Disclaimer: Avatar: Last Airbender no me pertenece.
Advertencia: Este es un Semi AU, lo que quiere decir que las cosas ocurren en el mismo universo, pero de forma diferente.
Advertencia N°2: Hay muerte de personajes.
17. Ahora…
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Katara se maldice a sí misma por no haberse molestado en pedir indicaciones a Zuko sobre la ubicación de las dependencias del Palacio, antes de salir corriendo, obligándola a seguir su no tan confiable sentido de orientación en un lugar donde nunca antes ha estado.
Con un suspiro, se resigna a tener que seguir las señales que hay entre los pasillos. Al noquear al tercer soldado que le sale al camino, ella solo puede concluir que va por el rumbo correcto porque, de otra manera, no se imagina porqué razón habría guardias en un sitio donde no hay nada que resguardar.
Así que, confiando en el único indicio que tiene, avanza.
Su corazón late con frenética ansiedad mientras trota por los pasillos tan iluminados como sombríos, ante la expectativa de encontrarse con un obstáculo que ella no pueda gestionar por sí misma. Y, como si su temor lo hubiese invocado, en la siguiente esquina aparecen tres soldados, y otro en la anterior, por lo que ella, en un acto de prudencia y humildad, decide que son más de los que puede vencer ella sola, así que se echa a correr por la única vía despejada que tiene.
Oye con una claridad abrumadora los pasos metálicos de los soldados a sus espaldas, siguiéndola a escasos metros. Debe agradecer que la dudosa iluminación de los pasillos, debido a las antorchas ondulantes, le den la ventaja de la oscuridad en su huida, pero tampoco cree que pueda seguir por mucho tiempo a este ritmo.
De pronto, todo ocurre demasiado rápido para que su corazón pueda soportarlo, amenazando con matarla, literalmente, del susto.
Apenas ve por el rabillo del ojo cómo la puerta junto a la corre, se abre en un instante demasiado veloz como para reaccionar y cómo es arrastrada hacia adentro con una fuerza imposible de resistir. Es arrojada hacia el suelo en un movimiento tan brusco como fluido, lo que le da la oportunidad de respirar antes de voltearse y ver cómo una mujer está pegada a la puerta, ahora cerrada (Katara no sabe si los latidos de su corazón golpeándole los oídos a todo volumen son lo que no le permite oír el sonido de la puerta al cerrarse, o es que esta persona realmente tiene las manos suaves).
Ella jadea, intentando calmar su respiración y sus pensamientos y sus próximas acciones, en lo que la mujer que aguarda junto a la puerta se da la vuelta. Ese instante le da tiempo de oír cómo los pasos metálicos de los soldados pasan de largo y se alejan por el pasillo.
Solo entonces, se da cuenta, puede volver a respirar bien.
La mujer se da la vuelta, tras un suspiro de cansancio y alivio, y Katara casi jadea de nuevo al reconocerla. No son iguales, por supuesto, pero esa mujer solo puede ser la madre de Zuko.
Y, por extraño que parezca, se ve a sí misma sin saber qué decir. Quizás, piensa, empezar por su nombre es una buena forma de romper el hielo.
-Lady Ursa, soy Katara, amiga de Zuko- se apresura a explicar, a pesar de que la mujer se ve poco hostil, como si no encontrara nada de novedoso en ocultar a una chica desconocida de los soldados que la perseguían-, hemos venido para…
-Puedo imaginarme para qué has venido, querida- le sonríe la mujer, acercándose a ella como si fuera un animalito encantador y no una persona cansada y sucia. O tal vez sí, porque acto seguido, pregunta-: ¿estás bien? ¿te lastimaron?
Y algo en esa pregunta la quiebra. La madre de Zuko, sin ser en nada parecida a su propia madre, le recuerda que hace mucho que no la ve, que ha intentado no acordarse de ella porque la echa tanto de menos que no sabrá lidiar con ello.
-Oh, querida, sí te lastimaron- concluye la mujer cuando ve a la chica llorar. Se agacha a su lado para examinarla de cerca-. Déjame verte.
-No, no, estoy bien- se apresura Katara, espantándose las lágrimas de un manotazo-. Solo…- pero lo que sea que fuere a decir, muere ahogado por las lágrimas que le queman la garganta.
Ursa, como único gesto posible, la abraza por los hombros y la consuela contra su regazo, como solo puede hacerlo una madre por un niño apenado, sea o no sea el suyo, pero tal como haría si lo fuera. Tal como haría si fuera Zuko. Tal como haría si fuera Azula. Lo hace ahora con Katara.
-Ya, ya, mi querida- arrulla ella con el tono maternal que requiere la situación-. Todo estará bien, ya verás.
Y, por alguna razón, que en principio sería desconocida, porque no se conocen entre ellas, salvo por el hecho de que ambas tienen a Zuko en común (lo que hace que sea completamente razonable), Katara le cree.
Todo estará bien.
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Y, bueno, más cosas que ocurren durante la refriega. Al menos Katara ya encontró a Ursa, ¿o Ursa la encontró a ella? No creo que importe... por otro lado, ¿cómo le estará yendo a Zuko? ¡Lo descubriremos!
