Fragilidad

Capítulo 2

Amar también es soltar

Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, esta historia es de mi total autoría no está permitida su publicación en otros sitios sin previa autorización. -Azulen-

Summary: ¿Amor? - bufó sarcásticamente- Lo que quiero es que te largues y me dejes en paz… -siseó con rabia contenida - ¿Es… realmente eso lo que deseas? ¿Serás feliz ahora Sasuke? ¿Dejarás que el odio te envenene el corazón?

•••

-Buenos días, Sakura ¿Cinco lirios otra vez?

-Buenos días, Yamanaka-san, sí, por favor… - respondió con un tono apagado y exhaló, la mirada perdida, su voz se arrastró por las paredes como un susurro cansado.

La señora Yamanaka, con sus manos firmes pero amables, cortó seis lirios blancos, su gesto fue suave, casi ceremonioso, con la comprensión de quien entiende lo que no se ha dicho, envolvió las flores en papel blanco formando un ramillete simple y delicado.

-D-disculpe, hay uno de más- murmuró Sakura ruborizada.

-Es un obsequio para ti - dijo la florista con una sonrisa que irradiaba calidez- espero que tus amigos se recuperen pronto, dales mis saludos.

La delgada mano de la señora Yamanaka se elevó en una despedida gentil, un movimiento fluido como una hoja llevada por el viento que Sakura respondió con una sonrisa tenue, un reflejo más de gratitud que de alegría.

Mientras caminaba, el aroma de los lirios se arremolinaba a su alrededor, fragante, arrancándole un suspiro tan soñador como resignado, con cada paso resonaba en su mente el eco de pensamientos que no quería nombrar, rememorando las palabras crueles de aquel a quien tanto amaba como cuchillos en su pecho.

Los pasillos familiares del hospital se alargaban frente a ella, transformándose en un sendero de memoria y pesar que ya no quería seguir recorriendo, no supo en realidad si era peor la cura o la enfermedad.

-Buenos días, Sakura-chan ¿Vienes a ver a los chicos otra vez? - la enfermera de la recepción le ofreció una sonrisa amable, extendiendo la ficha de visitas hacia ella prácticamente acostumbrada a verla, su voz alegre contrastando en el ambiente con su lúgubre estado de ánimo.

-Buenos días, sí, por favor… -repitió Sakura aquella frase ensayada, su voz casi inaudible y su mirada esquivando el contacto visual con la mujer.

La enfermera tomó nota de la tristeza en sus ojos, esa sombra profunda que se aferraba a su piel amoratada delatando las noches sin dormir, observó cómo la kunoichi se alejaba a paso lento, su espalda delgada y encorvada bajo el peso invisible de sus propias batallas.

En el aire quedó la estela de lirios y una pena tan silenciosa como la llovizna en el exterior.

•••

- ¡Hola! ¿Ya te sientes mejor niño tonto? - ingresó a la habitación con una sonrisa que intentaba brillar, aunque carecía de toda felicidad genuina, sus mejillas, habitualmente rosadas y llenas de vida, ahora lucían pálidas y algo hundidas, aun así, su voz pretendía sonar animada- Fui a buscarte a casa ayer por si querías ir a comer, pero me dijeron que Kakashi te trajo al hospital porque te empachaste en Ichiraku ¿Sabes? Esa es una pésima forma de celebrar una misión cumplida- parloteó aparentando normalidad.

Mientras hablaba, sus manos temblaban levemente al depositar un lirio blanco en el florero junto a la cama, a Naruto no le pasó desapercibido aquel gesto.

- ¿Te encuentras bien Sakura-chan? - murmuró con preocupación, sus ojos azules teñidos de inocencia.

La risa de Sakura llena de inquietud disfrazada de ligereza se elevó en el aire sonando más bien como el eco de un alma rota.

-C-claro que sí… ¿Por qué no lo estaría? Estamos juntos otra vez- suspiró intentando serenarse, su sonrisa tembló en sus comisuras mientras tomaba la mano de Naruto entre las suyas, mirándolo con ojos verdes fatigados y suplicantes.

-No te ves bien- insistió con una seriedad poco habitual- Esa sonrisa falsa no te queda, no ocultes tus sentimientos, Sakura-chan, sé muy bien que sufres por él… ¿Qué te ha dicho ese idiota? Lo golpearé- afirmó, su voz endureciéndose- volvió a rechazarte ¿verdad? Ese imbécil…

-N-no te preocupes por eso… -murmuró ella en defensa de su otro compañero, empujando al rubio suavemente por el pecho para que volviera a recostarse- estoy bien, solo muy triste porque todos volvieron mal heridos, pero te prometo que estoy bien.

Forzó una sonrisa diminuta, un poco más sincera esta vez, los ojos de Naruto, honestos como el cristal, la observaban con una tristeza palpable.

-Gracias, Naruto- susurró despacio- cumpliste tu promesa, Sasuke está aquí y podemos seguir siendo un equipo, por favor, no te preocupes más…- su voz suave se deslizó hasta sus oídos observándole cabizbaja- Mis sentimientos son un asunto mío, es algo que resolveré después- con las mejillas levemente arreboladas, se inclinó y depositó un fugaz beso en su sien, Naruto, ruborizado hasta la coronilla, comenzó a balbucear frases inconexas sobre la amistad y el apoyo que siempre le brindaría lealmente.

La risa de Sakura se volvió más suave, más tierna y compasiva al observarle nuevamente con un brillo genuinamente agradecido resplandeciendo en su mirada jade cristalizada.

-Gracias, Naruto…- insistió- Eres mi mejor amigo, siempre podrás contar con toda mi confianza y mi apoyo- pronunció despacio- ahora descansa y recupérate pronto, iré a visitar a los demás.

- ¿Verás Sasuke otra vez? - inquirió con un tinte de inquietud en la voz.

-Si- asintió trémula- Kakashi-sensei ha salido de misión y me ha pedido cuidarle y ayudarle a empacar sus pertenencias, le darán el alta hoy- su voz ausente casi perdida en sus pensamientos se filtró al pasillo por la puerta entreabierta antes de despedirse del todo y continuar su camino.

•••

- ¿Eres tú, Sakura?

-Neji-san… -su voz apenas un susurro flotando en la habitación- qué alegría, por fin has despertado…

Un suspiro profundo escapó de sus labios mientras la tensión en su pecho se deshacía al ver sus ojos perlados abrirse con lentitud después de una semana entera inconsciente, el chico parpadeó con insistencia para esquivar la luz que se filtraba a través de las ventanas, con manos cuidadosas, retiró el lirio seco del florero, sus dedos rozando fugazmente el borde frío de la cerámica robándole un estremecimiento, antes de colocar una flor fresca.

El aroma dulce y sutil llenó la habitación mientras cerraba las cortinas con un movimiento fluido, ayudando al castaño a acostumbrarse a la luz.

- ¿Cómo te sientes? - preguntó, inclinándose hacia él para ayudarlo a incorporarse.

La cercanía hizo que su aliento cálido rozara la mejilla de Neji, quien pestañeó lentamente despejándose, sus ojos siguiendo el rastro invisible de su toque, bostezó con discreción y asintió despacio.

-Adolorido y algo mareado, pero creo que estoy bien- respondió, su mirada perla fija en ella, tan perceptivo como era lo primero que notó fueron las profundas ojeras bajo sus ojos jade rebuscó en ellos como intentando descifrar el enigma que la mantenía tan apagada- ¿Qué haces aquí? - La pregunta fue más suave de lo que pretendía, casi un susurro cargado de curiosidad contenida, le era extraño verla allí ya que raras veces habían cruzado palabras, por no decir ninguna.

El rubor ascendió por el cuello de Sakura, coloreando sus mejillas con un matiz cálido, apenada.

-Los visitaba… solo… quise traerles una flor para que se recuperaran más pronto…-la sonrisa tímida que dibujó apenas curvó sus labios, su voz tambaleándose ligeramente- s-suena un poco tonto, lo sé, lo lamento, no sabía que más podía hacer…

Sus dedos se entrelazaron con nerviosismo, pero su mirada se cruzó un momento con los pensativos ojos de Neji atrapándola en un instante que parecía alargarse, se acercó al borde de la cama apartando sus ojos hacia la ventana rebuscando palabras en su mente antes de continuar.

-Ustedes arriesgaron sus vidas en la misión y yo… n-no sabía de qué otra forma expresar… mi gratitud…

El silencio entre ellos se volvió denso, Neji inclinó apenas la cabeza un tanto intrigado, una sonrisa ligera se expandió con su faz contemplándole amable, Sakura sintió que sus ojos perlas podían ver a través de su fragilidad haciendo que su corazón tamborileara avergonzado y traicionero escalando hasta su garganta.

-No tenías que hacerlo… Gracias, Sakura- pronunció finalmente con una profunda inhalación.

Sakura, gracias.

-S-sí, tenía que hacerlo- insistió, sus palabras siendo vomitadas con más urgencia de la esperada- Es lo menos que puedo hacer, y-yo… b-bueno… ya sabes… s-si puedo hacer algo por ti p-para agradecerte solo dímelo, por favor- balbuceó sintiéndose una idiota y se inclinó a su lado en una corta reverencia agradecida- i-iré a buscar a la enfermera para decirle que estás despierto- declaró más que apenada retirándose de la habitación con una fugaz despedida deseándole una pronta recuperación.

•••

Con Neji despierto, finalmente todos sus compañeros habían recuperado la consciencia y estaban fuera de peligro.

El acontecimiento devolvió a su cuerpo una chispa de vitalidad que había creído perdida esos días, por primera vez desde que regresaron heridos el aire parecía entrar en sus pulmones sin la presión asfixiante del peso de la culpa, pero aun así, la opresión en su pecho no desaparecía del todo.

Había sido testigo del dolor de ver sus jóvenes vidas tambalear frente a sus ojos, frágiles, fugaces, y la idea de que ellos solo cumplían con su deber como shinobis no lograba aliviar la pesadumbre que cargaba en el pecho sangrante como una herida abierta goteando su desesperación por donde tocasen sus pies.

Sosteniendo dos lirios con dedos ligeramente temblorosos, cruzó el pasillo hacia la habitación donde Sasuke se encontraba, abriendo lentamente la puerta para revelar su figura esbelta junto a la ventana, inmóvil como una sombra, con la mirada color noche fija en el exterior. Las gotas de lluvia golpeaban el vidrio con fuerza, deslizándose como pequeños ríos sobre la superficie, distorsionando el reflejo de sus ojos negros que se sentían más vacíos que nunca.

-Buenos días… -su voz fue apenas un susurro cauteloso perdiéndose en el repiquetear de la tormenta en el exterior.

Durante los últimos cinco días, no había cruzado una sola palabra con él, no después de la crueldad de su último discurso. Llegaba a su habitación siempre cercana al amanecer, cuando aún dormía, solo para poder esquivar las heladas navajas de sus ojos, pero hoy no tenía alternativa, el momento era diferente así que no podía evadirlo más.

El silencio fue su única respuesta.

-Te traje ropa… -murmuró sin pretender ocultar el cansancio emocional que pesaba en sus palabras, abrió su bolso y sacó un pequeño paquete envuelto con tela, colocándolo sobre la mesa- vístete, Kakashi-sensei me pidió ayudarte con la mudanza…

-Tch…

El sonido de su irritación la golpeó con más fuerza de la que esperaba, Sasuke tomó el paquete con brusquedad sin siquiera mirarla, el aroma antiséptico del hospital impregnado en cada fibra de su ropa al cruzar junto a ella rumbo al baño de la habitación, no hubo ni un roce intencional, ni una disculpa, ni siquiera una mirada que reconociera su existencia más allá de un simple mueble.

Ni una sola palabra de gratitud.

Sakura, gracias.

Los segundos se alargaron en una eternidad silenciosa mientras ella permanecía inmóvil de pie junto a la puerta, con las emociones arremolinándose como un torbellino bajo la superficie de su cabeza, su mirada fija en el suelo de porcelanato, el roce leve y frío de su hombro contra el de ella la había dejado con los nervios tensos y un temblor imperceptible en los labios apretados, tragó saliva con dificultad, reteniendo el aire en sus pulmones antes de soltarlo lentamente, como si exhalara su propio dolor.

Cuando él regresó completamente vestido con una camiseta azul y pantalones oscuros, su tono cortante rompió su ensayada quietud.

- ¿Piensas quedarte ahí parada todo el día?

Su helada voz pareció atravesarla como una bala de desprecio directamente en el centro de su pecho, sus primeras palabras en días.

-No hay necesidad… de que seas tan grosero- replicó, su voz anormalmente fría, pero con un borde herido que no pudo ocultar del todo, los ojos jade se elevaron hacia él contemplándole vacíos.

Por un instante fugaz, los ojos de Sasuke se suavizaron consternados, como si el muro de odio y desidia que se había instalado entre ellos se resquebrajara por un momento, pero la expresión desapareció tan rápido como había llegado, reemplazada por la sombra de desdén que parecía lo acompañaría en adelante.

-Sé que estás enojado y que no quieres estar aquí -continuó ella abrazándose a sí misma en un pobre intento de protegerse de un frío más profundo que el de la lluvia en el exterior- pero eso no te da derecho a desquitarte conmigo…

Él chasqueó la lengua con impaciencia y adelantó el paso ignorándola, cada movimiento suyo irradiando una tensión contenida que resonaba en el espacio entre ellos, su espalda cada vez más lejos representaba exactamente lo que la atormentaba en su interior.

Observándole caminar frente a ella, Sakura sintió que el aire se volvía denso como si cada palabra no dicha hubiera dejado una marca invisible en su corazón, la fragancia tenue de los lirios que aún sostenía en su mano se mezcló con el dolor de todo lo que su boca masoquista luchaba por decirle, le siguió en silencio sintiendo desprenderse de sus pies la soledad en cada paso, observó la lluvia torrencial bañarle los negros cabellos revueltos aplacando su rebeldía en forma de una corta cascada de mechones azabaches pegándose a su cincelado rostro, se mantuvo impávido incluso con el frío otoñal golpeando su cuerpo mojado.

Sin dejar de observar su espalda alejándose, se permitió ser humana y estremecerse de frío con un suspiro intentando atraer la vida de vuelta a su cuerpo a través del aire y el agua golpeteando en su piel como un tenue masaje que la helaba como la soledad misma.

Porque tenía razón… ella no era como él.

Sin apartar la mirada de su espalda cada vez más lejana, permitió que la fragilidad de sentirse diminuta la alcanzara, su cuerpo se estremeció al contacto del agua helada en sus brazos desnudos, un suspiro escapó de sus labios y en su búsqueda desesperada de vida, inhaló el aire húmedo que la rodeaba disfrutando de como la lluvia, en un gesto maternal, lavaba las lágrimas que no se había atrevido a llorar, la fría caricia rodaba por su rostro pálido sin juicio ni consuelo, solo una liberación silenciosa que no pedía permiso a ser.

No hubo sollozos, ni lamentos.

Solo el viento, que abrazó su cuerpo encogido con dedos helados, haciendo vibrar sus músculos hasta lo más profundo de su existencia, tocando su corazón lleno de esperanzas rotas, exhaló lentamente, dejando que la calidez residual de su aliento rozara sus labios ya azules y agrietados, cada gota deslizándose sobre su piel parecía llevarse consigo un fragmento de aquel amor tan destructivo que la orillaba a aferrarse al dolor de lo imposible, ese peso que había llevado como una cruz desde que su corazón aprendió a latir para él.

El alma, empapada, comenzó a desprenderse del yugo del deseo, aunque fuera solo un poco obligándola a hacer uso de aquel ápice de amor propio que aún le quedaba.

Alzó el rostro hacia el cielo gris y dejó que la lluvia la envolviera por completo con una pequeña sonrisa pacífica, era como un bautismo, una rendición y una súplica, las lágrimas cálidas se disolvieron entre las gotas de agua, su tristeza perdiéndose en el diluvio, su esperanza renaciendo en cada respiración pausada como una nueva luz apareciendo pequeñita en el centro de su pecho.

Cuando finalmente bajó la vista, con una serenidad que aún cargaba cicatrices, sus ojos verde jade se encontraron con los ónices debilitados de Sasuke, él seguía de pie, estaba detenido, observándola con una consternación mal disimulada, con su mirada encendida con preguntas que no se atrevía a formular y lleno de respuestas que jamás le ofrecería.

El tiempo se congeló entre ambos.

Sus miradas contrastantes se encontraron en una conexión espiritual imposible de romper, un puente de emociones desnudas que ninguno de los dos planeaba cruzar, la pequeña pelirosa le sostuvo la mirada con una transparencia que nunca se había atrevido a mostrar y en sus ojos como joyas preciosas, por un instante titiló una luz renovada, débil pero creciente como una chispa amenazando con iniciar un incendio.

Un atisbo de asombro encendió sus irises cristalinos al descubrirlo aún allí, inmóvil, observándola embelesado como atrapado en un hechizo que no podía romper por su voluntad, sus ojos negros, normalmente impenetrables ahora perdidos en pensamientos desconocidos que parecían un laberinto sin salida que lo hacía lucir irreparablemente roto.

Fue entonces, en la frágil intimidad de ese momento, cuando creyó verlas… pequeñas gotas saladas deslizándose por el borde de sus ojos negros enrojecidos, desprendiendo un hilillo de arrepentimiento que le golpeó el corazón, sus lágrimas camufladas por la lluvia que caía sin descanso desaparecieron con un parpadeo y el instante se desvaneció.

Sin decir una palabra, Sasuke apartó la mirada, se giró dándole la espalda y reanudando su paso con la misma firmeza distante que siempre había exhibido, como una presencia inalcanzable e intangible, como si el peso del mundo pudiera aplastarlo, pero jamás quebrarlo.

Y sin embargo, ella permaneció en su sitio, su cuerpo helado, su corazón latiendo con una pregunta filtrándose en su consciencia como un suero obligándola a cuestionarse por primera vez, sin excusas, sin justificaciones.

¿Por qué amaba tanto a Sasuke Uchiha?

•••

- ¿Es todo? - su mirada viajó por la estancia deteniéndose en las tres cajas con las escasas pertenencias de Sasuke, ropa, objetos de aseo, herramientas, algunos libros y cuadernos, nada demasiado personal.

El asintió reacio a romper aquel extraño voto de silencio que parecía haber hecho, se echó la mochila a los hombros y tomó la caja más grande del suelo con sus manos, sin esperar palabra alguna Sakura se acercó a la ventana para contemplar el clima, sosteniendo entre sus manos la fotografía del equipo siete que Sasuke parecía tener intención de dejar atrás, la lluvia torrencial ahora convertida en una inofensiva llovizna pareció susurrarle al oído tener la osadía de meter el portarretratos en una de las cajas.

El departamento era grande, acogedor y luminoso, pero la presencia de Sasuke nunca se había sentido tan asfixiante como en ese momento en el que el aire parecía ceñirse sobre ella convertido en una bolsa plástica alrededor de su cabeza.

-Tu lleva las dos pequeñas- pronunció carente de emociones sacándola de su ensoñación, no había amabilidad, pero tampoco desdén ni odio solo la frívola serenidad impersonal de quien da una orden.

Sakura asintió apilando las dos cajas pequeñas una sobre otra y aferrándolas contra su torso.

-La sostendré un momento- señaló con su mentón hacia las dos cajas en sus brazos, un brillo incrédulo cruzó por los ojos de Sasuke como si se cuestionase la fuerza física de la pequeña pelirosa, pero sin ánimo de discutir la colocó sobre las otras dos lanzándole una mirada de soslayo casi deseando verla quejarse como siempre, encontrándola inmutable aún con todo el peso soportado en sus delgados brazos.

Cerró la puerta con llave y las guardó en su bolsillo.

- ¿No tienes que regresárselas a tu casero? - inquirió la jovencita curiosa agachándose un poco para que Sasuke pueda tomar la caja de vuelta, sintiendo el peso extra liberarse.

El Uchiha negó con su cabeza, pero sorprendentemente respondió:

-Es mío, no es rentado- su respuesta, aunque escueta era una mínima señal de que su discrepancia hacia su grosera actitud había sido escuchada.

Se mordió la lengua, su naturaleza parlanchina luchando vorazmente por iniciar una conversación aferrada al patético ápice de esperanza que sentía por aquella migaja de respuesta que él le había dado.

¿Piensas ponerlo en renta?

¿Por qué?

Te daría un ingreso extra ¿Sabes? Estás suspendido así que no puedes hacer misiones Sasuke-kun.

¡Vaya! ¿Cómo es que pudiste comprar un departamento?

¿Es una herencia?

-Entiendo… -se limitó a responder con una voz suave pero contenida.

Al dejar la calidez del edificio, la brisa helada la abrazó sin compasión deslizándose sobre la piel desnuda de sus brazos, se estremeció, aunque apenas fue consciente del temblor en su cuerpo, tosió discretamente y se aclaró la garganta, la lluvia había cesado hacía poco, pero el aire seguía cargado de humedad, el otoño a finales de septiembre anunciaba la llegada del frío silenciosamente.

Sus ojos buscaron una pantalla en el edificio contiguo: 10 grados, marcaba la temperatura, su vestido aún empapado se sentía pesado y frío, pero lo omitió.

No le había sorprendido que Sasuke no le ofreciera siquiera una toalla.

Ni un gesto de consideración, ni una palabra amable.

Era evidente que tenía prisa por deshacerse de ella, por liberarse de su presencia como si fuera una carga, un estorbo que ansiaba quitarse de encima.

Sin emitir queja alguna, le guió en silencio hasta la zona colindante con el bosque, cruzaron por los sembríos de arroz, los pies de ambos hundiéndose ligeramente en la tierra mojada y caminaron hasta la casa familiar de su maestro, ubicada en el extremo norte de la aldea, allí sobre el engawa, dejó caer las cajas con un suspiro ligero, sacando de su bolsillo el pequeño juego de llaves que Kakashi le había confiado empezando a sentirse cansada.

-Ten, son tuyas-le dijo con calma, extendiendo las llaves antes de dejarlas sobre la caja que aún sostenía entre sus manos, el leve movimiento que agitó sus rosados cabellos fue su única invitación a entrar en la silenciosa casa.

Sin esperar una respuesta, se giró y tomó las cajas más pequeñas viéndole adelantarse descalzándose parsimoniosamente, imitó su acción y volvió a tomar las cajas entre sus brazos llevándolas con cuidado hasta la habitación del fondo. Había pasado toda la semana ayudando a Kakashi a limpiar y poner en condiciones habitables aquella casa, abandonada desde la muerte de su padre, el legendario Colmillo Blanco.

Recordó el momento en que él se había plantado frente al umbral por primera vez en años, percibió mirando de soslayo el brillo nostálgico que cruzó sus ojos oscuros tan fugaz como un destello en la penumbra, pero suficiente para dejar una marca en su memoria.

Ella misma había sentido algo parecido: Una paz extraña, casi terapéutica, mientras deshierbaba el jardín arrancando con cada maleza un poco del dolor latente que le había dejado su fracasada declaración de amor, sembrando plantas ornamentales y frutales a lo largo del engawa y el jardín deseando en secreto la llegada de la cálida estación que les haga florecer, le aportaba algo de esperanza… quizás algún día ella también vería llegar su propia primavera.

-Esta será tu habitación -murmuró, depositando las cajas con una delicadeza que parecía una ofrenda.

Observó el espacio con una pequeña chispa de satisfacción naciendo en sus ojos, había sido un trabajo de dedicación, una expresión muda de cariño por parte de Kakashi, quien no había escatimado en esfuerzo ni detalles, los muebles elegidos con cuidado, la calidez sutil en cada rincón, todo estaba dispuesto para ofrecerle a Sasuke algo que llevaba mucho tiempo sin tener: Un lugar al que pudiera llamar hogar.

Aquel simple gesto, tan cargado de significado, hizo que Sakura lo admirara un poco más.

-Kakashi-sensei está en una misión, volverá en un par de días pero dijo que puedes bueno… ya sabes… colocar tus cosas y sentirte en tu casa.

-Yo hace mucho que no tengo una- masculló, su voz helada y distante, como si cualquier atisbo de calidez que pudiera filtrarse en su pecho fuera bloqueado por una gruesa pared de hielo.

Ella lo contempló por un momento, permitiendo que sus palabras tan duras como la realidad de su vida flotaran en el aire cargado de un silencio espeso y emocionalmente exhaustivo para ella quien había decidido obstinadamente acompañarle a cargar su dolor.

Con un suspiro, dejó caer sus hombros ligeramente, su voz suave llegó a sus oídos siendo apenas un murmullo reflexivo casi como si hablara para sí misma.

-La vida no es un sendero recto Sasuke-kun, es un claro que se abre ofreciendo múltiples caminos- le vio moverse hasta la ventana observando casi con curiosidad el paisaje de los cultivos extendiéndose detrás de la casa, con los ojos verdes atravesando su espalda continuó- puedes elegir avanzar a ciegas, mirando siempre hacia atrás desprotegiendo tu espalda ante lo que te depara el futuro… o puedes girarte y elegir un nuevo rumbo- habló con lentitud, como si cada palabra fuera un eco de sus propios dilemas internos no resueltos.

Sasuke cerró los ojos un instante, respirando hondo sintiendo como si las palabras se hubieran enredado en el filo de su mente, cuando habló de nuevo, su voz cortó el aire con el filo de un kunai.

-Yo ya elegí mi camino.

-¿De verdad elegiste? - preguntó ella, sin levantar la voz, pero con una fuerza tranquila que lo hizo detenerse- ¿O simplemente caminas en reversa siguiendo el camino que tu hermano te impuso? - sin esperar una respuesta de su parte, su cuestionamiento flotó en el aire como una bruma que le hizo fruncir el ceño irritado, los casi imperceptibles pasos de Sakura se alejaron por el corredor espectrales.

No la detuvo ni siquiera cuando escuchó la puerta cerrarse con un suave rechinar en la madera antigua y observando de soslayo en su dirección notó los lirios abandonados sobre la cama.

Ella tampoco esperaba ser detenida.

Después de todo amar también es soltar.

Cruzó los sembríos a paso calmo, sus ojos perdiéndose en el mar de hojas verdes agitadas por la brisa y tierra húmeda, el viento susurraba suavemente entre los tallos altos, agitándole los cabellos en una muda reprimenda casi como si le aconsejara, optó por el camino largo hacia su casa, para variar, buscando espacio para ordenar sus pensamientos dispersos.

Un rayo de sol atravesó los nubarrones oscuros calentando su piel fría, el contraste entre luz y sombra le recordó que hasta las tormentas más persistentes acaban cediendo y sonrió cerrando los ojos, dejando que la brisa helada le acariciara las mejillas mientras el sol le abrigaba el pecho, quizás, como el clima, el hoy fuera solo el principio y así como el sol aún tenía fuerzas para salir después de la tormenta, algún día Sasuke también encontraría la fuerza para salir de su frío caparazón.

Si ,había sido una mañana helada…

Pero la tarde sería soleada.

.

.

.

.

Notas de la autora:

(Intentaré actualizar este fic todos los lunes! Pero la semana que viene no voy a estar así que se los dejo por aquí ;) )

Un capítulo algo filosófico y uno de los más personales que he escrito de cierta manera ya que esa ultima parte la pregunta que Sakura le hace a Sasuke fue una pregunta que años atrás yo misma me hice varias veces en un momento que daba unas vibras muy parecidas, claro yo no estaba persiguiendo venganza xD pero es una pregunta que nos invita a reflexionar sobre que tanto poder tenemos cuando elegimos nuestra felicidad, motivaciones y propósitos en la vida, hasta que punto estamos caminando en reversa mirando hacia el pasado avanzando en un camino marcado por deseos y pensamientos ajenos a los nuestros, es un tema interesante.

¡Espero este capítulo les haya gustado!

Gracias por leerme una semana más

Con cariño,

Azulen.