Ya falta poco para el desenlace, pido que tengan paciencia. No estoy segura del aspecto del ente de la casa de los Yugi en el manga y el anime, así que lo dejaremos como alguien con capa en este relato.
Capítulo VI
-Pst, pequeña, estamos acá.
- ¿Qué haces? -preguntó Akane a Nene cuando ella se acercó a una poza.
-Les presento a mis amigos -señaló al cardumen, emitió un ligero suspiro y contó la historia completa.
-Gracias por cuidar de Yashiro -dijo Amane y todos reverenciaron a los peces.
-No, somos nosotros quienes agradecemos lo que han hecho por la princesa -dijo el pez con bigote.
-La verdad es que os debo una disculpa, damas y caballeros, me convencí que las personas eran despreciables -la Sirena posó una aleta en la mano de Nene-. Lo menos que puedo hacer es detener el tsunami.
- ¿Pero vais a estar bien? -Yako se asió de un codo del maestro y no se dio cuenta de que él se ruborizaba.
-No tenga miedo, señorita, habrá tiempo para que se dirijan a un lugar seguro -dijo el pez con lazo rojo. Nene los rodeó con sus brazos.
-Mi valeroso clan, los quiero.
-Menos palabras y más acción -dijo la Sirena tras besar el pelo de su protegida.
-Ella tiene razón -Teru alzó a Tiara y procedió a dirigir la evacuación con Amane, Kodama y Ryūjirou. Los animales de Kamome también se unieron a la procesión a unos cerros.
Sakura ofreció leche tibia a los niños. Ella y Natsuhiko explicaron que eran compañeros de estudios y su aldea había sido arrasada por piratas, siendo los únicos en sobrevivir por encontrarse becados en un establecimiento lejano. Desde entonces buscaban un lugar donde asentarse.
-Estamos en deuda con vosotros -habló Tsukasa.
-Podéis quedaros en Kamome si así lo deseáis -Amane los abrazó.
- ¿Nadie se opone? -interrogó Natsuhiko, sentado al lado de Sakura.
- ¡Nadie! -exclamaron al unísono los habitantes.
-No somos dignos de vuestra hospitalidad -dijo la bella muchacha.
-Tsukasa, ¿dónde estuviste? -Amane posó las palmas con delicadeza en los hombros de su gemelo.
-Yo puedo aclarar las dudas.
Los presentes, estupefactos, vieron avanzar a un encapuchado.
- ¡Usted! -exclamó Tsukasa, perplejo.
El mayor se colocó protector delante del menor.
-Quietos -con un chasquido, hizo que cada criatura quedara atada por unas cintas y unos rayos cayeron sobre las pobres almas.
- ¡Déjalos en paz! -rogó Amane.
-Había afirmado que nadie iba a ser lastimado -unas lágrimas rodaron por las mejillas de Tsukasa.
-Bah, es porque han de perecer -hizo un gesto de desdén que provocó escalofríos a algunos.
- ¿Por qué hace esto? -preguntó Aoi, arrodillada al lado de Akane.
-Verán, yo supe de la prosperidad y felicidad de Kamome y me gané la confianza de sus regidores, confiado en que me nombrarían su sucesor, hasta que circularon rumores de que la reina se hallaba encinta. Solicité permiso para realizar un viaje y mandé una misiva para hacer creer que había fallecido.
-Mi padre me hablaba de un hombre que fue recibido con los brazos abiertos en palacio y era muy apreciado, después se marchó y los soberanos lamentaron que expiró en un accidente -recordó el tutor.
-Indagué con mis poderes que el primogénito no gozaba de buena salud y la familia realizó un viaje poco antes del último cumpleaños de los herederos para un tratamiento -prosiguió el desconocido-. Amane dormía, recuperándose de una fiebre, Tsukasa oraba en su camarote y se me ocurrió convencerlo de que podía ayudar a su hermanito adorado. Luego lo dejé desvanecido y decidí sacrificarlo a futuro.
Las miradas de reproche no se hicieron esperar.
-No esperaba que el pequeño enfermizo lograra aferrarse a una tabla en el naufragio que causé. En lo que se refiere a sus antepasados, aproveché que descansaban para verter veneno en sus orejas y sus cadáveres llegaron al muelle. Si de algo consuela, los decesos fueron rápidos -soltó unas carcajadas crueles.
- ¡Monstruo! -los mokkes trataron de enfrentarlo. Él los detuvo.
- ¡Asesino! -gritó Amane.
-Papá… Mamá… -balbuceaba Tsukasa.
- ¡Ellos te estimaron! ¿Cómo no te da vergüenza causar tanto dolor a inocentes? -se indignó el profesor Tsuchigomori.
-Si van a culpar a alguien, responsabilice a los mocosos, no debieron existir.
- ¡No lo escuchen, Hanako-kun, Tsukasa-kun! -Nene los observaba, apenada.
-Sea como sea, es hora de que digan sus últimas palabras. No habrá más dinastía Yugi, la preciosa localidad de Kamome y sus riquezas serán mías para siempre. Haré hoy lo que no hice hace trece años.
-Haz conmigo lo que desees, pero no toques a nadie más -Amane se enderezó.
- ¡Hanako! -Kou trató de acercarse.
- ¡Alteza! -exclamó la muchedumbre.
- ¡Amane! -Tsukasa se allegó.
-Ha sido una bendición ser vuestro príncipe. Tsukasa, no dudo de que serás un magnífico monarca. Jamás olviden que os amo -se inclinó, ceremonioso.
Sus pupilas se posaron en Nene
-Me hizo feliz tener la oportunidad de conocerte, Yashiro.
-No, Hanako-kun, no lo hagas -sollozó la doncella.
-Yashiro, la verdad es que yo… -el doncel iba a agregar algo y el mago interrumpió.
-Acabemos con esto.
- ¡HANAKO-KUN!
Amane había cerrado los ojos, esperando sereno la muerte y los abrió al oír la voz de la virgen.
- ¡Superior!
- ¡Nene-chan!
- ¡Yashiro-san!
- ¡Superior rabanito!
- ¡Nene-san!
-¡Señorita!
La niña se interpuso y recibió una puñalada en el vientre. Los otros quedaron libres de sus ataduras y Amane la recibió en sus brazos.
-¡YASHIRO!
-Que patético, jóvenes y enamorados -se burló el agresor.
-¡Calla! -el docente lo abofeteó.
-No logro detener la hemorragia -confesó Yako, presa de impotencia.
Por doquier se oían lamentos. Los adultos intentaban reconfortar a los niños.
-Yashiro, responde, no nos dejes, por favor -Amane la tendió y procedió a hacer masaje cardíaco. Unas gotas cayeron sobre el rostro de Nene. El pedagogo lo apartó con suavidad.
-Lo lamento -susurró Tsukasa colocando una manta sobre ella.
-Listo, ya no habrá riesgo de tsunami -dijo el pez con bigote. Los peces flotaban en una burbuja que parecía concentrar las tonalidades del arco iris.
-¿Qué ha pasado? -el pez con lazo rojo los contemplaba, turbado.
-¡Nene! ¡Nuestra Nene! -lloraba la jefa.
-A veces el destino no se puede cambiar -dijo el educador.
-Si se puede -Amane se limpió los orbes y la multitud ahogó un grito. Una luz extraña recorrió el cuerpo de la chica y se elevó en una columna.
-¡Yashiro! -Amane extendió un brazo en dirección a ella y la voz gélida musitó:
-"Si decides venir por ella, sigue la senda lunar".
