Disclaimer: Avatar: Last Airbender no me pertenece.
Advertencia: Este es un Semi AU, lo que quiere decir que todo ocurrirá en el mismo universo, pero de forma ligeramente (o muy) distinta.
Advertencia N°2: Hay muerte de personajes.
4. Entonces…
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Solo han pasado un par de semanas y ellos son inseparables. Como si fueran almas afines que se conocen de otras vidas, destinadas a reencontrarse nuevamente en esta.
O así lo ve él.
El Avatar Aang les ve desde la distancia, encontrando cierta alegría en esta primavera juvenil, a pesar de sus más de 115 años de edad. Y al mismo tiempo, temiendo lo que, a sus ojos, es la obviedad más grande.
Zuko está enamorado de Katara.
Lo que no sería algo malo, si no supiera que ella fue prometida hace tiempo al heredero de la Nación del fuego, en un intento de mantener las relaciones internacionales estables por las siguientes dos o tres generaciones. A él le parece que es nada menos que afortunado que ellos parezcan llevarse lo suficientemente bien como para hacer que la sorpresa sea menos… amarga. Aun así, sigue creyendo que el compromiso político es un pésimo recurso y una violación al libre albedrío de estos niños.
Aang solo espera que el pendiente que aguarda en el bolsillo de la túnica de Lu Ten sea capaz de comprender los sentimientos de Zuko.
Ese niño, piensa Aang, por alguna razón que él no alcanza a entender cabalmente, más que por una cosa de Avatar (en que su anterior encarnación, el Avatar Roku, fue el mejor amigo del señor del fuego Sozin, quienes fueron los abuelos de cada uno de los padres de Zuko y Azula), le produce un nivel de empatía difícil de explicar.
O sí que puede.
Zuko es amable y sensible, a pesar de sus esfuerzos por verse orgulloso y solemne. Entrena con más ahínco y entusiasmo que nadie. Le hace desear de todo corazón que tuviera éxito.
Así que el cuadro que se desarrollaba escena tras escena frente a sus ojos le dolía físicamente.
Y, por otro lado, tampoco puede no sentirse un poco identificado con Katara.
Tras un suspiro, piensa en cómo los monjes de su tiempo le impusieron una vida de celibato al comprender que él era la nueva reencarnación del Avatar, ignorando que él deseara la calidez y cercanía de una familia propia, muy distinto a las impersonales y desapegadas formas propias de los nómadas aire. A Katara también le estaban quitando la posibilidad de elegir por sí misma, ¡y cuán más fáciles serían las cosas si Katara acabara enamorada de un joven tan bueno y honorable como Lu Ten! Pero si algo le han enseñado sus casi 116 años de vida sobre esta tierra y todos sus pasos como árbitro entre las cuatro naciones y mediador entre el mundo de los espíritus y el de los humanos, es que las cosas nunca eran tan fáciles.
Al final de todo esto, al menos uno de estos niños saldría lastimado. Porque para él era imposible no pensar que Lu Ten, muy en el ejercicio de sus obligaciones, terminaría enamorando de una chica como ella, entregándole de buena gana un pendiente terminado que, en principio, era por cumplir.
Así, al menos, Aang puede intentar procurarles un verano agradable. Lejos de los arreglos políticos.
Que sean solo niños siendo niños.
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Y... otro recuerdo. Para mi propia sorpresa, Aang está siendo reflexivo para bien, anticipando un poco el provenir de los personajes más jóvenes.
¿Qué será de ellos? ¡Lo descubiremos!
