Jump

4.


Pasé varios días sintiendo ese incómodo dolor emocional que suponía terminar algo que apenas había comenzado. Pese a que intente distraerme con el trabajo y mi nueva gata, en el fondo crecía el arrepentimiento. Siendo justa, Kakashi no se había portado mal conmigo; siempre me respetó y realmente no percibí afán de su parte. Lo sentí sincero y estar con él me hacía sentir segura, protegida y querida. Pero Dios santo, la edad, la maldita edad era el problema. Los primeros días traté de autoconvencerme de que había sido lo correcto, pero no... Poco a poco comenzaba a extrañarlo.

Así transcurrió un mes, y dentro de marzo, muy cerca de mi cumpleaños número veinticuatro, fue que hablé con Ino de esto por teléfono.

—Cerda, ya has salido con mayores, ¿No? —Le pregunté por teléfono mientras preparaba la cena. —Cómo era que se llamaba ese tipo que solía llevarte a su mansión y que al final rechazaste porque era un player... ¿Kidame?

Ino rió escandalosamente al otro lado de la línea.

—¡Kisame, tonta! —Reconoció. —Y sí, el tipo resultó mujeriego, coqueteaba hasta con mi madre, ¿puedes creerlo? —Chasque la lengua. Definitivamente era muy común que la rubia atrajera a este tipo de sujetos; lo bueno es que se daba cuenta a tiempo de la clase de personas que eran y los mandaba a volar.

—¿Y eso? —preguntó con sospecha. Me tensé. —No me digas que estás saliendo con un casado con hijos porque te parto la frente.

—¡Noooo! Cómo se te ocurre. Lo que menos quisiera es eso. Pero sí, hay alguien que me gusta, aunque ya lo jodí todo. —Ino se quedó callada unos segundos.

—¿Cómo? ¿Qué jodiste? —Comenzaba a ponerme nerviosa. —Suelta la lengua, por favor, Sakura.

Tragué saliva y comencé a contarle mi triste historia.

—Ay, cerda, es que me gusta alguien del hospital y lo peor es que yo también le gusto. Así que...decidí detener la situación cuanto antes.

Escuché que hacía algo al fondo de la llamada; esperé a que me haya prestado atención.

—¿Me escuchaste? —le grité.

—Sí, sí, sí, te escuché frentona. Es que le estaba pasando algo a mi padre. —Resopló. —No me digas, ¿de casualidad es Kakashi? —Me pregunto cómo, queriendo decir que era algo obvio. Tragué saliva.

—Demonios, Ino...

—¿Sí? —Sonaba emocionada; pude imaginar estrellitas pintadas en sus ojos.

—Sí... Agh.

—Dios mío, frentona. Primero Sasuke, ¿y ahora Kakashi-sensei? Qué suerte tienes, amiga ve por él sin dudarlo. —Esas palabras habían acabado de tumbar varios de los miedos que me acongojaban.

—¿De verdad? Es que temo por mi trabajo y el de él, además de que no quiero resultar como la pobre Hinata que acabó hasta en un psicólogo. —La escuché reír ruidosamente.
—Ay frentona, ¿siquiera te lo cogiste? —Esto lo pregunto con una curiosidad amenazadora; podía imaginarla con la cara más morbosa de su arsenal.

—No... Solo nos besamos.

—Uff, dios, dios ¿qué tal besa? Es decir, ¿te beso con esa máscara que siempre usa? O, te mostró ese rostro tallado por los mismos ángeles. ¡Es que no me olvido de su cara cuando la vi por primera vez! —Sí, recordé la vez que la estúpida lo vio sin mascarilla cuando estábamos comenzando la universidad, y yo, desafortunadamente, la vi nada más y nada menos que años después cuando entró a trabajar en el mismo hospital que yo. Suertuda de mierda.

—Ino, sí, sí vi su cara y su beso fue una experiencia espiritual, lo juro. —Ino soltó una risilla jocosa.

—¿Y qué esperas para cogértelo? —Escucharla decir eso ponía mi mente a volar. —¿Qué fue lo que hiciste? No me digas que te pusiste a llorar y le dijiste que no estabas preparada para una relación porque te mato. —Comencé a reírme con nervios.

—Algo así...

Escuché que se daba un golpe, seguramente en la frente.

—No Sakura, a esos no se les deja ir sin antes haberlos disfrutado. Grábatelo en la mente.

—Hablas como hablaría un chico, ¡ja!

—Bah Sakura. Me ves que soy una simple florista, pero he conocido a tantos hombres que ya hasta me comienzan a gustar las mujeres. —Bromeó.

Era cierto, Ino había salido con muchos chicos, en su gran mayoría cercanos a su edad. En mi caso, yo siempre había estado enamorada de Sasuke y posteriormente salí con él cuando comenzamos la universidad. Hasta entonces no había tenido otra relación. Me sentía como una absoluta inexperta en el tema.

—Pero cuenta, ¿parece ir en serio o ya te ha intentado provocar?

—Ah... Demonios. —En mi mente el tipo iba en serio, así que le conté todo lo que había ocurrido. Ella me escuchaba sin parar de hacer ruidos extraños de sorpresa y emoción.

—¡Wow! ¿Por qué lo dejas ir cuando te está abriendo las puertas al cielo? —Me cohibí con esa afirmación.

—Me encanta Ino, y no soportaría tener que olvidarlo cuando todo se acabe. —La demora en su respuesta reflejó su comprensión. Sin embargo...

—Pero te adelantas un poco a los hechos, Sakura. Tienes que conocerlo primero, salir, cogértelo varias veces y ahí sí tomas una decisión. ¡Estás haciendo todo al revés, joder! —Me regañó molesta. El que repitiera el verbo coger me ponía los pelos de punta.

Fui a la sala de estar para esperar a que se cociera la comida. Crucé las piernas, agarré uno de los cojines del sofá y me senté en forma de loto.

—Ok, entonces le voy a hacer caso a lo que me dijo. Lo buscaré y le diré que quiero continuar el jueguito. —dije sarcásticamente.

—Tonta, no. Tú tienes que seducirlo también. Que sepa que también puedes. ¿Y qué tal si...

—Espera, mi gata dañó otra vez un cojín. —La interrumpí viendo cómo Chiyo, mi pequeña gata carey, rascaba uno de los cojines. Me comencé a estresar innecesariamente. A Ino eso le importó un comino y comenzó a soltarme información que le daba pie a una idea.

—¿Conoces ZeroTokio? Yo voy mucho ahí, y ya me lo he encontrado varias veces; he notado que va los viernes. —Anote mentalmente ese dato. —Es un bailarín fantástico; Dios, si lo vieras. —Me ruboricé. ¿Kakashi bailando?

—¿En serio?

—Kakashi...frentona suertuda. —Puedo apostar a que se estaba imaginando su rostro.

—Entonces iré este viernes a esa discoteca, espero encontrármelo. —Ino lanzó un grito de fangirl que me taladro los oídos.

—Cuéntame como te va, por favor. —Me pidió. Ya veríamos que salía de todo eso.


Mi cumpleaños caía un miércoles, así que recibí varias invitaciones para almorzar y cenar de diferentes colegas del trabajo; entre ellos estaba Sasori, uno de los médicos más destacados de la unidad de cuidados intensivos. Siempre se me hizo guapo, pero nada más; era casado y tenía fama de ser muy estricto en el trabajo. Fuimos a almorzar con él y otros compañeros: Neji Hyuga, un joven cirujano que era considerado una eminencia; Mei Terumi, destacada por liderar el área de cardiología; y Hinata, mi amiga, también residente que se estaba especializando en cirugía al igual que su primo Neji.

Fuimos a un famoso restaurante de cocina tradicional que quedaba a un par de calles.

—Así que Sakura, ¿cuántos años estás cumpliendo? —me pregunto curioso Sasori.

—Veinticuatro. —Respondí con la boca llena sin querer. —Perdón…—Hinata rió.

—Cielos, esa sí que es una buena edad para disfrutar de la vida. —Murmuró Mei mirando de soslayo a Sasori. Este torció la boca con desconfianza.

—Cualquier edad es buena para disfrutar la vida, Terumi. —Le respondió sirviéndose un trago de sake.

—No te voy a contradecir, Sasori. Pero es que a la edad de Sakura-chan tienes el mundo a tus pies. Si no tienes responsabilidades y ganas un buen dinero, puedes hacer casi lo que quieras. —Finalizo, guiñándole un ojo. Sasori torció los ojos.

—Concuerdo. —Intervino Neji. —Sobre todo si tienes hijos, es mucho más difícil hacer muchas cosas, aunque te lo propongas… —confesó. Varios asentimos ante su afirmación, ya que el cirujano tenía un niño pequeño bajo su cargo.

—Yo tengo dos hijos, les recuerdo. —dijo Sasori enarcando una ceja. —Y pese a esa gran responsabilidad, ni siquiera mi cargo como médico ha impedido que me divierta como un joven en sus plenos veintes. —dijo satisfecho. Hinata y yo lo miramos admiradas.

—Es simplemente saber organizarse, supongo. —Comente.

—Así es, querida. —Corroboro, Sasori.

Cuando terminamos de almorzar, uno de los meseros me llevó un pequeño postre de red velvet. Me cantaron el cumpleaños y nos tomaron una foto polaroid a todos. Foto que tiempo después me haría llorar como una niña pequeña.


Si se lo están preguntando, sí, Kakashi me felicitó por mi cumpleaños.

—¡Sakura, feliz cumpleaños! —me dijo cuando me lo encontré en uno de los pasillos del hospital; no esperaba eso. Aunque obviamente era demasiado probable si trabajábamos en el mismo sitio, pese a sus enormes once pisos.

—Gracias, Kakashi-sensei. —Le agradecí sonriente. Acto seguido, me abrazó con fuerza, olí nuevamente su perfume y estuve a punto de soltar una lágrima. Esperaba que me pidiera salir a cenar, al balcón, a donde fuera; quería volver a estar con él. Pero no lo hizo, y eso me pareció aceptable. Pero se sintió amargo.

Me despedí de él con la mano y él siguió su camino.


Ni el jueves ni el viernes me lo crucé de frente. Casi siempre lo veía a lo lejos hablando con algún colega a su cargo; la mayoría del tiempo pasaba encerrado trabajando en su oficina o leyendo esos libros eróticos en alguna esquina. Hice lo posible por no tener contacto con él. El viernes ya estaba lo suficientemente ansiosa y nerviosa como para que se me arruinara el plan que quería llevar a cabo. Salí a las siete de trabajar, tenía dos horas exactas para saber qué le iba a decir y cómo me arreglaría. En todo caso, dudaba plenamente de que me lo iba a encontrar. Iba a ser demasiada casualidad, asemejándose a un cuento de hadas. Pero por más que fantaseara con la idea idílica de topármelo, me repetí demasiadas veces que solo continuaría con eso para conocerlo más a profundidad.

Kakashi, estoy dispuesta a conocerte. Perdóname por lo de la última vez…

No, estaba harta de pedir disculpas. En todo caso, no había cometido un pecado garrafal.

Sensei, pensé en lo que me dijiste en febrero y quiero definitivamente salir contigo.

Eso sonaba tan estúpido. Quería ponerles más sazón, más gusto a mis palabras.

Pero, de cualquier manera, a pesar de haber craneado tanto mi discurso, lo que le dije esa noche a Kakashi había salido naturalmente, con un montón de alcohol encima, sí. Con un montón de fantasías en mi cabeza.

Kakashi, me gustas. No me importa la diferencia. Solo quiero que me tomes y seamos felices.

El segundo beso fue mejor, fue excitante. Nos tomamos de las manos y nos besamos como dos amantes que se conocían de otra vida, y esa chica inexperta e ingenua que le temía a tantas variables sobre lo nuestro fue desapareciendo a medida que sus labios acariciaban los míos. Su lengua, esa a la que le tuve tanto pavor en un principio, esa lengua me dominó hasta robarme la respiración. Yo era otra persona, porque mis manos se soltaron de las suyas para acariciar su torso con ahínco; él rodeó mi cintura y me pegó más a su cuerpo. Cuando el aire no fue suficiente, nos separamos; su expresión era algo más que poética. Era un adagio entre deseo y picardía. Ino, te estoy haciendo caso. Estoy a punto de hacer eso que nosotras las mujeres a veces fantaseamos, pero que por temor a que nos juzguen, nos detenemos. Quería que me llevase a otra parte, a su casa quizá, o a su auto; quería que hiciera conmigo todo lo que yo ya había maquinado en mi mente.

—Mucho mejor de lo que imaginé. —dijo sin dejar de mirarme. Eso era exactamente lo que yo estaba pensando. Con delicadeza, acaricio un mechón de mi cabello. —Dime, Sakura, ¿quieres ser feliz conmigo? —me cuestionó al oído. Mariposas en mi estómago comenzaron a revolotear.

—Sí…no te imaginas cuánto. —Confese. El río socarronamente tomó mi mano y me levantó del sofá.

—Sigamos bailando. —Me pidió. No solté su mano, volvimos a la pista de baile, bailábamos rock. Eso era curioso, puesto que yo nunca pensé en que eso se podía bailar. Pero la canción que se escuchaba era tan condenadamente sexy que se convirtió en una de mis favoritas.

—Te ves tan sensual en ese vestido, ¿te lo pusiste pensando en que me verías? —Dios. Santo. La temperatura subió rápidamente en mi rostro.

—No, yo me visto así, Kakashi. —Le respondí con una sonrisa ladina. Tomó mi cuello y lo apretó levemente; sus manos eran fuertes, se veían capaces de hacer cualquier cosa, menos lastimarme.

—Amaría verte siempre vestida así, incluso en el hospital. Aunque yo creo que muchos te comenzarían a invitar a salir, como yo lo he intentado hasta ahora. —Confeso. Mordí mi labio cuando sentí sus manos en mi cara.

—¿Finalmente fuiste a esquiar? —pregunté. —O los libros porno te entretuvieron tanto que no fuiste. —Dije indiscreta. Kakashi curvó los labios.

—Ja, sí claro. Me encanta leer porno, y muchísimo más imitarlo. Pero cuando planeo algo, lo llevo a cabo, Sakura. —Me respondió, audaz. —Así que sí, sí fui a esquiar.

Sonreí maliciosamente.

—Imitarlo, dijiste… —Murmuré suspirando muy cerca de su cuello.

—Sí, imitarlo. —dijo travieso. Me dieron unas ganas horribles de morder el lóbulo de su oreja y llevármelo a un lugar recóndito.

La canción terminó. Sonó otra más tranquila; me llevó nuevamente al sofá.

—¿Qué harás mañana? —Curioseo tocando mis rodillas. Pensé en ello, recordé la cita médica de mamá, las compras de la semana y el turno adicional que haría por la tarde.

—No lo sé… Debo hacer muchas cosas. Pero quiero verte. —Me sinceré.

Hizo una mueca de duda.

—¿Qué te parece si desayunamos el domingo y después vamos a la playa? —Propuso acariciando mis pantorrillas. Sentí un cosquilleo.

—¿Playa? —inquirí incrédula.

—A unas dos horas, podemos ir a Chiba y pasar la tarde allá. —Aclaró. Tome un suspiro.

—Wow, es un plan maravilloso. —Admití, con los ojos brillosos. —Vayamos. —Acepté.

Después de todo, ahora no tengo miedo de lo que voy a atravesar, porque ahora el miedo pertenece a quedarme en el lugar en el que estaba antes de comenzar a enredarme con él.


Notas del autor:¡Hola! Regrese bastante rápido con la cuarta parte, la música hace parte del combustible que me inspira a actualizar la historia, así que, aquí me tienen. Ya pensé en un final, creo que este fanfic durara unas 3 partes más, todo depende de lo que fluya en mi pluma imaginaria, o más bien mi teclado.

Como es usual, les comparto canciones a las que puedo hacer referencia directa o indirectamente.

I feel you - Depeche mode (1993)- La segunda canción que bailan Kakashi y Sakura.

Terminos desconocidos mencionados:

Player: Es el típico hombre mujeriego al que todas las mujeres le tenemos miedo cruzarnos. El que se divierte contigo y con varias más a la vez, pero no formaliza.

Chiba: Es una ciudad muy cercana a Tokio que posee variadas playas.

¡Mil gracias por leer! Se aprecia un montón que hayan dejado comentarios. Estoy muy atenta a sus opiniones o lo que crean que vaya a ocurrir próximamente.