era la correcta.

–Si mi nieta Arudana y el joven Kaede no se oponen…

La joven enderezo la espalda mirando de golpe a su abuelo, el anciano mantenía una sonrisa cálida, mezclada con una mirada de autoridad, en lo poco que conocía con ciencia cierta, era que su abuelo era un hombre muy estricto, y esas palabras no era una afirmación amable.

–No –Dijeron ambos jóvenes ante el contento de todo.

–Entonces Kaede Rukawa te doy la mano de mi nieta Arudana Eiji en compromiso de que una vez que termine tus estudios universitarios puedan ambos contraer matrimonio, ella vivirá a donde tu vivas hasta que termine tu ciclo como deportista, una vez finalizado podrán asentarse en esta casa con sus futuros hijos. –el anciano se levantó, seguido de todo los presentas. –Desde el día de hoy hasta que te cases tiene permiso de cortejar a mi nieta. Como cada vez que haya recesos contemplar con ella el tiempo hasta volver a tu labores como estudiante en el extranjero -… -¡Espero! Y Dios me de vida para ver alguno de su hijo. –el adulto mayor alzo sus brazos y abrazo primero a Kaede, seguido de un abrazo a nieta. –Espero me hagas sentir orgulloso y dejar de ser una rebelde, asentando cabeza mi pequeña niña…

-¡ggr! –Aru gruño por lo bajo mirando con cierto odio a su abuelo. Estaba enojada por la actitud del hombre al comprometerla sin su permiso, y humillando de esa forma. No se animaba a decirle a su verdades, más los presentes no le importaba que iba a decirle, se encargaría de eso a penas termine esa farsa.

II.

Caminaba con la manos en los bolsillos, con pasos largos y estridente, estaba muy enojada, su abuelo la había comprometido, nada más y nada menos que con Kaede Rukawa, el chico más popular del Instituto Shohoku, su compañero de clases y el enemigo número uno de Hanamichi Sakuragi. Ahora se encontraba yendo a comprar con aquel muchacho por orden de su abuelo.

-¿Cómo sucedió todo esto? –su voz casi se percibió, se detuvo su paso al ver que el hombre que la acompañaba ya no la seguía. –Rukawa, yo…

Su voz se apagó, unos suaves labios se habían apoderado de los suyo, una mano grande y gentil se había apoderado de su nuca, su cuerpo estaba siendo guiado; sintió la dureza de la pared en su espalda y como en un suave movimiento sus piernas rodeaban la cintura de aquel hombre. El beso lo intensificaba aprisionando más con su cuerpo.

Abrió sus ojos con infinito asombro, tornando su rostro rojizo, el calor de sus mejillas no lo pudo controlar daba hincapié de que sus hormonas no estaban de todo bien, en movimiento instintivo separo su rostro apoyando ambas manos en el hombro del pelinegro. –No Kaede… -sus ojos mostraron seriedad y con una voz dura retruco. –Discúlpame, pero no me gustas –sonrió con sarcasmo. Lentamente apoyo sus pies en el suelo, bajo la atenta mirada del joven. –El viejo podrá decirte que eres mi novio, pero no está en mis planes casarme contigo. –suspiro largamente tratando de controlar la arritmia de su corazón. Últimamente sus hormonas no la estaban ayudando. –No eres un muchacho malo, ni tampoco eres feo pero….

–Pero está enamorada del idiota de Sakuragi –soltó con voz monótona, ante una expresión impasible.

–¿Cómo lo sabes? –se sorprendió al escucharlo.

–¿Quién no lo sabe? –enarco su ceja ante semejante pregunta. –El idiota es el único que no se da cuenta… -extendió su mano, recorrió un mechón de su cabello castaña, lo deposito suavemente detrás de la oreja. –No me interesa realmente si amas o no a ese idiota, lo único que me interesa es que tu estés conmigo. –la tomo nuevamente de su nuca obligándola a mirarlo a los ojos. –¡Me gustas! Y eso, es lo que me importa. No aguante semejante show el día de hoy en vano. Aún nos queda mucho tiempo para que cambies de opinión.

-¡ja! –sonrió con sorna. –Entonces pierdes el tiempo Rukawa-sama, apenas tenga un blanco volveré a mi país de origen.

–Te tendré que buscar. –la soltó metiendo la mano en su bolsillos comenzó a caminar dándole la espalda.

Apretó sus puños con rabia, ¿De dónde había salido este ser tan caprichoso? ¿Desde cuándo ella era su capricho? Sabía perfectamente, ya que no era un secreto, que el joven era fanático del basquetbol y que su sueño era jugar en américa, por eso no tenía afinidad con nadie que los distrajera del básquet, por ese mismo motivo eran enemigos con Hanamichi, sus duelos de egos era muy fuerte en el sentido de ser uno el primero de ser el mejor del mundo.

Algo no andaba bien.

–¡Espera! –corrió sujetando su brazo. -¿Desde cuándo lo sabe?

Rukawa agacho un poco su cabeza para mirarla con seriedad. –Desde esa vez que Sakuragi te golpeo. –comenzó a caminar dejándola sola. –Lo confirme meses atrás cuando te fuiste con él en taxi a su casa.

Él ¿la había seguido?

III.

-Al final Haruko ¿Has decidido a que universidad vas a ir?

-¿Mmh? -Haruko parpadeo varias veces saliendo de su ensueño. La verdad que no Fuji. Pensaba en ir a Tokyo a estudiar pero aún no sé. Me gustaría ir a estudiar a América.

-Aun no sabes en que universidad va a ir

Rukawa.

-¡¿He?! -las mejillas de las pelinegra tomaron el tono de un pequeño rubor. —No, no. ¿Qué dices Fuji?

-Mira Haruko... –comenzó a decir la joven quedando seguido de un mutismo al dirigir su mirada hacia la escalera de auxilio. Sus párpados se abrieron con una pequeña ligereza.

La joven Akagi la miró con extrañeza al ver que su amiga cortó su frase, y sin pensarlo miro al mismo punto que ella estaba observando. Ahí estaba bajando por las escaleras aquella chica extranjera de comportamiento extraño, dos escalones de distancia Kaede Rukawa, la seguía hablándole.

Su cuerpo se tensó, y sus ojos comenzaron a picar, esa extraña sensación de dolor comenzó apoderar de su cuerpo.

-"¿Por qué está hablando con ella?" –su cabeza comenzó a hilar historias del porque ellos hablan tan naturalmente. -"Acaso ¿Le gusta?" –La observó a la chica, no era para ella algo de otro mundo, una joven de piel morena con rasgo un poco tosco para los cánones de belleza de ahí.

Su cuerpo no era extremadamente delgado, su silueta contenía curvas, sus ojos eran grandes y color marrones, su pelo no tan largo pero tampoco muy corto, sus cejas no eran finas pero tampoco gruesa; sus labios, eran un poco más voluminoso que cualquier mujer japonesa. -"Por eso debe ser" -los quedo mirando hasta que llegó el descanso sin perderse esa pequeña sonrisa que su amor platónico regalaba a su interlocutor.

-¿Haruko? –le hablo suave tocando levemente su hombro. Sabía de los sentimientos de su amigo y comprendía qué, esa escena no era algo que una chica le gustaría ver.

-Pensándolo bien, iré a Tokyo –Sonrió dulcemente aguantado sus ganas de llorar. -Disculpa iré a ver a los chicos.

-¡Oye Haruko! -el estruendo grito del pelirrojo llamo su atención. ¡Haruko! -camino hasta encontrarse con ellas. -¿Vas al gimnasio? ¡Vamos! El magnífico Sakuragi te mostrará sus técnicas hoy y podrás ver que soy un magnífico basquetbolista.

Tomo de su brazo y la encaminó hacia la salida.

3er Año, Salón 7.

El timbre comenzó a sonar marcando el final de la jornada, Rukawa comenzó a despertarme y se levantó, sorpresa la suya qué su prometida estaba dormida, sacó de su bolso una barra chica de chocolate y la dejo en la mesa, revolvió su pelo despertando la. Salió del aula.

La atenta de su fans, se llenaron de rabia al ver en escondida el gesto de su ídolo.

Eiji se desperezó sonriendo, le encantaba el chocolate y a pesar de todo amaba los gestos del muchacho por corresponderte. No rechazaría el regalo.

La joven tomó su bolso encaminado hacia la salida de la institución. Caminando por varios minutos, disfrutando del chocolate, se metió para acortar el paso hacia el metro por un pasillo.

Un jalón de pelo, seguido de un puntazo en la barriga. Cayó de rodilla seguido de una ola de dolor en su cuerpo.

-Es un pequeño recuerdo de las chicas la voz grave de un hombre, seguido de una mujer solo atinó a escuchar. –No vuelvas a acercarte a Rukawa-sama.

Llevó su mano a donde se contrabando el dolor, y horrorizada vio su sangre entre sus dedos. Desesperada aflojó la cintura de su pollera, y aflojó unas vendas que tapaba su vientre.

-¡Auxilio! –Gritó desesperada.

IV.

-¡Grr...! -...-¡Maldito zorro sin talento! - tiro la toalla con bronca al suelo, bebiendo agua se tiró al piso a descansar. –Estoy muerto...

El equipo de Shohoku había terminado de entrenar, se acercaban las fechas para sus últimos partidos antes del receso de fin de curso, los últimos tres meses que le quedaban a Hanamichi, Haruko y Rukawa.

-Vamos Hanamichi! Son los últimos meses. Más adelanté estaremos en la universidad. –acordándome lo miro con atención. -¿Has decido a dónde ir?

-Yo pensaba en ir a... –El grito de Takamiya lo cayó de golpe.

El gordito entro corriendo con desesperación. -¡Oigan!... Acaban de llevarse una chica de nuestro instituto a hospital. –Se agachó, apoyándose sus manos por su rodilla tomando una bocanada de aire. –Si no vi mal... Creo que lastimaron a la chica extranjera...

-¿Qué dices panzón? –el pelirrojo se sentó de golpe mirando con preocupación a su amigo.

-Creo que apuñalaron a esa chica... ¿Cómo se llama?

-i¿Eiji?! –se levantó de golpe llamando la atención de sus compañeros.

El zorro dormilón, como Hanamichi lo llamaba, se acercó al grupo al escuchar el nombre. Se encontraba cerca cuando escucho el parlante de los idiotas. -¿En qué hospital?

-Al de Okagami...

-Takamiya me llevo tu moto... No digan nada a nadie –el pelirrojo salió corriendo detrás de Rukawa. No sabía porque pero el escuchar que la chica estaba herida lo ponía mal, aún estaba avergonzado por lo que había pasado en su casa, hacia lo posible para evitar verla, agradecía qué ella ya no se juntaba con sus amigo.

-Bienvenidos ¿En qué los puedo ayudar? –Una enfermera los atendió, apenas cruzaron la puerta.

-Mi nombre es Kaede Rukawa, me dijeron que trajeron una chica acá. Su nombre Eiji Arudana... –Intercepto el pelinegro antes que su enemigo hiciera alboroto. -Soy su primo. -Acotó ante la mirada de la mujer, sabía que no le iba a dar rápido la información si no admitió que era un familiar.

-¿He? ¿De verdad eres su primo? –Lo miro curioso ante semejante información.

-Su abuelo y mi Abuela son hermanos... -"También es mi prometida" –pensó esperando a la enfermera.

Un médico se acercó ante ellos y mirando su planilla, le señaló a que lo siguieran. -¡Bien! Recibimos a la paciente con una herida de arma blanca sobre el abdomen, el objeto no perjudicó ningún órgano. Ambas se encuentran en perfecto estado –llegando hasta la puerta de la habitación. –Estará internada por una semana después que el Obstetra la revise recibirá el alta; nada de hacer fuerza hasta que nazca el bebé.

-¡¿Bebé?! –Gritaron al unísono los mejores jugadores de la preparatoria Shohoku.

-La paciente se encuentra con 25 semanas de gestación. Por la radiografía de una niña muy saludable...

-¿Cu-Cuanto se-sería 25 se-semanas? –el tartamudo por el shock del pelirrojo era cómico. Miro a su compañero para buscar una respuesta, su rival estaba tieso, su rostro no mostraba alguna emoción al igual que él, la noticia lo había shockeado.

-Son 6 meses –El médico sonrió, entendía perfectamente la situación. –Bueno. Esta es su habitación. –Se fue dejándolos solos.

El médico se perdió de su vista, segundo después el pelirrojo reaccionó. –Ruka... –el puño limpio del número 11, seguido de su estrepitosa caída, dejo al tensai más sorprendido de lo que pensaba, la fuerza en la que fue dada, daba a entender que Rukawa sospechaba algo.

Pero como sabía. Ella le había comentado algo.

Se acuclilló tomando con fuerza de su remera, lo acercó a su rostro, su mirada irradia odio seguido de rabia. –No me interesa saber cómo fue, pero no sabes el problema en que la has metido, espero seas hombre y te hagas responsable.

De un manotazo corrió su mano y con la misma intensidad de rabia lo enfrentó. –No se por quién me tomas zorro estúpido... ¿A dónde vas? -Se levantó de golpe al ver que el pelinegro abría la puerta.

-Es mi prima después de todo... –ladeo la cabeza mirando con seriedad. -Voy averiguar quién fue el estúpido que está buscando su muerte...

V.

Acariciaba ya su prominente pancita, desde que comenzó a fajar para esconderlo, nunca pudo disfrutar del pequeño placer de acariciar. –El abuelo, no demorará en saberlo...

-Hola... –El pelinegro entro, cerrando la puerta de golpe, deseaba estar solo con ella. -¿Cómo estás? –Se acercó a la cama, tomó gentil su mano depositando un suave beso, la paso por su mejilla derecha en un gesto de cariño. Su cara serie no dejaba de mostrar su frialdad pero sus ojos, sus ojos le mostraban preocupación.

-Bien... a pesar de todo bien... Yo... –comenzó a llorar. –Tengo miedo... –Los brazos del joven la protegieron haciéndola llorar con más ímpetu.

Rukawa aprovechaba el momento sentado a su lado y abrazándola, sentía como su cuerpo temblaba dentro de él. Sutil pasaba su mano atraves de su cabello consoladora. No sabía que lo que estaba pasando pero sabía y estaba agradecido de estar ahí. -Podrías decirme ¿Qué paso?

-Tome el pasillo de siempre para ir a tomar el tren, un hombre me intercepto, me tomo de los pelos y me apuñalado, todo era para amenazarme, había una chica de club de fans de nuestros grado. Ella lo mandó...

-¿Sabes quién? –negó mintiendo. –No te preocupes veré cómo... pero esa gente no quedará impune.

-No hagas nada por favor, debes pensar que unos meses ya te iras a EE. UU. No debes darte el lujo de perder la beca.

-tsk..! -Chasqueo la lengua.

Aprovechando su posición, acarició su pancita. No podía creer que ella lo hubiera escondido de él por meses. -Mi oferta aún sigue en pie.

-¡No! –dijo con voz dura. –Te iras a estudiar y a volverte jugador, es lo que se acordó... Además no es tu responsabilidad.

-¿Y? Lo asumire de toda manera.

-Kaede. Yo te quiero más no te amo. Y no pienso casarme contigo por el simple capricho de que quieras acerté cargo de una hija que no es tuya y arruinando la carrera que con sacrificios te costó. No está en discusión.

Suspiró. –Bien –Se puso de pie. –Le pediré a Megumi-dono ropa y te lo traeré ¿Quieres algo específico?

-Ropa suelta para estar cómoda, Megumi sabe, dile que Tú también.

-Okey –Camino hacia la puerta siendo detenido por la voz de ella.

-¿Kaede-kun? Perdóname...

-Te traeré ese chocolate qué te gustó... –Miro de reojo al pelirrojo apenas cruzó la puerta, el tensai estaba apoyado en la pared mirando perdidamente el techo. Había escuchado la conversación. Apenas vio que el pelinegro salió, giro su cabeza mirando con frialdad, este le sonrió con una burla.

Gané fue la palabra que resonó en la cabeza de Rukawa, sentía por primera vez en la vida que Hanamichi Sakuragi le había ganado en algo. A pesar de saber que el idiota de pelo rojo estaba enamorado de la manager Akagi Haruko, nunca pensó que tendría la osadía de estar con otra mujer, más con la mujer que a él le gustaba y para su mal gusto tener un hijo con ella. Sintió que su ego de hombre fuera pisoteando más con las palabras de ellas al ser rechazado por segunda vez, acrecentaba su odio. De alguna forma se lo iba a cobrar muy caro.