Capítulo 3: Noche.
Esa misma noche, después de cenar, Finn y su madre estaban en la sala de estar viendo la televisión. Bueno, solo Finn estaba mirando la televisión, Minerva estaba leyendo un libro aunque empezaba a tener sueño y no era porque el libro fuera aburrido sino porque estaba cansada al haber estado trabajando en el hospital todo el día, llegó a casa pasada la hora de cenar y Finn aún la estaba esperando.
-Finn-lo llamó su madre haciendo que el chico desviara la vista del televisor por un segundo-hay algo que no me has dicho durante la cena ¿cómo te fue hoy en la escuela?-
-¿Eh? um… b-bien, me fue bien, mamá-respondió Finn, no quería contarle a su madre lo que ocurrió en la cafetería y no quería mentirle pero no tenía otra opción-hoy tuvimos clases de química en las primeras horas y… salimos temprano-
-Oh, está bien-Minerva cerró el libro que estaba leyendo-Finn, escucha, sabes que si tienes algún problema o alguien en la escuela te está molestando me lo dices a mi o a tus profesores ¿de acuerdo?-
-Sí, mamá. Lo haré-dijo Finn, ella le sonrió y se levantó del sofá en el que estaban sentados.
-Bien, creo que me iré a descansar. Buenas noches, no te quedes despierto hasta tarde-dijo Minerva saliendo de la sala, Finn la escuchó subir las escaleras para ir a su habitación, volvió a acomodarse en el sofá y siguió viendo el capítulo de su serie favorita hasta que terminó, se levantó y tomó el control remoto para apagar la televisión, cuando lo hizo su teléfono (que estaba junto al control remoto) comenzó a vibrar indicando que tenía una notificación.
No tenía ganas de verla, lo haría mañana temprano antes de ir a la escuela. Apagó el televisor, dejo el control remoto, tomó su teléfono y fue a prepararse para dormir. Subió las escaleras y se dirigió al baño para lavarse la cara y los dientes antes de ir a su habitación y arreglarse para dormir.
Al final tomo una decisión, vería la notificación en el baño. Cuando llego al baño, prendió la luz y antes de cerrar la puerta se aseguro de que nadie viniera al baño para saber que pasaba, ni siquiera su madre, pero eso no iba a pasar, ella estaba en su habitación descansando así que podía quedarse tranquilo de que esa noche el pasillo estaba vacío. Cerró la puerta detrás de él, respiró hondo y desbloqueó su teléfono para ver cuál era la notificación que le había llegado.
Fern estaba durmiendo en su cama cuando se despertó de golpe, por alguna razón había estado soñando con la fiesta de la que hablaron sus compañeros de banda y se estaba arrepintiendo de no ir. Pff… ja, sí, claro ¿arrepentido? ¿él? ¡cómo no! nunca se había arrepentido de nada antes ¿por qué se sentía así en ese momento? rápidamente tomó su celular y buscó entre sus contactos el número de Marceline, marcó y espero a que la chica lo atendiera.
-¿H-hola?-se escuchó la voz de Marceline en el otro lado de la línea, sonaba algo entrecortada, quizás no había buena señal.
-¡Hola! Marceline, soy yo, Fern-le dijo el chico rubio con las puntas teñidas de verde
-¿F-Fern? ¡lo siento! no puedo oírte bien. N-no hay bu-buena señal…aquí-le dijo Marceline-de-déjame ver si encuentro señal en alguna parte… t-te llamo en unos segundos-
La llamada se cortó, Fern soltó un suspiro tanto de frustración como de cansancio, a los pocos segundos el teléfono volvió a sonar, rápidamente atendió la llamada, sabía que Marceline iba a llamarlo pronto.
-¡Marceline!-gritó Fern, tenía suerte de que en su casa no hubiera nadie.
-Fern, ahora si tengo mejor señal… ¿aún quieres venir a la fiesta? esto todavía no acaba, la estamos pasando muy bien aquí-le gritó Marceline del otro lado de la línea.
-¿Me lo estás diciendo en serio? si la fiesta aún no acaba, e-espérenme que estoy yendo para allá… pero ¡aguarda! no me cortes ¿puedes pasarme la dirección de la fiesta?-preguntó Fern, la chica le pasó la dirección de la fiesta-bien, estoy yendo para allá, Marceline-
El chico cortó la llamada, guardó su teléfono, tomó su guitarra y salió por la ventana de su casa. Comenzó a correr hacia la parada de autobús para poder llegar rápido a la fiesta, no había traído dinero, además siquiera lo tenía así que otra vez tendría la ventaja de viajar gratis en el autobús… aunque era poco probable que pasara un autobús a esa hora de la madrugada ¿o sí? pero al parecer no estaba tan equivocado como pensaba porque de la nada un autobús pasó y se detuvo a pocos metros de donde él estaba esperándolo, rápidamente corrió hacia él y se subió intentando ocultar su rostro con la capucha de su chaqueta verde y negra para pasar inadvertido, no quería que lo descubrieran viajando gratis en un autobús por cuarta vez esa semana.
Se sentó casi llegando a la parte trasera del autobús, apoyó su cabeza contra el frío cristal de la ventanilla mientras el autobús arrancaba rumbo a la calle en la que debía bajarse para ir a la fiesta. Sacó su teléfono, lo desbloqueó y le envió un mensaje a Marceline:
"Marcy, estoy en camino"
Respuesta de Marceline:
"¡Perfecto! te estamos esperando"
Fern volvió a guardar su teléfono en el bolsillo de su chaqueta y se acomodó en su asiento apoyando otra vez su cabeza contra la ventanilla, ese iba a ser un viaje largo y aburrido.
Mientras esto pasaba, Finn caminaba por la calle a esa hora de la madrugada para ir a la fiesta de la que había recibido la notificación en su celular, tenía sueño y comenzaba a bostezar, se había acostumbrado a dormir temprano e ir a una fiesta a esa hora no era normal en él, casi nunca iba a una fiesta y no es que no lo hayan invitado a una, si no que su madre se preocupaba por él y no quería que le pasara nada malo, últimamente las calles de la ciudad se habían vuelto algo peligrosas; Finn lo sabía y podía cuidarse solo pero su madre no quería entenderlo.
Siguió caminando y cuando doblo en una esquina, un autobús pasó cerca de él. Eso era extraño ya que no había autobuses funcionando a esa hora de la madrugada, de pronto alcanzo a ver una figura conocida y se detuvo solo un segundo para verla mejor… reconocía esa figura y el rostro semi oculto debajo de la capucha de su chaqueta ¡era ese chico con el que se había chocado al salir de la escuela! ¿qué estaba haciendo ahí? ¿a dónde se dirigía? la curiosidad comenzó a invadirlo, vio como el autobús se alejaba hasta que se detuvo en un semáforo en rojo y Finn aprovecho la oportunidad para correr hacia él.
Fern se había dado cuenta de que aquel chico con gorro de orejitas de oso lo había visto y escondió su rostro lo mejor que pudo para que no lo vea pero fue inútil. El autobús se detuvo en un semáforo en rojo, se levanto de su asiento y fue al otro lado, pudo ver que ese chico se acercaba corriendo hacia el autobús, rogó mentalmente para que cambiara de color el semáforo, no quería volver a encontrarse con aquel chico… de verdad que no quería. El semáforo cambio de color ¡por fin! y el autobús siguió avanzando, Fern se alivió un poco y volvió a mirar por la ventanilla para saber si ese chico lo seguía, para su mala suerte, sí lo estaba siguiendo ¿qué quería hacer? ¿por qué lo seguía? no podía entenderlo, simplemente no podía entenderlo. El conductor al ver lo que estaba pasando frenó otra vez el autobús, creyó que ese chico quizás querría subir.
-Oiga ¡oiga! ¿qué pasa? ¿por qué nos detuvimos otra vez?-preguntó Fern desde su lugar.
-No voy a dejar a ese chico afuera, no sabía que también quería subir-le respondió el conductor. Fern cruzo los brazos con molestia y desvió la mirada, el conductor sí que era un idiota al dejar entrar a ese chico, no quería verlo pero hoy al parecer el destino también estaba en su contra.
