Disclaimer: Avatar: Last Airbender no me pertenece.
Advertencia: Este es un Semi AU, por lo que todas las cosas ocurren en el mismo universo, pero de forma diferente.
Advertencia N°2: Hay muerte de personajes.
21. Ahora…
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Muy poco interesada en otorgarles privacidad o tiempo para esa suerte de reencuentro que su hermano está teniendo que su hermano está tendiendo con la campesina que osó en dejarla en vergüenza, Azula decide que no le sienta bien ser ignorada.
-¿Así que ella es la razón por la que decidiste cambiar de bando, Zuzu?- le torea ella desde su lugar, con todas las intenciones de provocarlo-. Una campesina maestra agua, de entre todas las cosas. Es hilarante, si me lo permites, incluso Mai le encontraría gracioso.
Acto seguido, otro látigo de agua golpea el lugar exacto en el que Azula hubiera tenido las rodillas, de no haber dado un salto hacia atrás.
-No te permito que me trates de cosa- advierte Katara, recogiendo su postura.
Zuko, a su lado, no puede evitar mirar en su dirección con la boca entreabierta. Ni siquiera alcanzó a verla moverse, y para cuando se dio cuenta, el látigo ya estaba viajando a su destino.
No puede creer lo poco equivocado que estaba cuando las comparó a inicios del verano y luego durante su entrenamiento con el rayo, a pesar de lo diametralmente distintas que son, porque ahí donde Azula es manipuladora y cruel, Katara es compasiva y amistosa.
También debe admitir que es refrescante conocer a alguien que no rasgue vestiduras por estar del lado bueno de Azula. Katara, al contrario que Mai y Ty Lee, sus amigas de la infancia, solo tiene ceños fruncidos y advertencias para ella, porque Katara le ha preferido a él. Aún así, la inquina con la que ambas chicas, que en otras circunstancias podrían haber sido amigas, es tan poderosa, que Zuko se siente en medio del fuego cruzado entre dos espíritus vengativos.
Azula silba con burla.
-Vaya, la campesina tiene garras: nada mal.
Y aunque Zuko le habría encantado corregirla y decirle que Katara es, de hecho, virtualmente realeza en su tribu, ya que es hija del jefe, no lo hace, ya que se distrae con lo que ella dice a continuación:
-No te imaginas las ganas que tengo de arrancárselas.
Las señales de alarma en el sistema de Zuko le llaman la atención, sintiendo en las entrañas que están en grave peligro, a pesar de no haber sido él quien fue aludido. No, eso es lo de menos.
-Ni siquiera lo piense, Azula. Tu oponente seré yo- interfiere Zuko en lo que estuvo a punto de ser la pelea de Leones dientes de sable más ruidosa y espantosa que el mundo de los humanos y de los espíritus hubiera visto.
-¿Tú, Zuzu?- se burla su hermana-, ¿qué, acaso quieres disputar la sucesión? No me hagas reír. No te ofendas, Zuzu, pero prefiero pelear con ella.
Zuko, quien hace un esfuerzo sobrehumano por no verse tan ofendido como se siente, decide ponerse firme en su postura.
-Zanjaremos ese asunto aquí y ahora, tu y yo. Un Agni Kai.
-Awm, si lo dices así tan bonito, no puedo decirte que no- sonríe, como si realmente estuviera enternecida-. Y cuando acabe contigo, podré darle su merecido.
Zuko se siente palidecer ante la amenaza reiterada, sin embargo, a su lado, Katara ni se inmuta. No se ve para nada intimidada, ni siquiera más enfadada que antes, lo que para él es algo novedoso; ya sea para bien o para mal, Azula es experta en despertar reacciones.
-¿Estás seguro que estarás bien solo? Yo podría…
-No, Katara- le interrumpe él. Ella, por supuesto, no lo aprecia, no puede no estar preocupada, y tampoco pretende quedarse al margen si puede ayudarlo. Entre los dos pueden vencer a quien sea, a diferencia de lo que sucedió en el Templo-. Azula se enseñará contigo, te odia.
-Es mutuo.
-No dejaré que te haga daño si puedo evitarlo- continúa, a pesar de Katara-. Además, es algo que debo hacer solo, si no, el Agni Kai se resolverá a su favor.
Katara gime, molesta por el tecnicismo de una cultura que no es la suya.
-Pero no me iré- le advierte-. Si llega a sentir que algo va remotamente mal…
Pero no termina, no es necesario, tampoco. Zuko sabe lo que quiere decir sin que lo haga. Por eso la interrumpe con un beso. Tan familiar y diferente al que compartieron hace días. Un beso que él ansiaba como el aire mismo en sus pulmones.
Es rápido, suave y casto. Pero les dice mucho a ambos; llena vacíos, que da respuesta a preguntas no formuladas, que abre posibilidades y cierra ciclos.
Que se disculpa, se despide y agradece.
Cuando se separan, ahora sí, Katara parece descompasada, y Zuko sonríe con los ojos por ser responsable. Hah, ésa es una reacción.
-Ve a un lugar seguro: estaré bien- le promete con una convicción tal que le hace imposible no querer confiar en él.
Katara asiente, porque no puede hablar sin que se le rompa la voz.
Ambos se separan con una sensación de desasosiego, como si no debieran haberlo hecho. Pero ya no hay marcha atrás.
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Oh, oh! Va a empezar la acción!
