¡Feliz Navidad! ¿Ya leiste el capítulo anterior que subí por Nochebuena? Si no lo hiciste, ve pronto al capítulo anterior y aquí te espero para continuar con la historia.

La Revolución de Mestionora

La Casa Linkberg

–¿Qué haces, Myneira?

La pequeña levantó los ojos de su díptico para mirar a su hermosa y noble hermana mayor, la cual tenía una sonrisa complicada en el rostro.

–Estuve comparando la movilidad de los carruajes en la Ciudad Baja y en el Barrio Noble, querida hermana… que los caminos aquí estén tan bien hechos hacen más tolerable el viaje, pero en serio, necesitamos un sistema que ayude a que el rebote de las ruedas interfiera menos con la estabilidad interior del vehículo. Creo que debería hablar con la gente del gremio de herrería para hacer algo al respecto… si logro que esto funcione, podré aplicar el mismo principio para crear camas y asientos más cómodos. Incluso mi cama en el templo es… demasiado dura e incómoda.

Cuando terminó su explicación buscó el rostro de Heidemarie, encontrándola tan confundida como si hubiera tratado de explicarle cómo usar series de Furier para resolver un problema… o como si le hubiera hablado en un idioma que no fuera el de Yurgensmidt.

–Oh… entonces… ¿Qué tiene que ver…? –el carruaje se detuvo y con él la pregunta.

Myne cerró su díptico y lo volvió a guardar en el pequeño bolso que Tuuri le cosiera con algo de tela sobrante del taller de Corina para que estuviera a juego con el vestido que le habían hecho de emergencia.

Técnicamente era fin de semana. Su padre lloró a mares poco antes de dejarla en el Templo, provocando que Lutz le llamara la atención al hombre y no le permitiera acompañarla. No era para menos. Estaría dos días en la casa frente a la cual estaban estacionados.

La puerta se abrió y pudo ver una mano enguantada esperando afuera. Heidemarie se apresuró a moverse para apoyarse y bajar. Cuando fue su turno, descubrió que era Eckhart quien se encontraba al otro lado ayudándolas a ambas… con más gente detrás de él.

Un hombre con bigote y cabellos castaños y bien peinados esperaba con su uniforme de caballero junto a una hermosa mujer de cabello verde con un atuendo exquisito. Al lado de ambos se encontraba un muchacho de cabello castaño y un niño de alrededor de su edad con cabello verde.

–Estos de aquí son mis padres y mis hermanos –explicó Eckhart con total solemnidad, como si estuviera presentándole a sus jefes y no a su familia–. Lord Karstedt Sohn Linkberg, mi padre. Lady Elvira Frau Linkberg, mi madre. Lord Lamprecht Sohn Linkberg y Lord Cornelius Sohn Linkberg, mis hermanos.

Ella miró a Heidemarie un momento y la chica solo le sonrió, asintiendo antes de agacharse un poco.

–¿Memorizaste las tablillas que te envié con los nobles saludos? Solo debes arrodillarte y cruzar los brazos mientras lo recitas.

–Entiendo.

Myneira miró a toda esa gente con la que pasaría el fin de semana, le gustara o no. Sonrió lo mejor que pudo y siguió las indicaciones de su hermana, pidiendo permiso para dar un saludo formal, recitando una bendición y luego presentándose como Myneira Tochter Liljaliv.

Cuando se puso en pie volvió a mirar a Heidemarie, quién le sonrió de nuevo, dándole un par de palmadas en el hombro como única felicitación.

–Tu hermana menor es una niña muy hermosa, Heidemarie –comentó Lady Elvira adelantándose algunos pasos–. ¿Cómo es que no nos comentaste de ella antes?

–Bueno, Lady Elvira… temo que fue la última voluntad de mi madre mantener a mi hermana tan oculta cómo fue posible. Lo ideal habría sido dejarla en el templo cuando nació, pero…

–Lo entiendo, querida. Yo tampoco habría dejado a ninguno de mis hijos bajo la supervisión del Sumo Obispo… aunque dejarla en la Ciudad baja…

La mujer no parecía muy convencida y a juzgar por todo lo que Heidemarie le estuvo comentando sobre la historia de su familia por el camino, alguna idea tenía de lo que se esperaba de ella.

–Lady Elvira, agradezco su preocupación, pero la familia que estuvo cuidando de mí hasta que el Templo se volvió un poco más seguro han hecho todo lo posible por mantenerme oculta y en buenas condiciones –luego de eso, evocó las emociones del recuerdo ante la muerte de cada miembro de su familia como Urano hasta que sus ojos se humedecieron lo suficiente–. Ha sido terrible no poder conocer a mis verdaderos padres, pero, estoy muy agradecida de que mi querida hermana no se olvidara de mí.

–¡Oh, dioses! Lamento tanto recordarte algo tan doloroso, Myneira.

La mujer parecía de verdad arrepentida mientras se inclinaba con un pañuelo para limpiarle los ojos.

Ella solo tomó aire de manera ruidosa, lo retuvo un momento y volvió a sonreír.

–Es una carga que mi hermana y yo tendremos que seguir llevando, sin embargo, espero que se vuelva más liviana con el paso del tiempo y la amabilidad de todos ustedes.

Lady Elvira y Heidemarie se llevaron las manos al pecho con sonrisas conmovidas en tanto los hombres las miraban sin saber que hacer, optando por quedarse congelados en sus lugares.

–¿Qué les parece si entramos? –comentó Lord Karstedt con un tono de voz extraño y algo tenso–. Deben estar cansadas luego del viaje desde el templo.

Myneira jaló un poco la manga de Heidemarie antes de hacerle señas hacia el carruaje con la mirada y la chica asintió sin dejar de sonreírle.

–Lord Karstedt, Lady Elvira; mi querida hermanita, quien ha sido más que bendecida por Cuococalura y varios otros dioses, insistió en traer algunos dulces y otros obsequios para ustedes en agradecimiento por hospedarnos estos dos días.

El niño de su edad y el otro jovencito parecieron más interesados en aquello que los adultos, mirando del carruaje a sus padres.

Pronto un par de asistentes fueron comisionados para cargar las dos cestas con bocadillos, rinsham, lápices y papel, además del pequeño harspiel con que había estado practicando los últimos dos días.

Para cuando se dio cuenta, estaba siendo escoltada por los dos pequeños igual que Heidemarie era escoltada por Eckhart.

–Entonces, ¿qué tipo de dulces trajiste, Lady Myneira? –inquirió el niño llamado Cornelius con una enorme sonrisa en el rostro.

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Llevar dulces y muestras fue más que un acierto. Adultos y niños estaban bastante felices por los sabores del pastel, las galletas y el struddle luego de que realizó la demostración de veneno. Una pena que no confiaran lo suficiente en ella como para ir a dar instrucciones a los cocineros, porque la comida que tuvo que comer antes de los dulces eran tan insípida que casi dolía tragarla.

El rinsham fue bastante bien recibido por quienes pasarían a ser sus abuelos, sin olvidar que Lady Elvira y los dos chicos se mostraron bastante interesados en los lápices y las gomas.

–¿Con esto no tendré que repetir todos mis ejercicios de matemáticas? ¿Solo borrar los resultados erróneos?

–Debería darte vergüenza ser tan torpe, Cornelius. No vayas a decir que eres mi hermano cuando entres a la Academia Real, por favor.

El peliverde se mostró molesto con el castaño y Lord Karstedt no tardó mucho en darle una palmada algo fuerte a cada uno en la nuca.

–Oigan, compórtense un poco ustedes dos. Tenemos visitas.

Los tres voltearon a verla en ese momento y ella solo sonrió juntando sus manos, tratando de verse tan adorable como su amada nieta cuando estaba tratando de manipular a sus padres.

–No se preocupen mucho por mí. Incluso el jefe del gremio se emocionó por algo similar cuando le mostré lo prácticos que son los lápices y las gomas sobre el papel. ¿Hermana Heidemarie, hoy también estaré tomando clases? El Sumo Sacerdote dijo que debo practicar el harspiel por una campanada completa.

–¿No te encargó ejercicios sobre tus números o tus letras?

–No. El Sumo Sacerdote me hizo un par de exámenes hace unos días. Dijo que podía centrarme en el harspiel por el momento, ya que no tengo mucho tiempo con él.

Hubo un breve silencio roto de inmediato por Cornelius, a quien poco le faltó para saltar sobre la mesa y señalarla.

–¿Solo harspiel? ¿Por qué ella puede brincarse el resto de sus estudios y nosotros tenemos que seguir adelante con ellos incluso teniendo visitas?

Myneira miró a todos lados confundida. Heidemarie, Eckhart y Lady Elvira parecían asombrados de un modo distinto. Lord Karstedt fue el primero en reaccionar.

–¿Con Sumo Sacerdote te estás refiriendo de casualidad a Lord Ferdinand?

Ella solo ladeó la cabeza antes de mirar a Heidemarie, quién le sonrió y asintió, contestando por ella.

–Así es, Lord Karstedt. Lord Ferdinand es el actual Sumo Sacerdote y el tutor oficial de mi hermana mientras yo alcanzo la mayoría de edad y uno mis estrellas con las de Eckhart. A pesar de lo curioso que suene que Lord Ferdinand le haya pedido que se centre en su estudio del harspiel este fin de semana, mi hermanita es excepcional. A su corta edad ella se las ha ingeniado para crear todos los obsequios que ha traído hoy e incluso algunas cosas más. Cómo dije, ha sido muy bendecida por los dioses.

Tanto Lamprecht como Cornelius la miraron incrédulos un momento, luego, en tanto el peliverde miraba a sus padres con los brazos cruzados y un puchero en el rostro, el castaño parecía confundido, sonriendo al no saber que más hacer.

–Hermana Heidemarie, ¿crees que sea buena idea que tome lecciones con Lord Cornelius y Lord Lamprecht el día de hoy? Mientras tenga mi práctica de harspiel estaré cumpliendo con la petición del Sumo Sacerdote.

Su hermana miró a los dos niños. Era bastante obvio que Cornelius estaba más que entusiasmado con aquella propuesta… lo que no le gustó tanto fue la sonrisa burlona y algo venenosa de su nueva hermana.

–¡Por supuesto, Myneira! Cuando termines las asignaciones que te den los profesores, y tu práctica, puedes seguir trabajando en los planos que me mostraste. A menos que haya alguna otra cosa que te gustaría hacer.

–Bueno… ¿tendrán algunos libros que pueda leer? Temo que ya he memorizado el libro que tengo conmigo sobre botánica, y en el Templo solo me permiten leer copias de la biblia. Disfrutaría mucho leer alguna cosa más.

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Fue una tarde de lo más curiosa. Después del almuerzo compartido le prepararon un asiento con Cornelius y Lamprecht. El profesor asistente le puso primero los mismos ejercicios que a Cornelius, los cuales terminó con bastante rapidez y sin errores. Después le pusieron ejercicios un poco más complejos y luego más complejos y cuando se dio cuenta, estaba resolviendo los mismos ejercicios que Lamprecht.

La siguiente media campanada la pusieron a repasar las letras y su caligrafía, luego la pusieron a hacer la misma copia que Cornelius, subiendo la complejidad hasta alcanzar a Lamprecht. Estaba de verdad sorprendida de que el niño castaño tuviera que realizar ejercicios tan sencillos. La escuela japonesa había sido mucho más complicada en realidad.

–¡No es justo que puedas hacer lo mismo que Lamprecht! ¡Eres un año menor que yo!

Cuando la clase terminó, ambos niños parecían bastante frustrados. En realidad, se sintió algo mal por ellos, no podían esperar ser mejores que una abuela aún si estaba en el cuerpo de una niña de siete que decía tener seis y parecía de cinco o cuatro.

–No se sientan mal, Lord Cornelius, Lord Lamprecht. Dado que llevo un año completo conviviendo con los comerciantes de la ciudad baja, he tenido que practicar demasiado mis números y letras para levantar pedidos, hacer informes o verificar inversiones y ganancias además de cómo repartirlas con mis socios. Si no pongo atención incluso a los contratos que debo firmar, los comerciantes podrían robarse mis inventos o estafarme y dejarme sin una sola moneda por mi arduo trabajo. Técnicamente… llevo todo un año practicando números y letras desde la segunda hasta la quinta campanada.

–¿Ganancias?

–¿Informes y contratos?

La niña tomó su díptico para abrirlo, luego sacó una hoja de papel y comenzó a redactar una petición para el gremio de herrería adjuntando el diagrama con todas sus indicaciones para realizarlo, así como una tabla en la cual ponía cantidades de material, tiempo de trabajo y número de productos que esperaba recibir.

–Este es un ejemplo de lo que debo hacer cada vez que… encuentro inspiración para crear algún producto nuevo. Si mi redacción no es clara, el jefe de herrería no podrá explicar a sus subordinados como trabajar o que deben hacer. Estas casillas de aquí me ayudan a saber cuanto dinero debo pagar por los productos terminados, ya sea que funcionen o no. Si funcionan y son aptos para su venta, debo tener en cuenta todos estos números para asignar un precio que me asegure que obtendré de vuelta el dinero que pagué y un extra que sería mi ganancia.

La siguiente media campanada la pasó respondiendo preguntas de parte de ambos niños, sonriendo contenta, recordando cuando solía ayudar a sus hijos y de vez en cuando a sus nietos con las tareas escolares o con algún proyecto de vacaciones. Para cuando terminó de explicar, se dio cuenta de que tenía más público del que esperaba. Los adultos parecían más asombrados ahora.

–Eso explica que Lord Ferdinand solo te encargara practicar en el harspiel, querida hermana.

–¡Entonces es seguro que lo haré mucho mejor que ella cuando sea hora de practicar! –se animó Cornelius de repente.

–Lady Myneira, solo por curiosidad –dijo Lamprecht en ese momento–, ¿lleva mucho tiempo practicando el harspiel?

–Temo que no… ese acabo de empezar a aprenderlo hace algunos días.

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A la insípida comida le siguió la clase de harspiel. En tanto los chicos practicaban interpretación de alguna melodía, ella estaba todavía practicando y memorizando la escala musical en las cuerdas además de la manera correcta de hacer arpegios. Eso pareció calmar bastante a Cornelius, quién se ofreció a ayudarla a mejorar un poco cuando terminó su propia asignación. Ella solo sonrió y agradeció, poniéndole atención y haciéndole preguntas aún cuando ya había comprendido. Lamprecht no tardó en unirse a ambos para darle también algunas indicaciones y enseñarle algunos ejercicios para mejorar en sus escalas. Para el final de la clase, ambos hermanos se mostraban muy orgullosos.

–Cornelius, tendrás que esforzarte más si no quieres que nuestra futura sobrina te deje atrás en su debut o cuando entremos a la Academia Real –comentó Lamprecht mientras los tres salían de la sala de estudios.

–¡No tienes que decírmelo, Lamprecht! Seré un tío confiable que Myneira pueda admirar y a quien pueda acudir cuando tenga problemas con algo.

Myneira solo se cubrió la boca para no reírse demasiado. Este niño arrogante era una cosita tan adorable que moría de ganas de palmearle la cabeza y ofrecerle galletas por esforzarse tanto. Se contuvo lo mejor que pudo, imaginando que un niño de siete años se sentiría muy ofendido si una de seis lo tratara como si fuera su abuela.

–Por cierto, Myneira, ¿en serio quieres leer? ¿no preferirías salir a jugar con nosotros? Tenemos entrenamiento con espadas un rato con nuestro padre y nuestro hermano Eckhart –ofreció el peliverde.

La imagen de su nieto más pequeño invitándola a sus nuevos videojuegos le llegó a la memoria, enterneciéndola bastante y haciéndola sonreír.

–Gracias Cornelius, pero temo que debo declinar. Ya he realizado mis ejercicios matutinos antes de venir hoy. Quizás puedas acompañarme a hacerlos mañana a la segunda campanada.

–¡Pero…!

–Cornelius –intervino Eckhart de inmediato–, Myneira te ha dicho que no. Si tantas ganas tienes de pasar tiempo con ella, ¿por qué no la escoltas a la sala de libros? Solo asegúrate de caminar a su paso. Es muy enfermiza.

Los dos niños la miraron entonces un poco preocupados. Ella solo sonrió antes de asentir.

–Lord Eckhart tiene razón, me temo. Llevo tiempo ejercitando para construir mi resistencia, pero todavía no puedo caminar muy rápido o por mucho tiempo. Si es mucho pedir, siempre puedo permanecer en la sala de estudios para seguir trabajando en mi díptico.

Cornelius parecía a punto de decir algo cuando una mano amable se posó en su hombro, llamando su atención. Heidemarie estaba ahí sonriendo y un poco agachada para quedar más cerca de ella.

–Querida hermana, ¿por qué no dejamos que los chicos entrenen mientras nosotras tenemos una agradable fiesta de té con Lady Elvira? Ya que Eckhart va a bautizarte como su hija, sería bueno que te relaciones también con quién será tu futura abuela, ¿no lo crees?

–Es una idea encantadora, hermana Heidemarie. Si fueras tan amable de mostrarme el camino… Cornelius, Lamprecht, ha sido un placer estudiar con ustedes. Espero que su entrenamiento de frutos.

Y ambas se fueron, escuchando como los chicos corrían al patio de inmediato.

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Estaba sonrojada todavía a pesar de que la asistente de su hermana Heidemarie terminó de ponerle su pijama. Aún no lograba acostumbrarse a que otra persona la bañara, peinara y vistiera como si fuera una niña de dos o tres años. Saber que Heidemarie y Lady Elvira también eran bañadas, vestidas y peinadas por asistentes solo la hizo sentirse más incómoda, recordando de pronto que en la historia de Francia hubo un tiempo en que el rey designaba a un noble que le limpiara el trasero después de hacer sus necesidades. Al menos no era una práctica común en Yurgensmidt… o eso quería creer.

Alguien tocó a su puerta entonces.

–¿Puedo pasar? –llegó la voz amortiguada de Heidemarie desde el otro lado.

–Si, por favor.

Su supuesta hermana entró entonces, dando algunas indicaciones a su asistente antes de que cerraran la puerta detrás de ella. Heidemarie no tardó nada en colocar una herramienta antiescuchas y sentarse en la cama ella también, dejando bastante espacio entre ambas.

–¿Cómo te sientes, Myneira? ¿Esta visita era lo que esperabas?

Ahí estaba ese tono cauto y algo frío que la chica usó el día que se conocieron. Al menos no la estaba viendo con el mismo nivel de desconfianza.

–Agradezco tu preocupación y en realidad… no sé qué era lo que esperaba. El Sumo Sacerdote me instruyó para que fuera cortés, incluso estuvo comiendo conmigo para corregir mis modales en la mesa.

–Ya veo… Lord Ferdinand parece preocuparse mucho por ti.

Podía notar una cierta tensión ahora, como si fueran celos… unos celos un poco extraños, a decir verdad.

–No sé qué le dijo el Sumo Sacerdote cuando le propuso adoptarme, Lady Heidemarie… lo cierto es que me considera más un sujeto de experimentación, supongo que soy su oportunidad de estudiar un niño con devorador o algo así.

Eso pareció desconcertar a Heidemarie, quién dejo de sonreír y comenzó a mirarla con diferentes niveles de preocupación y confusión.

'Me gustaría saber que tanto le dijo sobre mí el Sumo Sacerdote… y porque está tan desconfiada de mí. Ella y Eckhart se refieren al Sumo Sacerdote con tanta reverencia, que cualquiera pensaría que es su ídolo, solo falta que me estén adoptando un par de fanáticos.'

Observó a la chica un poco más, esperando a que terminara de murmurar a una velocidad extraordinaria, o que al menos bajara un poco la velocidad para carraspera un poco la garganta y llamar su atención.

–Lady Heidemarie… ¿El Sumo Sacerdote le dijo cómo fue que me conoció?

Eso llamó la atención de la chica, cuya mirada se dirigió de inmediato a la herramienta para niños a punto de romperse que descansaba en su muñeca.

–Mencionó algo sobre el día de tu bautizo, pero no mucho más.

Myne tomó aire entonces antes de mirar la mano donde debería tener una cicatriz en uno de sus dedos, sonriendo al recordar cómo había confundido al entonces Lord Comandante con Tetsuo.

–El año pasado, cuando el Sumo Sacerdote era todavía Lord Comandante, me salvó de ser devorada por un trombe… –inicio con su explicación, relatando todo lo que recordaba de ese hecho y saltando hasta el día de su bautizo, rememorando un poco de su conversación previa a entrar al templo y la que tuvieron después–. En cierto modo, no voy a tardar mucho en estar en deuda de por vida con el Sumo Sacerdote. Si lo que me dijo es cierto, voy a deberle mi vida, la de mi familia y tal vez la de mis vecinos.

Eso pareció relajar a Heidemarie, quién comenzó a hablar de lo maravilloso que era Lord Ferdinand.

Le contó un poco sobre cómo fue que lo conoció un invierno en la sala de juegos del castillo. Cómo los niños de la facción de la entonces primera dama lo ignoraban por no ser hijo de esa misma primera dama. Le contó también sobre su perfeccionismo y de cómo fue el primer alumno en completar tres cursos a la vez con las mejores calificaciones.

Myne sonrió sin dejar de mirar las mejillas sonrosadas de Heidemarie o como sus ojos parecían mostrar con fuerza las emociones evocadas por cada recuerdo y anécdota.

–Heidemarie… ¿Por qué vas a casarte con Lord Eckhart y no con el Sumo Sacerdote? Parece que lo amaras demasiado.

La chica se puso pálida en ese momento, dedicándole una mirada severa de inmediato.

–¿Yo? ¿Con Lord Ferdinand? ¡Por supuesto que no! Yo no he nacido para atenderlo de ese modo, no estoy a su altura de ninguna manera. ¡Ni siquiera podría considerarme de la misma especie que mi señor! Si me estoy casando con Eckhart es porque no solo es mi igual, sino que además piensa lo mismo que yo sobre nuestro señor y esta era la única forma para seguirlo si llegaba a irse de Ehrenfest. Ambos consagraremos nuestras vidas a serle de utilidad… bueno…

El ferviente discurso digno de un verdadero fanático de pronto perdió su fuerza. Los ojos de Heidemarie se suavizaron también y su semblante pasó del horror al desánimo y luego a uno más bien… agradecido cuando volvió a mirarla con una sonrisa diminuta y triste.

–Los sacerdotes no pueden tener sequitos de nobles, ¿lo sabías? Cuando mi señor nos anunció sobre sus planes de dejar de ser un noble para volverse sacerdote, le ofrecimos seguirlo al templo… pero nos lo prohibió. Dijo que no podía arrastrarnos con él.

Era curioso, pero podía ver las lágrimas asomarse a los ojos de Heidemarie. Era algo doloroso ver a aquella joven orgullosa y elegante doblándose sobre sí misma como si no pudiera soportar el peso de su decepción.

–Lord Ferdinand se ha esforzado tanto por ser un pilar para el ducado, nosotros nos hemos esforzado tanto para poder seguirlo... este iba a ser el año que al fin podríamos ir con él a las barracas para servirlo como es debido y… ¡Esa maldita mujer se encargó de bloquearnos el camino a todos!

'¿Mujer? ¿Debería preguntar de quién habla?... Tal vez no, creo que necesita ventilar toda su frustración por ahora… pero… ¿Por qué lo hace conmigo?'

Cómo si la chica hubiera escuchado sus pensamientos, Heidemarie guardó silencio un momento, sacando un pañuelo y cubriendo su cara con él. Myne estaba más que perdida sin saber bien que hacer cuando notó que la otra chica de verdad estaba llorando, entonces se acercó a ella, no muy segura de que Heidemarie no la mandaría a volar si la abrazaba.

–Pensé que no podría servir a mi señor nunca más… y eso no es lo peor del caso… mi madre murió envenenada hace seis años, le faltaban unos días para dar a luz a mi hermanito, ¡pero ambos murieron por culpa de la estúpida diosa del agua que me lo robó todo…! Si mi hermanito hubiera tenido una oportunidad, yo, yo…

Tuvo que abrazarla. La joven estaba llorando a gritos ahora. En verdad que había sufrido demasiado. Para su alivio no la apartó, solo se acurrucó un poco contra ella, limpiando su cara con el pañuelo sin dejar de llorar, pero bajando la voz.

–Lo estuve pensando, y, jamás habría escondido a mi pequeño hermano en el templo o en la ciudad baja. Habría confiado en mi padre… y solo por eso… mi hermanito habría muerto cuando yo estuviera estudiando… esa maldita flor envenenó la mente, el cuerpo y el corazón de mi padre por años hasta que lo mató, cuando yo tenía trece… si no me hubiera comprometido con Eckhart en aquel entonces…

–No podías hacer nada, Heidemarie. Eras solo una niña. Estoy segura que habrías sido la mejor hermana mayor para tu hermanito por el tiempo que él hubiera estado vivo.

Los brazos de Heidemarie se aferraron a ella en ese momento. La sintió negar y limpiarse las lágrimas también conforme ella le peinaba el cabello sin dejar de abrazarla, dándose cuenta de que tan lastimada estaba esta chica.

Cuando Heidemarie se sintió mejor y pudo dejar de llorar se enderezó, soltándose de paso para mirarla a la cara con sus ojos hinchados.

–Myne, ¿puedo confiar en que jamás traicionaras a Lord Ferdinand ni le darás la espalda luego de toda la ayuda que te está prestando?

–Puedes –prometió ella con una sonrisa sincera–. Sería incapaz de darle la espalda a las personas que me están ayudando tanto. Eso te incluye a ti. Gracias por permitirme ser tu hermana menor y darme la oportunidad de seguir con vida.

Los ojos de Heidemarie se llenaron de lágrimas de nuevo a tal grado, que tuvo que cubrir sus ojos con el pañuelo que llevaba consigo.

–No, no, gracias a ti, Myne… por ti es que puedo serle de utilidad de nuevo a Lord Ferdinand… y además tengo la oportunidad de redimirme como una hermana mayor… al menos podré cuidar de ti como no pude cuidar de Mynard.

Un poco después, Heidemarie se despidió de ella con un mejor semblante, recordándole que, si necesitaba algo, ella estaba en la habitación de al lado. Myne solo le agradeció una vez más y trató de dormir… era difícil dormir sola en una cama tan grande. Extrañaba a su familia plebeya, dormir rodeada por ellos evitaba que pensara en los brazos de Tetsuo tomándola de la mano en aquella pequeña e incómoda cama de hospital en que había muerto.

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–¿Qué quieren que haga qué? ¿Están locas?

Myne suspiró con cansancio. Era apenas la segunda campanada y parecía que tendría que volver a explicar de nuevo que solo quería familiarizarse un poco con la sensación del maná de otras personas, no tener una orgía o algo así.

'¿Pero que les pasa a todos estos nobles? ¡No les estoy pidiendo que me dejen ver porno!'

–¡No, no, y definitivamente, NO!

–Pero, Eckhart –empezó a suplicar Heidemarie, la dueña de la habitación en la cual estaban los tres bajo una herramienta antiescuchas siendo vigilados por la asistente de Heidemarie, quién se encargara de vestirlas a ambas más temprano, cuando Myneira entró en la habitación.

–Ahm… Lord Eckhart, Heidemarie ya me explicó que no es una petición muy decente por sentido común, pero, como le dije a ella más temprano, el sentido común es una construcción social. Temo que yo solo cuento con el sentido común de los plebeyos y los comerciantes que carecen de maná porque es a lo que me he visto socialmente expuesta.

Eckhart se detuvo en ese momento, rascando detrás de su cabeza de manera ansiosa y con un obvio conflicto en su rostro.

–¿Tú eres una adulta demasiado enana o de verdad eres una niña prebautismal? ¿Qué tipo de explicación es esa para empezar? ¿Y cómo es posible que puedas dar explicaciones como un adulto y crear todo tipo de… Cosas, pero no sepas que es de mala educación pedir tocar el maná de otras personas? ¿Tienes idea de lo indecente que es eso? ¿Cómo te las ingeniaste para convencer a Heidemarie?

De pronto sentía que estaba hablando con un niño pequeño y no con un joven a punto de llegar a la adultez… de hecho, ¿no era Eckhart mucho más joven que ese chico que fungía como Sumo Sacerdote?

Una mirada a Heidemarie y se dio cuenta de que la chica estaba pensando algo bastante similar a lo que ella misma estaba pensando.

Eckhart se descubrió el rostro de pronto, volviéndose a sentar en la silla que su prometida le había preparado cuando lo llamó con el avecilla de piedra mágica de más temprano.

–A ver. Otra vez. ¿Quieres tocar mi maná?

–¡Y el de mi hermana Heidemarie! Bueno, ya toqué el suyo…

–¡¿Pero, por qué?! ¡Es indecente!

Estaba segura de que ella misma estaba haciendo un puchero ahora. En serio no entendía porque armaban tanto alboroto.

–Toqué el maná del Sumo Sacerdote el otro día y no armó tanto escándalo, incluso lo estuve sintiendo el resto de la semana mientras me hacía algunos breves chequeos de salud. Dijo que era obvio que me sintiera un poco incómoda porque nunca había sentido el maná de nadie más y…

–¡¿Tocaste el maná de milord…?! –preguntó el muchacho con una cara de absoluta locura que la aterrorizó lo suficiente como para tratar de esconderse a espalda de Heidemarie, siendo interceptada antes por el loco caballero de cabellos verdes que la sacudía ahora como si ella fuera algún tipo de juguete–. ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué carajos pasa contigo? ¿Cómo osaste tocar de ese modo a Lord Ferdinand, tú, engendro descarado?

–¡ECKHART!

El grito de Heidemarie fue suficiente para que la soltara, aunque el chico la había agitado tanto que ahora se sentía tan mareada como si hubiera subido con Akane y Shuu a uno de esos juegos de los parques de atracciones que lo ponen a uno de cabeza y los dejan ir casi en caída libre.

Mientras ella lograba recomponerse, Heidemarie explicó lo que ella le dijo más temprano sobre la habitación oculta que construyó con el Sumo Sacerdote en el templo y el comentario sobre que los niños nobles podían reconocer el maná de sus padres porque estaban más habituados a sentir maná afín.

Cuando su cabeza dejó de dar vueltas, Eckhart estaba cubriendo su rostro con una mano, encorvado en su silla y con las orejas y los pómulos rojos por completo.

–Entonces… ¿esto es básicamente porque vamos a adoptarla?

–Si, así es –repuso Heidemarie.

–¿Y será solo está vez? No puede ir por ahí pidiendo tocar el maná de otras personas, Heidemarie, en especial cuando se sepa que viene del templo.

–Me encargaré de explicarle eso después, ahora, ¿te importaría dejar de actuar como Cornelius, ¡y ayudarme con esto, por favor?!

Eckhart soltó un enorme suspiro antes de dedicarle una mirada de advertencia. Heidemarie apagó un momento la barrera antiescuchas y volteo a ver a su asistente.

–Ariadne, ¿podrías traernos un poco de jugo de alpseigue, por favor? El asistente de Eckhart debe estar afuera, que te ayude con eso.

–Si, milady.

La asistente salió y la pareja de prometidos se miró con determinación antes de mirarla a ella.

–Myneira, extiende tu mano por favor y no grites. Lo haré solo una vez, ¿lo entiendes?

Ella asintió a las palabras de Eckhart estirando su mano.

Tal y como Heidemarie había hecho un rato atrás, con menos discreción al no estar la asistente, el joven pasó un dedo sobre su dorso. Las cosquillas estaban ahí, pero había algo más. A diferenciaq del maná de Heidemarie, la sensación, aunque distinta, tenía un toque similar al maná del Sumo Sacerdote, llevándola a mirar su mano antes de sonreír para Eckhart.

–Gracias. Esto ha sido muy educativo. ¿Puedo darte un poco yo también?

Las orejas y los pómulos del chico se pusieron tan rojos, que por un momento pensó que él tenía fiebre. A diferencia de hacía un rato, Heidemarie tomó la mano de Eckhart y lo obligó a abrirla frente a ambas, riendo divertida cuando uno de los ojos de Eckhart se asomó alarmado por entre sus dedos.

–Eckhart, va a ser nuestra hija en unas cuantas temporadas, además de que encontrarás esto bastante interesante.

No estaba segura de porque, pero luego de empujar un poquito de maná en Heidemarie, tal y como hiciera con el Sumo Sacerdote, la joven se mostró más que feliz con ella. No lo entendía.

Con la enorme mano de Eckhart frente a ella, tan llena de callos y cortes como la del Sumo Sacerdote, Myneira acercó su propia mano y dejó escapar una pequeña cantidad de calor, haciendo que el chico respingara antes de mirar su mano y luego a ella misma con algo… extraño en los ojos.

Eckhart miró a Heidemarie y la chica le devolvió la misma mirada cargada de algún tipo de locura que no le pasó desapercibido.

–Es curioso, ¿no lo crees?

–Muy curioso en realidad.

Ambos la miraron sin que ella alcanzara a comprender lo que estaba viendo, asustándola por un momento antes de que la puerta se abriera y los asistentes de la pareja les entregaran la bebida solicitada en vasos de porcelana.

Ninguno le explicó nada al menos en ese momento.

Poco antes de despedirse y volver al templo escoltada por Heidemarie, Myneira sintió algo bastante repulsivo luego de tropezar, justo cuando Cornelius alcanzó a tomarla de la mano para evitar que impactara contra el suelo apenas salir de la casa.

–¡Lo siento, Myneira! No fue mi intención, es, bueno, yo, me asusté de que pudieras lastimarte y solo pasó.

La chica miró el interior de su mano buscando que pudo haberle dado esa descarga eléctrica sin alcanzar a comprender. Solo más tarde, escuchando la explicación de Heidemarie sobre porque intercambiar maná se consideraba desvergonzado comprendió que esa pequeña y dolorosa descarga era, de hecho, el desagradable maná de Cornelius.

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Notas de la Autora:

¡Feliz Navidad a todos! ¡Feliz Navidad a todos! ¡Feliz Navidad a todos...! Y espero que disfrutaran con este pequeño capítulo. Recuerden que fue un capítulo por Nochebuena (el anterior) y este de regalo de Navidad ^_~