Forbidden Love
2
Kakashi-sensei, tengo miedo. Recuerdo haberle dicho eso aquella vez. Me cerré ante el mundo y me enfrasqué tanto en el trabajo que comencé a sufrir de migraña. Pero en mi mente se rebobinaba una y otra vez aquel beso que me había dado justo a las dos de la mañana frente a mi casa. Después de eso, obviamente hablamos, y dije algo que terminó por alejarnos sin haber iniciado nada. Lo último que me había dicho era que lo buscara si estaba decidida a estar con él, que estaría dispuesto a estar conmigo sin importar los años que nos separaban. Y yo lo había arruinado otra vez.
Naturalmente, Ino lo supo, y con lo irreverente que es...
—Dios mío, frentona. Primero Sasuke ¿y ahora Kakashi-sensei? Qué suerte tienes, amiga; ve por él sin dudarlo. —Le conté por teléfono en uno de esos huecos de tiempo libre que encontraba en el trabajo. Lo supo exactamente el lunes, antes de hoy, el viernes en la noche donde me decidí a buscarlo. Esa era la razón por la que yo había terminado en esta discoteca. Como dije en un principio, Ino era más adepta que yo a salir de fiesta; su trabajo como florista se lo permitía. Los médicos no teníamos tiempo ni para darnos un baño de espuma relajante por horas.
Ino había venido a esta discoteca varias veces y vio a Kakashi en la mayoría de sus visitas. Me habló de aquel lado que yo desconocía y esto se me hizo malditamente atractivo. Treinta y ocho años, alto, guapísimo. Más inteligente que cualquiera y codiciado por muchas mujeres. Kakashi había sido mi sensei en la universidad y en la vida. Pero comencé a comprender que me gustaba cuando el largo duelo por la relación que sostuve con Sasuke finalizó. Por fin volví a ser feliz sin un hombre. Sin embargo, mi gusto hacia mi maestro siempre lo tomé como un crush; nunca imaginé que habría una posibilidad con él. Nos volvimos a encontrar gracias a que un año atrás se había convertido en jefe de planta en el hospital para el que yo trabajaba como residente. Entendí que habían comenzado a gustarme los hombres, no los niños tontos como mi exnovio. Y yo me había convertido en una mujer cuando vi su rostro sin esa molesta máscara que usaba a diario; eso ocurrió un día que me invitó a desayunar.
—Sakura, soy un hombre de pocas palabras, pero desde que llegué a este hospital me parece que estás más hermosa que nunca. —Me confesó mientras cortaba el tocino que le habían servido. Lo miré con sorpresa; sé que mis pupilas se dilataron y sé que mi sensei no decía cosas por decirlas. Yo ya no creía en lo que Sasuke me dijo alguna vez en el pasado sobre mi físico, lo cual era una buena señal, así que decidí creer en las palabras que ahora me decía mi ex-sensei.
—Sensei… Yo nunca te he visto sin la mascarilla. Me siento feliz de saber que era tal y como lo imaginaba. —Correspondí sin pensar en las consecuencias de mis palabras. La consecuencia fue que, después del desayuno cuando estaba a punto de irme, me invitó a salir.
—Te conozco desde hace años. Salgamos mañana en la tarde, conozco un sitio encantador. —Le dije que sí, sin peros y sin reproches. Pero en el fondo sabía que debía hacerme un poco la difícil. No quería ir tan rápido, además temía que todo saliera mal. Nunca había salido con un hombre tan mayor, y ya conocía el sufrimiento que tuvo que atravesar Hinata, una de mis amigas residentes, cuando salió con Genma Shiranui, un tipo que solo la utilizó y que al final resultó casado. Acordamos que me recogería en mi casa a la una de la tarde para dirigirnos a un restaurante a las afueras de la ciudad. Pero, pese a que había dicho que sí a la cita, la cancelé antes de la hora pactada. Le mandé un mensaje a las once de la mañana, profundamente apenada.
Kakashi, no podré ir a verte. Nos vemos mañana en el hospital.
No respondió ese mensaje y tampoco lo vi al día siguiente. No me lo crucé en el hospital como por una semana, y la verdad no se me hacía extraño; su trabajo era extenuante. Pero sí debo admitir que me dejó en vilo.
¿Había yo arruinado una gran oportunidad?
Un viernes cualquiera, me lo encontré en la cafetería del hospital; tomaba café y leía uno de esos libros que a él le gustaban: Literatura erótica. Pese a que la única parte de su rostro visible eran sus ojos, se veía impasible. Decidí saludarlo.
—Kakashi-sensei, buenos días. Qué bueno verte por aquí. —Él no me miró, pero correspondió a mi saludo.
—Buenos días, Sakura.
Honestamente, no sabía qué más hacer; me sentía apenada por lo de la última vez, pero me parecía adecuado saludarle. Me senté en una silla y me dispuse a revisar un par de papeles pendientes para mis rondas hospitalarias. Sentí la mirada del peligris sobre mí todo el tiempo. Cuando dirigía mi mirada hacia él, este la trasladaba a su libro. Y yo sonreía. Después de un rato, nuestras miradas finalmente se cruzaron. Hubo un corto silencio, pero él detuvo la batalla de miradas sentándose junto a mí. Temblé.
—Perdóname por cancelar la cita. —Solté, con pena.
—No te preocupes. —Respondió enseguida, con un tono de voz relajado y sin dejar de mirar su libro.
Otro silencio. Maldita sea, me sentía muy nerviosa, había mucha tensión. Continue revisando mis papeles. Miré mi reloj; se me hacía tarde.
—Ah, iré a mi próxima ronda. —Me puse de pie y alisé mi falda. —Hasta pronto, Kakashi sensei. —Me despedí. No dijo nada. Cuando me di la vuelta, me llamó.
—Sakura, date la vuelta. —Me sobresalté y lo encaré. Dejó su libro a un lado y se levantó, acercándose a mí. Miro mi escote y me sentí confundida.
—Tienes una mancha de café en tu uniforme; será mejor que te cambies. —Bajé mi mirada y efectivamente, ahí estaba una gran mancha café. Quería que me tragara la tierra. ¿Cómo no me había dado cuenta?
—Gracias por decirme. —Hui despavorida a cambiarme. Lo atribuí a las obligaciones del trabajo, a tener la cabeza en otro lado. Traté de olvidarme de eso lo antes posible.
Una semana después, bastante tarde por la noche, me lo volví a encontrar en la cafetería. Esta vez procuré tener mi ropa limpia a pesar del día tan agotador que había tenido. Estaba sentado y seguía leyendo el mismo libro, pero estaba próximo a acabarlo; lo deduje porque le faltaban tan solo un par de páginas. Sin temor, me hice a su lado.
—¿Qué tal pinta ese libro? —Pregunté mostrando interés. Me miró de reojo.
—Hola, Sakura, ¿qué haces aquí tan tarde? —Evito mi pregunta. Una gota de sudor se asomó por mi frente.
—Eh… Ya prácticamente acabé. —Le respondí. El suspiro y cerró su libro.
—El libro es bastante interesante; ya sabes, es un libro pornográfico. —Se rió con picardía. Rodé los ojos. Note que esta vez sí se sentía animado de hablar. Al parecer, había olvidado mi desplante.
—Lo sé, jamás los he leído. Quizá aún me falta vivir cosas para entenderlos.
—Para nada, no tienes por qué haberte acostado con miles de personas para entenderlo. Es algo que va más allá… —Esa última parte no la entendí.
—Quizás. He notado que eres muy fan. —Comente acariciando un mechón de mi pelo. Sacó un cigarrillo del bolsillo de su camisa y lo sostuvo en sus manos un rato sin encenderlo. Yo nunca le había visto fumar, pero ahora, en este ambiente donde se suponía que éramos compañeros de trabajo, tenía un aire distinto; no se sentía como algo prohibido.
—He leído a Jiraiya como desde mis veinte, y la verdad es que nunca me cansaré de leerlo. Es un estilo de vida. —Hizo una pausa. —¿Quieres salir al balcón? —Me preguntó al final, poniéndose de pie. Accedí. Lo seguí y subimos la última escalera que habia en el edificio del hospital; el ascensor no era necesario.
El balcón quedaba en el último piso; allí nos apoyamos en unos barandales iluminados con unas luces amarillas, la vista de la ciudad era espectacular. Me di cuenta de que éramos los únicos allí. Se retiró su mascarilla, encendió el cigarrillo y le dio una profunda calada. Lo observé en silencio.
—¿Cómo ha sido tu estadía en el hospital? —Pregunté, interesada. Él miraba la ciudad; se tardó en contestar. Me sentí tonta, no sabía qué otra pregunta hacerle.
—Ah… Pues ha estado bien. —Respondió sin brindar muchos detalles. Sé que no pretendía ser cortante. —Me gusta venir acá a fumar, aunque no debería. ¿Tú fumas? —Observe el humo de su cigarro y trague saliva.
—Realmente no, pero dame uno. Quiero fumar. —Le pedí. Él sonrió de lado y sacó de su bolsillo otro cigarrillo, me lo extendió y yo lo tomé con dos de mis dedos. Yo ya había fumado antes, pero no era un hábito en mí. Es decir, me parecía completamente ilógico que un médico fumara.
Él me ayudó a encenderlo y le di una corta calada.
Nos quedamos observando la ciudad unos minutos sin decir absolutamente nada. Yo no sabía qué decir o qué hacer, pero parecía que él prefería estar callado y disfrutar de la hermosa vista.
—Sakura, ¿quieres ir a cenar algo cuando termines? Sé que es medianoche; podemos cenar algo ligero para que no te vayas a dormir con el estómago vacío. —Su invitación me emocionó; quizá podría remediar mi desplante aceptando.
—Por supuesto que sí, Kakashi-sensei. De hecho, ya terminé mis rondas; solo debo organizar algo y podremos partir. —Ante mi respuesta, me guiñó el ojo. Mi piel se erizó con ese coqueto gesto.
Después de organizar algunas cosas para el día siguiente, agarré mi mochila y bajé al sótano del hospital donde él me esperaba. Ya tenía el auto encendido, así que entré y me senté justo en el asiento del copiloto. Se había vuelto a colocar su máscara. Cuando arrancó, encendió la radio; sonaba música j-pop de moda.
—Conozco un lugar que está abierto las 24 horas, pero está algo lejos.
—No importa, vayamos. De todas maneras, todo está cerrado a esta hora.
Durante el camino me habló sobre sus perros, sobre plantas y me dijo que amaba salir a esa hora. Sentí que por fuera del hospital soltaba más la lengua y eso me encantó. Quizá él solo pretendía ser profesional dentro del trabajo. Yo le conté sobre una gata que había adoptado y sobre un percance que tuve con un paciente durante el día.
—Llegamos. —Apago su auto, se bajó el primero y me ayudó a salir con delicadeza. Era inevitable pensar en el idiota de Sasuke y decirme a mí misma: ¿Qué mierda hacías con ese tipo, Sakura? Sasuke ni siquiera tenía este gesto tan sencillo conmigo.
El lugar era enorme y, curiosamente, quedaba cerca de otro hospital. No estaba muy lleno, pero había gente, lo cual me sorprendió por la hora. Tenían diferentes menús, así que opté por una ensalada. Kakashi me miró de reojo.
—Sakura, eso no te va a alimentar. ¿No quieres alguna proteína? —Me pregunto, preocupado. Sentí un nudo en el estómago. Estaba acostumbrada a comer poco para evitar engordarme y este tipo venía y de repente se preocupaba por mí. Definitivamente, Sasuke solo me había dado migajas.
—Sí... Creo que pediré pechuga con tofu. —Sonrió y revolvió cariñosamente mis cabellos. Mi sensei pidió un plato con pescado y arroz, el cual devoró con calma. Yo tenía mucha hambre, así que terminé primero que él; hice bien en obedecerle con lo de la proteína.
Cuando terminamos, el pago y nos subimos a su auto.
—Debes estar cansada, te llevaré a tu casa. —Suspiré. Lo extraño es que no tenía sueño, quería seguir pasando el tiempo con él.
—Está bien. —Acepte, de todos modos, mañana debía madrugar para ir al hospital; no era conveniente seguir dando vueltas por ahí.
—Estuvo deliciosa la comida; deberíamos ir de vez en cuando. —Expreso con satisfacción. Asentí contenta.
—Gracias, sensei. De verdad. —Tome su mano y la entrelace con la mía cariñosamente. Note que se sonrojaba súbitamente. No me soltó.
Durante todo el camino escuchamos un programa de radio sobre historias de terror; parecía que él no creía en eso, pero lo escuchaba atento. Cuando llegamos a Nakano, sentí melancolía, pero ya había comenzado a darme sueño.
Me ayudó nuevamente a bajar y esperó a que entrara a mi departamento antes de irse. ¿Se podría considerar esto como mi primera cita con el sensei?
Pero no camine aún, quería decirle algo, aun así…
—Kakashi-sensei, yo... —Vi cómo se quitaba su máscara nuevamente; había un brillo especial en sus ojos.
—Dime.
—La pasé muy bien, solo discúlpame por el desplante de la otra vez. —Note que con su mano izquierda atraía mi cintura hacia él y se acercaba a mi rostro. Pero en vez de besarme, tan solo me abrazó. Le correspondí el abrazo rodeándolo con mis brazos. Se sentía demasiado bien su contacto físico. El perfume que portaba era delicioso; siempre quise preguntarle cuál era. Nos quedamos así un rato, abrazados. No recuerdo cuánto tiempo, pero se sentía muy bien. Lo escuché ronronear y lo que dijo ahora solo hacía que quisiera tener más tiempo con él.
—Me gustas, Sakura. Me encantaría pedirte que te quedes más tiempo conmigo, pero no está bien. Te dejaré dormir. —Afiancé mi agarre en su cuello, queriendo decirle que quería irme con él. Después de unos segundos, él se separó lentamente de mí, sin dejar de tocar mi cintura. Quería besarlo, pero me sentía insegura.
Pareció como si leyera mi mente porque con la mano que le quedaba libre, tomó mi barbilla y besó mis labios con una delicadeza que solo hizo que quisiera meterme en una caja y maldecir el tiempo que pasé con Sasuke. Del beso de Kakashi, puedo decir que sanó algo en mi alma, porque la suavidad de sus labios y el cariño con el que lo hacía me invitaban a maldecir mi edad y la de él.
Yo, que estaba acostumbrada a la pasión desbordante, tomé su rostro y profundicé el beso, sintiendo su lengua, la cual evité tocar mucho, por miedo, por simple miedo. Él finalizó el beso y acto seguido besó mi frente.
—Kakashi, me gustas. —Le correspondí casi en un murmullo. Note que se sonrojaba y eso me parecía tremendamente tierno. Pero él tenía razón, debíamos despedirnos.
—Hablemos mañana.
—Sí, descansa, sensei.
Kakashi entró en su auto, encendió el motor y, sin dejar de mirarme un solo segundo, arrancó. Definitivamente, no olvidaría ese beso. Se había tatuado en mi memoria… Pero nuevamente sentí el miedo: Miedo de estropearlo, de que se aburriera de mí, de que tuviera otra pareja sin yo saberlo, de que estuviera mintiendo. Entré a mi departamento, y el beso de Kakashi había funcionado como una especie de sedante, porque apenas me tumbé en la cama, caí rendida en un sueño profundo.
Notas de autor: Hola! Ya había publicado este segundo episodio el mismo día que publiqué el primero. Sin embargo, edité un par de cosas que no cambian para nada la historia, más que todo cosas de ortografía y redundancias. En este capítulo no menciono ninguna canción en específico, pero si a algunos les gusta Madonna, se habrán dado cuenta de que el nombre hace referencia a su canción Forbidden Love (2006). Por favor, lean la letra, representa muy bien lo que está pasando entre Kakashi y Sakura. Agradezco enormemente a la persona que me dejó un review, no puedo describir lo feliz que fui al leerlo y le mando un enorme abrazo. Continúo trabajando en el tercer episodio que espero subir a más tardar mañana. Spoiler: Puede que alargue este fanfic; me han surgido varias ideas, pero veré cómo me va. ¡Mil gracias por leer!
