Hola de nuevo, se reporta Fernanda. Por motivos de fuerza mayor, no serán tantos capítulos, gracias por comprender. El golpe que le da Nene a nuestro séptimo misterio es el mismo que en el primer capítulo del anime (perdón, pero esa parte me dio risa).
Capítulo IV
- ¿Ella se pondrá bien?
-Calma, princesa, seguro que va a despertar luego -dijo Teru cargando a su hermana.
Yako le puso un paño en la frente.
-Pobre muchacha, a saber que ha pasado que estaba sola en la playa.
- ¡Parece que se mueve!
Aoi tomó compasiva una mano de Nene.
- ¿Dónde me encuentro? -preguntó ella en tanto Akane le arreglaba las almohadas.
-Usted ha arribado al reino de Kamome, sea bienvenida -sonrió Kodama.
-Puedes estar tranquila, nadie te hará daño -el profesor Tsuchigomori le ofreció un vaso de agua. Nene bebió agradecida, sin atinar a explicarse porque sentía sed.
Todos procedieron a presentarse por turnos, sonriendo con simpatía a la forastera. Por casualidad, vio su reflejo en un espejo con marco de plata: ostentaba ahora la apariencia de una virgen con grandes ojos magenta que mostraban acentos naranja y amarillo y suave cabello hasta la cintura de color crema claro, que gradualmente se desvanecía en un verde azulado en las puntas.
-Es extraño, tengo la impresión de que hemos tenido contacto -dijo Amane.
- "Si ustedes supieran" -musitó para sus adentros la doncella.
Con inocencia, Nene se sentó en el borde del lecho, apartó la sábana y lanzó un grito de júbilo al advertir sus piernas (y las mujeres cubrieron los ojos de los hombres).
-¡Sí, lo logré!
-Te pareces a… -dijo el príncipe, pensativo.
-"¿Será qué me divisó cuando lo dejé en la bahía?" -Nene tragó saliva, un tanto nerviosa.
- ¡Te pareces a un rabanito! -señaló el chico indicando sus piernas con un ademán pícaro.
- ¡Que grosero! -la pez transformada lo atacó.
- ¡Aprende a respetar a una dama! -se enojó Kou.
- ¿Le llamaremos superior rabanito? -habló Sousuke.
-Mi nombre es Nene Yashiro -intentó ponerse de pie, como no estaba acostumbrada a caminar, casi perdió el equilibrio y Shun y Yomogi le brindaron ayuda, lo que la joven agradeció con dulzura.
- ¡Hola! ¿Quieres un caramelo, señorita? -los mokkes aparecieron de improviso con un cuenco repleto de dulces.
-Ay, que educados sois, no como otros -miró de soslayo al heredero al trono. Los seres repartieron golosinas a los presentes y después se ubicaron junto a Tiara, quien les cubrió de caricias.
-Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites -Amane le dedicó una gentil reverencia.
Muy pronto la hermosa criatura se adaptó a su nueva vida y se ganó el aprecio de los demás. Por las mañanas asistía con entusiasmo a las clases de Ryūjirou y cuando se hizo evidente que tenía talento para la costura, se le encargó el arreglo de telas. Acompañó a Amane a visitar la tumba de sus antepasados y pensaba en sus progenitores. Por las noches, cuando sus amigos se entregaban al sueño, paseaba por la costa, recordando al cardumen.
- ¡Señora! ¡Adorado clan!
En una ocasión, los peces se asomaron a la superficie y nadaron emocionados hacia la chica. La Sirena permaneció a la distancia, con expresión seria, suspiró y al cabo de un rato se unió al grupo.
- ¿Te han tratado bien, querida? -inquirió.
-Sí, no me han manifestado más que cordialidad.
-Tú nunca te acercaste al mundo humano, Nene, no voy a negar que te echamos de menos, no obstante, un delfín dijo que un niño lo había auxiliado. Planeo dar una oportunidad...
- ¿Yashiro, con quién platicas?
Nene volteó y distinguió la silueta de Amane a escasos metros. Los animales se zambulleron y luego emergieron lentamente tras unas rocas.
- ¡Hanako-kun! No esperaba verte, ¿han tenido noticias de tu hermano? -se sonrojó Nene.
-No, nada -agachó la cabeza.
Los habitantes del océano dirigieron ojeadas de misericordia. Incluso la Sirena experimentó piedad.
-Mis padres nos traían a veces a Tsukasa y a mí a esta cala. Los extraño demasiado. Pese a sus obligaciones, buscaban tiempo para nosotros. Y compartíamos rosquillas.
Sólo entonces la pececita se fijó en que llevaba un cesto, del que el mozo extrajo donuts.
- ¡Que buen sabor! -alegremente probó una.
- ¡Una estrella fugaz! -Amane señaló las alturas.
- ¿Qué es una estrella fugaz? -Nene trenzó su cabellera.
Los afuerinos marítimos contemplaron atónitos la conexión de la pareja.
-Yo perdí a mi familia, tuve la bendición de conocer a unos cuidadores maravillosos que me prodigaron su afecto.
-¿Deseas reunirte con ellos? -el niño clavó sus orbes en las pupilas de la fiel amiga.
-Yo sé que entenderán que aquí me necesitan, después estaremos juntos -Nene observó con disimulo a sus cercanos, quienes asintieron comprensivos.
-Por favor, cuiden de nuestro tesoro -imploró la líder en un tono humilde-. Confiaremos en ustedes.
