"Pegaso, nunca lo olvides, elegiste la oscuridad por voluntad propia"

Koga parpadeo, saliendo del estupor en el que se encontraba, era temprano en la mañana y estaba sacando una sartén del horno cuando fue invadido por un pensamiento.

Sus ojos fueron a parar en la puerta de la habitación que compartía con Yuna, quien seguía dormida.

Se había levantado temprano e inmediatamente se encamino hacía la cocina con la intención de sorprender a su novia.

No era su aniversario, el cumpleaños de ella o alguna ocasión de ese estilo, de ser ese él caso probablemente lo habría olvidado, simplemente quería hacer algo lindo por ella.

Había pasado un tiempo desde la última vez que esas palabras cruzaron por su cabeza.

Si cerraba los ojos las imágenes llegaban a él con total claridad.

Ser separado de Souma y los demás por un muro de agua, la resurrección de los cuatro reyes celestiales de Marte, como había sido aprisionado y la única forma de liberarse era usando el cosmo de la oscuridad.

Como había sido obligado a ver a sus amigos peleando contra los dioses de la guerra.

Yuna estrellandose con el suelo, una lanza de energía oscura a punto de acabar con su vida.

La decisión que llego a tomar, el cosmo de oscuridad fluyendo a través de todo su ser.

Los recuerdos de la batalla contra Abzu iban y venían, a veces con más frecuencia de la que a él le gustaba.

Lo peor era cuando volvían en forma de pesadilla.

Cuando eso pasaba, el caballero de Pegaso no podía evitar despertar gritando.

Para su buena suerte, Yuna siempre estaba ahí para confortarlo.

No existían palabras para expresar lo agradecido que se sentía de que ella siguiera cumpliendo la promesa que le había hecho, incluso después de tantos años.

Tenía la sensación de que esos recuerdos lo atormentarían toda la vida.

En algunas ocasiones todavía podía percibir la sensación de sus puños impactando contra el cuerpo de sus amigos, hiriéndolos, sin que hubiera nada que pudiera hacer para evitarlo, por mucho que ellos intentaran asegurarle que no era su culpa.

Tenía razón, había elegido la oscuridad por su propia voluntad.

¿Podían culparlo? era eso o perder a la gente que amaba.

Él mismo lo había dicho, no podía abandonarlos.

Al final, ellos tampoco lo abandonaron.

"Buenos días"

La voz de Yuna lo tomo por sobresalto, estaba tan inmiscuido en sus pensamientos que ni siquiera había notado cuando la puerta de su habitación se abrió.

"Buen día" respondió sin mirarla a los ojos.

"¿Dormiste bien?" había tomado asiento en la barra de la cocina, su mirada intentaba clavarse en la suya, pero estaba ocupado buscando algo en el refrigerador (y evitándola).

"Sí, ¿que hay de ti?" Se le estaba haciendo difícil entablar conversación con la caballera de Aguila, era responder con otra pregunta o decir directamente "Dormí bien, luego me levante, fui a la cocina y termine siendo asaltado por recuerdos de la vez en la que casi te mato mientras estaba poseído por un dios de la oscuridad".

Difícilmente era una buena forma de empezar su día.

"Dormí bien, lo malo fue que no estabas cuando me levante" tenía una facilidad para hacer que todo lo que saliera de su boca lo cautivara, incluso si lo hacía de manera inocente.

En lo que hablaban Koga había servido un vaso con jugo de naranja fresco y cortado un pedazo de la frittata que había sacado del horno, la cual coloco en un plato enfrente de Yuna.

La observo mientras comía, cada detalle de su rostro, sus ojos, su cabello rubio que se veía bien incluso estando desaliñado y el como su boca se movía mientras masticaba.

De verdad era un suertudo por tener a una mujer tan hermosa a su lado.

"¿Tengo algo en la cara?" cuestiono al notar como la miraba fijamente.

"No, nada, solo te admiraba" respondió sinceramente.

"Primero el desayuno y ahora cumplidos, si piensas que lograras algo con eso estás en lo cierto" dijo con una sonrisa.

Ahora su mente estaba libre de dudas.

"Pegaso, nunca lo olvides, elegiste la oscuridad por voluntad propia"

Sí, lo había hecho una vez.

Y volvería a hacerlo.

Ella lo valía.