I

¿Qué fue eso?

Estaba terminando de mirar algunas cosas de mi cangurera mientras no dejaba de pensar en algo que pasó hace 40 minutos.

Esmeralda me había dicho cariño justo antes de ir a ver a Felipe. Sinceramente fue uno de los momentos donde los nervios se subieron a mi cabeza, hasta pude notar que ella tenía un sonrojo en sus mejillas.

¿Por qué dijo eso? Fue la pregunta que más tenía en mi cabeza, su tono fue tan natural que pude notar que éramos como una pareja de recién casados.

Esos pensamiento hicieron que el sonrojo se hiciera presente nuevamente, pero rápidamente sacudí la cabeza para olvidarme de esos pensamientos.

Yo ya estoy con Perla, no puedo hacer eso, ella no merece esto, además, siempre le voy a ser fiel a ella.

¿Pero ella me será fiel a mi?

Una nueva pregunta se me venía a la cabeza, pues ella siempre que pasaba con Roberto, le daba ciertos toques de coqueteo, a menos que sean mis propias inseguridades que hayan hecho que imaginé cosas.

Se que Perla ahora en estos momentos no me quiere hablar y la prueba de irse al viaje es porque necesita tiempo, seguramente no intentará hacer nada de eso, alejara a Roberto si intenta algo con ella.

Nunca me sería infiel, tal vez estos pensamientos que tengo solo me estén jugando en contra, el odio me quiere dominar, pero he aprendido a controlarlo y quitarlo de mi cabeza y corazón.

El odio solo ocasionaría problemas, nunca he sido un ave con odio ni deseos de maldad.

Suspirando con mucha tranquilidad, mejor dejaba de pensar en esto, y lo mejor será alistarme para recibir a Esmeralda y Felipe para poder seguir con la restauración del Santuario.

Justo cuando estaba a punto de ponerme la cangurera, pude notar un pedazo de papel en uno de los bolsillos.

Al tomarla con mis alas y ver de que momento fue tomada esta foto, pude notar que era una foto familiar, donde estaba Perla, mis hijos y yo abrazados como la gran familia feliz que somos.

Sigo pensando que una vez que vuelvan del viaje, podré arreglar las cosas con ellos, sobre todo con Perla, quiero que las cosas vuelvan a ser como antes.

No quiero que mis hijos se decepcionen de mí, quiero que ellos se sientan orgullosos de ver a su padre y sobre todo, que Perla y yo podamos hacer las paces y dar mi mejor esfuerzo para poder cambiar.

Aunque Felipe me dio un gran consejo, igualmente quiero cambiar por el bien de todos, quiero ser esa ave salvaje de la que se sientan orgullosos.

Incluso he considerado en hacer de este el nuevo hogar, aunque tendría que abstenerme de utilizar objetos de humanos, pero si es por mi familia, haría lo que fuera por ellos.

- Tal vez debería de pedir ayuda a Esmeralda para volverme más salvaje, pude ver que ella tiene mucha experiencia, así que le pediré su ayuda cuando llegue.

Era una buena oportunidad para al menos tener un pequeño balance en mi vida, ser un ave salvaje pero no dejar de ser esa ave que siempre me caracterice en ser.

A veces tomamos decisiones en la vida, solo espero que esté sea la decisión correcta, porque debo mejorar en muchos aspectos, todo sea por mi familia.

II

Vivir con la culpa

Este lugar me trae varios recuerdos a mi cabeza, recuerdos que solo hacen que me entristecer, pero tenía que venir aquí de todos modos, después de todo está ha sido mi rutina cada que pasa 1 semana.

Pude ver como al menos este lugar no fue afectado por los taladores, pues estaba en el punto más escondido del Amazonas, lejos de los problemas, pude apreciar algunas aves como estaban conviviendo tranquilas.

No pasó tanto tiempo hasta que algunas aves notaron mi presencia, una de ellas se acercó a mi y a Felipe.

- Esmeralda, Felipe, es un gusto verlos por aquí nuevamente.

Dijo un guacamayo de color amarillo, mientras nos miraba con una sonrisa.

- Gracias, veo que este lugar no fue afectado.

- Si, supimos que los taladores arrasaron casi con todo el Amazonas, por suerte no encontraron este lugar.

Me sentí aliviada de que estas aves estuvieran seguras en este refugio qué había construido hace mucho tiempo, siendo sincera, es un santuario al estilo de esos bunkers que vi en películas.

- Me alegra de que estas aves estén bien, pero vinimos por otra cosa.

Interrumpió Felipe mientras miraba al guacamayo con algo de tristeza.

- Ya veo, vienen a verlo.

Ambos asentimos con la cabeza, parece ser que ya sabe cual es el motivo de nuestra llegada aquí.

- Entonces pasen tranquilos, recuerden que están como en casa.

Y sin más que decir, Felipe y yo nos adentramos al lugar para ir a verlo.

Mientras caminábamos, pude ver algunas aves conversando tranquilas, otras haciendo pequeños ejercicios y algunas comiendo deliciosas frutas.

Verlas a todas tan alegres me hace sacar una sonrisa de lo que pude conseguir, aunque no lo hice sola.

Recordar hizo que una pequeña lagrima se saliera de mis ojos mientras me limpiaba rápidamente.

Felipe y yo seguimos avanzando por el lugar hasta que llegamos a nuestro destino.

Un área donde estaban enterrados algunas aves que habían perdido a sus seres queridos.

Pude notar como guacamayos estaban dejando pequeñas flores en las pequeñas tumbas de sus seres queridos.

- Aquí estas...

Fueron las palabras de Felipe quien me saco del trance para luego ver la tumba del ave que estuvo conmigo durante un tiempo.

Allí estaba la tumba. Sencilla, hecha con piedras y flores frescas, un reflejo del alma noble que descansaba bajo ella.

Me detuve frente a ella, sintiendo cómo una opresión invadía mi pecho. Cada vez que venía aquí, una mezcla de emociones se apoderaba de mí: tristeza, culpa y un profundo amor que nunca se desvanecería.

- Hola...Red... Vine a verte.

Fueron mis palabras mientras miraba la tumba de mi anterior amor, Red.

Mis palabras se desvanecieron en el aire, llevándose consigo un pedazo de mi corazón. La tierra aún parecía fresca, como si los años no hubieran pasado desde que lo enterramos aquí.

Cerré los ojos y dejé que los recuerdos fluyeran, cada uno más nítido y doloroso que el anterior.

Recordé cómo solíamos volar juntos por el Amazonas, su risa clara resonando entre los árboles. Era un espíritu libre, lleno de vida y pasión. Yo... yo lo admiraba tanto.

Pero ahora, todo lo que quedaba eran esos momentos atrapados en mi memoria, y una profunda culpa que no me dejaba respirar.

- Esmeralda...

La voz de Felipe me sacó de mis pensamientos. Estaba a mi lado, observándome con esa mezcla de tristeza y comprensión que siempre llevaba consigo en estos momentos.

- No tienes que cargar con esto sola.

- Pero es mi culpa, Felipe... Él confió en mí, y yo lo llevé a... a su final. Si hubiera tomado otra decisión, si hubiera...

Lo miré, intentando contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse.

- Esmeralda, detente

Felipe colocó una de sus alas sobre mi hombro, obligándome a enfrentar su mirada. Había firmeza en sus ojos, pero también calidez.

- Red tomó sus propias decisiones. Ustedes compartieron mucho, yo traté de detenerlo ese día, pero él sabía los riesgos y decidió ir contigo, él no podía dejarte sola. Porque te amaba. Porque creía en ti.

- ¿Y qué ganó con eso?

Mi voz se rompió, dejando escapar un sollozo. Me giré hacia la tumba, incapaz de mirar a Felipe mientras hablaba.

- Una tumba en medio del Amazonas. Nada de lo que haga podrá cambiar eso.

- Tal vez no puedas cambiar el pasado, pero sí puedes honrarlo. ¿Crees que Red querría verte así? Consumida por la culpa, incapaz de seguir adelante. No, Esmeralda. Él querría que vivieras, que encontraras la forma de ser feliz de nuevo.

Las palabras de Felipe se quedaron flotando en el aire, penetrando lentamente mi corazón. Me dejé caer junto a la tumba, acariciando suavemente las flores que había sobre ella.

- Lo intento, Felipe... Pero es tan difícil. Cada vez que cierro los ojos, lo veo. Veo su sonrisa, oigo su risa... y luego... el silencio.

Felipe se sentó a mi lado, dejando que el silencio hablara por un momento antes de responder.

- El silencio no tiene por qué ser un enemigo. A veces, es en ese silencio donde encontramos las respuestas. No estás sola, Esmeralda. Yo estoy aquí, y también lo están las aves que ayudaste a salvar. Todo esto... este santuario, es parte de tu legado y también del de Red.

Alzé la mirada hacia él, y por primera vez en mucho tiempo, sentí un pequeño rayo de esperanza colarse entre la oscuridad.

Las palabras de Felipe llegaron a mi corazón, Red sigue siendo un ave muy importante en mi vida, pero que él me vea de esta forma, derrotada y triste, haría que él no se sienta tranquilo.

- ¿Tú crees que él estaría orgulloso de mí?

Felipe sonrió, una sonrisa suave y llena de certeza.

- Lo sé. Porque él te conoció mejor que nadie, y sabía de lo que eras capaz. Esmeralda, has hecho tanto por este lugar, por estas aves. Y no lo hiciste sola, pero fuiste el corazón de todo esto. Eso es algo que nadie puede quitarte.

Una lágrima solitaria rodó por mi mejilla, pero esta vez no era de tristeza, sino de una mezcla de dolor y gratitud.

Me levanté lentamente, limpiando mis plumas y mirando la tumba por última vez.

- Gracias, Red... por todo. Te prometo seguir adelante, por ti, por mí, por todos los que aún están aquí.

Felipe se acercó, ofreciéndome su ala. La tomé con una sonrisa tenue, y juntos nos alejamos de la tumba, dejando atrás las sombras del pasado.

El guacamayo amarillo nos esperaba al final del sendero, su sonrisa un recordatorio de que la vida seguía, incluso en los momentos más oscuros.

- Veo que la señorita Esmeralda ahora se siente mucho mejor.

- Solo necesitaba un poco de ayuda, después de todo, para eso estamos aquí.

Felipe me dio una de sus sonrisas características de él, haciendo que una pequeña sonrisa saliera de mi rostro.

- Gracias Felipe.

- No hay de que Esmeralda, además, sabes que si necesitas ayuda, estoy aquí, pero, sobre todo, tienes ahora a alguien mucho más especial que puede escucharte y reconfortarte.

Ante las palabras de Felipe, no pude evitar sonrojarme un poco, además, pude notar que el guacamayo nos miraba con confusión, pues él no sabía a lo que se estaba refiriendo Felipe.

- Ahora, ¿vamos a ver a Blu? Él debe estar esperándonos.

Felipe sugirió, cambiando el tema con una destreza que solo él podía tener.

Asentí, dejando que un nuevo propósito llenara mi corazón. Red siempre estaría conmigo, pero era hora de mirar hacia adelante y seguir ayudando a aquellos que aún estaban aquí.

Salimos volando juntos hacia el santuario de los Spix, donde Blu y las demás aves nos esperaban.

Mientras avanzábamos, sentí cómo el peso en mi pecho comenzaba a aliviarse, reemplazado por una determinación renovada. Por Red, por Felipe, por todos ellos... seguiría adelante.

Se que Red me esta viendo en estos momentos, lo puedo sentir en mi corazón, él siempre quiso que fuera feliz.

Cuando él se fue, me sentí tan mal y triste. Entré en una depresión que pensé que no tendría fin, pero vi como muchas aves necesitaban ayuda, por lo que decidí ayudarlas, tal como lo habría hecho él. Pues cada vez que lo veía ayudar a los animales, una sonrisa se plasma a en mi rostro.

Él era un ave bondadosa.

La imagen de Red se hizo presente en mi cabeza, saber que estaba allí me hacia sentir bien.

Aun así, mis pensamientos también estaban enfocados en otra ave, y esa ave era Blu.

Él es igual a Red, bondadoso, de buen corazón y sobre todo, con una sonrisa que me daba muchas energías.

Nunca pensé en encontrar a alguien tan parecido, no se si fue por alguna conveniencia o por obra del destino.

Pero sea cual sea la razón, no importa, conocer a Blu es lo mejor que me ha pasado y pienso seguir ayudandolo. Solo tal vez, Red quiere verme feliz con alguien más. Y esa ave seguramente es Blu.

III

Seguir a mi corazón.

Tuve que tomar un pequeño descanso luego de haber volado por varias horas, después de todo, escapar de allí fue la decisión correcta.

Pude ver en la rama de las hojas que había un poco de arándanos, volé hasta donde se encontraban y con mis garras las arranque sin dudarlo.

Tomé solo un par de ellas para luego ponerlas en mi boca.

- Seguramente mamá y los demás estarán buscándome.

Recordar esa discusión con mi madre hizo que mi determinación volviera, pues la principal razón por la que quería regresar, es por mi padre.

El simple hecho de que hubieran dejado a mi padre fuera del viaje, hizo que el enojo se apoderara de mi.

Mis hermanos también notaron mi enojo, ellos también estaban molestos, tristes, por no tener a nuestro padre en este viaje.

Aunque ellos pudieron acostumbrarse rápidamente, yo no podía, quería ver a mi padre. Pensar en que se encontraba solo sin ninguna compañía hizo que quisiera salir de regreso para poder estar con él.

Pero mi madre me prohibió regresar hasta terminar el viaje. Por lo que el peso de su decisión fue suficiente para que yo hiciera lo mismo, tomar la decisión de regresar a ver a papá.

Mientras me daba un pequeño estirón, pude notar que viaje demasiado tiempo, aunque no debía preocuparme tanto.

Pues pensé que el viaje sería demasiado largo, sin embargo, pude memorizar el camino de regreso.

Ser inteligente tiene sus frutos, esto se lo debo a mi padre, ya que el fue el que me dio esta inteligencia.

Mientras miraba nuevamente el horizonte, pude notar que algunos animales estaban disfrutando de la vida, algunos guacamayos regresaban felices de sus casas con una expresión que me será imposible de olvidar, algo único.

Con esa pequeña motivación, me levanté y estuve lista para emprender nuevamente el vuelo. Nada me detendría de poder ver a mi padre.

Recuerdo cómo solíamos volar juntos. Él siempre decía que yo era la más rápida, la más ágil.

"Eres increíble, Bia", me decía, con ese orgullo en sus ojos que siempre me hacía sentir que podía hacer cualquier cosa. Y ahora, estoy aquí, volando sola, pero con él en mi corazón.

Cada movimiento de mis alas me lleva un poco más cerca de él, y eso me da fuerzas para seguir.

Sé que esto no será fácil, sé que mamá estará furiosa cuando se entere, y mis hermanos probablemente también.

Pero espero que entiendan, espero que puedan ver que no hice esto para lastimarlos, sino porque necesitaba hacer lo que sentía correcto.

Porque no podía dejar que papá pensara ni por un segundo que no lo extrañamos, que no lo necesitamos.

- Estoy volviendo, papá. Espérame.

Porque tú eres mi hogar, y ningún viaje, por emocionante que sea, puede reemplazar eso, vamos a estar juntos otra vez. Lo prometo.

IV

¿Soy una mala madre?

El cielo parecía que se estaba tornando más gris de lo habitual, aunque no había nubes amenazantes.

Tal vez eran mis pensamientos los que tenían el día con esa sombra de inquietud. Bia... mi pequeña y brillante Bia.

"¿Cómo pudo hacer algo tan imprudente?"

Siempre he admirado su inteligencia, esa chispa que la hace tan especial, pero esta vez... esta vez fue demasiado lejos.

Dejar el grupo, tomar esa decisión sin decirnos nada. No sé si estoy más preocupada o enojada. Tal vez ambas cosas.

Giro ligeramente la cabeza para mirar a mis hijos que vuelan a mi lado, Carla parece pensativa, su habitual energía y música ahora ausentes. Tiago, por otro lado, trata de mantenerse cerca de Roberto y Mimi, quienes lideran al grupo.

- ¿Cómo estás, mamá?

Me pregunta Carla de repente, rompiendo el silencio. Su voz es suave, como si temiera que cualquier palabra pudiera romper mi concentración.

La miro por un momento, intentando ofrecerle una sonrisa tranquilizadora, pero no puedo ocultar mi frustración.

- Estoy bien, cariño. Solo... preocupada por Bia. Ella debería estar con nosotros, no sola. Lo que hizo fue algo muy imprudente.

Carla me mira con mucha preocupación, pero no dice nada más. Creo que entiende lo que siento; ella también está preocupada por su hermana, aunque lo maneja a su manera.

Vuelvo a mirar al frente mientras observo a mi tía y Roberto quienes volaban al frente mío.

Mi tía Mimi ha sido un pilar durante este viaje, siempre tan calmada, tan sensata. Me alegra tenerla aquí ahora que todo parece haberse salido de control.

"Volver a la tribu es lo mejor, Perla"

Me había dicho esta mañana cuando decidimos cambiar el rumbo, y tenía razón. No podíamos seguir adelante con el viaje mientras Bia estuviera allá afuera, sola, tratando de regresar con Blu.

El pensamiento de acordarme de Blu me provoca una torrencial lluvia de emociones, acordándome de nuestra discusión y de haberlo excluido del viaje. Sacudo la cabeza ligeramente, tratando de concentrarme.

-¿Estará bien?

Murmuré más para mí misma que para nadie.

- Tranquila hija, Bia es lista.

Mi mirada se concentró en mi padre, ya que no pude notar que él ya se encontraba a mi lado. Seguramente preocupado de verme así.

-Ella encontrará su camino, pero necesitamos estar listos para recibirla.

Sus palabras son reconfortantes, pero no puedo evitar sentir el peso de la culpa. Tal vez debí escucharla más, comprender cuánto la afectaba la ausencia de Blu en este viaje.

Siempre supe que él era su mayor apoyo, su roca, pero pensé que estar juntos como familia sería suficiente para compensarlo. Tal vez estaba equivocada.

Pero Blu ha sido una serie de discusiones que no podía calmar, siempre salía con algo de Linda, yo quería que al menos pudiera pasar más tiempo y pensar en nosotros que seguir buscando a Linda.

No traerlo al viaje era lo correcto, más que todo para que al menos pudiéramos ambos tener espacio, al menos hasta que lo pueda volver a verlo a los ojos después de esa discusión que tuvimos antes de salir de viaje.

Quería estar unas semanas más afuera, pero lamentablemente nada podía salir como uno quería.

Estuvimos volando por algunas horas más hasta que algunos de la tribu pedían un descanso para poder comer algo.

Mi padre decidió aceptar para que no hubiera tantas sospechas.

Todos los spix estuvieron de acuerdo, aterrizando en algunas ramas para poder buscar comida y tener energías.

A pesar de que yo quería seguir avanzando, no podía hacer nada para que cambiaran de opinión, además, podría levantar sospechas sobre el verdadero motivo por el que estábamos regresando.

Mientras los de la tribu comían tranquilamente, yo seguía en mi estado de ansiedad, sentir que mi hija podía incluso estar en peligro por otros animales era algo que no me dejaba tranquila, ella es solo una niña pequeña.

Se que Roberto les ha enseñado muchas cosas de la selva para que puedan sobrevivir en caso de que un día ellos se puedan perder, pero aun teniendo todo ese conocimiento, no puedo estar tranquila.

- Querida...

La voz de mi tía hizo que volteara a verla, pues claramente estaba preocupada por mí.

- Hija, lo mejor será que comas algo para que recargues energía.

Me dio un mango para que al menos pudiera comer y así relajarme de mi ansiedad, pero, no quería comer, solo me quede mirando el mango que mi tía aun tenía en sus garras.

- No tengo hambre tía, ahora no.

Con esas palabras decidí alejarme al menos para poder despejarme la mente.

- ¿Mamá?

Las voces de mis hijos me hicieron voltear nuevamente, viendo sus caras de preocupación, no quería que estuvieran así, por lo que tuve que dar una sonrisa.

- Mami necesita estar sola por unos minutos.

Con esas palabras dichas, salí del lugar para dirigirme a un lugar no tan apartado de donde estaba la tribu, para así evitar otra desaparición repentina.

Llegué a una rama alta, apartada del grupo, observando el horizonte con la esperanza de hallar respuestas que nunca llegaban.

Tal vez no era el cielo, sino mis propios pensamientos los que oscurecían el día.

La decisión de irse sola, de buscar un camino lejos del grupo, era tan propia de ella, pero también tan peligrosa.

Me preguntaba si yo había sido el problema, si mi constante necesidad de no dejarla ir por su padre la impulso a tomar esa decisión a mis espaldas.

Cerré los ojos, intentando calmar la tormenta en mi mente. Sentía el viento acariciar mis plumas, pero no lograba aliviar el peso en mi corazón.

Había guiado a mis hijos todo este tiempo, tratando de mantenerlos unidos, pero ahora parecía que todo se desmoronaba. ¿En qué momento fallé?

- Tal vez nunca lo fui

Susurre, aunque nadie pudiera escucharme. El horizonte seguía inmóvil, indiferente a mi angustia.

Por un momento dejé mi mente clara y pensé en él, a pesar de que no quería hacerlo, pero, después de todo él fue la causa de todo esto.

Había sido mi decisión que no nos acompañara en este viaje, pensando que así podría enfocarme en mi y en nuestros hijos.

Pero tal vez haya una posibilidad de que todo fue un error. Tal vez él era el ancla que mis niños necesitaban.

Aunque eso fuera cierto, mi decisión de que Blu no viniera ya estaba más que decidida por mi, pero aún así, siento que no pude hacer que mi hija estuviera alegre.

Por un momento pensé en algo que podría al menos sacarme una sonrisa.

- ¿Qué haría Blu en mi lugar?

Me pregunté, aunque conocía la respuesta. Él habría volado tras Bia sin dudarlo, confiando en que juntos podían resolver cualquier problema.

El era así, siempre pensando en los niños para poder encontrarlos. Yo, en cambio, estaba aquí, paralizada por el miedo y la culpa.

De repente un recuerdo volvió a mi mente nuevamente.

"Tal vez deberías dejar de pensar en ti mismo y pensar en nosotros"

Ese recuerdo de lo que le dije en la fosa de la perdición había regresado a mi mente, pero si pienso que Blu haría eso en mi lugar, entonces no estaría pensando en él, sino en el bien de los niños.

Por qué me venía ese recuerdo a la cabeza nuevamente, era para acordarme del por qué ambos nos distanciamos, debido a esa discusión y el hecho de que él quería irse del Amazonas.

Pero ahora que he hablado bien de él las dudas y las contradicciones me estaban jugando mal en estos momentos.

Blu ha sido parte fundamental en mi vida, sé que él me dijo antes que haría lo que fuera por mí, incluso antes del viaje estaba dispuesto a cambiar para mejor.

Pero también sus buenas acciones hacen que la tribu también se perjudique, en este caso fue el partido donde perdimos por una tontería de él.

Pensar tanto en Blu cuando dije que no lo haría me estaba doliendo la cabeza, era como si no pudiera dejar de pensar en él, mi mente era una lucha constante de saber si estaba bien o mal.

- ¿Perliux?

De repente una voz hizo que saliera de mis pensamientos rápidamente, mirando en la dirección de aquella voz, dándome cuenta de que trataba de Roberto.

Él se acercó a mi para luego ponerse a mi lado, mientras también observaba el horizonte conmigo.

- ¿Qué haces aquí sola?

Pregunto mientras me miraba con cierto toque de preocupación. No quería ocultarle nada, pero trate de hacerme la fuerte, no quería que viera mi estado de ansiedad otra vez.

- N-No es nada, solo quería estar sola...

Mis intentos por tratar de hacerme la fuerte no funcionaron, hable como si aún estuviera con mi ansiedad.

A pesar de ello, el no dijo ni una palabra más, sintiendo algo de curiosidad del por qué se había quedado callado en ese momento, mi mirada se dirigió a verlo.

Él se encontraba mirando al horizonte viendo como sus plumas se movían a la par del viento, provocando una sensación que no había sentido desde pequeña.

- Dime Perliux.

Escuche que Roberto estaba por decirme algo.

- ¿Cuánto tiempo nos llevamos conociendo?

Sus palabras hicieron que mis ojos se abrieran un poco, pues no sé cuánto tiempo fue que nos llevamos conociendo, prácticamente una pregunta que fácilmente podría responder que fue desde toda la vida.

Pero lastimosamente fue solo en mi etapa de niñez porque luego sucedió lo del incendio.

- Bueno, casi toda nuestra niñez.

- Es cierto, recuerdo cuando nunca te dabas por vencida para vencerme una y otra vez.

Se reía mientras recordaba esos viejos tiempos entre ambos.

Por un momento una pequeña risa también se hizo presente en mi, pues tenía razón. En nuestra niñez yo siempre trataba de vencerlo.

- Eso es porque siempre me presumias que eras mejor que yo.

Roberto me miró con una sonrisa sabiendo que yo tenia razón en ese punto.

Ambos nos reímos por ese pequeño momento para poder liberar esta pequeña tensión y preocupación en estos momentos.

- ¿Ya te sientes mejor?

Pregunto Roberto mientras me daba una pequeña palmada en la espalda.

- Bueno...un poco...

- Se que aun piensas en Bia, pero no te preocupes, cuando estemos en la tribu, ella estará allí esperándonos.

Sus palabras querían calmarme, pero la verdad es que no me sentía aún tan tranquila.

- No solo ella, también volveré a ver a... Blu...

Dije esa última parte con mucha seriedad aunque en el fondo sentía tristeza.

- ¿Crees que aún no eres capaz de verlo?

Preguntó Roberto haciendo que mi rostro mirara al suelo mientras veía la vegetación.

- Quería disfrutar este viaje con mis niños y olvidarme por un momento de lo que paso entre Blu y yo...pero con Bia... no se pudo hacer.

No culpaba a Bia por ello del todo, después de todo ella extrañaba mucho a Blu, no traerlo al viaje fue el punto donde ella no se divirtió en lo absoluto.

- Mira Perliux, se que debes estar abrumada, pero que importa eso.

- Eh?

- Lo más importante es tu hija, lo que paso entre Blu y tu no te tiene que afectar demasiado.

Escuchaba atentamente lo que decía Roberto, pues no entendía por qué ahora la conversación ahora se trataba de Blu.

- Me contaste sobre lo que pasó en la fosa, y eso no fue tu culpa en lo absoluto. Blu no estaba listo para la selva y eso se vio reflejado en ese partido. Si el hubiera venido con nosotros, seguramente no se hubiera adaptado y pudo haber incomodado a los demás.

- ¿Por qué ahora me hablas de Blu?

Le pregunte muy curiosa, pues no entendía como pasamos a esta conversación en estos momentos.

- Se que piensas que Blu fue la causa de todo esto, de que Bia se fue de regreso por él, pero eso no te tiene que afectar.

- Pero...

- Bli ha demostrado que incluso en momentos de naturaleza, el no estaba listo para ello. Cuando me contaste sobre tu problema con Blu, no quise decir nada ya que era un problema entre ustedes, pero ahora más que nada, quiero decirte que estoy completamente a favor de ti Perliux.

- Eh...

- Blu en estos momentos estaba muy desesperado, pues quería cambiar rápido para que pudieras perdonarlo, y siendo sincero, esa es una jugada muy mala de su parte, él solo quería que cayeras para que puedas tener compasión con él, pero tu fuiste firme ante ello, además, él debe estar más con su familia y especie que estar rodeado de humanos. Tu hiciste lo correcto al no traerlo, tienes todo el derecho de poder olvidar ese momento que te hizo pasar.

-...

Las palabras de Roberto me hicieron pensar mucho, pues cada vez que lo pensaba, tenía toda la razón. Blu fue prácticamente el detonante para que todo esto sucediera, si hubiera cambiado desde antes cuando vivíamos allá entonces no tendríamos estos problemas, pero su dependencia de los humanos hizo que no diera ese paso, solo retrocedía.

Roberto tiene razón, no debería de importarme ahora Blu, lo que debería importarme ahora era que tenía que ver a mi hija. Blu no es mi prioridad, él ya no tiene remedio, solo quiso hacer esa última cosa para que lo perdonará, pero eso no pasará, menos mal que lo detuve de hacer eso, pues no sabía que clase de tonterías hubiera hecho.

- Además, seguro que cuando lo dejamos solo en la tribu, tal vez se fue a ver a los humanos ¿no?

Esas palabras de Roberto hicieron que de nuevo me decepcionara de Blu, seguramente él debe estar hospedandose donde quería encontrar a Linda, por lo que no tenía caso que cambiara si aun seguiría viendo a Linda.

- Seguramente hizo eso.

Lo dije con un tono de seriedad, molestia y decepción.

Conozco a Blu, y se que en estos momentos debe estar con Linda y Tulio sin cambiar su modo de al menos poder vivir en la selva, el sigue siendo muy dependiente de ellos.

- Ya no tienes que preocuparte por él, siempre que estés en problemas, estaremos aquí para ti Perliux.

Me dio un abrazo muy repentino haciendo que me sorprendiera pero poco a poco yo también estaba correspondiendo el abrazo.

- Pero sobre todo, me tienes a mi.

Con esas últimas palabras, lo abraze tan fuerte mientras dejábamos qué el viento soplara sobre nuestras plumas.

Necesitaba escuchar esas palabras, que sin importar que pasara, tenía a alguien a mi lado que me apoyaba en todo, tengo a mi padre, a mi tía, mis hijos, y sobre todo... A Roberto.

- Gracias Beto, no se que es lo que haría sin ti.

- Lo bueno es que ya estas mejor y eso es lo importante.

Después de unos minutos nos separamos del abrazo mientras nos mirábamos mutuamente.

La sonrisa de Roberto hizo que también sonriera, sin embargo, sentí como no me soltaba, sus alas seguían abrazando mi espalda.

Lo miré fijamente a los ojos, una clara tensión se hizo presente ante nosotros, sin darme cuenta, poco a poco comenzamos a acercarnos y ocurrió algo que nunca pensé que pasaría en mi vida.

Estaba besando a Roberto ahora.

Nuestros picos se unieron en un cálido y tierno beso, no me separe de él para nada, quería disfrutar esta sensación reconfortante, después de todo, él estaba ahí para mi.

Mis alas se pusieron en el cuello de Roberto para que no se separara de mi en ningún momento.

No quería saber nada más a mi alrededor, en estos momentos solo quería disfrutar de este momento con él. Un sentimiento y recuerdo que quiero conservar de ahora en adelante.

Roberto me agarro de la cintura y seguimos profundizando en el beso. De pequeña quería que esto pasara y ahora esta sucediendo. Sin embargo, yo ya esto con...

Pero el tiene razón, ahora no es importante.

Blu no es importante para mi en estos momentos.

Lo que más importa ahora es mi hija, pero por ahora, solo quiero seguir viviendo este momento con Beto, después de todo, el siempre sabe como animarme y reconfortarme.

Sin que nadie nos moleste, nos seguimos dando mucho cariño el uno al otro.

CONTINUARA...

No saben cómo odié escribir esta parte, me refiero casi el final de este capítulo, literalmente Perla se acaba de hacer la de todas son iguales, pero bueno, todo sea por la trama, de todos modos, espero que les haya gustado el cap y nos vemos en el siguiente. Para los de fanfic, no se preocupen, ya tengo la hoguera para quemar el muñeco de Roberto. También decirles que mañana sale este capítulo, pero con 2 imágenes adicionales :3