Muy buenos y fríos Días! Espero que estén teniendo una linda mañana, tarde o noche según sea el caso.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pero la historia es completamente mía y NO es para menores de edad, ni para personas sensibles al tema adulto.
GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.
DESTINO
CAPÍTULO 37
Elroy había hecho un escándalo por que no había encontrado a su bisnieto, había acusado al doctor Black de malos manejos administrativos como venganza, pero aquello no había prosperado porque Albert simplemente no lo había permitido.
Stear y Archie se habían encargado de avisarle a Albert que Candy estaba con vida y los esfuerzos por localizar a Anthony fueron extenuantes, sin embargo el rubio no se había reportado en ninguna de las mansiones propiedad de los Ardlay, era como si el mar se lo hubiese tragado.
Cassie tuvo a su bebé pocos días después del nacimiento del hijo de Candy, tuvieron una niña a la cual le pusieron el nombre Julieta, una pequeña blanca de rubio y lacio cabello, ojos zafiro como los de su padre. A pesar de la felicidad de los abuelos con su pequeña Julieta, aún no perdonaban del todo a Terry y continuaban teniéndolo en cierta prueba, sobre todo Jonathan quien seguía pensando que se habían aprovechado de su hija.
Stear se había casado por fin con Patty, habían celebrado la boda semanas antes del nacimiento del hijo de Candy y se habían ido de luna de miel rumbo a Florida, una ciudad en donde pasarían por lo menos tres meses. Ahí comenzarían una vida llena de amor y aventura con los inventos más locos que Stear ideaba, todos ellos según con la finalidad de ayudar a su esposa a simplificar las tareas del hogar.
Patty se divertía con sus ocurrencias y algunas les tenía miedo, sobre todo a la tejedora que de un momento a otro se había descontrolado y había terminado tejiendo la bufanda más larga de la historia. Cada uno de los inventos fallidos eran experiencias para hacer las cosas mejor, ese era el lema de Patty quien se esforzaba cada vez más para mantener el ánimo en las ocurrencias de su marido, si no lo amara tanto no sabría cómo le haría.
Patty y Stear habían tenido un noviazgo fugaz porque la mayor parte del tiempo, él se la pasó en América y con lo de la guerra y el secuestro del barco donde Patty viajaba, había hecho que su relación fuera más idílica que otra cosa. El verdadero desafío comenzó el día que Patty llegó a Nueva York, donde los constantes ir y venir de Stear y la depresión que había vivido Patricia los habían hecho convivir tan solo a ratos, pero ahora estaban casados, era por fin el momento de conocer a un Stear que se preocupaba por todos antes que por él mismo, era tiempo de conocer a una Patricia que no sabía nada de las labores del hogar y comenzar juntos esa historia de amor que había iniciado en el Colegio, pero que había realmente comenzado el día que quedaron a solas en aquella habitación donde por primera vez se entregaron en cuerpo y alma.
Las noches de pasión iniciaron después de unos cuantos intentos fallidos, en los que la timidez de Patty y la torpeza de Stear se encontraron estacionados en el mismo cajón, sin embargo la persistencia del joven inventor logró pronto su cometido, comenzando a practicar seguido para obtener el mejor resultado.
Pronto tuvieron la noticia de que llegaría el heredero, Stear había gritado de alegría a los cuatro vientos que pronto sería papá, había salido por el balcón de su habitación y gritado desde ahí que pronto nacería un nuevo inventor. Patty estaba tan feliz por estar viviendo una vida como un cuento de hadas al lado del tierno chico de gafas, quien se esmeró cada día por hacerla sentir que era lo más importante para él. Lo había aprendido de Anthony, de él había aprendido que su pareja era lo más importante del mundo y que juntos formarían esa familia que tanto añoró en silencio cuando fue abandonado al cuidado de la tía abuela.
-¿Eres feliz Patty? – Preguntó Stear cuando la joven madre mecía entre sus brazos a aquel par de pequeños regordetes, producto de su amor.
-Soy la más feliz de todas Stear… - Dijo Patricia robando un profundo beso a su esposo, quien con el brío de las hormonas sacudiéndose en su interior, se dejó llevar de nuevo por esa pasión contenida los primeros meses después del nacimiento de los mellizos Ángel y Alan.
El matrimonio de Stear y Patty, asentado en Lakewood, era un matrimonio tranquilo, dulce y sabiondo, en el que dos almas igual de nobles se habían reunido para ser felices y cuidar del bien amado. A pesar de todo Stear seguía al tanto de los avances de la investigación que su tío Albert había iniciado para la búsqueda de Anthony y al mismo tiempo de Candy, mientras Archie se había quedado en Nueva York porque tampoco quería estar junto a la vieja Elroy.
La brisa del mar golpeaba sus rubios cabellos, se sentía feliz cuando estaba en alta mar, se había dedicado a dirigir los negocios de su padre desde el mismo día que había pisado el Southampton, había decidido quedarse a vivir ahí donde no recibiría los mensajes de su familia, a quienes hasta esos momentos los había considerado fuera de su vida.
Suspiró profundamente al ver la ciudad desde su barco, había recibido un telegrama que lo había cambiado todo y lo había obligado a regresar a Nueva York, su pecho se aceleró al sentir de cerca aquella bruma que lo había acompañado el día de su partida. Los recuerdos estaban aún frescos, parecía que tan solo el día de ayer había salido de ahí, porque así era para su corazón, no había pasado el tiempo desde que se había ido.
-Joven Anthony, bienvenido. – Dijo George con su rostro ansioso. El administrador parecía que se estaba volviendo loco.
-Gracias George. – Dijo Anthony con seriedad, solo una mueca aparentando sonrisa de lado apareció en su rostro. – Dime ¿Qué es lo que pasó? – Preguntó porque el telegrama que le habían enviado solo decía que era urgente que regresara y a pesar de que tardó tiempo en llegar a sus manos, había considerado ignorar su contenido, solo lo había reconsiderado al ver que era George quien necesitaba su ayuda.
-El joven William ha desaparecido. – Dijo George mirando a Anthony quien a su vez lo miraba sin comprender lo que decía, el telegrama no había sido muy claro al respecto.
-¿Desapareció? ¿Cómo qué desapareció? No entiendo. – Preguntó Anthony impaciente por recibir toda la información. George asintió con la misma preocupación que reflejaba desde hacía meses atrás.
-Hace como un año el joven William tenía que regresar a Brasil para cerrar un nuevo negocio. – Comenzó George a relatar lo último que sabían del patriarca. Anthony asintió para animarlo a continuar. – William jamás llegó a Brasil. – Dijo una vez más el administrador, Anthony lo miró con la misma angustia reflejada en el rostro de George.
-¿Hace cuánto fue eso? – Preguntó Anthony a George.
-Hace como doce meses. – Respondió George con angustia.
-¿Por qué se me avisó hasta ahora? – Preguntó Anthony con molestia, aquello era catalogado como suma urgencia y deberían haberle dicho desde el momento que se dieron cuenta de la desaparición de su tío.
-La tía Elroy no quiso que interviniera, ella decía encargarse de todo, sin embargo sus esfuerzos no han sido suficientes y además su salud ha desmejorado. – Dijo George ante la molestia de Anthony, quien una vez más sabía que debía convivir después de tanto tiempo con la vieja Elroy, ni el saberla enferma podía borrar de su mente la actitud tan ruin en contra de él y de la pequeña familia que apenas iniciaba.
-A la estación. – Dijo Anthony al chofer, quien asintió y se dirigió hasta la gran Central.
-¿No prefieres descansar un poco? – Preguntó George quien creía que lo ocho días de viaje habían sido pesados para el joven interino patriarca de los Ardlay.
-No… esta ciudad me enferma… - Dijo con dolor, un profundo dolor que traía en sus ojos clavado desde el día que despertó de aquel fatídico episodio, aquel en el que se enteraba que el amor de su vida y su hijo habían pasado a mejor vida.
George asintió dando la orden al chofer de que se dirigiera hasta la estación. El magnífico coche devoraba las millas a la máxima velocidad permitida, sabía que debía llegar cuanto antes si querían alcanzar el próximo tren a Chicago, pero los esfuerzos habían sido en vano porque el tren partiría hasta la siguiente mañana.
-¿Quieres ir a un hotel? – Preguntó George al imaginar que su negativa era por estar en la mansión Ardlay.
-No… - Negó Anthony con seriedad, incluso estar ahí le traía grandes recuerdos. Un beso, una propuesta y la sonrisa más hermosa del mundo. – Esperaré aquí. – Respondió con un profundo suspiro, suspiro que lo llevó de nuevo a los maravillosos recuerdos que había generado en aquel lugar y que aunque seguían quemando su alma eran lo único que le quedaba de aquel gran amor.
Un recibimiento llegó a su mente, una hermosa sonrisa lo esperaba justo después de año nuevo, había sido la sorpresa más maravillosa que había recibido en su vida, después de eso ya ningún año nuevo, ninguna navidad había sido especial para él, porque a pesar de que no la había pasado con ella, la ansiedad por saber que lo estaba esperando generaba esa felicidad que ya no sentía.
George se quedó acompañándolo a pesar de la negativa del rubio, quien insistía que se fuera a descansar. El tren partía puntualmente como siempre y en poco tiempo comenzó su marcha, el silbato del tren se dejó escuchar y Anthony despertaba sobresaltado.
-¿Sucede algo? – Preguntó George, quien lo venía cuidando, a pesar de ya no ser un niño, él lo seguía viendo como tal.
-No… simplemente fue un sueño. – Respondió Anthony con la mirada fija en el camino. George sonrió con tristeza porque él sabía lo que estaba pasando, sin embargo no era la persona indicada para decirle la verdad.
-Se parece tanto al joven Albert cuando tenía su edad. – Dijo George mirando con ternura al hijo de Rosemary Ardlay. Anthony sonrió de lado recordando a su tío. – Solo que con más cabello. – Dijo con cierta gracia en su voz. Anthony sonrió, no se imaginaba a su tío con poco pelo.
-Aún es joven. – Dijo Anthony con una sonrisa. - ¿No se ha casado? – Preguntó para hacer conversación, no sabía nada de su familia desde que se había ido.
-El joven William continúa su soltería eterna. – Dijo George con diversión. Anthony negó recordando las veces que se había negado a un compromiso impuesto.
-Así que sigue desafiando a la tía abuela. – Dijo Anthony con orgullo en sus palabras.
-William es un alma libre, creo que no sentará cabeza pronto. – Dijo el fiel administrador, quien se entristecía al hablar del joven que había cuidado desde niño, manteniendo la conversación como si él estuviese presente. Los ojos de George se arrasaron de lágrimas mientras respondía.
-Lo encontraremos, George, no te preocupes. – Le dijo Anthony comprendiendo el sentimiento que embargaba a George.
El tren siguió su curso y veintidós horas después llegaron a Chicago, una nueva aventura lo esperaba y unas ganas de resolverlas con prontitud eran las que tenía en su pecho.
-Vamos a las oficinas. – Dio la orden Anthony al chofer que los recogía en la estación de Chicago. George lo miró confundido, él ya se cansaba después de tanto viaje y ajetreo. – George, puedes ir a descansar. – Dijo al administrador, quien por un momento pensó en negarse, pero era verdad que su cuerpo pedía descanso. – Más tarde me pondrás al tanto de la situación. - Le dijo una vez más antes de que el administrador se fuera a su casa.
-Por supuesto que sí, Anthony. – Dijo George agradecido por las horas que le daba para ir por fin a ver a su familia.
-¿Stear está aquí? – Preguntó de nuevo el joven rubio.
-El joven Alistear se encuentra viviendo en Lakewood. – Respondió George tranquilamente. Anthony asintió. – Y el joven Archivald sigue viviendo en Nueva York. – Dijo ante el asombro de Anthony, quien pensó que su primo se iría de aquella ciudad después de que había terminado con Annie. Pensar en su primo el elegante lo llevaba una vez más al recuerdo de su intento de cortejar a su dulce enfermera.
-Bien, descansa, te veo por la tarde. – Dijo Anthony dando una palmada en la espalda de George para después dar la orden al chofer que lo llevara hasta su casa.
El auto de sitio que los había llevado lo dejó pasando la calle del gran consorcio, donde había un puesto de periódico con una noticia que llamó su atención, "Pronto llegará a la ciudad el heredero Anthony Brower Ardlay". Anthony compró el diario matutino con cierta molestia por darse cuenta que las cosas no habían cambiado, Elroy seguía anunciando todo por ese medio para hacer partícipe a una sociedad de lo que sucedía con su familia, cuando a él era lo que menos le importaba porque quería pasar desapercibido, se fijó en ambos lados de la calle para atravesarla y comenzó a cruzar cuando vio que no había tráfico alguno y se distrajo leyendo la nota, no hubo llegado a la mitad que el grito de un pequeño se escuchó con fuerza, quien le advertía que tuviera cuidado.
-¡Cuidado señor! – Gritó la voz de un pequeño que venía corriendo sin poderse detener.
El impacto fue inevitable, aquel chico de rizada melena desordenada y mirada traviesa fue y se estampó con Anthony, quien perdió el equilibrio cayendo de sentón con el chamaco encima de él. Anthony miró a todos lados para evitar que los atropellara un auto. Levantó al pequeño demonio entre sus brazos y lo puso en un lugar seguro.
-¿Estás bien? – Preguntó Anthony mirándolo a los ojos, por una extraña razón sintió un alivio al ver al chico sonreírle con gusto.
-Yo estoy bien. – Respondió el chico con naturalidad. - ¿Tú estás bien? – Le habló tuteándolo como si lo conociera de siempre. Anthony sonrió por la manera tan espontánea de responder y hablarle con tanta familiaridad.
-Algo revolcado… pero estoy bien. – Respondió Anthony mientras se sacudía las manchas de polvo de su impecable traje negro. El chico lo miraba desde abajo con los ojos bien abiertos.
-Eres muy alto. – Le dijo con esa mirada infantil y tierna que tenía el pequeño. - ¿Cómo te llamas? – Preguntó de nuevo con esa familiaridad que tenía a Anthony sorprendido.
-Me llamo Anthony… ¿Y tú? – Preguntó con una sonrisa tierna, poniéndose en cuclillas para ver el rostro lleno de tierra del pequeño demonio.
Aquel inocente niño lo miró con admiración en sus tiernos ojos, una sonrisa radiante aparecía en sus labios antes de responder a la pregunta hecha.
-Mark... – Respondió el chico con simpleza, después de pensarlo unos segundos.
-¿Mark? – Preguntó Anthony divertido. El chico asintió y se limpió el rostro con su antebrazo. Aquel gesto hizo sonreír a Anthony, quien al ver su rostro limpio no pudo evitar ver las pequeñas pecas que adornaban sus mejillas. - Y bien Mark, ¿Dónde está tú mamá? – Preguntó Anthony mirando a todas partes.
-No lo sé. – Respondió Mark levantando los hombros sin preocuparse. Anthony sintió que su corazón se estrujaba al creer que aquel pequeño no tenía mamá. Era de esperarse, pensaba Anthony, su aspecto descuidado, andaba solo y no se veía un adulto cerca de ahí.
-¿Vienes solo? – Preguntó Anthony una vez más, sintiendo una gran preocupación por el pequeño.
-Con mi tío, pero me le escapé por un momento. – Dijo una vez más el pequeño.
-¿Así que te escapaste? – Preguntó Anthony con una sonrisa. El chico asintió y volvió a limpiar su cara con el antebrazo. Anthony sonrió al ver que en lugar de limpiarla la ensuciaba más.
Anthony sacó un pañuelo que llevaba en el bolsillo de su pantalón y limpió perfectamente el rostro del pequeño, quien le sonreía feliz mostrándole todos sus dientes. Anthony sintió ternura por la inocencia de aquel inocente ser.
-¿Tienes hambre? – Preguntó al recordar que él no había desayunado aún. El chico giró sus ojos e hizo un gesto que descolocó a Anthony. - ¿Eso es un no, o un sí? – Preguntó Anthony, para después ver que el niño negaba alborotando más su cabellera. – Entonces te invito a desayunar conmigo ¿Qué te parece? – Le dijo con una sonrisa amplia, una sonrisa que no recordaba cuando había sido la última vez que la había utilizado.
Anthony se puso de pie y extendió su mano para que el chico la tomara, el pequeño duró varios segundos admirando la mano de Anthony, quien se la ofrecía con una gran sonrisa. El chico observó admirado la altura del rubio, su elegancia y su porte y después de esa gran inspección tomó su mano con una gran sonrisa. Anthony sintió la calidez de aquella pequeña mano unirse a la suya y se sintió feliz por primera vez en mucho tiempo.
Llegaron a una cafetería que estaba frente al consorcio y ahí Anthony ordenó un desayuno americano para cada uno de ellos y unos cuantos postres de chocolate.
-Y bien Mark ¿De dónde eres? – Preguntó Anthony con confianza al ver que el chico comenzaba a comer como si no hubiera comido en días, la manera en la que terminaba con todo el platillo que le habían servido lo hizo creer que eran mínimo unos tres días sin alimento, sin embargo lo observaba y a pesar de sus ropas sucias y sus zapatos raspados no parecía un niño de la calle. – Tal vez se escapó de algún orfanato… - Pensó Anthony sin poder evitar recordar a los huérfanos de Ponny, a quien esperaba se siguiera ayudando por medio de la fundación que había puesto su tío.
-Soy de aquí… - Respondió mientras se empinaba el vaso de leche, quedando en sus labios restos que formaban un bigote. Anthony rió a carcajadas y el pequeño comenzó a reír también divertido. Aquella risa alegró el corazón de Anthony.
-¿Y tu papá? – Preguntó una vez más Anthony.
-Se fue… - Respondió Mark con naturalidad, sin dejar de comer el último postre que le quedaba, ese que había estado observando desde un principio. Anthony sintió un hueco en su estómago a pesar de haber desayunado, al escuchar que el pequeño no tenía padre, ni madre.
-¿Y tú tío…? – Preguntó a tientas, sabía que tal vez aquel tío que mencionaba no era real.
-Me debe de estar buscando. – Dijo Mark bajándose de la silla de inmediato. – Muchas gracias señor Anthony. – Le dijo con total educación para después salir corriendo de ahí.
Anthony se quedó sentado un momento más en el restaurante, pensando en que el mundo seguía siendo injusto con las personas, no comprendía cómo era que habiendo personas que tenían tanto no eran capaces de compartir con los que tenían menos, y no se refería a regalar los bienes, sino a proporcionar un trabajo a los más necesitados, darles herramientas para que aprendieran y sacaran adelante a sus familias.
La mesera trajo la cuenta, había observado que el elegante y atractivo joven que había entrado con un chico polvoriento y mal peinado estaba haciendo una obra de caridad.
-Esos niños no son de fiar. – Dijo la joven con una gran sonrisa al rubio, quien le correspondió con una sonrisa discreta y amable.
-Siempre hay que tener esperanza en los niños. – Le respondió Anthony pagando la cuenta y dejando el cambio como propina. – Así déjelo. – Dijo Anthony para después colocar su fedora y salir del establecimiento.
Anthony volvió a cruzar la calle con el mismo cuidado de antes, pero esta vez sin poner atención al artículo del periódico que estaba leyendo, sino a los extremos de la calle en donde buscaba para ver si por algún lado veía al pequeño Mark con su tío, pero no lo vio por ningún lado.
Candy salía del hospital muy cansada, había sido un día muy acelerado, donde había tenido que entretener a todos los niños que tenía a su cargo, se sentía exhausta pero sabía que debía llegar a atender a su pequeño también.
-Alexander, Annie, ya llegué. – Gritaba la rubia en cuanto entró a su departamento en el Magnolia.
-¡Mamá! – Gritó Alexander para recibir a la hermosa enfermera en la que se había convertido su madre. Candy abrazó a su hijo con fuerza y lo levantó en sus brazos. Le encantaba el recibimiento que le daba el pequeño cada día.
-¿Cómo te has portado el día de hoy? – Preguntó Candy dando un beso en la punta de la nariz.
-Muy bien, me acabo de bañar, me comí todas mis verduras y me cepillé los dientes. – Decía Alexander enseñando a su madre los dientes que resplandecían de blancos, su cabello con sus rizos engomados y su rostro reluciente y bien vestido.
-Me alegra escuchar eso. – Dijo Candy besando la punta de la nariz una vez más. Lo bajó al piso y buscó entre sus cosas una barra de chocolate que le había comprado. Era una costumbre para Candy comprarle una barra de chocolate a la semana para compartirla con él.
-¡Gracias mami! – Gritó el pequeño girando en el suelo emocionado.
-Qué bueno que llegaste, Candy. – Dijo Annie quien salía de su habitación poniéndose los aretes. – Tengo una cita con una clienta muy importante y ya voy tarde. – Dijo la joven de ojos azules, quien se estaba convirtiendo en una famosa diseñadora en toda la ciudad y sus alrededores.
-Muy bien, Annie… ¿Comiste, verdad? – Preguntó la rubia al ver que su hermana salía de prisa tomando una manzana del frutero que tenían en la mesa del comedor.
-¡Sí! – Respondió Annie desde afuera. Candy miró a su hijo y sonrió con travesura. Alexander subió los hombros señalando que no sabía si había comido.
-Mi tía Annie siempre sale corriendo. – Dijo Alexander con tranquilidad.
-Lo sé, trabaja mucho. – Dijo Candy agradecida con ella porque había permanecido a su lado todos esos años apoyándola y cuidando de Alexander desde que era un bebé. – Espero que Wilberth pase por ella. – Dijo la rubia con preocupación.
-Tal vez sí… él parece loquito por mi tía. – Dijo Alexander con gracia. Candy comenzó a reír por las ocurrencias de su hijo.
-Y dígame jovencito ¿Usted qué hizo todo este tiempo? – Preguntó Candy mientras se sentaba a su hijo en su regazo.
-Mientras mi tía Annie estaba en su cuarto diseñando como siempre, yo me puse a colorear y hacer dibujos ¿Quieres verlos? – Preguntó entusiasmado.
-¡Por supuesto! – Dijo Candy con una energía que ya no sentía, sin embargo como siempre se esforzaba en dar a su hijo lo mejor de ella, ya que no era justo que toda esa energía la dejara en el hospital Santa Juana, que era donde ahora trabajaba.
Alexander corrió hasta la habitación que compartía con su mamá y trajo consigo varias hojas que advertían los dibujos hechos por su pequeño. Candy los observaba maravillada por el talento que había heredado de su padre creía ella, porque ella no sabía siquiera dibujar un oso con bolitas.
-Son hermosos… - Dijo Candy emocionada con la destreza de su hijo.
Alexander era un pequeño de cinco años, había nacido muy cerca de navidad y siempre había estado junto a Candy, su rostro comenzaba a mostrar las pecas que había heredado de su madre, pero sus ojos y todas sus facciones eran el vivo retrato de su padre, salvo las pecas y el cabello ensortijado que había heredado de ella, pero que ella siempre peinaba relamido para mayor comodidad y a disgusto del él.
-Mamá… - Dijo el pequeño una vez más.
-Dime… - Dijo Candy con seriedad, siempre que su hijo le hablaba con esa seriedad sabía que era una pregunta relacionada con su padre.
-¿Cuándo vendrá mi papá? – Preguntó ante la duda que siempre había tenido desde que comenzó a tener uso de razón. Candy pasó saliva con dificultad, cada vez le era más difícil contener aquella mentira.
-Pronto hijo… pronto… - Dijo Candy con un profundo y lastimoso suspiro, suspiro que hacía que la joven enfermera aguantara una vez más las ganas de llorar.
Alexander guardó silencio, era evidente que aquel tema lastimaba a su mamá, pero él siempre había tenido la esperanza que ese "pronto" realmente fuese un pronto.
Días atrás, había salido en el periódico la noticia de que Anthony Brower Ardlay, llegaría a la ciudad de Chicago. Annie había llegado una tarde corriendo porque había visto la noticia en el diario vespertino.
-¡Candy! ¡Candy! – Gritaba Annie ante la sorpresa de la rubia quien estaba en su habitación. - ¿Ya viste el periódico? – Preguntó la joven de ojos azules. Candy negó extrañada, no sabía qué podría haber en el periódico de importancia para ella, no tenía tiempo de ponerse a leer los últimos gritos de la moda, mucho menos a leer la sección de sociales, la cual leía toda la crema y nata de la sociedad. - ¡Mira…! – Le dijo extendiendo el diario frente a ella.
Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas al ver en aquel trozo de papel, una fotografía de su amado príncipe de las rosas, era una fotografía en la cual lucía igual que la última vez que se habían visto, sus ojos eran igual de grandes y expresivos, su sonrisa era tan maravillosa y reluciente y su rostro en general seguía siendo tan atractivo, definitivamente era una foto de cuando ellos estaban juntos.
-¿Anthony vuelve? – Preguntó Candy con una sonrisa llena de esperanza. Tomó el diario y lo abrazó con fuerza a su cuerpo, deseando que en lugar de esas hojas de fuerte aroma y que le pintaban la ropa fuera su eterno príncipe de las rosas al que estuviera abrazando.
-¡Sí, Candy! ¡Anthony vuelve pronto! – Le decía Annie con entusiasmo, con el entusiasmo que reflejaba porque ella volviera a sonreír feliz nuevamente.
-¿Qué es lo que haré…? – Se preguntaba la rubia mirándose al espejo, repasando sus ojos, sus labios, ensayando una sonrisa. - ¿Crees que me seguirá viendo linda? – Preguntaba Candy con ansiedad.
-¿¡Pero qué dices, Candy!? – Dijo Annie mirándola a los ojos. - ¡Pero si eres la más hermosa de todas! – Decía la ojiazul con la mirada empañada en llanto.
-Pero ha pasado mucho tiempo… - Decía Candy, recordando que los cinco años sin verlo le habían parecido una eternidad.
-No seas tonta Candy, te ves hermosa, eres muy joven aún… - Le decía Annie, pensando que como siempre su hermana se sentía como si ya fuese mayor. – Solo te falta un corte a la moda, algunas prendas nuevas que yo me encargaré de hacer y averiguar cuándo será el día para que vayas a verlo de inmediato. – Dijo Annie llevándosela a la habitación, dejando sobre la mesa el periódico donde se exhibía la foto del maravilloso Anthony Brower Ardlay.
Candy suspiró con profundidad una vez que había dormido a Alexander, quien se estiraba a pierna suelta en la cama que compartía con su madre.
Candy salió de la habitación y busco por todos lados aquel periódico donde avisaban que pronto llegaría su gran amor. Su corazón se aceleró tan solo de pensar que lo tendría en frente, pero su rostro decayó cuando recordó lo que había escuchado en el hospital.
-¿Será verdad que vienes a casarte? – Se preguntaba con dolor, le era imposible no seguir teniendo ese sentimiento en su interior, era un sentimiento tan grande y tan fuerte que era imposible que se agotara en tan poco tiempo. – No Anthony… no te cases por favor… - Decía la rubia a modo de súplica, como si Anthony fuese a escucharla. – No digas tonterías Candy… él cree que estás muerta… debe de haber seguido su vida… - Pensó una vez más la rubia con melancolía, melancolía porque no lo quería casado con otra, melancolía porque le dolía pensarlo aún triste por ella y reconocer que tal vez ya no era así también la entristecía.
La puerta del departamento sonó despacio. Candy se dirigió a abrir antes de que despertaran a su niño.
-Hola Albert. – Dijo Candy con una gran sonrisa, le daba gusto saludar a aquel amigo que había hecho años atrás cuando llegó un día a vivir en el Magnolia, pero que después había tenido que atender en el hospital porque había llegado mal herido al parecer víctima de un asalto.
-Hola Candy… ¿Y Alexander? – Preguntó el joven de melena.
-Está dormido. – Respondió Candy con una sonrisa. – ¿Quieres pasar? – Preguntó la joven con amabilidad.
-No… es solo que le traía esto. – Dijo Albert mostrándole un extraño juguete que le había conseguido.
-¿Qué es esto? – Preguntó Candy mirando que era como un barril atado de un palito.
-El lavaplatos es de México y me lo regaló, solo que soy demasiado torpe para jugarlo. – Dijo Albert rascando su nuca, avergonzado.
-¿Cómo se juega? – Preguntó Candy sin entender el origen del juego.
Albert tomó el balero y comenzó a mostrarle a la rubia la manera de jugar.
-¡Eso es imposible! – Dijo Candy divertida al ver que aquel juego era más difícil de lo que creía.
Albert comenzó a reír por la felicidad que mostraba Candy en esos momentos, felicidad que muy rara vez demostraba.
Después de que Albert se había instalado en el mismo edificio que Candy para cuidar de ella y de Alexander, había llegado al hospital con un fuerte golpe en la cabeza, habían asumido que había sido un asalto porque no traía consigo ni dinero, ni papeles de identidad, nada, simplemente la escasa ropa que le dejaron y un fuerte golpe que afectó su memoria.
Habían conocido a Albert porque tres años antes se había hecho amigo de Candy y Annie, había conocido a Alexander de tan solo dos años de edad y pronto se habían hecho cercanos, el parecido que Candy había notado con Anthony había permitido que confiara en aquel hombre sencillo y trabajador, por eso al llegar al hospital mal herido, ella se hizo cargo de él, quien antes de perder la memoria trabajaba en algún lugar donde viajaba mucho.
Annie bajaba del automóvil que la había llevado una vez más al departamento, un chico alto y delgado de unos hermosos ojos azules y cabellos negros, descendió de él para ayudarla a bajar.
-Listo amor… - Le dijo acercándose a ella cariñosamente. Annie se puso un poco nerviosa al sentir la cercanía de su novio.
-Gracias Wilberth. – Le dijo Annie con una sonrisa y unos ojos soñadores. Aquellos ojos que volvían loco al atractivo joven de veinticuatro años que la había conquistado. – Hasta mañana. – Le dijo Annie con una sonrisa.
-¿Cómo hasta mañana? – Le dijo atrapándola por la cintura para devolverla hacia él y apegarla a su cuerpo.
-Wilberth, por favor nos pueden ver. – Dijo Annie con el rostro totalmente enrojecido por la pena de sentir aquel cuerpo tan cerca del de ella.
-No importa, saben que estamos enamorados. – Le dijo con los ojos encendidos de pasión. Annie lo miró fijamente y le sonrió con aquella coquetería natural que ella desprendía. – Annie… ¿Cuándo aceptarás comprometerte conmigo? – Preguntó Wilberth con pasión muy cerca de sus labios.
-Wilberth, sabes que no puedo dejar sola a Candy… ella me necesita… - Dijo Annie con cierto nerviosismo, intentando evitar una vez más aquel incómodo tema que no sabía por qué evadía. Ella estaba segura de que amaba a Wilberth, estaba segura de que él la amaba, pero seguía sin comprender el motivo por el cual lo seguía rechazando poniendo como pretexto a Candy una y otra vez, el flachazo de la sonrisa de Archie pasó por su mente y de inmediato se molestó.
-Pero Candy ya es un adulto, ella también debería buscar a un hombre que la quiera con su hijo, es joven, hermosa, inteligente… - Dijo Wilberth enumerando algunas de las cualidades de Candy.
-Veo que también te gusta mi hermana… - Dijo Annie incómoda alejándose de su novio. Quien la miró sorprendido por sus palabras.
-¡Por supuesto que no! – Dijo alcanzándola nuevamente por la cintura, para apegar el cuerpo de la joven al suyo. – Annie ¿Cuándo entenderás que mi amor por ti es sincero? – Preguntó Wilberth sin soltarla, acariciando su cintura con firmeza.
-Wilberth por favor… - Dijo Annie comenzando a sentir que su sangre hervía por dentro.
El chico comenzó a respirarle al oído, buscando tentar a la joven que decía quería fuera su prometida, quería que ella lo deseara tanto cómo él la deseaba, quería convencerla que era ella la única mujer en su vida. La giró lentamente y a pesar de estar en plena acera la besó apasionadamente.
Annie se dejó llevar por ese beso apasionado que le proporcionaban, mientras la lengua del chico con osadía se introducía a su interior y comenzaba a explorarla. Annie abría su boca con desesperación para recibir la caricia anhelada.
-Cásate conmigo Annie… déjame demostrarte cuánto te quiero. – Le decía Wilberth mientras sus manos comenzaron a recorrer su espalda hasta llegar a sus glúteos.
-¡NO! – Dijo Annie alejándose de su novio, quien apenado y sorprendido por la reacción de su novia no supo qué hacer de momento. – Sabes que no puedes ir más allá hasta después de la boda. – Le dijo Annie segura de que no se entregaría a él.
-Lo siento amor, yo solo te pido un adelanto antes de casarnos… - Le dijo el joven con súplica, se veía que realmente estaba necesitado de esa clase de amor.
-El que las demás lo hagan no quiere decir que yo lo haré… - Dijo Annie segura de sus principios. – Después nos embarazan y nos dejan solas con los hijos… - Dijo la ojiazul una vez más recordando las experiencias de sus hermanas, ella no quería pasar por ese estrés, porque a pesar de que Cassie se había casado con Terry y presumían una familia feliz, Candy seguía sola a la espera de un amor que era posible ya no sintiera nada por ella.
-Amor, no porque a Candy le haya tocado mala suerte quiere decir que a ti igual… yo te amo… - Decía el joven insistiendo en tener la famosa "prueba de amor". – Además Candy está sola porque quiere, mis amigos la han pretendido y ella se ha negado. – Dijo ante la molestia de Annie.
-Candy es una chica decente, no es como esas mujeres que solo buscan pasar el rato, y tus amigos solo la quieren para divertirse, con el cuento que tiene un hijo. – Dijo Annie segura de que su hermana si había salido embarazada era porque estaba segura que Anthony la amaba de verdad, solo que la intervención de su familia había logrado separarlos.
-Amor… Candy ya no tiene nada que perder... – Dijo Wilberth a la joven pelinegra, quien al escuchar aquellas palabras fue como si un rayo la hubiera golpeado, dirigiendo una mirada de furia y enojo a aquel que decía pretendía convertirla en su esposa.
-¡Las mujeres no valemos por un tonto sello de garantía! – Gritó Annie para sorpresa del acaudalado joven, quien pegó un brinco comprendiendo que había ofendido a su novia y a su hermana. – Candy vale más que muchas mujeres de tú clase social. – Dijo señalando que ella no pertenecía a la misma clase a pesar de que el señor Britter seguía respaldándolas con su buen nombre y apellido. - Y te lo digo yo, que muchas veces he escuchado historias de mujeres que se creen muy finas y se enredan con el chofer, el mayordomo o el capataz. – Dijo sin dejar de mirar a su novio. Wilberth abrió los ojos sorprendido por sus palabras.
-Tienes razón amor, lo siento mucho… - Le dijo mostrándose arrepentido de sus palabras, más por haberla hecho enojar, no le gustaba cuando se enojaba con él porque era muy difícil convencerla de nuevo para darle un poco de amor. – Lo que pasa es que estoy desesperado por casarme contigo. – Le dijo atrayéndola de nuevo a sus brazos para buscar su boca una vez más. Annie se negó en un principio, pero al recordar que tal vez Candy pronto formaría una familia al lado de Anthony, pensó que tal vez sería bueno que aceptara el compromiso con Wilberth.
-Está bien Wilberth. – Le dijo Annie con una sonrisa tierna. – Te prometo que pronto podremos anunciar nuestro compromiso. – Dijo intentando besar la mejilla del joven impaciente, quien de inmediato giró su rostro para saborear sus labios.
Annie se sorprendió por la astucia de su novio, quien últimamente estaba más insistente en que le regalara la dichosa "prueba de amor", sin embargo ella no estaba convencida de dar ese paso hasta que firmara el acta de matrimonio por lo menos.
Las osadas manos de Wilberth comenzaron a acariciar el cuerpo de Annie, quien detenía las manos de su novio para que no pasaran de la cintura. Su boca de deslizó por su cuello y la obligó a gemir al sentir aquel deseo en su piel que clamaba por atención.
Las jóvenes en los veintes habían logrado un avance muy pequeño, sin embargo el índice de jovencitas que quedaban embarazadas o deshonradas había ido en aumento, eso era algo que se escuchaba entre las chicas de sociedad, quienes terminaban la mayoría casadas con hombres viejos o viudos, quienes eran los únicos que recibían a las jovencitas después de una mala experiencia y Annie no quería ser una de ellas.
-Ya Wilberth… - Le dijo Annie con cierta dificultad, no podía quitárselo de su cuello. – No me siento cómoda con esto… - Dijo mintiendo un poco, porque si le gustaban sus besos y sus caricias, pero no le gustaba que lo hiciera en público y que la presionara de esa manera para sucumbir a la pasión que su cuerpo delataba.
Wilberth sonrió complacido por haber arrancado un par de suspiros en la pelinegra, comprendiendo que aquello era más difícil de lo que había creído en un principio.
-Muy bien amor… tú ganas… - Dijo soltando a la joven quien tenía la mirada dilatada y el rostro enrojecido. – Oye Annie… - Le dijo antes de permitir que se fuera. Annie giró su delicado cuerpo y espero a que le dijera lo que tenía qué decir. - ¿En verdad hacen eso que dijiste? – Preguntó Wilberth sorprendido. Annie asintió con diversión. – Me aseguraré de nunca tener chofer, o mayordomo... mucho menos capataz… todos serán unos viejos. – Dijo seguro que así sería. Annie comenzó a reír y despidió a su novio quien se montó en su vehículo y salió del lugar.
Annie suspiró al ver que su novio se fue, para después sentir cómo su mente volvía a traicionarla con el recuerdo de Archie. Tenía tanto tiempo que no pensaba en él, pero desde la noticia del regreso de Anthony, no había podido evitar sentir en el fondo de su alma ese deseo de que él también volviera.
-Tranquila Annie… él ya debe estar también con otra… - Se dijo con tristeza, dándose ánimo por concentrarse en el noviazgo que sostenía con Wilberth desde hacía tres años.
Anthony no tenía ganas de volver a la mansión, después de haber estudiado todos los reportes que existían de la búsqueda de su tío y a pesar de su cansancio, no tenía ganas de llegar, sabía que la presencia de la tía abuela era de rigor.
-¿Por qué no quieres regresar? – Preguntó George a Anthony, quien lo miró suspirando profundamente.
-No quiero encontrarme con la tía abuela. – Dijo Anthony seguro que ahí estaría y le reclamaría su ausencia.
-Creo que eso es inevitable, ella no ha querido moverse de Chicago desde que Albert desapareció, está segura que sigue aquí… - Dijo George, quien creía que Albert no estaba en el país.
-¿Sabes? – Preguntó Anthony pensativo. – Creo que la tía abuela podría tener razón. – Dijo Anthony seguro de ello. George lo miró como preguntándose qué era lo que lo hacía pensar que así era. – El tío jamás abordó el tren, aunque nos quieran hacer creer que sí. – Dijo Anthony seguro de ello. – En la estación aseguran que sí… sin embargo no describieron al tío correctamente y es bien sabido que él es reconocido por la mayoría de los empleados del tren. – Decía seguro pues los viajes que Albert realizaba al año eran demasiados.
-Lo mismo pensé, pero el joven era nuevo en su puesto y…
-¿Nuevo? – Preguntó Anthony extrañado de que después de tanto tiempo sin cambiar de personal, en el momento que Albert desaparecía había un empleado nuevo. George asintió. – Todo esto está muy extraño… - Dijo Anthony pensativo. - ¿Estás seguro que no apareció nada? – Preguntó, insistiendo si no había alguna prenda de vestir, un zapato, documentos, algo que podría servir para encontrarlo.
-Nada… - Respondió George frustrado.
-Bien, creo que tendré que irme… - Dijo sin mucho ánimo. George sonrió con amabilidad.
-La señora Elroy ha cambiado mucho… te sorprenderás cuando hables con ella. – Le dijo George palmeando su hombro para después despedirse, era muy tarde y quería retirarse a descansar con su familia. Anthony sonrió desanimado pero no tenía opción, debía hablar también con ella de lo sucedido con Albert.
Anthony salió ya oscuro, las oficinas estaban vacías ya no había nadie trabajando, colocó su abrigo y a pesar de que su vestimenta predominaba el negro, seguía usando el gorro y los guantes que un día Candy le había obsequiado.
Subió al auto y él mismo lo dirigió hasta la mansión, las calles oscuras y el silencio alrededor le hacían pensar que cualquier rincón era apto para un asalto, eso era lo que creía que había sucedido con su tío, que tal vez alguien lo había asaltado, pero el detalle es que no había ninguna pista de su cuerpo en caso de haber sido asesinado.
Suspiró cansado observando fijamente la mansión Ardlay, el jardín de rosas seguía siendo hermoso a pesar de no haber florecido, su mente viajó a las Dulce Candy con tristeza pensó en su destino. Caminó por los pasillos oscuros, parecía que nadie vivía en ese lugar, era una casa enorme, hermosa, elegante… pero tan vacía.
-Te estaba esperando… - Se escuchó de pronto entre las sombras, como siempre la tía abuela lo acechaba en silencio.
-No me asombra… - Respondió Anthony con desgano.
-Bienvenido, hijo. – Dijo la matriarca con los ojos húmedos por la emoción. Anthony se acercó a ella, la encontró más delgada y vieja, su piel reflejaba el paso del tiempo y su desmejorada salud. – Sigues siendo un muchacho muy guapo. – Le dijo mirándolo desde abajo, su estatura había disminuido y la de él había aumentado un poco más. Anthony sonrió de lado.
-Me da gusto verla. – Dijo por cortesía.
-Yo sé que no es así… -Dijo Elroy segura que solo estaba intentando ser cortés.
-Tía abuela, no quiero hablar del pasado… - Dijo Anthony frustrado, sacudiendo sus largos cabellos, podía verse en sus ojos la tristeza y la soledad en la que había vivido, lo mismo que ella, quien desde la desaparición de Albert vivía prácticamente sola.
-Es necesario que hablemos… - Dijo Elroy segura de hablar con su nieto de todo lo que sabía. Ahora ella sería la encargada de decirle todo lo que sabía, cuando en el pasado ella misma había guardado información importante.
Anthony la miró con cansancio, sus ojos pesaban, tenía más de cuarenta y ocho horas sin dormir y necesitaba un descanso.
-Mañana… por favor… - Dijo Anthony con tranquilidad, sabía que Elroy no estaría de acuerdo, pero al mismo tiempo creía que por las buenas cedería un poco.
-Ni siquiera para hablar de ella… - Dijo Elroy con determinación. Anthony se detuvo en las escaleras y con fuerza presionó el pasamanos de herrería que adornaba la majestuosa escalera.
-No tienes derecho a mencionarla… - Dijo Anthony seguro que se refería a Candy.
-Anthony, Candy está con vida… - Dijo Elroy con la esperanza de que su nieto pusiera atención a sus palabras.
Continuará…
Hola hermosas! Creo que ahora no me retiraré lentamente porque ya me reclamaron jajaja. Solo fue una expresión para decir que me iba en silencio después de la bomba que solté, no porque me retiraba de escribir, sé que un día lo haré... pero no sé aún cuando, tal vez pronto se acaben las ideas o ya no tenga ánimo de hacerlo, pero por lo pronto se aguantan jajajaja.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
Julie-Andely-00:
Hola hermosa, ¿Cómo está? Un gusto leerte, así es Candy salió con su hijo huyendo de esta mujer, pero la buena noticia es que Anthony regresó ya! ni sentimos el tiempo separados! ya faltan unos días para que se encuentren, es la magia de las historias no?
Amiga, te mando un fuerte abrazo, gracias por comentar!
TeamColombia:
Hola hermosas, siento su confusión creo que la mayoría de ustedes no comprendió mi último comentario, era como decir "Me retiro discretamente para que nadie me vea y me reclame" algo así como lo explicó ViriG jajaja. Pues Anthony se fue, pero ya está de vuelta, así que no me lloren jajaja pronto estará junto a Candy... pronto... en unos dos o tres capítulos más... no recuerdo jajaja, espero que sus uñas sigan creciendo, póngase ajo para que no se las continúen comiendo jiijijii.
Amigas, muchas gracias por leer y por comentar! adoro que lo hagan, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
gidae2016:
Hola hermosa! ¿Cómo estás? una pregunta ¿La amenaza era para mí? eso de corre para que no te alcance? creo que a la otra me retiro rápidamente? jajaja lo siento! no quería que sufrieras, bueno un poco, por eso ya subí pronto el siguiente jijiiji.
Amiga, te mando un fuerte abrazo, espero que te haya gustado el capítulo!
Rose1404:
Hola hermosa! Espero que estés muy bien tú y tus pequeños bebés, siento leer que estás en cuarentena ojalá que al día de hoy estés mucho mejor.
Cuando mencionaste que te gustaba cuando en las historias sucedía que conocían a su hijo después de algunos años pensé "Creo que esta historia le gustará" porque ya tenía esa idea desde que se me ocurrió esta historia, y aunque sabía que iba a tener reclamos no podía cambiarla a última hora, lo del nacimiento de Alexander si puedo ponerle el 22 para que coincida con el de Anthony jijijiji.
Hermosa te mando un fuerte abrazo y un beso tronadísimo para tus peques, mil gracias por comentar.
Cla1969:
Ciao stupendo! Spero che siate più tranquilli dopo due giorni di angoscia per la partenza di Anthony. Giuro che leggendo la traduzione su Google del tuo commento non ho capito molto, la cosa buona è che ora per me le fanfiction si traducono molto meglio, il problema sarebbe che non capisci cosa voglio scrivere ahahah, io mi scuso se c'è qualche incoerenza. Bellissimo, Anthony è tornato... cinque anni dopo, ma che bello non sembrava il momento! beh Candy deve averlo sentito... povero...
Spero che questo capitolo vi sia piaciuto, vi mando un grande abbraccio, bellissimo!
Saluti!
María José M:
Hola hermosa! Mil gracias por tus lindos deseos, me alegra saber de ti, comprendo y me alegro que tu ausencia haya sido para agasajar y disfrutar a tu familia, créeme yo habría hecho lo mismo hermosa, ya me dio hambre con tanta cosa tan rica que preparaste, por lo menos ¿Eres buena cocinera? pregunta seria jajajajaja.
Pues Anthony si se fue... pero ya regresó... lo bueno que fue de un capítulo para otro uf! de lo contrario me hubieran colgado, ya solo faltan días para que se vean, en dos o tres capítulos se reencuentran, o yo creo que menos... cinco tal vez jajajaja (chiste local) jajajaja.
Amiga, te mando un fuere abrazo, mil gracias por comprender mis locuras, te quiero mucho y es verdad que se llega a formar un vínculo especial aunque sea virtual.
Saludos!
Mayely León:
Hola hermosa! Espero que ya estés mucho menos ansiosa, el rubio ya regresó, se fue en el otro capítulo, pero ya volvió en este jijijji. La historia estaba pensada así desde un inicio y por esto tenía muchísimo amor desde el principio para compensar el nudo de la historia, que esta vez reconozco que si lo apreté, pero ya está de nuevo y volverá a la carga con mayor fuerza, lo prometo.
No te prometes, como dije arriba no me refería a que retirare de la historia, pienso terminarla, por el momento esta está todavía en proceso. Te mando un fuerte abrazo amiga.
Saludos!
P.D. ViriG acaba de publicar una historia con Anthony, para que que no te quejes que somos pocas las escritoras de este maravilloso rubio jijijijiji (Espero que si sea Anthonyfic)
ViriG:
Hola hermosa! ¿Ya pudiste entrar? vi que el otro comentario ya lo hiciste desde la cuenta! que bien! me alegra que si lo hayas conseguido.
Me encantó el meme! a mí también me sorprendió! te iba a responder ahí pero es mi cuenta personal y mejor lo hice en privado jajaja.
Anthony no se enlistó en la guerra, simplemente se fue, el detalle fue que se quedó directamente en el puerto, jamás salió de ahí, aprovechó los barcos de su papá y vivió de sus rentas jajaja. Hay te entiendo! Te juro que yo misma cuando leo el capítulo antes de subirlo me estreso! jajajaja y yo lo escribí! pero no puedo evitarlo, es algo así como lo que tú tienes con Tom jajajaja.
Recuerda que Elisa se va, pero Tom también se irá con Annie y Candy, oséase que estará más cerca de la chica burguesa jijijiji, por ahí va la cosa, solo que aún no escribo esa parte, te enviaré un mensaje cuando lo haga jajaja pero sin spoilers jajaja.
Te mando un fuerte abrazo hermosa! que bien que tu lobita esté feliz con su juguete jajaja.
Saludos!
P.D. Se nota que eres mexicana jajaja tú si me entendiste con lo último que puse, gracias por explicarlo, no pensé que levantaría tanto revuelo entre las chicas de Colombia jajaja.
P.D.2: Ya vi que publicaste una nueva historia! ¿Es Anthonyfic? Sí!
Guest:
Hola hermosa, gracias por tus flores, mi comentario simplemente fue alusión de que me retiraba discretamente para no recibir reclamos, solo eso.
Te mando un fuerte abrazo.
Luna Andry:
Hola Luna! Hermosa también entiendes esa forma de retirarse, sé que hiciste lo mismo jajajaja
Efectivamente Anthony abordó... pero ya llegó! solo se fue un capítulo jijijiji y ya está de vuelta en este, es la magia de la escritura jajaja. Sí pobre Candy, creo que ha sufrido mucho, pero tengo que reconocer que en tu historia si fue error de ella, en la mía es por la maldita Elroy que anda muy intensa, tengo que trabajar en ello jajajaja.
Tom sintió bonito al pensar en Elisa soltera, como él mismo pensó en que le gusta domar a las potrancas salvajes jajaja una Elisa cualquiera, a ver cómo le va con ella, pobre Tom yo si lo compadezco jajaja.
Hermosa, ojalá que si haya llegado inspiración para una nueva historia o por lo menos para continuar las dos que tengo iniciadas y por el momento en pausa, quiero terminar esta por lo menos antes de continuar con otra, no vaya a ser que me confunda, ya me sucedió cuando escribí La matriarca de los Ardlay junto con Entre Cartas y Mentiras, las lectoras se confundían y casi estaban como la India Yuridia "Cómo que la mató si fue gol?" se preguntaban y yo ups!
Amiga te mando un fuerte abrazo,
Saludos!
Hola a mis lectoras silenciosas, espero que este capítulo les haya gustado y sobre todo que lo hayan disfrutado, el regreso de Anthony es un alivio para todas. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
GeoMtzR
09/01/2025.
