Y volvemos con un nuevo episodio. Cuando publiqué este texto hace tiempo, mi madre y yo salimos a un Santuario en la costa y es triste comprobar que no todos se preocupan por el medio ambiente. Recordemos respetar la naturaleza.
Capítulo III
- ¿Nene, estás bien?
- ¿Princesa, nos escuchas?
Un pez con bigotes y un pez con un lazo rojo observaban inquietos a la pequeña. La Sirena posó su aleta en la frente de ella con ternura.
- ¿Te sientes mal, querida? -inquirió con voz dulce.
-No, sólo estaba pensando, lamento haberles preocupado.
Las jornadas siguientes Nene a menudo recordaba a los humanos. Una noche no aguantó más y fue a la costa a intentar recopilar información sobre esas personas. Como hacía frío, su cardumen se puso a resguardo en una cueva y la tibieza del interior adormeció a todos. Se enteró por las pláticas de unos pescadores, de unas familias y de algunas parejas de enamorados que el príncipe Amane y los suyos vivían en un reino llamado Kamome.
-He crecido rodeada de afecto, hay otros seres que necesitan apoyo. No puedo permanecer sin hacer nada al respecto.
-Tal vez puedas actuar.
- ¿Quién habla? -preguntó Nene, estupefacta, sentada en una piedra junto a un lecho de corales bajo el mar.
-Alguien que ha notado la pureza de tu corazón -dijo la voz. La pececita descubrió un frasco diminuto de vidrio que contenía lo que semejaba leche fresca. Brillaba con tal magnitud que más de alguien hubiera jurado que parecía una estrella que descendió del cielo.
-Si tomas la pócima, te convertirás en humana. Eso sí, experimentarás profundo sufrimiento, como si te atravesaran con el filo más fuerte. En caso de estar dispuesta a reencontrarte con los habitantes de la superficie, tienes plazo hasta mañana para consumir el líquido.
Nene giró la cabeza de un lado a otro, mas no vio a nadie. Se asomó a la entrada de la caverna, lanzó muy triste unos besos y se retiró sin mirar atrás. Durante unas horas, nadó en silencio por los lugares que había visitado y estuvo rezando en la sepultura de sus padres tras dejar una ofrenda floral. Por casualidad, sus orbes se posaron en el recipiente. Recordó las palabras de la enigmática criatura y la imagen de Amane decidido a hallar a Tsukasa le infundió valor.
Ya salía el sol al asomarse Nene a nuestro hábitat. Distinguió un palacio sobre una colina y un poco más allá, una bahía de arena clara. Acercó la ampolla a su pecho, buceó hacia la orilla, respiró profundamente, abrió el envase en silencio y bebió el filtro.
-¡KYA!
Un dolor intenso se apoderó de Nene y soltó la botella haciendo esfuerzos por aguantar el suplicio.
-¡Akane-kun, veo algo! -exclamó una muchacha.
-¿Qué pasa, Aoi, Akane? -interrogó, sereno, un joven.
-¡Yamabuki, hay una persona tendida! -dijo otro mozo.
Nene contuvo las lágrimas, no pudo reprimir que se cerraran sus ojos, alcanzó a notar que la levantaban con cuidado y la cubrían con una manta y ya no supo más.
